Terminaciones de análisis. 3 preguntas a Carmen Cuñat

XI Conversación Clínica del ICF 2011

Texto original aquí.

1) Interrupciones…

En tanto la experiencia analítica no se reduce a una técnica, no podemos saber de antemano el curso de la misma. Esto no impide que hablemos de dirección de la cura. Siguiendo la lectura que propone JAM en El partenaire síntoma (1), el final del análisis se inscribe en la lógica de lo posible ¿Qué pasa cuando una cura se termina bajo la modalidad de la interrupción? ¿Podemos pensar que las interrupciones obedecen a la lógica de lo necesario? ¿Cómo se orienta con ello el analista?

En el texto citado, J.-A. Miller sitúa las modalidades lógicas de lo imposible y lo necesario del lado de la “articulación significante”, en oposición a “la investidura libidinal” donde coloca a lo contingente y lo posible. Añade que el pase es del orden de lo posible.

Pero ¿qué es una interrupción? Creo que sería interesante diferenciar la interrupción de los encuentros con un analista y la interrupción de un análisis propiamente dicho. En el primer caso, puede ocurrir que se interrumpan esos encuentros sin que haya habido entrada en análisis. En el segundo caso, habría que juzgar primero si ha habido análisis y después ver qué es lo que precipitó la interrupción. Desde el punto de vista analítico lo que precipita o preside una interrupción es la caída del sujeto supuesto saber, la desinvestidura del analista. Cuando eso ocurre, el analista ya no está para ese analizante en el orden de lo necesario. Esto puede ser interpretado como que se ha terminado el análisis. Que es posible proseguir sin el analista. Un encuentro con lo real como imposible puede precipitar de nuevo a un sujeto al análisis. Ahí se instaura de nuevo el orden de lo necesario, el síntoma como lo que no cesa de escribirse. Lo contingente del encuentro hará posible o no un análisis y su terminación. Pero eso no se puede saber por anticipado.

2) Sin tiket de salida!

En el Seminario 11, Lacan define la operación que pondría en marcha al analizante: la instauración del sujeto supuesto saber inicia el recorrido con el paso del inconciente sujeto al inconciente como saber. Sabemos que luego del tiempo que hace falta, resta como núcleo duro eso que no cambia; aparece así un límite al trabajo de desciframiento.

En Los usos del Lapso, JAM precisa (2): “La inferencia, la conclusión es siempre un asunto de deseo… hay que saltar un hiato antes de inferir, el hiato de ese S(A/) y su abismo… Lacan recuerda que esto se inscribe en el lugar de S(A/), que hay allí un abismo que solicita una decisión”.

¿Cómo se articularía la dimensión del inconciente saber, el trabajo de producción de saber en el análisis con ese lugar de S(A/), en el que se inscribiría la conclusión de la experiencia?

No hay tiket de salida, eso se ve muy bien en los testimonios de los AE. Ha habido todo un trabajo de elaboración y de reducción que les lleva a plantearse la salida. Pero en último término la salida depende de una decisión ética, del coraje de pegar el salto, de enfrentar “el hiato del S(A tachado) y su abismo”. Es el “Il faut y aller” del que nos hablaba Anne Lysy recientemente. La salida no es el resultado de una deducción lógica. De la misma manera, Lacan señala que “el sentido cientificista” de Freud no le permitió reconocer que su inferencia del inconsciente era fruto de una decisión ética. El coraje de Freud está antes que la inferencia. Está el saber que se obtiene en un análisis por la vía de la repetición, pero en el momento de concluir ese saber se torna vano. El que no termina es quizás porque aun le da mucho valor a ese saber. Si el inconsciente al final deviene real es porque es pura brecha. Pero el que termina no se va de vacío; es porque ha conseguido tener una idea de su modo de gozar singular y ha consentido a ello. Al escuchar a los AE, parece que es esto lo que promueve el coraje.

3) Incidencias del final de análisis del analista en la dirección de las curas

En el curso “Cosas de Finura”, clase VII, 14 enero 2009, JAM aborda “lo que ocurre” en la experiencia analítica distinguiendo el análisis que comienza, el análisis que dura y el análisis que termina.

Estas tres modalidades del análisis exigen que el analista no tenga ni la misma posición ni el mismo modo de hacer, dirá, y más adelante, alude al acto analítico como “un no retroceder ante la estructura de ficción de un psicoanálisis”.

¿Podemos pensar que este “no retroceder” encuentra su sostén en las consecuencias de haber llevado su propio análisis hasta el final, haber hecho la experiencia del inconsciente real? ¿Sostener la orientación a lo real en una cura implica que el analista se haya confrontado él mismo al hiato entre verdad y real? ¿Cómo influye en el analista, en cómo dirige las curas, su propia terminación del análisis?

Sin duda, cómo el analista ha terminado el análisis influye en cómo dirige sus curas. Y si este ha hecho la experiencia del final cabe pensar que sabrá acompañar al analizante aún cuando el sujeto supuesto saber esté en entredicho. Pero la terminación de uno no garantiza la terminación del otro. El paso a dar para salir queda a cargo del analizante.

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1. J.-A. Miller El partenaire síntoma, pag 367 y ss.
2. J.-A. Miller, Los usos del lapso, pag. 110-111.

Preguntas realizadas por: Leonora Troianovski

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  • université populaire jacques lacan
  • asociación mundial de psicoanálisis

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