El acto analítico en la contemporaneidad. Por Gabriela Medín

Como hemos anunciado, este es el tercer debate de este ciclo denominado Vigencia del psicoanálisis, ciclo que comenzó en junio pasado para conmemorar el vigésimo aniversario de la Sección Clínica de Madrid- NUCEP. Debatiremos hoy, acerca del acto analítico en la contemporaneidad.

Acto analítico es un concepto lacaniano, no está presente en la obra de Freud. Es un concepto que Lacan introduce inicialmente en el Seminario 14, luego dedica un Seminario entero a él, el seminario 15, el Acto analítico y lo retoma  en el capitulo XXII del Seminario 16 De un Otro al otro, donde habla de las paradojas del acto y hace una re-lectura de su propio trabajo del año anterior. En el comienzo de ese capítulo nos dice: “El acto psicoanalítico que nadie había siquiera pensado nombrar como tal antes que yo”[1].

Para situar el concepto, es importante aclarar que el acto analítico no se confunde con la interpretación ni con la transferencia, aunque es soporte de ambos. El acto analítico inaugura algo nuevo, produce cambios subjetivos. Hablamos de acto analítico cuando una intervención del analista tiene un carácter mutativo, produce un cambio en la posición o en el modo de goce del sujeto. Lacan lo liga a los momentos fundamentales de un análisis, y en el Seminario 15 lo refiere a “acontecimientos” que “impliquen consecuencias” [2]

Esta afirmación respecto de las consecuencias es fundamental, dado que podemos decir que el acto analítico se define après coup, se define por sus consecuencias. Hace alrededor de un mes, Eric Laurent participó en un acontecimiento de Escuela de la SLP, justamente sobre este tema. Allí dijo: “El acto no se basa en un saber, no es un saber calcular las consecuencias porque una interpretación tiene efectos incalculables. Pero un analista no hace cualquier cosa, hace algo de lo que puede soportar las consecuencias. Un analista no está nunca a la altura del acto, pero si de hacerse responsable de lo que ha hecho”.

Entonces, el acto es inherente a la función del analista, y si bien éste no puede anticiparlo, no puede calcularlo, debe poder leer, retrospectivamente, sus efectos.

Uno de los principios rectores del acto analítico es que no existe cura estándar ni un protocolo técnico para la cura psicoanalítica, “ la experiencia de un análisis sólo tiene una regularidad, la de la originalidad del escenario en el cual se manifiesta la singularidad subjetiva. Por lo tanto, el psicoanálisis no es una técnica, sino un discurso que anima a cada uno a producir su singularidad, su excepción.[3]

Tomemos esta afirmación: la única regularidad de un análisis es la originalidad del escenario en el que se manifiesta la singularidad subjetiva. Cada uno su escenario, pero hay un escenario para cada cura.

Pensar en términos de escenario es algo que me resulta esclarecedor  respecto del acto analítico, en tanto pone de relieve el aspecto de performance del mismo, aspecto en el que se pone en juego el cuerpo del analista y se hace evidente, que, si bien el análisis es una práctica de la palabra, no se trata sólo de palabras, sino de cómo éstas se articulan con el goce. En la clase XXII del seminario XVI Lacan recurre a la analogía del teatro para dar cuenta de lo que sucede en un análisis y propone que el analista “no hace sino ubicarse en el lugar del actor, en la medida en que basta un actor para sostener la escena. Esto da su sentido al acto psicoanalítico, cuya otra paradoja sorprendente, es este actor que se borra evacuando el objeto a”[4].

No sólo hay ficción, también hay real. La paradoja que Lacan nos plantea en esta clase es que por un lado el analista dice sí al deseo de saber del analizante, sostiene la escena con la puesta en marcha de la regla fundamental, entra en la ficción sosteniendo el Sujeto Supuesto Saber en la transferencia, acompaña en las vueltas necesarias, en los recorridos por los múltiples sentidos y significaciones, con idas y vueltas, con escansiones, identificaciones que caen, para que en el final del análisis, como vemos en muchos testimonios, un acto analítico permite separar el objeto y encontrar la salida.

La vertiente que quisiera plantear hoy es que el acto analítico permite que algo de lo que quedaba fuera de escena, se toque, se conmueva, se ponga en escena.

Leer en términos de escena, no sólo orienta en los análisis que duran. En la clínica con niños, para pensar y poder leer el juego del niño, hay que prestar atención a los significantes, pero también a la escena. Es ésta la que nos permite ubicar qué se juega para ese sujeto ahí, cuáles son los personajes (si los hay), de qué objeto se trata, qué es lo que intenta escribirse, qué es lo que queda fuera de la escena.

Leer en términos de escenas, también me orienta en mi práctica en el hospital. Allí, en el campo de la interconsulta pediátrica es evidente que el analista es un objeto móvil, que interviene en escenas muy diversas, muchas fuera de la consulta. Con variados personajes y en las que hay que poder leer  qué se juega , para poder sostener el discurso analítico y apostar por el sujeto.

Ubicado de esta forma el acto analítico, qué podemos decir del modo en que se produce en la contemporaneidad? Nuestra práctica se ha visto afectada por la pandemia y las condiciones que la misma impone.

Es interesante una afirmación que hace Lacan en la misma clase a la que me refería anteriormente,  respecto de la presencia del analista. Nos dice que en la transferencia se interpreta la repetición pero “lo ininterpretable en el análisis es la presencia del analista”.

Si la presencia del analista es lo ininterpretable, pero se pone en escena en ese “encuentro de cuerpos”[5] que es el comienzo de un análisis, cómo hacemos para analizar hoy ? Es posible poner en juego la presencia del analista, pensar el objeto a través de la pantalla? En mi práctica encuentro que las pantallas ponen límites al acto, pero a la vez, he comprobado que un inicio de análisis es posible. La situación actual nos confronta a la invención respecto del acto.

Una pequeña viñeta de una adolecente que recibo en el CP Ado. Es un dispositivo de atención gratuita por tiempo determinado en el que recibimos jóvenes de 12 a 25 años. A causa de la pandemia , el local donde funcionábamos y que nos cedía el ayuntamiento fue cerrado y continuamos con atención por videollamada y/o teléfono.

X es una joven de 14 años, pide la consulta la responsable del internado en el que se aloja entre semana cuando va al instituto. En la primera entrevista me cuenta que se corta y que su tía le ha dicho que si hace eso no quiere que viva en su casa, por tanto, quiere dejar de hacerlo. También me dice que no sabe por qué lo hace, piensa que para aliviarse. De qué? De cómo me siento. No sabe o puede hablar de eso, no encuentra las palabras, “no me expreso bien, ¿me entiendes?”.  No le va bien en el instituto. Me cuenta que dibuja. Le digo que haga dibujos, entonces cuando sienta eso que no puede todavía decir.

A la sesión siguiente me cuenta que hizo un dibujo, me lo describe. Está la niña negra de pie, con paraguas, la lluvia son como sus lágrimas, pero no llora y está la niña en el suelo, roja que sonríe, aunque está muy mal. Le propongo que me lo envíe, que lo guardaré. Desde ese momento, deja de cortarse, y pasa a preguntarme si es normal lo que le sucede. Está mal pero no consigue llorar, sonríe y trata de no dar problemas a su tía. En realidad no sabe con quien estar, me cuenta entonces algo de su historia de desamparo y abandono. Leo la importancia de ese acto de ofrecerme a alojar su producción/ su malestar, le propongo que escriba y me envíe sus escritos. La transferencia se instala, seguimos el trabajo.

Gabriela Medín


Intervención en el debate “El acto analítico en la contemporaneidad” celebrado online el 9 de abril 2021.


[1] Lacan Jacques, El seminario Libro XVI De otro al otro. Paidós. Pag. 309.

[2] Lacan Jacques , Seminario 15, clase 24 enero de 1968.

[3] Laurent Eric, Principios rectores del acto analítico. Principio 5to

[4] Idem ant. 317

[5] Lacan Jacques, El Seminario 19 , ..o peor. Clase del 21 de junio de 1972.

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