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	<title>Amanda Goya - Sección Clínica de Madrid (Nucep). Estudiar psicoanálisis en Madrid España.</title>
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	<description>Formación en Psicoanálisis Lacaniano Madrid España. Instituto del Campo Freudiano. Centro de estudios de psicoanálisis en Madrid. Estudiar psicoanálisis en Madrid. Cursos de psicoanálisis lacaniano.</description>
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	<title>Amanda Goya - Sección Clínica de Madrid (Nucep). Estudiar psicoanálisis en Madrid España.</title>
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		<title>Vigencia del psicoanálisis: las sesiones lacanianas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Amanda Goya]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 07 May 2021 15:57:09 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>Muy pertinente es preguntarse por la&nbsp;<strong><em>vigencia del Psicoanálisis</em></strong><em>,</em>&nbsp;en este&nbsp;<strong>temible</strong>&nbsp;y&nbsp;<strong>arrollador siglo XXI</strong>, al que se le ha sumado la pesadilla de esta inesperada pandemia. Atravesamos una fase que amenaza con llevarse por delante muchas cosas, entre las cuales se halla aquello de lo que nos ocupamos los psicoanalistas: la&nbsp;<strong><em>subjetividad</em>,</strong>&nbsp;léase: los&nbsp;<strong><em>seres hablantes</em></strong>&nbsp;en sus variadas maneras de padecer, por habitar la dimensión del&nbsp;<strong><em>ser-para-la-muerte</em></strong>, en palabras del filósofo Heidegger, y del&nbsp;<strong><em>ser-para-el-sexo</em>,&nbsp;</strong>en palabras de Jacques Lacan. Si, la&nbsp;<strong><em>subjetividad</em>&nbsp;</strong>corre un serio peligro, ante la esclavitud impuesta por el MERCADO GLOBAL, con mayúsculas.</p>



<p>La<strong>&nbsp;vigencia del Psicoanálisis en el mundo actual</strong>&nbsp;está atravesada por&nbsp;<strong>una paradoja</strong>, por una parte,&nbsp;<strong>una confluencia de fuerzas que se le oponen</strong>: el&nbsp;<strong><em>cientificismo cognitivo-conductual</em></strong>, la misma I.P.A. que impulsa&nbsp;<strong>una cognitivización del Psicoanálisis</strong>; la&nbsp;<strong>psiquiatría organicista</strong>, secuestrada por los expendedores de moléculas, los&nbsp;<strong>medios de comunicación,</strong>&nbsp;que mayoritariamente responden a intereses diversos, etc.</p>



<p>Por otra parte, la otra faz de la paradoja, es el hecho de que&nbsp;<strong>nunca como hasta ahora</strong>&nbsp;<strong>la clínica analítica en su diversidad de aplicaciones,</strong>&nbsp;incluido el trabajo en instituciones, ha estado mejor dotada, gracias a la última enseñanza de Lacan elucidada por J.A. Miller, para&nbsp;<strong>tratar los malestares actuales&nbsp;</strong>sin renunciar a su ética, y con una eficacia más que probada en nuestro campo.</p>



<p>Daré algunas pinceladas&nbsp;<strong>sobre su vigencia, su vigor&nbsp;</strong>incluso<strong>,</strong>&nbsp;anivel de<strong>&nbsp;la clínica</strong>, es decir, de su&nbsp;<strong>aplicación en los seres hablantes</strong>, uno a uno, que&nbsp;<strong>aún confían en la palabra</strong>&nbsp;como medio para aliviar el&nbsp;<strong><em>dolor de existir</em></strong><em>,&nbsp;</em>parafraseando a Lacan, en la complejidad de sus manifestaciones.</p>



<p>Y para ello he tomado&nbsp;<strong>una de las más originales invenciones de Lacan&nbsp;</strong>para dotar a los psicoanalistas de una fuerza inusitada para incidir en la singularidad del goce de cada uno, que le costó su exclusión de la burocrática&nbsp;<strong><em>Asociación Psicoanalítica Internacional</em></strong>&nbsp;en el año 1973. Fue su cuestionamiento a las sesiones estandarizadas de 50 minutos de duración que se practicaba en la IPA, para sustituirlas al principio por&nbsp;<strong><em>sesiones de tiempo variable</em></strong>, luego por<strong><em>&nbsp;sesiones breves</em></strong>, sustentadas siempre en la&nbsp;<strong><em>función lógica del</em></strong>&nbsp;<strong><em>corte</em></strong>. Este&nbsp;<strong>acto de Lacan</strong>&nbsp;marcó para siempre&nbsp;<strong>un antes y después en la&nbsp;<em>praxis</em>&nbsp;del psicoanálisis</strong>&nbsp;de orientación lacaniana.</p>



<p>Vayamos a nuestro grano:&nbsp;<strong>la clínica</strong>. Reconozcamos en primer lugar que&nbsp;<strong>el poder curativo de la palabra</strong>&nbsp;no lo descubrió Freud, aunque sí descubrió nada menos que&nbsp;<strong>el inconsciente,</strong>&nbsp;e&nbsp;<strong>inventó una práctica</strong>&nbsp;para esclarecerlo, después de abandonar la&nbsp;<strong>hipnosis</strong>&nbsp;y la&nbsp;<strong>sugestión</strong>. Un&nbsp;<strong>segundo hallazgo</strong>&nbsp;lo aprendió de una de sus primeras histéricas, la señorita Emmy von N. que lo puso en su sitio al exclamar un día:&nbsp;<strong><em>Cállese, déjeme hablar…</em></strong></p>



<p>Así atrapó otra&nbsp;<strong>dimensión esencial que acompaña a la palabra</strong>:&nbsp;<strong>el silencio</strong>,&nbsp;<strong>el valor del silencio</strong>, algo que no contemplan las numerosas&nbsp;<em>logoterapias</em>&nbsp;que pululan en el conjunto de la oferta&nbsp;<em>Psy.</em></p>



<p>¿Pero cuál fue el recurso que permitió a Lacan poner patas arriba el&nbsp;<em>standard&nbsp;</em>de la I.P.A heredado de Freud?</p>



<p>Fue la noción de&nbsp;<strong><em>tiempo lógico</em></strong>, contraria al&nbsp;<em>tic tac</em>&nbsp;del reloj, al tiempo cronológico. ¿En qué consiste esta invención fechada en 1945?</p>



<p>Se trata de una&nbsp;<strong>temporalidad subjetiva</strong>&nbsp;repartida en tres movimientos,&nbsp;<strong>tres escansiones temporales</strong>:&nbsp;<strong><em>el instante de ver</em></strong>, equivalente a lo que los anglosajones llaman&nbsp;<strong><em>insight; el tiempo para comprender,&nbsp;</em></strong>aquello de lo que se trate, y de duración siempre contingente; y finalmente,&nbsp;<strong><em>el momento de concluir</em></strong>, como se diría en la fraseología musical, cuando el compás se termina, o bien cuando en un&nbsp;<strong>relámpago se hace la luz</strong>.</p>



<p>Si las sesiones se rigen por&nbsp;<strong>el tiempo lógico</strong>, es que&nbsp;<strong>no están sujetas al tiempo cronológico</strong>, sino que están sujetas a la manera en que el analista puntúa lo que el analizante dice, gracias a esta brújula que es&nbsp;<strong>el tiempo lógico.</strong></p>



<h2 class="wp-block-heading"><strong>¿Cómo interviene pues, el analista?</strong></h2>



<p>Con la&nbsp;<strong>alusión</strong>, la&nbsp;<strong>resonancia</strong>, el&nbsp;<strong>silencio</strong>, haciendo de&nbsp;<strong>oráculo</strong>,&nbsp;<strong>citando al paciente</strong>… en definitiva,&nbsp;<strong>con el manejo de una retórica que busca emular al inconsciente</strong>, aunque&nbsp;<strong>el inconsciente lo haga siempre mejor que el analista.</strong></p>



<p>Y lo fundamental,&nbsp;<strong>con el&nbsp;<u>corte de la sesión en el momento oportuno.</u></strong></p>



<p>Antes de Lacan, y aún hoy,&nbsp;<strong>quienes no se dejan guiar por su enseñanza</strong>, creen haber aprendido de Freud que el&nbsp;<strong><em>bla bla bla</em></strong>&nbsp;de la&nbsp;<strong><em>libre asociación</em></strong>&nbsp;es la&nbsp;<strong>única vía de acceso al inconsciente</strong>, si se sabe atrapar los elementos que cada tanto hace oír el inconsciente, lo que llamamos sus&nbsp;<strong>formacione</strong>s:&nbsp;<strong>lapsus, actos fallidos, sueños, chistes</strong>… pero éstos olvidan que el mismo Freud se dio cuenta que&nbsp;<strong>el material asociativo podía ser usado a los fines de la resistencia</strong>, por ejemplo, cuando el sujeto cuenta un sueño tras otro, es el ejemplo que da.</p>



<p>La libre asociación no deja de ser una manera de&nbsp;<strong>deambular por la palabra,</strong>&nbsp;una suerte de&nbsp;<strong><em>parloteo</em></strong>al que se invita al sujeto. Pero si la sesión tiene&nbsp;<strong>un tiempo fijo que se conoce de antemano</strong>, se lo está invitando, de&nbsp;<em>facto</em>, a rellenar ese tiempo, independientemente de lo que diga en ese transcurso.</p>



<p>La práctica de Lacan&nbsp;<strong>impedía el parloteo</strong>, sobre todo en sus últimos años en los que&nbsp;<strong>las sesiones se hicieron cada vez más breves,</strong>&nbsp;ultra breves, cortocircuitando el&nbsp;<strong>tiempo para comprender</strong>&nbsp;que se desplazaba al exterior de la sesión. De esto testimonian algunos de los que fueron sus analizantes.</p>



<p>Podemos estar de acuerdo con Freud en que&nbsp;<strong>el inconsciente no conoce el tiempo,</strong>&nbsp;si lo tomamos en su&nbsp;<strong>dimensión puramente sincrónca</strong>, pero no es menos cierto que&nbsp;<strong>la elaboración propia del análisis sí necesita tiempo,</strong>&nbsp;un tiempo no lineal, que se manifiesta a través de ritmos de apertura y cierre, por el mismo carácter pulsatil del inconsciente.</p>



<p>Lacan afirmaba que&nbsp;<strong>el inconsciente necesita tiempo para decirse,</strong>&nbsp;pero aún así, cuanto&nbsp;<strong>más larga es la sesión</strong>&nbsp;más se propicia llenarla con un&nbsp;<strong>flujo de palabras</strong>, lo que en sus comienzos él llamaba&nbsp;<strong><em>palabra vacía.&nbsp;</em></strong>A esto no dan lugar desde luego las sesiones breves.</p>



<p>Miller añade otro matiz sumamente importante en un artículo que encontrarán en&nbsp;<em>L’Cause freudienne 33</em>,&nbsp;<em>L’Interprétation à l’envers</em>, (<em>La interpretación al revés</em>). El plantea que más allá de lo que una sesión pueda durar, la cuestión es si la sesión es una&nbsp;<strong><em>unidad semántica</em></strong>, donde prevalece el sentido, la significación, y muchas son así, o si es una&nbsp;<strong><em>unidad a-semántica</em></strong>, que extrae algún elemento&nbsp;<strong>por fuera del sentido, enigmático</strong>, para reconducir al sujeto a la&nbsp;<strong>opacidad de su goce</strong>. Con dos breves ejemplos tomados de dos pacientes que llevo, se hará más fácil de captar.</p>



<p>El primero es un hombre de 32 años, cuya actitud bastante infantil no es ajena al hecho de ser hijo único de unos padres que le han acolchado demasiado su existencia.</p>



<p>Recientemente ha tenido&nbsp;<strong>un episodio con la salud</strong>&nbsp;que lo ha enfrentado por primera vez a la fragilidad del cuerpo. Superado en parte dicho episodio que lo llevó a&nbsp;<strong>la angustia</strong>&nbsp;de forma inédita, dice lo siguiente:&nbsp;<strong><em>Lo he pasado muy mal, pero también ahora puedo nombrarme como adulto</em></strong>.&nbsp;<strong><em>Tengo que asumir que mis padres no van a estar siempre protegiéndome, al revés, ahora tengo yo que cuidarlos a ellos, sobre todo, no preocupándolos, esto es nuevo para mí.</em></strong>&nbsp;En ese punto interrumpí la sesión puntuando estas palabras:&nbsp;<strong><em>¡Si, es nuevo para ti!</em></strong></p>



<p>Es un ejemplo de una&nbsp;<strong><em>unidad semántica</em></strong>, que se cierra precisamente&nbsp;<strong><em>en el momento de concluir.</em></strong>&nbsp;No añade algo nuevo, sino que&nbsp;<strong>puntúa lo nuevo dándole estatuto de conclusión<em>.</em></strong></p>



<p>Otro ejemplo. Una mujer de 40 años que padece una enorme dificultad para salir de lo que llama su&nbsp;<strong><em>zona de confort</em></strong>. Hace poco ha tenido una oferta de trabajo y ante el miedo que esto le produce no se atreve a aceptar,&nbsp;<strong>se siente bloqueada</strong>. Luego trae un sueño en el que perdía su móvil en varias situaciones diferentes. Al terminar el relato de su sueño me pongo de pie y corto la sesión diciendo:&nbsp;<strong><em>Móvil/ movimiento</em></strong>. Es decir, tomé la palabra&nbsp;<strong><em>móvil&nbsp;</em></strong>en otro contexto, en alusión a otra cosa que la concierne, lo dije sin pensarlo, sin calcularlo. A la sesión siguiente llega diciendo lo sorprendida que está después de lo que dije al cerrar la sesión anterior:&nbsp;<strong>aceptó el trabajo, repentinamente salió de la inhibición</strong>. Está dispuesta a correr el riesgo.</p>



<p>El significante solo:&nbsp;<strong><em>móvil/movimiento</em></strong><em>,&nbsp;</em>por fuera de la significación y acompañado del<strong>&nbsp;corte de la sesión</strong>, tocó&nbsp;<strong>algo real de su parálisis y dio finalmente el paso</strong>, para ella&nbsp;<strong>fue su acto</strong>. Es un ejemplo de una sesión como&nbsp;<strong><em>unidad a-semántica</em></strong>.</p>



<p><strong>Extraer el significante de su contexto</strong>, operando un corte en la&nbsp; cadena de palabras antes de llegar a su&nbsp;<strong>punto conclusivo</strong>, hizo de esta intervención un&nbsp;<strong>acto analítico</strong>, una&nbsp;<strong>unidad suspensiva</strong>, y su efecto al mismo tiempo fue&nbsp;<strong>un acto del sujeto que sacó al cuerpo de su petrificación.</strong></p>



<p>Dure lo que dure una sesión, su punto de detención es, o bien una&nbsp;<strong>detención conclusiva</strong>, como en el primer caso, o bien, una&nbsp;<strong>detención suspensiva</strong>, como en el segundo.</p>



<p><strong>Nuestro tiempo hoy, aquí</strong>, ya que del tiempo se trata, no me permite ir más lejos, por eso os damos la palabra para conversar sobre la vigencia del psicoanálisis, o sobre lo que nuestras&nbsp; intervenciones hayan podido suscitar en vosotros.</p>



<p>Gracias por vuestra escucha.</p>



<p>Amanda Goya</p>
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		<title>La joven homosexual (2)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Amanda Goya]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 01 Jun 2020 07:09:22 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Clase online del Seminario de casos clínicos de la Tétrada 2019-2020 de la Sección Clínica de Madrid (Nucep) Continuamos hoy con el trabajo de la joven homosexual que Freud tratara durante cuatro meses en la primavera de 1919. Entre la pasada clase y esta he podido leer su biografía, lo que me ha permitido ampliar [&#8230;]</p>
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<h3 class="wp-block-heading">Clase online del Seminario de casos clínicos de la Tétrada 2019-2020 de la Sección Clínica de Madrid (Nucep)</h3>



<p>Continuamos hoy con el trabajo de la joven homosexual que Freud tratara durante cuatro meses en la primavera de 1919. Entre la pasada clase y esta he podido leer su biografía, lo que me ha permitido ampliar muchos datos de su vida que refuerzan los que nos aporta Freud en su relato.</p>



<p>Como dijimos la vez pasada, y espero que hayan leído el caso para seguir estos desarrollos, la chica tenía entonces diecisiete años y se presentó en la consulta de Freud forzada por sus padres, sobre todo su padre, que no toleraba el comportamiento público de su hija que sin tapujos cortejaba a una mujer de muy dudosa reputación, diez años mayor que ella, a la que en el entorno se calificaba de <em>cocota</em>, (una palabra elegante para designar a una <em>puta fina</em>) la varonesa <em>Leonie Puttkamer.</em></p>



<p>Descendiente de una antigua familia noble prusiana, la varonesa tenía clara su preferencia erótica por las mujeres, y de los hombres se servía más bien como proveedores de los bienes, puesto que de la riqueza de su familia de origen había quedado excluida por su padre que no le perdonaba sus inclinaciones lésbicas. Una mujer, era la varonesa, que gustaba mucho de la buena vida, el lujo y los placeres mundanos, y que al principio se tomó como un juego los galanteos de la muchacha, <em>Sidonie Csillag</em>, seudónimo con el que sus dos biógrafas la presentan al lector.</p>



<p>Estas dos mujeres, lesbianas y feministas: <em>Inés Rieder y Diana Voigt, </em>una de ellas nieta de una de las mejores amigas de juventud de Sidonie, entrevistaron a una anciana de noventa y ocho años ante un magnetófono durante el tiempo que ella necesitó para contarles su vida, y con ese material redactaron su biografía. [1]</p>



<p>En cuatrocientas páginas se recorren los hitos más importantes de su dilatada vida, preñada de aventuras, viajes, y amores imposibles, desde la infancia hasta su muerte, acaecida poco después de concluir la entrevista en la que por fin la anciana pudo volcar el relato retrospectivo de su paso por la existencia, a condición de que en la biografía que redactaran estas dos mujeres, no se dieran a conocer los verdaderos nombres de los protagonistas.</p>



<p>En el segundo capítulo del libro, titulado <em>Berggasse 19</em>, domicilio de la casa y consulta de Freud, se plasman los escasos cuatro meses y medio en que duraron las sesiones de Sidonie con <em>Her professor, </em>en tiempos de la joven república de Weimar, cuando por fin gobernara la socialdemocracia en Austria, después de los horribles años de la primera guerra mundial que acababa de asolar a Europa dejando tras de sí terribles secuelas. La atmósfera de postguerra se respira en este tramo de la biografía. De hecho, Sidonie robaba comida en la surtida despensa de su adinerada familia, para llevarle víveres a su querida Leonie, como la llamaban en confianza.</p>



<p>Una obediente criatura retrata este capítulo, que en apariencia acepta la imposición de su padre de tratarse con un <em>excelente especialista</em> -así su padre le presenta a Freud- que según le dijo: <em>la volvería a traer a la norma y la encarrilaría en el camino correcto para una mujer</em>. Como no podía con la severidad de este padre, amén de lo mucho que le quería y deseaba que estuviera conforme con ella, Sidonie decide finalmente resignarse y <em>agachar la cabeza.</em></p>



<p>Reproduzco un pasaje muy divertido de cuando ambos se conocen en febrero de 1919: <em>La primera vez estaba tan nerviosa, que al entrar hizo hasta una reverencia y quiso besarle la mano a Freud, lo que este, no obstante, rechazó con un gesto. Esa fue la única vez en que vio que se le escapaba una sonrisa, por lo demás era muy serio y completamente inaccesible. <strong>[2]</strong></em></p>



<p>Las autoras hacen patente el esfuerzo enorme que suponía para ella asistir de lunes a viernes con puntualidad a la consulta, porque si se demoraba unos minutos Freud le interpretaba sus resistencias. Lo que en verdad le hubiera gustado hacer en ese rato y que obviamente no confiesa a Freud, <em>era pasearse por los jardines de Viena con su admirada Leonie.</em> Después de las sesiones no dejaba de aprovechar ese tiempo en el que se sustraía al control de sus padres, para encontrarse con la varonesa en un café, donde invariablemente relataba pasajes de sus sesiones.</p>



<p>Destacaré algunos puntos relevantes de este segundo capítulo de la biografía, que como ya dije, amplían el material proporcionado por Freud en su relato.</p>



<p>En primer lugar, el profundo desconsuelo que experimentaba la joven por el rechazo de su madre, en ocasiones explícito, en contraste con su manifiesta preferencia por sus hijos varones. Varios episodios dan cuenta de este rechazo, que en el curso de su biografía se perfila quizás como el problema mayor de su existencia: el <em>estrago materno</em>, según la expresión de Lacan.</p>



<p>Emma Csillag, su madre, era una mujer de origen humilde que había quedado huérfana muy jovencita y se había criado con unos parientes lejanos. Cuando conoció a Antal Csillag, al que fascinó con su belleza, encontró la vía regia para un rápido ascenso social, pues su futuro marido era un comerciante judío listo y ambicioso, que amasó una fortuna en poco tiempo gracias a la especulación propia de los períodos de guerra, subiendo sus primeros peldaños en el consorcio petrolero de los Rothschild.</p>



<p>De fuertes creencias monárquicas, y para proteger a su familia del fuerte antisemitismo que reinaba por entonces en Viena, Antal había hecho bautizar a sus hijos en la fe católica. Este hombre, al que su hija idealizaba, amaba y temía al mismo tiempo, era tan poderoso en el mundo de los negocios como dócil y maleable por su frívola mujer, que se servía de sus encantos para que su marido consintiera y financiara sus lujosos caprichos.<em> ¡Cómo lo maneja y cuánto que tolera él!, </em>pensaba Sidonie, mientras veía como <em>su madre llevaba los pantalones</em>.</p>



<p>Su mujer era tan seductora y presumida, algo que con elegancia Freud deja caer, que su actitud hacia los hombres no estaba exenta de un tinte erotómano. Emma, en efecto, se creía irresistible. En una ocasión Sidonie la acompañó a <em>Semmering</em>, un lugar de descanso para los ricos, para que su madre reposara, por consejo del médico, a causa de su nerviosismo y sus numerosas fobiaSigmund Freud la presente de hecho como una neurótica.</p>



<p>Lo ocurrido en esa estancia fue vivido por su hija como una humillación que nunca olvidaría. Lo leo porque resume muy bien la difícil relación entre madre e hija: <em>El padre se había quedado en Viena por motivos de negocios, y en esas estadías su madre se transformaba, de temerosa y reacia al trato social, en una vampiresa. Flirteaba y coqueteaba tanto que su hija se consumía de vergüenza ajena y repugnancia. Los hombres revolotean alrededor de su madre como polillas. Ella prefería no saber con exactitud lo que hacía con ellos. Fuera como fuera, merendaba, cenaba y se paseaba con sus pretendientes como si fuera libre y no estuviera casada. Y entonces sucedió que un hombre al que Sidonie le pareció bonita y correcta, quiso hacerle un cumplido a la madre por tener una hija tan bien educada, y ella le dijo que no era hija suya sino de una conocida. </em></p>



<p>O sea que su madre no vacila en negar a su hija para parecer más joven al galante caballero que se había interesado en Sidonie. (…) A la chica le dolió tanto que volvió corriendo a su habitación y en los días siguientes ni se acercó a su madre, pues para ella toda mujer se le volvía competidora y enemiga, hasta su propia hija<em>. </em></p>



<p>Leemos a continuación:<em> es una terrible cochinada para con su padre. Ese hombre bondadoso y cariñoso al que ella ama tanto, y que simplemente es engañado por su mujer. Sidi quisiera decirle todo, pero no puede porque le guarda demasiado respeto, además de que no lo quiere lastimar. <strong>[3]</strong> </em></p>



<p>La única vez que la paciente de Freud rompa a llorar en el curso de una sesión, y Freud lo señala, será precisamente cuando declare amargamente su impotencia para conmover los sentimientos de su madre: <em>Mi madre me parece tan linda y yo hago todo por ella, pero sólo quiere a mis hermanos</em>. Esta madre siempre será retratada por Sidonie, en cualquier época de su larga vida, como fría y distante con su hija.</p>



<p>También nos enteramos en pasajes de este capítulo hasta qué punto llega la hostilidad de Sidonie hacia Freud, cosa de la que éste da cuenta en su relato, pero que conscientemente trataba de ocultar por temor a que se desbaratara su propósito. ¿Cuál era su propósito, explícito en la biografía? Que Freud informara a su padre de la inocencia de su amor por Leonie, -que en parte se puede decir que era verdad-. Porque pese a la promesa que había hecho a su padre de interrumpir su relación con la varonesa, había algo muy fuerte que le impedía por completo ser fiel a esta promesa.</p>



<p>Pero lo que enfureció a Sidonie fue una interpretación de Freud que indignada relató a la varonesa después de la sesión, con las siguientes palabras: <em>¡Imagínate! Ya hace tiempo que me pregunta de todo sobre mis padres y mis hermanos. Y ¿sabes lo que me dijo hoy? Que me hubiera gustado tener un hijo con mi padre, y como por supuesto la que lo tuvo es mi madre, yo la odio por eso y a mi padre también, y de ahí que me aparte por completo de los hombres…¡Es tan indignante! (…) Es un asco, un tipo repugnante. Realmente tiene la imaginación más sucia que pueda tener un hombre. Ahora le perdí todo el respeto. </em></p>



<p>Leonie se divierte y a la vez está conmovida. Nunca antes ha visto a Sidi tan enfadada y herida. Este será un punto de inflexión en su relación con Freud.</p>



<p>Es evidente en estas páginas que las autoras no disimulan su posición crítica hacia Freud, al que retratan a partir del relato que Sidonie les ha hecho de sus sesiones con él, pero con una vehemencia añadida de su propia cosecha, seguramente de su militancia feminista. Luego volveré sobre este punto que encontrarán desarrollado en el texto de Vilma Coccoz que mencionamos el otro día: <em>La encrucijada adolescente de la joven homosexual y la solución del amor cortés. <strong>[4]</strong></em></p>



<p>Volviendo a Freud, ¿cuál es su hipótesis sobre la elección de objeto homosexual de su paciente? Lo dijimos la vez pasada, dicha elección tiene un marco edípico, aún reconociendo que el caso es atípico, como cuando al final lo define como una <em>inversión tardíamente adquirida. </em>Pues no se trata propiamente de una neurosis, dice, dado que no halló en ella síntomas histéricos, pero tampoco se inclina por una perversión, pues el término no aparece nunca en el texto.</p>



<p>En rigor Freud habla de homosexualidad, y más propiamente del <em>enigma de la homosexualidad, </em>también en los últimos párrafos del punto IV. Y me resulta muy interesante lo que allí introduce con la expresión <em>carácter sexual, </em>aportando una serie de matices que vale la pena repasar. Le cito: …<em>un hombre en el que predominan las cualidades masculinas y cuya vida erótica siga también el tipo masculino, puede, sin embargo, ser invertido en lo que respecta al objeto y amar únicamente a los hombres y no a las mujeres. En cambio, un hombre en cuyo carácter predominen las cualidades femeninas y que se conduzca en el amor como una mujer debía ser impulsado, por esta disposición femenina, a hacer recaer sobre los hombres su elección de objeto, y sin embargo, puede ser bien heterosexual y no mostrar con respecto al objeto un grado de inversión mayor que el corrientemente normal. Lo mismo puede decirse de las mujeres; tampoco en ellas aparecen estrechamente relacionados el carácter sexual y la elección de objeto. Así pues, el enigma de la homosexualidad no es tan sencillo como suele afirmarse tendenciosamente en explicaciones como la que sigue: un alma femenina y que por tanto, ha de amar al hombre, ha sido infundida, para su desgracia, en un cuerpo masculino, o inversamente…</em> [5] Bien podemos suscribir hoy por hoy esta apreciación clínica de Freud.</p>



<p>Ven que distingue aquí lo que sería propiamente la elección de un objeto de goce, de los rasgos de carácter propiamente sexuales, del semblante sexuado, podríamos traducirlo. Vilma habla aquí de <em>posición subjetiva</em>. Muy brevemente, en el carácter se instalan ciertos rasgos, no exentos de goce, que se incorporan en el <em>Yo</em> en calidad de semblante, y con este semblante el sujeto se presenta ante el Otro.</p>



<p>¿Cómo responde Freud, pues, a su propia pregunta sobre la causa, sobre la <em>psicogénesis</em> de la elección homosexual de esta adolescente?</p>



<p>La decepción, dice, que sufre la joven porque el padre da un hijo real a la madre, justamente cuando la pequeña deseaba un hijo imaginario del padre, deseo que se manifestaba en los amorosos cuidados que prestaba a un pequeño de tres años hijo de unos vecinoSigmund Freud no duda en hablar aquí de deseos de maternidad.</p>



<p>En este contexto, el nacimiento de su hermanito la catapulta y da un giro espectacular que a nadie pasa inadvertido. Comienza a hacer la corte a la varonesa: su <em>Dama</em>. Así la nombra Lacan, porque el galanteo responde al estilo propio del amor cortés, exhibido ante la mirada de la alta sociedad vienesa, justo lo que vuelve loco al padre.</p>



<p>La biografía por otra parte, nos permite calibrar mejor aún el valor estructural del rechazo de la madre, y la fuerza que este ejerce sobre su hija. Decepción del padre y rechazo de la madre, un trozo de real con el que Sidonie tendrá que hacer algo en su existencia. ¿Podemos colegir que Sidonie no ocupó para la madre el lugar de su falo imaginario, no fue pues una niña deseada por esa madre cuasi erotómana, como parece que sí lo fueron sus hijos varones? De esta falta de sitio en el deseo materno encontraremos huellas en su anudamiento subjetivo.</p>



<p>Algo de esta constelación habrá de repetirse en la escena del <em>pasaje al acto,</em> en la que la joven se arroja a la vías del tranvía de Viena. Sobre esta dramática coyuntura hallamos dos diferentes versiones, la de Freud, que bien puede ser la que el padre le relató, y la de la biografía. En la de Freud ella se pasea por la calle con la varonesa en las inmediaciones de su oficina, y de pronto la pareja se cruza con el padre que arroja sobre ellas una mirada de ira. Leoni se entera en ese momento de que ese hombre es el padre de la muchacha y le dice que no quiere volver a verla. En el instante siguiente la joven se arroja a las vía del tranvía.</p>



<p>En la versión de la biografía no se cruzan con el padre, sino que lo ven desde la acera de enfrente hablando con un cliente, pero el padre no las ve a ellas<em>.</em> La chica se pone muy nerviosa ante el temor de ser descubierta en compañía de Leonie, que a su vez en ese momento se entera del enfado del padre por la situación, e <em>ipso facto</em> le vuelve la espalda y quiere perderla de vista.</p>



<p>Pero en cualquiera de las dos versiones se trata del mismo punto. Cito a Vilma Coccoz: <em>En el pasaje al acto el sujeto abandona la escena del deseo ante el rechazo perpetrado por la Dama, quien asume la irritación del padre ante el espectáculo de su hija, luego de haber sido informada de que el señor malhumorado con el que acaban de cruzarse en la calle era su padre. Así se despejan las dos condiciones del pasaje al acto: por un lado, su valor de respuesta al deseo del Otro, y, por el otro, la identificación con el objeto a sin valor, vuelto un deshecho, al cual queda reducido el sujeto.<strong>[6]</strong></em></p>



<p>Otro punto fundamental señalado por Freud y recogido en su biografía como una repetición, es su reacción de rechazo al goce sexual, el asco, la repugnancia que experimenta cada vez que se acerca la posibilidad de un encuentro cuerpo a cuerpo con una mujer, ni que digamos con algún hombre, en estos casos solía salir por patas. Este rechazo le costó la pérdida de la que fuera su segundo gran amor, Vjera Rothballer. El soporte de su amor era un rasgo ideal que el objeto debía poseer para atraerla: la belleza.</p>



<p>Con esta bellísima mujer que siempre la había fascinado vive un apasionado romance de un par de semanas durante un viaje, después de haberlo fantaseado y anhelado toda su vida. Y cuando realmente la tiene a su lado, en su cama, huye con el escudo de su verdadero <em>partenaire</em>, su amado e inseparable perro, Petzy. La situación se tensa hasta el punto en que Vjera la enfrenta a una elección: <em>¡O tu perro o yo!. </em>Y con todo el dolor de su alma, y desgarrada por esa decisión cuyo precio será la pérdida de Vjera, elige a su fiel Petzy, algo de lo que no dejará de lamentarse con nostalgia por el resto de su vida.</p>



<p>¿Qué estatuto dar a este rechazo del goce sexual? ¿A qué abismo se asoma Sidonie cuando es reclamada como objeto libidinal? ¿No será que el amor idealizado la resguarda de ese abismo? Es la tesis de Vilma Coccoz que pueden leer en el mismo título de su trabajo: <em>La encrucijada adolescente de la joven homosexual y la solución del amor cortés</em>. Este artículo me abrió una perspectiva que nunca había tenido sobre la joven homosexual.</p>



<p>El amor cortés es, en efecto, una solución para Sidonie, y su biografía lo refleja de principio a fin. No es que haya carecido por completo de vida sexual, al menos hay varias mujeres con las que mantiene relaciones a lo largo del tiempo, y un hombre, su marido, al que nunca deseó. Se trato de un <em>matrimonio de conveniencia</em>.</p>



<p>Ella consintió en casarse después de haber perdido a Leonie, y para contentar a su padre que esperaba que su hija se enderezara. Del hombre que fue su marido se prendó cuando lo vio con su uniforme militar jineteando su caballo. Esa bella imagen la cautivó. Luego él se mostraría como un redomado canalla que le sustrajo lo que pudo de su patrimonio.</p>



<p>A perseguir mujeres imposible,<em> inalcalzables</em>, <em>quimeras amorosas</em>, dedica Sidonie gran parte de la fuerza de la que dispone y que la empuja. Su cortejo de la dama se encuadra en la dimensión del <em>acting out, </em>de un mensaje que se muestra ante la mirada, su objeto privilegiado en su universo libidinal.</p>



<p>También leemos en este capítulo de la biografía que Freud percibe el desgano de Sidonie y su rechazo al tratamiento analítico, intensificado después de la interpretación de su deseo de tener un hijo del padre. Su reticencia y su voluntad consciente de engañar a Freud se describe así: <em>Sidonie enhebra una pequeña anécdota a la otra, un episodio social de su entorno al siguiente, solo para que no surjan pausas paralizantes, no se comience a hablar de Leonie Puttkamer y el profesor vea cuál serio se toma el tratamiento. Pero en el curso de las siguientes horas se le acaba el material, y ya no sabe más qué contar. Además no sueña nada, pero Freud insiste en los sueños. ¿Estará sospechando el profesor que ella se está encontrando otra vez regularmente con Leonie? Ojalá que no. Pero en realidad, ella podría darle una manito a la realidad y distraerlo de reflexiones inconvenientes. De modo que le cuenta a Freud sus encuentros con Leonie en forma de sueños. </em></p>



<p>Los sueños que relata a Freud en los que se llega a un <em>happy end</em>: ella se casa con un hombre y tienen hijos, no confunden a Freud que se da cuenta de la mendaz maniobra que hay en juego. Sólo que entonces interpreta la repetición del deseo de la chica de engañar a su padre, y yerra el tiro. Lacan subraya que podría haberle interpretado sin más su deseo de engañar.</p>



<p>Freud toma entonces la decisión de dar por terminado el trabajo con Sidonie y le sugiere que continúe con una mujer. Cito a Coccoz: <em>Freud tira la toalla (…) al topar con el rechazo del inconsciente por parte de la paciente, quien se mostraba indiferente al sentido edípico y reacia a asumir el complejo de castración <strong>[7]</strong></em></p>



<p>Leemos en este apunte que Sidonie no sería apta para ubicar en la estructura de la neurosis. Rechazo del inconsciente, exclusión del sentido edípico, no asunción del complejo de castración, rechazo al goce sexual. Si a esto sumamos que su homomosexualidad y el amor cortés serían su solución sintomática, sublimatoria, las preguntas que dejamos abiertas el otro día parecen encontrar una respuesta acorde con la última enseñanza de Lacan.</p>



<p>Solo quiero agregar algo que aparece al final del texto de Vilma y que me parece otro apunte enormemente importante que va más allá de este caso, sobre la posición de la homosexual femenina. Ella toma una afirmación de Lacan del Seminario XIX <em>…o peor</em>, donde sostiene que la homosexual se amputa del discurso analítico, porque rechaza que el falo sea un semblante, al confundir el órgano con el significante.</p>



<p>La cito: <em>El “amputarse” del discurso analítico condena a la homosexual a una ceguera total respecto al goce femenino, asevera Lacan. Y ello en la medida en que este se distingue por situarse más allá del falo, revelando, en el mismo movimiento, el carácter de semblante de este último. Es la condición por la cual la mujer no sabe gozar sino <strong>en </strong>o <strong>de</strong> la ausencia. En cambio “la homosexual no está de ningún modo ausente de lo que le queda de goce” (</em>el entrecomillado es una cita de Lacan en <em>ou pire). Un plus de alienación al discurso sexual la condena a una entificación del sexo, y arrebata a las homosexuales parte de la libertad reclamada, sumiéndolas muchas veces en el extravío de una afirmación identitaria. La homosexualidad femenina defiende, por estructura, el discurso sexual y se aferra a la existencia de hombres y mujeres; a la idea de que el falo es el pene y no un significante, un semblante del goce. </em></p>



<p>Lo dejamos en este punto. Con una nueva perspectiva para volver a pensar la clínica freudiana, de la que nunca nos cansamos.</p>



<p>Amanda Goya</p>



<hr class="wp-block-separator"/>



<p>[1] Rieder, I. Voigt D. “Sidonie Csillag: La joven homosexual de Freud”. Ediciones Literales. Buenos Aire. El cuenco de plata, 2004.</p>



<p>[2] Op. cit. p.41.</p>



<p>[3] Ibidem., p.57.</p>



<p>[4] Coccoz, V. “Freud, un despertar de la Humanidad”. Editorial</p>



<p>[5] Freud, S. “Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina”. Obras completas, Ed. Biblioteca Nueva, Tomo 7, p. 2560.</p>



<p>[6] Op. cit. p.241</p>



<p>[7] Ibidem., p.245.</p>
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		<title>La joven homosexual (1)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Amanda Goya]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 30 Mar 2020 07:07:10 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Clase online del Seminario de casos clínicos de la Tétrada 2019-2020 de la Sección Clínica de Madrid (Nucep) El caso que Freud tituló Psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina [1], fue tratado por él hace exactamente un siglo, en un contexto histórico y cultural completamente diferente al nuestro respecto de la consideración social sobre [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h3>Clase online del Seminario de casos clínicos de la Tétrada 2019-2020 de la Sección Clínica de Madrid (Nucep)</h3>
<p>El caso que Freud tituló <em>Psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina [1]</em>, fue tratado por él hace exactamente un siglo, en un contexto histórico y cultural completamente diferente al nuestro respecto de la consideración social sobre la homosexualidad, lo que siempre tiene su incidencia en la clínica.</p>
<p>Deduzco que la palabra <em>psicogénesis</em>, es la manera en que Freud responde a los biologistas de su época, a los que alude al final del texto con la expresión <em>literatura tendenciosa</em>, que, según dice, establecen una relación demasiado estrecha entre tal elección de objeto y los caracteres somáticos. Supongo que algo semejante le sucedió a Lacan, que en los años cuarenta escribió sobre causalidad psíquica para responder al organodinamismo de su amigo, el psiquiatra Henry Ey.</p>
<p>Freud busca demostrar que dicha elección homosexual de objeto responde a las coordenadas del Complejo de Edipo, aún reconociendo que el caso tiene características que resultan bastante atípicas, como cuando lo define en el punto IV como una <em>inversión tardíamente adquirida</em>, pues no se trata propiamente de una neurosis, dado que no halló en ella síntomas histéricos, pero tampoco se inclina por una perversión, pues el término no aparece en el texto.</p>
<p>Freud habla en rigor de homosexualidad, y más propiamente del enigma de la homosexualidad, también en los últimos párrafos del punto IV.</p>
<p>Este rasgo enigmático, del que se desprenden muchos interrogantes, me ha llamado la atención, tanto en el historial de Freud como en el comentario de Lacan en el Seminario IV. “La relación de Objeto” [2], un Seminario en el que Lacan comienza su investigación sobre el falo en la experiencia analítica, y se sirva para ello de la joven homosexual por el valor de falo imaginario que tiene el hijo para ella.</p>
<p>Freud comienza el texto señalando que la homosexualidad femenina ha sido desatendida por la investigación psicoanalítica, y añade que por eso va a exponer un caso <em>no muy marcado</em>.</p>
<p>Lacan por su parte, en el primer párrafo del capítulo VI del Seminario IV, titulado “La primacía del falo y la joven homosexual”, inicia su comentario diciendo que va a adentrarse en un problema, y añade: <em>Este problema es el de la perversión, entre comillas, más problemática que pueda haber, en la perspectiva del análisis, es decir, la homosexualidad femenina</em>.</p>
<p>Esta afirmación no la explica, es decir, ¿porqué la homosexualidad femenina es la más problemática de tratar en el análisis? Y por otra parte, ¿porqué pone entre comillas el término “perversión”? Parece que no lo tuviera claro, pero lo deja así.</p>
<p>En el capítulo siguiente toma como ejemplo para explicar lo que llama “el mecanismo de un fenómeno que puede calificarse de perverso”, el fantasma de “Pegan a un niño”, que como sabemos, es un fantasma que Freud encuentra en la clínica de seis casos de neurosis obsesiva, preferentemente de mujeres.</p>
<p>Porque del fantasma sí podemos decir que tiene una estructura perversa.</p>
<p>Y de hecho, el capítulo VII de este Seminario que lleva por título: “Pegan a un niño y la joven homosexual” lo hallamos en un agrupamiento de tres capítulos que Miller titula “Las vías perversas del deseo”. Y sabemos que no es lo mismo hablar de perversión que de vías perversas del deseo.</p>
<p>Cuando se refiere propiamente a la perversión pone el ejemplo del fetichismo, que pertenece a la sexualidad masculina. El fetichista, gracias a su fetiche, busca ponerse a resguardo de la castración materna sirviéndose de una imagen que hace las veces de velo. Porque si pudiéramos decir que hay fetichismo en la mujer, sería en la relación de la madre con el niño, en la medida en que el niño pueda colmar imaginariamente su castración.</p>
<p>Leo otra cita de Lacan que encontrarán en la p.104, cuando inicia el relato del caso, de una forma muy divertida y no exenta de ironía.</p>
<p>Dice: <em>Les traigo aquí uno de los textos más brillantes de Freud, incluso les diría, uno de los más inquietantes, aunque tal vez les parezca arcaico, incluso pasado de moda, es “Psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina”.</em> Y añade tres adjetivos más para referirse al caso de Freud: <em>brillante, inquietante, arcaico. </em></p>
<p>Vengamos ahora a la actualidad. Hay un texto que desarrolla el caso desde la perspectiva de la última enseñanza de Lacan, es el de Vilma Coccoz: “La encrucijada adolescente de la joven homosexual”, publicado en su magnífico libro: “Freud, un despertar de la Humanidad” [3], porque allí plantea la dimensión del “Más allá del Edipo” en el caso, y sin embargo, no dejan de presentarse aun preguntas que no hallan respuestas.</p>
<p>Pienso que este carácter enigmático merece ser mantenido a pesar del tiempo transcurrido, porque el caso plantea preguntas, y es bueno que así sea, ya que sólo con las buenas preguntas hacemos avanzar la clínica psicoanalítica.</p>
<p>Tanto ha transcurrido el tiempo que hoy disponemos de un significante nuevo en relación con aquellos tiempos de un siglo atrás, el significante <em>gay</em>, que por supuesto no existía en la época de Freud, y en la época de Lacan no había adquirido aún el alcance que tiene hoy.</p>
<p>Es una palabra inglesa que significa “alegre” o “divertido” que fue adoptada por los homosexuales en San Francisco al inicio de los 70, y que luego se extendió ampliamente hasta convertirse en la divisa de la celebración del llamado “Orgullo gay”.</p>
<p>Encontrarán una serie de reflexiones interesantísimas sobre esta cuestión en una intervención de Miller titulada <em>La construcción gay</em>, en un Coloquio que se realizó en Niza en el 2003.</p>
<p>Dice allí Miller que el significante gay es un significante nuevo, quizá la manera de llamar hoy a los homosexuales, es decir, una elucubración de saber sobre lo sexual por parte de un colectivo, que el mismo ha producido lo que se llama una subcultura.</p>
<p>El punto más importante de este fenómeno es precisamente que colectiviza y proporciona un significante que da cohesión al grupo, al modo de la psicología de las masas, es decir que promueve una identificación de cada uno al significante que los vuelve un grupo, un conjunto, lo que supone una pérdida de la singularidad de cada uno, volviéndolos en cierta forma refractarios al análisis en tanto práctica de desidentificación. Cumple la misma función que el significante “alcohólicos anónimos” por ejemplo.</p>
<p>Pienso que esto ha cambiado bastante desde hace 17 años a esta parte.</p>
<p>La legalización de los matrimonios homosexuales, la legitimidad que han obtenido como colectivo, tal vez les haya permitido individualizarse más, porque lo cierto es que no podemos decir que hoy no acudan al análisis.</p>
<p>Pero lo cierto es que el significante gay, dice Miller, ha expulsado de la clínica al significante perverso, del que ya no se habla.</p>
<p>Solo quiero añadir en este prolegómeno a la lectura del caso, que me parecía importante plantear estas cuestiones antes de internarnos en él. También me llamó la atención que la lectura que propone Miller en esta intervención se base en la homosexualidad masculina, pues a la homosexualidad femenina la deja de lado, ni la menciona.</p>
<p>Entonces, parece que el carácter enigmático del asunto persiste.</p>
<p>Vayamos al caso.</p>
<p>Freud atendió a la jovencita durante apenas cuatro meses en 1919</p>
<p>a solicitud de sus padres, escandalizados por la conducta provocadora de su hija que cortejaba sin disimulo a una “señora de la buena sociedad”, mujer de mala fama, diez años mayor que Sidonie Csillag, que así se la llama en la biografía que existe sobre su vida.</p>
<p>De esta señora a la que Freud define como una <em>cocota</em>, se sabía que vivía con otra mujer, y que su comportamiento con los hombres era bastante díscolo, por decirlo elegantemente. Su actitud hacia la joven enamorada era mantener la distancia, por lo que no había existido entre ellas ningún contacto físico, salvo el permitirle alguna vez que besara su mano.</p>
<p>Sus padres pretendían que Freud curara a su hija de su homosexualidad porque su comportamiento se había vuelto intolerable para ellos, a causa de la exhibición pública que hacía de lo que Freud no duda en calificar de <em>una pasión que ha devorado todos los demás intereses de la muchacha</em>.</p>
<p>Sidonie se mostraba hacia la dama como un auténtico enamorado con su pretendida, siendo capaz de cualquier sacrificio para obtener sus favores, aunque no por ello los conseguía.</p>
<p>Su estilo en la manera de cortejarla hizo que Lacan lo comparara con el amor cortés, esa creación cultural de los trovadores medievales a la que Lacan dedica un pasaje importante de su Seminario VII sobre la ética del psicoanálisis.</p>
<p>Un estilo en el que cuanto más se distancia y se vuelve inaccesible el objeto de amor, más ese objeto queda sobreestimado. Ese era el caso precisamente de Sidonie, siempre dispuesta a cualquier sacrificio para aproximarse a la Dama, de la que nunca obtenía una recompensa.</p>
<p>Fue este precisamente uno de los factores desfavorables, en palabras de Freud, para dirigir la cura, el que la joven no estuviera dispuesta a cambiar su elección de objeto, pues tenía una CERTEZA sobre su elección homosexual, y sólo aceptó ir a la consulta de Freud por la presión de sus padres y sobre todo, por no hacerles sufrir, sobre todo a su padre.</p>
<p>Freud no duda en sostener, al mismo tiempo, que el psicoanálisis no se propone nunca cambiar dicha elección, y que sería tan infructuoso como intentar lo contrario, convertir a un heterosexual en homosexual.</p>
<p>Hay que decir que en esto la chica nunca engañó a Freud, siempre le dijo no concebir otro tipo de amor que el que profesaba por aquella mujer, siendo a su vez una firme defensora de los derechos de las mujeres, pues le parecía injusto que estas no gozaran de las mismas libertades que los hombres, por lo que podríamos considerar a Sidonie como una precursora de la posición feminista. Sus amigas fueron siempre imprescindibles para ella.</p>
<p>Sabemos que cuando no es el sujeto quien realiza la demanda, <em>demanda de ser curado</em>, es la expresión utilizada por Freud, esto no predispone bien para la partida analítica. Él lo sabe muy bien y lo dice desde el comienzo con todas las letras.</p>
<p>Esto mismo condicionará el estilo de cierta tensión que se va a establecer en el vínculo entre Freud y la muchacha de 18 años, desde el principio hasta el fin, a la que presenta como bonita, inteligente y de elevada posición social.</p>
<p>Podríamos decir que hubo una transferencia imaginaria en juego en este vínculo entre la joven y Freud, pero no se constituyó el algoritmo del SsS, es decir que no hubo una suposición de saber respecto del inconsciente, que es el umbral que franquea la entrada en el análisis</p>
<p>¿Cuál era la actitud de sus padres?</p>
<p>El padre, hombre violento y autoritario, que había provocado que sus hijos fueran alejándose de él, ardió en cólera contra su hija cuando descubrió el pastel. Estaba dispuesto a combatir la homosexualidad de su hija con todos los medios.</p>
<p>La madre, por el contrario, joven y atractiva, que había padecido de una neurosis en su juventud, parecía condescender con su hija e incluso se había prestado a ciertas confidencias, pero se puso del lado de su marido cuando la muchacha empezó a mostrar públicamente su cortejo a la Dama, por miedo al <em>¡qué dirán!</em></p>
<p>Pero vamos al núcleo del argumento que propone Freud para explicar la génesis, la causa de esta homosexualidad sobrevenida en la adolescencia.</p>
<p>Freud aplica una vez más su herramienta principal: su concepción del Edipo y la sexualidad infantil en torno al complejo de castración, con la diferencia que conocemos para los dos sexos.</p>
<p>Resumo mucho: si el niño sale del Edipo por una amenaza, la niña, por el contrario, entra en el Edipo al comprobar su falta de falo, es decir, se aparta de la madre y se dirige al padre esperando un niño como sustituto del falo que no tiene.</p>
<p>Lacan lo reformula en el S. IV, Seminario en el que es aún muy freudiano, diciendo que la niña entra en la <em>simbólica del don</em>, pues lo que está en juego en este momento crucial es el amor de quien puede dar ese don, es decir, el padre. Ese hijo tiene pues un estatuto imaginario en el momento de la crisis fálica.</p>
<p>¿Qué ocurre en la joven homosexual?</p>
<p>Freud no puede reconstruir su sexualidad infantil porque la amnesia que pesa sobre ese período no se lo permite, por eso dirá que no encuentra huella alguna de trauma sexual ni de onanismo infantil.</p>
<p>No obstante afirma que de niña experimentó la comparación entre sus genitales y los de su hermano mayor causándole esto una fuerte impresión, y tampoco puede aportar nada sobre el inicio de la pubertad.</p>
<p>Es como si un velo impidiera ver todo lo que podría dar pistas sobre las marcas de su trayecto libidinal. Esto es así hasta los 13 años.</p>
<p>¿Qué sucede en ese momento? La jovencita comienza a mostrar un intenso interés por un niño de tres años, hijo de unos vecinos de la casa familiar al que cuida amorosamente durante un tiempo. De este suceso se desprende para Freud un vivo deseo de maternidad por parte de Sidonie. Pero este interés por el niño desaparece repentinamente y de pronto la joven cambia de objeto y empieza el cortejo de la Dama.</p>
<p>¿Qué ha sucedido? ¿Porqué este giro tan brusco? Un hecho se impone a la observación de Freud: el nacimiento de un hermanito menor, es decir, que el padre da un niño real a la madre. Sidonie deseaba un <em>hijo imaginario</em> del padre y el padre da un <em>hijo real</em> a la madre.</p>
<p>Y entonces la joven sufre una gran decepción, este es el punto clave de su giro hacia la homosexualidad. A causa de esta decepción rechaza al padre y el amor de un hombre, rechaza su deseo de hijo y se vuelve homosexual.</p>
<p>Freud lee en ello un fuerte deseo de venganza hacia su padre, al mismo tiempo que su decantación por una posición masculina en la elección de objeto, con la peculiaridad de un apartamiento explícito del goce sexual. Y por lo que se conoce de su biografía este rasgo lo mantuvo hasta el final de su vida.</p>
<p>¿Qué acontece entonces después de este vuelco de su posición subjetiva?</p>
<p>Que en un despliegue escénico del orden del <em>acting out</em>, Sidonie hace ver a su padre su cortejo por la dama, hasta casi provocar un encuentro callejero con él.</p>
<p>El padre le dirige en ese momento una mirada colérica, la Dama le pregunta quien es ese hombre, ella le responde que es su padre, y la otra la manda paseo.</p>
<p>Entonces la joven se precipita en un <em>pasaje al acto</em>, arrojándose desde un puente a las vías del tranvía. Se rompe algún hueso, pero sobrevive.</p>
<p>¿Cómo interpreta Freud este pasaje al acto?</p>
<p>Se sirve de la literalidad de la lengua alemana y lo interpreta como la realización del antiguo deseo de tener un hijo del padre, a partir de la palabra <em>niederkommt</em>, que significa a la vez <em>caer</em> y <em>ser parido.</em> Hay en este pasaje al acto, según Freud, una maniobra de autocastigo por los deseos de muerte contra el padre dirigidos contra ella misma.</p>
<p>Para Lacan esto no es suficiente. Por un lado es una respuesta al deseo del Otro que en este caso se manifiesta como rechazo, y por otra lado está su identificación con el objeto en su estatuto de deshecho, dado que ya no puede funcionar como objeto causa del deseo.</p>
<p>Lo cierto es que algo obtiene con estas formas del acting out y el pasaje al acto, pues la Dama vuelve a tenerla en consideración y el padre decide consultar con Freud.</p>
<p>No podemos concluir hoy sin alguna referencia a la transferencia que merecería un capítulo aparte, tan peculiar en este caso.</p>
<p>Freud trata de explicar qué ocurrió desde el punto de vista de la transferencia porqué la situación no halló salida dentro del tratamiento</p>
<p>Lo primero ya lo mencionamos, que no había por parte del sujeto una demanda hacia Freud. Este dato originario del caso acarreará muchas consecuencias. Por eso Freud señala a los padres que estudiará a su hija durante unas semanas para valorar, no si es posible el cambio de objeto, sino si es posible continuar el análisis.</p>
<p>Luego afirma que el tratamiento consta de dos partes, y sirviéndose de la metáfora de un viaje dice que la primera parte es equivalente a todos los preparativos, hasta que llega el momento de la partida del tren, recién entonces comienza la segunda parte, que habrá de durar el tiempo que haga falta para llegar al destino.</p>
<p>Lacan añade que para alguien que tenía fobia a los trenes, cosa que yo ignoraba, no es poca cosa el ejemplo que pone Freud. En el caso de Sidonie la segunda parte nunca llegó a emprenderse. En lenguaje lacaniano diríamos que el sujeto no sobrepasó las entrevistas preliminares, que la entrada en análisis no llegó a producirse.</p>
<p>También señala Freud algo muy curioso, que el análisis transcurrió casi sin indicios de resistencia, pero que en rigor su aparente colaboración era meramente intelectual, pues no despertaba en ella ningún tipo de emoción, y hace una comparación muy divertida, como si una señora de la buena sociedad visitara un museo y a través de sus impertinentes exclamara “¿Qué interesante es todo esto!”. Y añade que su análisis hacía pensar más bien en un tratamiento hipnótico, que procede por sugestión.</p>
<p>También hubo sueños, pero sueños engañosos, pues eran sueños de final feliz, en los que ella aparecía desposándose con un apuesto joven con el que luego tenía hijos. De estos sueños dice Lacan que había que ser Freud para no albergar ninguna esperanza.</p>
<p>Freud le interpreta que ella quería engañarle al igual que a su padre, y colige que los hechos le confirmaron esta interpretación porque dichos sueños no volvieron a presentarse.</p>
<p>Lacan detecta la contratransferencia de Freud, cuando éste afirma que la chica quería ilusionarlo para luego defraudarle. Quizás Freud estaba ilusionado, muy a su pesar, dice Lacan, y si el deseo de engañar pudiera haberse interpretado, no refiriéndolo al padre y tampoco al mismo Freud, eso hubiera permitido una apertura y no un cierre, como de hecho ocurre.</p>
<p>Cuenta Vilma Coccoz que en su biografía se puede leer que la idea de mentir a Freud con los sueños le sobrevino después de haber recibido la interpretación de la envidia fálica, lo que hizo sobreviniera inmediatamente la transferencia negativa.</p>
<p>En esta coyuntura Freud decide interrumpir él mismo la cura, al verificar una y otra vez que su resistencia era inexpugnable. Aunque la joven asistía regularmente a las sesiones y no paraba de hablar, el saber analítico no la tocaba.</p>
<p>Freud sugiere que consulte a una mujer. Y Vilma comenta que según Lacan este desenlace constituye un <em>pasaje al acto</em> de Freud, ante el embarazo que le provoca el <em>acting out</em> en la transferencia, es decir, la ostentación de la mentira por parte del sujeto.</p>
<p>Concluyo con una lectura que propone Vilma respecto del momento de la despedida entre Freud y Sidonie. Dice: <em>Las palabras de despedida de Freud, grabadas a fuego en su memoria, le concedieron a Sidonie un lugar de potencia “Tiene usted unos ojos muy inteligentes. No me gustaría encontrármela como enemigo” [4].</em></p>
<p>Continuaremos la próxima vez añadiendo elementos de su biografía que clarifican cuestiones clínicas sobre el sujeto.</p>
<p>Amanda Goya</p>
<hr />
<p><strong>BIBLIOGRAFÍA</strong></p>
<ol>
<li>Freud, S. “Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina”. Ed. Biblioteca Nueva. Obras Completas, Tomo 7, p. 2545.</li>
<li>Lacan, J. Seminario IV “La relación de objeto”. Ed. Paidós. “Las vías perversas del deseo”, cap. VI: “La primacía del falo y la joven homosexual”, cap. VII: “Pegan a un niño y la joven homosexual”, cap. VIII: “Dora y la joven homosexual”. p. 97 y siguientes.</li>
<li>Miller, J.A. “De la naturaleza de los semblantes” Ed. Paidós, cap. XIX: “El falo y la perversión”, Cap. XX “La función del falo” p. 259 y siguientes.</li>
<li>Miller, J.A. “La construcción gay”, en “La cause freudienne 55”: “Des gays en analyse”</li>
<li>Coccoz, V. “Freud. Un despertar de la Humanidad”. Ed. Gredos. cap. VIII “La encrucijada adolescente de la joven homosexual”. p.225.</li>
</ol>
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		<title>El amor en la neurosis. 3 preguntas a Amanda Goya</title>
		<link>https://nucep.com/publicaciones/amor-la-neurosis-3-preguntas-amanda-goya/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Amanda Goya]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 06 Mar 2010 08:37:56 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Conversación Clínica del ICF 2010. Texto original aquí. 1) ¿Cómo entender desde Lacan el retroceso de Freud ante el principio “Amarás a tu prójimo como a tí mismo”? Creo que hablar de retroceso de Freud ante este principio puede llevarnos a malos entendidos. Quizás seríamos más precisos si dijéramos que Lacan lleva más lejos aún [&#8230;]</p>
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<h3>Conversación Clínica del ICF 2010.</h3>
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<p><a href="https://www.redicf.net/textos/3p_barna0310.pdf">Texto original aquí</a>.</p>
<p><strong>1) ¿Cómo entender desde Lacan el retroceso de Freud ante el principio “Amarás a tu prójimo como a tí mismo”?</strong></p>
<p>Creo que hablar de retroceso de Freud ante este principio puede llevarnos a malos entendidos. Quizás seríamos más precisos si dijéramos que Lacan lleva más lejos aún el cuestionamiento de Freud en <em>El malestar en la Cultura</em>, a esta concepción ética del Cristianismo que prescribe el apóstol Pablo, como supuesta disposición a un “amor universal” entre los seres humanos, que daría fundamento a la comunidad cristiana. Para Freud no se trata más que de una formación reactiva ante los deseos hostiles y agresivos contra el prójimo que nos habitan, de lo que dan prueba las guerras, las grandes migraciones y conquistas, que ponen al rojo vivo una primordial crueldad en el corazón del ser hablante. En mi opinión, la lucidez de Freud en esta reflexión sobre el mal que los moralistas eluden, y que es <em>El Malestar en la Cultura</em>, parece alcanzar en estos pasajes del texto en los que argumenta contra este principio desde lo que enseña el psicoanálisis, sus cotas más elevadas. Homo homini lupus (El lobo es un lobo para el hombre), de aquí parte Freud para argumentar contra los que prefieren los cuentos de hadas y hacen oídos sordos ante la maldad, la agresividad y la destrucción que impera en la condición humana, y que se debe a la fuerza que en ella ejerce la pulsión tanática.</p>
<p>¿En qué sentido digo que Lacan va más lejos en su interpretación de este principio? Vayamos al <em>Seminario VII</em> sobre <em>La ética del psicoanálisis</em>, a su capítulo XIV (El amor al prójimo). Lo que allí dice es que ante el amor al prójimo Freud queda literalmente horrorizado, pues este principio exorbitante desconoce que el hombre es un ser malvado y que no merece que le dé mi amor sin discriminación alguna. Lacan prosigue, esa maldad no habita solo en mi prójimo, habita también en mí como lo más próximo, es el núcleo de mí mismo donde reside esa agresividad que a veces vuelvo contra mí mismo.</p>
<p>Lacan amplia la reflexión de Freud mediante un apólogo que le permite analizar el fenómeno del altruismo a la luz del goce, un apólogo hecho para destacar el amor al prójimo. Se trata del encuentro callejero entre San Martín, el militar, y el mendigo, encuentro entre el rico y el pobre, entre uno que tiene y otro que no tiene. San Martín desgarra su manto en dos y le ofrece una mitad al mendigo. Una distribución exacta, la mitad para cada uno, San Martín parece demostrar con esta acción que ama a su prójimo como a sí mismo, es la salida de la beneficencia, con su contrapartida agresiva. Pero más allá de esta reciprocidad imaginaria entre altruismo y egoísmo, inmersa en un juego de proyecciones, lo que lee Lacan es que San Martín interpreta la demanda del mendigo en el orden de la necesidad, necesidad de vestirse, pero agrega que el pobre mendigaba otra cosa, que San Martín lo mate o lo bese.(1)</p>
<p>Con esta interpretación no se aparta de la perspectiva de Freud, al considerar que la agresividad del hombre lo lleva a querer someter a su semejante, a vejarlo, a gozar de él, incluso a eliminarlo de la existencia, y que más allá de la necesidad, la demanda y el deseo, se sitúa el goce. Y cuando accedemos al más allá del principio del placer ¿qué encontramos?, los objetos parciales: la mierda, el esperma, el deshecho, como en la leyenda de aquella mística, Ángeles de Folignio, que se bebía el agua que había utilizado en el lavado de los pies de los leprosos, o aquella otra, María Allacoque, que comía efusivamente los excrementos de un enfermo.</p>
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<p>De manera sorprendente Lacan hace surgir en este punto a la perversión: el alcance convincente de estos hechos, sin duda edificantes, ciertamente vacilaría un poco si los excrementos fuesen, por ejemplo, los de una bella joven, o también si se tratase de tragar el esperma de un delantero de vuestro equipo de rugby. (2)</p>
<p>El psicoanálisis nos enseña lo contrario de la máxima religiosa: Amarás al prójimo como a tí mismo, porque este enunciado deja fuera al sexo. Cuando introducimos a la prójima en la dimensión del goce, la relación entre uno y otro es disimétrica, no hay reciprocidad ni intersubjetividad, ni reconocimiento de que entre el prójimo y la prójima interfiere el objeto pettit a.</p>
<p><strong>2) ¿Por qué consideramos inédito ubicar al amor como aquello que establece una conexión entre el goce y el deseo?</strong></p>
<p>Como con la respuesta anterior me he extendido bastante, voy a ser más breve en esta segunda respuesta. Lo inédito es este planteamiento de Lacan, del que nos da una primera versión en el <em>Seminario X: La angustia</em>, y una segunda versión en el <em>Seminario XX: Aún</em>.</p>
<p>Recordarán seguramente que una parte del Seminario de la angustia se cifra alrededor del llamado cociente del sujeto, con sus tres pisos en los que luego coloca el goce, la angustia y el deseo. Lacan busca despejar una dinámica entre estas tres dimensiones, quiere mostrar qué articulación encuentran cuando intervienen en las delicadas y complejas relaciones entre hombre y mujer. Y así como la angustia es el término intermedio entre el goce y el deseo, porque hay que franquear la angustia para que el deseo se constituya, también la dimensión del amor tiene una función mediadora. El amor es lo que permite al goce condescender al deseo, leemos en el capítulo XIII (Aforismos sobre el amor). Con esta clave Lacan pretende espantar definitivamente el fantasma de la oblatividad, destacando el carácter sublimatorio del amor, frente a la angustia que suscita la aización del Otro requerida por el deseo.</p>
<p>Jacques Alain Miller despeja en <em>El partenaire-sinthome</em> la estructura que sostiene al <em>Seminario XX</em> (cap. Revalorización del amor), cuando plantea que en este seminario el autoerotismo de la pulsión deja por fuera al Otro, quedando a expensas del amor el facilitar una conexión con el Otro. El amor permite una mediación entre la mónada del goce y la dialéctica del deseo, que se juega siempre en una partida con el Otro. Esta es la función inédita del amor, como mediación entre el goce y el Otro, por eso concluye que el amor viene a suplir la relación sexual que no hay.</p>
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<p><strong>3) ¿Cuál es la destacada función del amor en la sexualidad femenina de la que quiere dar cuenta Lacan en el Seminario Aún, y que J.A. Miller califica como una revalorización del amor?</strong></p>
<p>Estamos de acuerdo que Lacan aborda la sexualidad femenina de una manera totalmente novedosa en el <em>Seminario Aún</em>. Podríamos decir que la gran hazaña de ese Seminario tan importante en su enseñanza y que nos hace estrujarnos la cabeza una y otra vez para intentar descifrarlo, es considerar el conjunto de la clínica que Freud nos aportó, teniendo en cuenta la diferencia entre los sexos y la diferencia de los goces según la posición sexuada. Desde esta perspectiva, Jacques Alain Miller sostiene en El partenaire- sinthome, que Lacan promueve allí una revalorización del amor acorde con la concepción freudiana desarrollada en Inhibición, Síntoma y Angustia, donde Freud plantea que para las mujeres la castración toma la forma de una angustia vinculada a la pérdida del amor, es decir, donde el amor alcanza una máxima investidura.</p>
<p>Si el hombre se encuentra, en el <em>Seminario Aún</em>, en posición de amar aquello que soporta la función del falo, donde para él se concentra la mayor investidura, del lado femenino encontramos más bien la fórmula Amarás al Otro como a ti mismo, o incluso Amarás al Otro más que a ti mismo. Lo que Miller propone es que la revalorización del amor que hallamos en el <em>Seminario XX</em>, procede de vincular el goce femenino con el amor del Otro. Porque si el macho permanece ligado al autoerotismo de la pulsión, y como mucho es capaz de hacer del Otro un objeto a que sirva para su satisfacción pulsional, el goce femenino está enganchado al Otro y es mucho más independiente del goce pulsional, e incluso es donde la demanda de amor se hace oír de manera más insistente en la clínica.</p>
<p><strong>NOTAS</strong></p>
<p>1. Jacques Lacan. Seminario VII, La Ética del Psicoanálisis, pag. 226. Editorial Paidós, 1988.</p>
<p>2. (Idem) pag. 227.</p>
<p>Sigmund Freud. El Malestar en la Cultura. Obras Completas. Tomo VIII. Editorial Biblioteca Nueva.</p>
<p>J.A.Miller. El partenaire-sinthome. Editorial Paidós. 2008.</p>
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