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	<title>Andrés Borderías - Sección Clínica de Madrid (Nucep). Estudiar psicoanálisis en Madrid España.</title>
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	<description>Formación en Psicoanálisis Lacaniano Madrid España. Instituto del Campo Freudiano. Centro de estudios de psicoanálisis en Madrid. Estudiar psicoanálisis en Madrid. Cursos de psicoanálisis lacaniano.</description>
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	<title>Andrés Borderías - Sección Clínica de Madrid (Nucep). Estudiar psicoanálisis en Madrid España.</title>
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		<title>«VARIACIONES EN LA CONCEPCION DE LA ANGUSTIAEN LA OBRA DE S.FREUD» (I)</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Andrés Borderías]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 29 Oct 2025 11:54:30 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>«No creo tener necesidad de definir la angustia. Todos ustedes han experimentado, aunque sólo sea una vez en la vida, esta sensación, o, dicho con mayor exactitud, este estado afectivo. Y sin embargo, nadie se ha pre­ocupado hasta el día de investigar por qué son precisamente los nerviosos los que con más frecuencia y mayor [&#8230;]</p>
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<p><em>«No creo tener necesidad de definir la angustia. Todos ustedes han experimentado, aunque sólo sea una vez en la vida, esta sensación, o, dicho </em><em>con mayor exactitud, este estado afectivo. Y sin embargo, nadie se ha pre­ocupado hasta el día de investigar por qué son precisamente los nerviosos </em><em>los que con más frecuencia y mayor intensidad sufren de este estado de </em><em>angustia. Se ha encontrado natural esta circunstancia, como lo muestra la </em><em>general costumbre de emplear indiferentemente, como sinónimos, los tér­minos «nervioso» y «angustiado </em><em>«. </em><em>Pero al hacerlo así se comete un grave </em><em>error pues hay individuos «angustiados» que no padecen neurosis ningu­</em><em>na, y, </em><em>en</em><em>cambio, neuróticos que no presentan entre sus síntomas el de la </em><em>propensión a la angustia.</em></p>



<p><em>De todos modos, lo cierto es que el problema de la angustia cons­tituye un punto en el que convergen los más diversos e importantes proble­</em><em>mas y un enigma cuya solución habrá de proyectar intensa luz sobre toda </em><em>nuestra vida psíquica».</em></p>



<p>S. Freud, 1917: «Lecciones Introductorias al Psicoanálisis» &#8211; Lección 25 &#8211;</p>



<p>Uno de los aspectos más apasionantes que podemos hallar en la lectura de la obra freudiana radica en la posibilidad que ésta ofrece de seguir el desarrollo del proceso que llevó a cabo Freud de construcción del inconsciente. A lo largo de los textos encontramos en la arquitectura del psicoanálisis las cuestiones y problemas que fueron conduciendo a Freud a variar y modificar progresivamente su concepción de la teoría y de la prác­tica psicoanalítica. De este modo podemos vislumbrar el anhelo de saber que animaba a Freud a su confrontación con los problemas que la clínica fue arrojando en su camino, como el motor de un ciframiento de la teoría alrededor de lo real. Seguirlo implica desentrañar las variaciones de sus posiciones epistemológicas, las razones por las que dichos cambios se pro­dujeron, los obstáculos que surgieron en su práctica y que le obligaron en innumerables ocasiones a una reestructuración de su edificio conceptual.</p>



<p>Sin duda alrededor de la cuestión de la angustia, podemos seguir este trayecto, y de manera muy especial, ya que este «enigma» convoca a su alrededor múltiples aspectos de la construcción freudiana, tal y como él lo indica en la cita inicial.</p>



<p>De entrada hay que subrayar el modo original en que Freud se sitúa con respecto a esta cuestión. La angustia, es un problema de especial rele­vancia para la metafísica y Freud atraviesa la tradición filosófica al situar su reflexión en el centro de una investigación científica que partía de casos clí­nicos, y que postuló la cuestión de la angustia como cuestión capital del ser, pero de un ser sexuado.</p>



<p>Precisamente por tratarse de una cuestión angular del inconscien­te, alrededor del «enigma» de la angustia encontramos una serie de varia­ciones que implican distintos planos de la teoría psicoanalítica. Así por ejemplo, la cuestión del mecanismo libidinal y la dinámica de los procesos psíquicos que causan la angustia; la pregunta por el <strong>objeto </strong>de la angustia, el problema de la delimitación tópica del lugar en que se produce la angus­tia. En esta breve intervención, me propongo situar las variaciones sobre la concepción de la angustia sin perder de vista los problemas que sirvieron de palanca para realizar dichas variaciones.</p>



<p><strong>La angustia concebida como transformación de la libido sexual.</strong></p>



<p>Corresponde esta primera concepción al primer tiempo de la inves­tigación freudiana sobre la etiología de los fenómenos histéricos. Alrededor de 1895 Freud ha construido su primer abordaje de los síntomas histéricos sobre la base del descubrimiento de un momento traumático que concierne al sexo. Los «Estudios sobre la histeria» tienen su origen en el testimonio de sus pacientes, y es conocido cómo Freud deduce como determinante algún factor de tipo sexual subyacente a los síntomas. Correlativamente, Freud cree haber descubierto una explicación a las manifestaciones angustiosas de los mismos.</p>



<p>Freud concibe en ese primer momento la angustia, en las neurosis de angustia, desde una óptica fundamentalmente económica. Para explicar cómo se causa, postula la existencia de un factor subyacente, el cuantum de energía libidinal, y deduce la existencia de un incorrecto «uso funcional» de la libido que provocaría un excedente libidinal, no neutralizado conve­nientemente a través de mecanismos psíquicos. Toma como punto de parti­da la acción refleja específica que se precisa para descargar el exceso de tensión, y supone la existencia de una acción específica adecuada para des­cargar dicha exitación -el coito-. A causa de restricciones vinculadas a la censura moral, dicha acción no se lleva a cabo en los «nerviosos angustia­dos». De esta manera, Freud mantiene una concepción claramente enmar­cada en su tradición fisiológica, herencia de su adscripción a la epistemolo­gía de Helmotz, y aborda la angustia desde la perspectiva del mecanismo económico que explica su origen, como <strong>transformación de la libido </strong><strong>sexual </strong>excedente. Si examinamos los textos fundamentales de esta época, como son el «Manuscrito E», «La Neurastenia y las Neurosis de Angustia», y «Crítica a las Neurosis de Angustia», veremos desarrollada su idea de un desarreglo en la esfera sexual del sujeto angustiado. En el «Manuscrito E» Freud ha seleccionado una serie de casos clínicos de neurosis de angustia: Angustia en personas vírgenes, o recién casadas que no practican el coito de modo «completo». O en personas que mantienen una abstinencia sexual deliberada &#8211; «Mojigatos» -. O que se ven llevados a mantener una abstinen­cia obligada. O que practican el coito interruptus, etc. Para concluir que la angustia es el efecto de la existencia de un incremento de la tensión sexual como consecuencia de una acción específica interrumpida. De este modo, la angustia aparece como un efecto tóxico. Esta primera explicación va a permanecer casi sin modificación en todas las construcciones teóricas, más complejas, que irán apareciendo a continuación, como el mecanismo ener­gético subyacente.</p>



<p><strong>La Angustia en la Fobia. </strong><strong>Dinámica de los p</strong><strong>rocesos psíquicos.</strong></p>



<p>Freud da un paso más ya en esta misma época, puesto que en 1895, en el texto «Crítica a las neurosis de angustia» -texto escrito para contestar las críticas recibidas de Loewenfeld sobre el componente hereditario que reclama para la etiología sexual- señala a propósito del mecanismo ya des­crito que éste «sólo acentuaba el principio fundamental sin hacer señalar sus restricciones&#8230;». En concreto, apunta: «El hecho de que la angustia de las fobias responda a otras condiciones no tiene nada de extraño&#8230; La angustia se encuentra enlazada en ellas al contenido de una representación o una per­cepción determinadas, y la emergencia de este contenido psíquico es la con­dición principal para la de la angustia. La angustia es desarrollada entonces análogamente a como lo es la tensión sexual por el despertar de representa­ciones libidinosas. Pero, de todos modos, la conexión de este proceso con la teoría de la neurosis de angustia no ha quedado aún aclarada». Efectivamente, la relación entre angustia y fobia señala la escasez de esta primera concepción de la angustia, dado que queda por aclarar en qué con­siste la conexión entre angustia y representación fóbica. Por ello, de la mano de la fobia, Freud se ve llevado a deslizarse de la economía a la diná­mica de los procesos psíquicos, habremos de esperar a las «Lecciones Introductorias al Psicoanálisis» de 1917, para encontrar ampliamente desa­rrollada una formulación que responda a esta preocupación surgida y que constituye lo que podemos considerar ya como una teoría de la angustia, en la medida en que no sólo se aborda el mecanismo energético, sino además las cuestiones que nombré al inicio: la función psíquica de la angustia, las instancias implicadas en su dinámica &#8211; topología y su objeto, tal y como dice en este texto: «para esclarecer cuál es la dinámica &#8211; tópica del desarro­llo de la angustia, cuáles son las energías y cuáles los sistemas de los que provienen». Los puntos clínicos de referencia son el caso Juanito -1909- y del Hombre de los Lobos -1914-, la angustia en la fobia y la neurosis obse­siva.</p>



<p>Esta primera teoría, se apoya en el esquema edípico ley-represión­angustia. Freud distingue en las fobias dos fases del proceso neurótico: la primera, es la de la represión de la libido y su transformación en angustia &#8211; según el modelo del mecanismo libidinal. La represión de la libido surge como resultado de la amenaza sentida por Juanito sobre el autoerotismo y la relación erótica con la madre. Aquí sitúa Freud, en este momento, la fuen­te del peligro interno que concluye con la represión libidinal. A continua­ción surge la angustia, y la representación asociada externa. Durante la segunda fase se constituyen los medios de defensa destinados a impedir un contacto con este peligro, que queda tratado como un hecho externo. Así, la fobia viene a constituir una especie de defensa contra el peligro exterior sobre el que se ha desplazado la amenaza. En el caso Juanito, encontramos el acento puesto sobre la dinámica de los procesos psíquicos que conducen al surgimiento de la angustia. La fobia a los caballos concreta la angustia que aparece posteriormente a la prohibición sobre el autoerotismo y el goce de la madre. Aquí se formula claramente una relación entre amenaza de cas­tración y angustia; y la angustia no deja de ser el resultado de un proceso económico, aunque situada en el conflicto de las instancias psíquicas. La prohibición es causa de la represión, y la ley, ley de prohibición de la satis­facción autoerótica y ley de prohibición del incesto, se muestra como una ley sin fisuras, de eficacia absoluta a la hora de provocar la renuncia y la represión. Una de las consecuencias de este nuevo enfoque, la encontramos en el hecho de que la angustia ya no aparece aquí como un mero efecto tóxi­co de la censura, sino que la neurosis despliega su estrategia obsesiva o fóbica como defensa y neutralización de la angustia mediante el síntoma y la representación.</p>



<p>Esta cuestión es la que se despliega en otro de los temas recurren­tes, la disquisición entre «angustia real» y «angustia neurótica». Si la angus­tia real es la angustia que tiene «justificación» por la existencia de un peli­gro exterior -«el hombre se defiende contra el susto por medio de la angustia»- la angustia neurótica, por el contrario, no tiene por objeto un peligro exterior real. De últimas, gravita cierta incertidumbre por la natura­leza del objeto que causa la angustia. Freud resuelve este problema plante­ando la proyección a un objeto-representación exterior de la angustia que ha surgido como consecuencia de un peligro interno, que proviene de las ame­nazas que acarrea la satisfacción pulsional.</p>



<p><strong>La angustia en la concepción tópica.</strong></p>



<p>Freud, que ha ordenado en el «Yo y el Ello» -1923- las funciones del aparato psíquico en lo que conocemos como segunda tópica, va a recti­ficar el papel que había asignado a la angustia en el origen de las neurosis, dando paso a la segunda teoría sobre la angustia. La angustia tiene ahora función de causa, <em>causa de la represión.</em></p>



<p>Este reordenamiento parte también de una nueva lectura del caso Juanito, y de su retorno a la neurosis obsesiva, que Freud realiza en el texto «Inhibición, síntoma y angustia» -1925-. Dice así: «Con la última observa­ción de que el yo ha sido preparado a la castración por pérdidas de objeto regularmente repetidas, iniciamos una nueva concepción de la angustia. Si hasta ahora la veníamos considerando como una señal afectiva del peligro, se nos muestra en este punto, dada la frecuencia, que se trata de un peligro de la castración; nos parece como una reacción a una pérdida o una separa­ción». La angustia se desliza en esta segunda teoría de efecto_ de amenaza de castración, a efecto del encuentro traumático con el eros. Aquí cobra sen­tido la angustia concebida en el marco de la segunda tópica, puesto que Freud diferencia dicho tiempo inicial y su efecto de angustia, de la angus­tia que luego se anticipa como señal en un segundo tiempo.</p>



<p>Freud toma la secuencia eros-represión-angustia-fobia y la sustitu­ye por la de eros-angustia-represión-fobia. De este modo la angustia queda desligada de la amenaza de castración para referirse al momento traumáti­co, no elaborable por el principio del placer. Es decir, que lo peligroso es el eros mismo, más allá de las amenazas de castración. Tal y como dice Freud en este texto: «El afecto angustioso de la fobia no procede del proceso de represión ni de las cargas de la libido de los impulsos reprimidos, sino de la instancia represora misma. La angustia causa aquí la represión, y no, como antes afirmábamos, la represión causa la angustia».</p>



<p>A lo largo de «Inhibición, síntoma y angustia», y también en un texto posterior «Nuevas Lecciones Introductorias&#8230;» -1932-, Freud conclu­ye la dinámica-tópica partiendo del carácter traumático de un encuentro que subyace en el origen de la angustia. En este encuentro traumático habría fra­casado el principio del placer. La angustia generada operaría como motor de la represión primaria dando lugar a la constitución del Ello. El trauma del nacimiento, que había teorizado poco tiempo antes Oto Rank, sirve de metáfora a Freud para aludir a este momento traumático inicial. A partir de ese tiempo primero, la angustia cumple la función de señal en el Yo que anticipa expectante la reaparición de la experiencia inicial. De este modo, operará como causa de la represión secundaria, cada vez que surja un acon­tecimiento traumático. La angustia, nacida como reacción a un estado de peligro, se reproduce y da la señal cada vez que surge de nuevo tal estado. Pero ¿cuál es la naturaleza, el objeto de este peligro? En el texto de 1932, Freud enumera una serie de peligros: la no descarga de la tensión, la pérdi­da del objeto amado, el desamparo inicial, la amenaza de castración, el miedo a la cólera del superyó&#8230; y fundamentalmente lo traumático. Lo temido, el objeto de la angustia es la aparición de un instante traumático vincu­lado al eros que no pueda ser abordable según las leyes del principio del pla­cer, de ahí por otro lado, el carácter de imprecisión y carencia de objeto que parece transmitir el afecto de la angustia.</p>



<p>En este punto, será Jacques Lacan quien retomará la cuestión para resolver el estatuto de dicho objeto, y las coordenadas del encuentro con el deseo y el goce que definen el «momento traumático», pero este es, por otro lado, el punto en el que he de terminar esta conferencia. Muchas gracias.</p>



<p></p>



<p>Andrés Borderías</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p></p>



<p>I. Conferencia pronunciada en la Sección Clínica de Madrid, año 1993. Publicada en “Volumen de Conferencias sobre <em>La Angustia</em>”, Ed. Sección Clínica de Madrid, 1993.</p>
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		<title>DIE VERLEUGNUNG*</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Andrés Borderías]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 29 Oct 2025 11:50:08 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Die Verleugnung, término del alemán que se traduce como “negar, desmentir, renegar de” es utilizado de diversas formas por Freud. Aparece inicialmente en el contexto de la búsqueda de una definición para el mecanismo propio de la psicosis, para referir el rechazo o la renegación de una representación o de un hecho insoportable para el [&#8230;]</p>
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<p><em>Die Verleugnung</em>, término del alemán que se traduce como “negar, desmentir, renegar de” es utilizado de diversas formas por Freud. Aparece inicialmente en el contexto de la búsqueda de una definición para el mecanismo propio de la psicosis, para referir el rechazo o la renegación de una representación o de un hecho insoportable para el sujeto (1).</p>



<p>Posteriormente, y en el movimiento mismo en que la <em>Verwerfung</em> llega a designar el mecanismo de rechazo específico de la psicosis, el repudio aparece referido, tal y como encontramos en el texto “El fetichismo” (2), al complejo de castración. <em>Die Verleugnung</em> es el término elegido por Sigmund Freud para denominar el juicio particular que el perverso realiza en la confrontación con la castración de la madre. Este juicio consta de dos tiempos: en el primero el sujeto reconoce (<em>Anerkennung</em>) la castración. Se trata de una afirmación (<em>Behauptung)</em> ante la falta en su vertiente imaginaria. En el segundo tiempo, el sujeto rechaza la afirmación, rehúsa aceptarla, la desmiente (<em>Verleugnung).</em> De este modo el sujeto rehúsa reconocer la percepción, puesto que ello implicaría admitir la posibilidad de la propia castración. La consecuencia para el yo es la escisión, pues dos corrientes coexisten a partir de ese momento en el psiquismo: una permanece ligada al reconocimiento de la realidad externa, la otra, conformada según el deseo, mantiene las exigencias de la satisfacción pulsional.</p>



<p>Los trabajos de Feeud sobre el fetichismo y la escisión del yo tienen como eje central la concepción de un <em>je</em> escindido como consecuencia de la <em>Verleugnung</em> del sujeto ante la falta, y cuyo soporte imaginario viene dado por la ausencia del pene en la madre. De este modo, la <em>Verleugnung</em> aparece como causa de la escisión del <em>je</em> y como mecanismo propio de la perversión (3).</p>



<p>Por otro lado Freud, en los ensayos sobre la sexualidad infantil, en los que define ésta como polimorfa perversa, muestra el ser pulsional del niño como rasgo de perversión, pero sin fundamentarlo en una <em>Verleugnung</em> de la percepción de la castración de la madre. Se trata de una “perversión” de la sexualidad como efecto de la satisfacción pulsional misma.</p>



<p>Esta aparente dificultad en la concepción de lo perverso en Freud, entre la sexualidad pulsional infantil y el repudio de la falta materna, entre pulsión y castración, encuentra en Lacan su resolución mediante su articulación en la fórmula del fantasma y la lógica de la alineación-separación, anticipados en el texto freudiano “Pegan a un niño”.</p>



<p>Jacques Lacan en <em>Introducción a una cuestión preliminar para un tratamiento posible de la psicosis </em>y en <em>Respuesta al comentario de Jean Hyppolite</em> sitúa con más precisión la <em>Verleugnung</em> como repudio ante la falta en lo simbólico, al mostrar la determinación por lo simbólico de los efectos imaginarios. No se trata de reducir la <em>Verleugnung</em> a la dimensión imaginaria de la falta –como rehusamiento de una percepción- sino del rechazo de la dimensión real de lo simbólico, es decir, de la castración misma y del hecho de que lo simbólico es incompleto e inconsistente. Podría decirse que al sujeto no le que da otro remedio, pues lo real es lo insoportable, que reconocer y dar acuse de recibo de la falta en el Otro y a la vez de defenderse, mediante una operación que implica el repudio de dicha falta.</p>



<p>Esta operación es la que regula y se concreta en el fantasma, en lo que implica éste de defensa frente a la angustia que produce lo real, y conlleva entonces el rasgo que caracteriza al fantasma como perverso por la positivación del ser.</p>



<p>En la constitución del fantasma el sujeto aloja su ser de goce ante dicha falta (4). Esta es la operación de separación y mediante la misma el sujeto completa y obtura la castración del Otro. Si en un primer momento de la separación, frente a la falta del Otro el sujeto responde con su propia falta, en un segundo momento que forma parte de la misma operación de separación, el sujeto aloja en el recubrimiento de ambas faltas su ser de goce. Este movimiento que va de la negativización a la positivización podemos llamarlo <em>Verleugnung</em> de la castración. De este modo, el fantasma incorpora la posición perversa de la estructura del neurótico, puesto que implica el reconocimiento y el rechazo de la falta del Otro a la vez. Y la <em>Verleugnung</em> indica el modo particular en que el neurótico obtura, repudia la castración del Otro con su ser de goce en el fantasma.</p>



<p><em>Verleugnung </em>y escisión del <em>je</em>, quedan ahora vinculados de este modo: la escisión del <em>je</em> &#8211; Entzweiung del <em>je</em> dice Lacan (4) &#8211; se da entre la castración del Otro y el ser de goce. Podríamos decir que hay escisión del <em>je</em> entre una modalidad de respuesta que es la que el sujeto realiza articulando su deseo como deseo del Otro y otra respuesta, en la que utiliza su ser de goce, su rasgo de goce para obturar la castración del Otro. Y este doble movimiento puede ser descrito como <em>Verleugnung</em>.</p>



<p>Por ello podemos concluir que el desmentido está fundamentalmente referido a lo real. El sujeto desmiente, rehuye aceptar la falta, lo que no hace de él un perverso. Pero sí hace de él un neurótico que maniobra con su ser, ser enmarcado en su fantasma atravesado por la <em>Verleugnung</em>, al servicio de la constitución de un Otro supuestamente completo.</p>



<p></p>



<p>Andrés Borderías</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p>*Texto publicado en “Diccionario del Yo”, Nº Extraordinario de <em>Acentos</em>, 1995.</p>



<p></p>



<p><strong>NOTAS</strong></p>



<ol class="wp-block-list">
<li>S.Freud &#8211; 1894. <em>Las neuropsicosis de defensa</em>.</li>



<li>1896. <em>Nuevas observaciones sobre las psiconeurosis de defensa</em>.</li>



<li>S.Freud &#8211; 1927. <em>El fetichismo</em>.</li>



<li>S.Freud &#8211; 1932. <em>Nuevas aportaciones al psicoanálisis</em>. Conferencia XXXI, <em>“La división de la personalidad psíquica”.</em></li>



<li>1938. <em>Escisión del yo en el proceso de defensa</em>.</li>



<li>“Entzweiung”: “Desavenencia, disyunción” que Jacques Lacan hace equivaler a la escisión del <em>Je</em> en el seminario del 3 de Enero de 1969, “<em>De un Otro al otro</em>”.</li>
</ol>



<p></p>



<p><strong>BIBLIOGRAFÍA</strong></p>



<p>S.Freud. Además de las obras ya citadas, es imprescindible la lectura de <em>Las teorías sexuales infantiles</em>, <em>La pérdida de la realidad en la neurosis y la psicosis</em> así como del texto <em>Pegan a un niño</em>.</p>



<p>J.Lacan. En Escritos:<em> La ciencia y la verdad</em>, <em>Subversión del sujeto</em>, <em>Kant con Sade</em>. Seminarios:<em> Lógica del fantasma</em>, <em>El acto analítico</em>, <em>De un Otro al otro</em>.</p>



<p></p>
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		<title>Notas sobre la transferencia negativa en Wilhelm Reich 3</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Andrés Borderías]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Sep 2012 15:39:56 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="page" title="Page 1">
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<div class="column">
<p>Wilheim Reich es, sin duda el autor que más atención dedicó a la transferencia negativa en los primeros tiempos del psicoanálisis, como podemos comprobar leyendo sus textos sobre técnica escritos entre 1925 y 1929. Son elaboraciones producidas en el calor de las discusiones y reflexiones que llevó a cabo junto con sus alumnos, y otros destacados analistas, como Sterba, Jacobson, Fenichel, Anna Freud, durante el período de tiempo en que ocupó la plaza de director del Seminario sobre Técnica en el Instituo Psicoanalítico de Viena, trabajando casos difíciles, asintomáticos. En estos textos desarrolla la aplicación de la técnica activa al análisis de las resistencias y las defensas, paso preliminar a la construcción de su teoría del Análisis del Carácter, pero también punto de referencia para la elaboración por parte de Anna Freud de su teoría sobre el análisis del yo y los mecanismos de defensa.</p>
</div>
</div>
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<p>Entre estos escritos, destacan por la relevancia dada a la cuestión de la transferencia negativa los siguientes: «Algunos problemas de técnica psicoanalítica», «Sobre la técnica de la interpretación y el análisis de las resistencias», y «El manejo de la transferencia».</p>
<p>Jacques Lacan caracterizó en «Variantes de la Cura Tipo» la posición de W.Reich como clásica, lo que no deja de sorprender tratándose de un psicoanalista del que ahora podemos afirmar con rotundidad que fue un paranoico. Más allá de los excesos a los que se vio llevado en el desarrollo de su delirio, no resulta tan extraño el adjetivo «clásico» si tomamos en serio la posición del paranoico con respecto al saber inconsciente como de Unglauben, incredulidad. En este punto, la posición de W.Reich es clásica porque se situa en una posición equivalente a la de todos aquellos psicoanalistas que dieron la espalda a la estructura simbólica del inconsciente, en el giro de los años 20. Es un modo irónico y radical de caracterizar la posición que tomaron muchos analistas en el momento de viraje de la obra de Freud, cuando la interpretación pareció desfallecer frente al síntoma, y en el que se iniciaron sus desarrollos sobre el más allá del principio del placer. Período en que se cifran las diversas desviaciones del psicoanálisis, bien hacia la técnica activa y la neocatarsis Ferencziana, bien hacia el análisis de las defensas y resistencias en la egopsychology, bien hacia una reparación en el kleinismo. Esta equivalencia «clásica», entre las formulaciones de W. Reich en su primera época y el resto de sus colegas, surge por el abandono de la dimensión simbólica del inconsciente y la incredulidad en el síntoma.</p>
<p>Sin embargo, los extremos a los que llegó W.Reich en sus formulaciones sobre los fundamentos mismos del psicoanálisis le colocaron más allá de los límites del marco freudiano. La publicación del ensayo «La función del orgasmo» en 1926 revela ya una certeza sobre la existencia de una libido por fuera de la regulación de la significación fálica y los límites del principio del placer. Energía que W. Reich terminará por ver finalmente como una luz azul, una mañana en Dinamarca. De aquí que su concepción sobre la etiología de la neurosis se fundamente en la estasis o empantanamiento de la libido en su supuestamente natural devenir hacia un orgasmo que involucra al organismo, y no al cuerpo. Reich no cree en la castración, ni en los límites de la significación fálica, y tiene una certeza en la existencia de una energía libidinal de origen biológico. La primera teoría de la angustia freudiana le confiere un soporte teórico: la angustia es el efecto de dicha estasis libidinal. Y a partir de aquí, se suceden sus rechazos sobre diversas articulaciones de la obra freudiana: la pulsión parcial tal y como es desarrollada en los 3 ensayos; la segunda teoría de la angustia; la pulsión de muerte y el masoquismo primordial; finalmente, la desconfianza en la interpretación del síntoma y en la palabra del paciente, dan paso a una interpretación de las resistencias en las que lo gestual tiene el protagonismo; después a un desmontaje de la coraza caracteriológica del paciente; posteriormente al tratamiento de su soporte muscular-la vegetoterapia-, y por último a un tratamiento directo de la energía del cuerpo-orgonterapia-, secuencia que se situa en la pendiente abierta por los efectos de la elusión de la dimensión simbólica. Finalmente, el rechazo de la castración retorna tanto en la vida, como en la obra de W.Reich como confrontación con un límite real que obstaculiza el fluir energético.</p>
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<p>Este límite será encarnado, en primer lugar por la sociedad capitalista, objetivo a partir de entonces de su lucha y su esfuerzo. En este punto, W.Reich se torna insoportable, primero para el Partido Comunista del que es expulsado en 1930, posteriormente para la comunidad analítica que le expulsa en el congreso de Lucerna el año 1934. No obstante, W.Reich mantiene siempre una actitud de respeto por la figura de S.Freud, a pesar de haberle desupuesto el saber hasta cuestionar los fundamentos mismos del psicoanálisis. Expulsado sucesivamente de Suecia, Dinamarca, Noruega, se establece finalmente en EEUU. Su intento de tratamiento del cáncer con su caja de orgonterapia y su desacato al tribunal al que se ve conducido denunciado por estafa, se suceden en el culmen de su elaboración delirante. Conocen el final: W.Reich termina en la cárcel, lugar en el que muere en 1957, creyendo ser objeto de una conspiración.</p>
<p>Detengámonos ahora en su teorización sobre la transferencia negativa. Hay una cuestión relevante en su abordaje de la misma: el papel fundamental que juega el odio en la dirección de la cura, auténtica pasión en él, y cuestión central en su reflexión sobre la transferencia.</p>
<p>En un primer momento encontramos, sin embargo una versión más clásica sobre la transferencia negativa, tal y como formula en: «Algunos problemas de técnica psicoanalítica». Dice allí: «&#8230;una fuerza también inconsciente, la defensa del yo, dificulta o imposibilita al paciente seguir con la regla fundamental. Esta fuerza se hace sentir como una resistencia contra la disolución de la represión&#8230;por lo cual, la regla de volver consciente lo inconsciente no debe tener lugar en forma directa sino mediante la disolución de las resistencias&#8230;los deseos y temores reprimidos buscan constantemente descargarse, es decir ligarse a personas y situaciones reales&#8230;ligando sus temores y demandas inconscientes al analista&#8230;esto da como resultado la transferencia, vale decir el establecimiento con el analista de relaciones de amor, odio y angustia&#8230;actitudes que no son sino repetición de actitudes anteriores, principalmente infantiles». Primera versión, entonces de la transferencia como resistencia por la actualización y proyección de antiguos conflictos en el analista, ocasionalmente de odio.</p>
<p>Pronto introduce su lectura particular en esta primera versión de la transferencia negativa. Dirá así en El manejo de la transferencia : «Fue precisamente el deseo de establecer una transferencia positiva intensa la que me incitó a prestar tanta atención a la transferencia negativa». Reich desconfia de la transferencia positiva, no porque haya captado el caracter engañoso del amor, sino porque la transferencia positiva no es para él un efecto del significante. La transferencia es el efecto de la actualización de una falta de gratificación libidinal en el paciente, que liga sus demandas y temores al analista. Por tanto, no se producirá una auténtica transferencia positiva hasta que la energia libidinal, liberada de su estasis, tome al analista como objeto. Hasta entonces, transferencia negativa. Podríamos decir que la significación del amor de transferencia, toma la fórmula paranoica : «él no me ama, sino que me odia».</p>
<p>En este contexto, el odio toma para Reich el carácter de una señal primordial, señal del desarreglo del discurrir libidinal, producido por el encuentro con un padre que, en lugar de garantizar la ligazón de la ley y el deseo, prohibe el natural fluir de la libido. Este odio se actualizará en cuanto se inicie el análisis. Dice así en el mismo texto:</p>
<p>«Un estudio exacto de esta primeras manifestaciones de la llamada transferencia positiva demostró que se trataba de una de estas tres cosas:</p>
<p>1. Transferencia positiva reactiva. En este caso el paciente compensa un odio transferido, mediante manifestaciones de aparente amor.</p>
<p>2. Sometimiento al analista, resultante de un sentimiento de culpa o de masoquismo moral, tras lo cual no se oculta sino un odio reprimido y compensado.</p>
<p>3. La transferencia de deseos narcisistas, esperanza de que el analista amará o admirará al paciente, que se transformará en amarga decepción y en odiosa herida narcisista.»</p>
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<p>W. Reich advierte al analista de la importancia de estar alerta a la aparición de estas transferencias negativas latentes, a través de la observación de la gestualidad y comportamiento del paciente.</p>
<p>Aquí es cuando aparece la intervención del analista, que da paso a la tercera aproximación a la cuestión. Ya no se trata de la reedición del odio, sino de los efectos que va a provocar la intervención del analista tal y como formula en «Análisis del Carácter». A partir del análisis de las resistencias caracteriológicas del paciente, de la interpretación sistemática e insistente de los aspectos imaginarios de la coraza caracteriológica, en las que se hallaría retenida la libido, W.Reich conduce a sus pacientes a lo que él denomina la fase mas delicada «de derrumbe del narcisismo secundario, desintegración de las formas reactivas y de las ilusiones creadas por el yo para su preservación, que movilizan en el paciente los más intensos sentimientos negativos hacia el análisis».</p>
<p>A modo de recapitulación: encontramos al menos tres abordajes de la transferencia negativa.</p>
<p>En primer lugar como resistencia, resultado de la repetición y proyección del vínculo hostil hacia el analista.</p>
<p>En una segunda versión, Reich describe una transferencia negativa latente a la transferencia positiva, indicio de la actualización en la demanda dirigida al analista de un desarreglo contingente del goce libidinal.</p>
<p>Por último, una tercera versión de la transferencia negativa, como reacción del paciente ante la interpretación sistemática de sus resistencias, y en ocasiones como odio dirigido al analista por efecto del derrumbamiento de su narcisismo.</p>
<p>Andrés Borderías</p>
<p><strong>Bibliografía</strong></p>
<p>Aféalo, A., <em>Une interrogation sur la jouissance, </em>Ornicar? 35, 1985<br />
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Lacan,J., <em>Variantes de la Cura tipo</em>, Escritos<br />
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Textos reunidos por AMP: <em>Los poderes de la Palabra. Apelar a las </em><i>resistencias</i>. P:205; <em>El carácter</em>. P:216.Ed.:Paidós, 1992<br />
Textos reunidos por la AMP: <em>¿Cómo terminan los análisis?. Los años veinte, nace una pregunta.</em> Ed.Eolia, 1994<br />
Vereckeen,C., W<em>.Reich: portrait du psychanalyste en paranoiaque</em>, Ornicar? 28<br />
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Zizek,S., <em>Les variantes du freudo-marxisme</em>, Ornicar? 35, 1985</p>
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		<title>Die Verleugnung</title>
		<link>https://nucep.com/publicaciones/die-verleugnung/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Andrés Borderías]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Sep 2012 15:37:40 +0000</pubDate>
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<p><em>Die Verleugnung</em>, término del alemán que se traduce como “negar, desmentir, renegar de” es utilizado de diversas formas por Freud. Aparece inicialmente en el contexto de la búsqueda de una definición para el mecanismo propio de la psicosis, para referir el rechazo o la renegación de una representación o de un hecho insoportable para el sujeto (1).</p>
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<p>Posteriormente, y en el movimiento mismo en que la <em>Verwerfung</em> llega a designar el mecanismo de rechazo específico de la psicosis, el repudio aparece referido, tal y como encontramos en el texto “El fetichismo” (2), al complejo de castración. <em>Die Verleugnung</em> es el término elegido por Sigmund Freud para denominar el juicio particular que el perverso realiza en la confrontación con la castración de la madre. Este juicio consta de dos tiempos: en el primero el sujeto reconoce (<em>Anerkennung</em>) la castración. Se trata de una afirmación (<em>Behauptung</em>) ante la falta en su vertiente imaginaria. En el segundo tiempo, el sujeto rechaza la afirmación, rehúsa aceptarla, la desmiente (<em>Verleugnung</em>). De este modo el sujeto rehúsa reconocer la percepción, puesto que ello implicaría admitir la posibilidad de la propia castración. La consecuencia para el yo es la escisión, pues dos corrientes coexisten a partir de ese momento en el psiquismo: una permanece ligada al reconocimiento de la realidad externa, la otra, conformada según el deseo, mantiene las exigencias de la satisfacción pulsional.</p>
<p>Los trabajos de Feeud sobre el fetichismo y la escisión del yo tienen como eje central la concepción de un <em>je</em> escindido como consecuencia de la <em>Verleugnung</em> del sujeto ante la falta, y cuyo soporte imaginario viene dado por la ausencia del pene en la madre. De este modo, la <em>Verleugnung</em> aparece como causa de la escisión del je y como mecanismo propio de la perversión (3).</p>
<p>Por otro lado Freud, en los ensayos sobre la sexualidad infantil, en los que define ésta como polimorfa perversa, muestra el ser pulsional del niño como rasgo de perversión, pero sin fundamentarlo en una <em>Verleugnung</em> de la percepción de la castración de la madre. Se trata de una “perversión” de la sexualidad como efecto de la satisfacción pulsional misma.</p>
<p>Esta aparente dificultad en la concepción de lo perverso en Freud, entre la sexualidad pulsional infantil y el repudio de la falta materna, entre pulsión y castración, encuentra en Lacan su resolución mediante su articulación en la fórmula del fantasma y la lógica de la alineación-separación, anticipados en el texto freudiano “Pegan a un niño”.</p>
<p>Jacques Lacan en <em>Introducción a una cuestión preliminar para un tratamiento posible de la psicosis</em> y en <em>Respuesta al comentario de Jean Hyppolite</em> sitúa con más precisión la <em>Verleugnung</em> como repudio ante la falta en lo simbólico, al mostrar la determinación por lo simbólico de los efectos imaginarios. No se trata de reducir la <em>Verleugnung</em> a la dimensión imaginaria de la falta –como rehusamiento de una percepción- sino del rechazo de la dimensión real de lo simbólico, es decir, de la castración misma y del hecho de que lo simbólico es incompleto e inconsistente. Podría decirse que al sujeto no le que da otro remedio, pues lo real es lo insoportable, que reconocer y dar acuse de recibo de la falta en el Otro y a la vez de defenderse, mediante una operación que implica el repudio de dicha falta.</p>
<p>Esta operación es la que regula y se concreta en el fantasma, en lo que implica éste de defensa frente a la angustia que produce lo real, y conlleva entonces el rasgo que caracteriza al fantasma como perverso por la positivación del ser.</p>
<p>En la constitución del fantasma el sujeto aloja su ser de goce ante dicha falta (4). Esta es la operación de separación y mediante la misma el sujeto completa y obtura la castración del Otro. Si en un primer momento de la separación, frente a la falta del Otro el sujeto responde con su propia falta, en un segundo momento que forma parte de la misma operación de separación, el sujeto aloja en el recubrimiento de ambas faltas su ser de goce. Este movimiento que va de la negativización a la positivización podemos llamarlo <em>Verleugnung</em> de la castración. De este modo, el fantasma incorpora la posición perversa de la estructura del neurótico, puesto que implica el reconocimiento y el rechazo de la falta del Otro a la vez. Y la <em>Verleugnung</em> indica el modo particular en que el neurótico obtura, repudia la castración del Otro con su ser de goce en el fantasma.</p>
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<p><em>Verleugnung</em> y escisión del <em>je</em>, quedan ahora vinculados de este modo: la escisión del <em>je</em> &#8211; <em>Entzweiung</em> del <em>je</em> dice Lacan (4) &#8211; se da entre la castración del Otro y el ser de goce. Podríamos decir que hay escisión del je entre una modalidad de respuesta que es la que el sujeto realiza articulando su deseo como deseo del Otro y otra respuesta, en la que utiliza su ser de goce, su rasgo de goce para obturar la castración del Otro. Y este doble movimiento puede ser descrito como <em>Verleugnung</em>.</p>
<p>Por ello podemos concluir que el desmentido está fundamentalmente referido a lo real. El sujeto desmiente, rehuye aceptar la falta, lo que no hace de él un perverso. Pero sí hace de él un neurótico que maniobra con su ser, ser enmarcado en su fantasma atravesado por la <em>Verleugnung</em>, al servicio de la constitución de un Otro supuestamente completo.</p>
<p>* Texto publicado en “<em>Diccionario del Yo</em>”, Nº Extraordinario de Acentos, 1995.</p>
<p>NOTAS.</p>
<p>1. Sigmund Freud<br />
-1894. <em>Las neuropsicosis de defensa</em>.<br />
&#8211; 1896. Nuevas observaciones sobre las psiconeurosis de defensa.<br />
2. Sigmund Freud<br />
-1927. <em>El fetichismo</em>.<br />
3. Sigmund Freud<br />
-1932. <em>Nuevas aportaciones al psicoanálisis</em>. Conferencia XXXI, “<em>La división de la personalidad psíquica</em>”.<br />
&#8211; 1938. <em>Escisión del yo en el proceso de defensa</em>.<br />
4. “<em>Entzweiung</em>”: “Desavenencia, disyunción” que Jacques Lacan hace equivaler a la escisión del <em>Je</em> en el seminario del 3 de Enero de 1969, “De un Otro al otro”.</p>
<p>BIBLIOGRAFÍA.</p>
<p>Sigmund Freud. Además de las obras ya citadas, es imprescindible la lectura de <em>Las teorías sexuales infantiles</em>, <em>La pérdida de la realidad en la neurosis y la psicosis</em> así como del texto <em>Pegan a un niño</em>.</p>
<p>Jacques Lacan. En Escritos: <em>La ciencia y la verdad</em>, <em>Subversión del sujeto</em>, <em>Kant con Sade</em>. Seminarios: <em>Lógica del fantasma.</em></p>
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<p>Andrés Borderías</p>
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		<title>Declinar del padre, declinar al padre*</title>
		<link>https://nucep.com/publicaciones/declinar-del-padre-declinar-al-padre/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Andrés Borderías]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Sep 2012 15:36:35 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Empecemos por el título que nos convoca, ¿podemos afirmar que existe alguna relación entre el declive y la declinación del padre, dos de los sentidos presentes en el tema de nuestro seminario? El declive del padre es para nosotros una problemática conocida, Lacan hace referencia a esta cuestión muy pronto en su obra. Así, ya [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="page" title="Page 1">
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<p>Empecemos por el título que nos convoca, ¿podemos afirmar que existe alguna relación entre el <em>declive</em> y la <em>declinación</em> del padre, dos de los sentidos presentes en el tema de nuestro seminario?</p>
<p>El <em>declive</em> del padre es para nosotros una problemática conocida, Lacan hace referencia a esta cuestión muy pronto en su obra. Así, ya en <em>Los Complejos Familiares</em> dedica un apartado a la “Declinación de la imago paterna” donde afirma: “<em>Un gran número de efectos psicológicos, sin embargo, están referidos, en nuestra opinión, a una declinación social de la imago paterna. Declinación condicionada por el retorno al individuo de efectos extremos del progreso social, declinación que se observa principalmente en la actualidad en las colectividades más alteradas por estos efectos: concentración económica, catástrofes políticas</em>” para señalar más adelante que éste padre es: <em>carente siempre de algún modo, ausente, humillado, dividido o postizo</em> en su personalidad. (Pág. 92 y 94 de <em>La Familia</em>, Ed. Argonauta). Como podemos ver, Lacan constata ya en 1938 la fractura producida en la figura del padre antiguo por el impacto de la modernidad, haciendo del declive de la imago paterna una condición misma del surgimiento del discurso psicoanalítico: “cualquiera que sea el futuro, esta declinación constituye una crisis psicológica. Quizás la aparición misma del psicoanálisis debe relacionarse con esta crisis”.</p>
<p>Al situar el declive del padre como condición del origen del psicoanálisis Lacan adopta una posición distinta de la de Freud. Freud más bien trata de constituir el psicoanálisis sobre el fondo del declive de Dios, haciendo del padre el garante de la relación del sujeto con el goce. Construye de este modo una antropología social, una teoría de la religión, y una teoría de la constitución del sujeto. Freud realiza un esfuerzo por esclarecer su fundamento, su función, sus modalidades. Las sucesivas versiones freudianas: el padre del Edipo, el padre de Tótem y Tabú, el padre de Moisés, el padre de la identificación primera y de la identificación secundaria, dan cuenta del esfuerzo freudiano por esclarecer y consolidar el estatuto de un padre “moderno”, capaz de conciliar la ley con la pulsión, en ausencia de Dios y con la colaboración del psicoanálisis, como en el caso Juanito.</p>
<p>Lacan por su parte no se muestra como un ardiente defensor del padre, más bien constata sus límites con respecto a lo real y el goce, para terminar mostrando que hay vías mediante las cuales el sujeto puede obtener una solución vivible ante lo real, sin el imprescindible recurso al padre, como es el caso del síntoma. Por tanto, el camino de Lacan es otro, sus declinaciones del padre se suceden a medida que verifica en su experiencia y desarrolla en su enseñanza que lo simbólico es heterogéneo a lo real, que el padre no es sino imago, ideal, rasgo, nombre, semblante, función, decir, siempre corto ante un real sin ley.</p>
<p><strong>* He tomado como punto de partida para este texto mi intervención en el pasado Seminario del Consejo, que fue convocado con el título “Declinaciones del Padre”. Dicha intervención tuvo lugar en La Coruña. Después he desarrollado algunas de las cuestiones que planteé allí. El texto de la intervención apareció publicado en La Gaceta del Consejo, con el título “Fuentes de la nominación”, así que me pareció más interesante reescribir lo que allí esbocé.</strong></p>
<p><strong>Breve recorrido sobre el Nombre del Padre</strong></p>
<p>Como ustedes saben, el Nombre del Padre, tal y como es planteado por Lacan en sus primeros desarrollos, es un operador que valida el Otro del saber y que a la vez efectúa en el sujeto una separación, una pérdida de goce.</p>
<p>En el Seminario V Lacan se refiere al Nombre del Padre como “el Otro en el Otro”, el significante que en el Otro valida lo que ocurre con el significante como verdadero: “no es posible pensar en el lugar del significante si no se incluye en dicho lugar el significante que valida el conjunto del saber, que hace que la palabra emitida sea verdadera como tal”.</p>
<p>En Subversión del sujeto, el significante del Nombre del Padre se ubica ya no en el Otro, sino afuera</p>
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<p>del Otro, como menos uno del conjunto, lo que implica un nuevo acento en las consecuencias sobre el goce. El Nombre del Padre adquiere para cada sujeto la forma de un mito sobre la operación de pérdida de goce en el cuerpo propio y el desplazamiento, la transferencia del goce hacia el Otro: “no busques tu goce en tu propio cuerpo, sino en el cuerpo del Otro sexo”, viene a formular el Nombre del Padre. Todo cuerpo que el Nombre del Padre marca, se transforma, vaciado de goce, en el lugar de la marca del significante. De tal manera que, el <em>goce propio</em> no es sino el <em>goce fálico</em>, que aparece <em>fuera del cuerpo</em>, como independiente.</p>
<p>En este sentido el mito del Nombre del Padre, es el de alguien que ordena, roba, prohíbe el goce, y que habla de historias que tratan de explicar el desplazamiento, la transferencia de goce hacia el Otro. El Nombre del Padre es, él mismo, el velo que cubre la pérdida de goce. Esta historia, extraída del edipo, aparece simplificada, logificada en el desarrollo de la metáfora paterna en la Cuestión Preliminar, y es una historia en la que Lacan muestra tanto su afán de que lo simbólico fuese capaz de someter al goce, como su reconocimiento de que no es del todo así, puesto que el Deseo Materno aparece como un significante inquietante, que da cuenta de un deseo materno a todas luces no reducible a lo simbólico.</p>
<p>Posteriormente, en el seminario El Reverso del Psicoanálisis, Lacan reduce el padre y su antiguo sagrado lugar al Uno, al lugar que ocupa el Uno en el discurso. Con la fórmula de la repetición, 1+a, da cuenta de la heterogeneidad del significante y el goce.</p>
<p>En L&#8217;Etourdite, encontramos que Lacan ya no toma al padre como un significante, sino como “un decir”, “un decir que no”, que no habría que confundir con una prohibición, ni en el nivel del sentido, sino como un decir que designa el acto y no los enunciados, resaltando así que la ley pende <em>de un decir</em>.</p>
<p>A partir de Aún, Lacan prescinde de la idea del punto de capitón, pasando de la clínica de la sustitución a la clínica de la conexión.</p>
<p><strong>RSI</strong></p>
<p>Llegamos así al seminario RSI, en el que Lacan afirma que la función del padre es la función de la nominación. Es un recorrido lleno de dificultades, en el que Lacan se desprende poco a poco de la función protagonista del Nombre del Padre. Detengámonos un poco sobre este seminario, clave en este recorrido.</p>
<p>El 14 de Enero de ese año, Lacan vuelve a criticar el Edipo, destacando que para Freud las categorías de lo S-I-R no estarían anudadas, sino superpuestas, y no estarían anudadas sino por la realidad psíquica, el Complejo de Edipo, la realidad religiosa.</p>
<p>El 21 de ese mismo mes, Lacan redefine el síntoma, no como metáfora, sino como función de la letra. Inicia un desarrollo nuevo sobre qué es un padre y afirma que es <em>aquél que no habría tenido un efecto forclusivo sobre su descendencia</em>.</p>
<p>El 11 de febrero, encontramos la puesta en cuestión del Nombre del Padre, y Lacan plantea una nueva cuestión, <em>¿qué es lo que anuda el nudo?.</em></p>
<p>El 11 de Marzo Lacan afirma, “El Nombre del Padre es el nudo borromeo, lo que no significa que el nudo borromeo tenga por condición al Nombre del Padre, sino que el Nombre del Padre es una función de anudamiento”.</p>
<p>De manera que Lacan vuelve sobre la cuestión del <em>naming</em>. ¿Qué anuda? se pregunta, para responder, “el decir que nombra”. Y tras hacer un recorrido sobre Dios, como aquél que nombra las cosas en el Génesis, desemboca en una afirmación de especial relevancia: dar un nombre tiene un efecto real sobre lo real: “con la nominación, la parlotte –cháchara- se anuda con algo de lo real”.</p>
<p>Para anudar lo S y lo R hay que pasar por el dar nombre, para lo que hace falta la función nombrante: la función radical del Padre es la de dar nombre a las cosas.</p>
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<p>¿De donde vendría la necesidad de dar nombre, de donde surge el acto de nombrar? Una nominación no es exactamente una identificación, más bien es su contrapunto. El nombre, cuando es capaz de anudar algo de lo real, viene como contrapunto a la impotencia del significante y del fracaso del proceso de identificación.</p>
<p>La identificación es el proceso por el cual un sujeto se inserta en el discurso del amo, determinando el yo ideal, las normas y los límites del goce. Sin embargo deja disjunta la verdad del sujeto, que sólo puede medio-decirse ( la verdad, hermana de la castración; la verdad, hermana del goce). Queda el ser impredicable, o mejor dicho aún, lo real, que busca el nombre. Así pues, la necesidad del nombrar –que evoca el título del libro de S.Kripke- proviene de la impotencia de lo S por reducir, cifrar, lo real.</p>
<p>En RSI Lacan lo toma en términos borromeos, refiriendo la nominación al hecho de que lo simbólico hace agujero, como operación precisa para el anudamiento. Que lo Simbólico haga agujero, equivale a la represión originaria freudiana, al ombligo del sueño, o a La Cosa, das Ding. Y en su cobertura mítica, es la operación propia de Dios, cuando dice <em>soy lo que soy</em>, manifestación misma del decir.</p>
<p>¿Cómo nombra el nombre? ¿Cómo anuda la nominación?</p>
<p>Avancemos ahora en otra dirección, que proponía al principio: ¿cómo anuda la nominación? Recordemos la afirmación de J.Lacan, <em>por la nominación la parlote se anuda a lo real</em>. Nos introduciríamos por este camino por las diversas teorías de la nominación, que Lacan explora a lo largo de múltiples seminarios. Debemos oponer dos fórmulas lacanianas: <em>el significante agujerea lo real</em> – afirmación ya presente en Función y Campo de la palabra- y <em>por el nombre se anuda lo real</em>, nombre que no es sin lazo con lo Simbólico, nombre que surge del agujero de la represión originaria y al que nunca se tiene acceso.</p>
<p>Trataré de situar tan sólo la problemática, tal y como he podido seguirla en el desarrollo que realiza Eric Laurent en su texto: “El nombre de goce y la repetición”.</p>
<p>En primer lugar, Eric Laurent recuerda que la nominación siempre se refiere a la experiencia de goce, puesto que allí se suma la repetición que retroactivamente constituye el objeto como perdido. Cuando nombro a la madre no digo “la que me dio el pecho”, nombro el goce experimentado del pecho que, desde la vez que se me lo quitó para volver a dármelo, sólo puede ser nombrado como perdido. Es después cuando surge una descripción a la que responde la madre, que yo selecciono. En la reconstrucción hecha por Lacan de la manera en que Freud introduce la nominación, por el complejo del prójimo en el “Proyecto”, tenemos dos partes para nombrar a la madre: por un lado rasgos que son representación –competen pues a la descripción- por otro lado el goce que se repetirá, lo cual se puede condensar en el matema 1+ (1+a). Por un lado el rasgo, y por otro lado la satisfacción, el 1+a que va a repetirse. El 1 de cada vez va a separar la a del goce que se experimenta y no se califica, puesto que a en tanto tal no tiene índice. Nos situamos aquí en la órbita señalada por Kripke, con la concepción de un nombre ligado a una primera presentación, y después a una repetición, con un uso posible.</p>
<p>Entiendo que aquí se abre uno de los efectos de la nominación, que no es sino la de permitir la conexión de la pulsión con el Otro sexo, la constitución misma del parteneire como efecto del agujereamiento de lo real, primero y en segundo lugar con la separación del goce que constituye la matriz de la repetición y la constitución del objeto causa del deseo. Dicho de otra manera, lo nombrado no es la <em>cosa impredicable</em>, sino los parteneires en los que se constituye esta cosa, vía por la cual la nominación hace lazo.</p>
<p><strong>¿Cómo nombra el padre?</strong></p>
<p>Es otra de las cuestiones que nos interesa situar. Partimos de la distinción entre función paterna y padre, de tal forma que diferenciamos la eficacia de la nominación de la presencia o no de un padre, al que finalmente hemos reducido a la función nominadora. La función que anuda RSI en este seminario es finalmente una función síntoma, es resultado de los nudos que el inconsciente posibilita.</p>
<p>¿Cuáles son entonces las condiciones para que un padre sostenga la función nominadora? Aquí</p>
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<p>aparece la conocida referencia de Lacan “un padre tiene derecho al amor, si no al respeto si hace de una mujer la causa de su deseo, a la que toma para hacerle hijos a los que prestará cuidados paternos”, frase que desgrana las tres condiciones requeridas: que una mujer sea causa de su deseo, su parteneire síntoma, que la tome para hacerle hijos, que les preste cuidados paternos, de tal forma que se anuda la pareja sexual y la generación.</p>
<p>El cuidado paterno y su posición libidinal implican el efecto de nominación, el decir de nominación que puede inferirse de su propio síntoma. Creo que en el caso que presenta Pepe podremos vislumbrar esta cuestión.</p>
<p>Sin embargo, no siempre el padre encarna dicha función. Encontré una cita en el seminario del día 19-03 del 74, que corresponde al seminario Los no Incautos yerran, en el que afirma Lacan: “a ese nombre del padre se sustituye una función que no es otra cosa que la del “nombrar para”.</p>
<p><strong>Nomer a</strong></p>
<p>Ser nombrado para algo, he aquí lo que despunta en un orden que sustituye al NP. Salvo que aquí la madre generalmente basta por sí sola para designar su proyecto&#8230;su deseo&#8230;señala a su hijo ese proyecto que se expresa por el “nombrar para”&#8230;lo que se ve preferir a lo que tiene que ver con el NP&#8230;aquí lo social toma un predominio de nudo que produce literalmente la trama de tantas existencias, pues detenta ese poder del “nombrar para”.</p>
<p>De este modo encontramos que Lacan opone la nominación con el nombrar para. Mientras que el nominar es del género “tú eres” el <em>nombrar para</em> es más bien del “tú serás”, como una suerte de destino hacia la debilidad mental prescrito por parte de una llamada o empuje venido del Otro.</p>
<p>Fuera del régimen del naming, del ser nombrado –que no dice lo que hay que ser- ser <em>nombrado</em> para colocar al sujeto en una suerte de dependencia del Otro materno o del Otro social. De tal forma que nos encontramos próximos a la fórmula misma de la debilidad mental, o de los cada vez más actuales Trastornos del comportamiento, según que el sujeto se someta a este <em>nombrar</em> <em>para</em>, despersonalizándose, o que se oponga en una posición de rechazo no regulada por la nominación.</p>
<p><strong>Declinaciones del nudo</strong></p>
<p>Quisiera concluir esta incursión sobre el seminario RSI señalando algunas consecuencias clínicas de las declinaciones que va realizando Lacan a lo largo del mismo. Este planteamiento del anudamiento RSI nos conduce a la necesidad de preguntarnos para cada caso si RSI están anudados o no. ¿La imagen corporal, la cadena del lenguaje, el goce, están anudados o encontramos fenómenos que dan cuenta de que no es así?</p>
<p>A lo largo del seminario vemos que Lacan propone al menos dos perspectivas. El 11 de febrero del 75, Lacan se pregunta si la función suplementaria del padre es indispensable, no sólo porque el cuarto nudo sea superfluo –cabría la posibilidad de que el nudo de tres RSI fuera posible, sino porque el NP fuese suplible por otra modalidad.</p>
<p>Tendríamos así:</p>
<p>Nudo borromeo 0, en el que los tres registros están sin anudar: Psicosis.<br />
Nudo borromeo simple, en el que los tres registros están anudados.<br />
Nudo borromeo en el que R,S,I se anudan gracias a un cuarto elemento, el síntoma, que hace de “suplencia”.<br />
Nudo en el que R,S,I se anudan gracias a un cuarto elemento, el Nombre del Padre, como suplencia.</p>
<p>Lo que complica bastante las cosas, multiplica las declinaciones, con respecto al planteamiento previo que oponía ausencia/presencia del nombre del padre para diferenciar psicosis de neurosis.</p>
<p>Lacan descartó rápidamente la idea de un nudo simple y continuó en su seminario con las múltiples consecuencias que se derivaban de la concepción del nudo de 4, interesándose especialmente en lo</p>
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<p>relativo a la función del síntoma en su papel de anudamiento, como suplencia que se situaba en la frontera de lo simbólico y lo real, pero también como aquello que se mostraba como siendo lo único que conservaba un sentido en lo real. (aspecto este que JAM ha desarrollado en múltiples ocasiones a lo largo de estos años).</p>
<p>Pero, este planteamiento del nudo de cuatro nos sitúa ante varias cuestiones. Por ejemplo, que la neurosis no es sino una psicosis compensada por una suplencia, el NP –lo que no se aleja de la teoría kleiniana del núcleo esquizoparanoide de la neurosis, o la posterior de Lacan de la psicosis generalizada, o la paranoia como estructura propia de la personalidad, o la derivada del estadio del espejo.</p>
<p>En fin, la perspectiva borromea nos conduce a tomar cada caso en una nueva óptica, en la que podemos prescindir de otra manera del realismo clasificatorio y fijar nuestra aproximación nominalista en las condiciones de anudamiento o fracaso en el mismo.</p>
<p>Hemos visto surgir en esta aspiración nuevas categorías y términos clínicos a lo largo de las conversaciones clínicas, que responden a los efectos renovadores de una clínica que consiente a la transformación del NP en un útil más del que se sirve el sujeto, entre otros.</p>
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<p>Andrés Borderías</p>
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		<title>Apertura</title>
		<link>https://nucep.com/publicaciones/apertura/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Andrés Borderías]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Sep 2012 15:34:32 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>APERTURA Muy buenos días a todos, Vamos a desarrollar a lo largo del día nuestro primer encuentro de trabajo entre los grupos de investigación del NUCEP en Madrid. Cuando pensamos en la realización de esta jornada, hace ya algunos meses, nos pareció que sería una buena idea tratar de cumplir un doble objetivo: por un [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>APERTURA</strong><strong></strong></p>



<p><strong>Muy buenos días a todos,</strong><strong></strong></p>



<p>Vamos a desarrollar a lo largo del día nuestro primer encuentro de trabajo entre los grupos de investigación del NUCEP en Madrid.</p>



<p>Cuando pensamos en la realización de esta jornada, hace ya algunos meses, nos pareció que sería una buena idea tratar de cumplir un doble objetivo: por un lado, dar a conocer lo que hacemos en cada grupo, lo que nos permite tomar la dimensión de las investigaciones de los demás. Por otro&nbsp; lado, pensamos que había que aprovechar la ocasión para poner a conversar a los participantes de los grupos sobre un tema común, un tema que atravesase en diagonal a todos ellos, de tal forma que esta jornada fuera una oportunidad para todos de avanzar en el trabajo de investigación.</p>



<p>De ahí el título que tomamos, “Clínica de los sujetos contemporáneos, enganches y desenganches”.</p>



<p>La <em>clínica de los sujetos contemporáneos</em>, es un leit motiv de los Grupos de investigación, pues de un modo u otro en todos ellos se abordan las formas contemporáneas del malestar, ya sea desde una perspectiva más centrada hacia lo estructural, o hacia los síntomas sociales o en la que se privilegia la diversidad del psicoanálisis aplicado en los dispositivos de atención. El volumen que ha editado el NUCEP, en el que se recogen los trabajos del último año, transmite magníficamente este aspecto del trabajo realizado.</p>



<p>Nuestro tema cuenta con una segunda parte que matiza el tema general: “<em>Enganches y desenganches</em>”.</p>



<p>Lacan utiliza ambos términos en diversas ocasiones a lo largo de su obra, pero la referencia fundamental es la que hace en el Seminario III, en el capitulo XIV. Dice Lacan: “Katan relata un caso que observó declararse en un período mucho más precoz que el de Schreber, y del cual pudo tener una noción directa, ya que llegó justo en el momento en que el caso viraba. Trátase de un hombre joven en la época de la pubertad, cuyo período pre-psicótico analiza muy bien el autor, dándonos la noción de que en ese sujeto nada había del orden de un acceso a algo que pudiese realizarlo en el tipo viril. Todo faltó. Si intenta conquistar la tipificación de la actitud viril es mediante una identificación, un enganche, siguiendo los pasos de uno de sus camaradas”.</p>



<p>Enganche, entonces, es una manera de nombrar el efecto de estabilización de un sujeto en el&nbsp; período pre-psicótico obtenido mediante una identificación imaginaria, a falta de poder sostener su posición masculina por efecto de la efectuación de la castración. Es importante esta cita, pues sitúa el término <em>enganche </em>en la órbita de su reflexión sobre la estabilización del psicótico.</p>



<p><em>Enganches, desenganches, reenganches</em>, son términos que han tomado cierto relieve a partir de las conversaciones de Arcachon, Antibes y Angers, que tuvieron lugar entre el 96 y el 2000 en Francia, donde se reunieron las Secciones Clínicas de todo el país, bajo la dirección de JAM para trabajar cuestiones actuales en nuestra clínica: casos raros y excepcionales, dificultades diagnósticas, casos inclasificables, y finalmente, las denominadas psicosis ordinarias.</p>



<p><em>Enganches y desenganches </em>son términos que debemos situar en el contexto de la investigación&nbsp; sobre los límites entre psicosis y neurosis, y de modo especial en lo que podemos denominar la segunda clínica de Lacan sobre la psicosis.</p>



<p>De modo general, podemos decir que el <em>enganche </em>es aquello que garantiza para un sujeto la conexión entre lalengua, el cuerpo y el goce, S-I-R, significante, imagen y goce. JAM afirma que no&nbsp; se trata de un concepto, sino de una expresión <em>bien formada</em>.</p>



<p>Encontré, a lo largo de los capítulos que componen las conversaciones, múltiples usos de estos términos: desenganche de la exhortación paterna, del Otro, del lazo social, del inconsciente, del discurso, del síntoma, del goce sexual, del goce fálico, del cuerpo, de una identificación, del otro, del objeto, de la vida. Enganche aparece referido a aquello que permite el vínculo y también a lo que permite o tiene efectos de anudamiento.</p>



<p>Tal y como anunciaba el texto de presentación de las jornadas, distinguimos dos momentos en la enseñanza de Lacan. Un Lacan 1, que toma como piedra angular del edificio de la clínica la operatividad del NP en la metáfora paterna, inaugurando así una clínica de la forclusión. Y un Lacan 2, que comienza con la relativización del NP y del Edipo y que da paso a la clínica borromea, clínica de la conexión, del funcionamiento.</p>



<p>La clínica de Lacan 1 es una clínica de la falta localizada y sus suplencias, una clínica en la que el Edipo se configura como el modelo que da la pauta del aparato que permite al goce autoerótico pasar por el campo del Otro y el cuerpo del otro, condición misma del lazo social. Esta clínica toma como punto de referencia fundamental a la paranoia, en la que el desencadenamiento, y el trabajo de reconstrucción delirante del cuerpo y el sentido según el modelo de la metáfora delirante, se sostienen en la matriz operativa de la metáfora paterna, como mecanismo básico en el que lo simbólico ordena lo I y lo R del goce sexual.</p>



<p>La clínica de Lacan 2 es una clínica en la que el edipo ha sido desvalorizado y el NP relativizado, y Lacan interroga diversa maneras en las que lo S y lo I pueden funcionar para anudar lo R. En esta clínica del funcionamiento y la conexión, encontramos múltiples inventos del sujeto para obtener efectos de estabilización: el síntoma, la obra de arte, la intervención sobre el cuerpo, la identificación imaginaria, la escritura, inventos que eventualmente muestran eficacia equivalente al NP.</p>



<p>Por otro lado, conviene tener presente la observación de Eric Laurent: la clínica del desenganche va de la mano de la clínica de la producción de la pulsión. Es decir, que cada vez que localizamos momentos de desenganche habremos de estar atentos a las consecuencias para el sujeto en el campo del goce, a su impacto en el terreno de la pulsión. En ocasiones encontramos que un desenganche del vínculo al Otro va de la mano de un enganche a un objeto de goce; o que el sujeto recurre a intervenciones sobre su propio cuerpo para extraer, localizar y sintomatizar el exceso de goce, en una suerte de neocastración. Vemos surgir así otros términos, como neonombre del padre, neocastración, neofalo o neoconversión, y que permiten precisar la función de algunas operaciones que apuntan a un bricolaje del sujeto con los efectos de desregulación del goce que suceden a un desenganche.</p>



<p>La clínica 2 no anula la clínica 1, es su torsión moebiana, coexisten juntas, problematizándose.</p>



<p>Ocurre que esta clínica de la conexión abre perspectivas inéditas, en las que empezamos recientemente a adentrarnos, y nos permite reconsiderar numeroso fenómenos de la clínica que habían sido desdeñados, o nos habían pasado desapercibidos, o no resultaban fáciles de esclarecer a partir del modelo del desencadenamiento paranoico. ¿Cuándo se desencadenó un autismo infantil?</p>



<p>¿Cómo explicar la desvitalización, la desconexión del lazo social hasta llegar a la errancia de muchos sujetos en los que no encontramos inicialmente un desencadenamiento clásico? ¿Cómo dar cuenta de aquello que permite a algunos psicóticos no enloquecer nunca? ¿Cómo ubicar la función de algunos síntomas, como la anorexia o la adicción en una psicosis?</p>



<p>La clínica de la conexión, del funcionamiento, permite contemplar la diacronía de los sucesivos momentos de “desenganche” en la psicosis, cuando estos no responden a la lógica del todo o nada que tiene por referencia el desencadenamiento paranoico. Sucesivos desenganches que pueden llegar hasta la errancia del sujeto, o sucesión de enganches y reenganches, que dan cuenta del esfuerzo por parte del psicótico por defenderse de lo real, y de las vías a las qué este recurrió.</p>



<p>Sucesión que permiten al analista orientarse sobre la dirección de la cura y ocupar una posición en la transferencia que no se limita a la del secretario del alienado, abriendo así posibilidades inéditas al psicoanálisis aplicado en la institución.</p>



<p>Pues bien, en un momento como el actual, en el que los psicoanalistas nos vemos convocados a dar cuenta en la ciudad de la eficacia de nuestro trabajo, tratemos de hacer de este encuentro una oportunidad para dar un paso más en nuestro bien hacer.</p>



<p></p>
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		<title>Terminaciones de análisis. 3 preguntas a Andrés Borderías</title>
		<link>https://nucep.com/publicaciones/tres-preguntas-andres-borderias/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Andrés Borderías]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 05 Mar 2011 07:58:30 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>&#160;XI Conversación Clínica del ICF. Texto completo aquí. 1) ¿Por qué ir más allá de la construcción del fantasma? Como analizante, le contestaré que para mí se trata de obtener un «ya está» que no concluye con el trabajo de construcción del fantasma. Usted sabe que hay varios Lacan, en lo que respecta a la [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="page" title="Page 6">
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<p>&nbsp;XI Conversación Clínica del ICF. Texto completo <a href="https://www.redicf.net/textos/3p_XIconver_ICF.pdf">aquí</a>.</p>
<p><strong>1) ¿Por qué ir más allá de la construcción del fantasma?</strong></p>
<p>Como analizante, le contestaré que para mí se trata de obtener un «ya está» que no concluye con el trabajo de construcción del fantasma. Usted sabe que hay varios Lacan, en lo que respecta a la conclusión del análisis, está el Lacan de la travesía del fantasma y el Lacan de la identificación al síntoma, por ejemplo. Este segundo Lacan nos permite entender de otro modo algunos problemas que plantea la salida de la travesía del fantasma. Por ejemplo, el tratamiento de los «restos fantasmáticos». Tras la construcción y la travesía del fantasma, queda aún la relación con lo real. Hay entonces un tramo más que hacer para decidir qué hacer ante el agujero, como afirma Eric Laurent (1).</p>
<p>Hay un querer que depende del sujeto. Es el límite por la satisfacción obtenida.</p>
<p><strong>2) Por qué el pase es tan importante para la Escuela y tan importante en la propuesta de Lacan y resulta que en España tan poca gente lo pasa y/o lo pide (siempre me impresionó el miedo que se tiene a esta cuestión. Los analistas no lo piden por miedo a fracasar ¿o si lo hacen no lo vuelven a intentar?)</strong></p>
<p>¿Cómo valorar si son «muchos o pocos» quienes lo piden? &#8230;ante todo, primero hay que haber concluido el análisis&#8230; cuando hacemos cálculo del número de solicitudes de pase hechas durante un año, ¿tenemos en cuenta el número de análisis terminados ese año? Con respecto al «miedo a fracasar», si es así, parece una descripción perfecta de un síntoma digno de un análisis, ¿no le parece? Es posible que en algunos casos, en los que una cura se detuvo en ese punto, alguien pueda formular así las cosas. Pero no es lo que he escuchado de la mayoría de las personas que se han presentado. Aunque quizás tenga usted razón, pero habría que preguntarles a aquellos que terminaron y decidieron no presentarse al pase si fue «por miedo». Y en ese caso, lo relevante es si se trata de «miedo a fracasar» o del «temor a lo real». Sabemos de la tendencia a la obturación de lo real, una tendencia a dormir, a velar, a eludir lo real. Por ello encontramos que una Escuela, por una interpretación quizás, es capaz de recuperar cierto coraje y reincendiar el deseo por confrontarse con lo que tiene el pase de insoportable.</p>
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<p>Otra cosa es la decisión de no volverse a presentar, cuando se ha recibido una negativa. Lo que conozco es a título de relatos personales, no ha habido una elaboración pública sobre este asunto. En algunos casos, se trata de una aceptación del carácter contingente del dispositivo. En otros, una transferencia negativa con el mismo, como resultado de la negativa. Hay quien retoma su análisis a partir del no. Creo que hay un abanico muy diverso, tan diverso como experiencias particulares, que queda «unificado» por el silencio. Pero, ¿cómo hablar de ello?, es una apuesta para la Escuela..</p>
<p><strong>3) ¿Hasta dónde llevar a nuestros pacientes? ¿Hasta el desplazamiento del síntoma? Si hay que llevarlos más allá ¿por qué? Y si no es así qué nos diferencia de otras terapias?</strong></p>
<p>«Desplazar el síntoma» no parece lo mejor&#8230; más bien el asunto es lo que queda del síntoma tras un análisis. Un nuevo acomodo con el goce, pero a partir de una diferencia crucial con las terapias, que este nuevo acomodo no está al servicio de obturar lo real. Por ello, un análisis concluye, pero no el proceso analítico, ni el trabajo de invención, ya se trate del amor con una mujer, del «amor crítico» con la Escuela. De la elaboración de un nuevo saber a partir de lo que se atrapa del propio inconsciente, o del síntoma postanálisis. Por otro lado, como recuerda Jacques-Alain Miller (2) con una expresión muy bella y que marca otra cara de la diferencia radical con las psicoterapias, tras un análisis «usted espera su verdad, no de un especialista a quien paga, sino del prójimo desconocido».</p>
<p>Preguntas realizadas por: José Manuel de los Bueys</p>
<p>__________<br />
1. E. Laurent, <em>La passe et les restes d&#8217;identification</em>, Rev. La Cause freudienne nº 76</p>
<p>2. Jacques-Alain Miller, <em>Quand la cure s&#8217;arrête</em>, Rev.Quarto nº 96</p>
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		<title>El amor en la neurosis. 3 preguntas a Andrés Borderías</title>
		<link>https://nucep.com/publicaciones/amor-la-neurosis-3-preguntas-andres-borderias/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Andrés Borderías]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 06 Mar 2010 10:30:05 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Conversación Clínica del ICF 2010 Texto original aquí 1) Doy por hecho que el psicoanálisis ha moldeado la noción tradicional de amor, por eso quería conocer tu opinión acerca de las innovaciones que en materia del amor introdujo Lacan respecto a Freud. Lacan, en los años 50 y 60 elucida y extrae la estructura de [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>Conversación Clínica del ICF 2010</h3>
<p><a href="https://www.redicf.net/textos/3p_barna0310.pdf">Texto original aquí</a></p>
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<div class="page" title="Page 26">
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<div class="column">
<p><strong>1) Doy por hecho que el psicoanálisis ha moldeado la noción tradicional de amor, por eso quería conocer tu opinión acerca de las innovaciones que en materia del amor introdujo Lacan respecto a Freud.</strong></p>
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<p>Lacan, en los años 50 y 60 elucida y extrae la estructura de aquello que Freud ha formulado en sus contribuciones a la vida amorosa y en los textos sobre la sexualidad femenina, en el <em>Malestar en la Cultura</em>. Lacan durante este primer tiempo pone de relieve el fundamento significante del narcisismo en el amor. Subraya la función de la castración en el paso del auto al aloerotismo. Demuestra que las coordenadas edípicas del amor están articuladas por la estructura del lenguaje y la significación fálica –al punto que J.- A. Miller ha señalado que podemos considerar La significación del falo como la cuarta de las contribuciones a la vida amorosa de Sigmund Freud; Formula la heterogeneidad entre el goce Uno y el goce femenino, la dimensión fetichista del amor en el hombre y erotomaníaca en el amor femenino. En definitiva, en la progresiva radicalización de su orientación hacia lo real, Lacan avanza hacia la cuestión del amor en el fin del análisis, ¿qué sería un amor más allá de los límites del fantasma, tanto para el hombre como para la mujer?</p>
<p>Sin embargo, en sentido estricto creo que hasta el seminario Aún Lacan no podemos hablar de una versión radicalmente distinta en lo relativo al amor con respecto a Freud y con respecto a sí mismo, es decir, una versión en la que la función del amor no sea ya la de velar lo real, real de la imposibilidad de la relación sexual, real de la heterogeneidad de los goces, sino la de un reconocimiento, ciertamente enigmático, entre dos formas de confrontarse a dicho real. En este seminario Jacques Lacan afirma: “No hay relación sexual porque el goce del Otro considerado como cuerpo es siempre inadecuado-perverso por un lado, en tanto que el Otro se reduce al objeto a- y por el otro diría, loco, enigmático. ¿No es acaso con el enfrentamiento a este impase, a esta imposibilidad con la que se define algo real, como se pone a prueba el amor? De la pareja, el amor sólo puede realizar lo que llamé, usando de cierta poesía&#8230; valentía ante fatal destino. ¿Pero se tratará de valentía o de los caminos de un reconocimiento?, que no es otra cosa que la manera cómo la relación llamada sexual –en este caso relación de sujeto a sujeto, sujeto en cuanto no es más que efecto del saber inconsciente- cesa de no escribirse”. Ya no es la dimensión engañosa y engañadora del amor, sino del “encuentro, en la pareja, de los síntomas, de los afectos, de todo cuanto en cada quien marca la huella de su exilio, no como sujeto sino como hablante, de su exilio de la relación sexual”. (1)</p>
<p>Tanto en este seminario como en el del año siguiente, Los No Incautos yerran, y en algunas otras intervenciones del momento, Lacan articula los elementos que permiten pensar qué deviene el amor una vez este ha atravesado su determinación fantasmática, es decir, cuando el parlêtre se encuentra en los límites de lo real en su abordaje de la relación con la pareja. P. Monribot ha desarrollado extensamente esta cuestión en su seminario del año 2000 (2).</p>
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<p>De este modo podemos oponer el amor edípico al “amor borromeo” (3), cuya formulación encontramos en estos dos seminarios. Oponemos el amor-engaño, amor- repetición, amor-sintomático, incluso el amor-formación del inconsciente, al amor advertido de lo real, “un amor más civilizado”.</p>
<p>Incluso cuando Lacan habla en La Transferencia de un nuevo amor, no hace sino retomar lo que ya Freud había descubierto, que la transferencia y la relación al sujeto supuesto saber introdujeron una novedad en el campo del amor. También esta fórmula “Un nuevo amor”, encontrará una nueva perspectiva a partir de Aún, pues se trata del destino del amor al saber, de la suposición de saber, y del amor en tanto orientado por dicha suposición una vez que el parlêtre se ha confrontado al Otro en tanto que radicalmente tachado.</p>
<p><strong>2) Cuando se ha llevado la experiencia analítica hasta el final, ¿el amor se ha visto afectado por algo nuevo o genuino?</strong></p>
<p>El amor deviene apasionante, siguiendo la expresión de Lacan en Los no Incautos yerran: “Estoy interrogando el amor&#8230; el amor es apasionante, pero esto implica que en él se siga la regla del juego. Desde luego, para eso hay que conocerla. Es quizás lo que falta: siempre ha estado allí en una profunda ignorancia, o sea que se juega un juego cuyas reglas no se conocen&#8230; si ese saber hay que inventarlo&#8230; quizás para eso pueda servir el discurso psicoanalítico” (4).</p>
<p>No se trata de la pasión amorosa, sino de la invención de un saber y de las reglas de un juego que cuentan con lo imposible de la relación. Para el hombre, implica un trabajo amoroso, según la expresión de Rolan Barthes que recuerda P. Monribot, trabajo de invención de una mujer: “tras la conclusión de la cura, una vez el sujeto supuesto saber ha sido destituido y el objeto extraído, el amor, más allá del fantasma debe ser correlacionado al parlêtre y no al sujeto” (5). El partenaire del parlêtre ya no es el objeto a del fantasma, sino el síntoma, pues se trata de una mujer en tanto que síntoma, como desarrolla J.- A. Miller. Tal partenaire ya no participa de la repetición, sino del encuentro&#8230; por azar. Pero, más allá del encuentro contingente, está el lado “invención”, necesario, que implica el trabajo amoroso –distinto del sentimiento amoroso, de la pasión narcisista-. Tal trabajo de invención es al que alude Jacques Lacan en Los no Incautos, se trata de elaborar, sin cesar, un saber sobre lo ilimitado del goce femenino.</p>
<p>Este trabajo de “trenzado”, incesante, ante lo real, da la pauta así mismo del destino del vínculo transferencial con la Escuela, en tanto que ella es partenaire-síntoma del parlêtre al final del análisis. Hay necesidad de inventar la Escuela, sin cesar, como lo hay de inventar una mujer, afirma P. Monribot.</p>
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<p><strong>3) Al final de la lección del 24 de noviembre de 2004, del curso <em>Piezas sueltas</em> (Freudiana, 2007, 49, p. 27), Miller señala que “el amor es también un modo, en la perspectiva del sinthome, de dar sentido a un goce que es siempre parasitario”. En relación con el amor neurótico, qué aporta esta perspectiva con respecto al aforismo clásico de Lacan “Sólo el amor permite al goce condescender al deseo” (Seminario 10. <em>La angustia</em>, p. 194)?</strong></p>
<p>La verdad es que la pregunta me excede&#8230; pero se me ocurren dos reflexiones al respecto.</p>
<p>La primera, siguiendo el desarrollo que hace J.- A. Miller en Piezas sueltas, es que la perspectiva del sinthome señala un límite a la dialéctica implícita en el aforismo, es decir, que hay un límite a lo que el amor puede hacer condescender del goce. El goce parasitario del cuerpo, no es absorbible ni por lo imaginario, ni por lo simbólico. Entonces puede advenir un sentido amoroso, como una suplencia, para ese goce de más. Un sentido amoroso que no devenga necesariamente un síntoma, quizás es el caso de la relación de Joyce con Nora, pues ella no era un síntoma para él, aunque “le viniese como un guante”.</p>
<p>Segunda reflexión. Este sentido tiene un estatuto distinto del trabajo amoroso.</p>
<p>En la clase del seminario Los no incautos yerran, que cité anteriormente, Jacques Lacan tras afirmar “ese saber hay que inventarlo&#8230; quizás para eso pueda servir el discurso psicoanalítico” añade: “Sólo que si es verdad que lo que se gana de un lado se pierde del otro, seguramente hay alguien que va a pagar el pato&#8230; el que va a pagar el pato es el goce&#8230; a partir del momento en que el amor sea un poco civilizado, aunque no es seguro que ocurra” (6).</p>
<p>¿Podemos entender esta propuesta en contrapunto con la de la cita de J.- A. Miller? Mi impresión es que en el fin de análisis para un sujeto se da una tensión entre el sentido amoroso del goce parasitario y el trabajo amoroso.</p>
<p>Lacan señala la posibilidad de que un parlêtre pueda abocarse a una elaboración que tenga consecuencias sobre el goce&#8230; “no es seguro que ocurra, pero podría&#8230;de ello hay pequeñas huellas&#8230;” (7).</p>
<p>Lo real tiende a obturarse y una de sus vías es la del sentido, amoroso también, incluso si el sujeto acabó su análisis, incluso si el partenaire devino síntoma. Quizás -es lo que señala Lacan- hay la oportunidad del amor civilizado para contrariar esta tendencia, como la hay para cada uno de construir la Escuela.</p>
<p>Que este esfuerzo amoroso no cese, está por demostrarse, es nuestra apuesta.</p>
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<p><strong>Notas:</strong><br />
1. Jacques Lacan. <em>Seminario Aún</em>, pg. 174. Ed. Paidós.</p>
<p>2. P. Monribot. <em>Seminaire sur la passe: Du démenti au symptôme</em>. Bordeaux, Décembre 2000. (No publicado).</p>
<p>3. P. Monribot. <em>Construire une femme. Seminaire sur la passe: Du démenti au syptôme</em>. Bordeaux, 18 Décembre 2000. (No publicado).</p>
<p>4. Jacques Lacan, Seminario del 12-03-1974, <em>Les Noms du père</em>, inédito.</p>
<p>5. Id.</p>
<p>6. Id.</p>
<p>7. Id.</p>
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