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	<title>Esperanza Molleda - Sección Clínica de Madrid (Nucep). Estudiar psicoanálisis en Madrid España.</title>
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	<description>Formación en Psicoanálisis Lacaniano Madrid España. Instituto del Campo Freudiano. Centro de estudios de psicoanálisis en Madrid. Estudiar psicoanálisis en Madrid. Cursos de psicoanálisis lacaniano.</description>
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	<title>Esperanza Molleda - Sección Clínica de Madrid (Nucep). Estudiar psicoanálisis en Madrid España.</title>
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		<title>El inconsciente en la clínica contemporánea</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Esperanza Molleda]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 29 Jun 2021 11:17:34 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>En este cuarto debate, dentro del ciclo organizado desde la Sección Clínica de Madrid (Nucep) bajo el título “Vigencia del psicoanálisis 20 años después”, conversaremos acerca del lugar del inconsciente en la clínica contemporánea. El inconsciente es un concepto ligado al psicoanálisis desde su comienzo. Y es uno de esos conceptos creados por Freud que [&#8230;]</p>
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<p>En este cuarto debate, dentro del ciclo organizado desde la Sección Clínica de Madrid (Nucep) bajo el título <a href="https://nucep.com/la-vigencia-del-psicoanalisis-20-anos-despues/">“Vigencia del psicoanálisis 20 años después”</a>, conversaremos acerca del lugar del inconsciente en la clínica contemporánea.</p>



<p>El inconsciente es un concepto ligado al psicoanálisis desde su comienzo. Y es uno de esos conceptos creados por Freud que han pasado al dominio público. Es común pensar hoy en día que bajo la apariencia de nuestros actos, de nuestras palabras, de nuestras decisiones puede haber motivos que desconocemos, motivos “inconscientes”.</p>



<p>En el psicoanálisis actual la hipótesis del inconsciente sigue siendo “necesaria y legítima”(1) tal como planteaba Freud en 1915, y por las mismas razones. Tenemos que admitir que en nuestra experiencia cotidiana hay toda una serie de fenómenos que sin poder negar que nos pertenecen, ya que se nos imponen, sin embargo, no podemos dar una explicación de ellos ni desde la conciencia, ni desde la voluntad. Por ello, es necesario suponer una instancia “inconsciente” que puede permitir darles una explicación.</p>



<p>Freud hablaba de “hipótesis” del inconsciente y Lacan hablará de su estatuto “pre-ontólogico”(2).  Con ello querían subrayar el hecho de que el inconsciente no tiene un “ser” objetivo en sí mismo, que cada sujeto no posee un contenedor con una serie de determinantes desconocidos que definen “una voluntad oscura y primordial anterior a la consciencia”(3), sino que el inconsciente es algo cuya suposición permite que el dispositivo analítico se ponga en marcha para que un sujeto pueda indagar lo que le ocurre. Este es un detalle muy importante que separa la concepción común del “inconsciente” de la concepción del psicoanálisis. </p>



<p>De esta manera para el psicoanálisis el inconsciente no es un “desván heteróclito”(4) que acumula restos de nuestro pasado, sino que se produce conforme el sujeto va hablando. Se encuentra en la superficie mismo de lo hablado, en los significantes elegidos, en los relatos que se elaboran, en las explicaciones que se dan y especialmente en los puntos de falla de lo hablado: bien sea lo que no puede decirse, lo que se olvida, lo que se dice mal, el relato que una vez expresado deja insatisfecho al sujeto, el lapsus, el error. Como dice Lacan el inconsciente aparece precisamente en “lo que cojea”(5),<sup> </sup> ya que solo se busca la causa a aquello que no funciona. </p>



<p>Se trata, pues, de un inconsciente que tiene que ser producido en la relación con otro al que se habla en la relación analítica. Por eso decimos que el analista forma parte del concepto de inconsciente, y le añadimos el calificativo de transferencial, en la medida que solo se llega a producir cuando se da la suposición de un saber acerca de lo que nos ocurre en la persona del psicoanalista, cuando se da la transferencia.</p>



<p>Para entender el funcionamiento del inconsciente, Freud introdujo el concepto de “represión”. Este concepto daba cuenta de una dificultad para hacer pasar a la palabra consciente determinados afectos que involucraban el cuerpo del sujeto. Acorde al espíritu de la época, Freud constataba que muchas de las dificultades de sus pacientes provenían de la censura que el sujeto se autoimponía a partir de las exigencias de los ideales propios o compartidos. Por ello, el trabajo con sus analizantes estuvo orientado por el intento de favorecer que estos pudieran poner en palabras, “hacer consciente”, aquello que se encontraba reprimido y por el intento a su vez de formalizar las leyes que permitían leer lo reprimido en las formaciones del inconsciente: en los sueños, en los lapsus, en los olvidos, en la envoltura formal del síntoma. Con este planteamiento, Freud llegó a un límite en sus análisis, si bien muchos síntomas remitían otros se perpetuaban e intento buscar explicación a esta paradoja a través de nociones como “la reacción terapéutica negativa”, “el más allá del principio del placer”, “la pulsión de muerte” o “la roca de la castración”.</p>



<p>Los avances que introdujo Lacan nos han permitido ir más allá en la comprensión y en el trabajo con lo inconsciente. Lacan pudo entender que la dificultad que existía entre afectos del cuerpo y lenguaje iba mucho más allá de la represión y tenía un carácter no contextual sino estructural. Esta dificultad estructural se presentaba en dos aspectos esenciales. Por un lado, en la constatación de que “no todo” de los afectos del cuerpo puede pasar por la palabra, es decir, que hay un parte del goce del cuerpo que no puede ser tratado por la palabra. Y por otro lado, en que la propia relación con el lenguaje produce efectos de goce en el cuerpo que lo marcan y de los que no puede dar cuenta.</p>



<p>Estas aportaciones lacanianas nos obligan en la clínica actual a estar muy atentos acerca de cuál es el modo singular de engranaje que existe entre lenguaje y goce en las personas que tratamos, ya que según sea este engranaje, nuestras intervenciones tendrán que ser de determinado orden o de otro.</p>



<p>Ya Freud en su escrito “Lo inconsciente” se dio cuenta de ello y así nos ponía en comparación el distinto modo en que se engranaban lenguaje y efectos en el cuerpo de una querella con el amado tomando el ejemplo de una esquizofrénica de Tausk y haciendo la suposición de lo que le ocurriría a una histérica. La paciente de Tausk decía: “<em>Los ojos no están derechos, están torcidos</em> (<em>verdrehen</em>)”. Una afirmación que a solas resulta extraña, pero a la que daba una explicación impecable en su lógica, explicando sus reproches hacia el amado: “Ella no puede entender que a él se lo vea distinto cada vez; es un hipócrita, un <em>torcedor</em> <em>de ojos</em> (<em>Augenverdreher</em>, simulador), él le ha torcido los ojos, ahora ella tiene los ojos torcidos, esos ya no son más sus ojos, ella ve el mundo ahora con otros ojos”(6). Por otro lado, Freud nos explica que de haberse tratado de una histérica la sujeto “habría torcido convulsivamente los ojos”(7). Dos maneras harto distintas de enlazar con el lenguaje un afecto en el cuerpo ligado al acontecimiento de la querella con el amado.</p>



<p>Efectivamente, nuestra posición y manera de intervenir no puede ser la misma con una esquizofrénica que elabora su pequeño delirio que con una histérica que sintomatiza en el cuerpo. También habrá de ser distinta con un autista para el que hay un rechazo consistente a dejar que el lenguaje trate el goce,&nbsp; con un <em>parlêtre</em> que se ve empujado a tratar el goce del cuerpo con sus adicciones, con un joven que no tiene recursos todavía para poner en palabras lo que atraviesa su cuerpo, con un sujeto que no puede parar de hacerse interpretaciones a sí mismo de lo que le pasa sin poder adherirse a ninguna, o&nbsp; con otro sujeto que se aferra a la misma interpretación rígidamente.</p>



<p>Por ello, la posición del analista tiene que partir del silencio, para poder leer cómo funciona la articulación singular de cada ser hablante con el que entablamos una relación analítica, antes de actuar.</p>



<p>Pero el silencio no implica una posición pasiva del analista. Muy al contrario, la posición del analista pasa por una posición activa, ya que la pasividad de escuchar la asociación libre u tomar nota de las conductas de las personas que tratamos solo lleva a la repetición del a<em>utomaton</em> de goce. El analista se compromete con tratar de que sus intervenciones se conviertan en un acontecimiento que permita el hallazgo de algo nuevo que sorprenda al <em>parlêtre</em> por su lógica, una lógica que no es la del sentido común sino la lógica del singular funcionamiento de su goce articulado a lo simbólico y a lo imaginario. Por ejemplo, un paciente se queja de su insatisfacción porque sus relaciones amoroso-sexuales nunca llegan a nada. Hace un recuento de relaciones que se han visto frustradas a la vez que declara “la satisfacción de la ruptura” en cada uno de estos casos. Sancionar que esas relaciones no son insatisfactorias, sino que en ellas encuentra “la satisfacción de la ruptura” (sea lo que sea lo que implica este sintagma, más allá del sentido convenciuonal), sorprende al sujeto y le permite empezar a leer su posición en estas relaciones de otra manera.</p>



<p>El psicoanalista está avisado de la extraña lógica que mueve las relaciones entre palabra y goce para cada <em>parlêtre</em> y por eso puede acompañar el trabajo singular de lo inconsciente en cada caso que le llega.</p>



<p>Sus intervenciones estarán orientadas ora por el trabajo del significante bajo las leyes que Freud y Lacan nos iluminaron, ora por poder circunscribir lo incurable del sujeto para poder encontrar un “saber hacer” con ello. No es un trabajo fácil, y muchas veces no nos sentimos a la altura de la tarea, pero se trata de dejar que el deseo del analista oriente ese acto, ese corte, ese juego de palabras, esa alusión, esa respuesta que apuesta por ello. Solo en el a<em>près coup </em>que suponga para el sujeto nuestro acto podrá ser sancionado como valioso en el camino de conocer su propio inconsciente. Un conocimiento que no será dado de una vez por todas, ya que el inconsciente seguirá en funcionamiento cuando se termine el análisis, sin embargo, gracias a esta experiencia contaremos con un mapa de uso singularísimo con el que orientarnos.</p>



<hr class="wp-block-separator"/>



<ol class="wp-block-list"><li>Freud, S., “Lo inconsciente”, <em>Obras completas</em>, volumen XIV, Buenos Aires, Amorrortu, 1992, págs. 163 y ss. &nbsp;</li><li>Lacan, J., <em>El Seminario, libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis</em>, Buenos Aires, Paidós, 2007, pág. 38.</li><li>&nbsp;<em>Ibid.</em>, pág. 32.</li><li>&nbsp;<em>Ibid.,</em> pág. 32.</li><li>&nbsp;<em>Ibid.</em>, pág. 29-30.</li><li>&nbsp;Freud, S., “Lo inconsciente”, <em>op. cit.,</em> págs. 194-195.</li><li>&nbsp;<em>Ibid.,</em> pág. 195.</li></ol>
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		<title>Mujer y Madre</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Esperanza Molleda]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 16 Nov 2020 08:35:30 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>INTRODUCCIÓN Voy a empezar parafraseando a Lacan al final de su enseñanza. En 1973, en su seminario número 20, titulado “Aún”, Lacan afirma que “hombre”, “mujer”, “niño”, no son más que significantes. “Mujer” y “madre” tampoco son otra cosa que significantes (1). Sencilla afirmación, que si se piensa despacio no puede ser más verdadera. Antes [&#8230;]</p>
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<h3 class="wp-block-heading">INTRODUCCIÓN</h3>



<p>Voy a empezar parafraseando a Lacan al final de su enseñanza. En 1973, en su seminario número 20, titulado “Aún”, Lacan afirma que “hombre”, “mujer”, “niño”, no son más que significantes. “Mujer” y “madre” tampoco son otra cosa que significantes (1). Sencilla afirmación, que si se piensa despacio no puede ser más verdadera. Antes que cualquier “esencia femenina”, antes que cualquier “esencia materna”, “mujer” y “madre” son palabras. Esto no es obstáculo, sin embargo, para comprender que los significantes hacen un discurso y que el discurso hace vínculo, de manera que no podemos afirmar que las palabras “mujer” y “madre” no quieran decir nada y no hagan referencia a aspectos fundamentales de la existencia de los seres humanos. Al contrario, si existen como significantes, si han llegado a existir y se mantienen en el discurso corriente es porque son necesarias para dar cuenta de una dimensión importante del ser hablante. La condena de vivir en el lenguaje es que no se puede vivir sino diciéndonos a nosotros mismos, a los otros, al mundo, buscando permanentemente una identidad entre el mundo y las palabras, entre nuestro ser y las palabras. Mientras que a su vez todas esas palabras tienen efectos en el ser, “hacen ser” (2), dice Lacan. Esta peculiaridad de la naturaleza humana conlleva la existencia de una distancia entre ser y lenguaje que tendemos a olvidar. Una distancia que implica una ausencia de solapamiento entre ser y lenguaje. De esta manera, una parte de la existencia puede ser dicha, mejor o peor, pero puede ser dicha; mientras que otra parte de la existencia queda siempre del lado de la experiencia, se trata de algo real que afecta, que acontece, pero lo cual, sin embargo, nunca podemos llegar a poner en palabras. En el psicoanálisis tratamos precisamente de intentar conquistar para el bien decir, tanto teóricamente como en la experiencia singular de un análisis, la mayor parte posible de esos territorios que tienden a ser mal dichos o a quedar del lado de lo no dicho. Pero también en el psicoanálisis tratamos de respetar, de tener en cuenta y poder llegar a asumir esa parte que nunca va a poder ser dicha, pero que, por lo menos, a partir de la experiencia de un análisis puede ser localizada y circunscrita para poder ser sostenida sin transformarla en sufrimiento, sin convertirla en una “maldición”. Veamos que tiene esto que ver con el tema que nos ocupa esta noche, qué desarrollos significantes ha producido el psicoanálisis hasta ahora alrededor de “mujer” y “madre”.</p>



<h2 class="wp-block-heading">FREUD</h2>



<p>1.- En 1908, en su artículo “<span style="text-decoration: underline;">Teorías sexuales infantiles</span>” Freud plantea que para todo infantil sujeto en un momento determinado aparece la pregunta fundamental acerca <span style="text-decoration: underline;">de dónde vienen los niños</span>, de dónde ha venido su hermano, de dónde viene él mismo. De esta pregunta, nos dice Freud, se derivan a su vez otras cuestiones: la cuestión de la diferencia sexual; la pregunta sobre el coito, sobre el comercio sexual; la cuestión sobre la gestación y el parto. Todas ellas son asuntos fundamentales en los que los sujetos necesitan estar orientados y necesitan del lenguaje para ello; pero también son cuestiones, como comprobamos en análisis, donde aparece un máximo de dificultad para estar bien orientado. A partir de estas preguntas, todo niño va desarrollando sus investigaciones y sus teorías al respecto, acompañado por los avatares de su existencia singular, entre los que no podemos obviar los acontecimientos de goce (de excitación, de placer, de displacer) en su propio cuerpo en la relación con las personas cercanas. Seguro que cada uno de nosotros, por poco que pensemos, podemos recordar unas cuantas anécdotas al respecto. En esta investigación los significantes “mujer” y “hombre”, los significantes “madre” y “padre” cobran inusitado interéSigmund Freud a partir de la observación de los niños y de lo que los adultos que se analizaban con él desarrolló dos teorías que fue matizando a lo largo de tiempo y que han permitido a los psicoanalistas situarse en lo que implican estos cuatro significantes primordiales, primordiales en cuanto tienen que ver con el origen de los niños, con el goce sexual, y con el lugar que cada uno de nosotros ocupamos respecto a estas dos cuestiones fundamentales. Por un lado, Freud concibió el <span style="text-decoration: underline;">complejo de Edipo</span>; y, por otro lado, el <span style="text-decoration: underline;">complejo de castración</span>. </p>



<p>2.- Respecto al <span style="text-decoration: underline;">complejo de Edipo</span>, Freud tomó el nombre de la famosa tragedia de Sófoclés, en la que precisamente un hijo acaba matando a su padre y formando pareja con su madre, cuando tanto él como sus padres querían evitarlo. Desde el principio de su trabajo, Freud observó que las primeras experiencias de goce, de deseo, de amor, de rivalidad tenían lugar en el ámbito familiar. Las relaciones entre progenitores y vástagos lejos de ser asépticas, temperadas y asexuales, son apasionadas, intensas y en ellas la sexualidad está en juego. Especialmente durante la infancia. Esto es algo que seguimos comprobando hoy en día. Lo que también podemos afirmar es que el cariz de estas relaciones no se debe a que la madre sea la madre y el padre sea el padre. Sino que tiene que ver con lo que ocurre en las primeras relaciones íntimas de los niños con aquellas personas que se ocupan y acompañan su cuidado y su crecimiento en el día a día. La madre es aquí, por un lado, <span style="text-decoration: underline;">el primer Otro primordial</span> del que depende la vida del infante, con la que mantiene un vínculo corporal profundo a través de la alimentación, el aseo, el cuidado de su cuerpo y que precisamente por ello, se convierte en el <span style="text-decoration: underline;">primer objeto de amor y deseo</span>. El padre sería entonces aquel que pone un límite a la relación intensa entre madre e hijo, apoyado en la relación singular que tiene con la madre. La cosa se complica cuando Freud a partir de mediados de los años 20, se empieza a dar cuenta de que las cosas son muy distintas para niños y niñas, que la diferencia sexual en el mundo simbólico humano tiene toda su importancia. </p>



<p>3.- En 1925 escribe entonces su artículo “Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica”, donde intenta articular por primera vez cómo se ordena la diferencia sexual en la psique a través del <span style="text-decoration: underline;">complejo de castración</span>. Una vez más desde la observación de los niños y de la experiencia con sus analizantes, Freud constata la importancia de los órganos sexuales, tanto por su pregnancia imaginaria como por las sensaciones que se producen en el cuerpo relacionadas con ellos. Establece la premisa de que tanto para niños como para niñas se da la suposición de que tanto hombres como mujeres tienen pene y resulta una sorpresa para ambos comprobar que las mujeres no lo tienen. El correlato psíquico de este descubrimiento es, para los niños, el temor de perder su pene, lo que Freud bautizará con el nombre de <span style="text-decoration: underline;">angustia de castración</span>, y, para las niñas, el deseo de tener un pene, que Freud bautizará con el nombre de <span style="text-decoration: underline;">envidia del pene</span> o <em><span style="text-decoration: underline;">Penisneid</span></em>. Tanto la angustia de castración para el varón, como la envidia del pene para la mujer serán un motor psíquico de primer orden, en principio, para separarse del apego erótico-libidinal a la madre y poder dirigir el empuje libidinal hacia otros objetos fuera del ámbito familiar: el niño por temor de perder su pene de manos del padre como castigo por haber osado desear a su madre, y la niña por el resentimiento contra la madre que la ha hecho castrada como ella y con el anhelo de encontrar un pene o sustituto en otro lugar. Se ha criticado mucho a Freud desde el pensamiento feminista por dar esta importancia a la tenencia o no de un pene, dejando de lado, por ejemplo, la importancia que tiene poder gestar a un bebe o no, poder dar de mamar o no. Como veremos más adelante, tendrá que llegar Lacan para poder afinar más la cuestión. Pero también es verdad que no podemos dejar de comprobar en la clínica que existe más apego al tener y angustia de perder en los varones y, que, en cambio, en las mujeres los padecimientos están en relación con el no tener, con la falta propia. Freud pensaba que el descubrimiento de la castración para la mujer tenía consecuencias trascendentes y que le exigía en ese punto tomar un camino para poder salir de la crisis en la que la sumía tal descubrimiento. Freud planteó tres vías mediante las cuales las mujeres respondían ante la castración: la primera, lleva al rechazo y a la <span style="text-decoration: underline;">inhibición de la sexualidad</span>, como consecuencia de la herida narcisista y del sentimiento de inferioridad que acompaña el descubrimiento; la siguiente, derivada del rechazo a aceptar el hecho de la castración que lleva a la mujer a asumir una posición masculina, identificándose, en este caso, con el padre, se trata del llamado por Freud <span style="text-decoration: underline;">complejo de masculinidad</span>, y la tercera, será la vía que Freud denominaba la “<span style="text-decoration: underline;">feminidad normal</span>”. En esta vía, la mujer debía cambiar por un lado de zona erógena del clítoris a la vagina, y por otro lado, de objeto de amor, de la madre al padre, para así encontrar su camino de recuperación del pene a través de la relación con un hombre con el que tuviera un hijo, preferiblemente varón, en el que encontrar el sustituto del pene ausente. Lo que más llama la atención releyendo a Freud en esta tercera vía es cómo excluye directamente la posibilidad de que una mujer pueda alcanzar cierta recuperación del pene a partir de la relación con el pene de un partenaire sexual, cómo reduce entonces la mujer a la madre y aunque pueda resultarnos sorprendente al marido a un hijo. En la conferencia 33ª, titulada “La feminidad” dirá: “Sólo la relación con el hijo varón brinda a la madre una satisfacción irrestricta; es, en general, la más perfecta, la más exenta de ambivalencia de todas las relaciones humanas. La madre puede trasferir sobre el varón la ambición que debió sofocar en ella misma, esperar de él la satisfacción de todo aquello que le quedó de su complejo de masculinidad. El matrimonio mismo no está asegurado hasta que la mujer haya conseguido hacer de su marido también su hijo, y actuar de madre respecto de él (3).” Freud elude así tanto la sexualidad femenina como un vínculo entre hombre y mujer sustentado en la sexualidad o en el amor de pareja. Mucho nos tememos que esta elusión tiene que ver con la dificultad masculina para poder aceptar la sexualidad en la madre, para poder aceptar el ser mujer de la madre, interesada en algo más que el hijo como sustituto del pene. De esta dificultad también nos habló Freud en “Sobre la degradación general de la vida erótica” (1912) donde explica la dificultad para algunos hombres de juntar en la misma persona la mujer idealizada y amada, la madre asexual, podríamos decir, y la mujer deseada sexualizada a la que tienen que degradar para que la sexualidad se ponga en juego. Durante los años 20 y 30 del siglo pasado, muchos psicoanalistas, especialmente mujeres, anduvieron a vueltas con la cuestión femenina: Ruth Mack- Brunswick, Jeanne Lampl- de Groot, Marie Bonaparte, Joan Riviere, Karen Horney, Helene Deuscht, incluso el propio Ernst Jones, biógrafo de Freud, señalando los puntos ciegos de Freud y abriendo nuevas perspectivas. Lacan fue conocedor de todos estos trabajos y su genio le permitió avanzar un poco más en la conquista de aquello que no es fácilmente “bien dicho” de aquello que rodea a los significantes “mujer” y “madre”.</p>



<h2 class="wp-block-heading">LACAN</h2>



<p>Lacan se tomó en serio desde el principio la dificultad que se deriva para los seres hablantes de la relación con la madre en la medida que es el <span style="text-decoration: underline;">Otro primordial</span>, en la medida que el niño se apoya en la relación con la madre (y la madre tiene que sostenerlo, claro) para </p>



<p>1) entrar en el orden simbólico, </p>



<p>2) para introducirse en la dialéctica humana del amor y del deseo, y </p>



<p>3) para constituirse como sujeto separado. </p>



<p>1.- La madre no solo se hace cargo de los cuidados del infans, sino que también, en cuanto objeto de su interés, le obliga a <span style="text-decoration: underline;">introducirse en el orden simbólico</span>. En 1953 Lacan vuelve al <span style="text-decoration: underline;">juego del Fort-Da</span> del pequeño nieto de Freud, tomado por este como ejemplo del más allá del principio del placer, para mostrarnos una de las tensiones que atraviesa la relación madre-niño. El pequeño niño pronto identifica a aquella persona de quién depende su bienestar, y pronto también va dándose cuenta que este otro, aparece y desaparece a su antojo, responde o no a sus llamados, y cuando lo hace, lo hace con mejor o con peor tino. La crisis que produce en el pequeño niño esta mezcla de dependencia y de impotencia respecto de la madre, le empuja, según Lacan, a introducirse en el lenguaje, a doblegarse al <span style="text-decoration: underline;">orden simbólico</span> en la medida que necesita recurrir a los significantes Fort-Da o Ven- Vete para intentar dominar las idas y venidas de la madre. Lacan dirá con su peculiar estilo: “el momento en que el deseo se humaniza es también el momento en que el niño nace al lenguaje” (4). </p>



<p>2.- Unos años más tarde, en 1958 (5), Lacan profundizará un poco más en la compleja relación del niño con la madre en cuanto Otro primordial que <span style="text-decoration: underline;">le introducirá en la dialéctica humana del amor y del deseo</span>. El binomio necesidad- objeto de satisfacción que parece darse en el mundo animal con toda naturalidad, está totalmente desvirtuado en el mundo humano por el hecho de estar inmersos en el lenguaje. La <span style="text-decoration: underline;">entrada en el lenguaje</span> que se deriva del <span style="text-decoration: underline;">desamparo original</span> en el que vive el niño durante un largo tiempo obliga a que el ser humano tenga que hacer pasar su <span style="text-decoration: underline;">necesidad</span> por la <span style="text-decoration: underline;">demanda</span>, es decir, a que cuando necesita algo tenga que pedirlo, que hacerlo pasar, dirá Lacan, por el “desfiladero del significante”. El niño tiene que hacer un llamado a la madre para hacer saber sobre su necesidad. Este llamado tiene a su vez que ser interpretado por la madre y conforme a esa interpretación, la madre responderá con un objeto. Como en el teléfono escacharrado, la distancia que hay entre la necesidad y la demanda que se hace, entre la demanda que hace el niño y la interpretación que hace la madre y entre lo que ha interpretado la madre y lo que realmente puede dar al niño para intentar satisfacer su necesidad es tal que se produce una gran grieta entre aquel objeto que parecía poder llenar el agujero que llevaba al niño demandar y el objeto que realmente recibe. Como consecuencia de este desfase producido por el hecho del lenguaje aparecen dos fenómenos netamente humanos: por un lado, la demanda queda escindida en <span style="text-decoration: underline;">demanda del objeto de necesidad</span> y <span style="text-decoration: underline;">demanda de amor</span> y, por el otro lado, aparece el <span style="text-decoration: underline;">deseo</span>. </p>



<p>2.1.- Para el infantil sujeto en su impotencia aparece antes que nada su dependencia de la presencia de la madre para poder satisfacer su necesidad, para el niño es casi tan vital la presencia de la madre, como que la madre pueda darle algo del objeto de necesidad. La demanda de pura presencia de la madre, es lo que Lacan denominó <span style="text-decoration: underline;">demanda de amor</span>. Esta demanda de amor tiene desde el primer momento autonomía propia y guiará a partir de su aparición la vida erótica del sujeto, más allá de la <span style="text-decoration: underline;">demanda del objeto</span> que satisface una necesidad concreta. Es una experiencia conocida por todos tanto del lado del lado del niño, del demandante de amor, como de la madre, del objeto de la demanda de amor: “Mamá”, “¿Qué quieres?”, “Nada”. </p>



<p>2.2.- Sobre el otro fenómeno netamente humano que surge al tener que hacer pasar la necesidad por la demanda, <span style="text-decoration: underline;">el deseo</span>, dirá Lacan muy elegantemente, que no es ni el apetito de la necesidad, ni la demanda de amor, sino que es precisamente el resultado de restar a la demanda de amor, la satisfacción de la necesidad. Es pues ese agujero que nos queda después de que esa persona de la que demandamos amor nos haya dado junto a su presencia algo de eso que pedimos. Este agujero es el gran motor de la vida humana </p>



<p>3.- Las idas y venidas de la madre no solamente empujan al niño a incorporarse al orden simbólico, sino que también agudizan la curiosidad infantil para preguntarse acerca de es lo que va a buscar la madre a otro lado donde él no está <span style="text-decoration: underline;">¿Quién soy yo? ¿Quién soy yo para el otro?</span> El niño va a constituirse como sujeto a partir de la pregunta por cuál es el <span style="text-decoration: underline;">deseo de la madre</span>. Lacan va a partir de la respuesta freudiana, la madre quiere el pene que le falta. Pero va a ir más allá, se preguntará y ¿qué es realmente ese pene que se supone que la mujer- madre busca? Lacan responderá con un cambio de significante: el “pene” con sus resonancias tan cercanas al órgano masculino nos confunde demasiado, lo que la mujer desea es el “<span style="text-decoration: underline;">falo</span>”, es el pene en cuanto representante del deseo, en cuanto representante de aquello que desea y que se desea, pero que no deja de ser un representante. En este sentido, el pene tumescente, efectivamente es un representante del deseo. Desde esta perspectiva es cierto que, como nos decía Freud, para la mujer que llega a ser madre, en el mejor de los casos, su hijo ocupará ese lugar de lo que se desea, de falo, pero a juzgar por las idas y venidas de la madre, y también en el mejor de los casos, el hijo- falo no la colma del todo y la madre mostrará entonces su cara de mujer que desea otra cosa que no es su hijo (al padre del niño, a otros hombres, a otra mujer, su trabajo, los amigos,…). Lacan vuelve a poner en juego así la líbido materna más allá del objeto niño. Este norte del deseo de la madre será fundamental para orientar la subjetividad del niño y es lo que Lacan denominó <span style="text-decoration: underline;">el Nombre del Padre.</span> Esta es la versión del <span style="text-decoration: underline;">Edipo en Lacan</span>: es necesaria una madre que desee algo más que su hijo como falo para que el niño no quede atrapado en su condición de falo compensador de la falta de la madre. </p>



<p>4.- Tenemos que tener en cuenta que todo este complejo entramado que arma la relación madre-hijo se da en un encuentro <span style="text-decoration: underline;">cuerpo a cuerpo</span> con efectos de goce para ambos. Para la mujer en lugar de madre y para el niño. El dar de mamar, el acunar al niño para que duerma, el atenderle en su aseo, en su vestido, en su juego, el nerviosismo, el placer, la suavidad, la brusquedad, el asentimiento o el rechazo al cuerpo del otro, las palabras que lo acompañan… En fin, hay aquí todo un mundo que deja marcas indelebles en cada uno de nosotros. </p>



<p>5.- <span style="text-decoration: underline;">Del lado del niño</span>, la intensidad de la relación con la madre hay algo, por un lado, muy deseado, pero, por otro lado, hay algo que causa horror. El <span style="text-decoration: underline;">Deseo de la Madre</span> tiene dos vertientes, por una parte, en el niño, desde su desamparo original que pervive en la adultez, hay un <span style="text-decoration: underline;">Deseo de la Madre</span>, un deseo de permanecer unido a la madre en tanto que Otro primordial dispuesto a responder a la demanda del sujeto, tanto con el objeto de necesidad como con el signo de amor, dispuesto a sostener al niño en su constitución como sujeto separado. Este anhelo de la figura maternal trasciende a menudo a la vida erótica de los individuos en la adultez. Pero por otra parte, está el <span style="text-decoration: underline;">Deseo de la Madre</span>, del lado de la madre que desea. En este caso, tanto si lo que desea es reintegrar al hijo como objeto que la completa, como si desea sexualmente otros objetos que no son el hijo, hace que la madre se vuelva una figura que aterroriza, que angustia: la boca del cocodrilo, que sin el palo que pone el Nombre del Padre para separarla de su hijo, se lo comería, o la loca Medea o la madre de Hamlet, capaces de asesinar a sus hijos o a su marido por el deseo hacia un hombre. </p>



<p>6.- <span style="text-decoration: underline;">Desde la perspectiva del sujeto femenino que llega a ser madre</span>, no es menor la complejidad, y cada madre se ve abocada encontrar un camino para sostener su complicada función. El hecho de quedar embarazada ya implica todo un acto subjetivo, especialmente en nuestra época, cuando está abiertamente a disposición de todos desde la pubertad la información sobre cómo se concibe un hijo y los métodos anticonceptivos que permiten separar sexualidad y procreación. </p>



<p>6.1.- En el caso más idealizado por nuestra sociedad un hijo debe nacer de una relación de amor entre un hombre y una mujer. En muchos casos no es así y en los que aparentemente es así son innumerables los pliegues ocultos que tiene una relación de pareja basada en el amor. Hasta el punto de que se puede afirmar desde el psicoanálisis que <span style="text-decoration: underline;">en la concepción de un hijo</span> hay siempre algo sintomático, algo en lo que está en juego aquello que no funciona de los implicados en la concepción. Hasta el punto de que sea pertinente la pregunta de con quién se está teniendo el hijo realmente, más allá del genitor biológico. Una paciente ya adulta habla acerca de las circunstancias de su embarazo adolescente: “Yo sólo quería salir de mi casa familiar, donde mi madre no me comprendía, ni me valoraba. Conocí a un chico que no les gustaba en mi casa, pero él luchaba por tenerme a su lado, a pesar de las restricciones que ponían mis padres, sobre todo, mi madre. Me dejé llevar por las palabras de él y accedí a tener relaciones sexuales. Al poco quedé embarazada. Mi madre quiso que me casara y nos ayudaron a tener un piso. Era imposible la convivencia entre el chico y yo, había riñas, violencia, los dos carecíamos de una mínima madurez. A los 6 meses de convivencia, todavía embarazada volvía a la casa familiar, “condenada” a que mi madre me ayudara con el niño”. </p>



<p>6.2.- Por otro lado, <span style="text-decoration: underline;">el real que ocurre en cuerpo</span> tanto en relación con el embarazo, el parto y la lactancia, deja a la mujer conmocionada. Todo lo que rodea a la experiencia del cuerpo en la maternidad se encuentra en ese territorio del que hablábamos al principio, en el que no es fácil poner en palabras lo que ahí ocurre. Esta experiencia en el cuerpo junto con las exigencias que implica sostener la función de Otro primordial para el niño, la confrontación con la persona y la subjetividad propia del niño que no se acopla necesariamente a sus expectativas y las alteraciones que producen en el arreglo que la mujer podía haber alcanzado en su relación con partenaire antes de ser madre obligan a la mujer-madre a buscar de nuevas vías para hacerse con todo ello. Más en tanto que la función de madre tiende a invadir toda esa parte de la mujer que no se satisface con la maternidad. En esta tensión cada mujer intenta encontrar la solución que puede: madres que idealizan la maternidad, el amamantamiento, la crianza y quedan más o menos cómodamente identificadas a la función de madre; madres que enseguida quieren volver a su lugar de mujer ligada a sus otros objetos (trabajo, pareja) y lo hacen con alivio o con culpa, incluso con arrepentimiento(6), etc. </p>



<p>7.- Lacan, a diferencia de Freud, hace una distinción clara entre “mujer” y “madre”. En un primer momento, basa esta distinción <span style="text-decoration: underline;">en una relación diferencial con el falo</span>. Nos hablará(7) de dos posibilidades <span style="text-decoration: underline;">“tenerlo” o “serlo”</span>. Del lado del tenerlo, se sitúa el hombre que tiene el pene-falo y la madre que tiene al niño-falo; del lado del serlo, se sitúa la mujer en su juego de hacer semblante del objeto que el hombre desea, y el niño en su vertiente de ser el falo, aquello que le falta a la madre. En este primer momento, la mujer se pondría en juego como mujer en la medida que juegue el juego de ser el falo, el representante del deseo para un hombre. Sin embargo, pronto se dará cuenta Lacan(8) de que la feminidad tampoco queda reducida a ser el falo para el hombre o a obtener una compensación fálica por mediación del órgano de su partenaire sexual, sino que hay todo otro tipo de experiencias eróticas o libidinales que también “interesan” a las mujeres tomará como ejemplo el amor, cierto tipo de vínculos con otras mujeres, la experiencia “singular” del órgano vaginal, las experiencias místicas, el enigma de la frigidez. </p>



<p>8.- Será en los años 70 cuando Lacan pueda que dar otra vuelta para avanzar un poco más en el bien decir de lo femenino. Lacan discernirá que hay otro tipo de lógica en la relación del ser hablante con el lenguaje distinta a la lógica fálica. No todo puede ser ordenado por la lógica binaria del tener o no tener el falo, de tener o de ser el falo, lógica que al fin y al cabo es la lógica del significante, la lógica de las diferencias, del 0- 1, del es o no es. Lacan deduce, entonces otra lógica, la lógica del no todo, la lógica del no todo bajo la ley del falo, la lógica del no todo bajo la ley del significante. Da así carta de naturaleza a esa otra parcela de la experiencia refractaria al orden fálico, pero que existe con sus efectos en el ser hablante. La experiencia del cuerpo en la maternidad o el erotismo femenino se sitúan en ese territorio. Se dibujan así dos formas de situarse en la existencia: la masculina, que entiende que lo que se sale del reino ordenado por el falo es una excepción a un todo siempre susceptible de ser ordenado por el falo; y la femenina, para la que se le impone (y es capaz de reconocerlo) la existencia de ese otro territorio en el que no reina el falo, pero sin dejar por ello de reconocer y habitar también el mundo común del orden fálico. El lenguaje es afín a la lógica fálica, por ello el territorio de la experiencia más allá de la lógica fálica no es fácil de ser puesto en palabras. ¿Por qué llamar a la lógica fálica, masculina, y a la lógica del no-todo, femenina? En sentido estricto, tanto los hombres como las mujeres biológicamente, pueden colocarse del lado del todo fálico o del no todo fálico, pero es verdad que algo de las experiencias del cuerpo masculino y femenino hacen más afín la masculinidad a la lógica fálica y la feminidad a la lógica del no- todo. Como ya hemos dicho, la experiencia del cuerpo femenino: los ciclos de la menstruación, el embarazo, el parto y el amamantamiento, así con la experiencia de una sexualidad que no se reduce fácilmente al ciclo excitación- orgasmo, hacen que las mujeres biológicamente hablando tengan la experiencia en el cuerpo de goces que no entran dentro de la lógica fálica. Mientras que la experiencia princeps del cuerpo masculino de la tumescencia-excitación/ detumescencia- orgasmo del órgano, hace que tengan más afinidad con la lógica fálica, aunque obviamente, las experiencias de goce de los hombres también van más allá de esta lógica. Cuando los sujetos en posición femenina intentan hacer pasar esas experiencias por la lógica fálica, y, por ejemplo, encontrar la completud a través de un hijo, a través de la relación con la madre, con el padre o a través de una relación amorosa y no logran localizar adecuadamente esa parte que se sale sin poder ser puesta en orden por el lenguaje, puede aparecer el estrago, tan característico en las experiencias femeninas. En la medida que parte de la experiencia femenina de la maternidad y de la sexualidad tiene esta cualidad de no entrar dentro de la lógica fálica, de la lógica el lenguaje, los significantes “mujer” y “madre” son significantes que apuntan a este insoportable de lo que se experimenta y que no puede ser dicho, ese insoportable en el que se juega el cuerpo, el goce sexual, la gestación de un ser humano y el origen de la vida. </p>



<p>9.- Hoy en día, se han multiplicado las formas en las que se puede ser “mujer”, y también se han multiplicado los medios a través de los cuales un sujeto puede llegar a ser madre (adopción, fecundación in vitro, vientres de alquiler, inseminación artificial, donación de óvulos, etc.). En muchos casos, ya no es necesario tener un cuerpo orgánicamente femenino, ni tener un coito con un cuerpo orgánicamente masculino para tener un hijo y colocarse así en el lugar de madre. Hasta la segunda mitad del siglo XX, y por supuesto, en la época en la que Freud desarrolló su trabajo, existía un estrecho vínculo entre relación sexual entre un cuerpo de mujer y un cuerpo de hombre y el engendramiento de un nuevo ser, pero hoy en día no es así. Sin embargo, para todo sujeto que desee llegar a ser madre sigue siendo obligatoria una toma de postura, una elección respecto a tres aspectos insoslayables:</p>



<p>1.-La elección de una madre: del cuerpo que sustentará el real de la gestación y el real del parto de un nuevo cuerpo humano y la función de madre.</p>



<p>2.- La elección de un padre biológico-real y del apoyo o rechazo de la función padre.</p>



<p>3.- La posición como sujeto ante la sexualidad y el amor con un partenaire.</p>



<p>De manera que aún seguirá vigente para todos y cada uno de nosotros la pregunta, ¿de dónde vienen los niños?, como motor de la investigación psíquica en pos de un bien decir del origen de cada uno, del real de la maternidad, de la paternidad y de las relaciones sexuales entre los seres humanos.</p>



<p>Esperanza Molleda &nbsp;</p>



<hr class="wp-block-separator"/>



<p class="p1">(1) LACAN, Sem 20, p.44, clase 9 de enero de 1973.</p>



<p class="p1">(2) LACAN, Sem 2.</p>



<p class="p1">(3) FREUD, Conferencia 33ª La feminidad (1932)</p>



<p class="p1">(4) LACAN, Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis, 1953, p.227- Sem 1. P. 257.</p>



<p class="p1">(5) LACAN, La significación del falo, 1958</p>



<p class="p1">(6) ORNA DONATH, Mujeres arrepentidas</p>



<p class="p1">(7) LACAN. La significación del falo, 1958</p>



<p class="p1">(8) LACAN, Ideas directivas para un congreso sobre sexualidad femenina, 1960</p>
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		<title>Dificultades de la mujer neurótica en el amor*</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Esperanza Molleda]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 24 Nov 2018 08:18:15 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Limitado a la lógica fálica, Freud situaba en la castración la roca del análisis<a name="_ftnref1"></a>[1]. Para la mujer tomaba la forma de <em>penisneid</em>: la mujer entendía la castración como que algo le faltaba y buscaba tenerlo. En el pensamiento freudiano el amor de un hombre era, junto a tener un hijo o identificarse a la posición masculina, una de las salidas posibles para conseguirlo. Para Lacan existe otra formulación para la roca del análisis: la inexistencia de la relación sexual. Respecto a ella el amor es una manera de velarla, un amor que empieza siendo narcisista y engañoso, pero que puede terminar siendo, tras la experiencia del análisis, un amor más digno, al que nombrará tomando la expresión de de Rimbaud, “un nuevo amor”<a name="_ftnref2"></a>[2]y que calificará de “valentía ante fatal destino”.<a name="_ftnref3"></a>[3] Ambas versiones, castración e inexistencia de la relación sexual son modos de representarse el encuentro con lo real en el que el sujeto está irremisiblemente sexuado.</p>
<p>La búsqueda del amor de un hombre puede ser entonces para las mujeres neuróticas un medio de elección a través del cual intentan hacer algo con la castración, con la inexistencia de la relación sexual, con lo real, con su posición sexuada en ese real. Por ello, cuando encuentran el amor de un hombre, no es inhabitual que aparezcan distintas formas de malestar en su relación con él.</p>
<p>En 1917, Freud describió en “El tabú de la virginidad”<a name="_ftnref4"></a>[4] las dificultades de “la mujer civilizada” ante el primer encuentro sexual con el hombre elegido que suscitaban su hostilidad hacia él. Freud relacionaba esta reacción negativa con cinco aspectos: los deseos sexuales infantiles, las primeras fijaciones de la libido, el complejo de castración, la pérdida de lo secreto y el efecto en el cuerpo del encuentro sexual. Casi un siglo después podemos seguir el hilo que nos ofrece Freud para poder hablar de los elementos que aparecen en un análisis detrás del malestar de las mujeres en la relación amorosa con un hombre.</p>
<p>1.- Ante la inexistencia irremediable del objeto adecuado para el goce del sujeto, el inconsciente hace la elección amorosa, dentro de la contingencia de los encuentros, guiado por los divinos detalles hechos de palabras y de experiencias de goce ligados a su novela edípica, a sus “deseos sexuales infantiles”. A lo largo de un análisis en el enamoramiento se encuentran las huellas de la singularidad con la que cada neurótico se ha enfrentado al Deseo de la Madre y ha hecho uso del Nombre del Padre para armarse un andamio ante su encuentro siempre traumático con la lengua y con el goce en el cuerpo. La confrontación con el Deseo de la Madre es siempre insoportable y el Nombre del Padre es siempre insuficiente para salir airoso de ese encuentro, de forma que en la relación con el partenaire amoroso elegido retornan siempre las limitaciones del armazón edípico del sujeto.</p>
<p>2.- Si se aplica sobre la novela edípica el aparato lacaniano llegamos a su reducción a la fórmula del fantasma en la que se condensa la relación del sujeto con el objeto de la pulsión, “las fijaciones de la líbido”. En el enamoramiento existe la suposición en el amado del objeto de la pulsión, desde la posición de amante se busca la satisfacción pulsional a través del objeto que se supone en el otro, desde la posición de amado se despierta el desconcierto acerca del objeto que el amante encuentra en uno. Tanto porque el sujeto neurótico tiene dificultades para orientarse respecto a su goce pulsional como porque el partenaire también se encuentra enredado en su propio fantasma y en la búsqueda del goce que de él se deriva, la relación amorosa en su vertiente fantasmática y pulsional se convierte en un terreno en el que se bascula fácilmente del amor al odio. Sin la construcción del fantasma y su franqueamiento, sin la localización del objeto pulsional separado del partenaire que permite el análisis la relación amorosa será esclava de los vaivenes de las exigencias fantasmáticas y pulsionales.</p>
<p>3.- El “complejo de castración” hace a la mujer quedarse adherida a la lógica fálica. Desde ahí que para una mujer el amor de un hombre puede tener una peculiar función de “pseudofetiche”, de “aparato sustituto” en el que apoyarse para enfrentar la castración y que sirve para desmentirla, tanto la propia como la del partenaire. La mujer se imagina como el falo que le falta al hombre que la ama y cree que recibe de él ese falo faltante a través de sus signos de amor y deseo. No sólo cuando pierde el amor del hombre, sino ante cualquier indicio de privación de sus signos de amor aparece la angustia, la angustia de castración. Este uso del amor para negar la castración lleva a la mujer a un callejón sin salida en sus relaciones amorosas. Le lleva al estrago del que habla Lacan en “Televisión”, aquel que le hace estar dispuesta a dar todo por el amor de un hombre del que espera que la libre de la falta estructural (“no hay límite a las concesiones que cada una hace para <em>un </em>hombre: de su cuerpo, de su alma, de sus bienes”<a name="_ftnref5"></a>[5]). Por el contrario, esto le impide recibir el amor de un hombre como un don.</p>
<p>4.- Esta adhesión preferente al registro fálico tiene como origen el horror de la mujer hacia su propia feminidad, hacia lo que queda fuera de la lógica fálica. Ya desde “Ideas directivas para un congreso sobre sexualidad femenina” en 1958, Lacan dio carta de naturaleza a las implicaciones “nunca revocadas” para la mujer derivadas de “una bisexualidad psíquica”, referida en primer lugar a las “duplicaciones anatómicas”, pero que pasaban cada vez más a las “identificaciones personológicas”<a name="_ftnref6"></a>[6], refiriéndose a esta duplicidad de la posición femenina que navega entre el registro fálico y otro territorio. Quince años más tarde en su seminario Aún, Lacan formalizará esta duplicidad femenina en una doble relación con ? y con S de A tachado<a name="_ftnref7"></a>[7]. Este desdoblamiento impide a la mujer encontrarse por completo dentro de la lógica fálica, pero a la vez la deja sin poder poner significantes e imágenes a lo que de ella queda fuera de dicha lógica, sin poder “conquistar” ese territorio. La dificultad de habitar esta división, que tiene efectos de goce, en la experiencia más íntima de su cuerpo, genera rechazo hacia la propia feminidad. Se busca entonces el acceso a la propia feminidad intentando entender lo que un hombre ama en ella o buscando en otras mujeres la clave del enigma, lo que no hace más que confundirla. En el hombre encontrará sobre todo el fantasma de éste, en las otras mujeres, la sombra eterna de La Mujer. De esta manera, toda relación amorosa con un hombre implica para una mujer la desestabilización del precario equilibro que logra en este terreno pantanoso de la feminidad y que, en cierta manera responde a la expresión freudiana de “pérdida de lo secreto”.</p>
<p>5.- El encuentro sexual de los cuerpos no pasa en su esencia por el principio del placer.<a name="_ftnref8"></a>[8]El encuentro cuerpo a cuerpo de los amantes necesita de la envoltura del deseo propiciado por el fantasma, necesita del rasgo perverso del lado del hombre y de la suposición del amor por parte de la mujer, necesita de la regulación fálica. La experiencia de goce en el propio cuerpo causado por el cuerpo del partenaire, la confrontación con el goce del cuerpo del otro provocado por nuestro cuerpo, si no cuenta con mediaciones eficaces puede generar, tal como nos enseña la psicosis, mucho malestar. Se requiere entonces estar orientado en el modo en que el encuentro sexual y el goce sexual pueden tener lugar para cada uno y consentir a la singularidad del modo de gozar sexualmente del partenaire para que la satisfacción aparezca en el encuentro sexual de los cuerpos.</p>
<p>Podríamos decir que en el transcurso de un análisis una vez recorridas las distintas facetas de estas dificultades en el amor, un paso más sería necesario. Más allá de la fórmula del partenaire-sínthoma promulgada por Miller<a name="_ftnref9"></a>[9](quizás más útil para los hombres), para la mujer tiene que haber una separación entre el partenaire y el síntoma para poder habitar el amor con un hombre. Para la mujer, en tanto que se encuentra desdoblada entre la lógica fálica y otra cosa, la consolidación de una relación amorosa con un hombre no le permite vehiculizar toda su relación con la feminidad, necesita construirse además un <em>sinthome&nbsp;</em>en el que apoyarse para poder sostener el amor en la relación con el partenaire.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Esperanza Molleda</p>
<hr>
<p><a name="_ftn1"></a>[1]Freud, S., “Análisis terminable e interminable” (1937), <em>Obras Completas, </em>vol. XXIII, Buenos Aires, Amorrortu editores, 1990, págs. 219-254.</p>
<p><a name="_ftn2"></a>[2]Lacan, J.,<em>&nbsp;El Seminario, libro 20: Aún, </em>Buenos&nbsp;Aires, Paidós, 2008, pág. 25.</p>
<p><a name="_ftn3"></a>[3]<em>Ibid.,</em>pág. 174.</p>
<p><a name="_ftn4"></a>[4]Freud, S., “El tabú de la virginidad” (1917),&nbsp;<em>Obras Completas, </em>vol. XI, Buenos Aires, Amorrortu editors, 1990, págs 189-203.</p>
<p><a name="_ftn5"></a>[5]Lacan, J., “Televisión” (1973) en <em>Otros escritos</em>, Buenos Aires, Paidós, 2012, pág. 566.</p>
<p><a name="_ftn6"></a>[6]Lacan, J., “Ideas directivas para un congreso sobre la sexualidad femenina” (1958) en <em>Escritos 2</em>, México, Siglo XXI editors, 2003, pág. 705.</p>
<p><a name="_ftn7"></a>[7]Lacan, J., <em>El&nbsp;</em><em>Seminario, libro 20: Aún</em>,<em>op. cit.</em>, pág. 95 y ss.</p>
<p><a name="_ftn8"></a>[8]Lacan, J., <em>El Seminario, libro 14: La lógica del fantasma</em>, clase del 24 de mayo de 1967. Inédito.</p>
<p><a name="_ftn9"></a>[9]Miller, Jacques-Alain, <em>El partenaire- sinthoma</em>, Buenos Aires, Paidós, 2008.</p>
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		<title>Dirigir un centro de Servicios Sociales: un uso posible del Psicoanálisis</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Esperanza Molleda]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 11 Sep 2012 17:46:56 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>El siguiente es un texto excelente que aporta las bases doctrinales en que se apoya la acción lacaniana en el ámbito del psicoanálisis aplicado. Este trabajo demuestra que la ética psicoanalítica opera otorgando un lugar al sujeto. Ello implica que la operación simbólica orientada por el psicoanálisis se sirve del nombre del padre pero contempla [&#8230;]</p>
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<p>El siguiente es un texto excelente que aporta las bases doctrinales en que se apoya la acción lacaniana en el ámbito del psicoanálisis aplicado. Este trabajo demuestra que la ética psicoanalítica opera otorgando un lugar al sujeto. Ello implica que la operación simbólica orientada por el psicoanálisis se sirve del nombre del padre pero contempla sus limitaciones: no considera que la ley pueda frenar la pulsión de muerte sino que se apoya en la lógica del acto, que contempla su incidencia real, y permite un cálculo subjetivo en la estrategia, apostando por una solución más digna, menos devastadora para los sujetos excluidos del lazo social, náufragos errantes en el estado actual de la civilización. Los casos extremos atendidos, siempre desde la consideración de su particularidad, constituyen un valioso ejemplo de que se pueden evitar los pasajes al acto precisamente porque no son invocadas las normas, porque se respeta la decisión subjetiva en el estrecho margen de libertad del que se dispone. Los beneficios de mantener a raya el discurso del amo se aprecian en las acciones sostenidas por el equipo en relación a los usurarios y en el funcionamiento del propio equipo, que otorga el lugar al A tachado, al no-saber y afianza, por lo tanto, la lógica colectiva, que impide la caída, la objetalización de los desamparados.</p>



<p>En los diversos ejes en los que se sostiene la acción simbólica se percibe claramente la importancia de preservar el lugar del sujeto, de su elección, de su decisión. Pero también el relato de las experiencias es una buena ilustración de la consideración de los límites de la operación simbólica cuando se presentan casos imposibles: porque son demostrativos de que la eficacia de la estrategia depende del establecimiento de una vía transferencial, de un lazo mínimo al Otro.</p>



<p>El texto constituye un buen acicate para continuar investigando en la lógica del discurso analítico como respuesta a las formas que presenta el discurso del amo en la actualidad y a las formas de exclusión y desinserción social que produce, teniendo en cuenta la sugerente observación de Lacan, citada en el texto, de que la felicidad se ha convertido en un factor de la política.</p>



<h2 class="wp-block-heading"><u>I.-LOS SERVICIOS SOCIALES</u></h2>



<p>Los Servicios Sociales son el lugar institucional que la sociedad crea para dar respuesta a los problemas sociales que toman el nombre de marginación, exclusión, desinserción, etc… Desde la perspectiva de las personas que allí acuden estos problemas ofrecen distintas caras de las dificultades para sostener el lazo social: desde la violencia hasta el aislamiento, desde la&nbsp; imposibilidad de mantener un trabajo hasta la falta de un lugar donde vivir. Por el lado de la institución estos problemas se presentan como la ruptura insoportable con las aspiraciones de extensión universal del bienestar que nuestra sociedad mantiene.</p>



<p>En los Servicios Sociales se produce el encuentro, o más bien, el desencuentro entre un sujeto con una demanda, la respuesta marco que la institución elabora y la respuesta concreta que se materializa a través de los profesionales.</p>



<p>1.- Las demandas- Suelen ser demandas que no hallan otro lugar donde ser acogidas, demandas&nbsp; que no son aceptadas ni por las redes de apoyo natural de las personas ni por el sistema sanitario, ni por el sistema de salud mental, ni por el sistema educativo, ni por los sistemas de cobertura económica reglada (INEM, Seguridad Social), etc… Muchas se caracterizan por los problemas económicos con la consecuente formulación&nbsp; y aceptación de las peticiones de solución en &nbsp;términos de necesidades materiales que deben ser cubiertas. A menudo son acompañadas de una urgencia subjetiva acuciante o bien ponen ante nuestros ojos situaciones tan límites que no permiten demorar mucho una intervención que signifique un cambio en la realidad que presentan. Estas demandas muestran los límites de nuestros ideales como comunidad.</p>



<p>2.- Las respuestas que ofrece la institución.- Suelen estar inscritas en el discurso del amo: en el ideal de bienestar igual para todos, en la lógica mercantilista convencida de que con dinero se pueden conseguir los bienes para satisfacer las necesidades identificadas y en la racionalidad instrumental de las tecnociencias que plantea las situaciones en términos de causa-efecto, problema-solución y fines-medios.</p>



<p>En la intersección entre la fe ciega en estas herramientas y la aceptación de la misión social de extensión universal del bienestar, las respuestas incluso se adelantan a las demandas. Los&nbsp; problemas han de ser encontrados e interceptados antes de que aparezcan. La prevención y la detección precoz dan nombre a esta peculiar forma de intervención que imagina las dificultades antes de que se den.</p>



<p>De esta forma la institución nunca abandona el sueño de que el malestar puede ser definitivamente erradicado. Desde el psicoanálisis diríamos que los Servicios Sociales como institución se orientan por la ilusión de que lo Real, lo imposible que acompaña a las situaciones que se atienden allí puede ser completamente suturado. El trabajo tiende entonces a organizarse alrededor del desarrollo de infinitas estrategias que persiguen este fin.</p>



<p>3.- Las dificultades de los profesionales para enfrentar la tarea.- La primera dificultad que se encuentran los profesionales se deriva de la imposibilidad estructural de dar respuesta plena a cualquier demanda. Esta dificultad se agudiza en la medida en que, por el lado de la demanda, llega a Servicios Sociales lo que no ha podido incluirse dentro del devenir social estándar y&nbsp; como institución se propone integrar, insertar, normalizar a todo aquel que presenta un llamado “problema social”. Por otro lado, los profesionales que asumen esta tarea, si bien tienen una importante variabilidad personal, formativa y teórica, también tienen un rasgo común, cierta disposición subjetiva a recibir la demanda del Otro acompañada del deber de “hacer algo” para solucionarla. Esta disponibilidad bienintencionada al cruzarse con la primera dificultad pronto se torna angustia y rechazo, generando la sensación de ser usado por el “usuario”. Los profesionales se ven así llevados al lugar de objeto de goce del Otro con el consecuente riesgo de actuar desde el fantasma de cada uno.</p>



<p>Este pequeño drama del profesional tiene lugar dentro del teatro de la institución, lo cual afecta a su relación con ésta. Se tiende a pensar que la causa de las dificultades está en las fallas de la institución (falta de recursos, mal funcionamiento de los protocolos, mala organización, planificación desacertada, etc.). Se producen flujos discursivos continuos acerca de cómo debe cambiar la institución para hacer desaparecer los obstáculos y gran parte del esfuerzo de todos se dedica a ello.</p>



<p>A pesar de estas complicaciones, en la apuesta de los Servicios Sociales hay un elemento digno de rescate: la administración, el poder político, el programa oficial de la sociedad acepta abrirse a las demandas subjetivas de malestar. Será a partir del tipo de respuesta que se dé a estas demandas cómo se definan las coordenadas éticas que guíen la institución.</p>



<p>El núcleo del trabajo que se lleva a cabo en Servicios Sociales tiene lugar en la relación entre un profesional y un sujeto con una demanda. Por ello el psicoanálisis es pertinente y el trabajo fundamental de la dirección tiene que ver con ayudar a que esta relación tenga lugar y que de ella se deriven consecuencias “positivas”, en su doble sentido de efectivas y no negativas: encontrar un camino posible ante la demanda imposible.</p>



<h2 class="wp-block-heading">II.- UN LUGAR ALFA</h2>



<p>Desde la dirección del Centro de Servicios Sociales, con el apoyo del psicoanálisis, se busca otra forma de responder a los requerimientos que recaen sobre la organización. Se apuesta por&nbsp; establecer un Lugar Alfa basado en los tres conceptos que Miller propone en “Hacia Pipol 4”: “Son los</p>



<p>conceptos lacanianos del acto analítico, del discurso analítico y de la conclusión del análisis como pase a analista, los que nos han permitido concebir al psicoanalista como objeto nómada y al psicoanálisis como una instalación móvil, susceptible de desplazarse a nuevos contextos, particularmente a instituciones” . Esta distancia respecto a la respuesta del discurso del amo, sólo puede ser sostenida por la pertenencia de la persona que ejerce la dirección a la comunidad analítica. El director buscará pues su orientación en el quehacer de la Escuela, así la ética del psicoanálisis será la que guíe la dirección del centro. Desarrollando su labor diaria en una institución pública, pero utilizando como base de operaciones al grupo analítico del que forma parte, el director mantiene la tensión que permite al psicoanálisis no quedar apartado del mundo, pero conservar las propias finalidades de su discurso. La Escuela como “enclave hecho para hacer salidas al exterior” .</p>



<p>1.- EL DISCURSO ANÁLITICO</p>



<p>El director a partir de su experiencia y del estudio del saber psicoanalítico puede elaborar una lectura distinta de los presupuestos en los que se basan las intervenciones de los Servicios Sociales. Nos dice Miller: “Los efectos psicoanalíticos no dependen del encuadre sino del discurso, es decir, de la instalación de coordenadas simbólicas por parte de alguien que es analista (…)” . Veamos, pues, como el discurso analítico modifica algunos aspectos claves de la práctica de los Servicios Sociales.</p>



<p>1.1.- LA DIMENSIÓN SUBJETIVA DE LOS SÍNTOMAS SOCIALES</p>



<p>En Servicios Sociales, las demandas suelen interpretarse en términos de pertenencia de las personas que los traen a un colectivo que se define por un rasgo: es un inmigrante, es un enfermo mental, es una mujer maltratada, es un menor en riesgo, etc… De hecho, todos los programas y recursos están pensados desde esta categorización. El rasgo no sólo homogeiniza a todos los individuos que forman parte del colectivo, si no que designa la causa de su exclusión. Es cierto que&nbsp; se puede pasar de un grupo a otro, incluso formar parte de varios, pero, a menudo, no es posible salirse de esta manera de ordenar la realidad. Al elaborar una explicación de por qué ha llegado alguien a formar parte de ese colectivo, se excluye la implicación subjetiva y se suele entender que&nbsp; es por circunstancias externas insalvables o por la falta de conocimiento, de habilidades, de información, de oportunidades que padece el individuo en cuestión. Dado que poco se puede hacer respecto al primer punto, las intervenciones giran en torno a la manera de dar lo que les falta a los demandantes de ayuda.</p>



<p>Sin embargo, para la mirada analítica los problemas que se presentan en Servicios Sociales pueden leerse como síntomas en los que el sujeto está tan involucrado como en los síntomas psíquicos. Las situaciones planteadas son consecuencia de la historia y de la posición subjetiva de las personas que se atienden, por lo tanto, será necesario orientarse acerca de su estructura psíquica para poder dirigir bien la intervención. En estas situaciones pesa mucho la precariedad económica como emergente del fracaso en sostener el lazo social necesario para ser materialmente autónomo, pero, siguiendo a Jorge Alemán, debemos recordar que miseria no es sólo la falta de satisfacción de las necesidades materiales, si no también estar a solas con la pulsión . Estas situaciones muestran la peculiar manera en que cada uno ha podido realizar la intrincada tarea de inscribirse como sujeto en la trama social. Lo que está en juego, pues, es ni más ni menos que la relación con el otro. De esta manera, <strong>“</strong>la realidad psíquica es la realidad social<strong>” </strong>en la medida que la realidad social de un individuo da cuenta de su síntoma subjetivo. Algo de este orden debe cambiar para que el camino se vuelva transitable para el sujeto. La dirección con inspiración analítica promueve esta manera de leer los casos.</p>



<p>1.2.- HABLAR SOBRE LO QUE HACER</p>



<p>El imperativo de “hacer algo” domina la práctica en los Servicios Sociales en la medida que son un lugar de recepción de demandas, una institución que deber dar respuestas a los problemas a los que se enfrenta y de la que forman parte unos profesionales en posición subjetiva de obligación de dar solución a estas demandas. Este imperativo está acompañado de un continuo “blablablá” entre los profesionales, desde las infinitas coordinaciones a los comentarios informales, que a menudo sólo funcionan como válvula de escape.</p>



<p>Desde el discurso analítico hay una apuesta por el bien decir como condición indispensable para orientar nuestro actos. Con todas las limitaciones que se han ido descubriendo al registro de lo simbólico, la esencia de la práctica analítica en sus distintas vertientes sigue pasando por un sujeto que habla a otro para entender, para salir de sus embrollos, para saber qué hacer…</p>



<p>Así, la dirección inspirada en el psicoanálisis realiza dos movimientos. En primer lugar, establece una jerarquía entre el hablar y el hacer: es importante hablar para ordenar el hacer, tanto el pasado, el ya sucedido como el futuro, el por venir. En segundo lugar, se da una cualidad definitoria al tipo de hablar del que se trata: no consiste en hablar por hablar, para tener más datos, para intercambiar opiniones, para desahogarse; se busca un hablar que permita orientar el hacer. En este sentido, fueron apareciendo (o se subrayó la importancia de los que ya existían) distintos tipos de espacios (supervisiones individuales o grupales con los profesionales que llevan directamente casos, “equipos de trabajo” en los que se reúnen los profesionales implicados para analizar un caso y tomar decisiones conjuntas y grupos operativos, guiados por un psicoanalista, centrados en hacer posible la tarea común de la institución). No fue una decisión planificada de antemano, y surgieron a partir de iniciativas de origen diverso a lo largo del tiempo. Sin embargo, sólo la perspectiva del psicoanálisis permite darles su entidad para que sean lugares a los que un profesional puede acudir para hablar cuando no sabe qué hacer o no entiende qué pasa en un caso, sin entregarse al imperativo del&nbsp; “hacer por hacer” y dando un valor al tiempo para decidir qué hacer o entender lo que se ha hecho.</p>



<p>Sin entrar en la especificidad de cada tipo de espacio, citaré algunos efectos que se producen, compartidos por otras experiencias similares :</p>



<ol class="wp-block-list" type="1"><li>Se facilita un lugar de enunciación.</li><li>Se abre un espacio para la pregunta acerca de lo que les ocurre a las personas que atendemos, en vez de afianzar certezas e interpretaciones estereotipadas.</li><li>Aparece la oportunidad de rastrear aspectos insospechados que pueden permitir leer las situaciones de otra manera.</li><li>Permiten modular los fantasmas de los profesionales en su encuentro con los casos.</li><li>Dan la oportunidad al profesional de no tener que responder de inmediato.</li></ol>



<p>En definitiva, se trata de “provocar, sostener y soportar el tiempo para comprender que a menudo queda elidido tanto del lado de los profesionales como del lado de los sujetos que atendemos” .</p>



<p>1.3.- REPLANTEAMIENTO ACERCA DE LOS FINES</p>



<p>Los Servicios Sociales establecen sus fines apostando por la protección de los más vulnerables socialmente en nombre del bien común. Esta protección gira en torno al valor&nbsp; fundamental del bienestar, que ha ido ampliando su contenido de lo material a lo físico, a lo psíquico y a lo relacional. La responsabilidad por este bienestar, relegada en otros tiempos a la privacidad de los sujetos, ha quedado hoy en día paradójicamente constituida como una responsabilidad pública. Nos dice Lacan: “(…) la felicidad devino un factor de la política (…) No podría haber satisfacción para nadie fuera de la satisfacción para todos” .</p>



<p>El modelo de bienestar que guía las intervenciones de Servicios Sociales es el ideal uniformado de las clases medias, una vida “ordenada” : trabajo digno, vivienda digna, relaciones familiares adecuadas, red social suficientemente amplia, autocuidado a nivel de salud, higiene y alimentación, asunción suficientemente responsable del cuidado de los llamados “dependientes” que forman parte de las relaciones cercanas, etc… Estos son los objetivos que una y otra vez se buscan: ajustarse al ideal en el menor tiempo posible.</p>



<p>Desde el psicoanálisis sabemos de la imposibilidad de estos fines. El sujeto es un sujeto dividido por su inconsciente, por su goce, afectado por una falta-en-ser estructural y sometido a las paradojas de la razón libidinal: “el placer, su más allá, el empuje superyoico al goce y el deseo como deseo de otra cosa” . Por ello, más que a alcanzar el bienestar a lo que se aspira es a una manera de hacer con el malestar, a cierta calidad de malestar . Desde el psicoanálisis también se sabe acerca&nbsp; de la singularidad de los medios para alcanzar esta cierta calidad de malestar y se critica por tanto “todo universal del Bien” .</p>



<p>Asumiendo estos principios, se dirigen las intervenciones de los profesionales y se valoran los efectos de estas intervenciones desde un canon totalmente distinto. Se asume desde el principio el fracaso de los fines explícitos de la institución, se valoran pequeños descubrimientos que atemperan las invasiones de goce o que contienen los acting-outs y se permite aceptar modos de hacer de los sujetos alejados del ideal. Orientándonos, eso sí, por el deber de no dejar morir a un sujeto de su adicción al goce, siempre que sea posible .</p>



<p>1.4.- EL ABISMO ÉTICO DE LOS ACTOS PROFESIONALES</p>



<p>Los profesionales de Servicios Sociales están enfrentados continuamente a la responsabilidad de hacer o no hacer determinados movimientos ante las demandas que les llegan. Estas acciones u omisiones tienen consecuencias: si se da o no una plaza de guardería, si se tramita o no una ayuda económica, si se alienta o no una denuncia de malos tratos, si se propone o no una retirada de tutela de un menor o una incapacitación, puede modificar el rumbo de las vidas de aquellos que acuden a los servicios en los que trabajamos. De esta manera, los profesionales de los Servicios Sociales no pueden evitar realizar actos profesionales.</p>



<p>Este tipo de actos generan en el profesional incertidumbre que, como nos dice Zygmunt Bauman, «no es nada más ni nada menos que la incertidumbre endémica a la responsabilidad moral» . De mil maneras se intenta soslayar esta responsabilidad: se definen criterios y perfiles supuestamente objetivos que permiten o no hacer determinadas cosas, se piden protocolos detallados de actuación que lleven a decisiones automáticas o se ponen las decisiones en boca de entes ajenos superiores a los que dotamos de autoridad. Pero, finalmente, el profesional sabe que es él el que tiene la última palabra, se encuentra ante el dilema ético actual: «no existe un gran Otro; nunca hay garantía; hay que actuar. Hay que arriesgarse y actuar. (…) Es decir, en cierto instante hay que asumir la responsabilidad del acto» . Por lo tanto, el acto que se lleva a cabo es un acto libre en el sentido de que no está determinado absolutamente y siempre depende de una decisión. Como nos dice Žižek, “no forma parte orgánica de la estructura del universo, por el contrario, señala una ruptura, una quiebra en la red causal. La libertad es esta ruptura, una cosa que empieza en sí misma” .</p>



<p>Desde el psicoanálisis, siguiendo a Miller, se entiende además que para juzgar el acto profesional hay que esperar a ver sus consecuencias: “Juzgar el acto por sus consecuencias, que el estatuto del acto dependa de sus consecuencias, es para mí un principio cardinal de la política lacaniana” . De esta manera, el acto cuando se realiza no tiene garantías de ser un buen acto, por mucho que la intención sea buena. El acto produce una interrogación en cuanto a sus consecuencias por dos razones: primero, porque abre la metonimia de la cadena significante y, segundo, porque incluye al Otro y hay que tomar en cuenta su reacción .</p>



<p>El acto profesional es, por tanto, un acto libre, con consecuencias y sin garantías respecto a cuales serán estas consecuencias: “La angustia del acto es captar que el acto está al principio de una cadena y que, por supuesto, no se sabe por anticipado cuáles serán sus consecuencias. Las consecuencias que no se conocen se deberán asumir” .</p>



<p>Desde la dirección se aseguran espacios para la deliberación previa al acto, para dar cuenta de las razones de los actos y pensar sus consecuencias. Se busca así poder sostener las intervenciones que se llevan a cabo guiándonos al menos por cuatro principios. Primero, la singularidad del caso: no vale la misma decisión para éste que para el otro por el mero hecho de ser parecidos, en cada caso se ha de pensar cuál es la postura a tomar. Segundo, tener en cuenta los límites sociales de la subjetividad, es decir, no permitir que una persona se destruya o destruya a los demás. Tercero, poder dar cuenta de nuestra decisión dentro de un contexto más amplio que la&nbsp; simple posición personal, poder dar razones de nuestra intervención a los demás. Y, por último,&nbsp; contar con los otros en sentido amplio, desde las leyes, hasta la teoría, pasando por la supervisión o por el trabajo en equipo. En un punto el profesional dirá que sí a una decisión en su intervención,&nbsp; pero esta decisión habrá sido elaborada dentro del contexto de la institución.</p>



<p>2.- EL SUJETO EN ANÁLISIS</p>



<p>Miller al proponer “la conclusión del análisis como pase a analista” como uno de los tres conceptos claves para instaurar un lugar Alfa nos invita a pensar en los efectos que puede tener el que la dirección de una institución esté ocupada por un sujeto en análisis. Al fin y al cabo, la cualidad de analista “no depende del emplazamiento de la consulta, ni de la naturaleza de la clientela, sino más bien de la experiencia en la que se ha comprometido” .</p>



<p>Estar comprometido con la experiencia personal de un análisis conlleva una forma de estar en el mundo que tiene consecuencias en la vida del sujeto. ¿Cómo no tenerlas en el trabajo que desarrolla? Los Servicios Sociales es un ámbito poco transitado por el psicoanálisis, pero en el cual, por su naturaleza, resuena muchos de sus conceptos. El sujeto en análisis empieza a leer lo que ocurre en la institución y a fraguar sus respuestas desde el discurso analítico. Como director se encuentra de pronto sosteniendo un lugar de supuesto poder, un supuesto lugar de amo, del que el discurso analítico le invita a distanciarse, ya que, como bien nos enseña Lacan en el seminario 17, el amo tiene un secreto: “la castración del padre idealizado” . El sujeto en análisis en el lugar de director se ve abocado a aprender a hacer un buen uso del semblante para poder conciliar ese lugar que sostiene dentro del discurso del amo y el saber-no saber que va desgranado en la experiencia de su análisis.</p>



<p>Por otro lado, la experiencia de un análisis apunta a la problemática del “ser” del profesional: “Es en relación con el ser donde el analista debe tomar su nivel operatorio” . A menudo las personas que trabajan en Servicios Sociales tratan de sostener el lugar de A-no barrado en cuanto a Otro que preserva su consistencia y que sabe lo que el usuario tiene que hacer. Lacan bromea, en “La dirección de la cura, acerca de esta posición de “hombre feliz”: “¿No es además la felicidad lo que vienen a pedirle, y cómo podría darla si no tuviese un poco?, dice el sentido común” . El coste de intentar sostener esta posición es muy conocido y toma el nombre de “burn-out” o queme del profesional de ayuda. El profesional se agota en la tarea imposible de dar una solución al malestar de los demás. El saberse un sujeto dividido por el inconsciente y por el goce como efecto de la experiencia analítica implica un acercamiento hacia los otros (profesionales y usuarios) basado en la convicción de que la dificultad está para todos en cómo hacerse con la vida, con lo Real, con la falta en ser. Esto lleva a respetar los síntomas de cada uno y desde ahí a hacer “una distribución ponderada de los efectos psicoanalíticos, dosificados según las capacidades de un sujeto para soportarlos” .</p>



<p>Por último, la experiencia del análisis lleva a otra torsión. Frente a la tendencia de toda institución a guiarse por normas que pueden llevar tanto a un cumplimiento sin sentido como a un enfrentamiento desgastador con ellas, el director-sujeto en análisis apuesta por orientarse por el deseo y por lo Real en lugar de por la pasión del superyó y por el ideal. Esto le permite “aceptar la fuga de sentido” , “otorgar un lugar a la particularidad” y “la concepción de una ley que acoja su&nbsp; propia excepción” . Por ello, la dirección no busca la adecuación a determinadas normas, protocolos&nbsp; o ideales, promueve que los profesionales vayan haciendo el relato de sus casos en los espacios de trabajo y admite cierto grado de incertidumbre sobre lo que ocurre realmente entre profesional y usuario.</p>



<p>3.- LOS ACTOS ANALÍTICOS</p>



<p>¿Es un atrevimiento hablar de acto analítico en el contexto de los Servicios Sociales? Miller en “Cosas de finura en psicoanálisis 2” establece una diferencia entre “un esbozo de acto analítico” y “un acto analítico desarrollado” para diferenciar el tratamiento de los casos en un establecimiento de psicoanálisis aplicado y aquel acto “susceptible de conducir al final del análisis” . Como esbozos, los actos que se orientan desde la dirección de un centro de Servicios Sociales no podrán llegar tan lejos como los actos analíticos desarrollados, pero estarán inspirados por algunas claves del discurso analítico recordadas por Miller en esta sesión que dependen del deseo del analista:</p>



<ol class="wp-block-list" type="1"><li>No se trata de hacer terapia, no se trata de hacer que el sujeto se adecúe a los ideales comunes, de utilizar la sugestión y la “pedagogía correctiva” para meter en vereda al sujeto desviado. Si hay que elegir en el sujeto y la sociedad, “el análisis está del lado del sujeto” .</li><li>En esta apuesta por el sujeto, el psicoanálisis intenta escuchar la singularidad que trae su sufrimiento con la demanda, acogiendo el hecho de la desviación estructural frente a la norma que ser sujeto implica.</li><li>Todo acto parte del reconocimiento de los efectos del lenguaje en el ser hablante.</li></ol>



<p>Veamos ahora alguna especificidad de los esbozos de acto analítico posibles en Servicios Sociales.</p>



<p>3.1.- PRAGMÁTICA VS. CLÍNICA.</p>



<p>Miller plantea en “Cosas de finura en psicoanálisis 1” que hablar del psicoanálisis desde el punto de vista pragmático es plantearse lo que el psicoanálisis hizo de sí mismo y puede hacer de sí mismo . Se hace hincapié en el “hacer”. A medida que avanzamos en la enseñanza de Lacan de la mano de Miller, este “hacer” va alejándose de la terapéutica y va enfatizando su faceta de experiencia frente a la búsqueda de curación. En este sentido, la clínica va virando hacia la pragmática. Por otro lado, Miller sitúa este “hacer”en el agujero entre la estructura, en tanto que “conceptos fundamentales del psicoanálisis organizados como estructura” y la contingencia, en tanto que caso particular, encuentro particular, suceso particular. Y es aquí donde “el saber hacer tiende en psicoanálisis a suplantar el saber, la pragmática tiende a suplantar lo epistémico” . Estas son los vectores en los que se sitúa la pragmática del psicoanálisis: experiencia frente a curación, saber hacer frente a saber. Y, ¿qué lugar hay para esta pragmática en los Servicios Sociales?</p>



<p>Hay todo un campo en los alrededores de una demanda de atención subjetiva, anterior a esta demanda si es que llega a producirse, en el que el psicoanálisis tiene algo que aportar. Es allí donde se encuentra el trabajo de los Servicios Sociales. Las personas acuden solicitando ayuda para cambiar las condiciones materiales de las situaciones que padecen. Se hayan complicados subjetivamente en ellas sin saberlo, sin querer saberlo. Caer en la trampa de dar supuestas soluciones mediante la manipulación de las variables de la realidad presentada, implica taponar la posible emergencia del sujeto que se pregunta por su implicación en lo que le ocurre. Subrayar entonces el adjetivo “preliminares” del dispositivo clásico de “las entrevistas preliminares” hasta convertirlo en un sustantivo “los preliminares”, adquiere un peso fundamental. Siguiendo a Vilma Coccoz, diremos que en estos preliminares se trata de realizar las estrategias necesarias para favorecer la elaboración significante y la posible producción del sujeto . Lejos de la terapéutica lo que se busca es que pueda tener lugar una experiencia determinada, establecer una relación posible entre los profesionales de la institución y los demandantes de ayuda en la que prime lo simbólico como modo de acercarse a lo Real buscando la dimensión subjetiva en juego. Este tipo de maniobras no pueden ser estandarizadas en base a un saber del orden de lo epistémico, de la estructura de conceptos psicoanalíticos que decía Miller, sino que surgirán del saber hacer extraído de ellos (y de la experiencia del propio análisis) y de la contingencia del encuentro entre el caso y el profesional en cuestión. La mayor parte de las actuaciones que se realizan desde Servicios Sociales se encuentran en este ámbito.</p>



<p>Por otro lado, la pragmática del psicoanálisis en Servicios Sociales se sitúa en un lugar de respuesta . No es un lugar de escucha, de desahogo, de compartir el malestar, tampoco es un lugar desde el que dar soluciones. Cuando Miller nos habla de lo que diferencia la psicoterapia del psicoanálisis nos plantea alguna condición más para que estas respuestas puedan ser consideradas psicoanalíticamente orientadas:</p>



<ol class="wp-block-list" type="1"><li>El profesional al colocarse en la posición de interlocutor de una demanda, se instala en el lugar del Otro (A), lugar que confiere a su palabra la potencialidad de producir consecuencias en el sujeto. Si el profesional responde directamente desde este lugar de omnipotencia supuesta a lo más que llegará es a producir ciertas rectificaciones provisionales de las identificaciones del demandante de ayuda. Por el contrario, al abstenerse de responder desde ahí en nombre del deseo del analista se abre un trayecto más allá en el que aparecen el goce y la pulsión en&nbsp; juego del individuo en cuestión.</li><li>Desde la posición psicoterapéutica de la mano del discurso del amo se exigen identificaciones que aguanten al precio de olvidarse de los fantasmas en juego. Será de nuevo el deseo del analista el que mantendrá la atención en la puesta en acto de los fantasmas, tanto de los profesionales, como de las personas que se atienden.</li><li>La psicoterapia especula con el sentido, el psicoanálisis pone en cuestión que exista “un sentido” a partir del cual todo lo que le pasa al sujeto se explica y deja un lugar al fuera de sentido, que introduce en escena lo real y deja en suspenso la posibilidad de un saber hacer definitivo.</li></ol>



<p>Desde este lugar de respuesta con condiciones se buscan entonces nuevas vías para que el sujeto pueda salir adelante, “arreglárselas con lo que hay”, a un coste menor de sufrimiento y de precariedad, encontrar un modo de continuar. El profesional tiene que estar ahí para ver en los detalles con el sujeto cómo se desenvuelve y cuáles son las formas que le permiten funcionar y cuáles no. Las respuestas surgen como efecto de este encuentro, no son respuestas preparadas, “pret a porter”. El director promoverá estas coordenadas de la pragmática del psicoanálisis desde los lugares en los que se habla para encontrar un hacer.</p>



<p>3.2.- TRANSFERENCIA, INTERPRETACIÓN Y SEMBLANTE</p>



<p>Dice Lacan en “La dirección de la cura” que el analista debe pagar con palabras a través de la interpretación, con su persona en cuanto que sirve de soporte de la transferencia y con su juicio más íntimo .</p>



<p>Empecemos con la transferencia. Desde la dirección del centro debe considerarse en dos niveles: por un lado, la transferencia que tiene lugar entre los profesionales y el director y, por otro lado, la transferencia que tiene lugar entre los profesionales y los usuarios de los Servicios Sociales. En el primer nivel, la figura del director es especialmente apta para generar transferencia, los profesionales se dirigen a él suponiendo que sabe algo, sabe qué hacer ante los problemas que plantean los usuarios. Como el analista, el director debe hacerse responsable de la transferencia que suscita y debe sostenerla con su presencia real. Con cada profesional, al igual que con cada&nbsp; paciente, el tono y los avatares de la transferencia son diferentes. Con algunos, la transferencia&nbsp; acaba transformándose en transferencia hacia el psicoanálisis, mientras que con otros no se puede más que escuchar y preguntar, intentar entender qué hacen y por qué, estar ahí, incluso desde cierto forzamiento que la autoridad de la dirección impone. El director se adapta hasta convertirse en un partenaire útil para cada profesional. Hablamos de utilidad en la medida que la transferencia entre los profesionales y el director tiene un fin concreto: ayudar a sostener ese otro nivel de la transferencia&nbsp; en juego, el de los profesionales con los demandantes de ayuda. Para ello, el director realiza su trabajo sobre este segundo nivel de la transferencia a partir del relato que los profesionales hacen de las historias de las personas que atienden, si bien eventualmente podrá tener relación directa con estos últimos si el caso lo requiere. Entonces, habrá que jugar con la peculiaridad tanto de unos como de otros: sus estructuras, sus fantasmas, sus formas de gozar. Por las dinámicas institucionales, el director del Centro de Servicios Sociales no tiene opción de elegir a sus profesionales ni a los clientes, de ahí que tenga que encontrar un modo de hacer con lo que hay. Nada extraño para el psicoanálisis, Miller cita a Lacan en ‘Política lacaniana’: “El psicoanálisis no se produce sin medios, que no van a componerse sin personas, ni sin contemporizar con ellas” .</p>



<p>De la transferencia pasamos a la interpretación: “No hay Lugar Alfa sino a condición de que, por la operación del analista, el parloteo se revele como conteniendo un tesoro, el tesoro de un sentido otro que valga como respuesta, es decir como saber llamado inconsciente. Esa mutación del parloteo se sostiene de lo que llamamos transferencia, que permite al acontecimiento interpretativo tener lugar, acontecimiento interpretativo que supone un antes y un después, como decimos clásicamente” . El director sólo sabe lo que los profesionales le van contando de los casos, al igual que con los pacientes, escucha lo que ellos dicen sin oírlo, entonces “el emisor recibe del receptor su propio mensaje de una forma invertida” . La interpretación no consiste en creer comprender y&nbsp; anticipar una significación, sino al contrario, salir de la inercia de comprensión que favorece el uso cotidiano del lenguaje para dejarse sorprender y asociar así nuevos significantes a la situación de malestar. La interpretación tiene que ver pues con la transformación del valor de las palabras. Por&nbsp; otro lado, la interpretación es un acto y, como tal, sólo adquiere su verdadero alcance en la medida que el otro, en este caso el profesional, lo recoge y le da un sentido. A partir de esta transformación del relato del caso recogida por el profesional se va urdiendo algo nuevo que hacer en el encuentro con el demandante de ayuda, revertiendo en ese encuentro la interpretación realizada.</p>



<p>¿Cómo entender la última forma de pago del analista que nos plantea Lacan? Recordemos su formulación exacta: “¿olvidaremos que tiene que pagar con lo que hay de esencial en su juicio más íntimo, para mezclarse en una acción que va al corazón del ser: sería él el único allí que se queda fuera del juego?” . El director orientado por el psicoanálisis tiene que involucrarse en la acción con su ser, no quedarse fuera de juego. Para Lacan el ser está del lado del semblante, de hecho, el parlêtre está condenado al semblante . “El director”, como otros nombres del amo, entra en la serie de semblantes eternos: el padre, la mujer, el falo. Como semblante es un significante vacío, un S1 que no remite a un S2, sólo accidentalmente ligado a la significación fálica . El semblante consiste en hacer creer que hay algo donde no lo hay y esto tiene efectos. La inconsistencia del gran Otro, la multiplicidad de discursos, la angustia ineludible de la realización de un acto a menudo lleva a los profesionales o bien a un impasse en el hacer o a un paso al acto impulsivo. El director hace&nbsp; entonces uso del semblante para hacerles pasar por el hablar para hacer y para ratificar el “pequeño tesoro” allí encontrado que puede permitirnos dar un paso más en un caso. Al ocupar su posición desde el semblante, el director puede tomar distancia frente al lugar que el discurso del amo le tiene reservado: el que tiene que saber, el que tiene que decidir. Y es precisamente esta distancia la que le permite llevara a cabo la función: sostener una práctica éticamente digna y bien orientada en relación a los fines de la institución, la otra cara de la impotencia para sostener realmente una praxis que se transforma en un ejercicio del poder de la que habla Lacan en “La dirección de la cura” .</p>



<h2 class="wp-block-heading">III.- ALGUNOS EJEMPLOS</h2>



<p>Pasaremos ahora a relatar algunos casos en los que se intentará dar cuenta de cómo la dirección psicoanalíticamente orientada produjo efectos a la hora de hacer posible la relación entre los profesionales y los usuarios y a la hora de encontrar arreglos más viables para los sujetos que tengan en cuenta su problemática singular y les permitan encontrar un modo posible de continuar.</p>



<p>1.- ACEPTAR EL LUGAR DE TERCERO</p>



<p>Una trabajadora social se queja de L., una usuaria suya: “Llevamos años, desde que nació su hija, dándole ayudas: pago de guardería, pago de beca de comedor escolar, actividades extraescolares, campamentos de verano, etc. No aprende, no se hace autónoma, un caso claro de cronicidad sostenido por la institución, así nunca va a dejar de ser dependiente”. La tensión entre trabajadora social y usuaria es continua cada vez que hay que renovar una ayuda o que la mujer&nbsp; hace una nueva demanda ¿Qué sabe la trabajadora social de L. en ese momento? L. es una mujer inmigrante de 26 años, que vive en una habitación con su única hija de 8 años, no tiene pareja y trabaja todo el día, el perfil típico de estas mujeres, dice la trabajadora social. En la supervisión se señalan los aspectos más singulares del caso: todas las ayudas solicitadas han sido siempre dirigidas al cuidado de la hija, durante todo el tiempo de intervención la mujer no ha dejado de trabajar y no se ha tenido conocimiento durante este tiempo de relaciones de pareja. Nos entra curiosidad por saber&nbsp; el origen de esta niña. En entrevistas posteriores, va apareciendo su historia particular: L. se vino a España al saber que estaba embarazada, hija única de madre sola, vivía en su país con la familia del hermano de la madre y con ésta, no quiere hablar del padre de la menor ni de las circunstancias del embarazo, “sólo fue una vez y nunca más supe de él”. Se empieza a poder dar un lugar para que&nbsp; esta mujer hable de la relación con esta hija en la que parece condensarse toda su historia. Aparece su rechazo a la hija, pero también su resolución para hacer de madre. La relación entre ambas está crispada, la niña sabe bien cómo sacar de quicio a la madre y ésta pierde los nervios, la insulta y la pega, sintiéndose luego culpable. En este escenario, los Servicios Sociales vienen a ocupar un lugar necesario en esta relación especular, el lugar de tercero. Todos los recursos de apoyo para la crianza de la hija adquieren así un sentido totalmente distinto, somos el “padre” que esta madre puede ofrecer a esta hija, dadas sus propias dificultades para mantener relaciones con los otros. Aceptando este lugar podemos servir para abrir esta relación al exterior y para regular la tensión existente en la relación entre ambas.</p>



<p>2.- NO PASAR POR ALTO</p>



<p>Un trabajador social cuenta dentro de una coordinación general sobre casos de ancianos en riesgo la siguiente situación. Una mujer mayor de unos 80 años vive en unas condiciones cada vez más precarias, su salud se va deteriorando, su higiene personal y la de la vivienda dejan cada vez más que desear. El trabajador social ha realizado varias visitas, ha conseguido que la mujer acceda a recibir algunos servicios que pueden ayudarla: comida a domicilio y ayuda a domicilio una vez por semana. En ocasiones, la mujer le ha hablado de su preocupación por lo que le va a ocurrir a su hijo cuando ella falte, dice que lleva sin salir de su habitación 20 años. Indago más sobre este aspecto, el trabajador social no parece querer saber mucho más, seguramente es un delirio de la anciana, dice, en las visitas que ha realizado no ha visto ni oído nada, aunque es verdad que hay una habitación&nbsp; que siempre está cerrada. Ante esta duda ha decidido pasar por alto el comentario de la mujer. Le animo a que lo tome en serio, le pregunte más y, por qué no, en su momento, llamar a la puerta de esa habitación. Ante sus resistencias, sugiero la posibilidad de que otro profesional le apoye, él opina que la psicóloga que trabaja en un proyecto para mayores podría ayudarle. Van realizando visitas periódicas al domicilio, algunas solos, otras juntos. Cada vez se va haciendo más evidente la existencia del hijo. Un día se atreven a llamar a la puerta de la habitación, el hijo responde. Efectivamente, C. lleva 20 años encerrado en el cuarto, sólo sale a las horas de las comidas para comer con su madre. Cuenta que tras el servicio militar, perdió el trabajo y cayó en una depresión y decidió que no merecía la pena salir de su habitación. Su vida transcurre escuchando la radio y leyendo periódicos gratuitos que le trae la madre. Tiene el DNI caducado, no tiene cobertura sanitaria, no tiene ningún ingreso económico, aunque podría acceder a ellos, no quiere. Al trabajador social y a la psicóloga les llama la atención que de los comentarios de C. se deduce que ha estado atento a todas las conversaciones que habían tenido con su madre en visitas anteriores. Continúan las visitas. En ocasiones, logran hablar con él a través de la puerta, otras no contesta, sólo en una ocasión&nbsp; logran hablar con él cara a cara. C. insiste en no querer que nada cambie. Decidimos continuar así la intervención sin forzar a que C. acepte nada que no quiera. Finalmente un día nos llaman del&nbsp; SAMUR, la anciana ha fallecido, el hijo les ha dado el teléfono de nuestro Centro y les ha pedido que se pongan en contacto con el trabajador social, “él sabe lo que hay que hacer”. Se ha instalado la transferencia que permitirá a C. plantearse qué hacer tras la muerte de su madre que de hecho impide que todo siga igual.</p>



<p>3.- EVITAR UN PASAJE AL ACTO</p>



<p>Viene a mi despacho una trabajadora social muy angustiada a contar la situación crítica que le transmite J., muy agresivo, en la entrevista que acaba de tener. Todo es muy confuso. J. afirma que le quieren echar de su casa injustamente, que le ha llegado una orden de desahucio, pero que detrás hay intereses ocultos de la empresa que está rehabilitando el edificio, si le intentan echar hará explotar el edificio con una bombona de gas y un encendedor, si no le ayudamos, también vendrá a por nosotros, sale gritando de la entrevista. J. y su compañera S. llevan un tiempo siendo usuarios&nbsp; del centro. J. pasó varios años en prisión por causar la muerte de una persona en una pelea, son continuos los altercados en los que se ve involucrado con médicos, con policías, con vecinos, con extraños, existiendo diversos procedimientos judiciales en curso relacionados con él. S. está diagnosticada de esquizofrenia y ha pasado temporadas en centros psiquiátricos cuando vivía con su familia con la que ya no tiene relación. Ella suele ser una acompañante silenciosa de él, si sale sola, a veces se pierde y tarda algunos días en aparecer o ser encontrada por J. Él quiere cuidarla, pero en ocasiones no puede con ella y amenaza con abandonarla. Viven en una casa que, según J., estaba alquilada por su madre y él se había subrogado, si bien no pagan alquiler. Ambos son pacientes del Centro de Salud Mental, donde hay un rechazo explícito hacia él y se considera que sería bueno que ella se separara. ¿Qué hacer?, nos preguntamos. Primero urge entender cuál es la realidad de la inminencia del desahucio y de otras posibles medidas judiciales. Decidimos asumir el lugar de mediadores entre “la ley” y estos sujetos. Poco a poco vamos desmarañando la madeja, efectivamente existe una sentencia de desahucio, la madre de J. dejó hace años de pagar ese piso y J nunca se subrogó, de hecho en el texto de la sentencia se resalta que la madre renuncia a que su hijo siga viviendo en esa casa. J. no lo quiere ver y se suceden, día sí, día no, encuentros con él y con los papeles. Decidimos atenderles cada vez que vienen al hacernos cargo de la precariedad subjetiva y real de estas dos personas y la necesidad de cuidar la transferencia con ellos como única vía para hacer algo. La dinámica del propio caso ha ido pidiendo que tanto yo como una educadora también les atendamos. Unas veces les vemos 5 minutos en la sala de espera, otras más tiempo en&nbsp; el despacho, unas veces les ve la trabajadora social, otras la educadora, otras yo, según las circunstancias. El discurso de J., con cierta apariencia de formalidad jurídica, es inconsistente, pero impermeable a nuestros razonamientos. Mientras esperamos a que nos digan la fecha del desahucio desde el juzgado, se producen dos medidas judiciales más que reavivan la paranoia de J., se incapacita a S. que queda bajo la tutela de la Agencia Madrileña de Tutela de Adultos y a raíz de una pelea en la calle, J. tiene que presentarse cada 15 días en los Juzgados. Ante estos cambios, apoyándonos en la transferencia ya establecida con la trabajadora social, con la educadora, con la directora y, por extensión, con toda la institución, mediamos para que se contengan las reacciones de J, quien sigue amenazando periódicamente con volar el edificio si le intentan echar de su casa. En una visita nos enseña dónde ha colocado la bombona y dónde tiene el encendedor para hacerla estallar. Vamos dando por hecho que se van a tener que ir de la casa y vamos hablando con ellos de dónde vivir cuando esto suceda. Les ofrecemos una habitación en una pensión, mientras J. imagina otras soluciones: irse a vivir a un pueblo o comprar una caravana. Ya con la fecha del desahucio intentamos que se trasladen antes a la habitación, pero no resulta posible, sólo conseguimos que lleve unas cuantas bolsas. Acordamos que el traslado a la pensión se hará el mismo día del desalojo. Este día con casi una docena de personas extrañas presentes (agentes judiciales, dueña del piso y sus abogados, policías municipales, SAMUR SOCIAL, cerrajeros, camión del Depósito Municipal de Muebles) los momentos de tensión se suceden, la mediación de la educadora y mía se hace constantemente necesaria. J. continúa con sus amenazas, pero la transferencia está establecida y puede decir: “Sólo quiero hablar con E. y L. de Servicios Sociales, que me estoy poniendo nervioso”. Llega un momento en que se hace necesario parar, tras conversar con la agente judicial, accede a demorarlo al día siguiente. Ese día finalmente se pudo realizar el traslado de ambos y de sus enseres más necesarios a la habitación de la pensión desde donde se continúa la intervención. Sólo la orientación que nos da el psicoanálisis permite ofrecer con firmeza este lugar transferencial y mediador a estas personas, aceptando sus estructuras psíquicas y buscando los medios para encontrar otros caminos posibles distintos al pasaje al acto.</p>



<p>4.- REGULAR INVASIONES DE GOCE</p>



<p>El trabajador social pide ayuda para decidir qué hacer ante la llamada que acaba de recibir desde la pensión donde A. se aloja. Esta persona lleva varios días sin salir de la habitación. Al parecer A. se cayó, se hizo daño en una cadera, fue al hospital y allí le dieron el alta, cuando llegó a&nbsp; la habitación se tumbó en la cama, puso la televisión y no ha vuelto a salir. Cuando la dueña le pregunta por la puerta dice que no se puede mover. Hace unos meses A. acudió a nuestro servicio traído por el SAMUR SOCIAL, había sido expulsado de la pensión en la que vivía por impago. A. es cubano, tiene 80 años, lleva muchos años en España, ha sido periodista y en los últimos tiempos había sobrevivido vendiendo objetos variopintos por las casas. Al irse deteriorando su estado físico por la edad, utiliza muletas para andar, sus ingresos se habían reducido y, por ello, había dejado de pagar la pensión. En ese momento se le ofrece la posibilidad de ir a una residencia, pero A. no&nbsp; quiere, cree que va a poder seguir sosteniéndose con la venta de objetos a domicilio, si nosotros le ayudamos con el pago de la pensión. Acordamos hacerlo así. En sucesivas entrevistas, A. presenta una imagen ideal de sí mismo en el pasado como periodista. Acompaña el relato de varias fotocopias de artículos en periódicos no conocidos en los que aparece nombrado. Esta imagen contrasta con la precariedad y el aislamiento en el que vive actualmente. Cuando se le ofrecen vías para ir mejorando su situación (arreglar sus papeles, buscar algún tipo de ingreso económico, buscar cobertura sanitaria), A. insiste en que él lo hará solo, ya que conoce a gente en la embajada. Por el contrario, a medida que pasa el tiempo no sólo no se soluciona ninguno de los problemas, sino que su estado va empeorando. A pesar del deseo del trabajador social por seguir creyendo en esta imagen ideal del sujeto, resulta cada vez más evidente que A. se está dejando caer. Dentro de este marco, su repentina imposibilidad para moverse parece tener otros determinantes además de los meramente físicos. Decidimos realizar ambos una visita a la pensión. Allí nos encontramos a A. en una extraña postura, el tronco apoyado en la cama y las piernas en el suelo, había intentado pasar de estar tumbado a estar sentado y no había podido hacerlo, llevaba varios días en esta postura, primero había comido algo que tenía a mano, había orinado en un brik vacío, pero finalmente había dejado de comer, de beber y se había orinado encima. A. sólo quiere que le dejemos en paz. La situación es insostenible. A pesar de sus reticencias y tras corroborar con el SAMUR que su estado físico no permite un ingreso en el hospital, decidimos llevarle temporalmente a una residencia. Le hacemos saber que no vamos a permitir que siga en ese estado y que, cuando se recupere, podrá volver a la pensión si lo desea. En ocasiones, el director se ve obligado a tomar decisiones que paren las invasiones de goce de forma abrupta y que den la oportunidad al sujeto de retomar el camino desde otro punto, o al menos de morir dignamente.</p>



<h2 class="wp-block-heading">IV.- CONCLUSIÓN</h2>



<p>Ser director de un Centro de Servicios Sociales orientado por el psicoanálisis implica, pues, una doble apuesta:</p>



<ol class="wp-block-list"><li>Apostar, a pesar de todo, por una institución que ofrece un lugar al que recurrir cuando todo falla para los sujetos a los que apenas les queda otro lazo social al que asirse.</li><li>Apostar por la posibilidad del uso del discurso psicoanalítico para orientar el quehacer de una institución con las personas que allí demandan ayuda, acompañada por la responsabilidad de dar cuenta de las razones y de los efectos de este uso ante la comunidad analítica.</li></ol>



<p>A partir de esta doble apuesta se busca contribuir a un funcionamiento menos perverso de la institución, ayudar a que los profesionales puedan hacerse cargo de su práctica sin forzar a los sujetos a adaptarse a los ideales de bienestar a los que ellos mismos se ven sometidos por las exigencias sociales. Desde aquí se podrá ofrecer a cada persona que acude a Servicios Sociales la oportunidad de encontrar un arreglo singular que le permita seguir adelante.</p>



<h2 class="wp-block-heading">V.- BIBLIOGRAFÍA&nbsp; Y REFERENCIAS</h2>



<p>ALEMÁN, Jorge.- “Derivas sobre Inserción/Desinserción”, conferencia dictada en febrero de 2009 en la sede de Madrid de la ELP dentro del ciclo “Hacia PIPOL 4”.</p>



<p>BASSOLS, Miquel.- “La pasión del superyó” en Freudiana nº 29, agosto-noviembre 2000. BAUMAN, Zygmunt.- “La sociedad individualizada”, Madrid, Cátedra, 2001.</p>



<p>BELAGA, Guillermo A.- “El psicoanalista aplicado en el Hospital. Salud Mental e instituciones” en <a href="http://www.wapol.org/es">www.wapol.org/es.</a></p>



<p>BRIGNONI, Susana y ESEBBAG, Graciela.- “Algunas reflexiones sobre Salud Mental y Educación”&nbsp; en Revista de Educación Social nº 3, diciembre, 2004.</p>



<p>BRIGNONI, Susana y ESEBBAG, Graciela.- “¿Qué tratamiento para el sujeto desamparado?” en El Observatorio Psi nº 24/07.</p>



<p>CASTELL, Rosa.- “Conceptos del psicoanálisis: el semblante”, 16 de diciembre de 2008 en el Seminario del pase de la sede de Barcelona de la ELP, <a href="http://www.cdcelp.org/ensenyanzas">www.cdcelp.org/ensenyanzas.</a></p>



<p>COCCOZ, Vilma.- “Modalidades del acto y estrategias de la transferencia” en <a href="http://www.nucep.com/">www.nucep.com</a> LACAN, Jacques.- “Seminario 7: La ética del psicoanálisis”, Barcelona, Paidós, 2003.</p>



<p>LACAN, Jacques.- “La dirección de la cura y los principios de su poder” (1958) en Escritos II, México, Siglo XXI editores, 2003.</p>



<p>LACAN, Jacques.- “Seminario 17: El reverso del psicoanálisis”, Buenos Aires, Paidós, 2008. LAURENT, Eric.- “Usos actuales posibles e imposibles del psicoanálisis” en Colofón, nº 24, Granada, 2004, p. 7-12.</p>



<p>LAURENT, Eric.- “El psicoanálisis es una práctica” en La Brújula- Semanario digital de la comunidad madrileña de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, nº 67, 2006.</p>



<p>LAURENT, Eric.- “La felicidad o la causa del goce”, conferencia de clausura de las VI Jornadas de la ELP, Madrid, 2007.</p>



<p>MILLER, Jacques- Alain.- “Psicoanálisis puro, psicoanálisis aplicado y psicoterapia” en <a href="http://www/">www.</a> walpol.org/ es.</p>



<p>MILLER, Jacques-Alain.- “Política lacaniana”, Buenos Aires, Colección Diva, 1999.</p>



<p>MILLER, Jacques-Alain.- “Hacia PIPOL 4”; intervención en las Jornadas PIPOL 3, julio de 2007; http//ri2009. champfreudien.org/index.php?nav=286.</p>



<p>MILLER, Jacques- Alain.- “Cosas de finura en psicoanálisis 1”, 12 de noviembre de 2008 en www.elp- debates.com.</p>



<p>MILLER, Jacques- Alain.- “Cosas de finura en psicoanálisis 2”, 19 de noviembre de 2008 en www.elp- debates.com.</p>



<p>VICENS, Antoni.- “Conceptos del psicoanálisis: el semblante”, 16 de diciembre de 2008 en el Seminario del pase de la sede de Barcelona de la ELP, <a href="http://www.cdcelp.org/ensenyanzas">www.cdcelp.org/ensenyanzas.</a></p>



<p>ŽIŽEK, Slavoj.-“Arriesgar lo imposible: Conversaciones con Glyn Daly”, Madrid, Trotta, 2006.</p>



<p>MILLER, Jacques-Alain.- “Hacia PIPOL 4”; intervención en las Jornadas PIPOL 3, julio de 2007; http//ri2009. champfreudien.org/index.php?nav=286, p. 2.</p>



<p>MILLER, Jacques- Alain.- “Cosas de finura en psicoanálisis 1”, 12 de noviembre de 2008 en www.elp- debates.com, p. 4.</p>



<p>MILLER, Jacques-Alain.- “Hacia PIPOL 4”; intervención en las Jornadas PIPOL 3, julio de 2007; http//ri2009. champfreudien.org/index.php?nav=286, p. 2.</p>



<p>ALEMÁN, Jorge.- “Derivas sobre Inserción/Desinserción”, conferencia dictada en febrero de 2009 en la sede de Madrid de la ELP dentro del ciclo “Hacia PIPOL 4”.</p>



<p>MILLER, Jacques-Alain.- “Hacia PIPOL 4”; intervención en las Jornadas PIPOL 3, julio de 2007; http//ri2009. champfreudien.org/index.php?nav=286, p. 3.</p>



<p>BRIGNONI, Susana y ESEBBAG, Graciela.- “Algunas reflexiones sobre Salud Mental y Educación”&nbsp; en Revista de Educación Social nº 3, diciembre, 2004.</p>



<p>BRIGNONI, Susana y ESEBBAG, Graciela.- “¿Qué tratamiento para el sujeto desamparado?” en El Observatorio Psi nº 24/07, 2007.</p>



<p>BRIGNONI, Susana y ESEBBAG, Graciela.- “¿Qué tratamiento para el sujeto desamparado?” en&nbsp;&nbsp; El</p>



<p>Observatorio Psi nº 24/07, 2007, p. 1.</p>



<p>LACAN, Jacques.- “Seminario 7: La ética del psicoanálisis”, Barcelona, Paidós, 2003, p. 348.</p>



<p>LAURENT, Eric.- “La felicidad o la causa del goce”, conferencia de clausura de las VI Jornadas de la ELP, Madrid, 2007.</p>



<p>LAURENT, Eric.- “Usos actuales posibles e imposibles del psicoanálisis” en Colofón, nº 24, Granada, 2004, p. 7.</p>



<p>Ibid, p.7.</p>



<p>LAURENT, Eric.- “El psicoanálisis es una práctica” en La Brújula- Semanario digital de la comunidad madrileña de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis, nº 67, 2006.</p>



<p>BAUMAN, Zygmunt.- “La sociedad individualizada”, Madrid, Cátedra, 2001, p. 97.</p>



<p>ŽIŽEK, Slavoj.-“Arriesgar lo imposible: Conversaciones con Glyn Daly”, Madrid, Trotta, 2006, p.155. Ibid., p.119.</p>



<p>MILLER, Jacques-Alain.- “Política lacaniana”, Buenos Aires, Colección Diva, 1999, p.94. Ibid., p.94-5.</p>



<p>Ibid., p. 104.</p>



<p>MILLER, Jacques-Alain.- “Hacia PIPOL 4”; intervención en las Jornadas PIPOL 3, julio de 2007; http//ri2009. champfreudien.org/index.php?nav=286, p. 2.</p>



<p>LACAN, Jacques.- “Seminario 17: El reverso del psicoanálisis”, Buenos Aires, Paidós, 2008, p. 104.</p>



<p>LACAN, Jacques.- “La dirección de la cura y los principios de su poder” (1958) en Escritos II, México, Siglo XXI editores, 2003, p. 595.</p>



<p>Ibid., p. 594.</p>



<p>MILLER, Jacques-Alain.- “Hacia PIPOL 4”; intervención en las Jornadas PIPOL 3, julio de 2007; http//ri2009. champfreudien.org/index.php?nav=286, p. 3.</p>



<p>BELAGA, Guillermo A.- “El psicoanalista aplicado en el Hospital. Salud Mental e instituciones” en <a href="http://www.wapol.org/es">www.wapol.org/es.,</a> p. 2.</p>



<p>Ibid., p. 2.</p>



<p>BASSOLS, Miquel.- “La pasión del superyó” en Freudiana nº 29, agosto-noviembre 2000, p. 64.</p>



<p>MILLER, Jacques- Alain.- “Cosas de finura en psicoanálisis 2”, 19 de noviembre de 2008, p.3, en <a href="http://www.elp-debates.com/">www.elp-debates.com.</a></p>



<p>Ibid., p. 3.</p>



<p>Ibid., p. 3</p>



<p>MILLER, Jacques- Alain.- “Cosas de finura en psicoanálisis 1”, 12 de noviembre de 2008, en <a href="http://www.elp-debates.com/">www.elp-debates.com,</a> p. 9.</p>



<p>Ibid., p. 9.</p>



<p>Ibid., p.10.</p>



<p>COCCOZ, Vilma.- “Modalidades del acto y estrategias de la transferencia” en <a href="http://www.nucep.com/">www.nucep.com,</a> p.1.</p>



<p>MILLER, Jacques-Alain.- “Hacia PIPOL 4”; intervención en las Jornadas PIPOL 3, julio de 2007; http//ri2009. champfreudien.org/index.php?nav=286, p. 2.</p>



<p>MILLER, Jacques- Alain.- “Psicoanálisis puro, psicoanálisis aplicado y psicoterapia” en <a href="http://www/">www.</a> walpol.org/ es, p. 3-7.</p>



<p>LACAN, Jacques.- “La dirección de la cura y los principios de su poder” (1958) en Escritos II, México, Siglo XXI editores, 2003, p. 567.</p>



<p>MILLER, Jacques-Alain.- “Política lacaniana”, Buenos Aires, Colección Diva, 1999, p. 102.</p>



<p>MILLER, Jacques-Alain.- “Hacia PIPOL 4”; intervención en las Jornadas PIPOL 3, julio de 2007; http//ri2009. champfreudien.org/index.php?nav=286, p. 2.</p>



<p>Ibid., p.3</p>



<p>LACAN, Jacques.- “La dirección de la cura y los principios de su poder” (1958) en Escritos II, México, Siglo XXI editores, 2003, p. 567.</p>



<p>CASTELL, Rosa.- “Conceptos del psicoanálisis: el semblante”, 16 de diciembre de 2008 en el Seminario del pase de la sede de Barcelona de la ELP, <a href="http://www.cdcelp.org/ensenyanzas">www.cdcelp.org/ensenyanzas.</a></p>



<p>VICENS, Antoni.- “Conceptos del psicoanálisis: el semblante”, 16 de diciembre de 2008 en el Seminario del pase de la sede de Barcelona de la ELP, <a href="http://www.cdcelp.org/ensenyanzas">www.cdcelp.org/ensenyanzas.</a></p>



<p>LACAN, Jacques.- “La dirección de la cura y los principios de su poder” (1958) en Escritos II, México, Siglo XXI editores, 2003, p. 566.</p>
<p>La entrada <a href="https://nucep.com/publicaciones/dirigir-un-centro-de-servicios-sociales-un-uso-posible-del-psicoanalisis/">Dirigir un centro de Servicios Sociales: un uso posible del Psicoanálisis</a> aparece primero en <a href="https://nucep.com">Sección Clínica de Madrid (Nucep). Estudiar psicoanálisis en Madrid España.</a>.</p>
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