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	<title>Joaquín Caretti - Sección Clínica de Madrid (Nucep). Estudiar psicoanálisis en Madrid España.</title>
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	<description>Formación en Psicoanálisis Lacaniano Madrid España. Instituto del Campo Freudiano. Centro de estudios de psicoanálisis en Madrid. Estudiar psicoanálisis en Madrid. Cursos de psicoanálisis lacaniano.</description>
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	<title>Joaquín Caretti - Sección Clínica de Madrid (Nucep). Estudiar psicoanálisis en Madrid España.</title>
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		<title>Comienzos de análisis: las entrevistas preliminares</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Joaquín Caretti]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 May 2021 14:41:35 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>En este segundo debate nos interesa interrogar el comienzo de un análisis. ¿Cuándo comienza? ¿Cómo comienza? ¿Puede hacer algo el analista para favorecer su inicio? ¿Hay alguna diferencia entre el comienzo de un análisis y la entrada en el mismo? ¿Cuál sería? ¿Cuál es la función de las llamadas entrevistas preliminares? Hay una multiplicidad de [&#8230;]</p>
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<p>En este segundo debate nos interesa interrogar el comienzo de un análisis. ¿Cuándo comienza? ¿Cómo comienza? ¿Puede hacer algo el analista para favorecer su inicio? ¿Hay alguna diferencia entre el comienzo de un análisis y la entrada en el mismo? ¿Cuál sería? ¿Cuál es la función de las llamadas entrevistas preliminares?</p>



<p>Hay una multiplicidad de formas de comienzo, sin embargo, estas se acompañan de algo que es una constante. Dicha constante, que constatamos cada vez, es que el sujeto se ha visto tocado por un malestar que supera su propia capacidad de respuesta, habitual o nueva, y que se ha convertido en un enigma para él. El sujeto ha experimentado el encuentro con lo real, ciertamente molesto o inquietante, que opera como una piedra en el zapato o como una conmoción -algo que no va- y que lo lleva a levantar el teléfono y hacer una demanda a quien supone que lo puede ayudar. La demanda se sostiene entonces en un síntoma que se pondrá en palabras durante las entrevistas. Podemos decir que un análisis comienza cuando el malestar, el síntoma, se convierte en una pregunta sin respuesta para el sujeto y este supone que alguien debe de saber sobre lo que le pasa: se instala el sujeto supuesto saber, lo que llamamos la transferencia.</p>



<p>El sujeto se dirige al analista porque le supone a este, o al propio psicoanálisis, un saber sobre lo que le pasa. Es decir, que la transferencia precede a la llamada. El sinsentido de su malestar podrá ser dilucidado por el analista quien le dirá el sentido ausente de sus síntomas. Pero el saber sobre su malestar no lo tiene el analista, sino que habita como un saber no sabido en el inconsciente del sujeto. La operación de la transferencia es una transferencia de saber, de dicho saber no sabido, sobre el analista, transferencia que emergerá específicamente sobre un analista. Este, valiéndose de esta transferencia, le dará todo el lugar al saber del inconsciente y al goce que encierra. Un inconsciente que, como planteó Jacques-Alain Miller, ya ha hecho su interpretación.</p>



<p>Las primeras entrevistas con el analista, las que se ha dado en llamar preliminares, son en realidad segundas con respecto a una transferencia ya presente. Podemos decir que estas entrevistas se pueden dar por la transferencia previa con un sujeto supuesto saber (psicoanálisis, un amigo que lo deriva, con el analista…). En dichas entrevistas el síntoma se va a poner en palabras y tal como lo señala Lacan en el seminario de La Angustia y posteriormente Jacques-Alain Miller en Sutilezas analíticas, el síntoma va a pasar de un estado amorfo, lo amorfo mental, a cobrar una forma. ¿Qué quiere decir esto?&nbsp; Quiere decir que el sujeto le va a contar a otro sus pensamientos más íntimos, pensamientos que lo molestan, que lo angustian, a los cuales no termina de poder darles un sentido, o le hablará de sus síntomas físicos, o de algún mal encuentro, o de dificultades del lazo social, o de problemas con la pareja, o… Todo esto que viene sin forma, sin estar hilado, gracias a contarlo en las sesiones irá cobrando la forma de un discurso. También se puede dar el caso contrario donde la forma del dicho esté tan consolidada, tan ordenada, que no es posible penetrar en ella: es un texto sin fisuras. Entonces, será necesario molestar la forma para que el discurso se fisure y la enunciación del sujeto se haga presente. En las entrevistas se vivirá una verdadera transformación, una mutación, de algo que era amorfo a un discurso dirigido al analista, lo cual producirá muchas revelaciones. Jacques-Alain Miller lo dice del siguiente modo:</p>



<p>“Un análisis que comienza se desarrolla en un atmósfera de revelación. No empieza entonces necesariamente cuando se emprende un proceso de encuentros regulares sino a partir del momento en que el sujeto hace el esfuerzo de trasladar el acontecimiento del pensamiento a la palabra. Así, el análisis se desarrolla, regularmente si me permiten, como un fuego artificial de revelaciones.” &nbsp;</p>



<p>Nos preguntábamos qué puede hacer el analista para empujar en esta dirección. Estas entrevistas son la oportunidad de escuchar los significantes primordiales del sujeto y hacer una operación de ruptura entre esos significantes primordiales y el saber que se ha consolidado alrededor de él. Se trata de ir aislando a estos significantes amos de la cadena conocida de explicaciones que lo enmarcan, desmontar la cadena del sentido: S1//S2. Dejarlo solo para que pueda soltar algo de la satisfacción que lo habita, de la marca de goce, que es la causa de la repetición. Podríamos decir que es una operación de desconcierto del sujeto que lo quitará del discurso habitual para introducirlo en el enigma de su propio inconsciente. Se produce un verdadero franqueamiento. Hay un antes y un después en el hecho de demandar un análisis.</p>



<p>Es interesante plantearse cómo reconoce el analista a estos significantes especiales de entre el enjambre de palabras, cómo los detecta. Son palabras que se muestran anudadas a un sufrimiento y que desvelan una modalidad singular de relación con el Otro. Esto es lo que orientará al analista.</p>



<p>Tengamos en cuenta que en las entrevistas lo que opera al comienzo es la pregunta: ¿qué quiere decir eso? Es una pregunta por el sentido ausente del síntoma, pero al analista también lo orienta desde el inicio otra pregunta: ¿qué goza ahí?</p>



<p>Tanto Freud como Lacan van a asignar un lugar central a las entrevistas preliminares. Así Freud en “Sobre la iniciación del tratamiento” (1913) va a señalar que son un período de prueba con una motivación diagnóstica donde se va a discriminar quién puede hacer un psicoanálisis y quién no. Es decir, con qué paciente va a mantener una promesa de curación y con cuál no. Ahora bien, va a sostener que este período de prueba ya es el comienzo del psicoanálisis y debe obedecer a sus reglas diferenciándose en que en dichas entrevistas se lo hace hablar al paciente sin interpretar más que lo indispensable, más de lo preciso para que aquel siga hablando y, como decíamos, el síntoma se ponga en forma.</p>



<p>Por su parte Lacan en el seminario 19 va a decir: “Todos saben -muchos lo ignoran- la insistencia que pongo ante quienes me piden consejo sobre las entrevistas preliminares en el análisis. Eso tiene una función para el analista, por supuesto esencial. No hay entrada posible en análisis sin entrevistas preliminares”&nbsp;</p>



<p>Se escucha que Lacan pone a las entrevistas como condición de entrada en análisis: sin ellas no habría posibilidad de analizarse. Sería un paso que no se podría saltar. Es preciso el trabajo de las entrevistas para entrar en un análisis. Algo tiene que suceder en las mismas como para que se den las condiciones necesarias. Por lo tanto, no existe una línea continua entre dichas entrevistas y el análisis propiamente dicho.</p>



<p>Este dispositivo que Freud propuso y que Lacan lo llevó a la categoría de esencial va a valorar la posibilidad del sujeto de sostener la apuesta analítica. Podríamos decir que es el tiempo donde se investiga si el sujeto se hace responsable de su malestar o no, es el lugar donde se van a construir las vías que lleven a esta responsabilidad. Es el tiempo donde se verifica o no la disposición subjetiva a acceder al saber inconsciente y la posibilidad de responder a la demanda de asociar libremente, condiciones necesarias para lanzar el dispositivo analítico. Son el campo preparatorio de un posible análisis.</p>



<p>En ellas el analista va a interrogar lo que es evidente, lo que es obvio, mostrando desde el inicio la diferencia que hay entre hablar con cualquiera y hacerlo con un analista. Este no da nada por supuesto, no acepta la complicidad imaginaria sobre el sentido del dicho, sino que apunta a que los dichos pueden querer decir otra cosa que lo que aparentan. En el análisis no se da por sentado nada. La propia pregunta instala al inconsciente y apunta a la división subjetiva marcando la diferencia entre el enunciado y la enunciación: “Dice esto, pero ¿qué quiere decir con ello?” Rompe, como decíamos, el lazo entre el S1 y el S2.</p>



<p>La interrogación es hija del malentendido y hace volver al sujeto sobre su propio texto, a escucharse y a interrogarse sobre lo que dijo. Esto favorecería la emergencia de la transferencia sobre el analista como depositario del sujeto supuesto saber y va señalando que lo que el sujeto dice puede tener un sentido diferente o un sentido simplemente. En la Introducción al método psicoanalítico Jacques-Alain Miller lo dice así: “Sólo es posible convencer al paciente de nuestra capacidad de entender introduciendo el malentendido”.&nbsp;</p>



<p>Hay que señalar que la interrogación no es un mero recurso técnico que se transmitiría a los futuros analistas como un “deben interrogar lo evidente pues esto favorece la instalación de la transferencia” sino que dicha necesidad interrogativa tiene un sostén ético ya que el analista no sabe nada del sujeto que lo viene a consultar ni comprende los textos del paciente; el analista rechaza radicalmente la comprensión como forma de abordar el dicho. Hay dos peligros que señala Lacan: uno es no ser lo bastante curiosos y el otro es el de comprender, pues comprendemos siempre demasiado. Afirma que: “(…) las puertas de la comprensión analítica se abren en base a un cierto rechazo de la comprensión”&nbsp;</p>



<p>El analista suspende su saber teórico, pues este no le sirve para saber a priori y de modo universal lo que al paciente le aqueja, no lo encaja en una categoría. Esta posición de ignorancia no implica que el analista no sabe, sino que se coloca en una posición de ignorancia que espera lo nuevo que va a ocurrir. Suspende su saber. Es el analista el que introduce la ignorancia en las EP -ignorancia del sujeto sobre lo que le pasa- al introducir como polo la búsqueda de la verdad. Pero aclara Lacan que esta ignorancia del sujeto en realidad no es una verdadera ignorancia, sino que habría que precisarla como un verdadero desconocimiento constituido en el proceso de la&nbsp;<em>Verneinung</em>&nbsp;(El “no es mi madre” que relata Freud en su texto La negación de 1925), ya que desconocimiento no es ignorancia pues implica un cierto conocimiento de lo que se tiene que desconocer.</p>



<p>Por otra parte, es importante señalar que en las entrevistas emerge la abstención por parte del analista del juicio, tanto moral como pragmático. Ni valorar moralmente lo que el paciente hace ni decirle lo que hay que hacer para mejorar su vida o para que se consigan efectos analíticos. La regla analítica -la asociación libre- quita al superyó de la escena e instala otro, el propiamente analítico, que implica la exigencia de decir toda la verdad y muestra que el discurso analítico es un discurso que no es como los demás.</p>



<p>Joaquín Caretti</p>



<p>Intervención en el debate “Comienzos de análisis” celebrado online el 25 de septiembre 2020.</p>



<hr class="wp-block-separator"/>



<ol class="wp-block-list"><li>Lacan Jacques.&nbsp;<em>La angustia</em>. Seminario X. Paidós. Buenos Aires. 2006. P. 62</li><li>Miller Jacques-Alain.&nbsp;<em>Sutilezas analíticas</em>. Paidós. Buenos Aires. 2011. P. 111</li><li>Ibídem. P 114</li><li>Lacan Jacques.&nbsp;<em>Los escritos técnicos de Freud</em>. Paidós. Buenos Aires. P. 120</li><li>Freud, Sigmund<em>. La negación</em>&nbsp;(1925). Obras Completas. Volumen XIX. Amorrortu Editores. Buenos Aires. 2011</li></ol>
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		<title>La declinación del padre</title>
		<link>https://nucep.com/publicaciones/la-declinacion-del-padre/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Joaquín Caretti]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 14 Apr 2005 18:34:00 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Intervención realizada en el curso de Psicoanálisis y Pensamiento Contemporáneo el 14 de abril de 2005 La declinación del padre es una afirmación ampliamente comentada y teorizada por los psicoanalistas que siguen la enseñanza de Lacan. Esto entronca con lo que hemos conversado en la reunión anterior sobre el lugar que ocupa la religión para [&#8230;]</p>
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<p><strong>Intervención realizada en el curso de Psicoanálisis y Pensamiento Contemporáneo el 14 de abril de 2005</strong></p>



<p>La declinación del padre es una afirmación ampliamente comentada y teorizada por los psicoanalistas que siguen la enseñanza de Lacan. Esto entronca con lo que hemos conversado en la reunión anterior sobre el lugar que ocupa la religión para los hombres articulándolo con el pensamiento de Freud acerca del porvenir de la ilusión de un Dios-Padre al que habría que amar y que respondería con sentido a los enigmas de la existencia. Se remarcó el ascenso de lo religioso en el contexto del declive de lo paterno y el hecho de que Freud, queriendo sacar a Dios, lo reintroduciría bajo la forma del padre del Edipo.</p>



<p>Lo que suscitó estas notas fue el significante “declinación del padre”. ¿A qué se refiere, qué describe esta declinación, cuál es la singularidad epocal a la que se alude?</p>



<p>¿Realmente hay una declinación del padre? ¿De qué padre?</p>



<p>Tiene una cierta oportunidad esta discusión, una gracia, pensar sobre la declinación del padre luego de lo que hemos vivido la semana pasada a raíz de la muerte del Papa. Decía el portavoz al dar la noticia de su muerte a la humanidad: “El Santo Padre ya ha entrado en la Casa del Padre” y la masa respondía “Santo subito”. ¿Declive del Padre?</p>



<p>Voy a hacer un recorrido sobre algunas cuestiones que nos pueden ayudar a pensar lo que hoy nos convoca.</p>



<p>Lacan en 1938 escribe “La familia” y hablando del complejo de Edipo va a decir:</p>



<p>“El resorte más decisivo de sus efectos psíquicos, en efecto, se origina en el hecho de que la imago del padre concentra en sí la función de represión con la de sublimación; pero se trata, en ese caso, de una determinación social, la de la familia paternalista.”1</p>



<p>Como saben la imago sería la representación inconsciente del padre. Ya aquí parece esbozarse una crítica a la posición freudiana con relación a pensar al padre como aquel que prohibiría el goce reprimiendo los deseos incestuosos del hijo. Pareciera que Lacan va a situar esta posición represiva no como inherente a la función paterna sino como una posición dada al padre por la familia patriarcal. Más adelante en un apartado titulado “Declinación de la imago paterna” sostendrá:</p>



<p>“que el rol de la imago paterna puede ser observado en forma notable en la formación de la mayor parte de los grandes hombres” 2</p>



<p>y aclarará que no es de los que lamenta un supuesto debilitamiento del vínculo familiar. Pero si que:</p>



<p>“Un gran número de efectos psicológicos, sin embargo, están referidos, en nuestra opinión, a una declinación social de la imago paterna. Declinación condicionada por el retorno al individuo de efectos extremos del progreso social, declinación que se observa principalmente en la actualidad en las colectividades más alteradas por estos efectos: concentración económica, catástrofes políticas [&#8230;] Cualquiera que sea el futuro, esta declinación constituye una crisis psicológica. Quizá la aparición misma del psicoanálisis deba relacionarse con esta crisis”3</p>



<p>y lo relaciona con el melting-pot de las formas familiares más diversas en que estaba convertida Viena en ese momento histórico como escenario propicio para que Freud imaginara el complejo de Edipo.</p>



<p>Finalmente va a sostener que las neurosis o la gran neurosis contemporánea tiene su determinación principal en la personalidad del padre, carente siempre de algún modo, ausente, humillada, dividida, postiza.</p>



<p>Es interesante pensar que el psicoanálisis surja en el momento en que la familia patriarcal hace aguas; cuando la figura del padre, amo de su familia -el pater familias- comienza a ser cuestionada. Esta caída se sitúa en estrecha relación con la emergencia de un discurso que rompe los lazos sociales por sus efectos de concentración económica y catástrofes políticas. El padre declinaba a fines del siglo XIX y gracias a eso Freud inventa el psicoanálisis, lo cual nos hace deudores de este declinar: caridad de Freud al mostrar a los hombres el lugar del padre en el inconsciente. En el momento de su declinar se alumbra qué función tiene la instancia paterna para la constitución subjetiva, cómo su ley hace a la diferencia sexual y a la transmisión generacional, cómo el orden simbólico depende de su operación, cómo su poder lo es de separación. Declinar en la cultura del pater familias y transferencia al inconsciente de la ley del padre abriendo la posibilidad de la emergencia de una subjetividad más lúcida.</p>



<p>Lo va a señalar Michel Foucault en “La Voluntad de Saber”:</p>



<p>“Es el honor político del psicoanálisis [&#8230;] haber sospechado lo que podía haber de irreparablemente proliferante en esos mecanismos de poder que pretendían controlar y administrar lo cotidiano de la sexualidad: de ahí el esfuerzo freudiano [&#8230;] para poner la ley como principio de la sexualidad: la ley de la alianza, de la consanguinidad prohibida, del Padre-Soberano, en suma para invocar en torno al deseo todo el antiguo orden del poder” 4</p>



<p>Lacan, siguiendo la huella de Freud, va a tomar el complejo de Edipo realizando un pasaje de la función mítica de este a lo que de estructural tiene la función del padre. Si al principio sigue a Freud en la función de prohibición que el padre tendría, es en el seminario 17 donde se va a desmarcar definitivamente del padre prohibidor iluminando las contradicciones de Freud en la construcción del complejo -un sueño de Freud lo llamará- remarcando la diferente función del asesinato del padre en Edipo y en Tótem y Tabú –payasada darwiniana dirá del padre de la horda. Si en uno es preciso matar al padre para acceder al goce, en el otro es el asesinato del padre el que prohibe el goce e instaura el amor al mismo. De cualquier manera lo que queda señalado es que, en los dos casos, la subjetividad se juega alrededor del goce. La diferencia es el lugar asignado al padre con relación al goce. Así mismo va a criticar a Freud por no haber seguido las enseñanzas de la histeria que mostraban que detrás del padre idealizado estaba el padre castrado, es decir deseante.</p>



<p>“¿Qué es lo que se trata de disimular? Que cuando se entra en el campo del discurso del amo [&#8230;] el padre está castrado desde el origen.” 5</p>



<p>Al plantear Freud, gracias al mito del padre de la horda, que es a partir de su asesinato que los hermanos instaurarán la ley y amarán al padre muerto, la homología con la religión es evidente. Esto llevará a Lacan a señalarlo como un impasse para el psicoanálisis ya que lo dejaría detenido en la presencia en el inconsciente de un padre omnipotente, prohibidor e instaurador de la ley al que es preciso hacerle sacrificios para ganar su amor, sacrificio de goce o renuncias pulsionales. Al querer ir más allá de la religión con el psicoanálisis Freud reintroduce al Dios-Padre en el inconsciente</p>



<p>Así en “Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci” dirá:</p>



<p>“ El psicoanálisis nos ha mostrado el íntimo nexo entre el complejo paterno y la fe en Dios; nos ha enseñado que, psicológicamente, el Dios personal no es otra cosa que un padre enaltecido, y todos los días nos hace ver cómo ciertos jóvenes pierden la fe religiosa tan pronto como la autoridad del padre se quiebra en ellos. En el complejo parental discernimos, pues, la raíz de la necesidad religiosa” 6</p>



<p>En su primera época Lacan planteará que la función del padre es unir el deseo a la ley, haciendo de&nbsp; la ley la generación del deseo al prohibirlo. Se articulan ley y deseo en una dialéctica que favorece el deseo. Pero en este seminario va a aliviar al padre de esta función ya que la castración quedará situada en la propia acción del significante que produciría una pacificación del goce. Sería la propia articulación del discurso, como discurso del amo, lo que situaría al goce anudado con el significante. El padre sería el agente de esta operación:</p>



<p>“El padre real es el agente de la castración”7</p>



<p>Lo cual sitúa una diferencia entre el S1 y el padre, en tanto agente de este significante amo. Marco esta diferencia porque quizá nos sirva para pensar el tema que nos ocupa hoy que es el declive del padre.</p>



<p>A este padre, agente de la castración, le será atribuida la prohibición, ya que es la forma de imaginarizar la función de agente de una operación que se produce naturalmente por la introducción del lenguaje en el sujeto. El esfuerzo de Lacan en este seminario es el de desmarcar al padre de este lugar en el cual Freud lo había dejado y situarlo como operador estructural y al mismo tiempo como deseante.</p>



<p>Esto ya estaba presente en su texto de “La familia” cuando al contrario que Freud va a situar en la declinación de la imago paterna la causa de las neurosis y no en la función prohibidora del padre. No sólo no desaparecerían las neurosis con el declive del padre sino que surgiría una neurosis universal. Para pensar esta declinación de la función paterna en la cultura actual -con el efecto de nuevas formas del síntoma- habría que tratar de pensar en la diferencia que existe entre una función estructural paterna y el lugar que le corresponde al padre del hijo. Si bien Lacan mostró siempre la operatividad del padre bajo la forma del significante del Nombre del Padre en la metáfora paterna o el padre destacado como excepción a la función fálica o más tarde como lo que anuda los anillos en el nudo borromeo como cuarto nudo o bajo la forma del nombre de nombre de nombre, también le dio un lugar al padre que responde al nombre de tal, es decir que el padre precisa de una encarnación.</p>



<p>Quería tomar dos frases del seminario RSI donde me parece que Lacan sitúa estos dos lugares del padre que nos permitirán aclarar o debatir este declive.</p>



<p>Por un lado va a situar al Nombre del Padre en su función radical que es:</p>



<p>“dar un nombre a las cosas con todas las consecuencias que esto entraña y particularmente hasta en el gozar”8</p>



<p>y va a sostener que:</p>



<p>“L’hommoinzin Dios, el verdadero de verdad, es Él –E mayúscula- el que enseñó al parlêtre a hacer nombre para cada cosa. Elno incauto del Nombre de Nombre de Nombre del padre, el no incauto yerra: sin eso, ¡eternidad para la indecisión¡”9</p>



<p>También en el prefacio a El despertar de la primavera de Wedwkind en septiembre de 1974, va a decir:</p>



<p>“Pero el Padre tiene tantos (nombres) que no hay Uno que le convenga, salvo el de Nombre de Nombre de Nombre” 10</p>



<p>Habría que pensar si en este nombre de nombre de nombre más allá de lo que implica de articulación de los tres registros -su solidaridad e intrincación: real, simbólico e imaginario- Lacan no está planteando, como sugiere Eric Porge, que el Nombre del padre sería</p>



<p>“el nombre al que responde, sin identificarse, aquel que nombrado por la madre, nombra”.11 Quedarían así articulados el Nombre del Padre y el padre encarnado.</p>



<p>Por otra parte en la clase del 21 de enero de 1975, Lacan va a decir que.</p>



<p>“Un padre no tiene derecho al respeto, si no al amor más que si el dicho, el dicho amor, el dicho respeto está père-versement orientado, es decir hace de una mujer objeto a minúscula que causa su deseo [&#8230;] De lo que ella se ocupa es de otros objetos a minúscula, que son los hijos, junto a los cuales el padre sin embargo interviene, excepcionalmente en el buen caso – para mantener en la represión [&#8230;] la versión que le es propia por su perversión, única garantía de su función de padre la cual es la función del síntoma [&#8230;] como tal. Para eso allí es suficiente que sea modelo de la función. Eso es lo que debe hacer el padre en tanto que no puede ser más que excepción [&#8230;] Poco importa que tenga síntomas si añade a ellos el de la perversión paterna, es decir que su causa sea una mujer que él se haya conseguido para hacerle hijos y que a estos, lo quiera o no, les brinde un cuidado paternal.”12</p>



<p>Se escucha como -al igual que al final del seminario de la angustia donde dirá que el padre es&nbsp; aquel que sabe a qué a se refiere su deseo al igual que el analista- sitúa Lacan al padre en función de la causa. Sólo de esta manera ganará el respeto y si acaso el amor al orientar père-versamente su deseo en función de una mujer, no su ideal sino su causa13, que una mujer lo causa como para&nbsp; hacer de ella la madre de sus hijos. De esta manera transmitirá la castración al hijo, al ser modelo de la función de padre. Ya no más el padre universal como ideal sino el padre singular que compromete su subjetividad en la diferencia. Es decir que el padre sería aquel que se ha comprometido con el goce de una mujer, lo cual abre la dimensión del más allá del Edipo que tendría que ver con el abordaje del no-todo fálico. Más allá del Edipo se encuentra el goce femenino. Si Freud nos dejó en&nbsp; el tener o no tener el falo, Lacan abre la categoría de lo que escapa al significante fálico y que tiene que ver con la dimensión de lo femenino.</p>



<p>Si el padre transmite la castración, transmite su propia castración.</p>



<p>Si la castración proviene del lenguaje y no del padre -ya que este sería su agente- entonces el declive del padre deberá estar presidido por un declive de la castración que ejerce el lenguaje: así pierde fuerza el discurso del amo y la gana el discurso capitalista como una forma de rechazo de la castración que ejerce el lenguaje. El S1 ya no castra..</p>



<p>Más que declive del padre lo que existe es un desencadenamiento de la técnica articulada al discurso capitalista, como plantean J. Alemán y S. Larriera en su libro “El inconsciente: existencia y diferencia sexual” quienes hacen hincapié también en la palabra respeto:</p>



<p>“Si hubiera que señalar de un modo inmediato aquello que Lacan vaticinaba hace décadas atrás, se formularía del siguiente modo: la imbricación del mercado capitalista con la correspondiente expulsión de la subjetividad efectuada por la ciencia, lo que finalmente concluye en la “Técnica”, realiza un movimiento que no respeta a nada ni a nadie [&#8230;] El desencadenamiento de la Técnica y su imbricación con el mercado capitalista constituyen un “rechazo de la castración”; el Discurso Capitalista realiza un “movimiento circular”, donde la Voluntad consigue reunir al sujeto con el goce&nbsp; del objeto, sin los límites ni la distancia simbólica que la castración impone. Es la razón misma de&nbsp; este movimiento la que extingue el respeto.” 14</p>



<p>La consecuencia de este discurso sería el declive del padre o más bien este declive sería una apariencia, una atribución, una vez más, al padre de algo que tiene que ver con el discurso y que de alguna manera reinstala una nostalgia por este semblante.</p>



<p>Creo que habría que pensar en la desaparición de la imposibilidad que instaura el discurso capitalista como la generadora de las nuevas patologías más que en el declive del padre. En todo caso este declive tendría que ver con el todo es posible del capitalismo. Al ser rechazada la castración el&nbsp; agente de la misma no puede operar. Lacan fue el que promulgo la declinación del padre edípico en su esfuerzo por hacer de él una función estructural y pasar del nombre del padre a los nombres del padre dejando esta función a cualquier significante que en el sujeto hiciera de nudo: apostó por una declinación gramatical.</p>



<p>Así plantea que:</p>



<p>“Suponer el Nombre-del-Padre esto es Dios. Es en eso que el psicoanálisis, de tener éxito, prueba que el Nombre-del-Padre, se puede también prescindir de él. Se puede muy bien prescindir de él a condición de servirse de él.” 15</p>



<p>Si es posible, entonces, prescindir del padre a condición de hacer uso de él, habría que hacer el&nbsp; duelo por el ideal del padre y usar de la función paterna -aquella que implica jugársela en la diferencia sexual- para ir más allá de ella: un más allá que implica el encuentro con el goce femenino, la no-relación sexual. ¿No es esto lo que plantea Miller cuando dice que esta es</p>



<p>“una época confrontada con un imposible que es la verdad de la prohibición, en que la hiancia intrínseca al goce ya no se oculta detrás del padre”?16</p>



<p>¿Será posible un lazo donde el padre descanse de su posición de ideal?</p>



<p>¿Volverá a ocupar el significante amo su lugar?</p>



<p>¿Esto implica que ha caído la función estructurante y colectiva del paratodos y la excepción y que</p>



<p>habría que volver a ella?</p>



<p>¿Si cae el ideal y se promociona el plus de goce, habría que volver al ideal? El padre del Edipo ha declinado, pero ¿es ese el que nos interesa?</p>



<p>¿No habría que agradecerle a Lacan este declinar?</p>



<p>¿Qué sucede con el padre deseante en este momento histórico?</p>



<p>¿No juega y sugiere Lacan en su seminario RSI con la idea de que sería posible un anudamiento del nudo borromeo sin la necesidad del Edipo, pero que todos, incluso él, no están aún preparados?</p>



<p></p>



<p>*Declinación: 1. Acción o efecto de declinar (decaer, disminuir) 2. (Gramática) Posibilidad que existe para ciertas palabras de adoptar distintas formas para los distintos casos. Serie de esas formas para cierta palabra.</p>



<p>Jacques Lacan, La familia, Argonauta, Barcelona, 1982, p. 84. </p>



<p>2 Ibid., p.92.</p>



<p>3 Ibid., p.93.</p>



<p>4 M. Foucault, Historia de la sexualidad, 1. La voluntad de saber, Siglo XXI, España, 1980, p. 182 </p>



<p>5 Jacques Lacan, El Seminario, libro 17: El reverso del psicoanálisis, Paidós, Buenos Aires, 1992, p. 106 </p>



<p>6 Sigmund Freud, Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci, Amorrortu , Buenos Aires, 1976, T XI, p. 115 </p>



<p>7 Jacques Lacan, op. cit., p.132</p>



<p>8 Jacques Lacan, RSI, 11 de marzo de 1975,inédito. </p>



<p>9 Ibid , 11 de marzo de 1975, inédito.</p>



<p>10 Jacques Lacan, “Preface” de F. Wedwkind, L’éveil du printemps, Gallimard, Paris, 1974.</p>



<p>11 E. Porge, Los nombres del padre en Jacques Lacan, Nueva Visión, Buenos Aires, 1998, p. 183. </p>



<p>12  Jacques Lacan, RSI, 21 de enero de 1975, inédito.</p>



<p>13 E. Laurent, Puede el neurótico prescindir del padre, en Del Edipo a la sexuación, Paidós, Buenos Aires, 2001, p.80-81</p>



<p>14 J. Alemán y S. Larriera, El inconsciente: existencia y diferencia sexual, Síntesis, Madrid, 2001, p. 70-71 </p>



<p>15 Jacques Lacan, Le Sinthome, lección del 16 de marzo de 1976, inédito</p>



<p>16 J. A. Miller, La lógica del gran hombre, Freudiana nº 41, Barcelona, p. 32.</p>
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