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	<title>Marta Davidovich - Sección Clínica de Madrid (Nucep). Estudiar psicoanálisis en Madrid España.</title>
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	<description>Formación en Psicoanálisis Lacaniano Madrid España. Instituto del Campo Freudiano. Centro de estudios de psicoanálisis en Madrid. Estudiar psicoanálisis en Madrid. Cursos de psicoanálisis lacaniano.</description>
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	<title>Marta Davidovich - Sección Clínica de Madrid (Nucep). Estudiar psicoanálisis en Madrid España.</title>
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		<title>Una solución: narrador del yo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marta Davidovich]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Sep 2012 18:45:06 +0000</pubDate>
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<p>En el estudio sobre el texto de André Gide, Lacan trabaja las relaciones del hombre y la letra, explora la instancia de la letra en el inconsciente y de qué modo el deseo es correlativo con una letra o carta que falta. Exploración de la escritura y del arte que surgirá en los últimos Seminarios de Lacan con motivo del Síntoma.</p>
<p>Si nos interesa el texto de Gide en la clínica es justamente porque existe un peso del Yo en su obra. Su narración duplica su vida en primer persona. Gide individualista a ultranza, es un narrador del Yo, de la autobiografía, de la indagación de su propia persona, buscando incansablemente su propia naturaleza. La escritura en máscaras es su estilo. «Lo que me inquieta, dice Gide, es sentir la vida (mi vida) separarse de mi obra y mi obra separarse de mi vida. Mis gustos, mis sentimientos, mis experiencias personales, cubren todos mis escritos». «No conozco lo suficiente la vida de los demás para escribir una novela y yo mismo no he vivido aún». «A veces me parece que escribir impide vivir».</p>
<p>Esa Spaltung o división del Yo, es aquí el fenómeno específico. Lacan caracteriza esta división del Yo en “La Lógica del Fantasma” entre un sujeto dividido por el significante y un objeto <strong>a</strong>. Pero debemos recalcar que el Yo dividido no es el sujeto. El sujeto es lo que permite a Freud conceptualizar el Sujeto del Inconsciente. El Yo está escindido entre la inconsistencia del Otro S (A tachado) y una significación del goce que lo aliena s (A).</p>
<p>En sus narraciones la ficción no consigue enmascarar sus confidencias, aún cuando ellas sean pura ficción. Pero el asunto de Gide es ser deseado. Hay gente, dice Lacan, a quien le faltó eso en la primera infancia. La solución gideana es escribir permanentemente de sí, del yo, escenificando en múltiples desdoblamientos su vida, escritura destinada a un Otro a quién quiere completar, complementar a un destinatario que se releva en su madre, en Jean Delay, en Madeleine, en el Otro de la literatura. Gide vive su vida desde el punto de vista del que será escrita, «No escribo para divertirme. La satisfacción que encuentro escribiendo es superior a lo que podría encontrar viviendo«.</p>
<p>Pero obtener un objeto complementario del sujeto tiene una imposibilidad lógica, en tanto el Otro, lugar de la <em>Uverdrangung</em>, de la represión primaria, no puede responder a la demanda y da paso al S (<strong>A tachado</strong>), lugar de la castración. El Otro del significante es desierto de goce, con el goce del Otro no es posible identificarse. La identificación es posible con el deseo del Otro.</p>
<p>Lacan retomando de Leonardo la idea de las dos madres, plantea que el deseo de la madre de Gide no captura la función fálica, produciendo una sustracción simbólica. Su madre no simboliza su deseo por el falo. Por ello siempre el deseo es mortífero para Gide y su identificación con su ser de muerte.</p>
<p>He tomado un fragmento del texto, <em>Isabel</em>, en el que podemos leer la disociación entre el amor y el deseo, clave de la construcción lacaniana del caso.</p>
<p>Isabel es la crítica de Gide a una determinada forma de imaginación romántica, en la que narra la historia de un amor idealizado que sucumbe ante la confrontación con la realidad.</p>
<p>La acción se desarrolla en un castillo ruinoso en el que el protagonista quiere desvelar el misterio que rodea a la enigmática Isabel. Se enamora de la imagen de una miniatura enmascarada que tiene la «más angelical de las bellezas», y quiere saber quién es Isabel, «nombre que primero le disgusta», «pero que empieza a revestir elegancia, que se impregna de un encanto clandestino». «Como yo ignoraba el amor, me figuraba que amaba y me escuchaba con complacencia, feliz de estar enamorado».</p>
<p>Dando un paseo se guarece de una tormenta en un pabellón abandonado, destartalado. Tiene sobre sí con qué escribir y «como su correspondencia no está al día», «pretende demostrarse a sí mismo que no es más fácil llenar una hora que llenar un día». «Pero su pensamiento lo lleva incesantemente a su inquietud amorosa». Dice: «si supiera que cualquier día reaparecería por este lugar incendiaría estos muros con declaraciones apasionadas» … «Y lentamente me iba empapando una dolorosa contrariedad, cargada de lágrimas». «Como un niño perdido, lloré». «La palabra ‘contrariedad’ es débil para expresar estas aflicciones intolerables que me invadían en otro tiempo». «De pronto el fondo del alma destila un vapor negruzco que se interpone entre el deseo y la vida».</p>
<p>Saca una navaja para quitar punta al lápiz, la hoja de sus cuaderno sigue en blanco, e intenta grabar su nombre sobre un panel, «sin convicción, pero porque sabía que los transidos del amor acostumbran a hacerlo, la madera podrida cedía en todo momento, en vez de una letra lograba un agujero». «Con los trozos de madera cayó un sobre al suelo, sucio, mohoso, había tomado el color del muro». «No me sorprendió que estuviera allí, ¿qué hacía allí esta carta? Estaba firmada por Isabel. Es una carta de amor dirigida a su amante, muerto hace catorce años y que él descubre».</p>
<p>Gide quiere desvelar el misterio que rodea a la enigmática Isabel. Se enamora de una imagen a quien viste con su ideal de mujer, el ángel, sin sexualidad. En esta identificación encontramos la duplicidad del semejante ya que el ideal de ángel es, el de la madre de Gide hacia él. Isabel como Madeleine lleva esa condición de amor sobreimpuesta, «ángel del amor y bestia del deseo». Tiene también Isabel como todos los objetos de amor de Gide un rasgo de cadáver en su desdoblamiento. Siempre el objeto de amor y su fantasma de muerte se acompañan. El objeto lleva sobre sí la sombra de un objeto muerto.</p>
<p>Isabel es un significante que pasa, igual que el significante fálico, del rechazo a la clandestinidad. Clandestinidad que es la solución imaginaria de Gide, su relación con los jóvenes golfos que se opone al Uno del Amor. Aquí se positiviza el deseo en tanto lo múltiple de los jóvenes a quienes les ha faltado el amor, son susceptibles de deseo.</p>
<p>Su pregunta aquí no es ¿qué quiere una mujer? sino ¿qué es el amor? Su relación al amor no está articulada como dependencia del amor sino como demanda de amor, como presencia-ausencia, en disyunción con el deseo. Su deseo es clandestino, allí aparece el niño Gide, mortificado, llorando, excluido de la relación con el semejante, se hace escuchar la voz de la muerte, «vapor negruzco», su temblor desde el fondo del ser, ese <em>Schaudern</em>, estremecimiento, que lleva a decir «Yo no soy como los otros». Y allí donde aparece el vacío, Gide se propone escribir, escritura que le vuelve a retornar a un vacío, que es donde coloca la carta o la letra que falta, el <strong>a</strong>. Es en las cartas donde Gide puso su alma, su goce. Allí donde aparece el <strong>a</strong>, Gide pone la carta y este es su uso fetichista de la letra. El <strong>a</strong> del fantasma puede aplicarse sobre el sujeto dividido, ese <strong>a</strong> que toca a lo Real del Yo. Ese <strong>a</strong> que toca Madeleine en su acto y que deja en él un efecto. «Ya nunca volverá a ser el mismo», sólo quedará de él ese «Yo mutilado, que sólo ofrece en el ardido lugar del corazón, un hueco…».</p>
<p>Marta Davidovich</p>
<p>Enero 1995</p>
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		<title>Palabra y silencio en el psicoanálisis</title>
		<link>https://nucep.com/publicaciones/palabra-y-silencio-en-el-psicoanalisis/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marta Davidovich]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Sep 2012 18:44:10 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<h4>El silencio del otro como mentira</h4>
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<p><strong>1. INTRODUCCIÓN</strong></p>
<p>El siglo XX ha sido el escenario de un proceso importante en lo que concierne a las mujeres, habiendo quedado cuestionadas las maneras tradicionales de la vida social. Durante mucho tiempo ser madre y esposa habían sido los únicos destinos para la mujer. En su elogio a la mujer, Kierkegaard, criticaba que a las mujeres se les hubiese prohibido tomar la palabra en público.</p>
<p>Freud, tantas veces acusado de misoginia, cuando no de machismo pequeño burgués, no pretendía haber resuelto la cuestión de ¿qué quiere una mujer?.</p>
<p>El psicoanálisis nos enseña que por mucho que las mujeres de hoy avancen en su lucha social, no por ello se responde a la pregunta sobre la diferencia sexual. El enigma de la femineidad, deja abierta la pregunta y a falta de poder decir qué es una mujer, el psicoanálisis puede examinar, según Freud, los caminos por los que una niña puede llegar a convertirse en mujer.</p>
<p>El enigma de la feminidad se plantea para Freud como concepción del sexo femenino como Otro y como una dificultad de identificación con el propio sexo. Dentro del marco de la cura Freud hablará luego del rechazo de la feminidad válido para los sujetos de ambos sexos, rechazo que proviene de la primacía del falo. De allí un sexo se caracteriza por un tener, siempre amenazado por la castración y el otro, por la privación de ese tener.</p>
<p>Lacan denomina mujer a aquellos sujetos que han elegido no situarse enteramente dentro de los limites de la función fálica. Quienes lo experimentan dice Lacan, nada pueden decir de él, lo denominará goce suplementario.</p>
<p><strong>2. MOTIVO DE CONSULTA</strong></p>
<p>Rosa llega a la consulta porque quiere resolver una cuestión que le vuelve una y otra vez a su pensamiento. Se ha enterado que la mujer de su hermano ha dicho que no quiere tener hijos. Está indignada y rabiosa contra su cuñada y no entiende para qué se casó con su hermano. Ella esperaba que tuvieran bebés y no entiende que dos quieran estar juntos si no es para tener hijos. Afirma que todas las mujeres se casan para hacer una familia. Relatará durante el primer periodo de entrevistas, las relaciones de las mujeres con sus hijos y sus maridos. Ella siempre queda excluida de esa posibilidad, pues nunca ha tenido una pareja para pensar en estas cosas.</p>
<p><strong>3. SU HISTORIA</strong></p>
<p>Rosa acaba de cumplir 40 años y desplegará en las entrevistas preliminares las contingencias de su historia. Comienza hablando de su padre, que muere cuando ella tiene 16 años. Es un hombre mayor al casarse con su madre. Es un hombre acomodado de su pueblo, perteneciendo su madre a una familia modesta de un pueblo vecino. Supone que para su madre no ha sido un matrimonio por amor y que su padre se caso al morir su propia madre, con quien vivió hasta los 50 años. Lo describe como un hombre silencioso del que nunca supo mucho. Sospechó que detrás del silencio lo que se ocultaba es una mentira. Nunca pudo saber de que mentira se trataba. Tampoco su madre habla de él. Siempre sintió vergüenza de que fuera un hombre de pueblo, poco refinado y poco culto.</p>
<p>En su infancia, inventaba excusas para que sus amigas no fueran a su casa y así no tener que presentarlo. Se inventaba historias que relataba convencida de su veracidad. Justifica su mentira con un “si me mienten, miento».</p>
<p>A los tres años nace su único hermano, cuida de él desde los ocho años, pues su padre enferma y pasa largas temporadas hospitalizado. En este tiempo su madre comienza a trabajar en un comercio instalado en el bajo de su vivienda, ya que teme que con la enfermedad que invalida a su marido no pueda sostenerse adecuadamente la economía familiar.</p>
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<p>Dos meses antes de su nacimiento, sus padres dejan el pueblo y se trasladan a la ciudad donde vive Rosa hasta los 23 años. Relata una infancia muy triste. La enfermedad del padre, la ausencia de la madre por motivos de trabajo y las familias tanto materna como paterna viviendo en el pueblo. Los únicos tiempos que recuerda con alegría, son las vacaciones de verano que pasaba en casa de unos tíos en el pueblo, donde convive con la familia materna. Allí si se siente querida, tiene muy buena relación con una prima de su edad y no tiene que estar con su hermano, que se queda con los padres.</p>
<p>Rosa dice que su único refugio fue el estudio y la lectura, le gustaba dibujar, escribir, e ir al colegio, le hace olvidar su vida familiar tan poco grata. Recuerda su juego predilecto, tiene una casa en un patio, en la que se construía pequeños muebles de viejas maderas y en la que siempre estaba sola.</p>
<p>Al tiempo de morir su padre, termina sus estudios secundarios y su madre le pide que trabaje con ella, para poder costear sin dificultad la carrera universitaria que tendrá que realizar su hermano en pocos años. Rosa dice a su madre que ella también quiere estudiar. Su madre dice que no se encuentra en condiciones de costear sus estudios, ni de llevar el negocio sola.</p>
<p>Antonia entonces decide solicitar una beca para sus estudios universitarios. Trabaja durante el día y estudia por las noches, a los 23 años termina su licenciatura en economía. Rosa piensa que en ausencia de su padre ella debía realizar las tareas que él desempeñaba y creía que era esto lo que su madre le demandaba.</p>
<p>De su hermano ha sido siempre celosa, siempre lo han querido más que a ella. Su madre lo adora, lo cuida y siempre las mejores cosas en su casa fueron para él, desde las comidas hasta su habitación. Para él hay proyectos, su madre siempre dijo lo que espera de él: que estudiara, que tenga un buen trabajo, que ganara dinero, que se casara y que tuviera hijos.</p>
<p>Para ella siempre lo que primó fue el silencio. Ni cuando tuvo su primera regla a los 15 años su madre le habló. No recuerda que su madre hubiera dicho nunca nada de lo que quiere para ella. A veces le augura un final de vida muy triste, por estar sola como ella. Piensa que no es lo mismo, ella ha elegido estar sola, su madre no.</p>
<p>Cuando termina su carrera Rosa encuentra un trabajo con un sueldo digno, que le permite salir de su vida familiar y del trabajo con su madre.En el trabajo le va bien, y para seguir mejorando en él debe trasladarse por periodos de tiempo a diversas ciudades de la geografía española y europea. Actualmente es una directora responsable en una empresa.</p>
<p>Dice que toda su vida esta dedicada al trabajo. Trabaja muchas horas diarias y no le queda mucho tiempo para pensar en otras cosas. Tiene muchas amigas y amigos, tiene una extensa vida social. Le gusta el arte y suele asistir con frecuencia a exposiciones y presentaciones artísticas de la ciudad y del extranjero. Le gusta viajar y conocer otras culturas.</p>
<p>Sin embargo Rosa reconoce que nunca tuvo mucha suerte en las cuestiones del amor. Un primer novio a los 18 años, que la deja sin darle explicaciones. Ella estuvo muy enamorada. La relación duró cinco meses. Otro novio a los 21 años que ella abandona pues supone que no la quiere y la iba a dejar en cualquier momento.</p>
<p><strong>4. LA INTERRUPCION DE LAS ENTREVISTAS</strong></p>
<p>Antonia no quiere hablar de su relación con los hombres Ni tampoco demasiado de su historia. Dice que no quiere deprimirse ni ponerse triste. Su única pregunta ¿qué quiere una mujer con un hombre si no le pide hijos?.</p>
<p>Encuentra una respuesta: puede querer el dinero de un hombre y decide advertir a su hermano de esta posibilidad. Le convence para que haga una separación de bienes. Los bienes a los que se refiere son los que ha dejado su padre. La horroriza que su cuñada pueda quedarse con algo de lo que su padre les ha dejado a los dos hijos. Su hermano accede a ordenar los bienes familiares Rosa se tranquiliza y deja de preocuparse por ellos.</p>
<p>Llevamos seis meses de entrevistas, con una frecuencia de dos veces por semana. Se aproxima el tiempo de vacaciones y anticipa su marcha. Decide que llamará a la vuelta del verano, cosa que no realiza.</p>
<p><strong>5. EL SILENCIO Y LA PESADILLA</strong></p>
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<div class="column">
<p>Rosa regresa a sus entrevistas, después de Navidades. Se disculpa por no haber llamado después de las vacaciones. Estuvo con mucho trabajo y ha viajado varias veces al extranjero.<br />
En realidad es mentira, dice rápidamente, me encontraba bien y no tuve ganas de volver.<br />
Sin embargo una pesadilla se le ha repetido tres veces en este tiempo. Relata lo siguiente: baja de un autobús, y debe dirigirse a su trabajo. Varios caminos se bifurcan, ella elige uno, ve el edificio al que se dirige. Cuando llega el edificio ha desaparecido. Vuelve al punto desde donde comenzó el trayecto y vuelve a tomar el mismo camino. Se despierta muy angustiada.</p>
<p>Lo que más le angustia es la repetición, se pregunta como puede ser que sabiendo que ese es un mal camino vuelve a elegirlo una y otra vez.<br />
Es a partir de esta pesadilla que Antonia podrá comenzar a hablar de los hombres y de su sexualidad.</p>
<p>Relata su primera relación sexual con su segundo novio a los 21 años. Se acuesta con él, cuando ya ha tomado la decisión de separarse.<br />
Volverá a tener relaciones sexuales con un hombre cuando se encuentra fuera de su lugar de residencia habitual, donde la separación no será dificultosa. Son relaciones esporádicas, que no la conflictúan.</p>
<p>Ella sabe que las relaciones suelen terminar mal, a ella siempre la dejan, no va a volver a pasar por esta experiencia. Prefiere estar sola, que sufrir. Ya ha sufrido bastante. Nunca se ha vuelto a enamorar y así está muy bien. Ella no tiene tiempo para pensar en relaciones duraderas. Rosa suele cambiarse el nombre, la edad, no suele decir quien es, y muchas veces a pedido a un hombre que no le hable durante el acto sexual.</p>
<p><strong>6. LA PALABRA DE AMOR</strong></p>
<p>Un sueño pondrá a trabajar su deseo. Se encuentra en una estación de tren. Tiene pocos minutos para llegar al andén. Se encuentra con un hombre que la besa, se alegra de encontrarla y le dice cosas bonitas. Ella se empieza a poner nerviosa. Teme perder el tren, allí le esperan su prima y sus tres hijos para ir de vacaciones a la playa. Mira el reloj que anuncia la salida de los trenes y ve que aun le queda tiempo. Se despierta.</p>
<p>La sujeto se interroga por su deseo. Relaciona el tren con la vida y particularmente con la vida fecunda de una mujer. Puede interrogarse por su deseo de un hijo y se pregunta si a ella le gustaría formar una familia y si aun tendrá tiempo para ello.<br />
Lo que más le sorprende del sueño es la palabra de amor.</p>
<p>Comenzará a hablar de su envidia a su hermano y de cómo se ha esforzado durante años en vengarse de su madre, que siempre ha despreciado su capacidad de resolver situaciones y que nunca la ha reconocido, valorando mas a su hermano que a ella.<br />
Retomará la cuestión de su trabajo, y como esto ha suplido otras carencias en su vida. Se siente reconocida. Sabe que a veces hace verdaderos esfuerzos pero puede hacerlos por no encontrarse con los dramas del amor.</p>
<p>En su trabajo pesa la responsabilidad y el esfuerzo, esto no le falta nunca a ella. Desde pequeña fue responsable y esforzada en sus estudios, tenía la ilusión de que de esta manera sería reconocida por sus padres. No sabe que hubiera querido su padre y está convencida que a su madre no le preocupaban sus estudios.</p>
<p>En cambio si sabe de su su lucha por las reinvidicaciones femeninas y la justicia distributiva. Reconoce su dificultad para enlazar las cuestiones de la sexualidad con las cuestiones del amor. Sin embargo este sujeto se ha contentado con la inhibición: si no sé esta a la altura, mejor abstenerse.</p>
<p><strong>7. UN HOMBRE PARA TENER HIJOS</strong></p>
<p>Una interpretación del analista conmoverá al sujeto.<br />
Hablando de la decepción que sentirá su madre al enterarse que su hermano no tendrá hijos, le muestro la paradoja que supone que su madre espere hijos de un hombre como su hermano y no de una mujer como ella.<br />
Se interrogará sobre el deseo materno y si no habrá algo de mentira en su construcción.<br />
El encuentro con un nuevo hombre, le permitirá hacer un nuevo recorrido sobre las condiciones del deseo, algo de su goce sexual puede unirse al amor.<br />
Encuentra un hombre separado, con una hija de 14 años, un padre que no sabe que hacer con su hija. Podrá a través de esta relación confrontarse con su padre ideal, y reconocer la imperfección de su padre.</p>
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<p>Esto la llevara a un cambio en su posición. Dará valor a la palabra de amor, dirá que por primera vez puede hablar con un hombre. No necesitará inventarse historias para estar con él. Ella ya no es silenciosa.</p>
<p><strong>8. PARA CONCLUIR</strong></p>
<p>Si su cuñada rechaza el falo que su hermano puede dar a una mujer y dice que no quiere un niño, algo se moviliza para Rosa, algo que no entra en su universo fálico, algo se descompleta que la llena de rabia. Su demanda inicial es la pregunta histérica, qué quiere la Otra mujer.<br />
Sin embargo, el sujeto no busca interrogar su posición subjetiva. Busca un analista para tranquilizar su rabia y para encontrar una respuesta que haga cambiar a la Otra mujer.</p>
<p>Encontrará una respuesta sustitutiva. La ecuación simbólica se resuelve, transitoriamente con la sustitución de falo-niño por falo-dinero.<br />
Esta repuesta tranquiliza al sujeto, y decide marcharse en silencio.<br />
Un silencio prolongado durante cinco meses, le hara retornar a las entrevistas, con una formación del inconsciente, que permite al sujeto interrogarse y buscar un sentido. El sujeto esperaba la llamada del analista, el silencio del analista permite la instalación del sujeto supuesto saber y su entrada en análisis. Un nuevo camino se abrirá para ella. Hay una interrogación por la repetición, por el silencio de la pulsión. El sujeto se angustia y podrá poner al trabajo la disociación goce sexual- palabra de amor.</p>
<p>La cura analítica revela al sujeto femenino hasta que punto su goce depende no solo del lenguaje por el lado del falo y el fantasma, sino que también se sustenta en el bien decir de la palabra de amor, para acceder al Otro.<br />
Mas allá de la pregunta histérica de la femineidad, que la conduce al análisis, una de las razones por las que retorna a sus sesiones, mas allá del desciframiento inconsciente, es que el amor no escapa allí como lo hace en otros lugares. Para este sujeto el encuentro sexual se realiza con hombres reducidos a significantes intercambiables, el silencio y la mentira son su condición.</p>
<p>Rosa esta convencida de sus elecciones, cree que ha elegido lo que hoy es una vida envidiada por muchas mujeres de su entorno, Rosa ha dado un valor a su vida, que la aleja de la solterona descrita por Freud. Lo que no sabe es que su elección es una elección neurótica. Lo que el analisis podrá.</p>
<p>En el edipo freudiano la mujer ama a un sustituto paterno o materno, para tener de él un hijo-falo y eventualmente extraer de la relación con este hombre efectos de deseo y de goce.<br />
No es lo que encuentra nuestra sujeto que goza por un lado y desea o goza del otro.<br />
Para Freud una mujer es una mujer en pareja con un hombre. Definir a una mujer sola es para Freud, un avatar del pennisneid, renuncia que se produce en la infancia, renuncia anterior al encuentro sexual con un hombre, renuncia ligada a la masturbación. Esta determinación cortocicuita el encuentro amoroso con un hombre. Freud encuentra en la mujer sola, la fijación al padre.</p>
<p>Sin embargo no podemos excluir en este caso lo que plantea Lacan, que el fantasma se consolida en el encuentro con el Otro sexo. Lo traumático para este sujeto es la desaparición y el silencio de su primer partenaire que fija su posición subjetiva y su fantasma.<br />
Esta mujer sola es una respuesta a la no relación sexual, es un síntoma, organizado por el horror a la castración.</p>
<p><strong>Marta Davidovich</strong></p>
<p>Madrid, octubre, 2000.</p>
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		<title>Terminaciones de análisis. 3 preguntas a Marta Davidovich</title>
		<link>https://nucep.com/publicaciones/3-preguntas-marta-davidovich/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marta Davidovich]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 05 Mar 2011 09:25:44 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="page" title="Page 43">
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<div class="column">
<h3>Conversación Clínica del ICF 2011</h3>
<p><a href="https://www.redicf.net/textos/3p_XIconver_ICF.pdf">Texto original aquí</a></p>
<p><strong>1) Recientemente, hace ya más de un año, hubo un viraje con respecto a la política de la escuela que llevó al cierre de los CPCT&#8217;s. Se contrapuso en dicho viraje, una necesidad de retomar el interés por el pase. En su opinión, ¿a qué se debe esta contraposición, en qué sentido apunta el poner en primer lugar el testimonio de un psicoanálisis puro, llevado a término, y en segundo lugar a las experiencias del psicoanálisis aplicado?</strong></p>
<p>La Escuela Lacaniana de Psicoanálisis del Campo Freudiano se sostiene en la tarea de trasmisión del psicoanálisis. Promoverlo y desarrollarlo son sus fines. Para continuar con esta tarea que requiere cada vez más de analistas bien orientados y con el desafío de no retroceder para generar entusiasmo en los más jóvenes.</p>
<p>Jacques-Alain Miller manifestó que la sorpresa por el papel exitoso de los CPCT les hizo pensar que funcionaban como una Escuela en si misma.</p>
<p>La preocupación por la formación de los nuevos analistas ha sido el motor del cierre de la experiencia de los CPCT en coyuntura con las dificultades de su financiación, ya que hemos confiado su sostén económico al Estado, siendo la Escuela quien finalmente tuvo que en parte responder económicamente.</p>
<p>El psicoanálisis puro, el pase, son parte de los pilares de la formación del analista. El psicoanálisis aplicado ofrece la posibilidad de poner a prueba el saber extraído del psicoanálisis puro.</p>
<p>El nuevo Consejo de la ELP desea seguir atento a los debates en torno a la experiencia de los CPCTs y a las nuevas ideas que se fragüen.</p>
<p>En “La tercera” Lacan nos advierte que si el psicoanálisis tiene éxito, se extinguirá hasta no ser más que un síntoma olvidado. Lo curioso es que el analista en los próximos años dependa de lo real y no lo contrario, ya que su advenimiento no depende del analista. Su misión es hacerle la contra. Lo real puede desbocarse, sobre todo desde que tiene el apoyo del discurso científico.</p>
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<p>Un comentario de Jacques-Alain Miller me parece que expresa el riesgo del éxito del CPCT.</p>
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<p>«Sí, la Escuela tiene entusiasmos, cuando se le da la ocasión. Como grupo, no es ni el ejército, ni la Iglesia, sino La escuela de las mujeres, retomando el título de Molière. Así pues, ella no funciona nunca como un solo hombre. Es una colección de Menos-unos: “Todos excepto yo”. Es muy simpático. El problema está cuando pierde la cabeza. ¿Cómo hacerle reflexionar un poco? La creía casada con el psicoanálisis, y esposa fiel, y de eso nada. Mañana podría perfectamente volcarse en la psicoterapia incluso sin darse cuenta, bautizando como “psicoanálisis” lo que no sería más que psicoterapia. ¿Cómo prevenirse contra esto? Puede decirse, y es el mensaje que nos envía “la civilización”: la psicoterapia es el porvenir del psicoanálisis. El primer piso del grafo es evidente, basta con hablar; el segundo es necesario hacerlo existir, desearlo. Aquí interviene el deseo del analista; aquí se inscribe “la ética” del psicoanálisis. Si el deseo cede, este segundo piso no es más que una ficción. Así pues, es frágil. Felizmente no hay únicamente el deseo del analista, está también el goce del analizante. Quizás es esto, en definitiva, lo que nos salva».</p>
<p><strong>2) En <em>Análisis terminable e interminable</em> Freud dice que un análisis concluye cuando paciente y analista dejan de encontrarse. En función a su experiencia, en una era en la que el culto a la individualidad apunta al desencuentro, ¿cuáles son los nuevos retos con los que los psicoanalistas pueden encontrarse para apuntar a un final de análisis menos signado por lo efímero de los vínculos «liquidos» en términos de Baumann?</strong></p>
<p>En 1913 en su texto <em>La iniciación del tratamiento</em> Sigmund Freud nos señala “Si intentamos aprender en los libros el noble juego del ajedrez, no tardaremos en advertir que sólo las aperturas y los finales pueden ser objeto de una exposición sistemática exhaustiva, a la que se sustrae, en cambio, totalmente la infinita variedad de las jugadas siguientes a la apertura. Sólo el estudio de partidas celebradas entre maestros del ajedrez puede cegar esta laguna. Pues bien: las reglas que podemos señalar para la práctica del tratamiento psicoanalítico están sujetas a idéntica limitación”. Para abordar un tema como el final de un análisis, resulta indispensable retomar a Freud, tanto en sus planteamientos en torno a lo que es un final, como también en lo que respecta a la apertura del mismo, pues el uno contiene al otro, tal y como su metáfora del ajedrez nos lo indica; y en tanto es Freud quien precisamente ha conducido el surgimiento de nuevas teorizaciones que, aunque al parecer se alejan de él, en realidad, si leemos al detalle, podemos darnos cuenta que son asuntos que se pesquisan claramente. No olvidemos que Lacan es un crítico lector de Freud.</p>
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<p>Allí donde Freud encuentra un tope, Lacan ve una posibilidad. Interrogarnos sobre qué sujeto resulta al término de su análisis, implica sostener la tesis lacaniana: “hay un fin de análisis”.</p>
<p>Ahora bien, ¿Por qué un sujeto eligiría embarcarse en un psicoanálisis? ¿Qué justificaría su inversión de tiempo y dinero? Bombardeados por el discurso capitalista que nos pide eficiencia y resultados, por múltiples ofertas psicoterapéuticas que responden a los ideales de felicidad y bienestar a corto plazo y con un reducido costo de esfuerzo, detenernos a pensar que le aporta nuestro trabajo a aquellos que lo demandan, no es de poca importancia.</p>
<p>Lacan a través de su invención, el pase, logra que podamos acercarnos a las preguntas que conmueven a toda la comunidad analítica qué produce un análisis y qué es un analista, dos momentos que son cronológica y lógicamente diferentes en el tiempo. Es diferente el momento en que el sujeto finaliza su análisis de aquel en el que decide tomar a su cargo la tarea de dar cuenta del mismo a otros que ya no es su analista. Dar su testimonio sobre el tiempo del acto analítico.</p>
<p>Es verdad que hay distintas modalidades de finalizar un análisis. La Conversación del Instituto nos permitira hacer esta reflexión. Como lo anuncia su propuesta: conversaremos sobre las diversas maneras con las que analizante o analista pueden dar cuenta de que la finalización de la cura no se debe al conformismo informado del sujeto sobre la ficción que ha organizado su vida, ni tampoco a su impotencia asumida al respecto, sino que es producto de la satisfacción de haber llevado al límite la elaboración simbólica de los avatares de su historia. ¿Hasta dónde? Hasta alcanzar el consentimiento esclarecido a lo imposible de modificar. Esto es, su manera singular de arreglárselas con el goce en tanto viviente atravesado por el lenguaje.</p>
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<p><strong>3) El tema escogido para esta Conversación Clínica «Terminaciones de análisis» tal vez podría dar pie para conversar sobre el vaticinio tantas veces anunciado del final del psicoanálisis, de la muerte del psicoanálisis, que a veces toma versiones feroces. Esto es un pedido de reflexión sobre cómo podemos pensar esta repetición, ya no interpretando las resistencias de lo social contra el psicoanálisis, sino en relación con los analistas, con la comunidad analítica, y su implicación en ello.</strong></p>
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<p>No es infrecuente escuchar, tanto de sectores que provienen del mundo “psi” como de otros en los que se presupondría un cierto nivel o determinados alcances culturales, la opinión de que la obra de Sigmund Freud y por extensión el psicoanálisis se encuentra, en muchos sentidos, obsoleta o pasada de moda. Desde que nació el psicoanálisis nos anuncian su muerte y sin embargo el psicoanálisis está más vivo que nunca.</p>
<p>Vale la pena recordar que el psicoanálisis ha sido capaz de renovarse no sólo en sus criterios clínicos sino también en la formación de los analistas e incluso la transmisión; se ha insertado sólidamente en el tejido social e imbricarse en la cultura. En éste último sentido, el cine, la pintura, la música, o la literatura, dan testimonio de los alcances profundos de su legado.</p>
<p>Jacques-Alain Miller nos advierte que en el siglo XXI, el psicoanálisis es un problema de la sociedad, un problema de la civilización, la elección es forzosa: el pase sin el foro sería la Escuela convertida en secta, el pase hecho semblante. Lo que no quiere decir: tomar partido. Quiere decir: hacer demostración en acto de nuestra posición como psicoanalistas, no sólo en «la cura» sino en «la ciudad». En la actualidad es menester volver a hacer existir el psicoanálisis en lo social, con toda su fuerza, con toda la virulencia de que es capaz. No se trata, como puede verse, de una lucha de carácter gremial, se trata de que no desaparezca lo más fuerte que existe en los sujetos humanos, se trata de situar, el fundamento mismo de la subjetividad: el deseo inconsciente. Se trata, también, de oponer una forma consistente de resistencia a la multiplicación del cinismo contemporáneo, al avance de las formas masificantes que intentan borrar la diferencia, como intentos de silenciar la singularidad.</p>
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<p>Preguntas realizadas por: Erick Gonzalez</p>
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<p>La entrada <a href="https://nucep.com/publicaciones/3-preguntas-marta-davidovich/">Terminaciones de análisis. 3 preguntas a Marta Davidovich</a> aparece primero en <a href="https://nucep.com">Sección Clínica de Madrid (Nucep). Estudiar psicoanálisis en Madrid España.</a>.</p>
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		<title>El amor en la neurosis. 3 preguntas a Marta Davidovich</title>
		<link>https://nucep.com/publicaciones/amor-la-neurosis-3-preguntas-marta-davidovich/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Marta Davidovich]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 06 Mar 2010 15:44:24 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Conversación Clínica del ICF 2010 Texto original aquí 1) ¿Qué opinión te merece el auge actual del concepto «autoestima»? La autoestima no es un concepto utilizado en psicoanálisis. He consultado varios diccionarios de psicoanálisis y no aparece como tal en ninguno. Es un concepto utilizado por la psicología y la psiquiatría definido como la autovaloración [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h3>Conversación Clínica del ICF 2010</h3>
<p><a href="https://www.redicf.net/textos/3p_barna0310.pdf">Texto original aquí</a></p>
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<p><strong>1) ¿Qué opinión te merece el auge actual del concepto «autoestima»?</strong></p>
<p>La autoestima no es un concepto utilizado en psicoanálisis. He consultado varios diccionarios de psicoanálisis y no aparece como tal en ninguno.</p>
<p>Es un concepto utilizado por la psicología y la psiquiatría definido como la autovaloración de uno mismo, de la propia personalidad, de las actitudes y de las habilidades, que son los aspectos que constituyen la base de la identidad personal. Adler con su teoría de la existencia del complejo de inferioridad pudo explicar ciertas patologías y guiar a sus pacientes emocionalmente perturbados con este trastorno, hacia el camino de la madurez, del sentido común, brindándoles la posibilidad de una inserción social útil. Nathaniel Branden psicoterapeuta canadiense y autor de libros de autoayuda y de numerosos artículos sobre ética y filosofía política, ha trabajado especialmente en el campo de la psicología de la autoestima, define los seis hábitos que una persona con una sana autoestima lleva a cabo descritos en sus obras, «Como mejorar su autoestima» y «Los seis pilares de la autoestima», las seis prácticas son:</p>
<ul>
<li>El vivir con conciencia</li>
<li>El aceptarse a si mismo</li>
<li>El vivir con responsabilidad . Vivir con autoafirmación.</li>
<li>El vivir con propósito</li>
<li>El vivir con integridad</li>
</ul>
<p>La política de la autoestima propone hacerse selectivo con los pensamientos que permito en mi mente, una mente que sólo yo controlo, para aumentar mi autoestima no tengo que luchar en contra de lo que me tortura, sino dirigir mi atención hacia todo lo que me construye, me integra y me libera. Cambio la dirección de mis pensamientos.</p>
<p>Es verdad que muchos analizantes se refieren a dificultades con su autoestima para nombrar su sufrimiento. Los sujetos contempóraneos desbrújulados recurren con frecuencia a la lectura de manuales de ayuda para mejorar su autoestima. Nada más lejos del psicoanálisis, nada del inconciente, nada de la división del sujeto, nada del goce, nada de lo singular, es para todos, solo control, voluntad, conciencia y conductismo.</p>
<p><strong>2) ¿Crees que hay cierto empobrecimiento del discurso sobre el amor en el siglo XXI? ¿Por qué?</strong></p>
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<p>Efectivamente, yo diría que hay empobrecimiento.</p>
<p>Miller comenta en una entrevista reciente que la feminidad y la virilidad están en plena mutación. Los hombres y las mujeres hablan, viven en un mundo de discurso, es eso lo que es determinante. Las modalidades del amor son ultrasensibles a la cultura ambiente. Cada civilización se distingue por el modo en que estructura su relación entre los sexos. Ahora, ocurre que en occidente, en nuestras sociedades, a la vez liberales mercantiles y jurídicas, lo «múltiple» está en camino de destronar el «uno». El modelo ideal de «gran amor para toda la vida» cede poco a poco el terreno ante el speed dating, el speed living y toda una profusión de escenarios amorosos alternativos, sucesivos, incluso simultáneos. Los hombres son invitados a alojar sus emociones, a amar, a feminizarse; las mujeres conocen por el contrario un cierto «empuje al hombre»: en nombre de la igualdad jurídica, se ven conducidas a repetir «yo también». Al mismo tiempo, los homosexuales reivindican los derechos y los símbolos de los héteros, como el matrimonio y la filiación. De allí que hay una gran inestabilidad de los roles, una fluidez generalizada del teatro del amor, que contrasta con la fijeza de antaño. El amor se vuelve «líquido» constata el sociólogo Zygmunt Bauman.</p>
<p>Quizás podría señalarse que él último gran auge del discurso amoroso se corresponde con la generación hippie, el flower power, hagamos el amor y no la guerra. Hacer el amor no sólo era copular libre y alegremente, era amar y querer ser amado con o sin compromiso, pero también sin miedo al compromiso. La poesía era amorosa, se cantaba al amor, se bailaba al amor. Pero copular, amar, escribir poemas, cantar, bailar y amar la música requieren bajo consumo. La generación hippie era una generación poco consumista. Hasta la droga que consumía era barata, se cultivaba en el jardín o era LSD, demasiado económico y fuera del control del proceso de control capitalista. En la otra mitad de este mundo, en el dominado por los tanques soviéticos el amor era demostración de sentimentalismo y debilidad. Una desviación idealista despreciada por la impuesta doctrina oficial. Como todo proceso sociológico importante son muchas las causas a investigar. El amor no produce beneficios a las corporaciones que son los amos del mundo y deciden lo que la masa debe practicar. Los sujetos que se relacionan amorosa y sexualmente pueden constituir una red subversiva para amos que necesitan que la energía esté canalizada en el proceso de producción y consumo. El empobrecimiento del discurso del amor es fácilmente verificable a la vista de lo que se vende en un quiosco de prensa, y en la cartelera de programación televisiva.</p>
<p><strong>3) ¿Podrías comentar este fragmento del Seminario El partenaire-síntoma de Jacques-Alain Miller? «El goce femenino en cambio está enganchado al Otro, establece una relación con el Otro. En este sentido es mucho más independiente de la exigencia pulsional e incluso es de este lado donde la demanda de amor se hace oír en la clínica con su exigencia infrangible. La pregunta subyacente, que está indicada pero no del todo desarrollada en el seminario (Aún), es cómo pensar esta relación, este nexo amor/goce del lado femenino.» (p. 160, cap. VII Revalorización del amor, Ed. Paidós, 2008)</strong></p>
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<p>Madame de Stael escribió: el amor, que no es más que un episodio en la vida de los hombres, es la historia de la vida de las mujeres. El enigma de la feminidad se plantea para Freud como concepción del sexo femenino como Otro y como una dificultad de identificación con el propio sexo. Dentro del marco de la cura Freud hablará luego del rechazo de la feminidad válido para los sujetos de ambos sexos, rechazo que proviene de la primacía del falo. De allí un sexo se caracteriza por un tener, siempre amenazado por la castración y el otro, por la privación de ese tener. Freud plantea que del lado mujer la castración puede tomar la forma de la pérdida del amor. Lacan denomina mujer a aquellos sujetos que han elegido no situarse enteramente dentro de los límites de la función fálica, quienes lo experimentan dice Lacan, nada pueden decir de él, lo denomina goce suplementario. La mujer para gozar requiere a su partenaire que hable y que ame, el amor está entramado en su goce. El tema del amor atraviesa la enseñanza de Lacan y revela la imposibilidad de escribir la relación sexual. Si el amor surge como suplencia de la relación que no hay, es el amor que permite condescender el goce al deseo, es también una respuesta a lo Real, en palabras de Lacan. El amor surge como contingencia. Amar, decía Lacan es dar lo que no se tiene. Lo que quiere decir: amar, es reconocer su falta y darla al otro, ubicarla en el otro. Nos enseña J.- A. Miller:</p>
<p>“No es dar lo que se posee, bienes, regalos, es dar algo que no se posee, que va más allá de sí mismo. Para eso, hay que asumir su falta, su «castración», como decía Freud. Y esto, es esencialmente femenino. Solo se ama verdaderamente a partir de una posición femenina. Amar feminiza. Por eso el amor es siempre un poco cómico en un hombre. Pero si se deja intimidar por el ridículo, es que en realidad, no está muy seguro de su virilidad”. Si del lado masculino el acto de amor es la perversión polimorfa del macho, quiere decir que permanece ligado a la pulsión, no hay una apertura al Otro. Permanece enganchado a lo autoérótico de la pulsión, cuanto más dice JAM, es capaz de hacer del Otro un objeto a que le sirva para la satisfacción pulsional. EL goce femenino esta enganchado al Otro. Si el deseo para para el macho pasa por el goce, puede tener soportes múltiples, para la mujer pasa por el amor y no esta del lado de lo múltiple. Para la mujer el Otro del amor debe estar privado de lo que da.</p>
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		<title>Los AME y el Pase</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Marta Davidovich]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 19 May 2007 09:33:09 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>La brújula que impulsa esta conversación esta determinada porel concepto de Escuela de Lacan, que parte del supuesto de que no hay un significante que diga ¿qué es un analista? Cuando Lacan funda su Escuela en 1964 no existe el pase. Hace 40 años, en 1967 en su intento de introducir en la Escuela lo [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="page" title="Page 1">
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<p>La brújula que impulsa esta conversación esta determinada porel concepto de Escuela de Lacan, que parte del supuesto de que no hay un significante que diga <strong>¿qué es un analista?</strong></p>
<p>Cuando Lacan funda su Escuela en 1964 no existe el pase.</p>
<p>Hace 40 años, en 1967 en su intento de introducir en la Escuela lo real en juego, en la formación del psicoanalista, hace su Proposición. «Es un escalón de reclutamiento de estilo diferente, que da especificidad al discurso analítico.»</p>
<p>Si bien la Proposición se inicia con la idea fuerte de las garantías que puede dar la Escuela, su desarrollo invierte la dirección en el sentido de reafirmar que es el pase el que otorga la garantía a la Escuela, o sea que no hay Escuela sin pase. La lógica que prevalece es a nivel del uno por uno de la serie del pase.</p>
<p>Entre nosotros, existe primero, un principio: el psicoanalista sólo se autoriza a partir de sí mismo, que Lacan introduce en 1967, para recordar algo que ya existe en el Acta de Fundación.</p>
<p>Autorizarse de sí mismo es para el analista la fórmula de su certeza, que encuentra en el acto analítico mismo. Ninguna garantía prevalece a esta certeza cuando ella se obtiene. Lacan da a entender que la Escuela no interviene en esa autorización, la cual debe ser distinguida, radicalmente, de la garantía. Uno se autoriza a sí mismo arriesgándose. Existe una sola autorización, que no surge de la Escuela, y existen dos tipos de garantías, heterogéneas y asimétricas, inclusive si ambas están articuladas entre sí y pueden estar en tensión. Tensión que da la posibilidad de tratamiento de lo real por lo simbólico.</p>
<p>Que cada uno se autorice no excluye que la Escuela garantice que un psicoanalista surge de su formación. La Escuela puede hacerlo por su propia cuenta. Y el practicante puede querer esa garantía y algunos pueden querer ir más allá, volverse responsable del progreso de la Escuela, volverse psicoanalista de su experiencia misma, cuando llega a su fin de análisis, intento de Lacan de «definir una evaluación de un psicoanalista, de un sujeto que antes de haberlo hecho y sobre la base de la transformación que sufrió en su propio análisis, sería capaz de ejercer el psicoanálisis. Por primera vez en el psicoanálisis se trata de una evaluación a priori de la cualidad de analista, es decir es del orden conjetural». (JAM)</p>
<p>Los miembros de nuestras escuelas que ejercen el psicoanálisis lo pueden hacer:</p>
<p>&#8211; En tanto miembros de la Escuela, admitidos como tales bajo la responsabilidad del Consejo y habiendo declarado ejercer la función de analistas, con la mención AP (analistas practicantes). Esta se registra en el Anuario de la Escuela. ¿Qué valor debemos dar hoy a esta auto-nominación?</p>
<p>&#8211; En tanto una comisión ad hoc, llamada comisión de garantía, los avala como surgidos de la formación que la Escuela dispensa, otorgándoles el título de AME (analistas miembros de la Escuela), bajo el cual son inscriptos. En la AMP dos comisiones están en funcionamiento actualmente, la comisión AMP-Europa y la AMP-América. El título de AME se concede sin que se solicite, a los miembros de la Escuela, ejerciendo el psicoanálisis. La Escuela puede garantizar por su propia cuenta y el analista puede querer esa garantía.</p>
<p>«<em>La formación de un analista nunca ha podido ser atestada por un examen de capacidad previo y público, desde los comienzos del psicoanálisis. Únicamente se puede garantizar a posteriori por parte de los colegas sobre la base de la antigüedad y la regularidad de su práctica, a puerta cerrada, en pequeñas comunidades opacas al recién llegado, que son otros tantos pueblos donde todo el mundo se conoce</em>«. (J-A Miller)</p>
<p>La Escuela es la que da la garantía de una formación suficiente. El problema de la formación del analista lleva implícito el deseo del analista. Dice Lacan que hay formaciones del inconsciente, no hay formación del analista. No hay criterios universales para garantizar el AME. El único criterio son razones simples, evidentes, esenciales. El título de AME califica a quien ya ha funcionado como analista. La Escuela tiene la responsabilidad de tomar sus pruebas y emitir un juicio a través de la nominación. A su vez el practicante se responsabiliza de dar esas pruebas a la Comisión de la garantía y al conjunto de la Escuela.</p>
<p>&#8211; El AE o analista de la Escuela, al que se le imputa estar entre quienes pueden testimoniar de los problemas cruciales en los puntos candentes en que éstos se hallan para el análisis, especialmente en la medida en que ellos mismos están en la tarea, o al menos en la brecha, de su resolución. Este lugar implica que uno quiera ocuparlo: sólo se puede estar en él por haberlo demandado.Por otro lado, el título de AE es otorgado por tres años a aquellos que, al término del procedimiento que se lleva a cabo en el dispositivo del pase, son juzgados susceptibles, por la instancia responsable, el Cartel del pase. En la EEP el cartel hispano parlante esta compuesto por: un pasador, elegido por la Secretaría del Pase; un AME elegido por el Consejo y ratificado en la Asamblea de la ELP, un AE y el más uno del cartel anterior. Los 4 eligen al más uno.</p>
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<div class="column">
<p>Con la puesta en marcha del dispositivo del pase el AME ocupa un puesto pivote, ya que desde la ironía del no-saber, cumple dos funciones fundamentales:</p>
<ol>
<li>nombra a los pasadores, es decir asume la responsabilidad de nominar analizantes en los albores del fin del análisis.</li>
<li>es uno de los miembros del cartel del pase</li>
</ol>
<p>El AME soporta parte de la estructura del dispositivo del pase. Sin AME no hay pase en la Escuela.</p>
<p>En el momento presente da la impresión de que se asiste a un viraje del interés por el psicoanálisis aplicado, en detrimento del pase. Es por ello que continuar interrogando el deseo de Lacan, interroga al pase hoy en la Escuela y debemos alegrarnos por ello.</p>
<p>El nudo del psicoanálisis aplicado-psicoanálisis puro, necesita de una profunda reflexión sobre el pase para mantener la tensión necesaria que existe entre ambos. (Tizio, D’Angelo).</p>
<p>Marta Davidovich</p>
<p><em>Edición de la IX Conversación de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis &#8211; 19 mayo 2007</em><br />
<em>Publicado originalmente en <a href="https://www.wapol.org/">www.wapol.org</a></em></p>
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		<title>Encuentro PIPOL2</title>
		<link>https://nucep.com/publicaciones/encuentro-pipol2/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marta Davidovich]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 12 Jun 2005 18:42:48 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>¿Cuando podemos decir que un efecto terapéutico rápido es efecto del discurso analítico y no de la sugestión? La práctica nos enseña que el psicoanálisis no puede ni debe apartarse de los cambios del mundo actual. Cambios acelerados a los que niños y los jóvenes también son sensibles, que afectan en lo más cotidiano y [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="page" title="Page 1">
<div class="section">
<div class="layoutArea">
<div class="column">
<p><strong>¿Cuando podemos decir que un efecto terapéutico rápido es efecto del discurso analítico y no de la sugestión?</strong></p>
<p>La práctica nos enseña que el psicoanálisis no puede ni debe apartarse de los cambios del mundo actual. Cambios acelerados a los que niños y los jóvenes también son sensibles, que afectan en lo más cotidiano y de manera distinta a cada uno.</p>
<p>Nuestra época es una época de fracasos y de triunfos. Exigencias de una sociedad que desde muy temprano demanda rendimiento. A lo que se llama fracaso, el psicoanálisis opone un triunfo: el del síntoma. Si el porvenir del psicoanálisis depende del porvenir del síntoma, el porvenir de nuestra función como analistas depende de la respuesta que sepamos a dar a nuevas formas de la demanda. Hoy el síntoma del fracaso escolar se articula con la demanda social, es la cristalización de un malestar.</p>
<p>Jacques Lacan nos enseña que el psicoanálisis no es una terapia como las demás. El psicoanálisis, toma en cuenta para la cura del síntoma de un sujeto, sus determinaciones inconscientes, la repetición, la transferencia, y la pulsión que se satisface en ese síntoma.</p>
<p>Toda terapia actúa generando un efecto sugestivo. No es de eso que el psicoanálisis se servirá para obtener sus efectos terapéuticos. Esa es la apuesta, obtenerlos sin obturar con el sentido, dejando abierto el camino a lo real. Lacan decía: “el porvenir del psicoanálisis depende del síntoma”.</p>
<p>¿Cuando podemos decir que un efecto terapéutico rápido es efecto del discurso analítico y no de la sugestión?</p>
<p>Un caso donde en un período de tres meses y doce sesiones se produce una rectificación subjetiva nos servirá para elucidar esta proposición. Hemos denominado el caso :</p>
<p><strong>No me da la gana</strong></p>
<p>Luís ha suspendido en el primer trimestre cuatro asignaturas de las nueve asignaturas que cursa, en el segundo trimestre siete. Sus padres preocupados me consultan y les propongo una entrevista con él. Su tutor y el psicólogo del Colegio hablan de fracaso escolar y advierten a los padres. La madre queda angustiada por el significante fracaso, que la toca y le hace pensar en el fracaso en la vida de su hijo. El padre se preocupa menos de lo escolar, piensa que el su hijo esta cambiando mucho y que no pasa nada si repite su curso.</p>
<p>Luís un joven de 14 años, llega a la primera entrevista acompañado por su madre. Luís llega protestando. “No sé para que me traen aquí”. “Yo no tengo ningún problema”. “El problema es mi madre, no me deja tranquilo, esta siempre fastidiando”. “Yo no estudio porque no me da la gana”. “Si yo quiero y me pongo, puedo aprobar todas”.</p>
<p>Insiste durante la primera entrevista en que el problema es su madre. Le invito a un segundo encuentro para que me hable de ella. Se sorprende de mi demanda, me pregunta: ¿para hablar de mi madre? Acepta volver y se lo comunico a su madre que le espera.</p>
<p>Luís vuelve, esta vez sin su madre y relata que se fue contento de nuestro primer encuentro. Pensaba que el analista le daría un sermón como los que dan los psicólogos del colegio. Luís va a un colegio de curas. “Siempre dicen lo que esta bien y lo que está mal. No suelo estar de acuerdo con las chorradas que dicen. Los psicólogos siempre defienden a los padres, los hijos somos siempre culpables”.</p>
<p>Le pregunto: ¿de que son culpables los hijos? Dice: “Mi madre es una frustrada y como no sabe que hacer se pasa el día molestando. Mi padre no dice nada, pero tampoco la aguanta mucho. En cuanto llega mi padre, mi madre empieza a hablar de mí: que no hago nada, que no estudio, que no hago deberes, que no bajo al perro, que no ayudo. Mi madre como no tiene nada que hacer se pasa el día quejándose”. “A veces me castiga y no me deja salir con mis amigos porque es lo que mas me gusta”.</p>
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<p>Le pregunto si la irritación con su madre le estará influyendo en su <em>no querer</em> y en su <em>no me da la gana</em>. Interrumpo la sesión.</p>
<p>En esta segunda entrevista podemos ya constatar un cambio en la posición de Luís.<br />
Podemos apreciar que se ha instalado una transferencia positiva que le permite irse contento de la primera sesión. En segundo lugar la eficacia simbólica comienza a operar por el simple hecho de hablar. Pedirle que ponga en palabras lo que le sucede, pone en juego el amor de transferencia, dando lugar a la aparición del saber inconsciente y su posición de goce. Comprobamos como la utilización que el psicoanalista hace del significante Amo sin someterlo a los imperativos del Otro social, permite a Luís comenzar a desplegar su problemática con el deseo.<br />
La neutralidad del analista juega su partida también en el ámbito de lo terapéutico, pero -lejos de estar orientado por el Otro social, significante del fracaso escolar- se orienta por lo real.<br />
El discurso del Amo dice que hay que suprimir, anular el síntoma sin dejar espacio a la pregunta sobre su causa. El sujeto queda abolido y no se hace responsable sobre su propio goce. Sabemos sobre la insistencia de los síntomas y por eso planteamos al síntoma como el eje de la práctica psicoanalítica, que se dirige a lo real del síntoma, del síntoma concebido como lo más propio del sujeto.</p>
<p>Volverá a la sesión siguiente hablando de sus dos hermanas mayores, una de 20 años y otra de 18. Siempre han sido muy buenas en el colegio y ahora las dos están cursando carreras Universitarias. Las dos van muy bien en los estudios, dirá Luís «Son dos empollonas”.<br />
“Mi madre también es empollona, ya que esta siempre arriba de sus hijos como si fueran pollitos”.</p>
<p>Le interpreto que empollar y estudiar parecen cosas de mujeres, pero que no es lo mismo.</p>
<p>En la cuarta sesión hablará de su padre y los estudios. El padre abandono los estudios a los 15 años y se puso a trabajar en la empresa familiar, él podría hacer lo mismo que su padre. Sabe que su padre se preocupa menos por sus estudios, la que insiste que debe estudiar es su madre, también sus hermanas.</p>
<p>Luís vive una situación de urgencia, debe renunciar a una condición que se ha vuelto caduca e integrar otra que él no distingue claramente: tiene urgencia de hallar para sí una nueva manera de ser. Pero sin separarse de lo que fue hasta ahora. No estudiar y suspender deja a Luís del lado de los hombres, pero en una parálisis mortecina. Su malestar lo deja anestesiado, deja de interesarse en su trabajo, baja su rendimiento como dicen los padres y los profesores, se produce una desinvestidura intelectual, con un predominio de lo pulsional, que relaciona con los cambios en su cuerpo, la masturbación y por sus preocupaciones e intereses por fuera de la vida familiar, sus amigos, las fiestas, las diversiones. El problema para Luís es como emerger de ese lugar de objeto para devenir sujeto y tener acceso a su propio deseo.</p>
<p>En la siguiente, la quinta entrevista, Luís relatará un sueño.<br />
Un joven esta perdido en un bosque, y se encuentra con dos caminos, debe elegir uno, pero no sabe cual es el que le conviene. Se sienta en el cruce del camino para decidir y se queda dormido. Se despierta angustiado, todo esta muy oscuro y no sabe que hacer, tiene miedo, no sabe que puede encontrar en el bosque.<br />
El inconsciente muestra su disyuntiva, su disyuntiva sexual y su división subjetiva.</p>
<p>Siete sesiones más, en las que pudo hablar de su posición sexual y su angustia para acercarse a las amigas, y la culpa que le genera el despertar de su sexualidad, le permitieron retomar sus estudios y aprobar sus asignaturas. La irrupción de lo sexual suscita en Luís una intensa angustia que vincula con la culpa y la religión de la que dice haberse distanciado en el último tiempo. Expresa su desacuerdo con algunos preceptos religiosos.</p>
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<p>Separar su identificación al padre, no estudiando y diferenciar que estudiar no es cosa de mujeres permiten a Luís la emergencia del deseo, que lo trae dormido como en el sueño. Lo rápido se produce por un apaciguamiento pulsional. El encuentro con el psicoanálisis abrió a Luís la posibilidad de un cambio frente al sufrimiento encontrando su solución particular que va más allá de los ideales sociales de éxito y bienestar. Ahora puede relacionarse con el saber sin quedar paralizado. En su última sesión me agradece el haberle acompañado en esta trayectoria, dice sentirse bien y se plantea volver a verme si se encuentra con alguna dificultad, que ahora relaciona con las mujeres y no con los estudios. Un nuevo saber acompaña a Luís. Un ciclo se ha cumplido. Algo se ha ordenado para él.</p>
<p>Junio 2005</p>
<p><strong>Intervención presentada por: Marta Davidovich (relatora), Susana Carro, Carmen Cuñat, Rosa Liguori, Constanza Meyer, Eva Rivas y Josefa Rodríguez, participantes del Espacio Madrileño de Psicoanálisis con Niños (Escuela Lacaniana de Psicoanálisis).</strong></p>
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		<title>La sesión corta: sentido y goce</title>
		<link>https://nucep.com/publicaciones/la-sesion-corta-sentido-y-goce/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marta Davidovich]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 12 Oct 2004 18:43:30 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>¡Morir.., dormir! ¡Dormir&#8230;! ¡Tal vez soñar&#8230;! ¡Sí, ahí está el obstáculo! Hamlet. William Shakespeare Si el encuadre analítico no constituyó un verdadero problema para los analistas hasta los años 50, fue la sesión corta, la que produjo un verdadero revuelo en la comunidad analítica. No se trata solamente de una cuestión de tiempo, fue el dispositivo [&#8230;]</p>
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<blockquote><p>¡Morir.., dormir! ¡Dormir&#8230;! ¡Tal vez soñar&#8230;! ¡Sí, ahí está el obstáculo!<br />
<em>Hamlet</em>. William Shakespeare</p></blockquote>
<p>Si el encuadre analítico no constituyó un verdadero problema para los analistas hasta los años 50, fue la sesión corta, la que produjo un verdadero revuelo en la comunidad analítica. No se trata solamente de una cuestión de tiempo, fue el dispositivo analítico el que se puso en cuestión.</p>
<p>La sesión corta se plantea como una maniobra para inducir al sujeto a que abrevie su decir y reducir la producción de sentido, contrariando de esta manera al inconsciente interprete, precipitando el tiempo de concluir.</p>
<p>El corte es un leer. ¿Puede el analista hacer un corte en la sesión sin que algo de la lectura que ha hecho de los dichos del analizante se haya realizado? ¿Es este punto de corte aleatorio? ¿Puede esto confundirse con lo arbitrario como plantean algunos colegas de la IPA?</p>
<p>Jorge Luis Borges relata en un pequeño artículo, a cuenta de la teoría de que la historia de la literatura debería ser la historia de un espíritu productor de todo lo escrito hasta ahora y lo por crear, una nota del poeta inglés Samuel Taylor Coleridge, que dice: <em>Si un hombre atravesara el paraíso en un sueño y le dieran una flor como prueba de que había estado allí y si al despertar encontrar esa flor en su mano&#8230; ¿entonces qué?.</em></p>
<p>La flor de Coleridge según Borges se convertiría en el nexo entre lo real y lo imaginario, entre la actualidad y el pasado y demuestra que no hay acto que no sea la coronación de una infinita serie de causas y manantial de una infinita serie de efectos.</p>
<p>Un caso nos ilustrará la relación entre acto analítico y corte de la sesión.</p>
<p>Se trata de un sujeto obsesivo que después de cinco años de análisis, con un analista de la IPA, con sesiones de tiempo fijo y el pago regular de las sesiones a las que no siempre asiste, debe trasladarse de su ciudad por un periodo de pocos meses. Es trasladado al extranjero para realizar críticas de teatro, supone para este sujeto un logro importante en su carrera.</p>
<p>Para poder continuar con sus sesiones, el analista le solicita el pago de las sesiones a las que no concurrirá y aunque al analizante le suscita muchísimas dudas, decide interrumpir y no pagar.</p>
<p>A su regreso del viaje y pasado un tiempo, decide *continuar* su análisis. Me solicitará una primera entrevista a la que no podrá asistir. Muy alterado me solicita venir cualquier día de la semana a la misma hora. Amablemente le diré que no se preocupe, que lo esperaré al siguiente día, no siendo posible el mismo horario. Concurre puntualmente y relatará cómo el tiempo hace síntoma para él.</p>
<p>Relataré brevemente las coordenadas del caso:</p>
<p>1. El Sr. R. es periodista, es crítico de espectáculos, su dificultad para despertarse por las mañanas le lleva a entregar sus trabajos fuera del tiempo estipulado para su publicación. Esto le llevará a perder sus trabajos, a dificultades económicas que solventa su familia, y cuando esto sucede se excede en el consumo de alcohol, para escapar del malestar que lo invade. En esas condiciones se aísla por pequeños periodos de tiempo en los que vive encerrado en su casa, dedicando su tiempo a leer y escribir.</p>
<p>2. Su padre ha muerto hace tres años en un accidente de automóvil. Una pesadilla le acompaña desde entonces, se trata siempre de evitar el accidente.</p>
<p>3. Se encuentra siempre en la disyunción entre dos mujeres. Busca la mujer prefecta, la mujer que lo tenga todo, la mujer completa, evitando así lo imperfecto de la castración. Después de un tiempo de relación esta mujer se transforma en degradada y rebajada, apareciendo una nueva mujer inalcanzable. Esto se multiplica en serie.</p>
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<p>4. El calcular el deseo del Otro para que no aparezca la falla, lo lleva a postergar su acto. Su lema: deja para mañana lo que puedes hacer hoy. Se defiende de la castración y de la pulsión a través de la muerte del deseo.</p>
<p>5. Pasivo ante el padre, feminizado como objeto de goce del padre, repite en su relación con el primer analista, esta posición de goce.</p>
<p>Su búsqueda de alivio a la angustia y al sufrimiento es lo que lo lleva a pedir ayuda y en esta búsqueda llega al análisis. ¿Pero este sujeto quiere curarse de su síntoma?. Lo paradójico es que su síntoma mismo es una respuesta del sujeto a la angustia.</p>
<p>El privilegio del sentido y la regularidad en las intervenciones del primer analista potencian el imaginario, dejando fuera su modalidad de goce.</p>
<p>Durante un periodo de tres meses de entrevistas preliminares, el Señor R. no dejará de sorprenderse por lo inesperado que siempre le resultan las sesiones. Se queja de no saber cuándo comienzan y terminan, de que no le interpreto, de no tener un horario fijo, de tener que pagar sesión por sesión, de no tumbarse en el diván.</p>
<p>El Señor R. tiene todas las interpretaciones edípicas en su haber, las repite en las sesiones y aún más sabe de sus resistencias. Sin embargo es poco lo que sabe de su manera de gozar.</p>
<p>Frente a esa comparación imaginaria a la que me somete el Señor R., recordé una pequeña recomendación que Lacan nos enseña cuando dice que no hay un solo discurso en que el semblante no lleve la voz cantante, y no hacer como los colegas de la Internacional que usan un semblante más semblante de la cuenta, un semblante ostentado. Sean entonces más sueltos, más naturales cuando reciban a alguien que viene a pedirles un análisis.</p>
<p>Les relataré un ejemplo de cómo el corte de la sesión y las sesiones cortas, impiden el uso del tiempo por parte del analizante y esto permite un cambio de discurso.</p>
<p>Un día cuando faltan pocos minutos para el comienzo de su sesión me llama por teléfono para decirme que no puede venir. Le ofrezco venir en otro horario y me dice “No quiero pagar dos veces”.</p>
<p>Vendrá a la siguiente sesión y antes de llegar a sentarme en el sillón dice: *Mañana vendré temprano*.</p>
<p>Le extiendo la mano y le digo: *Le espero mañana a las 8,30*. Sorprendido se levanta, paga y se marcha sin pronunciar ninguna palabra.</p>
<p>Llegará puntualmente a su sesión relatando un sueño de angustia que lo despierta.<br />
Se trata nuevamente de un accidente en la carretera. Lo que lo sorprende y lo angustia es que al lado del coche hay una bolsa de plástico llena de sangre y de órganos, que él no puede dejar de mirar. Al interrogarle por la bolsa, asocia con la regla de las mujeres.</p>
<p>Sus pesadillas indicaban no el rostro del trauma sino la pantalla, el velo, el exceso de goce. Al devenir sueño de angustia, la angustia opera como un tope al goce, fracasa como guardián del goce. Despierta para no seguir gozando. Es a partir de este sueño que el Señor R. comenzará a hacerse preguntas, centradas sobre su relación con las mujeres, produciéndose un cambio de discurso que permitirá su entrada en análisis.</p>
<p>Por primera vez no hay para el sujeto un esto quiere decir, sino un <em>che voi</em>?, ¿qué me quiere?</p>
<p>Hay otro despertar, nombre de lo real en tanto que imposible, que es el que queda del lado del deseo. Ese despertar será el deseo del analista el que lo ubique.</p>
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<p>Con este ejemplo podemos mostrar cómo la sesión corta es un procedimiento para que la interrupción de la sesión escape a la mortificación. Con ello hacemos valer el tiempo como un real.</p>
<p>El corte de la sesión, da cuenta del hasta aquí que el acto analítico promueve.<br />
El corte de la sesión es la experiencia que el analizante realiza del acto analítico, experiencia de separación de los excesos de goce.<br />
El corte, el punto de corte, quiebra lo imaginario para este sujeto.</p>
<p>Marta A. Davidovich<br />
Octubre 2004</p>
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		<title>Cuando el sintoma anuda la neurosis infantil</title>
		<link>https://nucep.com/publicaciones/cuando-el-sintoma-anuda-la-neurosis-infantil/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marta Davidovich]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 12 Jul 1998 18:42:03 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>La propuesta de este trabajo es interrogar la relación existente entre los síntomas y la neurosis en el niño. Partimos de la siguiente hipótesis: no todos los síntomas anudan la estructura bajo la modalidad de la neurosis infantil. Los síntomas en la infancia, aquellos que responden al término acuñado por E. Laurent de «polisintomatología”, se [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<div class="page" title="Page 1">
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<p>La propuesta de este trabajo es interrogar la relación existente entre los síntomas y la neurosis en el niño. Partimos de la siguiente hipótesis: no todos los síntomas anudan la estructura bajo la modalidad de la neurosis infantil. Los síntomas en la infancia, aquellos que responden al término acuñado por E. Laurent de «polisintomatología”, se ordenan en dos tiempos: los que corresponden a los avatares de la relación entre el sujeto y el Otro materno, y los que corresponden al momento que hemos denominado de «anudamiento» de la neurosis. Al recurrir al término anudamiento por el síntoma, situamos esta articulación en la perspectiva borromea, es decir en el trasfondo de la forclusión generalizada; y la función del síntoma, en su estatuto de letra que opera la suplencia necesaria.</p>
<p>Hay otras perspectivas previas, en la obra de Freud y de Lacan, en las que encontramos una temporalidad equivalente la castración reordenando la pulsión, la metáfora paterna, la separación y la constitución fantasmática, etc.</p>
<p>Pasó tiempo antes de que Freud se interesara en el psicoanálisis con niños. Sin embargo, descubre pronto que para entender a los neuróticos es esencial ocuparse de la vida sexual de los niños. Lo que Freud revela es que los niños tienen sexualidad y que con ella construyen un saber, con sus propias teorías y sus mitos.</p>
<p>En el análisis de la histeria, deduce que los neuróticos habían padecido en la niñez la seducción de un adulto, y encuentra allí un factor causal, en sus efectos traumáticos. Pronto se verá obligado a abandonar su teoría de la seducción, lo que lo conducirá a la teoría del fantasma, que junto con el descubrimiento del complejo de Edipo, le permite una primera concepción de la represión como lo que crea angustia. Es cierto que, después de veinte años, Freud invierte esta proposición: es la angustia la que crea represión. Para Freud la neurosis infantil se construye como un concepto, en la retroacción del análisis del adulto neurótico. En Freud la elaboración de dicho concepto va a seguir dos vectores que recorrerán toda su obra: la sexualidad y la angustia.</p>
<p>Hacemos un pequeño recorrido para puntuar como aparecen estos conceptos en su obra:</p>
<ul>
<li>En 1905 tenemos el «Caso Dora» (1). Dora comienza los trastornos a los 8 añoSigmund Freud, en su historial, no intenta aislar una neurosis infantil.</li>
<li>En el mismo año desarrolla una teoría articulada y organizada sobre la sexualidad humana. También el concepto de pulsión como pulsión parcial. Dedica uno de los «Tres ensayos» (2) a la sexualidad infantil, definiéndola en sus rasgos como autoerótica y como perversa polimorfa. La pulsión sexual no está centrada y se satisface en el propio cuerpo Es la búsqueda de un placer ya experimentado, perdido, que se recuerda y se quiere reencontrar. La sexualidad es perversa desde la infancia, parte de las zonas erógenas y se manifiesta por las pulsiones que se reprimen. Es a expensas de estas pulsiones que se forman los síntomas. Define la neurosis como el negativo de la perversión El desarrollo sexual en el ser humano tiene dos consecuencias para Freud: la aptitud del hombre para la cultura superior y la proclividad a la neurosis. Los trastornos de los niños antes de la pubertad son conceptualizados como marcas de su sexualidad, que tendrán un efecto como formación del carácter en el adulto sano o como los puntos de fijación donde remiten los síntomas de los adultos neurótlcos; pero nada dice del síntoma actual del niño, si no, quizá, bajo la rúbrica de las inhibiciones al desarrollo. La pulsión es la única fuente energética constante de la neurosis.</li>
<li>“Análisis de una zoofobia en un niño de cinco años”.(1909) (3). Aquí tampoco habla de una neurosis infantil. Hans no es el único niño aquejado de fobias en algún momento de su infancia Es extraordinariamente frecuente, aún en niños cuya educación no deja nada que desear en materia de rigor Tales niños se vuelven después neuróticos. O permanecen sanos. Las fobias ceden, se curan. Fue benéfico para Hans haber producido su fobia y no lo predispone a contraer después una neurosis. La consecuencia de hacer consciente sus pulsiones lo llevan a Hans a sanar, abandonando su temor a los caballos.</li>
<li>«Tótem y tabú» (1914) (4). Las fobias de los niños aún no han sido tema de una indagación analítica atenta, aunque lo merecieran. El motivo de esta omisión son sin duda las dificultades que ofrece el análisis con niños a tan tierna edad.</li>
<li>Con «lntroducción al narcisismo» (1914) (5), plantea el narcisismo originario en el niño como una constante en la organización pulsional. Freud pone las perturbaciones a que se expone el narcisismo del niño, y las reacciones con que se defiende de ello, en relación al complejo de castración. Si bien el complejo de castración está formulado como tal desde 1908 («Sobre las teorías sexuales infantiles») (6), en este momento todavía no tiene un valor estructural en la formación de las neurosis. En esta obra declarará: «Juzgo totalmente imposible colocar la génesis de la neurosis sobre la base estrecha del complejo de castración».</li>
<li>En las «Conferencias de Introducción al Psicoanálisis» (1917) (8), el síntoma repite de algún modo una modalidad de satisfacción de la temprana infancia, desfigurada por el conflicto. Da cuenta de la existencia de neurosis infantiles que se contraen como consecuencia directa de las vivencias traumáticas. Por tanto, no existe en estas últimas un diferimiento temporal, como en las neurosis del adulto, entre el momento traumático y la eclosión de los síntomas.</li>
</ul>
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<p>Así mismo, confirma que las neurosis infantiles son muy frecuentes, y que viéndolas retrospectivamente, desde algún momento posterior siempre es fácil individualizarlas. Si en períodos más tardíos de la vida estalla una neurosis, el análisis revela, por lo general, que es la continuación directa de aquella enfermedad infantil, quizá sólo velada, constituida únicamente por indicios.</p>
<p>Hay casos en los que la neurosis infantil prosigue sin interrupción y dura toda la vida. Sin embargo, Freud, en esta época, comenta que no ha podido analizar sino unos pocos casos de neurosis infantil en su estado de neurosis actuales en el niño, y que con mayor frecuencia, es a través de la enfermedad contraida en la edad adulta que se puede inteligir, con posterioridad, la neurosis infantil de esa persona.</p>
<ul>
<li>«El hombre de los lobos. Extracto de la historia de una neurosis infantil» (1918) (8). Aquí la fobia es insuficiente para reconocerla como una neurosis en si misma. A la fobia en este caso, le sigue un ceremonial, unas acciones y pensamientos obsesivos. Sin embargo, aparece ya articulado el encuentro del «Hombre de los lobos» con la dificultad ante la castración (K1, K2 y K3), y la regresión a modalidades de satisfacción pulsional previas, con el surgimiento de síntomas: irritación, maldad, fobia, etc. Secuencia que culmina con el Dios-padre de la religión, abrochando con la neurosis obsesiva la neurosis infantil anterior. De este modo la castración, en este texto en el que Freud presenta la neurosis infantil, aparece como el operador que reordena la sintomatología.</li>
<li>En «La organización genital infantil» (1923) (9) y en «El final del complejo de Edipo» (1924) (10), quedan expresados los elementos estructurales que organizan la neurosis. Por un lado, la correcta significación del complejo de castración si se toma en cuenta su génesis en la fase del primado del falo («La organización genital infantil»). Por otro lado, establece los nexos que en la observación analítica permiten discernir entre organización fálica, complejo de Edipo, amenaza de castración, formación del superyó y período de latencia. Unos vínculos causales y temporales de naturaleza típica, cuyas variaciones en la secuencia temporal y en el encadenamiento de estos procesos, no pueden menos que revestir considerable importancia para el desarrollo del individuo («El final del complejo de Edipo»).</li>
<li>En «El yo y el ello» (1923) (11), nos da una definición de la angustia: es la «expresión de una retirada frente al peligro». Especificando que el mecanismo de las fobias, típicas en la infancia, es la ejecución de investiduras protectoras por parte del «Yo», a causa de la angustia que le provoca su posible «avasallamiento» o «aniquilación». Y nos aclara, con la sinceridad a que nos tiene acostumbrados, que no puede indicarnos qué le da miedo al «Yo», qué es lo que le hace temer su aniquilación. Lacan nos da una respuesta. Lo sabemos. Es la presencia del objeto la causa de la angustia. El síntoma fóbico entonces, tan presente en la vida de los niños, intenta poner distancia con el objeto, busca instaurar la prohibición del incesto, marcar el deseo de la madre, dar el paso de lo posible a lo imposible.</li>
<li>En «lnhibición, Síntoma y Angustia» (1925) (12), hace una nueva lectura del caso Juanito. Las neurosis infantiles son episodios reguladores del desarrollo, aunque hasta ahora no se les haya concedido la atención que merecen. En los neuróticos adultos hallamos siempre los signos de una neurosis infantil sin excepción. En cambio, no todos los niños que muestran tales signos llegan después a ser neuróticos.</li>
</ul>
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<p>Freud vuelve sobre la fobia y el fetichismo como dos formas de resolver la angustia de castración. Y al diferenciar represión y defensa, se deduce que la angustia es estructural.</p>
<p>Lacan vuelve a este texto cuando comienza con la clínica del nudo, al no tomar la vertiente del sentido como esencial, al buscar su articulación con el goce.</p>
<p>En «Les non dupes errent» (13), Lacan recuerda que escribió algo sobre la fobia de Juanito. Dice haberlo repetido, machacado. No ha visto a ningún otro buscando que era esa sagrada historia del caballo. También se preguntó: ¿por qué el caballo?, ¿por qué le daban miedo los caballos? Su explicación es que el caballo es el representante. De tres circuitos. No señaló que eran tres, pero si que el caballo representaba cierto número de circuitos, incluso ha buscado en los mapas de Viena para marcarlos bien. Están en el texto de Freud. ¿Cómo los hubiera encontrado de otra manera? Es en la medida en que la fobia de Juanito está muy&#8230; precisamente en ese triple nudo cuyos tres redondeles se sostienen, es en esto que es neurótico. Hay otros acoplamientos cuyas neurosis son más simples que la de la fobia. La clínica de la neurosis muestra que el síntoma es el efecto de lo imposible del nudo.</p>
<p>Freud no tiene lo «Imaginario», lo «Simbólico» y lo «Real», pero sospecha de su existencia, y por ello, para Lacan, se acerca al nudo. En Freud los tres no calzan, sino que están superpuestos. Entonces&#8230; ¿Qué hace? Añade un redondel, anudando un cuarto -las tres consistencias iban a la deriva. Esta cuarta consistencia es la que Freud denomina » la realidad psíquica», el complejo de Edipo. Anudarse de otro modo es lo esencial del complejo de Edipo, y es ahí donde opera el análisis.</p>
<p>Si la madre es síntoma para el padre, el niño es síntoma de la verdad de la pareja parental. Si la madre no es un síntoma para el padre y el niño es síntoma de la madre, se presenta como objeto del goce materno.</p>
<p>El inconsciente interpreta la no-relación sexual, y en la interpretación lo cifra. El síntoma del niño puede leerse como lo que cifra la no-relación sexual de sus padres. Es correlativo de su versión del goce sexual, que dará su sentido. Si el niño responde a la estructura familiar es a nivel del síntoma, encarnando un real de la familia y ocupando un lugar en el discurso. La neurosis infantil es la solución a la intrusión del goce, a la insuficiencia de la metáfora paterna y a la insuficiencia del significante. La fobia, placa giratoria en la estructura, puede ser el pasaje necesario en el niño para encontrar su lugar de sujeto en la estructura, reconocimiento de la castración materna. El síntoma es siempre la solución que el sujeto encuentra para inscribirse en el registro de la castración. Por ello Lacan interpreta la fobia como llamado al limite.</p>
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<p>Marta Davidovich (relatora), Andrés Borderías, Carmen Delgado, Beatriz Garavelli Marian Martín</p>
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<p>* Trabajo presentado en el X Encuentro Internacional del Campo Freudiano &#8211; Barcelona, julio 98. Este trabajo surge de la investigación que realiza el cartel de funcionamiento del Espacio de Psicoanálisis con niños, de la Sección de Madrid de la EEP-España.</p>
<p><strong>Bibliografía</strong></p>
<p>(1) FREUD, S. “Fragmento de análisis de un caso de histeria” (1905 (1901)), O. C., Tomo VII, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1996.<br />
(2) FREUD, S. “Tres ensayos de teoría sexual” (1905), O. C. Tomo VII, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1996.<br />
(3) FREUD, S. “Análisis de la fobia de un niño de cinco años” (1909), O. C. Tomo X, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1990.<br />
(4) FREUD, S. “Tótem y tabú. Algunas concordancias en la vida anímica de los salvajes y de los neuróticos” (1913 (1912-13)), O. C., Tomo XIII, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1994.<br />
(5) FREUD, S. “Introducción del narcisismo” (1914), O. C. Tomo XIV, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1993.<br />
(6) FREUD, S. “Sobre las teorías sexuales infantiles” (1908), O. C. Tomo IX, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1993. (7) FREUD, S. “Conferencias de introducción al psicoanálisis” (continuación), O. C., Tomo XVI, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1996.<br />
(8) FREUD, S. “De la historia de una neurosis infantil” (1918 (1914)), O. C. Tomo XVII, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1990.<br />
(9) FREUD, S. “La organización genital infantil (Una interpolación en la teoría de la sexualidad)” (1923), O. C. Tomo XIX, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1996.<br />
(10) FREUD, S. “El sepultamiento del complejo de Edipo” (1924), O. C. Tomo XIX, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1996.<br />
(11) FREUD, S. “El yo y el ello” (1923), O. C. Tomo XIX, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1996.<br />
(12) FREUD, S. “Inhibición, síntoma y angustia” (1926 (1925)), O. C. Tomo XX, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1993.<br />
(13) LACAN, J. “Les non dupes errent”, inédito.</p>
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		<title>Acto e interpretación. Hamlet y la posición del analista*</title>
		<link>https://nucep.com/publicaciones/acto-e-interpretacion-hamlet-y-la-posicion-del-analista/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marta Davidovich]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 12 May 1996 18:38:02 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>«On ne fait pas d&#8217;hamlet san casser des oeufs». (1) 1. El tropiezo de la palabra En el corazón de nuestra práctica se opera con la palabra. Freud con los conceptos de la ciencia y la psicología de su época e incluyendo el deseo enlazado con la antigua tradición ética de la acción, produce una [&#8230;]</p>
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<p><strong>«On ne fait pas d&#8217;hamlet san casser des oeufs». (1)</strong></p>
<p><strong>1. El tropiezo de la palabra</strong></p>
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<p>En el corazón de nuestra práctica se opera con la palabra. Freud con los conceptos de la ciencia y la psicología de su época e incluyendo el deseo enlazado con la antigua tradición ética de la acción, produce una nueva teoría del acto y de la interpretación.<br />
Los que habían sido tomados hasta entonces como actos involuntarios o automáticos son considerados como &#8216;actos psíquicos completos&#8217;. Primero fueron los hechos de pura palabra como los lapsus, luego los actos donde se manifiesta la dimensión del hacer: olvidos, equivocaciones, actos fallidos&#8230;</p>
<p>Freud propone una nueva dimensión del acto, denominar acto al tropiezo de la palabra. Y aquí el primer acto: el descubrimiento del Inconsciente. El Inconsciente permite situar el deseo.<br />
Al descubrir un saber a expensas del sujeto, sujeto del deseo que no se manifiesta sino al desaparecer, se produce un segundo acto: la creación del psicoanálisis.</p>
<p>Freud y Lacan transforman la relación del sujeto con el saber. El inconsciente sólo se puede concebir por la puesta en acto de la palabra. Y el acto por ligarse de esta forma al inconsciente adquiere su estatuto de acto sintomático, haciendo del acto fallido y las acciones compulsivas formaciones del inconsciente que pueden ser interpretadas, dentro del marco de la transferencia: «puesta en acto de la realidad del inconsciente». El inconsciente hace nudo con la interpretación, valor de la categoría lacaniana de sujeto supuesto saber. Al poner el acento en la dimensión ética de la acción, subrayan el lugar central que ocupa la castración, gracias a lo cual se aclaran otro tipo de actos como el pasaje al acto, el acting-out y la sublimación.<br />
Freud excluye de la experiencia analítica cualquier tipo de acto, excepto el de hablar. La palabra se vuelve privilegiada en la innovación freudiana.</p>
<p><em>* IXo Encuentro Internacional del Campo Freudiano. Del 18 al 21 de Julio de 1996. Buenos Aires. Argentina.</em></p>
<p>Con Lacan una tercera cuestión. Oponer el cogito cartesiano al: «O no pienso o no soy», que permite abordar el acto a través de la lógica. Permite tratar lo Real a través de lo Simbólico en la experiencia analítica. Este abordaje cambia la dirección de la cura, la maniobra de la transferencia y la interpretación. Y lo lleva a concebir otro acto, el acto analítico. Y con ello una nueva teoría del fín de análisis.</p>
<p><strong>2. Hamlet. Acto e interpretació</strong>n</p>
<p>¿Qué puede enseñarnos una obra de arte como Hamlet(2) respecto del Acto y la Interpretación? Freud introduce a Hamlet en su primera alusión al complejo de Edipo en su correspondencia con Fliess(3). Se interroga a lo largo de toda su obra qué hay de análogo en esta pareja de héroes clásicos, en relación al deseo inconsciente. Será cuando exponga su plan de la Traumdeutung(4) donde evoca sus observaciones, que figurarán en el capítulo V, en el parágrafo sobre «Sueño de la muerte de personas queridas». Sueños que ejemplifican para Lacan la relación del Sujeto con el Inconsciente, ¿Inconsciente de qué? Inconsciente de su deseo.<br />
Si el tema de Hamlet ha tenido tan diversas interpretaciones y ha interrogado a tantos autores de la literatura y grandes pensadores, no ha ocurrido menos con los psicoanalistas. Para Jones las interpretaciones de Hamlet se han alineado en dos grandes bandos, los que se interesan por la psicología de Hamlet, por las causas internas del drama y aquellos que buscan las causas en lo que rodea a Hamlet, sus dificultades externas. Jones propone un tercer punto de vista, para desentrañar lo que denomina el «misterio de Hamlet», es el punto de vista analítico(5). También Lacan hace un impresionante análisis de Hamlet(6).</p>
<p><strong>3. El deseo del Otro y la falta en ser</strong></p>
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<p>La tesis de Lacan en el Seminario VI «El deseo y su interpretación»: «Hamlet pone en juego el marco donde se sitúa el deseo». El drama de Hamlet es una especie de dispositivo como una malla, una red de pajarero donde se articula el deseo del hombre y según las coordenadas que Freud nos reveló, el Edipo y la Castración». Hamlet no es para Lacan un caso clínico, no es el conflicto de un ser real, sino una creación, un drama que presenta la encrucijada en la que se aloja un deseo, como la relación de la falta en ser del sujeto con el deseo del Otro. «Con lo que Hamlet se debate es con un deseo. Un deseo que está lejos del suyo propio. No es su deseo por su madre, sino el deseo de su madre»(6).</p>
<p><strong>4. Deseo, interpretación y saber</strong></p>
<p>Si Freud toma la vacilación de Hamlet como un síntoma, un escrúpulo de conciencia derivado del deseo edípico reprimido, Lacan va a partir del lugar que ocupa el saber. Tomará el no saber como en el sueño, esa ignorancia del Otro, correlato del inconsciente.<br />
Recordemos a Hamlet. Se trata de una obra teatral que empieza tras la muerte de un rey que, como nos dice su hijo Hamlet, fue un rey admirable, el ideal de rey y el ideal de padre, y que ha muerto misteriosamente. Sobre su muerte circuló la versión de que le mordió una serpiente cuando estaba en un huerto, el orchard que suscitó las interpretaciones de los analistas. Dos meses después de su muerte, la madre de Hamlet se casa con su cuñado, Claudio. Hamlet se muestra indignado por la precipitación con que se celebran las segundas nupcias de su madre y, Hamlet alude a los sentimientos que le inspira la conducta de su madre, se trata del famoso diálogo con Horacio -«¡Economía, Horacio, economía! Los manjares cocidos para el banquete de duelo sirvieron de fiambres en la mesa nupcial».<br />
El drama para Hamlet comienza con la aparición del fantasma del Rey, su padre ante los guardias del castillo de Elsinore. El fantasma no dice palabra. Se le demanda hablar. Será a Hamlet a quien quiere hablar. El ghost le pide que escuche y que le preste atención quiere revelarle algo que Hamlet ignora. Hamlet se siente obligado a oirle. Le revela la forma en que fue asesinado: Durmiendo, dice el ghost, «perdí a la vez, a manos de mi hermano, mi vida, mi esposa y mi corona&#8230;»»Segado en plena flor de mis pecados, mis cuentas por hacer y enviado a juicio con todas mis imperfecciones&#8230;» Horrible. ¡Demasiado horrible! Si tienes corazón, le dice a Hamlet, ¡no lo soportes! No consientas que Dinamarca sea un lecho de lujuria y criminal incesto»(8). Le pide que realice su empresa de cualquier modo, pero que no haga daño a su madre. El fantasma le dice lo que hay que hacer, pero no le dice como. El padre demanda venganza nada dice acerca del deseo. Demanda desde el ideal, en nombre de los ideales, pero de su demanda no se desprende el lugar de la causa para Hamlet y por ello es incapaz de actuar. Para que haya acto el deseo como deseo del Otro debe operar.<br />
La posición de Hamlet es enigmática: «to be o not to be»(7). Y esto es lo que debemos descifrar, ya que los motivos de la vacilación de Hamlet en cumplir la venganza que le esta deparada no se confiesa en el texto. Este desciframiento, nos acerca al problema de la función del deseo en la interpretación analítica.</p>
<p><strong>5. Deseo, acto y saber</strong></p>
<p>¿Qué hacer? Este es el enorme rodeo que debe realizar Hamlet por el campo del saber y del deseo del Otro para realizar un acto cuyo golpe final se dirige a sí mismo. El deseo de Hamlet es un deseo impuro y no es desinteresado.<br />
El padre sabe muy bien que está muerto, muerto por voluntad de quien quiere ocupar su lugar en el lecho y en el trono, y lo descubre. Como replica Horacio a Hamlet, «para decir eso Señor, no hace falta, que espectro alguno salga de su tumba. No es preciso un fantasma para decir esto»(9). El efecto producido por las revelaciones del fantasma paterno es pues, en el caso de Hamlet, la supresión de la dimensión de inconsciencia en el deseo. Ahora sabe demasiado sobre la maldad y la miseria del deseo como para poder reconocerse en él. Pero el saber de Hamlet, ¿en qué consiste en realidad? Se refiere a que en el reino de Dinamarca hay algo podrido, es decir el falo. Porque la revelación cuya carga le endosa el espectro a Hamlet no concierne sólo al asesinato abominable del padre, sino también a la doble revelación de la falta y del goce: el padre fue asesinado «en la flor de sus pecados» y la madre cedió a su «shamefull lust», a su vergonzosa concupiscencia. Sabemos con qué virulencia la emprende Hamlet con su madre a lo largo de toda la obra, para avergonzarla por la voracidad de su goce y exhortarla a tener un poco de decencia: la restriega por las narices «el sudor fétido de un lecho inmundo» donde ella hace el amor como en un «sucio estercolero».<br />
El drama en el que se encuentra sumergido Hamlet se debe pues no sólo a la obligación moral de vengar a su padre vilmente asesinado, sino también y sobre todo, a la necesidad de hacerlo enfrentándose al deseo de su madre, deseo que ahora se le manifiesta como absolutamente degradado, confundido con la satisfacción bestial de una necesidad.<br />
Es pues comprensible que la propia feminidad se convierta en objeto de horror y que Hamlet sólo pueda ver en Ofelia -cuyo nombre significa precisamente «O Phallos», el falo- la degradación y en consecuencia, en la medida en que él mismo se identificaba con el falo (como objeto del deseo de la madre) Hamlet se siente en adelante destinado al sacrificio. Así como la muerte de Ofelia es lo único capaz de restituírsela como objeto de amor a través del mecanismo del duelo, sólo su propia muerte puede restablecer en el deseo de la madre la falta que le devolvería al falo su significación enmascarando el objeto obsceno revelado por las manifestaciones del espectro (19).<br />
El padre le revela la verdad sobre su muerte, pero también y sobre todo conoce el extraordinario impudor del deseo de la madre. Con esto se levanta el velo que gravita sobre el inconsciente. Este es el velo, dice Lacan, que intentamos despejar en el análisis, no sin algún trabajo.</p>
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<p><strong>6. La función del velo</strong></p>
<p>El fantasma a la vez que le trasmite un saber, aparece velado en la oscuridad, guardando el secreto del misterio de la eternidad que no es para oídos de carne, que no podrían soportar tanto horror. Le da una orden pero al mismo tiempo pone en primer plano el deseo de la madre que debe permanecer velado. El velo aparecerá en la obra siempre del lado del objeto femenino, principalmente encarnado en Ofelia, un personaje conmovedor y patético, tratado cruelmente por Hamlet, por ser mujer, portadora de honestidad y hermosura, dos virtudes que se oponen y que llevarán a una mujer al deseo de ser madre. &#8216;Madre de pecadores'(10). Este velo tiene una función esencial para la seguridad del sujeto.</p>
<p><strong>7. No hay Otro del Otro</strong></p>
<p>El drama de Hamlet parte del crimen revelado por el padre y confiado al sujeto. ¿Y qué revela? Que en el lugar del gran Otro, lugar de la palabra, donde se plantea la verdad, no hay ninguna garantia, falta algo, falta un significante. Podemos escribir esta ambigüedad con el S(A). Este es el gran secreto del psicoanálisis. No hay Otro del Otro. Hamlet nos permite acceder al sentido del S(A). El sentido de lo que Hamlet conoce por boca de su padre es la irremediable, absoluta, insondable traición al amor. A Hamlet le asalta la noticia de que todo aquello que se le antojaba prueba de la belleza y de la verdad, de lo más esencial, es completamente falso.</p>
<p><strong>8. Procrastinación</strong></p>
<p>Los sentimientos de Hamlet le empujan a actuar contra el asesino de su padre, debe vengarse, la ocasión es propicia para que Hamlet actúe, sin embargo no lo hace. ¿Qué le pasa a Hamlet? No sabe lo que quiere, algo en su deseo no funciona, irrumpen los escrúpulos de consciencia. No se comprende a sí mismo. Se queda en palabras, la cosa queda por hacer. Vacila pero sin desentenderse, espera, hace esperar, suspende su acción, se siente extraño.</p>
<p><strong>9. El fundamento de la interpretación</strong></p>
<p>Buscar una razón donde no se la conoce es el fundamento de la interpretación. Todos los personajes de la obra interpretan las transformaciones que se operan en Hamlet, ¿qué interpretan? Ofelia ve una doliente expresión en su semblante como si hubiera escapado del infierno para contar horrores, ve un ser deshaciéndose en pedazos, llegando al fin de su existencia. Le teme. Polonio, padre de Ofelia, interpreta que Hamlet sufre un verdadero delirio de amor por su hija. Lacan lo llama psicoanalista salvaje por su tendencia a la interpretación externa de los acontecimientos. Su madre, la reina, pone el acento en su precipitado enlace con Claudio, después de la muerte de su padre. Claudio, su tío, esposo de su madre, asesino del padre, propone sondear lo que pasa a Hamlet. El no sabe. Pero piensa que sus afecciones no van por el camino del amor, que Hamlet no esta loco, que algo anida en su alma que incuba melancolía.</p>
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<p><strong>10. Acción y acto</strong></p>
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<p>Hamlet no es el conflicto de la acción paralizada por el pensamiento, como piensa Goethe. Hamlet dice Freud, no se presenta como una persona incapaz de cualquier acción. Por dos veces le vemos entrar en acción. La primera vez llevado por la furia cuando mata a Polonio que escondido detrás del velo de una cortina, espia la conversación que está sosteniendo con su madre. Y la otra, cuando con total desprejuicio, pero de forma meditada y aún pérfida, brinda a los dos cortesanos, Rosencratz y Guildestern, especie de traidores, la misma muerte que habían maquinado para él.</p>
<p><strong>11. El acto chapuza de Hamlet</strong></p>
<p>«Hamlet consigue culminar su acto. Al final Claudio muere, sólo consigue asestar su golpe tras dejar un buen número de víctimas, después de ensartar el cuerpo del amigo, del compañero Laertes, después de envenenar, por error, a su madre y no antes de quedar también él mortalmente herido.<br />
Si en efecto el acto se cumple, si hay in extremis una rectificación del deseo que hace posible el acto, ¿por qué caminos se produce? Aquí está la clave del asunto. Aquí estriba la razón de que esta obra genial no haya podido nunca ser reemplazada por otra mejor.», nos dice Lacan (6). Hamlet no duda sobre la validez de su acto, pero su misión le repugna. Tres cuestiones aislará Lacan para entender la vacilación de Hamlet para realizar su acto que califica de &#8216;chapuza&#8217;.</p>
<p><strong>11.1. La castración-el deseo de la madre</strong></p>
<p>En primer lugar para Hamlet la castración es algo que falta, a consecuencia de la situación misma, distinta del Edipo. El punto clave es el deseo de la madre que Hamlet abordará en la llamada bedroom scene (escena de la alcoba)(11) después de la play-scene(12) (escena dentro de la escena). La clave de su deseo, que le permitiría también la resolución de su culpa de existir, están para Lacan en no saber que es en el deseo de su madre. La castración es la simbolización del deseo de la madre. Y este es el problema de Hamlet, ese deseo no encuentra su lugar en lo Simbólico. Hamlet deseaba a Ofelia hasta que aparece el fantasma del padre. Allí la rechaza, y algo del deseo queda separado para Hamlet, alienado al deseo de su madre. Su madre se rinde ante el deseo de Claudio, encarnación del falo que atrae a su madre y que Hamlet no ha renunciado a ser.</p>
<p><strong>11.2. El duelo-objeto &#8216;a&#8217;</strong></p>
<p>En segundo lugar hay un duelo que no se realizó. ¿Y cual es el duelo? Si el falo es el significante velado que no está a disposición del sujeto, este debe hacer el duelo por el falo. Es esta negativización del falo lo que debe pagar el sujeto para reencontrar ese objeto perdido, objeto &#8216;a&#8217;, objeto causa de su deseo, objeto en su fantasma. El falo sigue presente en Hamlet, está ahí, no está perdido y es Claudio es quien lo encarna.</p>
<p><strong>11.3. Paradojas del goce de Hamlet</strong></p>
<p>En tercer lugar tenemos la deuda pendiente con el goce del Otro, que debe hacer pagar en primer lugar a Claudio. Y esta la paradoja de Hamlet, imposible de resolver. «Hamlet no puede ni saldar la deuda, ni dejarla pendiente. Tiene que hacerla pagar». En la situación que se encuentra, el golpe también lo traspasa a él. Si por fin alcanza al criminal es con el mismo arma que le hirió de muerte. Al golpear el goce del Otro, se golpea a sí mismo.</p>
<p><strong>12. Horror al acto</strong></p>
<p>El espectro del padre también aparece sometido al deseo de la madre. Lo que horroriza a Hamlet es que su padre haya sido un fracaso como causa del deseo de su mujer. Este es el punto en el que siempre retrocede con horror. Y aquí la diferencia entre Edipo y Hamlet.<br />
Edipo y Hamlet deberán vengar la muerte del Padre. Si Edipo sabe que hay una maldición que pesa sobre él, prefiere huir de Corinto y escapar del presagio oracular. Este es el Edipo que no sabe. Edipo honrado, colmado de dones, hijo de la Fortuna&#8230; Edipo rey. Edipo maldice al asesino de su padre, ignorando que es él mismo. Cuando sabe no puede retroceder y se hace responsable de su ignorancia. Decide pagar el precio por haber visto lo que ningún mortal debe ver. No puede dejar de saber, avanza sin medir las consecuencias, quiere llegar a saber la verdad y decide pagar un precio. Por ello se ciega y exige ser desterrado. Aquí el acto de Edipo, el acto de la castración. Edipo hace por que no sabe. No saber es el correlato del Acto. El acto de Hamlet no es un acto de rebelión contra el padre, como en el Edipo, sentido creador que esta rebelión tiene en el psiquismo.</p>
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<p><strong>13. Deseo e identificación</strong></p>
<p>Si el hombre está habitado por el deseo, tendrá que encontrarlo ¿Dónde y cuándo encuentra Hamlet su deseo? Para Lacan lo encuentra en la escena del cementerio, cuando entierran a Ofelia, a través de una identificación con Laertes, hermano de Ofelia.<br />
Laertes da un grito desgarrador y salta al hoyo para abrazar por última vez el cadáver de su hermana, clamando su desesperación. Hamlet no soporta estas muestras de dolor por ese objeto femenino, que había sido degradado y que aparece velado, oculto en el fondo de la tumba y que puede nuevamente alojar ese objeto que causo su deseo, ahora perdido. Se precipita sobre Laertes tras lanzar un verdadero alarido, un grito de guerra y dice lo más inesperado, «¿Quién es ése cuyo dolor se exhala con tal énfasis&#8230;? Aquí está Hamlet el Danés»(13).<br />
«En la medida en que el objeto de su deseo se convierte en un objeto imposible, recobra de nuevo el carácter de objeto de su deseo». La muerte le devuelve a Ofelia su dignidad fálica, y al mismo tiempo Hamlet puede recuperar su lugar en la temática del deseo. Parecería por lo tanto que, la promoción de la imposibilidad del acceso al objeto interviene como una solución a la posible melancolía o manía, restableciendo la barrera entre deseo y goce que le permite al deseo hacerse reconocer en cuanto tal»(19).<br />
Hamlet encuentra su deseo a cambio de su propia vida. Otra cosa viene al lugar de la castración, el sacrificio.</p>
<p><strong>14. Posición del analista. Clínica del acto</strong></p>
<p>¿Y qué del analista en relación al héroe? ¿Con qué paga el analista? Nos dice Lacan: el analista paga con palabras, con su persona y con su juicio. No es un héroe, es lo que queda de un héroe.(14) Dos observaciones Lacan hace en este texto, que situan la posición del analista. El lugar a donde el analista es llamado el «entre-dos», «between her and her» (15), lugar donde aparece la hiancia, en la escena de la alcoba con la madre y en la play-scene con Ofelia.<br />
Y el juego del equívoco, una de las funciones de Hamlet, que consiste en juegos de palabras, retruécanos, dobles sentidos que lo acercan al bufón, que revelan las intenciones ocultas, por medio de metáforas, de sustituciones significantes. Hamlet encuentra la ocasión para el equívoco, «hace brillar por un instante ante sus adversarios un relampago de sentido», que genera una intriga, una discordancia, desorientan.<br />
Podemos anticipar con estas dos observaciones lo que Lacan dirá en L&#8217;Etourdit(16) respecto de la interpretación: &#8216;atañe a la causa del deseo&#8217; y &#8216; juega con los equívocos con los que se inscriben los ribetes de la enunciación&#8217;.<br />
La clínica del acto pone en cuestión el postulado de que el sujeto del pensamiento quiere su propio bien y allí su relación con la pulsión. El paradigma del acto es para Lacan el acto suicida. Todo &#8216;acto verdadero&#8217; en el sentido de Lacan es un &#8216;suicidio del sujeto&#8217; ya que el sujeto puede renacer de este acto, de un modo distinto(17). El sujeto no es el mismo antes que después del acto. Si el inconsciente introduce la verificación, por el contrario el acto introduce la certeza. En el acto el sujeto se libera de los efectos del significante. El acto introduce una alteridad, resuelve la indeterminación del sujeto y apunta al corazón del ser: el goce.<br />
Producir lo incurable y alojarlo del lado del saber; «tender la mano al azar del encuentro a condición de volverse responsable de ello» (20); modificar la relación del saber con lo real, con la verdad de su goce, es a lo que apunta la operación analítica. La interpretación apunta al ser del sujeto, de su falta en ser a su ser de goce. El acto analítico reposa sobre «hay un saber en lo real&#8230; allí donde no hay relación sexual». Acto que verifica y responde a la tachadura del Otro.</p>
<p><strong>15. El héroe moderno</strong></p>
<p>Hamlet es la historia de un héroe que se hace pasar por loco para llegar a la realización de su acto. «El que sabe esta marcado por el fracaso y el sacrificio». Incluso como dice Pascal, hace el loco con los demás.<br />
Hacerse pasar por loco es también una de la dimensiones de la política del héroe moderno. «Para el héroe moderno, cuando el destino es nada, hay un extravío, una incertidumbre total con respecto al deseo, es lo que Freud llama «malestar en la cultura»(18).<br />
Si la obra comienza con una interrogación angustiada de Hamlet, termina con una solución, «El resto es silencio».</p>
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<p>Marta A. Davidovich<br />
Mayo 1996</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Referencias Bibliográficas</strong></p>
<p>(1) Jacques Lacan &#8211; Las lecciones sobre Hamlet. (1958-59) Freudiana no 6, 7 y 8 &#8211; Ed. Paidós, 1993-94 (en el Seminario VI). (2) W. SHAKESPEARE- Hamlet &#8211; Ed. Aguilar &#8211; 1981 &#8211; Tradución Luis Astrana Marín.<br />
(3) Sigmund Freud &#8211; Carta no 71 a Fliess, del 15-10-1897.<br />
(4) Sigmund Freud &#8211; Carta a Fliess, del 15-3-1898.<br />
Sigmund Freud &#8211; La Interpretación de los Sueños &#8211; (1900) &#8211; Obras Completas &#8211; Ed. B. Nueva-1948. (5) E. JONES &#8211; Hamlet et Oedipe (1923) &#8211; París Gallimanrd &#8211; 1967.<br />
(6) Jacques Lacan &#8211; Seminario 6 &#8211; El deseo y su interpretación (1958-59) &#8211; Inédito.<br />
Jacques Lacan &#8211; Seminario 10 &#8211; La Angustia &#8211; 1962-63 &#8211; Inédito.<br />
(7) W. SHAKESPEARE &#8211; id. obra citada &#8211; Acto III &#8211; escena I<br />
Hamlet.- ¡Ser o no ser: he aquí el problema! ¿Qué es más levantado para el espíritu: sufrir los golpes y dardos de la insultante Fortuna, o tomar las armas contra un piélago de calamidades y, haciéndoles frente, acabar con ellas? ¡Morir&#8230;, dormir; no más! ¡Y pensar que con un sueño damos fin al pesar del corazón y a los mil naturales conflictos que constituyen la herencia de la carne. ¡He aquí un término devotamente apetecible! ¡Morir&#8230;, dormir! ¡Dormir!&#8230; ¡Tal vez soñar! ¡Sí, ahí está el obstáculo! ¡Porque es forzoso que nos detenga el considerar qué sueños pueden sobrevenir en aquel sueño de la muerte, cuando nos hayamos librado del torbellino de la vida! ¡He aquí la reflexión que da existencia tan larga al infortunio!.<br />
(8) W. SHAKESPEARE &#8211; id. obra citada &#8211; Acto I &#8211; escena V<br />
(9) W. SHAKESPEARE &#8211; id. obra citada &#8211; Acto I &#8211; escena V<br />
(10) W. SHAKESPEARE &#8211; id. obra citada &#8211; Acto III &#8211; escena I<br />
(11) W. SHAKESPEARE &#8211; id. obra citada &#8211; Acto III &#8211; escena III<br />
En la escena de Hamlet y de su madre, escena en la que ésta se ve<br />
es, y la incita a romper las ataduras de lo que llama el condenado monstruo de la costumbre.<br />
Hamlet: «La costumbre, ese monstruo que devora todo sentimiento, a pesar de ser un demonio en materia de hábitos, es un ángel, sin embargo, en cuanto que, para ejecutar bellas y nobles acciones, también nos proporciona un sayo o una librea de fácil quita y pon. Refrenaos esta noche eso hará más fácil la próxima abstinencia y aún más fácil la siguiente&#8230;».<br />
Hamlet flaquea una vez más y se despide de su madre diciéndole, «Dejad que el cebado rey os atraiga nuevamente al lecho, os pellizque lascivo las mejillas&#8230;» Hamlet abandona a su madre, literalmente la deja caer, deja que se abandone de nuevo a su deseo.<br />
(12) W. SHAKESPEARE &#8211; id. obra citada &#8211; Acto III &#8211; escena II<br />
Play-scene: Es la escena que Hamlet arma con los comediantes, la famosa Ratonera. Allí Hamlet hace representar un crimen similar al que él debe realizar. Se hace representar a sí mismo, tratando de dar cuerpo a una imagen, como modo de asumir el crimen que se tratará de vengar. Su deseo sólo puede animarse dando cuerpo a algo, colocándose entre<br />
la espada y la pared.<br />
(13) W. SHAKESPEARE &#8211; id. obra citada &#8211; Acto V &#8211; escena I<br />
(14) Jacques Lacan &#8211; Seminario 7 &#8211; La Etica en Psicoanálisis, 1959-60 &#8211; Ed. Paidós.<br />
(15) Jacques Lacan &#8211; Las lecciones sobre Hamlet &#8211; Freudiana 6, 7 y 8 &#8211; Ed. Paidós, 1993-94.<br />
En determinado momento, durante la play-scene, Ofelia felicita a Hamlet por lo bien que comenta la obra: «You are as good as a chorus, my Lord» (representaís perfectamente el papel del coro). Y el contesta: «I could interprete between you and your lover. If I could see the puppets dallyng» (podría hacer de interprete entre vos y vuestro amante con sólo que os viera retozar en la escena como títeres). Asimismo, en la escena con la madre, cuando el espectro se le aparece a él solo, le dice: «O, step between her and her fighting soul. Conceit in weakest bodies strongest works. Speak to her, Hamlet». Interponte entre ella y su alma en lucha, dice el espectro. Conceit es unívoco. Conceit se usa constantemente en la obra, en relación con lo que se refiere al alma. El conceit es justamente el concetti, el alarde de estilo, del estilo preciosista. El conceit obra con más fuerza en los cuerpos más débiles. Háblale, Hamlet. Constantemente se le pide a Hamlet que penetre, que actúe, que intervenga, en el lugar constituido por este «entre dos», «between her and her». Para nosotros es significativo, porque en esto consiste nuestro trabajo. Conceit in weakest bodies strongest works, es una llamada dirigida al analista.<br />
(16) Jacques Lacan &#8211; L&#8217;Etourdit &#8211; Escanción no 1 &#8211; Ed. Paidós &#8211; 1984.<br />
(17) J.A. MILLER &#8211; «Acto e Inconsciente» en «Acto e Interpretación» &#8211; Ed. Manantial &#8211; 1984.<br />
(18) F. REGNAULT &#8211; Hamlet o el extravío del héroe moderno &#8211; Freudiana no 8 &#8211; 1993.<br />
(19) S. ANDRE &#8211; «La impostura perversa»- Ed. Paidós &#8211; 1995.<br />
(20) E. LAURENT &#8211; «Du Réel faire hasard» &#8211; Le bulletin 3 &#8211; A.C.F. 1994.</p>
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