SESIÓN ONLINE: Los tropiezos de la adolescencia hoy

A cargo de los invitados Camilo Ramírez y Ariane Chottin

Organizada por el Departamento de Estudios de Psicoanálisis en Instituciones de la Sección Clínica de Madrid (Nucep).

“Los tropiezos de la adolescencia hoy”

Camilo Ramírez
Psicoanalista en Paris, miembro de l’ECF y de l’AMP, presidente de parADOxes

Ariane Chottin
Psicoanalista en Paris, miembro de l’ECF et de l’AMP, directora de parADOxes

Coordinación: Gabriela Medín

PREGUNTAS A CAMILO RAMÍREZ Y ARIANE CHOTIN

P: Nos gustaría que nos presentéis a Paradoxes, la institución para jóvenes en París en la que tenéis un rol activo.

Los adolescentes que recibimos en parADOxes están atrapados en los tropiezos de la vida: amar, aprender, elegir. Pueden en ocasiones encenderse, quemarse o apagarse. Sin manual de instrucciones para lidiar con los misterios del sexo y de la muerte, con el impulso del deseo y la extrañeza del placer que surgen con la pubertad, período de sacudidas del cuerpo que constituye la adolescencia.

ParADOxes, fundada en 2009 por Normand Chabot, es una asociación que acoge en Paris, adolescentes de 11 a 25 años para consultas psicoanalíticas gratuitas y limitadas en el tiempo, así como para talleres de escritura individual conocidos como “Ateliers Chemin de Vie” (talleres Camino de Vida) u otros talleres en grupos reducidos. También acompañamos profesionales que trabajan con jóvenes para análisis de su práctica (supervisiones) o conversaciones clínicas. 

Nuestra brújula es el psicoanálisis lacaniano tanto para los 15 psicólogos y psicólogas clínicas y las 4 talleristas que forman el equipo. Nosotros ponemos al trabajo nuestra clínica en cartel y en reuniones de equipo con el nuevo presidente Camilo Ramírez, es lo que mantiene vivo nuestro deseo y nos enseña sobre los nuevos síntomas de la juventud.

P: ¿Cómo se orienta vuestro trabajo clínico? ¿La clínica del parletre, es algo que está presente en vuestra práctica allí?

Trabajamos con múltiples parteneres que están muy atentos al tratamiento de la demanda del Otro social para tomar distancia de las intenciones de adaptación o normalización que conciernen a los adolescentes que nos envían. La acogida de la demanda necesita a veces velar el discurso contemporáneo sobre la juventud, con frecuencia crudo y estigmatizante. Los intervinientes propician la presencia de un hueco, de un vacío, donde cada joven recibido podrá alojar un decir nuevo, de forma que el mismo pueda resonar, marcando así un antes y un después. 

Con frecuencia solicitados por otras instituciones que también acogen adolescentes, los intervinientes de parADOxes nunca ocupan una posición de saber o de expertos : lo que hacemos es abrir un espacio de conversación donde cada uno pueda desplegar su malestar y los callejones sin salida con los que él o ella chocan. 

El zócalo común de los diversos dispositivos consiste en volver a darle una dignidad a la palabra, combatiendo así el efecto de empobrecimiento de la lengua propio de nuestra época. 

La clínica del parlêtre está muy presente en parADOxes : la orientación deseada para los tratamientos cortos apunta a atrapar los surgimientos, las fulgurancias, los efectos de sorpresa a nivel de la lengua, más que el despliegue histórico de la cadena significante y sus efectos de sentido. Bien entendido, los dos niveles coinciden : a veces el aislamiento de un significante conlleva un efecto de sentido aclarador, indicando para algunos la presencia de un goce ignorado, mientras que para otros su surgimiento permite la introducción de un corte, de una separación. 

Los intervinientes, todos analizantes, están advertidos de abstenerse a intentar provocar efectos de verdad. 

P: ¿Encontráis algún aspecto destacable a transmitir a partir de vuestras elaboraciones sobre la clínica con jóvenes en este momento? 

El rasgo más notable de este año ha sido la reinvención de las prácticas para hacer frente al real de las medidas sanitarias (confinamientos y toque de queda) asociadas al COVID. 

En un primer tiempo, abrimos la posibilidad de consultas y talleres a distancia, en un segundo tiempo las actividades fueron híbridas (en presencia o a distancia, pudiendo ambas alternarse). 

En junio, propusimos un encuentro a nuestros parteneres para conversar sobre la prisa con la que hubo que renovar nuestras prácticas para acompañar a los jóvenes fragilizados por la ruptura  de los vínculos como consecuencia del confinamiento. Marcos, referencias y rutinas habían desaparecido súbitamente, dando lugar a un abanico de manifestaciones, tan pronto del lado de la invención, como de las respuestas sintomáticas.

En lo que se refiere a los adolescentes, era comprensible el alivio que para algunos suponía no estar sujeto a las exigencias educativas o sociales, mientras que a otros les resultaba insoportable tener que enfrentarse a la cohabitación familiar inconcebible, o la angustia de constatar que el encierro se eterniza, dando lugar a la incertidumbre donde el deseo se asfixia a falta de un horizonte hacia el que proyectarse.  

Del mismo modo, la ruptura que la pandemia ha operado, entre lo individual y lo colectivo, instaura en muchos jóvenes una soledad dolorosa, que necesita hoy más que nunca del encuentro del lazo y del lugar donde poder decirse. 

INSCRIPCIÓN ABIERTA AL PÚBLICO

La sesión se celebrará el próximo viernes 15 de enero a las 19:00 h, en formato online, utilizando la aplicación Zoom.

El aforo está limitado a 500 asistentes. Las inscripciones se confirmarán por orden de pago e inscripción. Los honorarios para asistir a la sesión son 5€ para los NO inscritos en el Departamento de Estudios de Psicoanálisis en Instituciones de la Sección Clínica de Madrid (Nucep), como colaboración en los gastos.

Los participantes inscritos en el Departamento de Estudios recibirán su invitación para asistir a la sesión sin coste adicional.

Para inscribirte debes completar el formulario y realizar el pago online. Una vez confirmado el pago recibirás un email de confirmación de la inscripción en tu buzón de correo.

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CONFERENCIA ONLINE Transexualismos en la época trans

Conferencia de Andrés Borderías

Ciclo de conferencias “Cita con la práctica psicoanalítica hoy“, organizado por el Seminario del Campo Freudiano de la Sección Clínica de Madrid (Nucep).

“Transexualismos en la época trans”

En esta ocasión, el ponente, Andrés Borderías, realizará un recorrido sobre los aspectos clínicos estructurales del transexualismo, partiendo del caso Schreber (1), la perspectiva que introduce J. Lacan en los años cincuenta y después en su última enseñanza, para abordar el momento actual sobre el tema. 

Conferencia a cargo de Andrés Borderías
Coordinación: Carmen Cuñat

(1) Freud, S., “Sobre un caso de paranoia descrito autobio-gráficamente (Caso Schreber)”, Editorial Amorrortu, Buenos Aires, 2005.

ANDRÉS BORDERÍAS

Andrés Borderías es Psicoanalista en Madrid, Analista Miembro de la Escuela de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis y docente de la Sección clínica de Madrid-Nucep del Instituto del Campo Freudiano. Es fundador y director del Centro de Psicoanálisis Aplicado (Madrid). Ha publicado múltiples  artículos en libros y revistas en medios diversos.

INSCRIPCIÓN ABIERTA AL PÚBLICO

La conferencia se celebrará el próximo viernes 11 de diciembre a las 20:30 h, en formato online, utilizando la aplicación Zoom.

El aforo está limitado a 500 asistentes. Las inscripciones se confirmarán por orden de pago e inscripción. Los honorarios para asistir a la conferencia son 5€ para los NO inscritos en el Seminario del Campo Freudiano de la Sección Clínica de Madrid (Nucep), como colaboración en los gastos.

Los participantes inscritos en el Seminario del Campo Freudiano recibirán su invitación para asistir a la conferencia sin coste adicional.

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CONFERENCIA Los objetos a y el loco, por Fabián Naparstek

Conferencia inaugural del curso 2020-2021 del Departamento de Estudios de Psicopatología Clínica de la Sección Clínica de Madrid (Nucep).

“Los objetos a y el loco”

Intentaremos situar una perspectiva de las psicosis desde la vertiente del pequeño objeto a. J.-A. Miller señala su asombro en la reciente conversación de UFORCA sobre la ausencia de la noción de objeto a para dar cuenta de nuestra clínica actual. Con dicho asombro nos propone avanzar hacia allí. En el camino de la clínica del Nombre del Padre a la clínica del Sinthome Lacan desarrolla herramientas muy potentes para pensar nuestro quehacer con las psicosis. En ese camino entre el paradigma Schreber y el paradigma Joyce encontraremos al Loco. Veremos que se puede extraer de esas elaboraciones.

Conferencia a cargo de Fabián Naparstek
Coordinación: Santiago Castellanos y Rosa López

FABIÁN NAPARSTEK

AME de la EOL y la AMP
AE 2002 – 2005.
Prof. Titular Regular Psicopatología de la Facultad de Psicología de la UBA
Prof. A cargo de la materia “Clínica de las toxicomanías y el Facultad de Psicología de la UBA.
Dr. Mención en Psicoanálisis en Paris 8

INSCRIPCIÓN

La conferencia se celebró el pasado 12 de noviembre de 2020.

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La vida es sueño. Por Ana Ruth Najles

Conferencia a cargo de Ana Ruth Najles en el marco del Ciclo “Goce y angustia”, organizado por Proyecto Asistir.

8 octubre 2020 – Argentina

CONFERENCIA El virus analítico en el tiempo del confinamiento y del post-confinamiento

Conferencia de Domenico Cosenza

Ciclo de conferencias “Cita con la práctica psicoanalítica hoy”, organizado por el Seminario del Campo Freudiano de la Sección Clínica de Madrid (Nucep).

“El virus analítico en el tiempo del confinamiento y del post-confinamiento”

>El acontecimiento del COVID-19 ha alterado nuestra vida cotidiana, reduciendo radicalmente nuestra libertades de movimiento y acción, y afectando duramente al espacio del encuentro real con el otro. Esta condición ha puesto al psicoanálisis también, frente a una situación de dificultad en muchos aspectos, inédita, obstaculizando su práctica y su transmisión. Sin embargo el virus analitico -Freud hablaba de introducir la peste en su viaje a los Estados Unidos- encuentra hoy una vitalidad sorprendente, que le permite propagarse mas allá de los obstáculos que la pandemia presenta. Hablaremos de esta vitalidad y de las invenciones que se han ido produciendo en el psicoanálisis en el tiempo de la pandemia que estamos viviendo.

Conferencia a cargo de Domenico Cosenza
Coordinación: Miriam Chorne

DOMENICO COSENZA

Domenico Cosenza es psicoanalista en Milán, Italia. Es miembro de la Scuola Lacaniana di Psicoanalisi, Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis y Presidente re-electo de la Euro Federación de Psicoanálisis. Es docente del Istituto italiano del Campo Freudiano. Ha sido director científico de distintas instituciones terapéuticas dedicadas al tratamiento de los llamados trastornos alimentarios. Ha escrito numerosos libros: La comida y el inconsciente, reeditado por la editorial NED en 2019; El muro de la anorexia, editorial Gredos en 2013; Jacques Lacan y el problema de la técnica en el psicoanálisis, editorial Gredos, 2008.

La conferencia tuvo lugar el pasado 30 de octubre de 2020.

Consulta las fechas de las próximas conferencias del ciclo “Cita con la práctica psicoanalítica hoy”.

Comienzos de análisis. Por Mónica Unterberger

Debate online La vigencia del psicoanálisis 20 años después

 La actualidad del estado de la civilización me inclina en esta intervención sobre Comienzos de análisis , a interrogar  a qué sirve el uso que se hace  hoy de los diagnósticos y las clasificaciones.  Sin dudas, son los estados de la civilización y su incidencia sobre la subjetividad, los que  llevan a que cada vez , se trata de la revisión del “momento actual de la clínica del síntoma”. (E.Laurent,  “El Otro que no existe y sus Comités de ética”)

Entrar en “Los inicios del tratamiento” de Freud (1912)(1) es encontrar no sólo indicaciones relativas a la definición de lo que es psicoanálisis, lo que no lo es, sino también de hallar advertencias relativas a no “errar el diagnóstico”. Para ello, nos dice, hace falta un “tiempo de entrevistas ya que éstas son el único medio de prueba de que disponemos (…) para llegar a conocer el caso y  decidir si le es aplicable el psicoanálisis”. Estas tienen además una “motivación diagnóstica”.

Este tiempo de prueba,- breve para Freud- con Lacan serán las entrevistas preliminares a toda entrada al análisis. No tienen una duración previa fijada, incluso pueden prolongarse, como de hecho sucede. Esa motivación diagnóstica  también está presente  en Lacan.

En una larga cita en ese texto, Freud  nos advierte del valor del que dota al diagnóstico y las clasificaciones :  no todo síntoma,  equivale a la estructura. El hecho  de que haya identificaciones histéricas u obsesivas, nos dirá, no hacen a  la neurosis como estructura. Es una indicación preciosa porque esta advertencia tiene en nuestra época actual, toda su vigencia.

Es ésta la cuestión a la que estamos irremediablemente enfrentados en nuestra época y no debemos desatender en estos tiempos donde, a una velocidad de vértigo insospechado, se han producido cambios de discurso en los discursos que nos bañan.

Cambios que inciden en la subjetividad y se presentan  bajo nuevas formas sintomáticas que nos llevan a interrogar el estado de la teoría de la clínica del síntoma, a los fines de la dirección de la cura.

No es nueva esta preocupación. Hace ya tiempo que el psicoanálisis de orientación lacaniana  estudió en los encuentros  dedicados a ese fin, lo que encontrábamos como “casos raros”, casos que no entraban en las clasificaciones ni en los diagnósticos , cuya elucidación de esa zona de la práctica desembocó en “Los Inclasificables de la clínica psicoanalítica” (1999)  y en esa aproximación que no se pretende una categoría cerrada y que J.A.Miller llamó “Las psicosis ordinarias “.

De hecho es una preocupación que hoy nos concierne aún más, al no ser ajena a la realidad inédita que atravesamos: ese real de un virus que, además de poner patas arriba  el  lazo social, la economía, tiene efectos mortíferos sobre la vida, sobre el cuerpo que se tiene y nos tiene. Instantes de conmoción que sin dudas traerán, por las variables presentes durante su actividad, mutaciones sobre el parlêtre, que aún desconocemos.

Presencia de un real que ya ha incidido sobre una de las condiciones sine qua non de encuentro entre analizante y analista como lo es la presencia de los cuerpo en la experiencia analítica. En efecto, nos enseña que toda clínica  implica el encuentro con lo real, de lo que hay que dar cuenta

Eso que Freud, en un momento intenso de presencia de lo real, descubrió como el malestar en el corazón de la civilización, nos sirve para afirmar  y no desconocer que cada civilización tiene su síntoma al que la clínica del síntoma del momento., debe responder.

Eric Laurent (2) al respecto comenta: “Ante este estado de la civilización, no sabemos cuáles serán los nuevos síntomas que organicen la distribución del goce en nuestra civilización”.

Aunque podemos poner en serie los hechos que la atraviesan: 1. Las consecuencias de un desvanecimiento de la función del padre; 2. La emergencia de los movimientos feministas  en toda su diversidad; 3. La incidencia de esto en la relación entre los sexos y 4.  Estar afectados por los discursos que están en el mundo como agentes de producción de sentido y de ofertas de goce: la ciencia, el capitalismo, la técnica.

Verificamos día a día la insaciable, cambiante emergencia de nuevos semblantes- no anclados a lo real del cuerpo- , que sirven a tratar el real, sin ley, que les escapa.  Esos semblantes, no son los mismos que encontramos en la neurosis. En ese cruce, es en el que conviven los síntomas antiguos con los síntomas nuevos, a los que nos toca interrogar qué función cumplen,  a qué sirven , sin desconocer las incidencias de la época y sin que podamos acoger sus clasificaciones y sus diagnósticos rápidamente.

Constatamos que éstas , conllevan un uso ético que conviene, al menos no dejar  de destacar. A veces se usan como “abuso de saber” (2) para alojar ahí lo que las descargue de un no-saber clínico, además de estigmatizar al sujeto por un trastorno o un síntoma de la estructura. Pero también tiene otra vertiente, la buena:

La de establecer una dirección de la cura, o bien, rectificar la posición del analista (3). Incluso , un uso decisivo como marco que inscribe diferencias .

En nuestra época,  nos encontramos con casos que se situan en la frontera entre neurosis y psicosis – ya no tenemos las “boquitas de oro” y los obsesivos de la época de Freud-  y son estos casos, los que agujerean las clasificaciones y los diagnósticos. Es uno de los problemas con los que nos enfrentamos en nuestra clínica y no se trata de que no haya un limite como el que establece neurosis, psicosis. Incluso perversión, sino que en ellas siempre hay algo que o bien desborda ese límite o falta. En la práctica, encontramos que lo que escapa a los protocolos es justamente lo que atrapa lo singular y  concierne al caso por caso

Miller lo dice muy claramente:” toda clasificación bien hecha, debe incluir la clase de los inclasificables”. (4)

Son esos inclasificables los que los convierten en una zona de la práctica que ofrece dificultades en la dirección de la cura, en la maniobra de la transferencia.

Recordemos que  tiempo atrás, a esta zona de la práctica y desde distintas escuelas, se llamó Borderline, estados frontera, estados límites. Justamente por entrar en una zona, en un borde que  se acercaba a veces a la neurosis  y otras, a la psicosis, y ponía a prueba al máximo el deseo del analista además de hacer límite a la teoría psicoanalítica. 

Abro tan solo el problema, sin avanzar,  por lo que nos interesa respecto a los comienzos de análisis en esta época. 

J.A.Miller caracteriza el modo de goce contemporáneo, en términos de “estamos ante un nuevo régimen del Otro”.  De eso, tenemos que estar advertidos en nuestra práctica.  

Lo dejo ahí.

Abierta esta problemática, vamos a los Comienzos del Análisis.

Al principio de las entrevistas partimos de la idea que el síntoma que  trae a un análisis, está hecho de sustitutos de lo olvidado y que tiene sus raíces en la historia de sus identificaciones y fijaciones de goce allí enlazadas.  La tarea a la que un analista está presto es a la regla de oro de la asociación libre del analizante.

Que es la menos libre, dado que la materialidad del lenguaje y sus leyes sirven al enmascaramiento del punto traumático configurado en al menos dos tiempos primeros: uno el traumatismo del encuentro con la lengua, sin sentido; el otro,  el acontecimiento de goce localizado en el cuerpo como impacto de ese encuentro.

Esas experiencias y marcas es lo que reencontramos en el síntoma mudo, bajo la forma del modo en  que el sujeto goza de su inconsciente. Sin saber que goza. Sin saber de qué está hecho ese nudo.

Cuándo viene a consultar? Cuando algo se abre, se desestabiliza. Momentos de crisis. De pérdidas.  Viene por algo que no va bien en su vida, en el campo de su realidad, en su cuerpo. Desconoce cómo salir de ese “estado de malestar” y su embrollo.

Eso que lo trae puede ser un síntoma, pero también un fenómeno, un trastorno.  Formas que toma el malestar  y que en el dispositivo analítico se enmarcan bajo los efectos de la transferencia y  pueden alcanzar el estatuto de síntoma analítico, al descifrar el sentido que porta y conmover el goce que le da soporte.

Pero ese paso que va de las entrevistas preliminares  con las que comienza un proceso, no sucede por sí sólo. Es un paso que dará, o no, lugar a una entrada en análisis.  

Los comienzos son tan variados como diversas son las demandas. Pero ciertamente que sin demanda, no hay comienzo. La oferta de hablar, recordaba Lacan, crea demanda. Y es la intervención del analista, en su acto quien  la produce.

Aún habría que añadir que la entrada en el dispositivo analítico no asegura ni su continuidad ni su paso a la entrada al análisis .

Las entrevistas sirven de manera esencial para situar la posición del sujeto en la estructura y establecer la relación que los síntomas mantienen con lo real de la estructura. Más aún hoy que cada vez con más frecuencia vemos casos en los que no es fácil decidir de qué lado se inscriben: si en la neurosis, en la psicosis o más bien en una zona NI.(5)

Las entrevistas sirven en ese tiempo inicial al establecimiento de la transferencia  cuyos signos son brújula que orienta. “ Es un 

instrumento epistemológico”!., afirma E. Laurent

En el comienzo está la transferencia. Mejor dicho: la transferencia es el comienzo, sin  la cual no hay ninguna posibilidad de tratamiento de lo real, en los casos graves, y siempre en todos los casos , de la neurosis.

Sin reglas que fijen normas pero no sin principios: el de responder al tiempo que hace falta para producir una entrada en análisis.

Un tiempo en el que se muestre cuáles son los partenaires del sujeto, con qué cartas juega su partida y si esos semblantes que lo representan, se enganchan a lo real del cuerpo o bien son simulacros que hacen “como si” lo fueran.

El “estado de malestar” con el que alguien llega a un analista y del que se queja, aún no es idéntico al síntoma tal, que sirve a saber algo de ese no sabido, conjurado en una equivocación que se conjugó sin estar al alcance del sujeto, pero del cual él resulta instituido.

Sin embargo hay algo que se da en el comienzo: es la oportunidad del encuentro con un saber que se distingue del conocimiento, un saber no sabido  que exigirá, en su paso al discurso del inconsciente un largo recorrido hasta conseguir, vía el deseo del analista, otros posibles anudamientos, otro modo de gozar del inconsciente.

Del lado del analista, sirven a desvelar la posición ética del sujeto que consulta y permite sostener otra ética : la del psicoanálisis cuando como ocurre a veces,  no  hay que escucharlo todo  ni se puede sostener una escucha ante cualquier posición subjetiva  si ésta  desvía la ética del psicoanálisis.

Subrayemos por último  que el comienzo, por todo lo que venimos diciendo, si bien no coincide con la entrada en análisis , a la vez,  las entrevistas pueden  continuarse bajo un modo terapeútico si, como afirma Lacan “se trata de permitirle a un sujeto una supervivencia”, un poco menos tonta , más amable.

Finalizo.

Los casos célebres de Freud son la mostración paradigmática de los síntomas propios de la época de una función del Nombre del Padre y sus efectos de sintomatización, de la cual hemos aprendido todo lo que sabemos de la histeria, de la obsesión, la fobia y de aquellos que también en esa época, se escapan de ese marco preciso.

Hoy, el nuevo régimen del Otro que caracteriza nuestra civilización,  nos convoca a elucidar los síntomas nuevos emergidos de la incidencia de lo que opera como discurso del Amo, sin el Nombre del Padre o con sus “simulacros” o suplencias.

Este es y  ha sido el motivo de mi intervención, apretadísima, a los que se interesen en el discurso del psicoanálisis de orientación lacaniana,  un discurso que como lo expresara Lacan “ es aún un discurso por descubrir”.

Mónica Unterberger


  1. Freud, S. Los inicios del tratamiento, 1912
  2. .Laurent, E. El Otro que no existe y sus comités de Ética, 1999
  3. Soler, C. La querella de los diagnósticos
  4. Miller, J.A. Los inclasificables de la clínica psicoanalítica
  5. Soria, N. ¿Ni neurosis ni psicosis?, 2011

Intervención en el debate “Comienzos de análisis” celebrado online el 25 de septiembre 2020.

Comienzos de análisis. Por Ana Ruth Najles

Debate online La vigencia del psicoanálisis 20 años después

“Uno habla solo a menos que se ponga a dialogar con un psicoanalista”

J. Lacan, Seminario XXIV, L’insu….
Inédito.

Para comenzar a situar las cuestiones quisiera indicar que no todo ser hablante que llega a la consulta con un analista, entra en análisis.

En general podemos comprobar que el llamado a un analista se produce por un sufrimiento que se torna insoportable, ocasionado por un goce que se le impone a alguien desde el im-propio cuerpo o desde los pensamientos  -goce del sinthoma-, así como también desde los modos de gozar de los cuerpos que lo rodean:  hijos, padres, hermanos, partenaires amorosos o sexuales, compañeros, jefes, etc.  

Es decir, que se sufre por el goce de un cuerpo que se tiene pero que aparece como ajeno, y también por el goce que aparece en el cuerpo de los otros amados/odiados, que le presentifican al ser que habla la extimidad del goce del cuerpo como tal. 

El momento del llamado da cuenta, también, de que alguna contingencia produjo un desenganche sinthomático que desestabiliza el equilibrio en que se mantenía la vida de ese que habla hasta ese momento porque se ha desanudado del goce real del cuerpo. Cuando eso ya no marcha, aparece entonces la insatisfacción, la tristeza, los síntomas, las inhibiciones, los olvidos, los recuerdos, los miedos o la angustia … Y en el mejor de los casos, se recurre a un analista. 

¿Y cuál es la demanda que se le dirige? La demanda es la de hacer desparecer el sufrimiento mágicamente -vg. el medicamento- y además, la de llevarlos a un estado de felicidad, dado que este es un ideal ancestral que el discurso imperante en el mercado no se priva de ‘vender’ por todos los medios. Pero la demanda que subyace siempre es la demanda de amor, incluso bajo la forma de la demanda de significación. Y es por eso que Freud hablaba de la ’regla de abstinencia’ para el analista y Lacan afirmaba que no hay que responder a la demanda. Lo que sí debe hacer el analista es combatir al real del goce que se le impone a ese que llega. Veremos cómo lo hace.  

En principio, ese sufrimiento que deriva en la demanda, debe ponerse en forma bajo transferencia, transferencia que puede estar presente antes del llamado (por la vía de una relación previa al psicoanálisis o a la persona que hace la derivación), y que debe ponerse en marcha en función de que supone ya una interpretación: la de que ese sufrimiento tiene un sentido. 

Se comienza, entonces, por lo que S. Freud llamó “ensayo previo” en su texto “La iniciación del tratamiento” y lo que J. Lacan, llamó “entrevistas preliminares” de las que afirmó en el Seminario El saber del psicoanalista (1971): “no hay entradas en análisis sin entrevistas preliminares”. Pero aclaremos, que tanto Freud como Lacan ponen el acento en que las normas del dispositivo, en estas entrevistas, son las mismas que para las de un análisis ya en curso. Es decir, que la posición del analista es siempre la misma. 

Por la vía del amor, que es siempre de transferencia, se comienza a tejer un lazo durante esas entrevistas preliminares, ya que es el amor el que posibilita la puesta en su lugar de un discurso que suple la ausencia de relación entre las palabras y las cosas y entre los cuerpos hablantes entre sí. 

Lo que S. Freud denominó transferencia e incluso neurosis de transferencia y que J. Lacan desarrolló por la vía del SSS, supone el camino que va del amor al saber, y más allá, al goce del cuerpo, trayecto que tiene por efecto un sujeto en tanto falta en ser-por eso demanda ser- y un producto que es el goce segregado que no por eso deja de ser signo de un goce innombrable, proceso que da cuenta de la posición de un tercero, el Otro como lugar del inconsciente. 

Esto quiere decir que para que haya una entrada en análisis, tiene que haber un síntoma puesto en forma bajo transferencia. Este lazo transferencial inaugural es lo que con Lacan llamamos discurso del Inconsciente o discurso del amo. 

Es decir, que la entrada en análisis, supone una discontinuidad, un umbral a atravesar. 

Alguien llega ante un analista hablando el discurso corriente, disco-urso-corriente, hablando como un chorlito (J. Lacan Seminario Aun), creyéndose dueño de su ser, sin saber que repite una y la misma cosa todo el tiempo, el S1que está en el principio del sinthoma, puro enigma que remite al modo de gozar del inconsciente (real, lalengua) en tanto éste lo determina. 

Eso es lo que se hace presente en el desenganche que causa el sufrimiento, y con el que se dirige al analista, cuyo lugar es el de destinatario de todo lo que allí se diga (S2), para permitir la puesta en función del 3º, es decir del Discurso del Inconsciente como Otro lugar. Esto implica que el inconsciente se posiciona en el entredós, analista/analizante. Y no sólo, porque esto supone también un anudamiento de R, S, I diferente por la aparición del S1 enigmático del sonthome que hace signo (letra), del cual hace semblante de serlo el analista (J. Lacan, La tercera). Esto implica que el analista funciona como sinthome del analizante en la experiencia analítica. 

Que el analista se ubique en principio en el lugar de S2, no quiere decir que él sea ni se crea portador de ningún saber, sino que por el hecho de que él ocupe ese lugar hay un efecto, el Sujeto dividido, que no es otro que el SSS en tanto que sujeto del inconsciente. Sin olvidar que esta máquina que es el discurso del inconsciente funciona por el goce -no hay discurso más que por el goce, dice Lacan en el Seminario XVII- que se produce por el sólo hecho de hablar. Pero esto necesita tiempo para desplegarse. Además, el analista, cuya función es la de ofrecer el objeto a como causa del deseo del analizante, por el acto analítico empuja al sujeto al trabajo desde el discurso que le es propio: el discurso analítico, que corta la articulación entre S1 y S2.  

De este modo, el sujeto supuesto saber se manifiesta en las formaciones del inconsciente: sueños, lapsus, actos fallidos, chistes, olvidos recuerdos, miedos y síntomas. Pero en estas formaciones también, se manifiestan los tropiezos con la piedra de lo real (el hueso del análisis), que funcionan como topes para el sentido, tal como sucede con el ombligo en el sueño, real que remite a la pulsión o al goce sin ley, que en el lenguaje se manifiesta como lo imposible de decir. 

En tanto se produzcan y sorprendan al hablante, estas producciones funcionan como interpretaciones del inconsciente para el que habla, en tanto y en cuanto él les otorga un sentido. Y estas interpretaciones del inconsciente no son más que ficciones del fantasma que recubren el agujero real de la causa por siempre perdida. 

Aquí debemos hacer notar que para situar este entrada -ligada a la puesta en función del discurso del inconsciente- debemos estar orientados por el fin del análisis, que no es otro que el de confrontarnos con lo real del goce del cuerpo parlante –sinthome– y llegar a poder arreglárnoslas con él para hacer lazo con los otros.

Les daré un ejemplo que podrán leer desplegado en mi libro Problemas de aprendizaje y psicoanálisis. 

Se trata del caso de un cuerpo parlante -niño- que, en principio, aparece como síntoma de otro cuerpo: el de una señora identificada con el significante madre. Su queja y preocupación respecto de este niño de 7 años es que tenía problemas escolares -no podía leer ni escribir-, no se relacionaba con otros niños y aparecía taciturno y apagado. 

Cito al niño, que comienza a tener entrevistas conmigo en las que aparece con toda relevancia y desde el comienzo, el miedo. Miedo que se va declinando como miedo de que a su padre le pasase algo malo -por ejemplo, que fuera asesinado- y luego como miedo a la violencia, por lo que evitaba jugar con compañeros de su edad. Todo lo que fuera el juego cuerpo a cuerpo de los varones lo aterraba. 

Aparece también el hecho de que no soportaba los gritos, asociados a que cuando sus padres vivían juntos, “se mataban a gritos”. 

Como pueden ver, nunca fue un síntoma para él las dificultades de las que se quejaba la madre respecto del aprendizaje de la lecto escritura.

Y van pasando las entrevistas. En una de ellas, él relata su versión del cuento de Caperucita Roja, en la que Caperucita y el lobo se acribillaban a tiros de ametralladora mientras la abuela se deshacía en cenizas encerrada en el baño. Versión super-violenta del famoso cuento que pone en acto la violencia tan temida. Al preguntarle acerca de la ocasión en que conoció el cuento respondió sin dudar que lo había visto en Disney channel “cuando era pequeño”, alrededor de los 3 o 4 años. Ante otra pregunta dijo que lo recordaba porque ese día los padres le dijeron que iban a separarse. Le pregunto cómo reaccionó ante la noticia y responde que pensó que todo iba a ser mejor, pero… ”que no dijo nada”.

Ante esta denegación lo incité a seguir hablando y dijo que en aquel momento “le hubiera gustado hacer una gran diarrea”.

Ante su sorpresa, y la mía, corté la entrevista. He aquí la puesta en función de la interpretación como corte, es decir, haciendo aparecer el fuera de sentido de la pulsión. 

Había aparecido un significante amo del goce, indicador del sinthome, por la vía del plus de gozar puesto de relieve por el corte introducido por la analista, signo del goce del cuerpo que él tiene pero que no es. 

Resaltemos que la sorpresa del niño al decir lo que dijo remite al hecho de que lo que allí se dice es un saber sin sujeto, sujeto que sólo se hará presente en ese momento como supuesto en la sorpresa. Pero quiero agregar que, para Freud y Lacan, la capacidad de sorprenderse es una característica fundamental para el analista. 

La localización de ese intervalo permitió que ‘apareciera la pregunta del sujeto y que se abriera camino hacia la pulsión, que está velada por el fantasma, es decir por el semblante cuando el sujeto está en el plano de la identificación significante’, como nos dice Miller en Donc. 

Se sitúa así el borde o la puerta de entrada al análisis, por el borde del objeto a, en este caso, el objeto anal, que desde Freud sabemos que está relacionado con la violencia y la agresividad. Este sinthome que se esboza aquí, entonces, es aquel que el ser hablante bordeará durante todo el análisis y que permitirá situar el final del mismo por la vía de la invención de un significante nuevo. 

A partir de esta entrada en análisis, lo que empieza a desplegarse está relacionado con el padre y su goce, es decir, con la père-version, a través de la confrontación, en sus dichos, del padre ideal y del padre que él efectivamente tenía. El padre carecía de lo que definía para él el ideal: no tenía trabajo, ni casa, ni mujer. Esto termina por situarse como una pregunta sobre el goce del padre, también bajo la forma de una denegación, en relación con un compañero de la escuela: “no es troli?” (diminutivo de ‘trolo’ que en lenguaje coloquial en Argentina significa homosexual).

A partir de este momento vemos transformarse el miedo en angustia, condición del trabajo analizante, ya que mientras el miedo inhibe, la angustia -en tanto signo de la causa perdida- es motor, siempre y cuando el analista sepa maniobrar con la angustia, ya que no hay análisis sin angustia, pero tampoco con un exceso de la misma. 

Este nuevo anudamiento conlleva la desaparición de sus supuestos problemas escolares y la aparición de múltiples y variados intereses además del comienzo de una relación -largamente anhelada- con sus pares. 

Pero el trabajo analítico siguió aún su derrotero orientado siempre por el real del goce del cuerpo situado en la entrada. 

Ana Ruth Najles


Intervención en el debate “Comienzos de análisis” celebrado online el 25 de septiembre 2020.

Comienzos de análisis: las entrevistas preliminares. Por Joaquín Caretti

Debate online La vigencia del psicoanálisis 20 años después

En este segundo debate nos interesa interrogar el comienzo de un análisis. ¿Cuándo comienza? ¿Cómo comienza? ¿Puede hacer algo el analista para favorecer su inicio? ¿Hay alguna diferencia entre el comienzo de un análisis y la entrada en el mismo? ¿Cuál sería? ¿Cuál es la función de las llamadas entrevistas preliminares?

Hay una multiplicidad de formas de comienzo, sin embargo, estas se acompañan de algo que es una constante. Dicha constante, que constatamos cada vez, es que el sujeto se ha visto tocado por un malestar que supera su propia capacidad de respuesta, habitual o nueva, y que se ha convertido en un enigma para él. El sujeto ha experimentado el encuentro con lo real, ciertamente molesto o inquietante, que opera como una piedra en el zapato o como una conmoción -algo que no va- y que lo lleva a levantar el teléfono y hacer una demanda a quien supone que lo puede ayudar. La demanda se sostiene entonces en un síntoma que se pondrá en palabras durante las entrevistas. Podemos decir que un análisis comienza cuando el malestar, el síntoma, se convierte en una pregunta sin respuesta para el sujeto y este supone que alguien debe de saber sobre lo que le pasa: se instala el sujeto supuesto saber, lo que llamamos la transferencia.

El sujeto se dirige al analista porque le supone a este, o al propio psicoanálisis, un saber sobre lo que le pasa. Es decir, que la transferencia precede a la llamada. El sinsentido de su malestar podrá ser dilucidado por el analista quien le dirá el sentido ausente de sus síntomas. Pero el saber sobre su malestar no lo tiene el analista, sino que habita como un saber no sabido en el inconsciente del sujeto. La operación de la transferencia es una transferencia de saber, de dicho saber no sabido, sobre el analista, transferencia que emergerá específicamente sobre un analista. Este, valiéndose de esta transferencia, le dará todo el lugar al saber del inconsciente y al goce que encierra. Un inconsciente que, como planteó Jacques-Alain Miller, ya ha hecho su interpretación.

Las primeras entrevistas con el analista, las que se ha dado en llamar preliminares, son en realidad segundas con respecto a una transferencia ya presente. Podemos decir que estas entrevistas se pueden dar por la transferencia previa con un sujeto supuesto saber (psicoanálisis, un amigo que lo deriva, con el analista…). En dichas entrevistas el síntoma se va a poner en palabras y tal como lo señala Lacan en el seminario de La Angustia y posteriormente Jacques-Alain Miller en Sutilezas analíticas, el síntoma va a pasar de un estado amorfo, lo amorfo mental, a cobrar una forma. ¿Qué quiere decir esto?  Quiere decir que el sujeto le va a contar a otro sus pensamientos más íntimos, pensamientos que lo molestan, que lo angustian, a los cuales no termina de poder darles un sentido, o le hablará de sus síntomas físicos, o de algún mal encuentro, o de dificultades del lazo social, o de problemas con la pareja, o… Todo esto que viene sin forma, sin estar hilado, gracias a contarlo en las sesiones irá cobrando la forma de un discurso. También se puede dar el caso contrario donde la forma del dicho esté tan consolidada, tan ordenada, que no es posible penetrar en ella: es un texto sin fisuras. Entonces, será necesario molestar la forma para que el discurso se fisure y la enunciación del sujeto se haga presente. En las entrevistas se vivirá una verdadera transformación, una mutación, de algo que era amorfo a un discurso dirigido al analista, lo cual producirá muchas revelaciones. Jacques-Alain Miller lo dice del siguiente modo:

“Un análisis que comienza se desarrolla en un atmósfera de revelación. No empieza entonces necesariamente cuando se emprende un proceso de encuentros regulares sino a partir del momento en que el sujeto hace el esfuerzo de trasladar el acontecimiento del pensamiento a la palabra. Así, el análisis se desarrolla, regularmente si me permiten, como un fuego artificial de revelaciones.”  

Nos preguntábamos qué puede hacer el analista para empujar en esta dirección. Estas entrevistas son la oportunidad de escuchar los significantes primordiales del sujeto y hacer una operación de ruptura entre esos significantes primordiales y el saber que se ha consolidado alrededor de él. Se trata de ir aislando a estos significantes amos de la cadena conocida de explicaciones que lo enmarcan, desmontar la cadena del sentido: S1//S2. Dejarlo solo para que pueda soltar algo de la satisfacción que lo habita, de la marca de goce, que es la causa de la repetición. Podríamos decir que es una operación de desconcierto del sujeto que lo quitará del discurso habitual para introducirlo en el enigma de su propio inconsciente. Se produce un verdadero franqueamiento. Hay un antes y un después en el hecho de demandar un análisis.

Es interesante plantearse cómo reconoce el analista a estos significantes especiales de entre el enjambre de palabras, cómo los detecta. Son palabras que se muestran anudadas a un sufrimiento y que desvelan una modalidad singular de relación con el Otro. Esto es lo que orientará al analista.

Tengamos en cuenta que en las entrevistas lo que opera al comienzo es la pregunta: ¿qué quiere decir eso? Es una pregunta por el sentido ausente del síntoma, pero al analista también lo orienta desde el inicio otra pregunta: ¿qué goza ahí?

Tanto Freud como Lacan van a asignar un lugar central a las entrevistas preliminares. Así Freud en “Sobre la iniciación del tratamiento” (1913) va a señalar que son un período de prueba con una motivación diagnóstica donde se va a discriminar quién puede hacer un psicoanálisis y quién no. Es decir, con qué paciente va a mantener una promesa de curación y con cuál no. Ahora bien, va a sostener que este período de prueba ya es el comienzo del psicoanálisis y debe obedecer a sus reglas diferenciándose en que en dichas entrevistas se lo hace hablar al paciente sin interpretar más que lo indispensable, más de lo preciso para que aquel siga hablando y, como decíamos, el síntoma se ponga en forma.

Por su parte Lacan en el seminario 19 va a decir: “Todos saben -muchos lo ignoran- la insistencia que pongo ante quienes me piden consejo sobre las entrevistas preliminares en el análisis. Eso tiene una función para el analista, por supuesto esencial. No hay entrada posible en análisis sin entrevistas preliminares” 

Se escucha que Lacan pone a las entrevistas como condición de entrada en análisis: sin ellas no habría posibilidad de analizarse. Sería un paso que no se podría saltar. Es preciso el trabajo de las entrevistas para entrar en un análisis. Algo tiene que suceder en las mismas como para que se den las condiciones necesarias. Por lo tanto, no existe una línea continua entre dichas entrevistas y el análisis propiamente dicho.

Este dispositivo que Freud propuso y que Lacan lo llevó a la categoría de esencial va a valorar la posibilidad del sujeto de sostener la apuesta analítica. Podríamos decir que es el tiempo donde se investiga si el sujeto se hace responsable de su malestar o no, es el lugar donde se van a construir las vías que lleven a esta responsabilidad. Es el tiempo donde se verifica o no la disposición subjetiva a acceder al saber inconsciente y la posibilidad de responder a la demanda de asociar libremente, condiciones necesarias para lanzar el dispositivo analítico. Son el campo preparatorio de un posible análisis.

En ellas el analista va a interrogar lo que es evidente, lo que es obvio, mostrando desde el inicio la diferencia que hay entre hablar con cualquiera y hacerlo con un analista. Este no da nada por supuesto, no acepta la complicidad imaginaria sobre el sentido del dicho, sino que apunta a que los dichos pueden querer decir otra cosa que lo que aparentan. En el análisis no se da por sentado nada. La propia pregunta instala al inconsciente y apunta a la división subjetiva marcando la diferencia entre el enunciado y la enunciación: “Dice esto, pero ¿qué quiere decir con ello?” Rompe, como decíamos, el lazo entre el S1 y el S2.

La interrogación es hija del malentendido y hace volver al sujeto sobre su propio texto, a escucharse y a interrogarse sobre lo que dijo. Esto favorecería la emergencia de la transferencia sobre el analista como depositario del sujeto supuesto saber y va señalando que lo que el sujeto dice puede tener un sentido diferente o un sentido simplemente. En la Introducción al método psicoanalítico Jacques-Alain Miller lo dice así: “Sólo es posible convencer al paciente de nuestra capacidad de entender introduciendo el malentendido”. 

Hay que señalar que la interrogación no es un mero recurso técnico que se transmitiría a los futuros analistas como un “deben interrogar lo evidente pues esto favorece la instalación de la transferencia” sino que dicha necesidad interrogativa tiene un sostén ético ya que el analista no sabe nada del sujeto que lo viene a consultar ni comprende los textos del paciente; el analista rechaza radicalmente la comprensión como forma de abordar el dicho. Hay dos peligros que señala Lacan: uno es no ser lo bastante curiosos y el otro es el de comprender, pues comprendemos siempre demasiado. Afirma que: “(…) las puertas de la comprensión analítica se abren en base a un cierto rechazo de la comprensión” 

El analista suspende su saber teórico, pues este no le sirve para saber a priori y de modo universal lo que al paciente le aqueja, no lo encaja en una categoría. Esta posición de ignorancia no implica que el analista no sabe, sino que se coloca en una posición de ignorancia que espera lo nuevo que va a ocurrir. Suspende su saber. Es el analista el que introduce la ignorancia en las EP -ignorancia del sujeto sobre lo que le pasa- al introducir como polo la búsqueda de la verdad. Pero aclara Lacan que esta ignorancia del sujeto en realidad no es una verdadera ignorancia, sino que habría que precisarla como un verdadero desconocimiento constituido en el proceso de la Verneinung (El “no es mi madre” que relata Freud en su texto La negación de 1925), ya que desconocimiento no es ignorancia pues implica un cierto conocimiento de lo que se tiene que desconocer.

Por otra parte, es importante señalar que en las entrevistas emerge la abstención por parte del analista del juicio, tanto moral como pragmático. Ni valorar moralmente lo que el paciente hace ni decirle lo que hay que hacer para mejorar su vida o para que se consigan efectos analíticos. La regla analítica -la asociación libre- quita al superyó de la escena e instala otro, el propiamente analítico, que implica la exigencia de decir toda la verdad y muestra que el discurso analítico es un discurso que no es como los demás.

Joaquín Caretti


  1. Lacan Jacques. La angustia. Seminario X. Paidós. Buenos Aires. 2006. P. 62
  2. Miller Jacques-Alain. Sutilezas analíticas. Paidós. Buenos Aires. 2011. P. 111
  3. Ibídem. P 114
  4. Lacan Jacques. Los escritos técnicos de Freud. Paidós. Buenos Aires. P. 120
  5. Freud, Sigmund. La negación (1925). Obras Completas. Volumen XIX. Amorrortu Editores. Buenos Aires. 2011

Intervención en el debate “Comienzos de análisis” celebrado online el 25 de septiembre 2020.

La radicalidad subversiva de la práctica clínica, por Santiago Castellanos

Debate online La vigencia del psicoanálisis 20 años después

Forma parte del discurso común el argumento de que el psicoanálisis es una práctica trasnochada y antigua. Sin embargo, un siglo después mantiene su vigencia y vitalidad.

Nos podemos preguntar ¿porqué sobrevive el psicoanálisis como discurso y como práctica clínica?

Para responder a esta pregunta voy a desarrollar, brevemente, dos ideas: La primera, la radicalidad subversiva de su práctica clínica (1) y la segunda el esfuerzo de invención que es propio del discurso analítico. 

Una cosa que nos enseña la experiencia analítica es lo perdido y desorientado que el ser humano se encuentra en el mundo. Lacan dirá en su última enseñanza la conocida afirmación de “No hay relación sexual”, es decir no hay en el ser hablante, a diferencia de lo que ocurre en el mundo animal, nada que sirva a la manera de cómo funciona el instinto para orientarse en la vida y en la relación con el otro sexo.

Frente a esa dificultad, radical o parcial, que constatamos en la práctica clínica no hay una única solución, a lo sumo habrá una solución singular para cada uno. Una solución sintomática, que al mismo tiempo puede ser fuente de malestar y sufrimiento.

Se puede decir que el psicoanálisis es subversivo porque no se orienta por la lógica de la adaptación a la realidad, a diferencia de otras psicoterapias, sino que parte del síntoma para tratar de arribar a su incurable.

 Hay una paradoja incluida en el mismo dispositivo: el análisis cura porque se orienta por lo incurable del síntoma de cada uno. Constatamos en la práctica que cuanto más se aisla ese incurable de cada uno, más efectos terapéuticos se producen. A cada uno su síntoma, su solución y su incurable. Esa es la especificidad de la clínica de orientación lacaniana.

Y encontramos su fuente desde los comienzos del psicoanálisis. Freud advirtió de que no se trata en el psicoanálisis de actuar a través de los deseos humanos más comunes, de hacer el bien, de comprender y mucho menos aún, del deseo de hacer a los otros a su imagen y semejanza. Advirtió del riesgo del furor sanandi y trató de distinguir los procedimientos de las terapias sugestivas de la analítica.

Alojar la queja o el síntoma sin pretender nada de antemano, acompañando al paciente a reducir y cernir la causa de su extravío es una posibilidad que solo se produce desde una escucha analítica bien orientada.

 Y para que esto ocurra es fundamental un consistente trabajo de análisis personal de los analistas y esto supone tiempo y formación. 

La neutralidad lacaniana se sostiene en que el analista, en el dispositivo y en la transferencia, no es un sujeto, es decir no es un sujeto del inconsciente. Quiero subrayar que Lacan la propuso a partir de la función del “deseo del analista”, un deseo que cuando opera en la práctica clínica suspende los ideales, las identificaciones y de los propios fantasmas.

De esta forma la cura analítica subvierte la norma y el standard. Cada paciente precisará sus tiempos. Los análisis pueden ser más largos o más cortos, la duración de las sesiones es variable, la relación de cada uno con el inconsciente nos da un índice de la posibilidad de hasta donde se puede o conviene llegar.

 En esta diversidad, en esta perspectiva por fuera de la norma, el psicoanálisis como práctica y como discurso encuentra su fuerza y la posibilidad de su renovación. Esto le permite al discurso analítico puede intervenir sobre los nuevos debates acerca de los feminismos y la sexuación, porque se sitúa por fuera de la tradición y la heteronormatividad.

Y esto implica un esfuerzo de invención para responder a los nuevos síntomas contemporáneos.

En Comandatuba (Congreso AMP 2004), J. A. Miller declinó tres respuestas que se esbozan en el psicoanálisis contemporáneo ante lo que llamó el discurso hipermoderno.

La primera, el psicoanálisis fundamentalista que apela a la tradición, es decir a restaurar el discurso del amo tradicional, al inconsciente de papá y mamá.

La segunda, el psicoanálisis pasatista, que consiste en decir que no pasa nada, nada ocurre, que el inconsciente es eterno.

La tercera, la posición progresista que intenta poner al psicoanálisis al paso del progreso de las ciencias y de las falsas ciencias, para tratar de dar una traducción neuro-cognitivista de la metapsicología.

Luego, dice Miller, existe la práctica orientación lacaniana, o más bien, existirá pues se trata de inventarla. Por supuesto, no se trata de inventar exnihilo. Se trata de inventarla en la vía que abrió el último Lacan, lo que nos plantea múltiples interrogantes.

Sin duda, el psicoanálisis en el siglo XXI tiene que encontrar nuevas formas que le permitan escuchar las demandas de la época.

No es el tiempo de la moral victoriana de la época freudiana. El sujeto contemporáneo puede estar sin brújula, pero ese vacío es ocupado por discurso de la hipermodernidad que promueve la segregación, el racismo, la degradación del lazo social y el empuje a gozar.

Hay que decir que Freud dejaba fuera del análisis, aquellas enfermedades, que llamaba “neurosis actuales” porque se presentan al margen de la subjetivación del paciente y no pasan por el nivel de lo simbólico. 

Este déficit de lo simbólico, como una dificultad en la cura, tiene en la modernidad una gran actualidad. Encontraremos en Lacan una “puesta al día” de los instrumentos para abordar esa clínica del síntoma y del goce, del exceso, de las adicciones etc…en que el sujeto no quiere saber, de entrada, de la causa que lo aflige.

Vertiente del sentido del síntoma y la del goce del síntoma, sujetos desubjetivados con una relación al inconsciente a producir. 

Quiero subrayar también los desarrollos de la clínica lacaniana en relación a las psicosis y su orientación de “no retroceder” ante las mismas.

El psicoanálisis se renueva a partir de la invención freudiana y de la lectura que Lacan propuso en los diferentes momentos de su enseñanza. Con el inconsciente el resorte del análisis es la interpretación y la verdad, con el último Lacan y la clínica del parlêtre, el resorte de la clínica es el goce.

Quiero terminar con una referencia de Lacan de 1975 en la que aclara cuál era el tipo de racionalidad constitutiva del psicoanálisis y de la práctica analítica: “Lo real es lo que no anda. El mundo marcha, gira en redondo, es su función de mundo. Para percibir que no hay mundo (…) basta destacar que hay cosas que hacen que el mundo sea inmundo, si se me permite expresarme de este modo. De esto se ocupan los analistas (…) solo se ocupan de eso. Están forzados a sufrirlo, es decir, a poner pecho todo el tiempo, para ellos es necesario que estén extremadamente acorazados contra la angustia” (2).

Estar acorazados contra la angustia exige un análisis personal y una formación siempre en posición de analizantes. Y en eso estamos, es la aportación de la Sección Clínica-Nucep del Instituto del Campo Freudiano en España.

Santiago Castellanos


  1. Miller, J.-A. Conferencias Porteñas, Tomo I, “Conferencia a los estudiantes de Psicoalogía (1989)”, Ed. Paidós. Bs. As. 2010, p. 269. 
  2. Lacan, J. El triunfo de la religión. Paidós, Bs. As. 2005. P. 76.

Intervención en el debate “La vigencia del psicoanálisis 20 años después” celebrado online el 15 de julio 2020.

Vigencia del Psicoanálisis hoy, 20 años después, por Carmen Cuñat

Debate online La vigencia del psicoanálisis 20 años después

Vamos a dar comienzo a este evento que lleva por título “Vigencia del psicoanálisis hoy, 20 años después” con el cual queremos concluir el final de curso del Nucep, final al que hemos llegado habiendo podido cumplir con el programa de enseñanza que nos habíamos propuesto, y ello a pesar de la pandemia, frente a lo cual ni los docentes ni los participantes hemos retrocedido, causados sin duda por nuestro empeño en mantener viva la transmisión del psicoanálisis y su vigencia hoy día que consideramos, vistos los acontecimientos, imprescindible. 

También les hemos convocado para celebrar con ustedes los 20 años de la creación del Nucep, el Nuevo Centro de Estudios de Psicoanálisis del Instituto del Campo freudiano

El Nucep, en efecto, tiene una prehistoria. En 1998, asistimos a una puesta al día del funcionamiento de las diversas Secciones clínicas presentes en varias ciudades de Europa y de América cuyo modelo era la Sección clínica de Paris, inaugurada por J. Lacan en 1976. Esa primera Sección clínica y las siguientes, fueron creadas bajo el empuje decidido de Jacques-Alain Miller, que es nuestro director, con el propósito de brindar una enseñanza metódica y rigurosa del psicoanálisis en contrapunto con el modelo del discurso universitario. El Nucep fue el resultado de la remodelación de la Sección clínica de Madrid creada a su vez en 1987. En esa tarea fuimos también acompañados muy de cerca por nuestro querido amigo y maestro Eric Laurent. Se trataba sobre todo de acoger una demanda de los participantes que iba en el sentido de una puesta al día de las enseñanzas teniendo en cuenta que ni la psiquiatría del momento ni la psicología, que ya se mostraba ampliamente cognitiva, facilitaban su relación con el psicoanálisis. Es decir, se trataba de tomar nota de que en la universidad, y no solo en España, también en Francia, ya no se estudiaba a Freud ni a los autores o saberes que les permitirían leer a Lacan. Por otro lado, se señalaba la necesidad de obtener un saber hacer con la clínica y una preocupación por obtener el título de psicoterapeuta, que hasta ese momento era un vocablo que solo tenía consistencia como actividad ligada al psicoanálisis. Se pedía también una cercanía de los docentes, un acompañamiento sostenido en la evaluación continua de los progresos, a cambio de una participación activa de los estudiantes que no se conformaban con escuchar atentamente la clase ex_catedra. 

Si hablamos de veinte años es porque el Nucep se creó poco tiempo antes de la fundación de la Escuela Lacaniana de Psicoanalísis que, en efecto, acaba de celebrar su vigésimo aniversario y con la cual hemos compartido muy de cerca todos estos años, de una manera fecunda, ya que se ha nutrido fundamentalmente de aquellos que iniciaron su formación en el Nucep y encontraron ahí el aliento de proseguirla en la Escuela. Sin embargo, nuestra elección no fue la de ofrecer ese título de psicoterapeuta, pues no se trataba de entrar en competencia con la voluntad universitaria de legislar el ámbito del saber, “movidos por una inquietud consumista”, se decía en ese momento, como se ha demostrado luego con la promoción de los masters. Nuestro anhelo, ha sido más bien, sin renegar del valor del psicoanálisis aplicado a la terapéutica, trasmitir la teoría y la praxis del psicoanálisis propiamente dicho, a aquellos que en diferentes campos se enfrentan con el malestar en la civilización y que a título propio tienen un interés en las enseñanzas del psicoanálisis, porque les ofrece un instrumento ilustrado de lectura de los síntomas contemporáneos, de la subjetividad de la época, como nos gusta decir. Eso les ha llevado a muchos en un segundo momento al ejercicio del psicoanálisis, es decir, a prepararse concienzudamente y durante años para poder operar. 

En lo que esos estudiantes se basaban para demandar, con cierta urgencia, la remodelación de la enseñanza, está ahora a la orden del día. Pues lejos queda ya la época en la que alguien se acercaba al psicoanálisis para saber algo de su inconsciente, o movido por aquello que habría escuchado sobre otra manera de abordar la sexualidad. Hablar de lo que a uno le ocurría, le producía angustia o tristeza, o de sus síntomas fóbicos o compulsivos o que se manifestaban en el cuerpo sin causa aparente, era una opción que se prefería a tomar una medicación que por lo demás en ese momento no mostraba aun ningún efecto convincente. Ahora estamos en la época del protocolo para clasificar los síntomas con el propósito de dar respuesta a todos de una manera homogénea, “el empuje a gozar no ofende ya a ningún pudor”, la promoción de la autoestima, del yo autónomo, de la individualidad, legitíma un narcisismo a ultranza difícil de conmover. Se destierra la angustia, como experiencia existencial pero también como afecto productivo, como aquello que antecede al acto movido por un deseo, y esto en favor sino de la ansiedad generalizada, del diagnostico de  depresión que no da cuenta de otra cosa que de la falta de deseo, y que parece responder mejor a los medicamentos de ultima generación. Estamos en la época de la imaginería cerebral, del imperio del cognitivismo avalado cada vez más por la neurociencia, en definitiva, del empuje a imaginarizar lo real. Bajo la bandera del cientificismo, la ciencia ficción se instala cómodamente. ¿Qué lugar para el psicoanálisis entonces? 

Lo que el psicoanálisis enseña, ¿cómo enseñarlo?, esta pregunta se la hacía Lacan en 1957 cuando ya para él no era evidente que los psicoanalistas pudieran mantener abierta la brecha producida por Freud cuando planteó su hipótesis del inconsciente. Lacan predecía que los psicoanalistas rendirían sus armas a esos nuevos saberes a menos que alguien tomara cartas en el asunto. Conocemos la historia, él mismo se lanzó a la reconquista del campo freudiano creando su Escuela y muchos le siguieron. Esa reconquista le llevó a cuestionar los conceptos freudianos, y a introducir otros nuevos guiado por la experiencia analítica misma. La práctica del psicoanálisis tal como se conocía quedó conmovida. Pero más allá del debate permanente con sus congéneres, el empeño de Lacan era que la experiencia del psicoanálisis fuera transmisible, que no se resguardara en lo inefable o en lo iniciático. Que las enseñanzas del psicoanálisis pasaran de lo privado a lo publico, esa era su ambición científica y, podríamos decir, política. Lacan no retrocedió frente a la subjetividad contemporánea, al revés, invitó a estar a la altura, renovó él también sus propios conceptos. Los que seguimos en la brecha abierta por Freud, renovamos esa apuesta cada día, y por ahora nada nos invita a cejar en nuestro empeño a pesar de la irrupción de nuevos discursos afianzados por las nuevas tecnologías, a las cuales sin embargo no renunciamos, intentando hacer un buen uso de ellas. En el próximo curso, utilizaremos la vía on-line, hasta que podamos volver a las clases presenciales. El psicoanálisis nos enseña fundamentalmente a escuchar lo más genuino de cada uno y sobre todo a estar presentes en acto. Esto tiene una fuerza inconmensurable. 

Ahora voy a pasar la palabra a mis colegas que están aquí por haber ejercido como coordinadores del Nucep a lo largo de estos años. Gustavo Dessal fue el primero cuando se inició el Nucep, poco mas tarde lo acompañaría Marta Davidovich que falleció en julio de 2017 y a la que recordamos siempre con cariño, luego tomaron las riendas Mercedes de Francisco y Rosa López, y ahora nos ocupamos Santiago Castellanos y yo misma. Ellos os van a dar su versión de la vigencia del psicoanálisis hoy, les escuchamos por este orden: Santiago Castellanos, Rosa Lopez, Mercedes de Francisco y finalmente Gustavo Dessal. 

Carmen Cuñat


Intervención en el debate “La vigencia del psicoanálisis 20 años después” celebrado online el 15 de julio 2020.

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