La radicalidad subversiva de la práctica clínica, por Santiago Castellanos

Debate online La vigencia del psicoanálisis 20 años después

Forma parte del discurso común el argumento de que el psicoanálisis es una práctica trasnochada y antigua. Sin embargo, un siglo después mantiene su vigencia y vitalidad.

Nos podemos preguntar ¿porqué sobrevive el psicoanálisis como discurso y como práctica clínica?

Para responder a esta pregunta voy a desarrollar, brevemente, dos ideas: La primera, la radicalidad subversiva de su práctica clínica (1) y la segunda el esfuerzo de invención que es propio del discurso analítico. 

Una cosa que nos enseña la experiencia analítica es lo perdido y desorientado que el ser humano se encuentra en el mundo. Lacan dirá en su última enseñanza la conocida afirmación de “No hay relación sexual”, es decir no hay en el ser hablante, a diferencia de lo que ocurre en el mundo animal, nada que sirva a la manera de cómo funciona el instinto para orientarse en la vida y en la relación con el otro sexo.

Frente a esa dificultad, radical o parcial, que constatamos en la práctica clínica no hay una única solución, a lo sumo habrá una solución singular para cada uno. Una solución sintomática, que al mismo tiempo puede ser fuente de malestar y sufrimiento.

Se puede decir que el psicoanálisis es subversivo porque no se orienta por la lógica de la adaptación a la realidad, a diferencia de otras psicoterapias, sino que parte del síntoma para tratar de arribar a su incurable.

 Hay una paradoja incluida en el mismo dispositivo: el análisis cura porque se orienta por lo incurable del síntoma de cada uno. Constatamos en la práctica que cuanto más se aisla ese incurable de cada uno, más efectos terapéuticos se producen. A cada uno su síntoma, su solución y su incurable. Esa es la especificidad de la clínica de orientación lacaniana.

Y encontramos su fuente desde los comienzos del psicoanálisis. Freud advirtió de que no se trata en el psicoanálisis de actuar a través de los deseos humanos más comunes, de hacer el bien, de comprender y mucho menos aún, del deseo de hacer a los otros a su imagen y semejanza. Advirtió del riesgo del furor sanandi y trató de distinguir los procedimientos de las terapias sugestivas de la analítica.

Alojar la queja o el síntoma sin pretender nada de antemano, acompañando al paciente a reducir y cernir la causa de su extravío es una posibilidad que solo se produce desde una escucha analítica bien orientada.

 Y para que esto ocurra es fundamental un consistente trabajo de análisis personal de los analistas y esto supone tiempo y formación. 

La neutralidad lacaniana se sostiene en que el analista, en el dispositivo y en la transferencia, no es un sujeto, es decir no es un sujeto del inconsciente. Quiero subrayar que Lacan la propuso a partir de la función del “deseo del analista”, un deseo que cuando opera en la práctica clínica suspende los ideales, las identificaciones y de los propios fantasmas.

De esta forma la cura analítica subvierte la norma y el standard. Cada paciente precisará sus tiempos. Los análisis pueden ser más largos o más cortos, la duración de las sesiones es variable, la relación de cada uno con el inconsciente nos da un índice de la posibilidad de hasta donde se puede o conviene llegar.

 En esta diversidad, en esta perspectiva por fuera de la norma, el psicoanálisis como práctica y como discurso encuentra su fuerza y la posibilidad de su renovación. Esto le permite al discurso analítico puede intervenir sobre los nuevos debates acerca de los feminismos y la sexuación, porque se sitúa por fuera de la tradición y la heteronormatividad.

Y esto implica un esfuerzo de invención para responder a los nuevos síntomas contemporáneos.

En Comandatuba (Congreso AMP 2004), J. A. Miller declinó tres respuestas que se esbozan en el psicoanálisis contemporáneo ante lo que llamó el discurso hipermoderno.

La primera, el psicoanálisis fundamentalista que apela a la tradición, es decir a restaurar el discurso del amo tradicional, al inconsciente de papá y mamá.

La segunda, el psicoanálisis pasatista, que consiste en decir que no pasa nada, nada ocurre, que el inconsciente es eterno.

La tercera, la posición progresista que intenta poner al psicoanálisis al paso del progreso de las ciencias y de las falsas ciencias, para tratar de dar una traducción neuro-cognitivista de la metapsicología.

Luego, dice Miller, existe la práctica orientación lacaniana, o más bien, existirá pues se trata de inventarla. Por supuesto, no se trata de inventar exnihilo. Se trata de inventarla en la vía que abrió el último Lacan, lo que nos plantea múltiples interrogantes.

Sin duda, el psicoanálisis en el siglo XXI tiene que encontrar nuevas formas que le permitan escuchar las demandas de la época.

No es el tiempo de la moral victoriana de la época freudiana. El sujeto contemporáneo puede estar sin brújula, pero ese vacío es ocupado por discurso de la hipermodernidad que promueve la segregación, el racismo, la degradación del lazo social y el empuje a gozar.

Hay que decir que Freud dejaba fuera del análisis, aquellas enfermedades, que llamaba “neurosis actuales” porque se presentan al margen de la subjetivación del paciente y no pasan por el nivel de lo simbólico. 

Este déficit de lo simbólico, como una dificultad en la cura, tiene en la modernidad una gran actualidad. Encontraremos en Lacan una “puesta al día” de los instrumentos para abordar esa clínica del síntoma y del goce, del exceso, de las adicciones etc…en que el sujeto no quiere saber, de entrada, de la causa que lo aflige.

Vertiente del sentido del síntoma y la del goce del síntoma, sujetos desubjetivados con una relación al inconsciente a producir. 

Quiero subrayar también los desarrollos de la clínica lacaniana en relación a las psicosis y su orientación de “no retroceder” ante las mismas.

El psicoanálisis se renueva a partir de la invención freudiana y de la lectura que Lacan propuso en los diferentes momentos de su enseñanza. Con el inconsciente el resorte del análisis es la interpretación y la verdad, con el último Lacan y la clínica del parlêtre, el resorte de la clínica es el goce.

Quiero terminar con una referencia de Lacan de 1975 en la que aclara cuál era el tipo de racionalidad constitutiva del psicoanálisis y de la práctica analítica: “Lo real es lo que no anda. El mundo marcha, gira en redondo, es su función de mundo. Para percibir que no hay mundo (…) basta destacar que hay cosas que hacen que el mundo sea inmundo, si se me permite expresarme de este modo. De esto se ocupan los analistas (…) solo se ocupan de eso. Están forzados a sufrirlo, es decir, a poner pecho todo el tiempo, para ellos es necesario que estén extremadamente acorazados contra la angustia” (2).

Estar acorazados contra la angustia exige un análisis personal y una formación siempre en posición de analizantes. Y en eso estamos, es la aportación de la Sección Clínica-Nucep del Instituto del Campo Freudiano en España.

Santiago Castellanos


  1. Miller, J.-A. Conferencias Porteñas, Tomo I, “Conferencia a los estudiantes de Psicoalogía (1989)”, Ed. Paidós. Bs. As. 2010, p. 269. 
  2. Lacan, J. El triunfo de la religión. Paidós, Bs. As. 2005. P. 76.

Intervención en el debate “La vigencia del psicoanálisis 20 años después” celebrado online el 15 de julio 2020.

Vigencia del Psicoanálisis hoy, 20 años después, por Carmen Cuñat

Debate online La vigencia del psicoanálisis 20 años después

Vamos a dar comienzo a este evento que lleva por título “Vigencia del psicoanálisis hoy, 20 años después” con el cual queremos concluir el final de curso del Nucep, final al que hemos llegado habiendo podido cumplir con el programa de enseñanza que nos habíamos propuesto, y ello a pesar de la pandemia, frente a lo cual ni los docentes ni los participantes hemos retrocedido, causados sin duda por nuestro empeño en mantener viva la transmisión del psicoanálisis y su vigencia hoy día que consideramos, vistos los acontecimientos, imprescindible. 

También les hemos convocado para celebrar con ustedes los 20 años de la creación del Nucep, el Nuevo Centro de Estudios de Psicoanálisis del Instituto del Campo freudiano

El Nucep, en efecto, tiene una prehistoria. En 1998, asistimos a una puesta al día del funcionamiento de las diversas Secciones clínicas presentes en varias ciudades de Europa y de América cuyo modelo era la Sección clínica de Paris, inaugurada por J. Lacan en 1976. Esa primera Sección clínica y las siguientes, fueron creadas bajo el empuje decidido de Jacques-Alain Miller, que es nuestro director, con el propósito de brindar una enseñanza metódica y rigurosa del psicoanálisis en contrapunto con el modelo del discurso universitario. El Nucep fue el resultado de la remodelación de la Sección clínica de Madrid creada a su vez en 1987. En esa tarea fuimos también acompañados muy de cerca por nuestro querido amigo y maestro Eric Laurent. Se trataba sobre todo de acoger una demanda de los participantes que iba en el sentido de una puesta al día de las enseñanzas teniendo en cuenta que ni la psiquiatría del momento ni la psicología, que ya se mostraba ampliamente cognitiva, facilitaban su relación con el psicoanálisis. Es decir, se trataba de tomar nota de que en la universidad, y no solo en España, también en Francia, ya no se estudiaba a Freud ni a los autores o saberes que les permitirían leer a Lacan. Por otro lado, se señalaba la necesidad de obtener un saber hacer con la clínica y una preocupación por obtener el título de psicoterapeuta, que hasta ese momento era un vocablo que solo tenía consistencia como actividad ligada al psicoanálisis. Se pedía también una cercanía de los docentes, un acompañamiento sostenido en la evaluación continua de los progresos, a cambio de una participación activa de los estudiantes que no se conformaban con escuchar atentamente la clase ex_catedra. 

Si hablamos de veinte años es porque el Nucep se creó poco tiempo antes de la fundación de la Escuela Lacaniana de Psicoanalísis que, en efecto, acaba de celebrar su vigésimo aniversario y con la cual hemos compartido muy de cerca todos estos años, de una manera fecunda, ya que se ha nutrido fundamentalmente de aquellos que iniciaron su formación en el Nucep y encontraron ahí el aliento de proseguirla en la Escuela. Sin embargo, nuestra elección no fue la de ofrecer ese título de psicoterapeuta, pues no se trataba de entrar en competencia con la voluntad universitaria de legislar el ámbito del saber, “movidos por una inquietud consumista”, se decía en ese momento, como se ha demostrado luego con la promoción de los masters. Nuestro anhelo, ha sido más bien, sin renegar del valor del psicoanálisis aplicado a la terapéutica, trasmitir la teoría y la praxis del psicoanálisis propiamente dicho, a aquellos que en diferentes campos se enfrentan con el malestar en la civilización y que a título propio tienen un interés en las enseñanzas del psicoanálisis, porque les ofrece un instrumento ilustrado de lectura de los síntomas contemporáneos, de la subjetividad de la época, como nos gusta decir. Eso les ha llevado a muchos en un segundo momento al ejercicio del psicoanálisis, es decir, a prepararse concienzudamente y durante años para poder operar. 

En lo que esos estudiantes se basaban para demandar, con cierta urgencia, la remodelación de la enseñanza, está ahora a la orden del día. Pues lejos queda ya la época en la que alguien se acercaba al psicoanálisis para saber algo de su inconsciente, o movido por aquello que habría escuchado sobre otra manera de abordar la sexualidad. Hablar de lo que a uno le ocurría, le producía angustia o tristeza, o de sus síntomas fóbicos o compulsivos o que se manifestaban en el cuerpo sin causa aparente, era una opción que se prefería a tomar una medicación que por lo demás en ese momento no mostraba aun ningún efecto convincente. Ahora estamos en la época del protocolo para clasificar los síntomas con el propósito de dar respuesta a todos de una manera homogénea, “el empuje a gozar no ofende ya a ningún pudor”, la promoción de la autoestima, del yo autónomo, de la individualidad, legitíma un narcisismo a ultranza difícil de conmover. Se destierra la angustia, como experiencia existencial pero también como afecto productivo, como aquello que antecede al acto movido por un deseo, y esto en favor sino de la ansiedad generalizada, del diagnostico de  depresión que no da cuenta de otra cosa que de la falta de deseo, y que parece responder mejor a los medicamentos de ultima generación. Estamos en la época de la imaginería cerebral, del imperio del cognitivismo avalado cada vez más por la neurociencia, en definitiva, del empuje a imaginarizar lo real. Bajo la bandera del cientificismo, la ciencia ficción se instala cómodamente. ¿Qué lugar para el psicoanálisis entonces? 

Lo que el psicoanálisis enseña, ¿cómo enseñarlo?, esta pregunta se la hacía Lacan en 1957 cuando ya para él no era evidente que los psicoanalistas pudieran mantener abierta la brecha producida por Freud cuando planteó su hipótesis del inconsciente. Lacan predecía que los psicoanalistas rendirían sus armas a esos nuevos saberes a menos que alguien tomara cartas en el asunto. Conocemos la historia, él mismo se lanzó a la reconquista del campo freudiano creando su Escuela y muchos le siguieron. Esa reconquista le llevó a cuestionar los conceptos freudianos, y a introducir otros nuevos guiado por la experiencia analítica misma. La práctica del psicoanálisis tal como se conocía quedó conmovida. Pero más allá del debate permanente con sus congéneres, el empeño de Lacan era que la experiencia del psicoanálisis fuera transmisible, que no se resguardara en lo inefable o en lo iniciático. Que las enseñanzas del psicoanálisis pasaran de lo privado a lo publico, esa era su ambición científica y, podríamos decir, política. Lacan no retrocedió frente a la subjetividad contemporánea, al revés, invitó a estar a la altura, renovó él también sus propios conceptos. Los que seguimos en la brecha abierta por Freud, renovamos esa apuesta cada día, y por ahora nada nos invita a cejar en nuestro empeño a pesar de la irrupción de nuevos discursos afianzados por las nuevas tecnologías, a las cuales sin embargo no renunciamos, intentando hacer un buen uso de ellas. En el próximo curso, utilizaremos la vía on-line, hasta que podamos volver a las clases presenciales. El psicoanálisis nos enseña fundamentalmente a escuchar lo más genuino de cada uno y sobre todo a estar presentes en acto. Esto tiene una fuerza inconmensurable. 

Ahora voy a pasar la palabra a mis colegas que están aquí por haber ejercido como coordinadores del Nucep a lo largo de estos años. Gustavo Dessal fue el primero cuando se inició el Nucep, poco mas tarde lo acompañaría Marta Davidovich que falleció en julio de 2017 y a la que recordamos siempre con cariño, luego tomaron las riendas Mercedes de Francisco y Rosa López, y ahora nos ocupamos Santiago Castellanos y yo misma. Ellos os van a dar su versión de la vigencia del psicoanálisis hoy, les escuchamos por este orden: Santiago Castellanos, Rosa Lopez, Mercedes de Francisco y finalmente Gustavo Dessal. 

Carmen Cuñat


Intervención en el debate “La vigencia del psicoanálisis 20 años después” celebrado online el 15 de julio 2020.

El porvenir del psicoanálisis, por Mercedes de Francisco

Debate online La vigencia del psicoanálisis 20 años después

En un momento como el que estamos viviendo no es fácil hablar del porvenir. Los cimientos, lo supuestamente adquirido, lo que creíamos ya nuestro, existente e incluso invariable, se ha puesto patas arriba. No podemos prever los más privilegiados nuestras vacaciones de dentro de dos semanas, algunos no pueden prever si comerán mañana.

Siempre me interesaron unas palabras que Agustín García Calvo dirigió a los congregados en la puerta del Sol durante el 15 M sobre el futuro. Se encuentra en video si queréis escucharlo. Allí advertía a los jóvenes y a los no tan jóvenes, que no se dejaran engañar por la cuestión del futuro. 

Aunque el tiempo inatrapable tenga estas tres escansiones, pasado, presente y futuro, siempre se tratará en el sentido lacaniano de lo que estoy llegando a ser, no de una llegada de una vez por todas. Los que me conocéis y me habéis escuchado o leído, sabéis de mi insistencia en considerar que la existencia del psicoanálisis, su porvenir, su futuro no está asegurado. Pero esto no afecta exclusivamente a nuestra práctica. Hoy más claramente que nunca nos enfrentamos a considerar que ni siquiera la vida en este planeta está asegurada. 

Por tanto, ninguna estructura social, ninguna forma de cultura, ninguna actividad humana e incluso ningún derecho o logro considerado fundamental para la vida tiene una existencia asegurada.

Lo que si podemos considerar son las condiciones necesarias para que cierta existencia se dé. Por ejemplo, para seguir considerando la existencia del ser humano, tres condiciones son necesarias, que hable, que sea sexuado y que tenga conciencia de la muerte. Si estas condiciones no se dieran, podríamos decir que el ser humano como tal ha dejado de existir. El psicoanálisis como experiencia del inconsciente y del síntoma no existiría sin este ser parlante, sexuado y mortal. 

Desde hace bastantes años he trabajado con otros colegas en lo que considerábamos las características de la época, tanto políticas como sociales que podían ser un obstáculo para la existencia del psicoanálisis. Lacan en un momento dado, sobre los años 70 nos habla del discurso capitalista, una “mutación, una torsión” del discurso del amo, que contravenía en sí mismo las características de los discursos que él mismo construyó. No servía para el lazo y eliminaba lo imposible. Estos dos puntos son fundamentales para pensar la época, donde este discurso tiene un equivalente en política “el neoliberalismo ultra”, que afecta directamente a los cimientos de nuestros fundamentos. 

Hablamos de la experiencia psicoanalítica y del lazo analítico cuyo sostén es la transferencia y cuyo núcleo es la imposibilidad de definir al psicoanalista, equivalente a la imposibilidad de definir la mujer. 

A partir de aquí, no podemos decir que el psicoanálisis es el reverso del discurso capitalista, pues el discurso capitalista no tiene reverso. Quizás podamos considerar al psicoanálisis como la subversión de ese discurso, como el discurso que en la actualidad tiene mayor posibilidad de objetarlo. 

Si erradicamos el lazo entre los seres hablantes y lo imposible, se impondrá un autismo generalizado que nos llevará a la locura en la que cada vez más avanzamos. ¿Hace un año o dos quien nos diría que escucharíamos al presidente de la primera potencia del mundo diciendo que los científicos tendrían que probar con desinfectantes como la lejía para inyectarlo contra el covid y que siga de presidente?. ¿Podemos extrañarnos de que se reúnan en fiestas covid, para demostrar que no existe el virus, o para infectarse más rápido, o para certificar una versión paranoica? 

Con el neoliberalismo a ultranza que lleva al cenit este carácter del discurso capitalista, se nos hace patente que es un discurso incompatible con la existencia humana. No une el amor como suplencia de lo imposible, sino une la certeza, una certeza dañina y mortífera. No es muy interesante hacer psicología de los personajes políticos, pero sus bufonadas que unifican a las masas, tienen la característica de presentarse como repudio a la castración, sobre todo con respecto a la muerte. Pareciera que se creen inmortales. 

Pero en este panorama, siempre hemos subrayado, lo que escapa a este discurso, lo imposible, lo sinthomático, el amor. Y Las causas de la infelicidad humana en palabras de Freud, el lazo con los otros, las catástrofes naturales, el deterioro de los cuerpos, siguen ahí provocando nuestra angustia.

Es por eso, que en este momento más que nunca nuestra existencia está en juego, junto con la existencia de lo humano. Con esta pandemia, las garras del neoliberalismo en su funcionamiento mortífero se extreman. En una época de inflación de las experiencias y de lo nuevo, no se puede pensar nada nuevo que cambie la senda por la que caminamos. Parece imposible encontrar otro modelo, otra forma de habitar el mundo y organizar lo político y por tanto lo económico. Este intento de hacernos creer que la economía es una superestructura a la cual se tiene que supeditar la política como si se tratara de leyes escritas en piedra e indestructibles es un engaño casi para niños. Camuflar protocolos sanitarios que responden a políticas neoliberales de beneficios empresariales como objetivamente científicos y que nos lo creamos fácilmente es una muestra de lo profundo que viene calando esta tendencia destructiva e imparable. 

En El porvenir de una ilusión Freud criticaba de sí mismo su confianza desmedida en la razón, en la Ilustración, en la ciencia, en las luces. Con Lacan estas cuestiones se desplazaron: lo que estoy llegando a ser, es un movimiento que nunca se cierra en un objetivo y que nos deja abierto el camino a seguir inventando. En esta época marcada por la incertidumbre, la angustia se puede intentar zanjar con posiciones dogmáticas que no la “curaran”, pero tiene un aspecto productivo como antesala a un acto que puede suponer un antes y un después, una salida de la repetición mortificante. 

El amor y su padecer, la muerte, metaforizada en sus distintas versiones de la pérdida y el malentendido que preside nuestras vidas son las vías de existencia en las que ahora más que nunca el psicoanálisis debe dar la batalla. Acogiendo lo que este sistema deja como desecho, después de su loca y frenética producción y su avaricia sin límite. Para los neoliberales convencidos la cuestión se les plantea así: o esta locura o el caos; en ambos casos destrucción. Es un pensamiento único que está muy bien representado por un refrán español: “es preferible lo malo conocido que lo bueno por conocer”.

Y para que el psicoanálisis exista, tienen que existir psicoanalistas que son el producto de un análisis, por ello esta enseñanza que nosotros venimos realizando desde la Sección Clínica de Madrid-Nucep, desde hace muchos años, está anudada a la experiencia analítica e implica una decisión y una apuesta que no tiene como fin lograr un estatus profesional o seguir una carrera institucional. Es una apuesta que va unida éticamente a la causa más singular, a las marcas de cada uno frente a lo traumático de este encuentro inédito entre los seres vivos, entre la palabra y nuestros cuerpos.

Mercedes de Francisco


Intervención en el debate “La vigencia del psicoanálisis 20 años después” celebrado online el 15 de julio 2020.

Clínica de la actualidad, actualidad de la clínica, por Gustavo Dessal

Debate online La vigencia del psicoanálisis 20 años después

La clínica de la actualidad nos revela que los lazos sociales han perdido el sustento de las estructuras discursivas, y se apoyan en el funcionamiento de la red. Existe otro modo de expresar esto mismo, y lo diré con las palabras que Norman Mailer empleó en uno de sus ensayos, escrito en 1966: “Debemos admitir que nos confrontamos a nada menos que la invisible iglesia de la ciencia moderna. No es una cuestión menuda. La ciencia ha levantado una muralla que cruza la ruta de la metáfora: los poetas lloran ante los expertos”. Me parece que esta situación irreconciliable entre ciencia y poesía, que pese a haber nacido juntas fueron separadas hace varios siglos, esta devaluación de la metáfora como aproximación a lo real en beneficio de la expansión viral de la ecuación, ha dado lugar a que el lazo social adopte el funcionamiento metonímico de la red, lo que equivale a decir que el sujeto contemporáneo ha perdido su hábitat existencial tradicional, el sustrato de la ficción histórica, para convertirse en un objeto errático que, desamarrado de los soportes simbólicos identificatorios y confrontado a la creciente fragilidad de los semblantes, no tiene otro recurso que el síntoma para recobrar un asidero de su ser, el síntoma como un trozo de real que flota en el flujo impredecible de la realidad. Cuando todos los simulacros identitarios fracasan, y los significantes se vuelven impotentes para designar la pertenencia a un grupo, una clase o un ideal común, es el síntoma quien habrá de tomar el relevo y orientar al sujeto. La carretera principal ha quedado definitivamente cortada, y la localización en el espacio subjetivo corre a cuenta de un goce que ha claudicado del sentido.

Lacan se tomó su tiempo para comprender todo esto. Necesitó muchos años para descifrar el misterio más íntimo del inconsciente: que su estructura de lenguaje no es sino una envoltura ficcional, que la lógica binaria del significante vela la naturaleza unaria del trazo, de la marca de la lalengua, y que fue el sujeto supuesto saber, la gran invención de Freud, la invención del saber supuesto al sujeto que habla, lo que hizo posible que el sentido pueda tratar lo real. Porque no debemos olvidar que hay analizante en tanto el analista supone en él el saber inconsciente. En el fondo, es la condición para que el analizante lo suponga en el analista. Dicho saber no está en el origen, sino que es una elucubración sobre el sinsentido de la lalengua, y solo el dispositivo analítico puede volverlo operativo.

Lo interesante es que resulta muy difícil no asombrarse ante la extraordinaria coincidencia que supone el desmontaje que Lacan aplicó a su propia elaboración de la metáfora paterna, y la mutación del paradigma histórico que ha tenido lugar a partir de los años setenta, con el ascenso de Margaret Tatcher al poder y la derrota del proyecto revolucionario. Toda la llamada “ultimísima enseñanza” no es sino el resultado de una cuidadosa labor de deconstrucción de esa soberbia estructura mediante la cual Lacan fue capaz de dar una consistencia lógica al Complejo de Edipo y el Complejo de Castración, ofreciéndonos en una misma fórmula la producción del significado y su articulación con el deseo sexual. En otras palabras, la metáfora paterna nos ha servido para articular esos dos campos cuyas conexiones Freud dejó inacabadas: el inconsciente y el ello. Ahora, cuando tenemos una perspectiva para reflexionar sobre el recorrido de la obra de Lacan, surge entonces la pregunta de si aquellas conexiones quedaron inconclusas, o Freud tuvo sus razones para que dichos campos no encontrasen una teoría unificada. Lo que quiero decir es que, tras su laboriosa demostración del orden simbólico como sustento de las formaciones del inconsciente, Lacan tomó la decisión de concentrarse en el ello. Su teoría de los goces, y destaco aquí el plural, es solidaria con la intuición que Freud apenas apuntó en su libro El yo y el ello: la posibilidad de que la libido fuese en verdad “Eros desexualizado” (Freud, S.: Obras completas, Edición Biblioteca Nueva, pág. 2719), “desplazable e indiferente”, que tanto puede investirse en cargas reguladas por el principio del placer como en las de destrucción. Tal vez el legado más profundo de Freud se encuentre, finalmente, en esa secreta alianza entre el ello y el superyo que reconocemos en la ferocidad depredadora del capitalismo hipermoderno, y en la que Lacan se introdujo con los instrumentos del goce y del Uno solo.

Es en al autismo germinal de la lalangue donde nos encontramos en la actualidad. Nuestra clínica, que no reniega de los conceptos clásicos ni de su vigencia, ha exigido no obstante una puesta a punto. La experiencia del pase, así como la teoría del síntoma concebido por fuera de la narratividad edípica, nos ha permitido acercarnos mejor a una serie de neofenómenos caracterizados todos ellos por su inconsistencia semántica, su escaso o nulo enraizamiento en la metáfora, hijos de un inconsciente que no constituye un saber, sino que fluye como pura sustancia gozante, y a los que resulta muy difícil domesticar mediante el artificio de la transferencia. Una forma sutil pero decidida de reacción terapéutica negativa que ni siquiera requiere de su llegada a un análisis para manifestarse, sino que se reconoce en la sencillez de la definición que Lacan nos dio de ella: es la vida que no quiere curarse.

Nuestra clínica transita hoy el estrecho desfiladero que media entre esa vida que no quiere curarse, y una Humanidad empeñada en curarse del psicoanálisis. No sabemos si la Historia es la realización del sujeto como pulsión de muerte, o si por el contrario la Historia es el modo discursivo que adopta la sustancia gozante, esa lamelle que todo lo atraviesa, lo invade y lo descompone. Pero sabemos que la palabra todavía puede conservar esa propiedad mágica que Freud le otorgó en su viejo artículo “Psicoanálisis, tratamiento por el espíritu”. Todavía podemos lograr que una palabra resuene en la opacidad gozosa de un síntoma, y lo conduzca hacia el territorio del inconsciente transferencial. Todavía somos capaces -o al menos vale la pena mantener vivo ese sueño- de ofrecerle al desabonado del inconsciente, que es hoy el sujeto por antonomasia, la oportunidad de tomar en serio su existencia.

Gustavo Dessal


Intervención en el debate “La vigencia del psicoanálisis 20 años después” celebrado online el 15 de julio 2020.

La vigencia del psicoanálisis 20 años después, por Rosa López

Debate online La vigencia del psicoanálisis 20 años después

Una mujer joven que acaba de perder a su padre por el Covid19 quiere saber, antes de pedirme cita, si soy experta en duelos. ¿Qué es un experto en duelos? Si entran en Google encontraran innumerables anuncios de psicólogos que se definen como tales y que explican que el duelo es una reacción normal ante la perdida que ayuda a adaptarse a la situación después de pasar por una serie de fases:  la fase de negación, la de ira, la de culpa y la de tristeza hasta llegar a la aceptación de la perdida. No es que digan disparates, a fin de cuentas, aunque no lo sepan, parte de su discurso esta inspirado en Freud, solo que les falta otra parte que es la esencial porque desconocen el espíritu del descubrimiento freudiano, es decir su ética que subvierte todos los lugares comunes y va mas allá de los efectos terapéuticos que, sin duda, se consiguen por añadidura. Esta amputación histórica que utiliza la cura de la palabra inventada por Freud prescindiendo de Freud dio lugar al nacimiento de las psicoterapias que degradan la complejidad y la enjundia de la teoría freudiana a la aplicación de un saber protocolario de aplicación general, olvidando que cada caso es una excepción en sí mismo. En rigor y aunque algunas veces se utilicen ciertas expresiones, los psicoanalistas no podemos declararnos expertos en nada: ni en clínica infantil, ni en toxicomanías, ni en trastornos de la alimentación, ni en psicosis, porque desde nuestra docta ignorancia nos orientamos por la diferencia absoluta de cada sujeto que no se deja encasillar en distintos conjuntos. Desde esta perspectiva, la acumulación de experiencia hace del “experto” alguien que ya no se deja tomar por los efectos de sorpresa, imprescindibles para captar la singularidad del que no dirige su demanda. Creo que vivimos en el momento histórico de mayor dominio de los expertos a los que los políticos se subordinan para tomar sus decisiones, aunque no discuto la importancia de los científicos en la gestión del Covid19, pues aunque aun no saben casi nada de ese real de la ciencia, acabaran encontrándole la ley y el remedio. Un remedio medico que deja fuera ese otro virus de lalengua que nos convirtió en seres hablantes y del que solo se ocupa el psicoanalisis. Me pregunto si el psicoanalisis puede sobrevivir a contrapelo de los imperativos de una época que busca expertos en todos los campos. ¿Puede sobrevivir la experiencia analítica frente a las terapias protocolarias que se dicen científicas y que ofrecen soluciones sin tener que pasar por el arduo, largo y valiente trabajo del saber no sabido?

Sintetizaré en diez puntos algunas respuestas:

  1. El psicoanalisis sigue vigente en pleno siglo XXI aun cuando en muchas ocasiones se vaticinó su muerte. Eso no quiere decir que el porvenir del psicoanalisis este asegurado y por ese motivo, tanto en las Escuelas de la AMP como en el Instituto del Campo Freudiano se realizan permanentemente actividades que incluyen al psicoanalisis en los acontecimientos de la época. 
  2. Hemos de reconocer que, desde su origen, el psicoanalisis ocupa un lugar muy pequeño en la civilización. Comparado con el poder de siglos de tradiciones religiosas que tratan lo real con el sentido, con el progreso imparable de la tecno ciencia capaz de operar con su real o con el imperio del capitalismo que niega lo real, el psicoanalisis tiene un papel muy humilde.
  3. Desde esta situación de indigencia el discurso psicoanalítico debería (no es fácil de conseguir) ocupar una posición muy especial, inédita por extima, en los debates actuales sobre las nuevas tecnologías, el discurso de la ciencia que forcluye al sujeto, la politización de la religión que alimenta a la ultraderecha y el capitalismo neoliberal cuya voracidad no conoce límites.
  4. Lacan nos indicó claramente cuál es la función del psicoanalisis: ser el reverso del discurso del amo. El reverso no es lo opuesto pues consiste en ofrecer un contrapeso que invalida el discurso del amo pero también invalida las respuestas revolucionarias de cualquier signo que no consiguen salir de la lógica del discurso del amo y, como demuestra la historia de la humanidad, acaban volviendo a su punto de partida.
  5. No se puede hablar de reverso del psicoanalisis sin calibrar el lugar que tiene el psicoanalisis en lo político. Nos toca pensar los problemas políticos desde la perspectiva del goce porque partimos de que todos los discursos están causados por el goce, nacen del goce para cumplir el cometido de establecer una modalidad de respuesta que le de un sentido y una regulación pero se olvidan de su origen. Nuestra función es fundamentalmente recordárselo.
  6. Tenemos razones para conservar una extraterritorialidad respecto a la medicina y aun cuando nuestro fundamento es la clínica no estamos reducidos a ser una especialidad sanitaria. Lacan transmitió el deseo de que los psicoanalistas no usaran su consulta como un refugio sino que se atrevieran a conocer a fondo las coordenadas  en las que se desarrolla el lazo social porque son las misma en las que se sostiene las neurosis. Posición complicada que nos lleva a movernos de la singularidad de un sujeto particular al funcionamiento del lazo social
  7. Freud en su texto El Malestar en la Cultura  no solo dio las claves para entender el origen de la sociedad, sino que  anticipó los peligros del porvenir. Jacques Lacan, dirigió toda su atención a las transformaciones más novedosas que se iban produciendo y nos ofreció las herramientas para pensar los impasses actuales. Jacques Alain Miller abrió un campo de investigación sobre los nuevos modos de presentación del síntoma: desde las denominadas adicciones generalizadas, pasando por el drama de los niños medicados por TDH, el aumento de los trastornos de alimentación, el espectro autista y, sobre todo, las psicosis ordinarias. Los tres han puesto en relación el psicoanalisis con los cambios del momento histórico siempre manteniendo la condición intemporal del parletre como lo que no es susceptible de cambiar
  8. El psicoanalisis no es el único discurso que advierte los efectos devastadores que el empuje actual al goce, disfrazado de felicidad, produce sobre los seres hablantes. Sociólogos, pensadores, filósofos, psicólogos incluso tertulianos comentan hasta la extenuación los estragos producidos por la asociación entre la denominada “ciencia de la felicidad” y el sistema capitalista neoliberal. Por tanto, no inventamos nada al respecto, pero mientras que otros se limitan a describir el agua en la que se ahoga el sujeto, el psicoanalisis aporta algunas explicaciones sobre los fundamentos subjetivos que están en juego: la acción imperativa del superyo que ordena gozar sin limites torturando a un yo que, ilusoriamente, se pretende mas autónomo y dueño de si mismo que nunca: “rinde hasta la extenuación y, además goza sin limites”
  9. La subsistencia del psicoanalisis exige colocarse y mantenerse en una posición extima y el mayor peligro no procede del exterior sino que reside en los propios psicoanalistas para los que no es fácil sostener este lazo social tan especifico sin deslizarse hacia los otros discursos. Por ejemplo: tomar nuestro interés en lo político desde el discurso del amo de manera partidista, usar el saber que nos incumbe en la lógica del discurso universitario o representar la disidencia contra el amo al  modo del discurso histérico.
  10. La formación infinita del psicoanalista que incluye su análisis es, sin duda, la única manera de hacer que el psicoanalisis continue ocupando su lugar y cumpliendo su función en el mundo, pues como dice Lacan el psicoanalisis no es mas que lo que hacen los psicoanalistas.

Rosa López


Intervención en el debate “La vigencia del psicoanálisis 20 años después” celebrado online el 15 de julio 2020.

x200más. Por Ana Ruth Najles

Conferencia Online José María Álvarez

Conversación a cargo de Ana Ruth Najles en el marco de las conversaciones sobre EDUCACIÓN de “x200más”

Coordinación de la mesa: Dr. Carlos Gustavo Motta

6 de Mayo de 2011 – Auditorio Biblioteca Nacional

Última sesión del Seminario del Campo Freudiano, a cargo de Miriam Chorne

Lectura del Seminario XI, “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis” de J. Lacan.

30 de mayo 2020

Capítulo XX “En ti más que tú”

Docente invitado: Miriam L. Chorne

Comencemos por el título o más bien por los títulos, porque curiosamente Jacques-Alain Miller que es quien ha establecido este seminario, como todos los otros seminarios que estudiamos en este espacio, ha creado un apartado “Queda por concluir” con un solo capitulo, el que veremos hoy. Es decir que el capítulo tiene en verdad dos títulos: “Queda por concluir” y “En ti más que tú”.

Como siempre o casi siempre los títulos e incluso los subtítulos que Miller da a las distintas partes del seminario constituyen una orientación valiosa para comprender la construcción, la lógica del capítulo. Y a pesar de que este es un Seminario que he leído, estudiado muchas veces, entender esta vez preparándolo para ustedes lo multívoco del título del apartado, me permitió entender por qué Lacan hablaba de cada una de las cosas de las que hablaba en ese capítulo y cuál era la relación entre ellas. Quiero por esa razón pues, empezar con la aclaración de los títulos para que también a ustedes pueda servirles de orientación de lectura.

J.-A. Miller ha dicho que este Seminario era un verdadero belvedere de la enseñanza de Lacan. Un belvedere es un lugar alto en nuestro camino que nos permite tener una vista global, una visión del lugar de donde venimos y adonde vamos. Este Seminario es un observatorio privilegiado de los cambios introducidos en ese momento en la enseñanza de Lacan. En particular el objeto a, “ese objeto paradójico, único, específico que llamamos objeto a. Se los presento de modo más sincopado al subrayar que el analizado, en suma le dice a su interlocutor, el analista – Te amo, pero porque inexplicablemente amo en ti algo más que tú, el objeto a, te mutilo.(p.276)

Tenemos de este modo la frase que le ha servido a Miller para titular el capítulo y también el énfasis, el subrayado que pone al concebir la operación de separación como la búsqueda de responder a lo que uno es en el deseo del Otro mediante el ofrecimiento de una parte de sí mismo. Y Lacan nombra a esa separación, automutilación subrayando que es separación de un resto no significantizable, una pérdida que afecta al propio cuerpo.

Es la introducción del objeto a la que le permitirá a Lacan abrir la vía más allá del padre, que lo llevará en los últimos años de su enseñanza a destacar la dimensión del goce, dedicando su atención en lugar del sujeto al parlêtre. También le permitirá poder formular un final de análisis  -en relación al propio Freud, que lo había concebido como no conclusivo en la medida en que al término del análisis se encontraba la roca de la castración- y en relación a los post-freudianos -un final de análisis que no fuera identificación al analista, sino atravesamiento del fantasma.

Estas observaciones resultan importantes porque cuando leemos a Lacan, que suele ser bastante polémico, es esclarecedor saber contra qué o contra quienes es la controversia.

Aunque concluir alude al menos a dos significaciones diferentes en francés, de modo similar que en español, concluir es finalizar, terminar y es también extraer una consecuencia de ciertas premisas. Es lo que hace Lacan concluir el trabajo del año, en el que Lacan que se reconocía freudiano, se reivindicaba incluso freudiano -no quería ocupar el lugar de un Jung o un Adler en relación a la teoría analítica- comenzaba sin embargo a formular más claramente sus diferencias con Freud, el suyo es un nuevo modo de hablar del psicoanálisis, una refundación del psicoanálisis. Los cuatro conceptos fundamentales son re-definidos como venimos viendo a lo largo de nuestro trabajo de este año y con ellos se re-define lo que hacemos en un análisis, la práctica analítica.

Pero concluir en este caso, se refiere de manera fundamental al final de la experiencia psicoanalítica misma, es decir al final conclusivo de un análisis.

Y ello nos conduce inmediatamente a diferenciar las salidas de análisis en relación con el final conclusivo. No sólo porque habría falsas salidas, lo que el dispositivo del pase verifica algunas veces -se suele hablar de salidas prematuras- sino porque Lacan va a diferenciar incluso el momento del pase, tal como acabaría por definirlo en la “Proposición del 67”, del momento de salida del análisis.

En este texto, que es del 64 no figura la palabra pase, aunque sus reflexiones son un antecedente importante de la Proposición, en esta última se añade además un dispositivo para verificar un final. Final que en este capítulo se comienza a teorizar.

Por esa razón es un texto que hay que leer al menos junto con “Análisis terminable e interminable” de Freud y con la “Proposición del 67” de Lacan.

Final conclusivo y salidas de análisis

Para insistir en esta idea debemos tomar en cuenta que existen múltiples salidas que tienen lugar sin atravesar el momento de pase: pueden ser salidas terapéuticas, salidas que se hacen porque el analista se ha desplazado y ha cesado de operar como causa de deseo. Miller ha hablado de “coyunturas de salida”, así en plural.

Pero cuando el momento de salida está programado en la estructura, lo que significa programado como posible, no como necesario, llamamos a ese momentode pase: viraje final.

Hay muchas veces un tiempo difícil -que puede ser más o menos largo- tras el momento de pase en el que el analizante está confundido -lo hemos escuchado muchas veces en los testimonios de pase- siente que ya no puede decir nada nuevo y sin embargo no puede dejar la relación con el analista. En consecuencia tarda en llegar el final efectivo. Que ha de ser un acto como veremos después.

No obstante el viraje final abre la última secuencia y permite que se realice la finalidad analítica, que Lacan nombró “el fin primero”: la producción del deseo del analista, o la producción de un sujeto virtualmente analista – lo que no quiere decir que haya de funcionar como tal, profesionalmente.

Hay dos ejes principales de la interrogación sobre el final de análisis: o bien interrogamos la secuencia, el proceso analítico, especialmente el viraje final, o bien se interroga el resultado. Cuando nos interrogamos sobre el proceso nos preguntamos ¿cómo se entró, cómo se salió? ¿Qué cambios se produjeron? Cuando interrogamos el resultado queremos saber cómo es el resto que queda al final del análisis, nos preguntamos ¿qué es un sujeto psicoanalizado?

Lacan se ocupa de los dos aspectos en este capítulo. Es un capítulo muy próximo a la actualidad de la práctica analítica ¿Qué más próximo a la experiencia del análisis que preguntarnos cuáles son los cambios que se producen como consecuencia de la misma? ¿Qué ocurre con el SsS, con la transferencia real, con el fantasma, con la pulsión, cuando se ha finalizado el proceso del análisis?

En todo final conclusivo podemos describir: un momento de revelación, hay algo que se  entreve. Lacan utiliza el término apercevoir, algo se percibe, se descubre, se sabe. Por eso en estas páginas Lacan habla por primera y única vez del atravesamiento del fantasma. Aunque después, retomado por Miller, cobrara gran difusión en nuestra comunidad.

Este momento de revelación es también un momento de metamorfosis, que es el término más fuerte para hablar de cambio del sujeto. Es decir que en el final hay un nivel epistémico, ¿qué es lo que el sujeto ha aprendido o  cómo “ se ha instruido”, según la expresión de Lacan, de su lugar en el inconsciente, de su lugar en la estructura? Y hay un nivel que se sitúa en relación a la operatividad misma. ¿Qué resta después de la experiencia analítica?

Una muestra de este tipo de interrogación es la que Lacan formula en nuestro capítulo: ¿cómo vive la pulsión, más allá del fantasma, un sujeto que ha atravesado el fantasma?

Pregunta  verdadera de Lacan, quiero decir que no es retórica y además no termina de responderla en ese momento. Sólo llevará la respuesta un poco más lejos, en el Seminario XV dedicado al acto analítico, es decir cuatro años más tarde.

Entonces el programa para hoy es mostrarles como en cada una de las cuestiones que Lacan nos ofrece en este capítulo desarrolla un aspecto importante de su concepción del final conclusivo.

Consideremos ahora el capítulo mismo, la interrogación inicial de Lacan es ¿Qué orden de verdad genera nuestra praxis? A la que responde que nuestra certidumbre proviene de sustentarla en los conceptos fundamentales que ha redefinido. Pero esa interrogación encuentra  una expresión patética y como dice Lacan más esotérica – cómo habrían podido formularla los miembros particularmente calificados de nuestra comunidad, al igual que lo hacían con temas reservados los discípulos elegidos en las escuelas de la antigua Grecia- ¿Qué seguridad tenemos de que no estamos en la impostura?

Lacan propone que encontraremos la respuesta no sólo en el fundamento teórico de lo que hacemos, sino también en nuestra propia experiencia como analizantes.  Es al mismo tiempo la pretensión de fundar una institución de los psicoanalistas más acorde con la estructura analítica de la experiencia y que culminará tres años más tarde con la “Proposición del 9 de octubre …” en la que el dispositivo del pase, verificar que se haya llegado en el análisis a un final conclusivo, constituirá una forma diferente de selección de los miembros, en las sociedades analíticas. Es decir que entre nosotros, las cosas no se resuelven con títulos, por ejemplo. Al contrario, debemos proporcionar pruebas de lo que hacemos frente a nuestros colegas y frente a la comunidad para que nuestro hacer no sea una impostura.

Con esta interrogación Lacan vuelve al comienzo del seminario donde nos ha hablado de las relaciones del psicoanálisis con la religión y la ciencia. La enseñanza de Lacan mantiene una relación compleja, una tensión entre ciencia y psicoanálisis. Si por una parte afirma que el psicoanálisis no habría sido posible sin la condición de la emergencia del sujeto de la ciencia, el sujeto cartesiano, por la otra lo diferencia de la ciencia en la medida en que la causa del sujeto no es significante. La verdad del analizante, que descubrirá al final del análisis con el atravesamiento del fantasma, es un objeto plus-de-goce que funciona como objeto causa.

“(…) de la verdad como causa la ciencia no querría saber nada”, dice Lacan en su texto “La ciencia y la verdad”. Por eso formula  que la ciencia forcluye el sujeto y en consecuencia el psicoanálisis no podría ser científico. Y sin embargo, hablaba antes de tensión porque Lacan mantiene a lo largo de toda su enseñanza la búsqueda de un rigor científico y la utilización de instrumentos también científicos como la lógica y la topología.

Hace un movimiento equivalente en relación con la religión y nos dice que para que el psicoanálisis no sucumba a un olvido semejante al de la religión -que no tiene memoria del más allá de la religión, del carácter operatorio del sacramento, en el que se sostiene el lazo del creyente con la fe- será necesario que el fundamento del psicoanálisis sea la hiancia abierta en la dialéctica del sujeto y del Otro: el deseo.

Deben tener presente que cuando habla aquí de deseo no se refiere al campo del Otro en tanto que campo de los significantes y del deseo, sino que relaciona el deseo con la pulsión. Como lo manifiesta ya desde su título uno de los escritos de Lacan contemporáneo de este seminario “Del “trieb” de Freud y del deseo del psicoanalista”.

En relación al olvido Lacan añade que también el psicoanálisis está condenado a un ejercicio marcado por la ceremonia, “por la misma cara vacía”, por rituales -al igual que la religión- si no se apoya en su fundamento. La única seguridad de no estar en la impostura, en las formas vacías, de sentirnos autorizados a ocupar el lugar del analista para quien se confía a nuestra orientación de la experiencia, es volver al vacío que debemos preservar en la relación analítica.

Transferencia y cierre del inconsciente

El punto siguiente se inicia con una interrogación sobre lo que ocurre con la transferencia en la experiencia del análisis. Y lo hace a través de un comentario lleno de humor y de burla acerca de una expresión habitual en relación al final del análisis: la liquidación de la transferencia. “¿Qué se querrá decir con eso?”, se pregunta Lacan. Y comenta: ¿se tratará de liquidación en sentido contable?¿se referirá a una operación mágica, “de alambique”?¿Querrá decir que la transferencia como un líquido, se vacía en alguna parte? “Si la transferencia es la puesta en acto del inconsciente ¿pensarán que terminar un análisis significa que no haya más inconsciente? ¿o será el analista, el sujeto al que se supone saber el que debe ser liquidado?”

Lacan señala un punto paradójico verdadero en el sentido de que se supone saber al analista cuando aún no sabe nada sobre uno (SsS) y cuando por fin empieza a saber algo el análisis se termina. Pero es sin duda una exageración al servicio de la ironía: criticar lo que se nombra como la liquidación de la transferencia, porque el propio Lacan va a hablar después de la destitución subjetiva del lado del analizante al final del análisis y del desêtre o deser en relación al SsS, es decir de una cierta desaparición del lazo analítico. 

Destaca entonces que la única liquidación que nos interesa es la liquidación de ese engaño debido al cual la transferencia tiende a ejercerse en el sentido del cierre del inconsciente. El mecanismo que Monribot ya explicó en sesiones anteriores del Seminario (les recomiendo leer el capítulo “La transferencia y la pulsión en el Seminario XI” de su libro Recorridos, muy claro y exhaustivo en su análisis de la transferencia), pone en juego la relación narcisista mediante la cual el sujeto se propone como objeto amable, es decir digno de ser amado.

Lacan se refiere aquí, al amor de transferencia, a la transferencia imaginaria que cumple una función de resistencia. Destaca la referencia al Otro, diremos incluso, la dependencia del Otro, al que el analizante intenta inducir a una relación de espejismo en la que lo convence que merece ser amado.

Recordarán que antes dije que Lacan se oponía a la idea de los psicoanalistas de la IPA que consideraban que el final del análisis consistía en la identificación con el analista. Balint era el adalid de esta idea, haciendo del analista el representante de la realidad. Sin darse cuenta que esa propuesta era una enormidad porque hacía del analista la medida de una posición correcta respecto de la realidad para todos y cada uno de sus analizantes. Y también porque ese supuesto representante de la realidad no podía sino ser un repre- sentante de los significantes amo, del discurso corriente. Como Lacan dice en otras ocasiones, también burlonamente, ya que habla de los psicoanalistas emigrados a Estados Unidos, un representante del american way of life.

Habría que decir que los post-freudianos en general  se apoyaban en la concepción freudiana de la transferencia como repetición significante, como un error de conexión. Consideraban por ejemplo, que cuando el Hombre de las ratas insultaba a Freud rechazaba saber que estaba repitiendo con su analista un odio infantil contra su padre. Y se lo transmitían al paciente. O para darles un ejemplo reciente de mi práctica un sujeto que relata un sueño, su primer sueño en análisis, en que hay un personaje que se parece, me dice, al personaje mayor de Homeland, Saúl, que es el único que cree a la protagonista y que la aconseja. Yo quisiera que alguien como él me aconsejara para no equivocarme en mi elección.” Y añade “usted no me va a aconsejar”. Está claro que esta es una paradigmática denegación de la demanda, que me está pidiendo que lo aconseje -como, por otra parte- siempre hizo con su padre. Es un sujeto que ha claudicado completamente sobre su deseo y ha hecho desde la elección profesional hasta la elección de partenaire, lo que ha creído que quería su padre. No se trataba de decirle que estaba repitiendo conmigo la posición que había mantenido con su padre sino de abstenerme en la respuesta para que quedara la x del deseo, el lugar vacío donde podía comenzar a desplegar sus propios significantes, que ese día concluyeron en ¿por qué defenderme justamente de lo que me pide el cuerpo? momento en que interrumpí la sesión.

Los psicólogos del yo sostenían que la salida de la transferencia consistía en una rectificación del error de conexión. Esta rectificación se hacía por medio de la alianza de la parte sana del Yo del paciente con el Yo fuerte del analista, que poseería la verdad final.

Pero si  el analista posee la verdad ¿cómo sería posible la caída del sujeto supuesto saber al final del análisis? Se produciría de este modo una infinitización del análisis, una dificultad para poner el punto conclusivo a la experiencia.

Este silencio del analista, que no es mantener la boca cerrada sino más bien sustraer una respuesta que deja el lugar vacío está presente desde el comienzo del análisis hasta el final, aunque si el sujeto debe ocupar este lugar vacío con su fantasma, el objeto a no es el mismo al comienzo que al final de la experiencia analítica, después que se ha hecho la experiencia del atravesamiento del fantasma.

El psicoanálisis no es hipnosis

Lacan por el contrario nos recuerda que Freud designa la culminación de la transferencia como cierre del inconsciente en esa función llamada la identificación. Señala además que la identificación en juego no es la identificación especular, inmediata, sino la identificación como soporte del lugar desde el que el sujeto quiere ser visto en el campo del Otro.

Este punto ideal desde el cual contemplarásu identificación especular, su yo ideal, como visto por el Otro, le procurará la satisfacción de sentirse amado por el Otro. Es el mecanismo mismo del enamoramiento según Freud, que produce tanta felicidad, sentirse amado por el ideal. Le permitirá mantenerse en una relación dual satisfactoria desde el punto de vista del amor.

Para explicar mejor esa relación entre transferencia e identificación, Lacan retoma el artículo de Freud dedicado a la “Psicología de las masas”, en particular los capítulos VII y VIII, dedicados a “La identificación” y al “Enamoramiento e hipnosis”. “Como espejismo especular, el amor tiene esencia de engaño. Se sitúa en el campo instituido por la referencia al placer, por ese significante único requerido para introducir una perspectiva centrada en el punto ideal I, que está en el Otro, desde donde el Otro me ve tal como me gusta que me vean.”(p.276)  

Lacan nos dice que Freud distingue con toda claridad la hipnosis del estado de enamoramiento, hasta en sus formas más extremas de fascinación o servidumbre amorosa. Destaca la diferencia esencial entre el objeto definido como narcisista i (a) y la función del a. Con sólo ver el esquema que da Freud de la hipnosis “se tiene, a la vez, la fórmula de la fascinación colectiva, realidad en ascenso en el momento en que escribió ese artículo”.  (p.280) La realidad en ascenso es el nazismo al cual Lacan se referirá más adelante en este mismo capítulo.

Pueden ver el esquema de Freud  en la página 280 y observar el lugar del objeto, el a, distinto del lugar del yo y del lugar del ideal. Las curvas, por su parte, sirven para marcar la conjunción de a con el ideal del yo en la hipnosis con la que Freud  le da su status. La hipnosis se explica por la superposición en un mismo lugar del punto de referencia significante que es el Ideal del yo con el objeto a.

Lacan añade que el nudo de la hipnosis es el objeto mirada, objeto difícil de captar; en los primeros capítulos había dicho que era seguramente el más evanescente de los objetos a. En efecto es más fácil dar una sustancia, aunque sea episódica, a los objetos oral y anal y hasta la voz puede ser grabada. Por eso quizás -como le ocurriera al propio Freud los objetos a los que primero se refiere son el oral, a través del mammal complex de Bergler y el objeto anal, en la evocación de un caso – no sabemos a quién se refiere- de un escritor que padecería de “vértigo de la página en blanco”, y que Lacan interpreta: “Si literalmente no puede tocar la página en blanco contra la cual se detienen sus inefables efusiones intelectuales es porque sólo puede aprehenderla como papel  higiénico.” (p.276)

Y añade, pueden preguntar al angustiado de la página en blanco y él podría decir –en realidad no lo puede decir, el lenguaje falta para decirlo, por eso es necesario un acto y el deseo del analista para acceder al objeto que él es . Es Lacan quien nos dice: es el excremento de su fantasma. 

El objeto mirada está presente en la hipnosis, bajo la forma del reloj oscilante, un tapón de cristal o cualquier otra cosa con tal de que sea brillante, de ese modo puede sustituir a la mirada del hipnotizador.

Recuerda al respecto lo que ya había dicho: que hay algo en el mundo que mira antes de que haya una mirada para verlo, y que el ocelo del mimetismo, una mancha, es previo, es un presupuesto indispensable del hecho de que un sujeto pueda ver y quedar fascinado. Es decir no se trata de visión sino de mirada.

Volvamos a la cuestión de la hipnosis ¿Por qué Lacan se interesa en este momento en su mecanismo? Lo hace porque la conjunción, la confusión dice Lacan, del significante ideal,l -desde donde se localiza el sujeto- con el objeto a, es la definición estructural más segura de la hipnosis.  “¿Y quién no sabe que el análisis se instituyó distinguiéndose de la hipnosis?”

Presencia del analista

Lacan señala que el movimiento por el que el analizante busca situarse en el lugar desde donde le gustaría que el ideal lo viera, es decir en hacerse amable para él, aunque conduce al cierre del inconsciente, es un paso necesario, inevitable en el proceso psicoanalítico. Es me parece una dificultad, comprender la doble cara de la transferencia amorosa como resistencia, pero también como necesidad de ir más allá de la transferencia imaginaria sin oponerse a ella, o destruirla sin más.

“Todo análisis cuya doctrina es terminar en la identificación con el analista revela que su verdadero motor está elidido. Hay un más allá de esta identificación, y está definido por la relación y la distancia existente entre el objeto a y la I idealizante de la identificación.”(p.279)

En ese punto hacia el que el análisis es empujado por la faz engañosa de la transferencia se produce un encuentro que es una paradoja: el descubrimiento del analista. “Este descubrimiento sólo puede entenderse al otro nivel (…)” (p.276)

¿Cuál es ese otro nivel? Lo que está en juego es la otra operación, la separación,  vemos aquí aparecer inmediatamente la presencia del analista que encarna el objeto a. Es la respuesta que Lacan nos ha explicado que surge cuando frente a la inconsistencia e incertidumbre  de los significantes que recoge como respuesta a su pregunta ¿Quién soy? el sujeto se dirige al Otro preguntando ¿Qué me quieres? ¿Qué objeto soy en tu deseo?

No busca ya la respuesta en los significantes del Otro, que lo mantienen en la incertidumbre y la oscilación entre el ser y el sentido, sino en su decir, en los intersticios de los significantes. Me dices esto pero ¿Qué me quieres decir cuando dices lo que dices? En esos intersticios se sitúa el objeto a, que Lacan irá definiendo a lo largo de los años de diferente manera, pero que en el Seminario 11 es sobre todo ese vacío alrededor del cual gira la pulsión. En ese vacío surge la respuesta que es el objeto, la fórmula del fantasma.

Es un movimiento que se observa bien con la figura del 8 interior de la página 279. Tenemos D, la línea de la Demanda. Imagínense recorrer con el dedo la línea entera en el sentido contrario a las agujas del reloj empezando por arriba. Dan una vuelta completa hasta llegar al punto T. Es el punto decisivo. Allí el circuito tiene dos posibilidades: siguen hacia arriba por la línea recta que sale de T en esa dirección, que es el circuito de la identificación al I mayúscula, y luego da otra vuelta, y así hasta el infinito, manteniéndose en la alienación. O bien cuando llega al punto T, continúa por la línea de puntos que es la del deseo. ¿De qué depende que el circuito de la Demanda se perpetúe en la alienación al I mayúscula o que por el contrario pase mediante la separación a la línea del deseo? Del deseo del analista, que es lo que se supone debe estar aguardando en el punto T.

En este momento, me refiero a nuestro capítulo, Lacan dice que consiste en que el analizante se dirige a su interlocutor el analista expresando  _ “te amo, pero porque inexplicablemente amo en ti algo más que tú, el objeto a, te mutilo.”

Destitución subjetiva

Voy ahora a hacer un pequeño ex-cursus para hablarles un poco más ampliamente de la destitución subjetiva. Comenzaré con unos ejemplos clínicos -pero que ocurren por fuera de la experiencia analítica, en la vida cotidiana- porque me parece que en ellos es más sencillo ver el proceso en juego.

Empezaré recordando el apólogo de los primeros capítulos dedicados a la esquizia del ojo y la mirada, en el cual Lacan nos relata una experiencia de su juventud cuando trabajaba en unas vacaciones con un grupo de jóvenes pescadores bretones que se ganaban duramente la vida. Uno de ellos refiriéndose a una lata de sardinas que brillaba al sol le dijo _ “¿Ves esa lata? ella no te ve pero te mira.” Y se rió. Ese recuerdo que Lacan conserva cuarenta años después, que le sigue resultando doloroso, que lo hace sentirse avergonzado, lo empuja a interrogarse sobre el motivo de esos sentimientos. Y nos dice que él, joven burgués satisfecho de sí mismo por el esfuerzo que estaba haciendo al acompañar a los pescadores, es decir que se veía a sí mismo, a su yo ideal como amable desde el lugar del ideal cayó bruscamente de esa posición y se convirtió en el objeto mirada, la mancha en el cuadro de esa mañana soleada de trabajo merced a la “interpretación” del joven pescador.

Este apólogo, que Lacan nos presentó con otro fin, nos muestra primero el lugar del yo ideal inicial, cuando se sentía el objeto amado por el ideal y como, tras las palabras del joven pescador, que hacen aparecer el objeto que él, Lacan es, que hacen emerger la presencia súbita del objeto, se produce su “salvaje” destitución subjetiva. Se convirtió en el objeto caído, no mucho más que el desecho, la lata caída en el mar, en el bello paisaje de Bretaña. Pero si este ejemplo muestra bien el ser el objeto para el Otro, al ser una destitución salvaje provoca angustia -la que fija el recuerdo- pero sólo años después con la determinación de Lacan para mirar de frente a lo real, completa el otro aspecto de la destitución subjetiva.

Podríamos también ilustrar con otro ejemplo clínico por fuera del análisis la destitución subjetiva. Este ejemplo lo tomo del propio Lacan: es el de su expulsión de la IPA y a ella alude sutilmente al comienzo del capítulo. Lo voy a hacer con sus propias palabras en el “Discurso en la Escuela Freudiana de París”, de diciembre del 67, ocasión de retomar la propuesta de pase como modo para reclutar los analistas de la escuela, los AE, proposición que había producido, unos meses antes en octubre, la primera escisión.

“O bien aun imagínenme en el 61, sabiendo que servía para que mis colegas volvieran a la Internacional mediante el pago de que mi enseñanza fuera en ella proscrita. Continúo sin embargo esa enseñanza, al precio de no ocuparme más que de ella, sin oponerme siquiera al trabajo (que hacían los de la Internacional) de apartar de ella a mi auditorio.

Estos seminarios, de los que alguien al releerlos, exclamaba recientemente, sin otra intención me parece, que era preciso que hubiese realmente amado a aquellos para quienes sostenía el discurso, ahí tienen otro ejemplo de destitución subjetiva.”

Les hago más explícito los dos aspectos presentes en la definición de destitución subjetiva: el sujeto se ve reducido a un objeto, sabe que lo que es se reduce a un objeto para el Otro y es un sujeto abierto a lo real, que no retrocede frente a lo real. No es un sujeto vacilante como el sujeto de la alienación. Es un sujeto determinado, en el doble sentido de limitado y decidido. Es un deseo limitado y decidido y veremos más tarde, la importancia de esta limitación.

En otro momento se había referido a estos sucesos diciendo que eran cómicos por haberse convertido en objeto de negociación. Todos somos objetos de negociación en la vida dice Lacan, pero cuando lo somos hasta ese punto – emerge nuestra dimensión de objeto- se vuelve cómico, en este caso también dramático.

Lacan utiliza también un apólogo para ilustrar el proceso del análisis, lo más novedoso es la parte dedicada a la transferencia como puesta en acto de la pulsión “¿Cómo exponerles la incidencia en el movimiento de la transferencia de esa presencia del objeto a que se encuentra siempre y en todas partes? (…) Lo pondré en imágenes con una fábula (…)” (p.277)

La fábula que ofrece a continuación es la visita al restaurante chino que resumo mucho porque creo que no hay dificultad para entender la relación del cliente con la dueña como la del analizante al comienzo del análisis con el analista. ¿Qué sucede cuando el sujeto comienza a hablar al analista, esto es al sujeto al que se supone saber, pero que aún no sabe nada de ese sujeto, concreto, singular? Es decir Lacan comienza hablando aquí de la transferencia simbólica, de la instalación del SsS.

Al analista se le ofrece algo que, necesariamente, cobra primero la forma de demanda. Y añade una crítica a una desviación del psicoanálisis: la de entender esa demanda que es como toda demanda en última instancia demanda de amor, como una demanda del objeto: digamos la comida o el pecho, en la interpretación de la pulsión oral con la que un Bergler y todo el psicoanálisis de esta época, aplasta la dimensión deseante transformándola en frustración de no recibir el objeto deseado.

Pero volvamos al intento de dar respuesta a lo que quiere mediante el menú con la complicación adicional de que está escrito en chino, con lo que Lacan se refiere a que el sujeto no sabe lo que pide, es inconsciente para él. Le pedirá la traducción a la dueña, pero la traducción si uno no conoce la comida china tampoco le dirá mucho. Concluirá preguntando a la dueña ¿Qué deseo yo de todo esto? En ese momento ya la dueña habrá cobrado un lugar en la economía psíquica del comensal/analizante, mucho mayor. Es la que sabe y al que sabe lo que deseo, lo amo. Pero aquí Lacan da un salto y nos habla de porqué no tocarle además un poquito los senos a la dueña del restaurante.

Acto psicoanalítico y deseo del analista

Hablé de salto, y habría podido hablar de sobresalto, porque veníamos tranquilamente entendiendo el psicoanálisis en la dimensión significante y nos sorprende la presencia, la puesta en acto de la realidad sexual del inconsciente, que es la definición, novedosa en este seminario, de la transferencia.

“El deseo alimentario es aquí soporte y símbolo de la dimensión de lo sexual, la única que ha de ser rechazada de la psiquis. Subyace la pulsión en su relación con el objeto parcial.”  (p.278) Es decir que la relación al Otro sexo se reduce a la pulsión parcial, tesis que Lacan ha desarrollado  durante todo este seminario, y que se resume en ese En ti, más que tú. Es la tesis que culminará años más tarde en el “No hay relación sexual”, es decir que el sexo en el inconsciente no está presente sino bajo la forma de la pulsión parcial.

Se trata en la fábula de ofrecer una aprehensión de la función del objeto a en la transferencia, en el proceso de la experiencia analítica. De pasar de la comida exótica al cuerpo a cuerpo con la dueña, en este caso la dueña ha cobrado el valor de objeto, oral.

Hablé antes de un salto y este se produce no sólo por la especie de pasaje al acto de tocar los pechos a la dueña del restaurante, sino también porque en el proceso anterior el sujeto había puesto las cartas en manos de la dueña/analista. El sujeto/analizante estaba situado en la demanda, en la dependencia del Otro podríamos decir, le pregunta: ¿Qué quieres decir? ¿Qué quiero?  Y de pronto se produce un cambio de posición, le toca los pechos sin pedir permiso. Ha salido de la duda y del sentido. Efectúa un acto.

Lacan no vacila en relación con el cambio que se ha producido, dice a continuación que no es suficiente que el analista interprete, que como Tiresias ha de tener también pechos. No se trata de tener pechos para alimentar al paciente -y en esto hay quizás también una crítica a Winnicott o Balint que concebían su lugar en la transferencia como una rectificación de la frustración infantil, como ocupar el lugar de “la madre suficientemente buena” en Winnicott o el de un analista que ofrecía, como Balint, el amor primario. Ustedes saben que Lacan ha hablado del lugar del analista en la transferencia no sólo según lo que el analista quiere para su paciente sino según lo que el analista se propone que su paciente haga de él: Abraham quería ser una madre completa, Ferenczi un padre soltero, Nünberg como árbitro del poder de vida o muerte, es decir aspiraba a una posición divina. (p.165)

Para Lacan en cambio se trata de tener pechos a condición de que se manifieste estrictamente como deseo, y que ese deseo del analista permanezca como una x, el analista con tetas del que habla Lacan, no es el analista todo amor, como la imagen de dar el pecho convoca, es lo contrario. Se trata de un uso muy particular de las mismas, no se trata de utilizarlas para dar al analizante el complemento de goce que le falta, sino que tienen la función de que el sujeto se vea causado como falta por el objeto a. Es lo que muestra el final del apólogo: se sale de la demanda y se da lugar a una efectuación de goce.

El acento está puesto en el efecto separador del deseo del analista, separador en tanto va más allá de la identificación al hacer aparecer el objeto que causa el deseo.

La “maniobra y la operación de la transferencia han de regularse de manera que se mantenga la distancia entre el punto desde donde le sujeto se ve a sí mismo como amable y ese otro punto donde se ve causado como falta por el objeto a que viene a tapar la hiancia que constituye la división inaugural del sujeto.”(p278)

El mecanismo fundamental de la operación analítica es la transferencia pero sólo si el analista separa la demanda del sujeto de que el analista encarne el ideal, propia de la resistencia de transferencia, la cara de engaño tanto del amor como del odio y deja emerger la pulsión, el objeto singular, propio de ese sujeto. El analista debe abandonar esa idealización a la que el sujeto lo empuja, y es su deseo, no el deseo del sujeto analista, sino el llamado deseo del analista, esa x del deseo, el pivote de ese movimiento que le permite servir de soporte al objeto a separador. (p.281)

Quiero destacar dos aspectos: el analista desempeña su papel mediante su presencia. La realidad sexual del inconsciente sólo se percibe si está encarnada por la presencia del

analista. Es por esa razón que Lacan afirma al comienzo del Seminario 11 que “la presencia del analista … se debe incluir en el concepto de inconsciente.”

Este movimiento reactualiza la amenaza pulsional, y renueva el conflicto con la pulsión encarnada ahora por el analista. Lacan propone una rectificación de la práctica a partir de esta constatación, no se debe hacer la interpretación de la transferencia en términos de “error de conexión”, como hicieron y seguramente siguen haciendo los post-freudianos, no se debe decir “No es a mí a quien odia, es a su padre ¡pero usted aún no lo sabe!”.

Lacan dice que si convocamos a la transferencia -porque no se puede interpretar “in efigie o in absentia”, como decía Freud- no podemos después enviarla a paseo, no se puede destruir la escena transferencial. Así hay que entender la sentencia lacaniana: Se interpreta “en” la transferencia pero no se interpreta la transferencia.

Es pues responsabilidad del analista  que el amor de transferencia, o el odio que proporcionan una ganancia de ser frente a la falta en ser en que lo deja la indeterminación significante, que son pues “pasiones del ser” encuentren, a su vez, su punto de freno. Lacan no dejó de insistir, en contradicción a la posición de los psicólogos del yo que situándose en el eje imaginario atribuían la resistencia al analizante, que la resistencia es del analista.

El deseo del analista es el instrumento que permite oponerse a esa vertiente de resistencia de la transferencia. La respuesta adecuada a la resistencia consiste en poner en valor la raíz pulsional que funda el inconsciente y alimenta la transferencia.

El momento del pase es aquel en el cual el plus-de-goce responde a la cuestión ¿Qué soy? Cuestión que el sujeto no podía responder en la dimensión significante, en la medida en que Lacan hace al sujeto equivalente al conjunto vacío, lo que a veces escribe como -1, y el intento de responder en ese plano no hace más que relanzar nuevamente la pregunta, en una repetición sin fin.

El ser que responde, que puede responder al final, no es el sujeto, es su ser viviente, lo que es como objeto, el objeto que él le pedía al Otro que en un quiasma, responde con la revelación de su ser.

La función del acto se deduce de estas elaboraciones, se trata de que la respuesta no se puede dar en lo simbólico sino como efectuada, como efectuación. Los dos ejemplos que Lacan proporciona al final de la “Proposición del 67” nos describen un viraje en acto, que no se puede formular.

Lacan presenta esos dos finales (el del analizante que había descubierto la clave del mundo en la percepción del sexo de una impúber, como el del que descubrió a través del diario desplegado con el que se resguardaba la suciedad de los pensamientos de su progenitor y que remite al psicoanalista el efecto de angustia en el que cae en su propia deyección) de tal manera que nos permite suponer que ninguno de esos sujetos ha percibido como representación clara el final de su análisis, que no ha percibido que deja a su analista según el modo que fue el suyo con el objeto hasta entonces.

El atravesamiento del fantasma produce de una parte una pérdida, la pérdida de la seguridad que le proporcionaba el fantasma pero también una ganancia, la posibilidad de alcanzar una nueva certidumbre -que proviene de haberse liberado de las continuas preguntas sobre el deseo del Otro.

Es lo que Lacan ha llamado identificación con el síntoma, es decir reconocer en el goce del síntoma, la parte de su ser que no se inscribe bajo el significante. Es una forma de sutura de la división del sujeto, de colmar la falta en ser del sujeto de la cadena significante. 

La diferencia absoluta y un amor sin límites

A modo de conclusión de la conclusión, la pregunta que recorre las últimas páginas del seminario es cómo funciona el final conclusivo sobre el amor. Cuando el sujeto recibió la respuesta que da la pulsión y extrajo la conclusión en acto ¿en qué se transforma el amor?

Lacan ha dicho ¿Qué quiere el analista? y la respuesta fue: la diferencia absoluta. Pero ¿es esta afirmación suficiente para entender la última frase? “Es el deseo de obtener la diferencia absoluta (…) Sólo allí puede surgir la significación de un amor sin límites, por estar fuera de los límites de la ley, único lugar donde puede vivir.” ¿Hay afinidad entre obtener la diferencia absoluta y un amor sin límites? Esta idea ha resultado particularmente difícil para los psicoanalistas y estos últimos párrafos han sido interpretados de las más diversas maneras, entre otras identificando la diferencia absoluta con un amor sin límites. Lacan dice lo contrario, pero para entenderlo es necesario retroceder a la página precedente en la que Lacan compara distintas éticas, es decir modos del deseo que definen una relación con lo real.

Nos propone Spinoza, Kant y la ética psicoanalítica. Pero de manera menos explícita hay una cuarta ética que queda manifiesta en su forma más atroz, el nazismo. La  otra ética  es la del sistema capitalista mismo, de la que el nazismo es su cara más espantosa. No es necesario -aunque resulta convincente- evocar a este respecto, el final de la “Proposición” cuando Lacan prevé que el futuro de nuestras sociedades re-ordenadas por la ciencia y la técnica, y especialmente por la universalización que ésta introduce en nuestras sociedades, será la expansión cada vez más dura de los procesos de segregación.

Al comienzo del capítulo hay una referencia al lugar del psicoanálisis respecto de la religión y de la ciencia, al que ya me referí, en el cual Lacan dedica un párrafo a la ciencia y a la técnica de ella derivada, que por sus efectos sustenta la intrusión de la voz y la mirada por todos lados. ¿Es necesario para dar actualidad a nuestra reflexión evocar las ideas que han tomado fuerza con la pandemia de utilizar los teléfonos móviles para saber en todo momento con quien ha estado alguien en contacto? La preocupación de muchos -más allá de la efectividad que pudiera tener este medio- es la de que esa pérdida de la intimidad haya llegado para quedarse. Y por favor sólo señalo la tensión, quizás inevitable, entre seguridad y libertad, a partir de la utilización de los dispositivos que la ciencia y la tecnología ponen al alcance de los gobiernos o de la empresa privada. Y ni hablar de las disquisiciones acerca de si las sociedades autoritarias son más efectivas y a qué costo, que las democráticas, para poner a salvo la vida porque pueden utilizar esos dispositivos sin hacerse ningún cuestionamiento.

Pero volvamos a esas últimas páginas en las que Lacan se ocupa de las formas más monstruosas y pretendidamente superadas del holocausto, el drama del nazismo. Lacan hace una interpretación, dice que es un sacrificio, que el asesinato del objeto busca el testimonio de la presencia del deseo del Otro, el Dios oscuro. Oscuro porque su goce, su deseo permanecen opacos. Entender el holocausto como un sacrificio ha sido cuestionado, y por eso algunos prefieren hablar de Shoa, en lugar de hablar de holocausto.

Pero más allá de  aceptar o no esa interpretación de Lacan, entendamos por el momento la serie en la que Lacan reúne al nazi y a sus cómplices -ya que está el verdugo y también los que miran para otro lado, nos habla de “la ignorancia, la indiferencia, la mirada que se desvía”, que explican el velo que aún oculta este misterio- para denunciar la participación masiva de todos los que no fueron verdugos en acto, pero permitieron que el holocausto ocurriera. ¿Y hoy en toda Europa no estamos ante otros que desvían la mirada, es decir cómplices también?

Hablo de serie, porque con uno de esos barridos impresionantes a los que Lacan nos tiene acostumbrados construye, más allá de las diferencias, una serie con las distintas éticas que van desde Kant hasta la ética capitalista.

La moral de la ley universal de Kant implica no sólo el rechazo del objeto de la sensibilidad, del objeto patológico,como lo llama Kant, no en nuestro sentido sino en el del objeto del afecto, de la humana ternura. Lacan dice en numerosas ocasiones -por ejemplo en el Seminario VII sobre la ética y sobre todo en su “Kant con Sade” que la verdad de Kant es Sade- es decir que el rechazo del objeto de la ternura humana implica no sólo dejarlo de lado, sino su asesinato. Recuerdan quizás uno de los ejemplos de la moral kantiana que  Lacan nos ofrece en el Seminario de la ética ¿qué habría que hacer si un tirano nos ofrece salvar la vida a cambio de prestar falso testimonio contra un amigo? Kant cree que es posible que alguien ponga en la balanza de un lado salvar la propia vida y del otro prestar falso testimonio, pero Lacan complica el ejemplo ¿Y si el amigo es un resistente a la dictadura y nuestro testimonio lo lleva a la muerte?

El deseo en la moral kantiana es el deseo en estado puro. “Y lo digo muy claro” dice Lacan

“desemboca no sólo en el rechazo del objeto patológico, sino también en su sacrificio y su asesinato.” (p.283)

¿Por qué habla de deseo puro? Porque aunque seguramente Kant habría condenado el holocausto, sin embargo su sacrificio de los afectos, de la ternura, culmina en la no-diferencia de los deseos. Se vuelve un deseo anónimo, abstracto, universal.

El deseo del sujeto se confunde con el deseo del Otro, intento que mi deseo coincida con lo que el Otro desea.

Para Kant es la ley la que borra, tacha todos los plus-de-goce, tacha la ternura que despierta en nosotros la singularidad de cada hombre. En el holocausto evidentemente se presta al Otro una ferocidad especial, pero en los dos casos el sacrificio -sin saberlo- trabaja para la no diferencia, para la universalización del deseo.

Volvamos a la serie, hablábamos de Kant hagámoslo ahora de Spinoza. Es diferente, pero Lacan lo coloca igual en la serie, porque también en Spinoza falta la diferencia respecto del Otro.

Spinoza ha dicho el deseo es la esencia del hombre. Y al mismo tiempo desarrolla una concepción del deseo humano que es una separación respecto de todas las particularidades, de lo singular de cada hombre. Considera que ese deseo es idéntico, universal, a los atributos divinos. La esencia del hombre es el deseo, pero el hombre sólo quiere lo que quiere Dios. Sólo que el Dios spinoziano no quiere más que el orden significante del mundo. En Spinoza hay una convergencia, una no diferencia, entre el deseo humano y lo universal del orden del sujeto.

La serie es posible pues porque el nazismo, Spinoza y Kant promueven un deseo puro, sacrificar todos los objetos a la ley, a lo universal. posición límite dice Lacan.

La única manera de alcanzar una respuesta singular al ¿Quién soy? al ¿Qué quiero? es que se haya alcanzado el límite, que se haya determinado el objeto a en el que como deseo se encuentra encadenado. Lo que implica un efecto de separación del Otro universal. Lacan dice que el sacrificio ilimitado que preconiza Kant revela por contraste y por negación, que la función del objeto es la de limitar el deseo.

Se entiende ahora que la significación del amor absoluto se refiere a que sólo allí donde se encuentra la diferencia absoluta, la singularidad del uno por uno, se revela que la significación del amor sin límites es el sacrificio, un amor que no está limitado por el objeto es el sacrificio ilimitado. Entonces la diferencia absoluta quiere decir amor limitado, el único vivible. 

Séptima sesión del Seminario del Campo Freudiano, a cargo de Araceli Fuentes

Lectura del Seminario XI, “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis” de J. Lacan.

25 de abril 2020

Capítulos XVIII “Del sujeto al que se supone saber, de la primera díada, y del bien” y XIX “De la interpretación a la transferencia”

Docente invitado: Araceli Fuentes

Introducción

La hipótesis de que “el inconsciente está estructurado como un lenguaje” es de sobra conocida por muchos de los lectores de Lacan, lo que no es tan conocido son las consecuencias que él mismo sacó de ella y que no siempre se han percibido. Así comienza Jacques Alain Miller su conferencia “Otro Lacan” dictada en Caracas (Matemas I). Esas consecuencias interesan expresamente al fin del análisis y al llamado momento del pase.

El pase será la consecuencia de los desarrollos que hace Lacan en este seminario en el que, a la vez que rinde homenaje a Freud, rompe con él introduciendo el objeto a como restono significante que abre la vía hacía el más allá del padre y permite poner un punto conclusivo al análisis.

Leer un seminario de Lacan necesita tiempo hasta captar el hilo conductor que va siguiendo con sus meandros, sus tanteos, sus idas y vueltas hasta encontrar la formulación precisa que será sobre pasada más adelante sin anularla. Leer un seminario de Lacan implica siempre hacer la experiencia de lo que no se sabe, de lo que no se sabe y empuja a querer saber, a tratar de descifrar.

Invito a los participantes en este seminario a sumergirse en esta aventura en la que esta vez seré yo la docente que les acompañe.

Lecciones XVIII y XIX

Estas dos lecciones son las últimas del apartado titulado: la Transferencia y la Pulsión, en el que Lacan se ocupa de darle a la pulsión el lugar que hasta ese momento no tenía en su enseñanza. Lo hace articulando pulsión y transferencia al definir la transferencia como la realidad sexual del inconsciente. Que la transferencia sea la realidad sexual del inconsciente es un paso fundamental que articula dos órdenes heterogéneos: por un lado, el significante, por otro,  la pulsión, el inconsciente estructura da paso el inconsciente pulsatil que se abre y se cierra con la pulsión. Precisamente cuando Lacan pone el acento sobre la realidad sexual del inconsciente como definición de la transferencia está poniendo de relieve la transferencia como cierre del inconsciente por la presencia del objeto a, mientras que la transferencia articulada al SsS implica la apertura del inconsciente. Lacan había sido criticado por no introducir el dinamismo en la estructura al  definir el inconsciente a partir exclusivamente de la estructura del lenguaje, ahora responde a esa crítica con la introducción de la pulsión y esta nueva definición del inconsciente pulsatil que se abre y se cierra.

Para hacer este pasaje, dejara la lingüística de la que se ha servido hasta entonces, con sus operaciones de metáfora y metonimia, para pasar a la lógica.

Son dos operaciones lógicas la alienación y la separación las que le permiten articular estos dos órdenes heterogéneos, que son el del significante y el del objeto a. En especial la operación de separación le va a permitir formalizar el fantasma lo que dará lugar a una nueva concepción del análisis que tiene un final a partir de lo que más tarde llamará la travesía del fantasma en la que el sujeto hace la experiencia de la pulsión.

Mientras Lacan pensaba a relación entre el sujeto y el Otro sirviéndose de la lingüística (Seminario III), a partir de la fórmula de la Metáfora Paterna (MP), dicha relación estaba por completo sumergida en el campo de la significación, la relación entre el sujeto y el Otro estaba pensada a partir de la significación de una falta.

Pero la formalización con la que nos encontramos en este seminario ofrece algo nuevo que escapa al campo de la significación y está más allá de él, la introducción del objeto a como resto no significantizable.

Con la alienación y la separación Lacan formaliza las relaciones entre el sujeto y el Otro pero articulando el sujeto, no sólo al significante,  sino también al objeto a, como sucede en el fantasma.

El objeto a le llevará a afirmar que no todo es significante en la estructura.

Se ha producido un pasaje en su enseñanza que va de la significación fálica como producto de la MP y, como vía de la sexuación del sujeto por la cual este se hacía representar en el campo sexual,  a considerar el goce a partir de  la idea de un resto no representable en la representación sexual del sujeto en el campo del Otro.

No todo del sujeto es susceptible de ser representado en ese campo. Decir que “No todo en la estructura es significante” implica que hay algo en el terreno sexual que escapa a la representación fálica, un resto no representable que es el objeto a.

Con el objeto a Lacan introduce la noción de causa del deseo más allá del NP, lo ha introducido ya en el Seminario anterior, Seminario X La Angustia al hacer equivaler el objeto a al objeto perdido en Freud. Dicho de otro modo, hablar implica una perdida irrecuperable que afecta al propio cuerpo, esta pérdida que toma el nombre de falta en ser en “La dirección de la cura”, es aquí un agujero topológico producido por un corte significante: el objeto que causa el deseo y pone en movimiento su maquinaria.

A su vez esta pérdida inicial pone en marcha un mecanismo de búsqueda de un complemento. Lacan lo llama de distintas formas: búsqueda de “una condición de complementariedad que hace que el sujeto se dirija al Otro”, “una función de contrapartida que hace que el sujeto ponga en juego una parte de sí mismo que le permitirá establecer la conjunción con el objeto a que se localiza en el fantasma”.

En cualquier caso lo importante a destacar es que la búsqueda de un complemento en el Otro lleva al sujeto a poner en juego esa parte perdida de sí mismo, (el objeto a), en el campo del Otro.

El juego del Fort-da

Así podemos entender la nueva lectura que hace del Fort-da, p. 246, a propósito de la Repetición:

En esta nueva lectura lo principal del juego del niño es la bobina y no tanto la alternancia significante Fort-da en la que había puesto el acento anteriormente. Recuerdan el juego del nieto de Freud con un carrete que tira y recoge al mismo tiempo que pronuncia las palabras Fort-da, un juego que el niño hacía en ausencia de la madre.

En 1953, en Función y campo de la palabra Lacan había dado la primacía al orden simbólico poniendo el acento en la oposición fonemática entre el fort y el da y el juego repetitivo se produce en la ausencia de la madre. En 1964 la perspectiva se invierte totalmente: Lacan muestra que el ser del sujeto se define del lado de la bobina con la que el niño juega, es decir del lado del objeto y no del significante, el juego con la bobina que se acompaña del encantamiento del fort-da. Esta inversión topológica muestra que es en la bobina donde se decide lo esencial de la operación: es la bobina lo que está puesto en juego en ese lugar donde se abre un abismo ante la ausencia de la madre.

 Se trata de interpretar el juego a la luz de la operación de separación por la que el sujeto ante el agujero del Otro se separa poniendo en juego algo de sí mismo.

Para Freud el juego repetitivo del niño reproduce la partida de la madre. El niño, asume el rol activo y la bobina es la madre. Para Lacan sin embargo esta bobina no es la madre sino la expresión de eso que de él se separa en esta prueba y esto es homólogo a la estructura del fantasma. Para Freud la condición fundamental de la separación es la ausencia de la madre mientras que para Lacan no se trata tanto de la ausencia de la madre como de la presencia de su deseo que simboliza su ausencia, este deseo escrito DM en la MP, es el deseo del Otro afectado por una falta.

Confrontado con el enigma del deseo del Otro que introduce la pregunta ¿Qué quiere de mí más allá de lo que me dice? Confrontado con un deseo enigmático del que no se sabe ni qué quiere ni qué objeto lo anima el niño habrá de dar una respuesta poniendo en juego algo de sí mismo, de su propio cuerpo, su pulsión. Que el Otro se presente bajo la forma de un deseo enigmático es la condición que tiene que darse para que el niño juegue si quiere. Lacan presenta la separación del Otro como una elección, ocurre si el sujeto quiere, si quiere se separa poniendo en juego un objeto. El estatuto de esta decisión no lo sabemos exactamente.

El sujeto sólo se separa del Otro una vez confrontado al enigma del deseo del Otro a partir del  hacerse de la pulsión. A la pregunta ¿Qué quiere del Otro de mí? El sujeto responde en términos pulsionales: quiere vampirizarme, rechazarme, mirarme, oírme, lo que dará lugar a hacerse de la pulsión en la que el sujeto se compromete, hacerse ver, hacerse oír, etc.

Lo interesante es que la experiencia analítica muestra  que el sujeto no busca su complemento sexual, no busca su media naranja, como se suele creer y como cuenta  el mito de Aristófanes,  sino que busca la parte perdida de sí mismo constituida por el hecho o de ser hablante y mortal.

Así pues la condición de complementariedad no le viene del Otro sino que se se produce a partir de su propia perdida, efecto de la presencia del significante.

Es en función de esta pérdida de una parte de sí mismo que el sujeto buscará un complemento que nunca va a encontrar. Lo que si va a encontrar es su propia respuesta, la respuesta de su fantasma en el hacerse de la pulsión en la que obtiene una satisfacción.

Una separación alienante

Que Lacan llame “separación” a esta operación no debe llevarnos a engaño pues de lo que se trata es de otro tipo de alienación, no es ya la alienación a la cadena significante al discurso del Otro sino una alienación al deseo del Otro, de la que el sujeto puede salir gracias al análisis.

Diré algo sobre la operación de alienación que se juega a nivel de la estructura mínima del lenguaje S1-S2. La alienación concierne a lo que soy como sujeto, es decir cómo ser situado en la cadena significante. Confrontado al discurso del Otro tengo la posibilidad de elegir: o bien puedo asumir un significante al que me identifico, un “Tu eres” que viene del discurso del Otro y me petrifica, o bien puedo elegir el sentido, ósea lo que ese S1 quiere decir, el sentido que le otorga un S2 cualquiera y que siempre huye. Cualquiera sea la elección que haga habrá perdida, o perdida de sentido o perdida de ser.

El análisis de cualquier sueño ilustra muy bien esta vacilación del sujeto entre el ser y el sentido, entre el sujeto identificado a un S1 o el sujeto representado por un S1 para un S2. Al analizar un sueño el sueño funciona como una unidad enigmática que nos representa como sujeto y también nos fija. Mediante el análisis del sueño éste se conecta con otros significantes  S2 que le dan sentido, sin que encuentre su punto final. Con esta cadena asociativa lo que el sujeto es como sujeto del inconsciente es inatrapable, el sujeto es un ente cuyo ser está siempre en otra parte-dirá Lacan en Aún, p. 172.

Para decirlo sencillamente, la operación de alienación significante no permite atrapar el ser del sujeto. No es en el significante donde el sujeto va a atrapar su ser.

Se trata de una alienación al lenguaje que me viene de aquellos que encarnaron para mí el Otro pero que no me permite atrapar mi ser.

La operación de separación, es la separación de esta vacilación entre el ser petrificado por el S1 al que me identifico o el sentido que huye tras los S2.

La separación apunta a lo que soy, pero lo que soy fuera de la cadena significante, es decir lo que soy en el intervalo entre los significantes, es decir en tanto que objeto a.

Lacan usa la expresión “parirse” cuando habla de la separación aquí porque en la alienación el sujeto no existe como tal fuera de la cadena, no existe fuera del Otro. Solo adviene extrayéndose de la cadena del Otro, de sus oráculos y de sus veredictos.

¿Cómo lo hace?

Pasando por la falta del Otro. Consiste en situarse no por referencia al discurso del Otro, no por referencia a un texto, sino por referencia al deseo del Otro del que no se sabe lo que quiere ni cuál es el objeto que lo anima. En la separación se trata de identificarse a ese objeto desconocido. Esto le permite al ser hablante hacerse representar por un significante bajo el cual sucumbe (Posición del inconsciente, p. 802)

Este es precisamente el significante al que apunta la interpretación en este seminario.

 Paradójicamente, esta separación produce un S1 del sujeto que lo instituye en una identificación estable que detiene la vacilación precedente.

¿De qué tipo de S1 se trata entonces?

Es un significante que no viene del discurso articulado del Otro sino de su falta, de su deseo, eminentemente del significante fálico que condiciona lo que Lacan llama la identificación última.

Esta identificación no está por fuera del lazo con el Otro, le permite al sujeto darse un estado civil en ese vínculo con el Otro,  estar identificado en el Otro del deseo. Esta identificación nos extrae de la cadena del Otro, es una elección, un querer que hace efectiva nuestra identificación en el deseo del Otro. De ella habla Lacan en la página 265 de la lección siguiente, lección XIX.

Si la operación de separación aliena al sujeto al deseo del Otro, ¿Cuál es la separación que produce el análisis?

Se espera del análisis que produzca los S1 a los que el sujeto está sujetado por la operación de separación. Recordemos que en el discurso analítico el lugar de la producción está ocupado por los S1 de los que el sujeto ha de separase.

Esta identificación enigmática que me permite identificarme al objeto supuesto al deseo del Otro, ¿Cómo se produce, si el objeto no tiene ni nombre ni imagen?

Esto no se produce sin la ficción del fantasma. La ficción del fantasma le da nombre e imagen a es objeto que no tiene ni nombre ni imagen.

Los testimonios de los AE nos permiten saber algo al respecto.

Voy a tomar el testimonio de María Josefina Soto Fuentes, quien en el transcurso de su análisis sitúa el  objeto oral como aquel al que se había identificado en su infancia. A la edad de cuatro años su familia huye del Chile de Pinochet atravesando los Andes hacia Brasil, ella va con  su abuelo y éste aprovechando  un alto en el camino se come una sandía, en ese instante de relax bromea con su nieta diciéndole: ¿sabes para qué sirven las pepas?, las pepas sirven para “botarlas a la basura”. La niña, de nombre Pepita, queda impresionada e identificada con esa pepa que se bota a la basura.

La pepa que se bota a la basura, la pepita intragable, y el síntoma infantil de “horror al vómito”, hacen una serie. La escena: su abuela enferma de cáncer muere mientras vomita, su padre y ella son espectadoras de la escena. El objeto imaginario del fantasma, la pepita que se tira a la basura, formará parte del fantasma de abandono que le hizo sufrir y que pudo  tratar en el análisis. Este fantasma en el que el abandono es también una no mirada de su madre hacia ella, la captura.  Un fantasma que se pondrá  en juego en la transferencia con sus diferentes analistas-mujeres,  da a  este  análisis un tinte pasional próximo al estrago.

El atravesamiento de las identificaciones fantasmáticas, designa la separación,  que se produce en el análisis, la que me libera del deseo del Otro. Esta separación desviste al sujeto de los significantes que lo inscribían en el deseo del Otro y tiene efectos de liberación de desanudamiento. ¿Qué queda entonces? Afectos de duelo o pérdida. El sujeto ha perdido la seguridad que le daba su fantasma, porque un fantasma por muy incómodo que sea asegura al sujeto sobre lo que el Otro quiere de él. Desmantelado el fantasma el sujeto pierde su seguridad y ha de hacer el duelo por el objeto que creía ser para el Otro. Los afectos de destitución del lado del analista producen el deser del SsS.

El sujeto destituido es un sujeto liberado, se sabe objeto pero objeto impredicable, un objeto que falta al saber del Otro, que lo agujerea. A la vez es un sujeto liberado de las preguntas por el deseo del Otro que generan las interminables postergaciones del neurótico.

El analista en tanto objeto

En la pág. 241 del capítulo XVIII, Lacan dice: “El analista, ocupa ese lugar en la medida en que es objeto de la transferencia. La experiencia demuestra que el sujeto, al entrar en análisis no le concede, ni mucho menos ese lugar.”

Más allá de las consideraciones que hace Lacan  aquí sobre el lugar del analista como objeto a,  como algo que no está dado de entrada, es la invención de este objeto lo que permite concebir un final de análisis que no puede hacerse a partir del significante.

Ocho años después (1972-p.511)) en su escrito El Atolondradicho dirá: “El analizante solo termina el análisis al hacer del objeto a el representante de la representación de su analista. Entonces, en tanto dure su duelo por el objeto a al que por fin lo ha reducido, el psicoanalista persiste en causar su deseo. Más bien maniaco-depresivamente.”

El hilo que sigue Lacan en estas dos lecciones es el del deseo del analista que nada tiene que ver con el deseo de ser analista ni con el deseo de un analista concreto sostenido en su fantasma.

Lacan comienza la lección XVIII diciendo que la meta de su enseñanza es formar analistas. Dicha formación se obtiene fundamentalmente del propio análisis, un analista es producto de su análisis y su autorización como analista proviene de sí mismo pero a partir de su análisis llevado hasta el final. No hay ninguna instancia externa que pueda autorizar a alguien como analista.

La formación del analista implica saber en torno a qué se produce la confianza que el analizante deposita en él. Dicha confianza-afirma Lacan- gira en torno a la función del  deseo del analista que opera en el análisis, p. 243

J.-A. Miller en un artículo titulado Acto e inconsciente publicado en Manantial en un libro titulado Acto e interpretación dice de una manera sencilla que la formación del analista consiste en saber, en la experiencia, no ser sujeto del inconsciente.

La posición de Lacan es la opuesta de la de los partidarios de la contratransferencia para quienes el analista podría interpretar a partir de su contratransferencia, es decir a partir de su subjetividad supuestamente purificada en el análisis. Pero sabemos que este no es el lugar del analista para Lacan, que el analista no intervine como sujeto sino como Otro o como objeto a. Para Lacan la contratransferencia no es sino una manifestación sintomática del deseo del analista – había dicho en su seminario anterior, La angustia.

La transferencia está ligada al deseo como fenómeno nodal del ser humano y fue descubierta antes de Freud. Quedó perfectamente articulada en el Banquete de Platón donde Sócrates ejerce de analista, Sócrates el que nunca pretendió saber nada, a no ser sobre el Eros, es decir sobre el deseo. Platón indica de manera precisa el lugar de la transferencia: “En cuanto hay en algún lugar sujeto supuesto al saber hay transferencia”, lo que es indispensable para que haya también interpretación.

La transferencia articulada al SsS permite al analista producir el inconsciente a partir de los dichos de su analizante, es la transferencia articulada a la alienación significante, pero enseguida dará otra definición de transferencia situándola del lado de la separación y del objeto. Encarnar el SsS no es lo mismo que ser objeto de la transferencia, ser objeto de la transferencia significa no sólo que la transferencia se dirija al analista sino que en la transferencia el analista ocupa el lugar del objeto que causa el deseo de su analizante, es decir que con su presencia encarna la pulsión.

Lacan le va a dedicar unos párrafos al tema del engaño en este capítulo, del temor del analizante a engañar a su analista y del de dejarse engañar el mismo

Pero no será hasta la pág. 264 donde Lacan de la razón estructural de un engaño inevitable que se produce en la transferencia y del que el analista ha de estar advertido. El primer tiempo de la transferencia y  la instalación del SsS da lugar al amor de transferencia, en el cual el analizante se propone como amable al analista para así poder ser amado por él. Lacan advierte sobre el carácter narcisista, amar es querer ser amado, y engañoso de este amor tomando las palabras de una niña que dirigiéndose a él, le había dicho: “ya es hora de que alguien se ocupe de mí para parecer amable ante mis propios ojos”. Ser amable a los ojos del Ideal, lugar que ocupa el analista en este tramo de la transferencia, es el origen estructural de un engaño que atañe al amor que por ser en esencia narcisista no busca sino ser amado, ser amable para el Ideal. Esta es la trampa en la que Sócrates no caerá a pesar delos esfuerzos de Alcibiades.

Siguiendo este hilo en la pág. 242, leemos: en torno a ese engañarse se mueve el péndulo, el equilibrio, de ese sutil punto infinitesimal que pretendo fijar… ¿A qué se refiere aquí Lacan?

Luego da una serie de rodeos que van desde cuestionarse el análisis, la infalibilidad que se le atribuye al analista, a preguntarse ¿en qué se basa la confianza que ponemos en el analista, por qué creemos que quiere nuestro bien ya que querer el bien no impide hacer el mal? Va pasando por una serie de cuestiones hasta desembocar en algo de lo que toda la experiencia analítica da fe: de que no querer desear y desear es lo mismo.

Es en este punto donde está citado el analista al que suponemos saber ir al encuentro del deseo inconsciente.

El deseo es el eje gracias al cual se aplica el elemento fuerza respecto a la inercia de lo que se formula en el discurso del paciente como demanda, o sea la transferencia – sigue dicendo…

“…el péndulo, el equilibrio, de ese sutil punto infinitesimal que pretendo fijar” al que se refiere aquí Lacan no es otro que el deseo del analistacomo eje del análisis y como límite a la posibilidad de engañarse en el análisis, un engañarse que implicaría no saber ir en la dirección del deseo del analizante dejándose engañar por su demanda.

Al dejarse engañar por el amor de transferencia en su vertiente narcisista, o al dejarse engañar por la demanda en lugar de ir en la dirección del deseo es a lo que el deseo del analista pone límite. Tenemos entonces una versión del deseo del analista como límite al engaño y como eje del análisis.

El deseo del analista  es una  función esencial en el análisis, Lacan ya lo ha dicho pero la pregunta que surge es ¿en qué se diferencia del deseo del Otro? dado que Lacan habla de la articulación del deseo al deseo y dado que El deseo del hombre es el deseo del Otro.

Para resolver esta pregunta es preciso ir más adelante en la enseñanza de Lacan porque no será hasta el seminario XVI cuando hable de la inexistencia del Otro.

El deseo del analista está ligado al deseo del Otro, en ambos hay un enigma, una vacuidad, pero el deseo del analista no está articulado al Otro, está es la diferencia.

Lacan conserva “el deseo del analista” más allá del deseo del Otro, después de que haya dictaminado la inexistencia del Otro en su Seminario De un Otro al otro.

Si el deseo del analista fuera equivalente al deseo del Otro el análisis no podría terminar en relación al objeto porque el Otro, incluso incompleto, tiene el falo.

Miller en su curso “Donc” lo subraya: en la medida en que haya Otro, incluso si se trata del Otro afectado por una falta, Otro incompleto, el falo está en juego, pues en la estructura el Otro tiene el falo y en ese caso el análisis no puede terminar por el objeto. El deseo del Otro es esencialmente fálico y la única forma de desanudar la identificación al falo, de manera que el análisis se termine no en relación al falo sino al objeto, es deconstruir el Otro. Para lo cual es necesario extraer el objeto a del lugar del Otro porque es el objeto a el que da consistencia al Otro, el que lo hace existir.

Que el Otro no exista es necesario para hacer la identificación fálica que el deseo del Otro conlleva, caiga.

Si el deseo del analista no se articula al Otro, ¿a qué se articula entonces?

“Del trieb de Freud y del deseo del analista”

Lacan tiene un artículo titulado  “Del trieb de Freud y del deseo del analista”, pág. 832 de Escritos II, se trata de la intervención que hizo en Roma en un Coloquio convocado por el Dr. Enrico Castelli y data de enero 1964, el mismo año del S.XI. De él tomaré su respuesta a la pregunta que el mismo se hace sobre el deseo del analista.

Antes ha dicho: “Esto por la razón de que la pulsión divide al sujeto y al deseo, deseo que no se sostiene sino por la relación que desconoce de esta división con el objeto que la causa. Tal es la estructura del fantasma”.

Y a continuación viene la pregunta de Lacan: ¿cuál puede ser entonces el deseo del analista?, ¿Cuál puede ser la cura a la que se consagra?, ¿Va a caer en el sermoneo que hace el descredito del sacerdote cuyos buenos sentimientos han sustituido a su fe y asumir como él una dirección abusiva?

Luego hace una referencia al deseo de al médico diciendo que no es menos religioso que otros.

Y continúa preguntándose ¿Cuál es el fin del análisis más allá de la terapéutica? Es imposible no distinguir el análisis de la terapéutica cuando se trata de hacer un analista.

El deseo del analista es el que en último término opera en el análisis, pero sino se confunde con el deseo el Otro aunque en ambos haya una vacío, si el deseo del analista no se articula al Otro, ¿a qué se articula?, ¿de qué tipo es ese vacío que caracteriza al deseo del analista?

Mi interpretación puesto que se trata de un artículo en la que Lacan pone el deseo del analista del lado de la pulsión como indica su título, Del trieb de Freud al deseo del analista, es que el vacío que caracteriza al deseo del analista y que está presente en la interpretación,  no es un vacío relativo a la falta que se situaría  a partir de la lógica sino un vacío topológico, un agujero, producido por un corte, el que comparten el objeto que causa el deseo y el objeto en torno al cual la pulsión hace su recorrido. Lacan ya había respondido a una pregunta de M. Safouán en la pág. 251 diciendo que el objeto es la causa del deseo y es el objeto en torno al cual gira la pulsión.

Ese vacío que la causa del deseo y la pulsión comparten.

CONFERENCIA ONLINE: ¿Qué identidad sexual? La encrucijada adolescente, por Geneviève Cloutour-Monribot

Conferencia online Sección Clínica de Madrid (Nucep)

Conferencia online abierta al público organizada por el Departamento de Estudios de Psicoanálisis en las Instituciones de la Sección Clínica de Madrid (Nucep).

Geneviève Cloutour-Monribot es Psicoanalista miembro de la ECF y Directora del CPCT “Rive droite” de Burdeos.


El CPCT Rive droite es una institución orientada por el discurso analítico que ofrece a los adolescentes la posibilidad de un tratamiento gratuito y limitado en el tiempo.

El tema que estamos trabajando durante este año en el departamento de estudios es el tratamiento de la demanda. Trabajaremos con Geneviève Cloutour-Monribot las problemáticas más actuales en las demandas que se dirigen al CPCT: fundamentalmente la problemática del género en la infancia y adolescencia.

También vamos a conversar sobre los efectos del confinamiento en algunos sujetos y el lugar de las sesiones on line.

Demandas no exentas de complejidad que abordaremos a partir de algunos ejemplos aportados por nuestra invitada, a quien conocemos por la finura de sus intervenciones y los matices que introduce en ellas. Mantendremos una conversación con Geneviève Cloutour-Monribot en la que participarán Andrés Borderías y Araceli Fuentes y a la que podrán sumarse los participantes en esta sesión de trabajo que esperamos con el máximo interés.


CONFERENCIA ABIERTA AL PÚBLICO

La conferencia se celebró el pasado 9 de mayo 2020 en formato online, con una participación de más de 180 personas de todo el mundo.

Dos preguntas a Geneviève Cloutour-Monribot: “¿Qué identidad sexual? La encrucijada adolescente”

Conferencia online Sección Clínica de Madrid (Nucep)

Conferencia online abierta al público organizada por el Departamento de Estudios de Psicoanálisis en las Instituciones de la Sección Clínica de Madrid (Nucep).

Dos preguntas a Geneviève Cloutour-Monribot

Geneviève Cloutour-Monribot es Psicoanalista miembro de la ECF y Directora del CPCT “Rive droite” de Burdeos.


Dentro de unos días nos encontraremos por videotransmisión con Genevieve Clotour-Monribot para trabajar sobre una cuestión candente, paradigmática de nuestra época, “la elección del género” en niños y adolescentes. Para enmarcar esta conversación les hacemos llegar esta breve entrevista.

1. La denominada “elección del género” en niños y adolescentes es tema de gran actualidad que interroga a todo el mundo, para empezar a los niños y adolescentes, a sus familiares y allegados; también a los “poderes públicos” y por supuesto a los psicoanalistas. Desde vuestra experiencia en el “CPCT rive gauche” de Burdeos, ¿hay una demanda dirigida al psicoanálisis por parte de los sujetos, las familias…

2. La opinión pública en Francia, ¿cómo se orienta ante esta problemática?

Lo que está en juego no es un asunto entre Francia y España, ni entre viejos y jóvenes, sino entre el sujeto y el parlêtre.

En efecto, me ha impresionado el hecho de que los adolescentes que vemos en el CPCT no estén divididos por el género y las prácticas sexuales.

Me pregunto por qué.

Para estar dividido es necesario estar en posición subjetiva, es decir en posición de sujeto dividido. Y en efecto, un sujeto dividido, S/, tiene que vérselas con las fórmulas de la sexuación que organizan el género-hombre o mujer- en función de una posición frente a la función fálica.

El ejemplo tipo era la histérica y su pregunta fundamental: ¿soy hombre o mujer?

Me parece que hoy las cosas han cambiado.

En efecto, hoy día los problemas que hacen que los adolescentes vengan a consultar, bien en la consulta o en el CPCT, testimonian más de un malestar inherente al parlêtre que de un malestar inherente al sujeto.

Por esta razón encontramos hoy pocos síntomas en el sentido freudiano del término y todavía menos de división en el sentido lacaniano del término. Los malestares son confusos, no tienen forma, y a veces no generan ninguna queja, es decir ninguna demanda.

Tampoco la cuestión del género escapa a esta nueva distribución: sólo en contadas ocasiones es un motivo de queja. Es verdad que hay excepciones, tanto del lado de la neurosis como del lado de la psicosis, pero en general las posturas de género, cualesquiera sean, no son motivo de consulta. Normalmente se afirman y se asumen sin angustia ni vergüenza.

Es cierto que con frecuencia se escucha un cuestionamiento de las identificaciones: “no soy cómo mi madre, o como mi padre”, pero estas referencias edípicas no tienen que ver con una organización de los goces organizados por tal complejo. Hay incluso un intento de escapar al binarismo de las fórmulas de la sexuación a cuyas humillantes condiciones el parlêtre ya no siempre se somete.

Eric Laurent en este intento de escapar al binarismo ha señalado la emergencia contemporánea de lo que ha llamado el unarismo. El paradigma del unarismo sería la sexuación femenina en tanto que excede a la significación fálica, más allá del registro significante y de toda representación.

Es esta la razón por la que P.B. Preciado terminó por concluir, en su intervención en las J49 de la ECF, que cualquier categorización del género es una prisión. En este sentido es lacaniano puesto que el significante es siempre mentiroso y no dice nada del goce en juego.

Al  respecto, los modos de gozar desplegados de los géneros contemporáneos tienen en común con el goce femenino el rasgo siguiente: el significado de la experiencia corporal vivida (de goce) no se conecta ya con el significante.

Esta es la razón por la que hoy día el malestar de los jóvenes adolescentes está raramente conectado a su sexuación: homo, hetero, trans, no sex, etc.

Por consiguiente, la pregunta que nos hacemos en los tratamientos breves es la siguiente: ¿Hay que reorientar la dirección del tratamiento hacia un cuestionamiento que puede terminar en fracaso (no llevarnos a ninguna parte) en la medida en que, como lo señala Eric Laurent, los jóvenes testimonian más bien de una “posición desértica de goce” (1), desértica en términos de elaboración significante.

Es también por lo que esas modalidades de goce no hacen síntoma: no tienen su origen como en otro tiempo en una falta de goce sino en un exceso de goce. El aparato de represión ya no funciona, es por lo que las modalidades de goce en cuanto al género no hacen síntoma, pero pueden contribuir a la angustia del parlêtre.

Por esta vía podemos intentar dar cuenta de nuestra experiencia en el CPCT, incluyendo ahí los interrogantes planteados por la elección de género.


(1) Eric Laurent., “Éric Laurent comenta la presentación de Sonia Chiriaco”, Mental 29, p.97.

Traducción de: Azucena Bombín Martínez


CONFERENCIA ABIERTA AL PÚBLICO

La conferencia se celebró el pasado 9 de mayo 2020 en formato online, con una participación de más de 180 personas de todo el mundo.

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