Séptima sesión del Seminario del Campo Freudiano, a cargo de Araceli Fuentes

Lectura del Seminario XI, “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis” de J. Lacan.

25 de abril 2020

Capítulos XVIII “Del sujeto al que se supone saber, de la primera díada, y del bien” y XIX “De la interpretación a la transferencia”

Docente invitado: Araceli Fuentes

Introducción

La hipótesis de que “el inconsciente está estructurado como un lenguaje” es de sobra conocida por muchos de los lectores de Lacan, lo que no es tan conocido son las consecuencias que él mismo sacó de ella y que no siempre se han percibido. Así comienza Jacques Alain Miller su conferencia “Otro Lacan” dictada en Caracas (Matemas I). Esas consecuencias interesan expresamente al fin del análisis y al llamado momento del pase.

El pase será la consecuencia de los desarrollos que hace Lacan en este seminario en el que, a la vez que rinde homenaje a Freud, rompe con él introduciendo el objeto a como restono significante que abre la vía hacía el más allá del padre y permite poner un punto conclusivo al análisis.

Leer un seminario de Lacan necesita tiempo hasta captar el hilo conductor que va siguiendo con sus meandros, sus tanteos, sus idas y vueltas hasta encontrar la formulación precisa que será sobre pasada más adelante sin anularla. Leer un seminario de Lacan implica siempre hacer la experiencia de lo que no se sabe, de lo que no se sabe y empuja a querer saber, a tratar de descifrar.

Invito a los participantes en este seminario a sumergirse en esta aventura en la que esta vez seré yo la docente que les acompañe.

Lecciones XVIII y XIX

Estas dos lecciones son las últimas del apartado titulado: la Transferencia y la Pulsión, en el que Lacan se ocupa de darle a la pulsión el lugar que hasta ese momento no tenía en su enseñanza. Lo hace articulando pulsión y transferencia al definir la transferencia como la realidad sexual del inconsciente. Que la transferencia sea la realidad sexual del inconsciente es un paso fundamental que articula dos órdenes heterogéneos: por un lado, el significante, por otro,  la pulsión, el inconsciente estructura da paso el inconsciente pulsatil que se abre y se cierra con la pulsión. Precisamente cuando Lacan pone el acento sobre la realidad sexual del inconsciente como definición de la transferencia está poniendo de relieve la transferencia como cierre del inconsciente por la presencia del objeto a, mientras que la transferencia articulada al SsS implica la apertura del inconsciente. Lacan había sido criticado por no introducir el dinamismo en la estructura al  definir el inconsciente a partir exclusivamente de la estructura del lenguaje, ahora responde a esa crítica con la introducción de la pulsión y esta nueva definición del inconsciente pulsatil que se abre y se cierra.

Para hacer este pasaje, dejara la lingüística de la que se ha servido hasta entonces, con sus operaciones de metáfora y metonimia, para pasar a la lógica.

Son dos operaciones lógicas la alienación y la separación las que le permiten articular estos dos órdenes heterogéneos, que son el del significante y el del objeto a. En especial la operación de separación le va a permitir formalizar el fantasma lo que dará lugar a una nueva concepción del análisis que tiene un final a partir de lo que más tarde llamará la travesía del fantasma en la que el sujeto hace la experiencia de la pulsión.

Mientras Lacan pensaba a relación entre el sujeto y el Otro sirviéndose de la lingüística (Seminario III), a partir de la fórmula de la Metáfora Paterna (MP), dicha relación estaba por completo sumergida en el campo de la significación, la relación entre el sujeto y el Otro estaba pensada a partir de la significación de una falta.

Pero la formalización con la que nos encontramos en este seminario ofrece algo nuevo que escapa al campo de la significación y está más allá de él, la introducción del objeto a como resto no significantizable.

Con la alienación y la separación Lacan formaliza las relaciones entre el sujeto y el Otro pero articulando el sujeto, no sólo al significante,  sino también al objeto a, como sucede en el fantasma.

El objeto a le llevará a afirmar que no todo es significante en la estructura.

Se ha producido un pasaje en su enseñanza que va de la significación fálica como producto de la MP y, como vía de la sexuación del sujeto por la cual este se hacía representar en el campo sexual,  a considerar el goce a partir de  la idea de un resto no representable en la representación sexual del sujeto en el campo del Otro.

No todo del sujeto es susceptible de ser representado en ese campo. Decir que “No todo en la estructura es significante” implica que hay algo en el terreno sexual que escapa a la representación fálica, un resto no representable que es el objeto a.

Con el objeto a Lacan introduce la noción de causa del deseo más allá del NP, lo ha introducido ya en el Seminario anterior, Seminario X La Angustia al hacer equivaler el objeto a al objeto perdido en Freud. Dicho de otro modo, hablar implica una perdida irrecuperable que afecta al propio cuerpo, esta pérdida que toma el nombre de falta en ser en “La dirección de la cura”, es aquí un agujero topológico producido por un corte significante: el objeto que causa el deseo y pone en movimiento su maquinaria.

A su vez esta pérdida inicial pone en marcha un mecanismo de búsqueda de un complemento. Lacan lo llama de distintas formas: búsqueda de “una condición de complementariedad que hace que el sujeto se dirija al Otro”, “una función de contrapartida que hace que el sujeto ponga en juego una parte de sí mismo que le permitirá establecer la conjunción con el objeto a que se localiza en el fantasma”.

En cualquier caso lo importante a destacar es que la búsqueda de un complemento en el Otro lleva al sujeto a poner en juego esa parte perdida de sí mismo, (el objeto a), en el campo del Otro.

El juego del Fort-da

Así podemos entender la nueva lectura que hace del Fort-da, p. 246, a propósito de la Repetición:

En esta nueva lectura lo principal del juego del niño es la bobina y no tanto la alternancia significante Fort-da en la que había puesto el acento anteriormente. Recuerdan el juego del nieto de Freud con un carrete que tira y recoge al mismo tiempo que pronuncia las palabras Fort-da, un juego que el niño hacía en ausencia de la madre.

En 1953, en Función y campo de la palabra Lacan había dado la primacía al orden simbólico poniendo el acento en la oposición fonemática entre el fort y el da y el juego repetitivo se produce en la ausencia de la madre. En 1964 la perspectiva se invierte totalmente: Lacan muestra que el ser del sujeto se define del lado de la bobina con la que el niño juega, es decir del lado del objeto y no del significante, el juego con la bobina que se acompaña del encantamiento del fort-da. Esta inversión topológica muestra que es en la bobina donde se decide lo esencial de la operación: es la bobina lo que está puesto en juego en ese lugar donde se abre un abismo ante la ausencia de la madre.

 Se trata de interpretar el juego a la luz de la operación de separación por la que el sujeto ante el agujero del Otro se separa poniendo en juego algo de sí mismo.

Para Freud el juego repetitivo del niño reproduce la partida de la madre. El niño, asume el rol activo y la bobina es la madre. Para Lacan sin embargo esta bobina no es la madre sino la expresión de eso que de él se separa en esta prueba y esto es homólogo a la estructura del fantasma. Para Freud la condición fundamental de la separación es la ausencia de la madre mientras que para Lacan no se trata tanto de la ausencia de la madre como de la presencia de su deseo que simboliza su ausencia, este deseo escrito DM en la MP, es el deseo del Otro afectado por una falta.

Confrontado con el enigma del deseo del Otro que introduce la pregunta ¿Qué quiere de mí más allá de lo que me dice? Confrontado con un deseo enigmático del que no se sabe ni qué quiere ni qué objeto lo anima el niño habrá de dar una respuesta poniendo en juego algo de sí mismo, de su propio cuerpo, su pulsión. Que el Otro se presente bajo la forma de un deseo enigmático es la condición que tiene que darse para que el niño juegue si quiere. Lacan presenta la separación del Otro como una elección, ocurre si el sujeto quiere, si quiere se separa poniendo en juego un objeto. El estatuto de esta decisión no lo sabemos exactamente.

El sujeto sólo se separa del Otro una vez confrontado al enigma del deseo del Otro a partir del  hacerse de la pulsión. A la pregunta ¿Qué quiere del Otro de mí? El sujeto responde en términos pulsionales: quiere vampirizarme, rechazarme, mirarme, oírme, lo que dará lugar a hacerse de la pulsión en la que el sujeto se compromete, hacerse ver, hacerse oír, etc.

Lo interesante es que la experiencia analítica muestra  que el sujeto no busca su complemento sexual, no busca su media naranja, como se suele creer y como cuenta  el mito de Aristófanes,  sino que busca la parte perdida de sí mismo constituida por el hecho o de ser hablante y mortal.

Así pues la condición de complementariedad no le viene del Otro sino que se se produce a partir de su propia perdida, efecto de la presencia del significante.

Es en función de esta pérdida de una parte de sí mismo que el sujeto buscará un complemento que nunca va a encontrar. Lo que si va a encontrar es su propia respuesta, la respuesta de su fantasma en el hacerse de la pulsión en la que obtiene una satisfacción.

Una separación alienante

Que Lacan llame “separación” a esta operación no debe llevarnos a engaño pues de lo que se trata es de otro tipo de alienación, no es ya la alienación a la cadena significante al discurso del Otro sino una alienación al deseo del Otro, de la que el sujeto puede salir gracias al análisis.

Diré algo sobre la operación de alienación que se juega a nivel de la estructura mínima del lenguaje S1-S2. La alienación concierne a lo que soy como sujeto, es decir cómo ser situado en la cadena significante. Confrontado al discurso del Otro tengo la posibilidad de elegir: o bien puedo asumir un significante al que me identifico, un “Tu eres” que viene del discurso del Otro y me petrifica, o bien puedo elegir el sentido, ósea lo que ese S1 quiere decir, el sentido que le otorga un S2 cualquiera y que siempre huye. Cualquiera sea la elección que haga habrá perdida, o perdida de sentido o perdida de ser.

El análisis de cualquier sueño ilustra muy bien esta vacilación del sujeto entre el ser y el sentido, entre el sujeto identificado a un S1 o el sujeto representado por un S1 para un S2. Al analizar un sueño el sueño funciona como una unidad enigmática que nos representa como sujeto y también nos fija. Mediante el análisis del sueño éste se conecta con otros significantes  S2 que le dan sentido, sin que encuentre su punto final. Con esta cadena asociativa lo que el sujeto es como sujeto del inconsciente es inatrapable, el sujeto es un ente cuyo ser está siempre en otra parte-dirá Lacan en Aún, p. 172.

Para decirlo sencillamente, la operación de alienación significante no permite atrapar el ser del sujeto. No es en el significante donde el sujeto va a atrapar su ser.

Se trata de una alienación al lenguaje que me viene de aquellos que encarnaron para mí el Otro pero que no me permite atrapar mi ser.

La operación de separación, es la separación de esta vacilación entre el ser petrificado por el S1 al que me identifico o el sentido que huye tras los S2.

La separación apunta a lo que soy, pero lo que soy fuera de la cadena significante, es decir lo que soy en el intervalo entre los significantes, es decir en tanto que objeto a.

Lacan usa la expresión “parirse” cuando habla de la separación aquí porque en la alienación el sujeto no existe como tal fuera de la cadena, no existe fuera del Otro. Solo adviene extrayéndose de la cadena del Otro, de sus oráculos y de sus veredictos.

¿Cómo lo hace?

Pasando por la falta del Otro. Consiste en situarse no por referencia al discurso del Otro, no por referencia a un texto, sino por referencia al deseo del Otro del que no se sabe lo que quiere ni cuál es el objeto que lo anima. En la separación se trata de identificarse a ese objeto desconocido. Esto le permite al ser hablante hacerse representar por un significante bajo el cual sucumbe (Posición del inconsciente, p. 802)

Este es precisamente el significante al que apunta la interpretación en este seminario.

 Paradójicamente, esta separación produce un S1 del sujeto que lo instituye en una identificación estable que detiene la vacilación precedente.

¿De qué tipo de S1 se trata entonces?

Es un significante que no viene del discurso articulado del Otro sino de su falta, de su deseo, eminentemente del significante fálico que condiciona lo que Lacan llama la identificación última.

Esta identificación no está por fuera del lazo con el Otro, le permite al sujeto darse un estado civil en ese vínculo con el Otro,  estar identificado en el Otro del deseo. Esta identificación nos extrae de la cadena del Otro, es una elección, un querer que hace efectiva nuestra identificación en el deseo del Otro. De ella habla Lacan en la página 265 de la lección siguiente, lección XIX.

Si la operación de separación aliena al sujeto al deseo del Otro, ¿Cuál es la separación que produce el análisis?

Se espera del análisis que produzca los S1 a los que el sujeto está sujetado por la operación de separación. Recordemos que en el discurso analítico el lugar de la producción está ocupado por los S1 de los que el sujeto ha de separase.

Esta identificación enigmática que me permite identificarme al objeto supuesto al deseo del Otro, ¿Cómo se produce, si el objeto no tiene ni nombre ni imagen?

Esto no se produce sin la ficción del fantasma. La ficción del fantasma le da nombre e imagen a es objeto que no tiene ni nombre ni imagen.

Los testimonios de los AE nos permiten saber algo al respecto.

Voy a tomar el testimonio de María Josefina Soto Fuentes, quien en el transcurso de su análisis sitúa el  objeto oral como aquel al que se había identificado en su infancia. A la edad de cuatro años su familia huye del Chile de Pinochet atravesando los Andes hacia Brasil, ella va con  su abuelo y éste aprovechando  un alto en el camino se come una sandía, en ese instante de relax bromea con su nieta diciéndole: ¿sabes para qué sirven las pepas?, las pepas sirven para “botarlas a la basura”. La niña, de nombre Pepita, queda impresionada e identificada con esa pepa que se bota a la basura.

La pepa que se bota a la basura, la pepita intragable, y el síntoma infantil de “horror al vómito”, hacen una serie. La escena: su abuela enferma de cáncer muere mientras vomita, su padre y ella son espectadoras de la escena. El objeto imaginario del fantasma, la pepita que se tira a la basura, formará parte del fantasma de abandono que le hizo sufrir y que pudo  tratar en el análisis. Este fantasma en el que el abandono es también una no mirada de su madre hacia ella, la captura.  Un fantasma que se pondrá  en juego en la transferencia con sus diferentes analistas-mujeres,  da a  este  análisis un tinte pasional próximo al estrago.

El atravesamiento de las identificaciones fantasmáticas, designa la separación,  que se produce en el análisis, la que me libera del deseo del Otro. Esta separación desviste al sujeto de los significantes que lo inscribían en el deseo del Otro y tiene efectos de liberación de desanudamiento. ¿Qué queda entonces? Afectos de duelo o pérdida. El sujeto ha perdido la seguridad que le daba su fantasma, porque un fantasma por muy incómodo que sea asegura al sujeto sobre lo que el Otro quiere de él. Desmantelado el fantasma el sujeto pierde su seguridad y ha de hacer el duelo por el objeto que creía ser para el Otro. Los afectos de destitución del lado del analista producen el deser del SsS.

El sujeto destituido es un sujeto liberado, se sabe objeto pero objeto impredicable, un objeto que falta al saber del Otro, que lo agujerea. A la vez es un sujeto liberado de las preguntas por el deseo del Otro que generan las interminables postergaciones del neurótico.

El analista en tanto objeto

En la pág. 241 del capítulo XVIII, Lacan dice: “El analista, ocupa ese lugar en la medida en que es objeto de la transferencia. La experiencia demuestra que el sujeto, al entrar en análisis no le concede, ni mucho menos ese lugar.”

Más allá de las consideraciones que hace Lacan  aquí sobre el lugar del analista como objeto a,  como algo que no está dado de entrada, es la invención de este objeto lo que permite concebir un final de análisis que no puede hacerse a partir del significante.

Ocho años después (1972-p.511)) en su escrito El Atolondradicho dirá: “El analizante solo termina el análisis al hacer del objeto a el representante de la representación de su analista. Entonces, en tanto dure su duelo por el objeto a al que por fin lo ha reducido, el psicoanalista persiste en causar su deseo. Más bien maniaco-depresivamente.”

El hilo que sigue Lacan en estas dos lecciones es el del deseo del analista que nada tiene que ver con el deseo de ser analista ni con el deseo de un analista concreto sostenido en su fantasma.

Lacan comienza la lección XVIII diciendo que la meta de su enseñanza es formar analistas. Dicha formación se obtiene fundamentalmente del propio análisis, un analista es producto de su análisis y su autorización como analista proviene de sí mismo pero a partir de su análisis llevado hasta el final. No hay ninguna instancia externa que pueda autorizar a alguien como analista.

La formación del analista implica saber en torno a qué se produce la confianza que el analizante deposita en él. Dicha confianza-afirma Lacan- gira en torno a la función del  deseo del analista que opera en el análisis, p. 243

J.-A. Miller en un artículo titulado Acto e inconsciente publicado en Manantial en un libro titulado Acto e interpretación dice de una manera sencilla que la formación del analista consiste en saber, en la experiencia, no ser sujeto del inconsciente.

La posición de Lacan es la opuesta de la de los partidarios de la contratransferencia para quienes el analista podría interpretar a partir de su contratransferencia, es decir a partir de su subjetividad supuestamente purificada en el análisis. Pero sabemos que este no es el lugar del analista para Lacan, que el analista no intervine como sujeto sino como Otro o como objeto a. Para Lacan la contratransferencia no es sino una manifestación sintomática del deseo del analista – había dicho en su seminario anterior, La angustia.

La transferencia está ligada al deseo como fenómeno nodal del ser humano y fue descubierta antes de Freud. Quedó perfectamente articulada en el Banquete de Platón donde Sócrates ejerce de analista, Sócrates el que nunca pretendió saber nada, a no ser sobre el Eros, es decir sobre el deseo. Platón indica de manera precisa el lugar de la transferencia: “En cuanto hay en algún lugar sujeto supuesto al saber hay transferencia”, lo que es indispensable para que haya también interpretación.

La transferencia articulada al SsS permite al analista producir el inconsciente a partir de los dichos de su analizante, es la transferencia articulada a la alienación significante, pero enseguida dará otra definición de transferencia situándola del lado de la separación y del objeto. Encarnar el SsS no es lo mismo que ser objeto de la transferencia, ser objeto de la transferencia significa no sólo que la transferencia se dirija al analista sino que en la transferencia el analista ocupa el lugar del objeto que causa el deseo de su analizante, es decir que con su presencia encarna la pulsión.

Lacan le va a dedicar unos párrafos al tema del engaño en este capítulo, del temor del analizante a engañar a su analista y del de dejarse engañar el mismo

Pero no será hasta la pág. 264 donde Lacan de la razón estructural de un engaño inevitable que se produce en la transferencia y del que el analista ha de estar advertido. El primer tiempo de la transferencia y  la instalación del SsS da lugar al amor de transferencia, en el cual el analizante se propone como amable al analista para así poder ser amado por él. Lacan advierte sobre el carácter narcisista, amar es querer ser amado, y engañoso de este amor tomando las palabras de una niña que dirigiéndose a él, le había dicho: “ya es hora de que alguien se ocupe de mí para parecer amable ante mis propios ojos”. Ser amable a los ojos del Ideal, lugar que ocupa el analista en este tramo de la transferencia, es el origen estructural de un engaño que atañe al amor que por ser en esencia narcisista no busca sino ser amado, ser amable para el Ideal. Esta es la trampa en la que Sócrates no caerá a pesar delos esfuerzos de Alcibiades.

Siguiendo este hilo en la pág. 242, leemos: en torno a ese engañarse se mueve el péndulo, el equilibrio, de ese sutil punto infinitesimal que pretendo fijar… ¿A qué se refiere aquí Lacan?

Luego da una serie de rodeos que van desde cuestionarse el análisis, la infalibilidad que se le atribuye al analista, a preguntarse ¿en qué se basa la confianza que ponemos en el analista, por qué creemos que quiere nuestro bien ya que querer el bien no impide hacer el mal? Va pasando por una serie de cuestiones hasta desembocar en algo de lo que toda la experiencia analítica da fe: de que no querer desear y desear es lo mismo.

Es en este punto donde está citado el analista al que suponemos saber ir al encuentro del deseo inconsciente.

El deseo es el eje gracias al cual se aplica el elemento fuerza respecto a la inercia de lo que se formula en el discurso del paciente como demanda, o sea la transferencia – sigue dicendo…

“…el péndulo, el equilibrio, de ese sutil punto infinitesimal que pretendo fijar” al que se refiere aquí Lacan no es otro que el deseo del analistacomo eje del análisis y como límite a la posibilidad de engañarse en el análisis, un engañarse que implicaría no saber ir en la dirección del deseo del analizante dejándose engañar por su demanda.

Al dejarse engañar por el amor de transferencia en su vertiente narcisista, o al dejarse engañar por la demanda en lugar de ir en la dirección del deseo es a lo que el deseo del analista pone límite. Tenemos entonces una versión del deseo del analista como límite al engaño y como eje del análisis.

El deseo del analista  es una  función esencial en el análisis, Lacan ya lo ha dicho pero la pregunta que surge es ¿en qué se diferencia del deseo del Otro? dado que Lacan habla de la articulación del deseo al deseo y dado que El deseo del hombre es el deseo del Otro.

Para resolver esta pregunta es preciso ir más adelante en la enseñanza de Lacan porque no será hasta el seminario XVI cuando hable de la inexistencia del Otro.

El deseo del analista está ligado al deseo del Otro, en ambos hay un enigma, una vacuidad, pero el deseo del analista no está articulado al Otro, está es la diferencia.

Lacan conserva “el deseo del analista” más allá del deseo del Otro, después de que haya dictaminado la inexistencia del Otro en su Seminario De un Otro al otro.

Si el deseo del analista fuera equivalente al deseo del Otro el análisis no podría terminar en relación al objeto porque el Otro, incluso incompleto, tiene el falo.

Miller en su curso “Donc” lo subraya: en la medida en que haya Otro, incluso si se trata del Otro afectado por una falta, Otro incompleto, el falo está en juego, pues en la estructura el Otro tiene el falo y en ese caso el análisis no puede terminar por el objeto. El deseo del Otro es esencialmente fálico y la única forma de desanudar la identificación al falo, de manera que el análisis se termine no en relación al falo sino al objeto, es deconstruir el Otro. Para lo cual es necesario extraer el objeto a del lugar del Otro porque es el objeto a el que da consistencia al Otro, el que lo hace existir.

Que el Otro no exista es necesario para hacer la identificación fálica que el deseo del Otro conlleva, caiga.

Si el deseo del analista no se articula al Otro, ¿a qué se articula entonces?

“Del trieb de Freud y del deseo del analista”

Lacan tiene un artículo titulado  “Del trieb de Freud y del deseo del analista”, pág. 832 de Escritos II, se trata de la intervención que hizo en Roma en un Coloquio convocado por el Dr. Enrico Castelli y data de enero 1964, el mismo año del S.XI. De él tomaré su respuesta a la pregunta que el mismo se hace sobre el deseo del analista.

Antes ha dicho: “Esto por la razón de que la pulsión divide al sujeto y al deseo, deseo que no se sostiene sino por la relación que desconoce de esta división con el objeto que la causa. Tal es la estructura del fantasma”.

Y a continuación viene la pregunta de Lacan: ¿cuál puede ser entonces el deseo del analista?, ¿Cuál puede ser la cura a la que se consagra?, ¿Va a caer en el sermoneo que hace el descredito del sacerdote cuyos buenos sentimientos han sustituido a su fe y asumir como él una dirección abusiva?

Luego hace una referencia al deseo de al médico diciendo que no es menos religioso que otros.

Y continúa preguntándose ¿Cuál es el fin del análisis más allá de la terapéutica? Es imposible no distinguir el análisis de la terapéutica cuando se trata de hacer un analista.

El deseo del analista es el que en último término opera en el análisis, pero sino se confunde con el deseo el Otro aunque en ambos haya una vacío, si el deseo del analista no se articula al Otro, ¿a qué se articula?, ¿de qué tipo es ese vacío que caracteriza al deseo del analista?

Mi interpretación puesto que se trata de un artículo en la que Lacan pone el deseo del analista del lado de la pulsión como indica su título, Del trieb de Freud al deseo del analista, es que el vacío que caracteriza al deseo del analista y que está presente en la interpretación,  no es un vacío relativo a la falta que se situaría  a partir de la lógica sino un vacío topológico, un agujero, producido por un corte, el que comparten el objeto que causa el deseo y el objeto en torno al cual la pulsión hace su recorrido. Lacan ya había respondido a una pregunta de M. Safouán en la pág. 251 diciendo que el objeto es la causa del deseo y es el objeto en torno al cual gira la pulsión.

Ese vacío que la causa del deseo y la pulsión comparten.

CONFERENCIA ONLINE: ¿Qué identidad sexual? La encrucijada adolescente, por Geneviève Cloutour-Monribot

Conferencia online abierta al público organizada por el Departamento de Estudios de Psicoanálisis en las Instituciones de la Sección Clínica de Madrid (Nucep).

Geneviève Cloutour-Monribot es Psicoanalista miembro de la ECF y Directora del CPCT “Rive droite” de Burdeos.


El CPCT Rive droite es una institución orientada por el discurso analítico que ofrece a los adolescentes la posibilidad de un tratamiento gratuito y limitado en el tiempo.

El tema que estamos trabajando durante este año en el departamento de estudios es el tratamiento de la demanda. Trabajaremos con Geneviève Cloutour-Monribot las problemáticas más actuales en las demandas que se dirigen al CPCT: fundamentalmente la problemática del género en la infancia y adolescencia.

También vamos a conversar sobre los efectos del confinamiento en algunos sujetos y el lugar de las sesiones on line.

Demandas no exentas de complejidad que abordaremos a partir de algunos ejemplos aportados por nuestra invitada, a quien conocemos por la finura de sus intervenciones y los matices que introduce en ellas. Mantendremos una conversación con Geneviève Cloutour-Monribot en la que participarán Andrés Borderías y Araceli Fuentes y a la que podrán sumarse los participantes en esta sesión de trabajo que esperamos con el máximo interés.


CONFERENCIA ABIERTA AL PÚBLICO

La conferencia se celebró el pasado 9 de mayo 2020 en formato online, con una participación de más de 180 personas de todo el mundo.

Dos preguntas a Geneviève Cloutour-Monribot: “¿Qué identidad sexual? La encrucijada adolescente”

Conferencia online abierta al público organizada por el Departamento de Estudios de Psicoanálisis en las Instituciones de la Sección Clínica de Madrid (Nucep).

Dos preguntas a Geneviève Cloutour-Monribot

Geneviève Cloutour-Monribot es Psicoanalista miembro de la ECF y Directora del CPCT “Rive droite” de Burdeos.


Dentro de unos días nos encontraremos por videotransmisión con Genevieve Clotour-Monribot para trabajar sobre una cuestión candente, paradigmática de nuestra época, “la elección del género” en niños y adolescentes. Para enmarcar esta conversación les hacemos llegar esta breve entrevista.

1. La denominada “elección del género” en niños y adolescentes es tema de gran actualidad que interroga a todo el mundo, para empezar a los niños y adolescentes, a sus familiares y allegados; también a los “poderes públicos” y por supuesto a los psicoanalistas. Desde vuestra experiencia en el “CPCT rive gauche” de Burdeos, ¿hay una demanda dirigida al psicoanálisis por parte de los sujetos, las familias…

2. La opinión pública en Francia, ¿cómo se orienta ante esta problemática?

Lo que está en juego no es un asunto entre Francia y España, ni entre viejos y jóvenes, sino entre el sujeto y el parlêtre.

En efecto, me ha impresionado el hecho de que los adolescentes que vemos en el CPCT no estén divididos por el género y las prácticas sexuales.

Me pregunto por qué.

Para estar dividido es necesario estar en posición subjetiva, es decir en posición de sujeto dividido. Y en efecto, un sujeto dividido, S/, tiene que vérselas con las fórmulas de la sexuación que organizan el género-hombre o mujer- en función de una posición frente a la función fálica.

El ejemplo tipo era la histérica y su pregunta fundamental: ¿soy hombre o mujer?

Me parece que hoy las cosas han cambiado.

En efecto, hoy día los problemas que hacen que los adolescentes vengan a consultar, bien en la consulta o en el CPCT, testimonian más de un malestar inherente al parlêtre que de un malestar inherente al sujeto.

Por esta razón encontramos hoy pocos síntomas en el sentido freudiano del término y todavía menos de división en el sentido lacaniano del término. Los malestares son confusos, no tienen forma, y a veces no generan ninguna queja, es decir ninguna demanda.

Tampoco la cuestión del género escapa a esta nueva distribución: sólo en contadas ocasiones es un motivo de queja. Es verdad que hay excepciones, tanto del lado de la neurosis como del lado de la psicosis, pero en general las posturas de género, cualesquiera sean, no son motivo de consulta. Normalmente se afirman y se asumen sin angustia ni vergüenza.

Es cierto que con frecuencia se escucha un cuestionamiento de las identificaciones: “no soy cómo mi madre, o como mi padre”, pero estas referencias edípicas no tienen que ver con una organización de los goces organizados por tal complejo. Hay incluso un intento de escapar al binarismo de las fórmulas de la sexuación a cuyas humillantes condiciones el parlêtre ya no siempre se somete.

Eric Laurent en este intento de escapar al binarismo ha señalado la emergencia contemporánea de lo que ha llamado el unarismo. El paradigma del unarismo sería la sexuación femenina en tanto que excede a la significación fálica, más allá del registro significante y de toda representación.

Es esta la razón por la que P.B. Preciado terminó por concluir, en su intervención en las J49 de la ECF, que cualquier categorización del género es una prisión. En este sentido es lacaniano puesto que el significante es siempre mentiroso y no dice nada del goce en juego.

Al  respecto, los modos de gozar desplegados de los géneros contemporáneos tienen en común con el goce femenino el rasgo siguiente: el significado de la experiencia corporal vivida (de goce) no se conecta ya con el significante.

Esta es la razón por la que hoy día el malestar de los jóvenes adolescentes está raramente conectado a su sexuación: homo, hetero, trans, no sex, etc.

Por consiguiente, la pregunta que nos hacemos en los tratamientos breves es la siguiente: ¿Hay que reorientar la dirección del tratamiento hacia un cuestionamiento que puede terminar en fracaso (no llevarnos a ninguna parte) en la medida en que, como lo señala Eric Laurent, los jóvenes testimonian más bien de una “posición desértica de goce” (1), desértica en términos de elaboración significante.

Es también por lo que esas modalidades de goce no hacen síntoma: no tienen su origen como en otro tiempo en una falta de goce sino en un exceso de goce. El aparato de represión ya no funciona, es por lo que las modalidades de goce en cuanto al género no hacen síntoma, pero pueden contribuir a la angustia del parlêtre.

Por esta vía podemos intentar dar cuenta de nuestra experiencia en el CPCT, incluyendo ahí los interrogantes planteados por la elección de género.


(1) Eric Laurent., “Éric Laurent comenta la presentación de Sonia Chiriaco”, Mental 29, p.97.

Traducción de: Azucena Bombín Martínez


CONFERENCIA ABIERTA AL PÚBLICO

La conferencia se celebró el pasado 9 de mayo 2020 en formato online, con una participación de más de 180 personas de todo el mundo.

[GRABACIÓN] De un tratamiento posible de la psicosis: conferencia online de José María Álvarez

CONFERENCIA DEL DEPARTAMENTO DE PSICOPATOLOGÍA CLÍNICA

Esta conferencia se celebró el pasado miércoles 1 de abril de 2020 en formato online, con una participación de más de 350 personas de todo el mundo.


Tal como lo conocemos en la actualidad, el tratamiento psíquico de la locura, antes de Freud, estaba en pañales. Y no es que el creador del psicoanálisis fuera precisamente un entusiasta de la aplicación del psicoanálisis a la terapéutica de la psicosis, prolongación que se le antojó complicada. Así y todo, aportó una teoría explicativa genial, es cierto con algunos claroscuros de los que aún no hemos logrado desprendernos. A partir de esas contribuciones, se asentaron las bases de un tratamiento posible que algunos de sus discípulos desarrollaron paulatinamente.

Tocante a las dificultades mencionadas, ya en el artículo de 1905 «Sobre psicoterapia» anotó de pasada: «No descarto totalmente que una modificación apropiada del procedimiento nos permita superar esa contraindicación y abordar así una psicoterapia de las psicosis».

En efecto, Freud sabía que, de llevar a cabo un tratamiento de la locura en el marco de las instituciones sanitarias, no quedaría más remedio que mezclar «el oro puro del análisis» con otros elementos espurios, según sugirió en «Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica» (1919).

En los años treinta, pese a las reservas de Freud, el psicoanálisis de la psicosis comenzó a desarrollarse en distintos lugares del mundo, sobre todo con Paul Federn (Viena), Melanie Klein (Londres) y Harry Stack Sullivan (Maryland). De ahí en adelante se extendió traspasando fronteras y cruzando océanos, hasta alcanzar sus mayores cotas en algunas renombradas clínicas, como la Chestnut Lodge (Maryland) y la Tavistok (Londres).

Desde los años ’50 del pasado siglo, las aportaciones teóricas de Jacques Lacan de cara a la elucidación de la estructura psicótica y la concreción de algunas indicaciones preliminares para el tratamiento, relanzaron el interés por la locura y su tratamiento, tanto en el ámbito privado como en el público.

Hoy día, a medida que se vuelven más evidentes las limitaciones terapéuticas de los medicamentos y se cuestionan de arriba abajo los modelos teóricos propuestos por la biopsiquiatría, resurge con fuerza, en el marco sanitario, la psicoterapia de la psicosis y su actual aliada, la vertiente comunitaria y social de la psiquiatría.

Desde este punto de vista y a partir de mi experiencia hospitalaria con pacientes afectados de psicosis graves, publiqué recientemente Principios de una psicoterapia de la psicosis (Barcelona, Xoroi, 2020). A partir de esa monografía, invitado por el Departamento de Psicopatología clínica del NUCEP, me propongo una actualización del tratamiento psicoanalítico de la psicosis en el ámbito institucional. Y para ello sobre todo echaré mano de la concepción de la locura como defensa, de enfatizar el subsuelo de soledad por excelencia (genuino de la experiencia psicótica), y de argumentar el poderío de la transferencia, sin duda el más efectivo de todos los psicofármacos conocidos.  

José María Álvarez

COORDINACIÓN: Santiago Castellanos y Rosa López


Conferencia online de Araceli Fuentes: “Afectos bajo transferencia”

Conferencia online abierta al público dentro del ciclo “Cita con la práctica psicoanalítica hoy” del Seminario del Campo Freudiano de la Sección Clínica de Madrid (Nucep).

Afectos bajo transferencia

“No se conoce ningún afecto que no tenga una respuesta corporal y para pensar el afecto hay que hacerlo pasar por el cuerpo.”
Jacques Lacan,[1] Radiofonía y Televisión.

La clínica psicoanalítica es una clínica bajo transferencia en la que hay un tratamiento para los afectos, el afecto se presenta como un desafío práctico para el psicoanalista que tiene que decidir qué lo determina. Los afectos están presentes desde el comienzo del análisis, el síntoma afecta a quien demanda un análisis y va acompañado de afectos penosos. El primer afecto que se presenta en la transferencia es el amor dirigido al supuesto saber del Otro, gracias al amor de transferencia el síntoma puede conectarse al inconsciente, lo que permite su desciframiento en el análisis.

El desciframiento de los significantes inconscientes produce otro afecto, la alegría a la que Lacan se refirió como gay saber- saber alegre. Pero descifrar el inconsciente y “encontrase en él” son cosas diferentes y si el sujeto no se encuentra en su inconsciente, para lo que es necesario el “bien decir”, entonces se ve invadido por la tristeza que es considerada por Lacan un pecado, desde el punto de vista ético.

El saber obtenido en el análisis le produce satisfacción al sujeto pero como es siempre fragmentario pues la verdad sólo puede decirse a medias, también le produce insatisfacción. En el análisis el sujeto experimenta los límites que le impone la estructura del lenguaje, lo que produce afectos que son didácticos en la medida en que muestran que ese límite es necesario. La aceptación de esos límites impuestos por la castración en el saber, en el goce y en el ser, pone en primer plano lo imposible como modo de presentarse lo real pero a partir de lo imposible el sujeto encuentra una solución para salir de la impotencia.

Entre todos los afectos, hay uno que no falta en ningún análisis, ese afecto es la angustia, el único afecto que no engaña respecto a lo real. La angustia lacaniana no es sólo signo de lo real es también un afecto productivo capaz de transformar el goce en objeto causa del deseo. Al final del análisis, otro afecto que no engaña respecto a lo real puede presentarse, un afecto de satisfacción que permite concluir el análisis, es una reacción terapéutica positiva del sujeto frente al goce irreductible de su síntoma, no se produce automáticamente sino que depende de una variable individual, una variable ética, que siempre está presente en el afecto.

Araceli Fuentes

NOTAS
[1] Lacan, Jacques., Radiofonía y Televisión, Ed. Anagrama, Barcelona, 1993, p.104.


INSCRIPCIÓN ABIERTA AL PÚBLICO

La conferencia se celebró el pasado 24 de abril en formato online, con una participación de más de 170 personas de todo el mundo.

Conferencia online de José María Álvarez: “De un tratamiento posible de la psicosis”

CONFERENCIA DEL DEPARTAMENTO DE PSICOPATOLOGÍA CLÍNICA

Tal como lo conocemos en la actualidad, el tratamiento psíquico de la locura, antes de Freud, estaba en pañales. Y no es que el creador del psicoanálisis fuera precisamente un entusiasta de la aplicación del psicoanálisis a la terapéutica de la psicosis, prolongación que se le antojó complicada. Así y todo, aportó una teoría explicativa genial, es cierto con algunos claroscuros de los que aún no hemos logrado desprendernos. A partir de esas contribuciones, se asentaron las bases de un tratamiento posible que algunos de sus discípulos desarrollaron paulatinamente.

Tocante a las dificultades mencionadas, ya en el artículo de 1905 «Sobre psicoterapia» anotó de pasada: «No descarto totalmente que una modificación apropiada del procedimiento nos permita superar esa contraindicación y abordar así una psicoterapia de las psicosis».

En efecto, Freud sabía que, de llevar a cabo un tratamiento de la locura en el marco de las instituciones sanitarias, no quedaría más remedio que mezclar «el oro puro del análisis» con otros elementos espurios, según sugirió en «Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica» (1919).

En los años treinta, pese a las reservas de Freud, el psicoanálisis de la psicosis comenzó a desarrollarse en distintos lugares del mundo, sobre todo con Paul Federn (Viena), Melanie Klein (Londres) y Harry Stack Sullivan (Maryland). De ahí en adelante se extendió traspasando fronteras y cruzando océanos, hasta alcanzar sus mayores cotas en algunas renombradas clínicas, como la Chestnut Lodge (Maryland) y la Tavistok (Londres).

Desde los años ’50 del pasado siglo, las aportaciones teóricas de Jacques Lacan de cara a la elucidación de la estructura psicótica y la concreción de algunas indicaciones preliminares para el tratamiento, relanzaron el interés por la locura y su tratamiento, tanto en el ámbito privado como en el público.

Hoy día, a medida que se vuelven más evidentes las limitaciones terapéuticas de los medicamentos y se cuestionan de arriba abajo los modelos teóricos propuestos por la biopsiquiatría, resurge con fuerza, en el marco sanitario, la psicoterapia de la psicosis y su actual aliada, la vertiente comunitaria y social de la psiquiatría.

Desde este punto de vista y a partir de mi experiencia hospitalaria con pacientes afectados de psicosis graves, publiqué recientemente Principios de una psicoterapia de la psicosis (Barcelona, Xoroi, 2020). A partir de esa monografía, invitado por el Departamento de Psicopatología clínica del NUCEP, me propongo una actualización del tratamiento psicoanalítico de la psicosis en el ámbito institucional. Y para ello sobre todo echaré mano de la concepción de la locura como defensa, de enfatizar el subsuelo de soledad por excelencia (genuino de la experiencia psicótica), y de argumentar el poderío de la transferencia, sin duda el más efectivo de todos los psicofármacos conocidos.  

José María Álvarez

COORDINACIÓN: Santiago Castellanos y Rosa López


La conferencia se celebró el pasado miércoles 1 de abril en formato online, con una participación de más de 350 personas de todo el mundo.

Retomando la docencia online

A todos los participantes del Nucep

Estimadas y estimados participantes,

ante la situación de emergencia sanitaria de todo el país y el hecho de que la misma se prolongará por un tiempo indeterminado, el equipo de docentes del Nucep estamos ensayando y explorando la continuidad de la formación a través de medios digitales y aulas virtuales.

Comenzaremos el próximo lunes con una primera prueba en la que impartirá la clase Gustavo Dessal a las 20:30h. Todos los espacios de formación actuales (Tétrada, SCF, Departamentos, Fundamentos, etc…) tendrán su propia aula virtual a la que se podrá acceder directamente desde los enlaces que les enviaremos a los participantes matriculados en cada uno de los espacios.

A lo largo de los próximos recibiréis información precisa sobre aspectos técnicos concretos y la información necesaria para retomar la actividad.

Un cordial saludo.

COORDINACIÓN DEL NUCEP
Santiago Castellanos
Carmen Cuñat

Comunicado urgente Coronavirus

Estimadas, estimados participantes,

Ante la situación creada por la epidemia de coronavirus, particularmente en la Comunidad de Madrid, con el aumento muy significativo de casos, consideramos conveniente suspender temporalmente las actividades docentes de la Sección Clínica – Nucep en los siguientes espacios: Tétrada, Fundamentos y Seminario del Campo Freudiano.

Son espacios que por el número de participantes y por la prolongación del tiempo (entre 3 y 5 horas), por prudencia, no conviene que se mantengan.

Por el mismo motivo también se cancela la conferencia de José María Álvarez prevista para el 18 de marzo.

Los Departamentos y Grupos de investigación que son menos numerosos y de menor duración, podrán realizarse siguiendo las recomendaciones públicas de las autoridades sanitarias y valorando en cada caso la conveniencia del encuentro.

Seguimos con atención las indicaciones de las autoridades sanitarias, concretamente en la Comunidad de Madrid.
Al mismo tiempo os informamos que estamos considerando sistemas alternativos para poder mantener las actividades docentes en streaming. Más adelante os informaremos de las posibilidades técnicas de llevarlo adelante. Contemplaremos la posibilidad de recuperar algunas clases si la situación lo permite en Julio.

Un cordial saludo,
Santiago Castellanos y Carmen Cuñat, Coordinadores de la Sección Clínica – Nucep.

Comunicado importante sobre la XX Conversación Clínica del ICF

Estimados inscritos a la XX Conversación Clínica del ICF,

La situación generada por la propagación generalizada del coronavirus en diversas ciudades aconseja desplazar nuestra Conversación Clínica al mes de septiembre de este mismo año.

Las fechas serán 26 y 27 de septiembre. Las inscripciones realizadas serán válidas para el mismo evento.

Un cordial saludo,

La Comisión de organización
Miquel Bassols, Xavier Esqué, Mercedes de Francisco, Mónica Marín, Rosalba Zaidel

Reseña de la cuarta sesión del Seminario del Campo Freudiano en la sede de Madrid por María Martorell

Reseña de la cuarta sesión del SCF en la sede de Madrid, el 25 de enero de 2020, Seminario XI, a cargo del docente Patrick Monribot

Tras largas conversaciones con la IPA Lacan mantiene su posición singular sobre su concepción de la práctica psicoanalítica, especialmente respecto al manejo de la transferencia en la cura. Finalmente, Lacan es destituido de la comunidad analítica internacional. Para él fue un drama subjetivo del cual salió triunfante, pero desde el punto de vista institucional se queda solo, sin Otro. Esta posición tan incómoda es la que le permite realizar actos, en el sentido lacaniano del término.

Primer acto
Lacan funda su propia Escuela. En junio de 1964 funda la Escuela Freudiana de París, la primera Escuela lacaniana del mundo.

Segundo acto
Provoca una ruptura epistemológica y un corte generacional. Para ello propone el presente seminario dirigido a un público nuevo en su mayoría.
Esta ruptura le permite comenzar una enseñanza propia que no se reduce al retorno a Freud. Lacan se despega de Freud y eso produce la necesidad de definir nuevos conceptos. Por eso este seminario.

El concepto de transferencia. Seminario VIII vs Seminario XI. Dimensiones imaginaria y real
En la época del Seminario VIII Lacan estudia la transferencia desde el punto de vista fenomenológico. Elabora el concepto a partir de la situación empírica del amor. Se basa en la noción griega de agalma, que es el objeto que brilla por su atractivo. Ya articula la transferencia con el objeto pero, a diferencia del Seminario XI, el objeto del Seminario VIII brilla en el registro de los objetos imaginarios.
En el Seminario XI, el objeto ha cambiado de estatuto, ha adquirido el valor de real. Se trata del objeto a bajo la forma del objeto pulsional. Ya no estamos en el registro de la imagen dada a ver, ofrecida al apetito de nuestro deseo.
Estas dos naturalezas del objeto están ilustradas en la página 150 a partir del esquema óptico. El objeto imaginario situado en i’ (a) son las imágenes reflejadas en el espejo. Sin embargo, el objeto a, en su vertiente pulsional, está delante del espejo pero no es especularizable, no está en la imagen especular. Nunca será reductible a una imagen y está excluido del registro significante de las palabras.

Dimensión simbólica de la transferencia
Se basa en la noción de Sujeto supuesto Saber, que será el eje estructural de la transferencia. No está presente en el Seminario VIII y aparece por primera vez en el Seminario IX. En este Seminario aparece en la página 143, pero hay un error de traducción. Donde dice “uno de los dos sabe”, debería de decir “uno de los dos es supuesto saber”, se supone que sabe. Retoma esta noción en el capítulo 18, pero hasta el Seminario XVI no termina de elaborar el concepto de Sujeto supuesto Saber.

Dimensión real de la transferencia
Es la que está más presente en estas lecciones. La transferencia se relaciona con el objeto a pulsional.
Para definir la transferencia Lacan parte de lo que no es. Para ello realiza una crítica severa a las posiciones de algunos analistas post-freudianos. Por ejemplo, la salida de la transferencia como identificación con el analista que defiende Balint, es refutada por Lacan por su esencia imaginaria, especular y narcisista. Lacan denuncia la confusión entre el sujeto y el yo. El sujeto lacaniano se define a partir de los significantes que lo fundan. Tampoco hay que confundir la transferencia con la repetición.

La transferencia como obstáculo
A partir de 1909 Freud advierte que la transferencia también puede presentarse como obstáculo en la cura. Es la transferencia como resistencia. La rememoración y la asociación libre se detienen. Para Freud esto se debe a que en el analizante surge una representación pulsional ligada a la presencia del analista.

Causalidad vs causación
Hay dos vertientes para nombrar la causa del sujeto del inconsciente. La causalidad significante que responde a la definición lacaniana del sujeto representado por un significante para otro significante, y el deseo que corre permanentemente a lo largo de la cadena significante sin detenerse jamás.
La causación del sujeto es diferente. Toma en cuenta la causa del deseo que anima al sujeto, que Lacan había situado en relación con el objeto a. La introducción del objeto en la realidad del inconsciente subvierte la idea de que el inconsciente seria solo una extensa red de significantes, dejando de lado el ser de las pulsiones.

El ocho interior
Esta figura ilustra el encuentro de la pulsión con la demanda del Otro. De ese encuentro resulta el deseo inconsciente. El goce pulsional se engancha a algunos significantes de la demanda y esos significantes son los soportes del deseo. El deseo se desplaza permanentemente de significante en significante de manera metonímica. No hay que confundir esos significantes con el objeto causa del deseo, no son la causa del deseo que fundó inauguralmente al sujeto.

Puesta en acto de la realidad del inconsciente
Lacan define la transferencia como una puesta en acto de la realidad del inconsciente. Esta realidad es sexual y Lacan nos recuerda que la única sexualidad admitida por el inconsciente es la pulsión. El inconsciente y lo sexual son irreductiblemente solidarios.
El inconsciente como cadena significante es un discurso sin profundidad, sin espesor y tan pronto se muestra como desaparece.
La realidad fundadora del inconsciente es sexual y la pulsión es la que le da sustancia. Para Lacan el significante ha entrado en el mundo por causa de la realidad sexual y por eso el hombre ha aprendido a pensar.
La unión de lo sexual pulsional con la cadena significante determina la presencia de un deseo inconsciente. El deseo del sujeto es el resultado de una combinación de significantes que provienen del Otro de la demanda en el momento en que esa combinación ha sido atravesada por la realidad sexual pulsional anclada en el cuerpo del pequeño sujeto. Este encuentro es lo que Lacan llama fusión arcaica.
Hay una dimensión teatral de la transferencia. Pero el teatro de la transferencia no es patético, sino dramático, en el sentido de acción teatral. La transferencia definida en este seminario es más una acción que un sentimiento. La realidad sexual del inconsciente solo se percibe si está encarnada por la presencia del analista. En la página 133 del seminario Lacan recuerda que “la presencia del psicoanalista (…) debe incluirse en el concepto de inconsciente”, es la manifestación de la realidad sexual del inconsciente. Esta es la definición inédita de Lacan en este seminario: La transferencia es la puesta en acto por el analista de la realidad sexual del inconsciente del analizante.

La transferencia generadora de conflictos
El problema de esta definición es que el vínculo del sujeto con la pulsión siempre es conflictivo y este conflicto se actualiza en la escena analítica con el analista que encarna una realidad sexual.
Dos aspectos:

  1. El analizante detesta al analista y se opone a él porque no quiere saber que detestaba a su padre muerto hace tiempo, como el hombre de las ratas, por ejemplo. Este conflicto tiene que ver con la repetición.
  2. El conflicto es contra la reactualización de la amenaza pulsional que hizo surgir la presencia del analista ya que encarna el objeto pulsional como semblante. Aquí no hay repetición significante. Se trata de un conflicto muy actual, contemporáneo con la cura.

Presencia real
El objeto que encarna el analista es un objeto que no se puede materializar de otra manera que bajo la forma corporal real del analista. Por esta razón nunca podremos hacer un análisis por teléfono o por internet, nos recuerda Patrick Monribot, ya que falta la presencia real de los cuerpos. En la página 131 Lacan dice: “La propia presencia del analista es una manifestación del inconsciente”. No habla de una formación del inconsciente, siempre significante, sino de una manifestación del inconsciente que no puede manifestarse sin el analista en acto.
Cuando la pulsión se actualiza en la transferencia el sujeto se calla y en su lugar aparece lo que Lacan llama el silencio de la pulsión. En este momento se produce un cierre del inconsciente significante y, por eso, la desaparición del sujeto ya que es un efecto del significante articulado.

La pulsación temporal
Lacan produce una nueva definición del inconsciente: una pulsación temporal en la que alternan apertura y cierre. Página 132, “…un movimiento del sujeto que solo se abre para volver a cerrarse en una pulsación temporal”. Lo que cierra el campo del inconsciente del sujeto es la transferencia bajo la forma de su realidad sexual, de objeto pulsional.

El deseo del analista
Es la herramienta que permite oponerse a la vertiente de resistencia ligada a la transferencia. La respuesta adecuada a la resistencia consiste en valorizar la raíz pulsional que funda el inconsciente y alimenta la transferencia. Si el analista no actúa correctamente, es responsable de la persistencia de la resistencia.

Enunciado y enunciación
La realidad pulsional adquiere más importancia que la búsqueda de la verdad. La verdad no es sino una suposición del analizante. Lacan pone en duda la propia noción de verdad. Para ello utiliza la paradoja del mentiroso. ¿Qué sucede cuando un mentiroso dice: “yo miento” ?, ¿miente?, ¿dice la verdad? El sentido común fracasa y entramos en un círculo vicioso. El engaño es uno de los avatares del significante. Según Lacan basta con diferenciar el enunciado de la enunciación para superar esta paradoja.
La enunciación, de entrada, no está del lado del analizante. El analizante solo dispone de sus enunciados. La enunciación está del lado del analista, pasa por la interpretación del analista para advenir como tal, para tomar el valor de un decir diferente del dicho. De esta manera surge la verdad en un análisis, mediante la acción del analista.
Esta misma lógica puede aplicarse al cogito cartesiano.

La bella y la nasa
El inconsciente del sujeto tiene dos facetas. La simbólica con una cadena significante que le permite construir el Sujeto supuesto Saber, raíz simbólica de la transferencia.
La real. Se trata de la realidad sexual del inconsciente que el analista pone en acto. El analista debe de hacer lo necesario para hacer surgir esta vertiente de la transferencia.
Entre las dos vertientes del inconsciente hay una dialéctica que se organiza según una lógica temporal pulsátil. El inconsciente significante se cierra cuando surge la realidad sexual debido a la presencia del analista. Se abre de nuevo cuando la realidad sexual, el objeto a, deja de funcionar como tapón. Lacan recurre a dos alegorías para ilustrar esto. Por un lado, la bella encerrada tras los postigos de la casa y por otro, la nasa.
La bella es inaccesible y los postigos representan la realidad sexual del inconsciente como tapón. El inconsciente significante es el discurso del Otro que está situado fuera de la casa. La bella es el sujeto no realizado, pura suposición. La idea es que el inconsciente significante pueda encontrarse con el sujeto para que éste pueda realizarse como sujeto del inconsciente. Gracias al acto interpretativo del analista, que se encuentra igualmente fuera de la casa con el discurso del Otro, el analizante podrá abrir los postigos. Si el analista retrocede frente a su acto contribuye a perennizar la resistencia. Por eso Lacan dice que la resistencia está siempre del lado del analista.
La nasa funciona de igual manera. El inconsciente está fuera de la nasa, en el río, y tiene que entrar en la nasa para realizarse como sujeto del inconsciente. El sujeto aún no realizado está en el interior de la nasa y espera el encuentro con el inconsciente. La nasa está cerrada por el objeto a, como tapón, materializado por la presencia del analista.
Con estas alegorías Lacan comienza a construir lo que llamará, más adelante, en este mismo seminario, las operaciones de alienación y separación.

Vacío
El problema es que este objeto pulsional que designa mi ser es un vacío dibujado por el trayecto en bucle de la pulsión. Esto nos reenvía al objeto perdido, ese objeto mítico que jamás perteneció al sujeto. Así el agujero toma el estatuto de una falta. La falta causa el deseo donde el agujero primitivo causaba angustia.

La transferencia como cierre es la única manera de traer la pulsión a la escena analítica si no se trataría de una psicoterapia.
Tres años más tarde Lacan inventó el dispositivo del pase.

María Martorell

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