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Reseña de la segunda sesión del Seminario del Campo Freudiano

Reseña de la segunda sesión del SCF en la sede de Madrid, el 16 de noviembre de 2019 acerca de los capítulos 3, 4 y 5 del Seminario XI de Jacques Lacan, a cargo de la docente Amanda Goya.

A partir del Seminario XI Lacan produce un cierre en su operación de retorno a Freud tomando estos 4 conceptos (el inconsciente y la repetición, la transferencia y la pulsión) para darles una vuelta propia, un reordenamiento que los refiere a una estructura común, la resultante de su concepción del objeto a.
A. G. ordenó su exposición en 4 puntos.

1) La función del corte

Ésta se presenta en distintos registros:En la historia del movimiento psicoanalítico, dado que en 1964 se produce un nuevo comienzo para Lacan luego de su expulsión de la Asociación Internacional.En su relación con Freud, porque por primera vez lo cuestiona en distintos aspectos, tanto en seguir manteniendo el nombre del padre como en la creación de una institución, la IPA, que trata el saber psicoanalítico casi como un orden religioso.Y en práctica analítica misma, pues el corte de las sesiones fue una innovación en su práctica que resume su postura ética.El inconsciente para Freud está fuera del tiempo, lo que conlleva que el deseo sea indestructible, por escapar precisamente al tiempo. Para Lacan por el contrario hay una pulsación temporal de apertura y cierre del inconsciente, al que va a definir como una síncopa, como “lo que vacila en el corte del sujeto”.

Lacan define a Miller como al menos uno que me lee, y en un diálogo sostenido por ambos nace la pregunta por la ontología y el inconsciente, que Miller retomará en su curso “El Ser y el Uno”.

Al inconsciente Lacan lo presenta a partir de la hiancia, de la discontinuidad de sus formaciones. Una ontología es una doctrina sobre el ser y para Lacan el estatuto del inconsciente no es ontológico, es del orden de lo no realizado y de lo que pide realizarse.

El estatuto del inconsciente es pre-ontológico porque necesita de la palabra del sujeto para realizarse. No es algo que esté escondido en las profundidades, el inconsciente se produce en acto, no se presta al ser o no ser. Es lo que está a la espera y cuyo centro desconocido es el ombligo del sueño, lo real. La hiancia del inconsciente es el efecto de algo que no se puede decir, lo que causa el tropiezo del sujeto.
Por ello no es una ontología, más bien, es del orden de lo óntico, de la experiencia de la falta en ser.

2) El sujeto de la certeza  

Freud al igual que Descartes parte de una certeza, de aquello de lo que se puede estar siempre seguro, un axioma de partida, su primera piedra.
Pero Descartes parte de la duda para llegar a la certeza de las verdades matemáticas, tomando a Dios como garante. Su certeza es pensar, y si piensa entonces es, existe. Aquí hay un pasaje al acto, pues al sostener el ser del pensamiento la operación cartesiana da un salto.
El yo pienso se tiene que decir, para formularlo Descartes tiene que decirlo y eso dura lo que dura su enunciación. No es una verdad que se sostenga en el tiempo, depende de  que se diga. Aquí se manifiesta la división entre el enunciado y el sujeto de la enunciación.
Freud parte de la certeza de que hay pensamientos, pero da al pensamiento un estatuto inconsciente, a diferencia Descartes para quien el pensamiento es transparente a la consciencia. Esta es la divergencia.
Freud extrae la duda de los relatos de sueños, y la duda será el apoyo de su certeza, el indicio de que hay algo que preservar, un signo de resistencia.
En la experiencia analítica no hay manera de retractarse, la regla analítica señala que todo tiene una causa.
A la presencia de sí del sujeto cartesiano, se le opone la ausencia de sí del sujeto del psicoanálisis. Al ser del primero, se le opone la falta en ser del segundo.

3) El sujeto del psicoanálisis es el sujeto de la ciencia

Esta tesis de Lacan fue explorada en la exposición de A.G.
Sócrates inaugura la exigencia de coherencia y Galileo postula que la naturaleza se escribe con símbolos matemáticos. La ciencia se ocupa de hallar un saber en lo real para poder operar con ese saber sobre lo real.
El psicoanálisis no es una ciencia humana porque está en ruptura con los ideales del humanismo. El sujeto de la ciencia nace del cogito cartesiano. “Es el Uno sobreviviente del infierno de la duda”, un sujeto vaciado de toda representación, un sujeto vacío, porque la subjetividad del experimentador no se pone en juego para que la operación formal de la ciencia de las matemáticas se ponga en movimiento y opere sobre lo real.
En la ciencia el sujeto debe callarse, mientras en el análisis se le da al sujeto la libertad de hablar.
El psicoanálisis no es la ciencia del sujeto, es una experiencia donde el sujeto hace la prueba de hablar y de cómo su decir perturba al cuerpo.
Mientras que Descartes dice: pienso luego soy, Freud dirá: piensa el inconsciente y tropieza, luego deseo. El cogito psicoanalítico es un desidero.

4) La repetición

Lacan en un inicio entendía la repetición como el retorno de los signos debido a la insistencia de la cadena significante. Pero en este seminario introduce la repetición vinculada a lo real.
Luego separa los conceptos de repetición y transferencia e introduce la noción de sujeto supuesto saber que no está en Freud, y que no nada tiene que ver con la repetición.

Aquí la repetición procede de lo real de la estructura, de lo que Freud localiza en las neurosis traumáticas. El principio del placer no puede dar cuenta de las repeticiones traumáticas porque la repetición del trauma es un encuentro fallido con lo real. En los sueños traumáticos vemos una conjunción entre lo real y el sujeto.
La tyche está en el orden de lo inesperado, de lo sorpresivo.

Lacan retoma el célebre sueño relatado por Freud en el que encontramos esa frase que quema por si sola: Padre ¿no ves que estoy ardiendo? y pone el acento en la pérdida del objeto amado: el hijo. Lo real de esta perdida comanda los giros que dirigen al soñante. Pero más allá de la tesis de Freud de que este sueño sea la manifestación del deseo del padre de que su hijo siga vivo, y que a su vez el sueño traiga consigo el deseo de seguir durmiendo, Lacan sostiene que a pesar de la casi identidad de lo que está pasando en la realidad y en el sueño, lo que despierta es la otra realidad. El mensaje del niño tiene más realidad incluso de lo que está pasando en ese momento en la habitación de al lado. Lo que despierta es el carácter atroz de la realidad del niño, es el reclamo dirigido por el niño al padre que recuerda la famosa frase del cristianismo: Padre, ¿por qué me has abandonado?  

Lacan va más allá al extraer lo real del sueño: el objeto de la pulsión, escópico e invocante. En el ¿No ves…? hallamos la voz y la mirada, una interposición del objeto parcial, pues el encuentro entre un hijo y un padre es un encuentro imposible, porque el padre no es ningún ser consciente, es en realidad, un hijo. El padre es una función y no hay nadie que pueda encarnarla. El encuentro verdaderamente fallido con lo real de este sueño es el encuentro entre el padre y el hijo.

Reseña escrita por Alejandro Tolosa.

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