Clínica de la actualidad, actualidad de la clínica, por Gustavo Dessal

Debate online La vigencia del psicoanálisis 20 años después

La clínica de la actualidad nos revela que los lazos sociales han perdido el sustento de las estructuras discursivas, y se apoyan en el funcionamiento de la red. Existe otro modo de expresar esto mismo, y lo diré con las palabras que Norman Mailer empleó en uno de sus ensayos, escrito en 1966: “Debemos admitir que nos confrontamos a nada menos que la invisible iglesia de la ciencia moderna. No es una cuestión menuda. La ciencia ha levantado una muralla que cruza la ruta de la metáfora: los poetas lloran ante los expertos”. Me parece que esta situación irreconciliable entre ciencia y poesía, que pese a haber nacido juntas fueron separadas hace varios siglos, esta devaluación de la metáfora como aproximación a lo real en beneficio de la expansión viral de la ecuación, ha dado lugar a que el lazo social adopte el funcionamiento metonímico de la red, lo que equivale a decir que el sujeto contemporáneo ha perdido su hábitat existencial tradicional, el sustrato de la ficción histórica, para convertirse en un objeto errático que, desamarrado de los soportes simbólicos identificatorios y confrontado a la creciente fragilidad de los semblantes, no tiene otro recurso que el síntoma para recobrar un asidero de su ser, el síntoma como un trozo de real que flota en el flujo impredecible de la realidad. Cuando todos los simulacros identitarios fracasan, y los significantes se vuelven impotentes para designar la pertenencia a un grupo, una clase o un ideal común, es el síntoma quien habrá de tomar el relevo y orientar al sujeto. La carretera principal ha quedado definitivamente cortada, y la localización en el espacio subjetivo corre a cuenta de un goce que ha claudicado del sentido.

Lacan se tomó su tiempo para comprender todo esto. Necesitó muchos años para descifrar el misterio más íntimo del inconsciente: que su estructura de lenguaje no es sino una envoltura ficcional, que la lógica binaria del significante vela la naturaleza unaria del trazo, de la marca de la lalengua, y que fue el sujeto supuesto saber, la gran invención de Freud, la invención del saber supuesto al sujeto que habla, lo que hizo posible que el sentido pueda tratar lo real. Porque no debemos olvidar que hay analizante en tanto el analista supone en él el saber inconsciente. En el fondo, es la condición para que el analizante lo suponga en el analista. Dicho saber no está en el origen, sino que es una elucubración sobre el sinsentido de la lalengua, y solo el dispositivo analítico puede volverlo operativo.

Lo interesante es que resulta muy difícil no asombrarse ante la extraordinaria coincidencia que supone el desmontaje que Lacan aplicó a su propia elaboración de la metáfora paterna, y la mutación del paradigma histórico que ha tenido lugar a partir de los años setenta, con el ascenso de Margaret Tatcher al poder y la derrota del proyecto revolucionario. Toda la llamada “ultimísima enseñanza” no es sino el resultado de una cuidadosa labor de deconstrucción de esa soberbia estructura mediante la cual Lacan fue capaz de dar una consistencia lógica al Complejo de Edipo y el Complejo de Castración, ofreciéndonos en una misma fórmula la producción del significado y su articulación con el deseo sexual. En otras palabras, la metáfora paterna nos ha servido para articular esos dos campos cuyas conexiones Freud dejó inacabadas: el inconsciente y el ello. Ahora, cuando tenemos una perspectiva para reflexionar sobre el recorrido de la obra de Lacan, surge entonces la pregunta de si aquellas conexiones quedaron inconclusas, o Freud tuvo sus razones para que dichos campos no encontrasen una teoría unificada. Lo que quiero decir es que, tras su laboriosa demostración del orden simbólico como sustento de las formaciones del inconsciente, Lacan tomó la decisión de concentrarse en el ello. Su teoría de los goces, y destaco aquí el plural, es solidaria con la intuición que Freud apenas apuntó en su libro El yo y el ello: la posibilidad de que la libido fuese en verdad “Eros desexualizado” (Freud, S.: Obras completas, Edición Biblioteca Nueva, pág. 2719), “desplazable e indiferente”, que tanto puede investirse en cargas reguladas por el principio del placer como en las de destrucción. Tal vez el legado más profundo de Freud se encuentre, finalmente, en esa secreta alianza entre el ello y el superyo que reconocemos en la ferocidad depredadora del capitalismo hipermoderno, y en la que Lacan se introdujo con los instrumentos del goce y del Uno solo.

Es en al autismo germinal de la lalangue donde nos encontramos en la actualidad. Nuestra clínica, que no reniega de los conceptos clásicos ni de su vigencia, ha exigido no obstante una puesta a punto. La experiencia del pase, así como la teoría del síntoma concebido por fuera de la narratividad edípica, nos ha permitido acercarnos mejor a una serie de neofenómenos caracterizados todos ellos por su inconsistencia semántica, su escaso o nulo enraizamiento en la metáfora, hijos de un inconsciente que no constituye un saber, sino que fluye como pura sustancia gozante, y a los que resulta muy difícil domesticar mediante el artificio de la transferencia. Una forma sutil pero decidida de reacción terapéutica negativa que ni siquiera requiere de su llegada a un análisis para manifestarse, sino que se reconoce en la sencillez de la definición que Lacan nos dio de ella: es la vida que no quiere curarse.

Nuestra clínica transita hoy el estrecho desfiladero que media entre esa vida que no quiere curarse, y una Humanidad empeñada en curarse del psicoanálisis. No sabemos si la Historia es la realización del sujeto como pulsión de muerte, o si por el contrario la Historia es el modo discursivo que adopta la sustancia gozante, esa lamelle que todo lo atraviesa, lo invade y lo descompone. Pero sabemos que la palabra todavía puede conservar esa propiedad mágica que Freud le otorgó en su viejo artículo “Psicoanálisis, tratamiento por el espíritu”. Todavía podemos lograr que una palabra resuene en la opacidad gozosa de un síntoma, y lo conduzca hacia el territorio del inconsciente transferencial. Todavía somos capaces -o al menos vale la pena mantener vivo ese sueño- de ofrecerle al desabonado del inconsciente, que es hoy el sujeto por antonomasia, la oportunidad de tomar en serio su existencia.

Gustavo Dessal


Intervención en el debate “La vigencia del psicoanálisis 20 años después” celebrado online el 15 de julio 2020.

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