Terminaciones de análisis. 3 preguntas a Marta Davidovich

Conversación Clínica del ICF 2011

Texto original aquí

1) Recientemente, hace ya más de un año, hubo un viraje con respecto a la política de la escuela que llevó al cierre de los CPCT’s. Se contrapuso en dicho viraje, una necesidad de retomar el interés por el pase. En su opinión, ¿a qué se debe esta contraposición, en qué sentido apunta el poner en primer lugar el testimonio de un psicoanálisis puro, llevado a término, y en segundo lugar a las experiencias del psicoanálisis aplicado?

La Escuela Lacaniana de Psicoanálisis del Campo Freudiano se sostiene en la tarea de trasmisión del psicoanálisis. Promoverlo y desarrollarlo son sus fines. Para continuar con esta tarea que requiere cada vez más de analistas bien orientados y con el desafío de no retroceder para generar entusiasmo en los más jóvenes.

J.-A. Miller manifestó que la sorpresa por el papel exitoso de los CPCT les hizo pensar que funcionaban como una Escuela en si misma.

La preocupación por la formación de los nuevos analistas ha sido el motor del cierre de la experiencia de los CPCT en coyuntura con las dificultades de su financiación, ya que hemos confiado su sostén económico al Estado, siendo la Escuela quien finalmente tuvo que en parte responder económicamente.

El psicoanálisis puro, el pase, son parte de los pilares de la formación del analista. El psicoanálisis aplicado ofrece la posibilidad de poner a prueba el saber extraído del psicoanálisis puro.

El nuevo Consejo de la ELP desea seguir atento a los debates en torno a la experiencia de los CPCTs y a las nuevas ideas que se fragüen.

En “La tercera” Lacan nos advierte que si el psicoanálisis tiene éxito, se extinguirá hasta no ser más que un síntoma olvidado. Lo curioso es que el analista en los próximos años dependa de lo real y no lo contrario, ya que su advenimiento no depende del analista. Su misión es hacerle la contra. Lo real puede desbocarse, sobre todo desde que tiene el apoyo del discurso científico.

Un comentario de Jacques-Alain Miller me parece que expresa el riesgo del éxito del CPCT.

“Sí, la Escuela tiene entusiasmos, cuando se le da la ocasión. Como grupo, no es ni el ejército, ni la Iglesia, sino La escuela de las mujeres, retomando el título de Molière. Así pues, ella no funciona nunca como un solo hombre. Es una colección de Menos-unos: “Todos excepto yo”. Es muy simpático. El problema está cuando pierde la cabeza. ¿Cómo hacerle reflexionar un poco? La creía casada con el psicoanálisis, y esposa fiel, y de eso nada. Mañana podría perfectamente volcarse en la psicoterapia incluso sin darse cuenta, bautizando como “psicoanálisis” lo que no sería más que psicoterapia. ¿Cómo prevenirse contra esto? Puede decirse, y es el mensaje que nos envía “la civilización”: la psicoterapia es el porvenir del psicoanálisis. El primer piso del grafo es evidente, basta con hablar; el segundo es necesario hacerlo existir, desearlo. Aquí interviene el deseo del analista; aquí se inscribe “la ética” del psicoanálisis. Si el deseo cede, este segundo piso no es más que una ficción. Así pues, es frágil. Felizmente no hay únicamente el deseo del analista, está también el goce del analizante. Quizás es esto, en definitiva, lo que nos salva”.

2) En Análisis terminable e interminable Freud dice que un análisis concluye cuando paciente y analista dejan de encontrarse. En función a su experiencia, en una era en la que el culto a la individualidad apunta al desencuentro, ¿cuáles son los nuevos retos con los que los psicoanalistas pueden encontrarse para apuntar a un final de análisis menos signado por lo efímero de los vínculos “liquidos” en términos de Baumann?

En 1913 en su texto La iniciación del tratamiento Sigmund Freud nos señala “Si intentamos aprender en los libros el noble juego del ajedrez, no tardaremos en advertir que sólo las aperturas y los finales pueden ser objeto de una exposición sistemática exhaustiva, a la que se sustrae, en cambio, totalmente la infinita variedad de las jugadas siguientes a la apertura. Sólo el estudio de partidas celebradas entre maestros del ajedrez puede cegar esta laguna. Pues bien: las reglas que podemos señalar para la práctica del tratamiento psicoanalítico están sujetas a idéntica limitación”. Para abordar un tema como el final de un análisis, resulta indispensable retomar a Freud, tanto en sus planteamientos en torno a lo que es un final, como también en lo que respecta a la apertura del mismo, pues el uno contiene al otro, tal y como su metáfora del ajedrez nos lo indica; y en tanto es Freud quien precisamente ha conducido el surgimiento de nuevas teorizaciones que, aunque al parecer se alejan de él, en realidad, si leemos al detalle, podemos darnos cuenta que son asuntos que se pesquisan claramente. No olvidemos que Lacan es un crítico lector de Freud.

Allí donde Freud encuentra un tope, Lacan ve una posibilidad. Interrogarnos sobre qué sujeto resulta al término de su análisis, implica sostener la tesis lacaniana: “hay un fin de análisis”.

Ahora bien, ¿Por qué un sujeto eligiría embarcarse en un psicoanálisis? ¿Qué justificaría su inversión de tiempo y dinero? Bombardeados por el discurso capitalista que nos pide eficiencia y resultados, por múltiples ofertas psicoterapéuticas que responden a los ideales de felicidad y bienestar a corto plazo y con un reducido costo de esfuerzo, detenernos a pensar que le aporta nuestro trabajo a aquellos que lo demandan, no es de poca importancia.

Lacan a través de su invención, el pase, logra que podamos acercarnos a las preguntas que conmueven a toda la comunidad analítica qué produce un análisis y qué es un analista, dos momentos que son cronológica y lógicamente diferentes en el tiempo. Es diferente el momento en que el sujeto finaliza su análisis de aquel en el que decide tomar a su cargo la tarea de dar cuenta del mismo a otros que ya no es su analista. Dar su testimonio sobre el tiempo del acto analítico.

Es verdad que hay distintas modalidades de finalizar un análisis. La Conversación del Instituto nos permitira hacer esta reflexión. Como lo anuncia su propuesta: conversaremos sobre las diversas maneras con las que analizante o analista pueden dar cuenta de que la finalización de la cura no se debe al conformismo informado del sujeto sobre la ficción que ha organizado su vida, ni tampoco a su impotencia asumida al respecto, sino que es producto de la satisfacción de haber llevado al límite la elaboración simbólica de los avatares de su historia. ¿Hasta dónde? Hasta alcanzar el consentimiento esclarecido a lo imposible de modificar. Esto es, su manera singular de arreglárselas con el goce en tanto viviente atravesado por el lenguaje.

3) El tema escogido para esta Conversación Clínica “Terminaciones de análisis” tal vez podría dar pie para conversar sobre el vaticinio tantas veces anunciado del final del psicoanálisis, de la muerte del psicoanálisis, que a veces toma versiones feroces. Esto es un pedido de reflexión sobre cómo podemos pensar esta repetición, ya no interpretando las resistencias de lo social contra el psicoanálisis, sino en relación con los analistas, con la comunidad analítica, y su implicación en ello.

No es infrecuente escuchar, tanto de sectores que provienen del mundo “psi” como de otros en los que se presupondría un cierto nivel o determinados alcances culturales, la opinión de que la obra de Sigmund Freud y por extensión el psicoanálisis se encuentra, en muchos sentidos, obsoleta o pasada de moda. Desde que nació el psicoanálisis nos anuncian su muerte y sin embargo el psicoanálisis está más vivo que nunca.

Vale la pena recordar que el psicoanálisis ha sido capaz de renovarse no sólo en sus criterios clínicos sino también en la formación de los analistas e incluso la transmisión; se ha insertado sólidamente en el tejido social e imbricarse en la cultura. En éste último sentido, el cine, la pintura, la música, o la literatura, dan testimonio de los alcances profundos de su legado.

J.-A. Miller nos advierte que en el siglo XXI, el psicoanálisis es un problema de la sociedad, un problema de la civilización, la elección es forzosa: el pase sin el foro sería la Escuela convertida en secta, el pase hecho semblante. Lo que no quiere decir: tomar partido. Quiere decir: hacer demostración en acto de nuestra posición como psicoanalistas, no sólo en “la cura” sino en “la ciudad”. En la actualidad es menester volver a hacer existir el psicoanálisis en lo social, con toda su fuerza, con toda la virulencia de que es capaz. No se trata, como puede verse, de una lucha de carácter gremial, se trata de que no desaparezca lo más fuerte que existe en los sujetos humanos, se trata de situar, el fundamento mismo de la subjetividad: el deseo inconsciente. Se trata, también, de oponer una forma consistente de resistencia a la multiplicación del cinismo contemporáneo, al avance de las formas masificantes que intentan borrar la diferencia, como intentos de silenciar la singularidad.

Preguntas realizadas por: Erick Gonzalez

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