El amor en la neurosis. 3 preguntas a Amanda Goya

Conversación Clínica del ICF 2010.

Texto original aquí.

1) ¿Cómo entender desde Lacan el retroceso de Freud ante el principio “Amarás a tu prójimo como a tí mismo”?

Creo que hablar de retroceso de Freud ante este principio puede llevarnos a malos entendidos. Quizás seríamos más precisos si dijéramos que Lacan lleva más lejos aún el cuestionamiento de Freud en El malestar en la Cultura, a esta concepción ética del Cristianismo que prescribe el apóstol Pablo, como supuesta disposición a un “amor universal” entre los seres humanos, que daría fundamento a la comunidad cristiana. Para Freud no se trata más que de una formación reactiva ante los deseos hostiles y agresivos contra el prójimo que nos habitan, de lo que dan prueba las guerras, las grandes migraciones y conquistas, que ponen al rojo vivo una primordial crueldad en el corazón del ser hablante. En mi opinión, la lucidez de Freud en esta reflexión sobre el mal que los moralistas eluden, y que es El Malestar en la Cultura, parece alcanzar en estos pasajes del texto en los que argumenta contra este principio desde lo que enseña el psicoanálisis, sus cotas más elevadas. Homo homini lupus (El lobo es un lobo para el hombre), de aquí parte Freud para argumentar contra los que prefieren los cuentos de hadas y hacen oídos sordos ante la maldad, la agresividad y la destrucción que impera en la condición humana, y que se debe a la fuerza que en ella ejerce la pulsión tanática.

¿En qué sentido digo que Lacan va más lejos en su interpretación de este principio? Vayamos al Seminario VII sobre La ética del psicoanálisis, a su capítulo XIV (El amor al prójimo). Lo que allí dice es que ante el amor al prójimo Freud queda literalmente horrorizado, pues este principio exorbitante desconoce que el hombre es un ser malvado y que no merece que le dé mi amor sin discriminación alguna. Lacan prosigue, esa maldad no habita solo en mi prójimo, habita también en mí como lo más próximo, es el núcleo de mí mismo donde reside esa agresividad que a veces vuelvo contra mí mismo.

Lacan amplia la reflexión de Freud mediante un apólogo que le permite analizar el fenómeno del altruismo a la luz del goce, un apólogo hecho para destacar el amor al prójimo. Se trata del encuentro callejero entre San Martín, el militar, y el mendigo, encuentro entre el rico y el pobre, entre uno que tiene y otro que no tiene. San Martín desgarra su manto en dos y le ofrece una mitad al mendigo. Una distribución exacta, la mitad para cada uno, San Martín parece demostrar con esta acción que ama a su prójimo como a sí mismo, es la salida de la beneficencia, con su contrapartida agresiva. Pero más allá de esta reciprocidad imaginaria entre altruismo y egoísmo, inmersa en un juego de proyecciones, lo que lee Lacan es que San Martín interpreta la demanda del mendigo en el orden de la necesidad, necesidad de vestirse, pero agrega que el pobre mendigaba otra cosa, que San Martín lo mate o lo bese.(1)

Con esta interpretación no se aparta de la perspectiva de Freud, al considerar que la agresividad del hombre lo lleva a querer someter a su semejante, a vejarlo, a gozar de él, incluso a eliminarlo de la existencia, y que más allá de la necesidad, la demanda y el deseo, se sitúa el goce. Y cuando accedemos al más allá del principio del placer ¿qué encontramos?, los objetos parciales: la mierda, el esperma, el deshecho, como en la leyenda de aquella mística, Ángeles de Folignio, que se bebía el agua que había utilizado en el lavado de los pies de los leprosos, o aquella otra, María Allacoque, que comía efusivamente los excrementos de un enfermo.

De manera sorprendente Lacan hace surgir en este punto a la perversión: el alcance convincente de estos hechos, sin duda edificantes, ciertamente vacilaría un poco si los excrementos fuesen, por ejemplo, los de una bella joven, o también si se tratase de tragar el esperma de un delantero de vuestro equipo de rugby. (2)

El psicoanálisis nos enseña lo contrario de la máxima religiosa: Amarás al prójimo como a tí mismo, porque este enunciado deja fuera al sexo. Cuando introducimos a la prójima en la dimensión del goce, la relación entre uno y otro es disimétrica, no hay reciprocidad ni intersubjetividad, ni reconocimiento de que entre el prójimo y la prójima interfiere el objeto pettit a.

2) ¿Por qué consideramos inédito ubicar al amor como aquello que establece una conexión entre el goce y el deseo?

Como con la respuesta anterior me he extendido bastante, voy a ser más breve en esta segunda respuesta. Lo inédito es este planteamiento de Lacan, del que nos da una primera versión en el Seminario X: La angustia, y una segunda versión en el Seminario XX: Aún.

Recordarán seguramente que una parte del Seminario de la angustia se cifra alrededor del llamado cociente del sujeto, con sus tres pisos en los que luego coloca el goce, la angustia y el deseo. Lacan busca despejar una dinámica entre estas tres dimensiones, quiere mostrar qué articulación encuentran cuando intervienen en las delicadas y complejas relaciones entre hombre y mujer. Y así como la angustia es el término intermedio entre el goce y el deseo, porque hay que franquear la angustia para que el deseo se constituya, también la dimensión del amor tiene una función mediadora. El amor es lo que permite al goce condescender al deseo, leemos en el capítulo XIII (Aforismos sobre el amor). Con esta clave Lacan pretende espantar definitivamente el fantasma de la oblatividad, destacando el carácter sublimatorio del amor, frente a la angustia que suscita la aización del Otro requerida por el deseo.

Jacques Alain Miller despeja en El partenaire-sinthome la estructura que sostiene al Seminario XX (cap. Revalorización del amor), cuando plantea que en este seminario el autoerotismo de la pulsión deja por fuera al Otro, quedando a expensas del amor el facilitar una conexión con el Otro. El amor permite una mediación entre la mónada del goce y la dialéctica del deseo, que se juega siempre en una partida con el Otro. Esta es la función inédita del amor, como mediación entre el goce y el Otro, por eso concluye que el amor viene a suplir la relación sexual que no hay.

3) ¿Cuál es la destacada función del amor en la sexualidad femenina de la que quiere dar cuenta Lacan en el Seminario Aún, y que J.A. Miller califica como una revalorización del amor?

Estamos de acuerdo que Lacan aborda la sexualidad femenina de una manera totalmente novedosa en el Seminario Aún. Podríamos decir que la gran hazaña de ese Seminario tan importante en su enseñanza y que nos hace estrujarnos la cabeza una y otra vez para intentar descifrarlo, es considerar el conjunto de la clínica que Freud nos aportó, teniendo en cuenta la diferencia entre los sexos y la diferencia de los goces según la posición sexuada. Desde esta perspectiva, Jacques Alain Miller sostiene en El partenaire- sinthome, que Lacan promueve allí una revalorización del amor acorde con la concepción freudiana desarrollada en Inhibición, Síntoma y Angustia, donde Freud plantea que para las mujeres la castración toma la forma de una angustia vinculada a la pérdida del amor, es decir, donde el amor alcanza una máxima investidura.

Si el hombre se encuentra, en el Seminario Aún, en posición de amar aquello que soporta la función del falo, donde para él se concentra la mayor investidura, del lado femenino encontramos más bien la fórmula Amarás al Otro como a ti mismo, o incluso Amarás al Otro más que a ti mismo. Lo que Miller propone es que la revalorización del amor que hallamos en el Seminario XX, procede de vincular el goce femenino con el amor del Otro. Porque si el macho permanece ligado al autoerotismo de la pulsión, y como mucho es capaz de hacer del Otro un objeto a que sirva para su satisfacción pulsional, el goce femenino está enganchado al Otro y es mucho más independiente del goce pulsional, e incluso es donde la demanda de amor se hace oír de manera más insistente en la clínica.

NOTAS

1. J. Lacan. Seminario VII, La Ética del Psicoanálisis, pag. 226. Editorial Paidós, 1988.

2. (Idem) pag. 227.

S. Freud. El Malestar en la Cultura. Obras Completas. Tomo VIII. Editorial Biblioteca Nueva.

J.A.Miller. El partenaire-sinthome. Editorial Paidós. 2008.