PUBLICACIONES DE PSICOANÁLISIS DE ORIENTACIÓN LACANIANA

Anorexia, angustia y duelo

La anorexia-bulimia tiene como telón de fondo, normalmente, un problema vinculado al encuentro o desencuentro con la sexualidad, pero el desencadenamiento no siempre está relacionado directamente con esta cuestión. Observamos que, en numerosos casos, éste se produce frente a la dificultad para elaborar el duelo por la pérdida de un objeto. Es decir, ante la pérdida de un ser querido, el sujeto hace un síntoma anoréxico en lugar del duelo.

Esta cuestión nos ha llevado a preguntarnos por la relación entre anorexia y duelo, pregunta a la que intentaremos responder pasando por la angustia.

Anorexia y angustia: ¿Por qué las anoréxicas no se angustian?

Es frecuente que el sujeto histérico padezca angustia, pero no es así en el sujeto anoréxico, aunque sea histérico. El Seminario X, La Angustia, nos da una clave para intentar esclarecer la relación de la anorexia con la angustia y también con el duelo.
Jacques Lacan señala la aparición de la angustia frente a dos situaciones aparentemente opuestas, que vamos a referir exclusivamente al terreno de las neurosis:

1- hay angustia cuando falta la falta
2- hay angustia ante la inminencia del deseo del Otro

1- cuando falta la falta
Es el caso paradigmático en la anorexia: la “madre de la papilla asfixiante” que no transmite la falta y pone en juego un deseo devorador, donde el sujeto es tomado como objeto y fijado a una posición de goce que adolece de la falta. Ésta permitiría al sujeto orientarse en relación al deseo. Frente a este Otro, la anorexia es una maniobra para introducir un vacío que da lugar a un falso deseo.

2- ante la inminencia del deseo del Otro
En el encuentro con el deseo del Otro, cuando el deseo se aproxima al goce, el sujeto es reclamado como objeto, en tanto causa el deseo. Si el sujeto puede desprenderse de un objeto, si puede perder algo de su propio cuerpo y ponerlo en juego como objeto causa, podrá utilizarlo como mediación entre él y el Otro, separándose. Si no, se identificará él mismo al objeto, ya no causa, sino objeto resto, desecho, y ofrecerá al Otro su propia desaparición.

Estas dos situaciones, aparentemente opuestas, tienen sin embargo algo muy importante en común: en ambas no hay lugar para el sujeto, o el sujeto está en riesgo. Frente a estas dos coyunturas puede surgir la angustia. Pero la anoréxica tiene la posibilidad de evitarla a partir del recurso que le brinda un objeto muy particular: el objeto nada.

En el caso del estrago materno, la maniobra con el objeto nada permite horadar y poner a distancia al Otro devorador, es decir, crear artificialmente la falta que falta para conseguir un espacio que de lugar a la aparición del deseo, a partir de la falsa premisa que iguala falta y vacío.
En relación al deseo del Otro, puede cederlo como un objeto que hace las veces de objeto separador, si bien no funciona como causa de deseo.

La angustia se produce frente a la emergencia de un real que desestabiliza el fantasma. Cuando el fantasma tambalea, el sujeto pierde el suelo que lo sostiene y la realidad misma queda en cuestión. En la anorexia, frente a esta situación, el sujeto manipula el objeto y realiza una sustitución sintomática que le permite reconstruir la realidad desde la perspectiva anoréxica. Así como podemos decir que el rechazo de la anoréxica abre la vía a un pseudodeseo, diremos que la anorexia misma funciona como un fantasma porque restablece la posición del sujeto con su objeto. Pero este “pseudofantasma” es frágil porque no se trata ni del objeto causa ni del objeto velado del fantasma. El sujeto pone en juego el objeto simbólico nada con el que intenta producir un vacío real, al servicio de restablecer el equilibrio en riesgo.

Relación anorexia-duelo

La pérdida de un ser querido también debemos pensarla en relación al fantasma, al lugar que ocupaba el objeto perdido en el fantasma del sujeto. El duelo es el trabajo de elaboración de dicha pérdida. También en el seminario La Angustia, Lacan nos da una indicación que resulta muy útil en este punto porque especifica que sólo hay duelo por la pérdida de un objeto que nos concierne en cuanto a nuestra propia falta; dice literalmente: “sólo estamos en duelo de alguien de quien podemos decirnos yo era su falta”.

Frente a la pérdida, igual que en la angustia, hay algo del sostén fantasmático que tambalea. No se trata tanto de lo que el objeto era para nosotros como de lo que nosotros éramos para él en el sentido de la castración: qué clase de objeto (a, falo) éramos para el otro, qué lugar nos daba y hemos perdido. No nos falta tanto el otro como nosotros mismos ¿Qué seremos, ahora, sin el otro? Esa es la clave del duelo.

Frente a la pérdida, la anoréxica realiza la misma operación que hemos descrito en relación a la angustia: no toma nota de la pérdida y por lo tanto no hace el duelo porque sustituye el objeto, tanto el objeto perdido como su lugar en relación a la falta del Otro, por la vía de la manipulación del objeto. Restituye el objeto y no se confronta con la falta, con el hecho de que ella ya no le falta al Otro, sino con el vacío, que no es para nada lo mismo.

Ejemplo clínico

Para ilustrar este desarrollo voy a comentar las coordenadas de un caso que he recibido recientemente y del que ignoro aún algunos elementos analíticos fundamentales. No obstante, lo traigo como ejemplo porque reúne varios de los aspectos que he querido articular: angustia, duelo y fantasma en relación con la anorexia-bulimia. Los padres se dirigen a mí, con una gran urgencia subjetiva: Marta es una joven de 18 años que tomó un frasco de pastillas, en un intento de suicidio. La ingresaron en el hospital para hacerle un lavado de estómago. El intento autolítico lo hizo después de un atracón, desesperada por no poder evitar los atracones (sin embargo, la impronta oral se mantiene en el intento de suicidio mismo). Hace dos años comenzó a padecer una anorexia que fue virando a bulimia, pero dice no tener problemas, salvo la bulimia misma. Sólo sabe que hace dos años su abuelo materno, personaje muy querido para ella, enfermó y, a los pocos meses, murió. Vivió con sus padres en la casa de sus abuelos hasta que pudieron comprarse una casa propia, cuando ella tenía 9 años. De su madre, que tiene una relación difícil con su propia madre, no recuerda nada hasta los 10 u 11 años, porque trabajaba mucho y no estaba nunca (La relación con la madre es un punto esencial que debe ser interrogado en el trabajo analítico. Así, por ejemplo, le hice observar en su momento que esta falta de recuerdos no podía obedecer al poco tiempo que la madre estaba en casa con ella en razón de su trabajo, sino que respondía al trabajo de la represión, ligado seguramente a lo difícil de la relación con la madre). Sí recuerda a su padre, con el que salía los fines de semana y a su abuelo, que la llevaba al colegio y le daba la merienda. Interrogada por su dolor y por el de su madre frente a la muerte del abuelo dice que ella no quiso darse cuenta, ni cuando enfermó ni cuando murió; y que su madre se hizo la fuerte para no causar más dolor ni a su propia madre, ni a su marido, ni a su hija. Se trata de una ausencia de duelo, duplicada en este caso por la madre, que tampoco lo hace y no muestra la falta que supondría estar en duelo.

Algunas conclusiones

La estructura subjetiva, es decir, la coordinación del falo y el objeto a, la construcción del fantasma y la organización del deseo ponen freno a la pulsión de muerte, civilizándola. No obstante, la pulsión se manifiesta en la conducta del sujeto, a través del acto.
En nuestro caso, que tomamos como ejemplo de un desencadenamiento anoréxico a partir de una pérdida y que nos permite mostrar la relación entre anorexia y duelo, vemos que Marta es consciente de la falta que podría dolerle, pero no experimenta ese dolor. Como afirma sabiamente Freud en su Fenomenología de las dificultades del proceso de duelo, en Duelo y Melancolía, en este caso ella sabe que ha perdido un objeto pero no sabe lo que ha perdido subjetivamente con él. Si bien, en nuestro caso, no se trata de una melancolía como en el ejemplo freudiano. Marta hace un síntoma anoréxico que la sostiene hasta que éste se torna bulimia. Podemos observar que cumple la función de mantener oculto para ella lo que ha perdido con él. Todavía no sabemos en qué circunstancias se da el paso a bulimia, pero sí sabemos que ésta la desespera, es decir, la angustia. Marta intenta controlar todo en su vida y no soporta el descontrol del atracón. En lugar de la purgación, habitual en los casos de bulimia, toma un frasco de pastillas. No se trata de vaciarse, como una pérdida de goce, sino de un paso al acto para desaparecer de la escena que la angustia ¿Qué podemos decir de este paso al acto? De entrada podemos decir que pone de manifiesto algo que la anorexia mantenía oculto. Si la anorexia funciona como un fantasma, la bulimia constituye un movimiento que rompe el equilibrio fantasmático porque introduce un empuje pulsional que lo desborda. Si Marta hubiera continuado con el síntoma anoréxico seguramente este paso al acto no se hubiera producido. Frente a la desaparición de su abuelo debía surgir la pregunta tanto por su falta (¿Cómo vivir sin él?) como por el lugar de ella sin el sostén del abuelo (¿Dónde vivir sin la falta del Otro para alojarse? ¿Qué o quién es ella ahora, cuando ya no le falta al Otro?). Como hemos dicho, en lugar de las preguntas propias para iniciar el trabajo del duelo, surge el síntoma anoréxico. Cuando éste vira a bulimia y el atracón la angustia, no soporta la angustia y hace un paso al acto. De la relación de amor con el abuelo que la sostenía en un lugar de privilegio (i (a)), pasa a ser un objeto caído (a) en tanto que ha perdido el lugar que ocupaba en el Otro. Esto desvela un aspecto universal de la relación del sujeto con el objeto a, normalmente velado por (i(a)): el sujeto identifica su ser al objeto caduco, resto de la operación significante, que Lacan nombra con los términos tomados del caso de la joven homosexual de Freud, niederkomen lassen, el sujeto identificado al objeto que se deja caer.

En el caso de Marta, la dificultad para hacer el duelo la hizo pasar del sostén provisional de la anorexia (pseudofantasma) a devenir un objeto resto, caído del Otro. Como es frecuente en estos casos, el curso de las entrevistas ha llevado la cuestión a su dificultad con el amor en la relación con los chicos, según la lógica histérica y con las marcas provenientes del estrago.

Graciela Sobral

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