Casos que enseñan. 3 preguntas a Miriam Chorne

Conversación Clínica del ICF 2009

Texto original aquí

1) Muchas veces se utiliza el caso para ilustrar la teoría entendida como un supuesto saber previo. Pero ya en Freud encontramos otros modos de utilizar el caso. ¿Podrías hablarnos de estos otros modos y de lo que pueden enseñarnos?

Freud utiliza de muy diversos modos el relato de caso: le hace jugar un papel de confirmación de su teoría, le sirve como fuente de revelación, proporciona modelos que habilitan la comprensión de nuevos casos, e incluso le permite dar a conocer cuáles son sus usos de la técnica. Sin embargo la publicación de los casos se produce de una manera enteramente singular -y en absoluto comparable con nuestra transmisión de casos- ya que sus análisis, como lo subrayó Lacan, constituyen el psicoanálisis original. Freud está descubriendo el psicoanálisis al mismo tiempo que formula cuál es la estructura singular del paciente del que se ocupa, cuáles son los mecanismos particulares de formación de síntomas propios de esa determinada neurosis, cuáles las pulsiones comprometidas como así también estableciendo la técnica de la investigación psicoanalítica.

Así, el caso del Hombre de los Lobos por ejemplo, busca clara y explícitamente presentar hechos que desmientan las teorías de Jung y Adler, en particular demostrar con el análisis de una neurosis infantil que “las fuerzas pulsionales de la libido, tan discutidas, son las responsables de la estructuración de la neurosis, y que en cambio las remotas tendencias culturales de las que nada sabe aún el niño, y que en consecuencia nada significan para él están ausentes”. No obstante, pese a este objetivo Freud se empeña en asegurar innumerables veces que los conocimientos que nos revela provienen realmente del paciente y que él no es responsable por sugestión de los resultados del análisis. Es decir, deja hablar al caso. Incluso ilustra la poca influencia que tienen las sugerencias del médico cuando son erróneas, a través de la respuesta del enfermo a su idea de que la angustia que había experimentado en la infancia frente a la mariposa de rayas amarillas podría relacionarse con el vestido de la niñera, intervención que tenía que ver en verdad con una experiencia del propio Freud y a la que el Hombre de los Lobos no dio ninguna importancia -enseñándonos al mismo tiempo qué es lo que importa cuando queremos confirmar la verdad de una interpretación: ni el asentimiento ni la negativa del paciente, sino la aparición de nuevo “material” que la confirma. Muestra de esta manera que aunque busca probar la validez de la teoría, el hecho de que al mismo tiempo la esté inventando le da a sus observaciones un acento de verdad incomparable.

Freud enfatiza asimismo otro aspecto singular del Hombre de los Lobos, el sujeto conserva una posición libidinal anterior aún cuando pase a otra, en concreto primero se había resistido a la castración, había cedido luego a ella, “pero ninguna de estas posiciones había suprimido a la otra”. Se trata de una novedad sobre el modo de funcionamiento del inconsciente que el caso le permite introducir en la teoría.

En otro ejemplo de las funciones que Freud hace cumplir al caso, interroga al Hombre de los Lobos, en realidad lo somete a verdaderos apremios porque a él mismo le resulta inverosímil que la causalidad retroactiva o por après-coup pueda retroceder hasta un momento tan temprano del desarrollo. Que sea posible que hubiera una vivencia tan compleja de la escena primaria al año y medio de vida, y que ese registro se activase unos años más tarde con ocasión del sueño de los lobos volviendo eficiente la causa traumática, esclarece de una manera notable la teoría de la causalidad en psicoanálisis.

En el caso de Dora al margen de muchos otros descubrimientos que Freud nos transmite -vg. la modalidad de la identificación histérica, el mecanismo de la formación de síntomas en esta entidad nosológica, etc.- es su interés por la utilización de los sueños como instrumento de la cura bajo transferencia lo que lo empuja a la publicación. Lo que esos sueños demostraban para Freud es su lógica eficaz en el sentido de la Traumdeutung. Que no tuvieran el mismo efecto demostrativo para Dora puede estar en el origen de los límites de la eficacia de ese tratamiento singular.

El valor principal del caso Juanito es “hallar una prueba más directa y próxima de aquellos principios fundamentales y preguntarnos si es posible observar en su fresca vitalidad los impulsos y deseos sexuales que logramos extraer a la luz en los análisis de los adultos”

Para el creador del psicoanálisis la transmisión de los casos era un deber primordial como hombre de ciencia. En cada uno de lo relatos nos asegura que a pesar de las dificultades que supone la construcción del caso -en primer término para ser fiel a la verdad singular del enfermo, como así también para hacer justicia a los distintos aspectos que conlleva ¿Organizarlo a partir del desarrollo de la enfermedad? ¿O más bien del de la cura? ¿Referirse a la neurosis infantil o subrayar los efectos de nuestra presencia? – es necesario afrontarlas para participar en la acumulación de saber que constituye al psicoanálisis como ciencia. Pese a la tensión entre la verdad singular de un paciente y el saber que hay que transmitir a la comunidad de los analistas, Freud supo encontrar un estilo que le permitió resolver de una manera inédita la relación entre práctica y teoría, e invitar, al mismo tiempo, a otros analistas a descompletar el saber que les ofrece añadiendo sus propios descubrimientos, lo que el caso nos enseña

2) La etimología de “caso”, Lacan lo recuerda nos conduce al “casus” latino, a la contingencia de “lo que cae”, y tiene un parentesco con la “causa” ¿Cómo escoges un caso a la hora de realizar una exposición clínica?

Junto a las significaciones del término “casus” que la pregunta recuerda me gustaría destacar que el caso es lo que cae por sorpresa, de manera desafortunada, el término subraya lo inesperado (citado por E. Laurent en La poética del “caso lacaniano”). Es uno de los aspectos más importantes que tengo en cuenta a la hora de elegir un caso. Asimismo, siempre -en los casos que presento como en los que escucho de otros analistas- valoro mucho que se trate de casos que llamo “analíticos”, es decir donde el relato muestra que es un tratamiento bajo transferencia y destaca con cuidado los giros que se producen en la evolución de la cura por las intervenciones del analista. Estos textos en los que el psicoanalista se incluye a sí mismo en el caso, no sólo por sus intervenciones durante la cura sino en la construcción, en la escritura del relato, son los que resultan más vibrantes. Lacan lo subraya en relación a la narración de Freud del análisis de Dora, su novelización constituye una manera particular de incluirse en el caso y “alza este texto al tono de una Princesa de Clèves presa de una mordaza infernal”. A través de esta alabanza destaca la presencia de Freud en la escritura del caso que es lo que vuelve su relato tan conmovedor.

No siempre nos mostramos a la altura de este trabajo de escritura -y no sólo porque el parámetro, Freud, es demasiado alto, sino también porque como se evocaba en la pregunta anterior, nuestra comunidad se conforma más bien con ilustrar la teoría con el caso, y a la inversa se produce un cierto malestar si la presentación se aleja de los tópicos. Por esa razón me gustó un texto de Marie-Hélène Brousse escrito a partir de una dificultad encontrada en algunos análisis de mujeres y publicado en Cuadernos de psicoanálisis No 28, que lleva por título “Una dificultad en el análisis de mujeres: el estrago de la relación a la madre”. Aunque no es un relato de caso stricto sensu, lo evoco porque creo que aprenderíamos todos mucho transmitiendo nuestras dificultades con un caso.

3) Estamos asistiendo a un productivo debate sobre el psicoanálisis llamado “aplicado” y el psicoanálisis llamado “puro”. Nuestra obligada referencia a la clínica del “caso por caso” tiene en esta articulación una función eminente. ¿Podrías hablarnos un poco de ella?

Hay como afirma la pregunta una obligada referencia al “caso por caso” que remite en primer término a la recomendación freudiana, revalorizada por Lacan, de enfrentarnos a cada caso como si fuera enteramente nuevo, es decir poner en suspenso el saber acumulado en la investigación psicoanalítica de otros casos. Por otra parte es necesario recordar que dicha acumulación de saber es relativa, en nada semejante a la acumulación de saber que se produce en la ciencia, como lo recuerda E. Laurent en el texto ya citado: “El problema es que el malestar” (que conoce el método del relato de caso) “no llega a articularse suficientemente como crisis, no se enfrenta con el problema verdadero: el saber en el psicoanálisis no se deposita como en la ciencia, el psicoanálisis no es una ciencia exacta. Toda copia de la ciencia fuera de su campo propio lo único que produce es una parodia (…)”

Freud que tiene la preocupación constante, en cada uno de sus relatos de caso de que quede bien claro que lo que expone ha surgido ante él de forma independiente y no influido por su expectativa, escribe: “quien supiera excluir de manera radical sus propias convicciones descubriría seguramente muchas más cosas” (en el Hombre de los Lobos, cuando se refiere a algunos detalles que le han parecido tan singulares e inverosímiles que le han asaltado escrúpulos de exigirles a otros su admisión y le ha pedido al propio paciente que los sometiera a una severa crítica).

Fue una advertencia constante de Lacan que cuando escucháramos lo que el paciente nos decía no comprendiéramos. En el Seminario III refiriéndose al delirio a dos de la paciente que habría escuchado el insulto alucinado “marrana”, Lacan se burla de sí mismo diciendo que “Naturalmente, soy como todo el mundo, caigo en las mismas faltas que ustedes, hago todo lo que les digo que no hagan. Aunque me salga bien, no dejo de estar equivocado. Una opinión verdadera no deja de ser una opinión desde el punto de vista de la ciencia, véase Spinoza. Si comprenden, mucho mejor, pero guárdenselo, lo importante no es comprender, sino alcanzar lo verdadero. (…) Vengo del fiambrero. Si me dicen que hay algo que entender ahí, puedo muy bien articular que hay una referencia al cochino.” Y ella estuvo muy de acuerdo, es lo que quería que el otro comprendiese.”Sólo que es precisamente lo que no hay que hacer. Lo que debe interesarnos es saber por qué, justamente, quería que el otro comprendiera eso, y por qué no se lo decía claramente sino por alusión. (…) Esto les pone de manifiesto qué es entrar en el juego del paciente: es colaborar con su resistencia. La resistencia del paciente es siempre la de uno”.

Escuchar lo nuevo que cada caso presenta significa no ofrecer a la sorpresa nuestros propios prejuicios, colaborando de esa manera con la resistencia.

Para Lacan el psicoanálisis verdadero, nos recuerda Miller en la segunda reunión de su Curso “Cosas de finura en psicoanálisis”, es aquel que se sostiene por el deseo del analista de hacer lugar a lo singular y que apunta a aislar para cada uno su diferencia absoluta, la causa de su deseo en su singularidad.

Laurent en el artículo ya citado va más allá en la crítica del relato de caso, tomando la pregunta de J.-A. Miller ¿No será el testimonio de los AE el verdadero relato de casos lacaniano? El argumento es que lo que Lacan llamó estructura al comienzo de su enseñanza al final lo llamó mentira, es decir que lo que hay de simbólico en lo real es la imposible representación de lo real. No es representación sino acción de lo real. El relato de caso es una “elucubración” de saber y sólo escuchando al propio analizante podemos retener lo esencial, el resto. Es la radicalización del decir del que provienen los dichos lo que permitirá escuchar tras la elucubración de saber, entre líneas, lo que los AE no pueden decir en sus dichos. El testimonio nos permitiría así no olvidar el punto de real que queda, la mentira fundamental, ese resto de la experiencia.

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