La joven homosexual (1)

Clase online del Seminario de casos clínicos de la Tétrada 2019-2020 de la Sección Clínica de Madrid (Nucep)

30 marzo 2020

El caso que Freud tituló Psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina [1], fue tratado por él hace exactamente un siglo, en un contexto histórico y cultural completamente diferente al nuestro respecto de la consideración social sobre la homosexualidad, lo que siempre tiene su incidencia en la clínica.

Deduzco que la palabra psicogénesis, es la manera en que Freud responde a los biologistas de su época, a los que alude al final del texto con la expresión literatura tendenciosa, que, según dice, establecen una relación demasiado estrecha entre tal elección de objeto y los caracteres somáticos. Supongo que algo semejante le sucedió a Lacan, que en los años cuarenta escribió sobre causalidad psíquica para responder al organodinamismo de su amigo, el psiquiatra Henry Ey.

Freud busca demostrar que dicha elección homosexual de objeto responde a las coordenadas del Complejo de Edipo, aún reconociendo que el caso tiene características que resultan bastante atípicas, como cuando lo define en el punto IV como una inversión tardíamente adquirida, pues no se trata propiamente de una neurosis, dado que no halló en ella síntomas histéricos, pero tampoco se inclina por una perversión, pues el término no aparece en el texto.

Freud habla en rigor de homosexualidad, y más propiamente del enigma de la homosexualidad, también en los últimos párrafos del punto IV.

Este rasgo enigmático, del que se desprenden muchos interrogantes, me ha llamado la atención, tanto en el historial de Freud como en el comentario de Lacan en el Seminario IV. “La relación de Objeto” [2], un Seminario en el que Lacan comienza su investigación sobre el falo en la experiencia analítica, y se sirva para ello de la joven homosexual por el valor de falo imaginario que tiene el hijo para ella.

Freud comienza el texto señalando que la homosexualidad femenina ha sido desatendida por la investigación psicoanalítica, y añade que por eso va a exponer un caso no muy marcado.

Lacan por su parte, en el primer párrafo del capítulo VI del Seminario IV, titulado “La primacía del falo y la joven homosexual”, inicia su comentario diciendo que va a adentrarse en un problema, y añade: Este problema es el de la perversión, entre comillas, más problemática que pueda haber, en la perspectiva del análisis, es decir, la homosexualidad femenina.

Esta afirmación no la explica, es decir, ¿porqué la homosexualidad femenina es la más problemática de tratar en el análisis? Y por otra parte, ¿porqué pone entre comillas el término “perversión”? Parece que no lo tuviera claro, pero lo deja así.

En el capítulo siguiente toma como ejemplo para explicar lo que llama “el mecanismo de un fenómeno que puede calificarse de perverso”, el fantasma de “Pegan a un niño”, que como sabemos, es un fantasma que Freud encuentra en la clínica de seis casos de neurosis obsesiva, preferentemente de mujeres.

Porque del fantasma sí podemos decir que tiene una estructura perversa.

Y de hecho, el capítulo VII de este Seminario que lleva por título: “Pegan a un niño y la joven homosexual” lo hallamos en un agrupamiento de tres capítulos que Miller titula “Las vías perversas del deseo”. Y sabemos que no es lo mismo hablar de perversión que de vías perversas del deseo.

Cuando se refiere propiamente a la perversión pone el ejemplo del fetichismo, que pertenece a la sexualidad masculina. El fetichista, gracias a su fetiche, busca ponerse a resguardo de la castración materna sirviéndose de una imagen que hace las veces de velo. Porque si pudiéramos decir que hay fetichismo en la mujer, sería en la relación de la madre con el niño, en la medida en que el niño pueda colmar imaginariamente su castración.

Leo otra cita de Lacan que encontrarán en la p.104, cuando inicia el relato del caso, de una forma muy divertida y no exenta de ironía.

Dice: Les traigo aquí uno de los textos más brillantes de Freud, incluso les diría, uno de los más inquietantes, aunque tal vez les parezca arcaico, incluso pasado de moda, es “Psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina”. Y añade tres adjetivos más para referirse al caso de Freud: brillante, inquietante, arcaico.

Vengamos ahora a la actualidad. Hay un texto que desarrolla el caso desde la perspectiva de la última enseñanza de Lacan, es el de Vilma Coccoz: “La encrucijada adolescente de la joven homosexual”, publicado en su magnífico libro: “Freud, un despertar de la Humanidad” [3], porque allí plantea la dimensión del “Más allá del Edipo” en el caso, y sin embargo, no dejan de presentarse aun preguntas que no hallan respuestas.

Pienso que este carácter enigmático merece ser mantenido a pesar del tiempo transcurrido, porque el caso plantea preguntas, y es bueno que así sea, ya que sólo con las buenas preguntas hacemos avanzar la clínica psicoanalítica.

Tanto ha transcurrido el tiempo que hoy disponemos de un significante nuevo en relación con aquellos tiempos de un siglo atrás, el significante gay, que por supuesto no existía en la época de Freud, y en la época de Lacan no había adquirido aún el alcance que tiene hoy.

Es una palabra inglesa que significa “alegre” o “divertido” que fue adoptada por los homosexuales en San Francisco al inicio de los 70, y que luego se extendió ampliamente hasta convertirse en la divisa de la celebración del llamado “Orgullo gay”.

Encontrarán una serie de reflexiones interesantísimas sobre esta cuestión en una intervención de Miller titulada La construcción gay, en un Coloquio que se realizó en Niza en el 2003.

Dice allí Miller que el significante gay es un significante nuevo, quizá la manera de llamar hoy a los homosexuales, es decir, una elucubración de saber sobre lo sexual por parte de un colectivo, que el mismo ha producido lo que se llama una subcultura.

El punto más importante de este fenómeno es precisamente que colectiviza y proporciona un significante que da cohesión al grupo, al modo de la psicología de las masas, es decir que promueve una identificación de cada uno al significante que los vuelve un grupo, un conjunto, lo que supone una pérdida de la singularidad de cada uno, volviéndolos en cierta forma refractarios al análisis en tanto práctica de desidentificación. Cumple la misma función que el significante “alcohólicos anónimos” por ejemplo.

Pienso que esto ha cambiado bastante desde hace 17 años a esta parte.

La legalización de los matrimonios homosexuales, la legitimidad que han obtenido como colectivo, tal vez les haya permitido individualizarse más, porque lo cierto es que no podemos decir que hoy no acudan al análisis.

Pero lo cierto es que el significante gay, dice Miller, ha expulsado de la clínica al significante perverso, del que ya no se habla.

Solo quiero añadir en este prolegómeno a la lectura del caso, que me parecía importante plantear estas cuestiones antes de internarnos en él. También me llamó la atención que la lectura que propone Miller en esta intervención se base en la homosexualidad masculina, pues a la homosexualidad femenina la deja de lado, ni la menciona.

 

Entonces, parece que el carácter enigmático del asunto persiste.

 

Vayamos al caso.

 

Freud atendió a la jovencita durante apenas cuatro meses en 1919

a solicitud de sus padres, escandalizados por la conducta provocadora de su hija que cortejaba sin disimulo a una “señora de la buena sociedad”, mujer de mala fama, diez años mayor que Sidonie Csillag, que así se la llama en la biografía que existe sobre su vida.

De esta señora a la que Freud define como una cocota, se sabía que vivía con otra mujer, y que su comportamiento con los hombres era bastante díscolo, por decirlo elegantemente. Su actitud hacia la joven enamorada era mantener la distancia, por lo que no había existido entre ellas ningún contacto físico, salvo el permitirle alguna vez que besara su mano.

Sus padres pretendían que Freud curara a su hija de su homosexualidad porque su comportamiento se había vuelto intolerable para ellos, a causa de la exhibición pública que hacía de lo que Freud no duda en calificar de una pasión que ha devorado todos los demás intereses de la muchacha.

Sidonie se mostraba hacia la dama como un auténtico enamorado con su pretendida, siendo capaz de cualquier sacrificio para obtener sus favores, aunque no por ello los conseguía.

Su estilo en la manera de cortejarla hizo que Lacan lo comparara con el amor cortés, esa creación cultural de los trovadores medievales a la que Lacan dedica un pasaje importante de su Seminario VII sobre la ética del psicoanálisis.

Un estilo en el que cuanto más se distancia y se vuelve inaccesible el objeto de amor, más ese objeto queda sobreestimado. Ese era el caso precisamente de Sidonie, siempre dispuesta a cualquier sacrificio para aproximarse a la Dama, de la que nunca obtenía una recompensa.

Fue este precisamente uno de los factores desfavorables, en palabras de Freud, para dirigir la cura, el que la joven no estuviera dispuesta a cambiar su elección de objeto, pues tenía una CERTEZA sobre su elección homosexual, y sólo aceptó ir a la consulta de Freud por la presión de sus padres y sobre todo, por no hacerles sufrir, sobre todo a su padre.

Freud no duda en sostener, al mismo tiempo, que el psicoanálisis no se propone nunca cambiar dicha elección, y que sería tan infructuoso como intentar lo contrario, convertir a un heterosexual en homosexual.

Hay que decir que en esto la chica nunca engañó a Freud, siempre le dijo no concebir otro tipo de amor que el que profesaba por aquella mujer, siendo a su vez una firme defensora de los derechos de las mujeres, pues le parecía injusto que estas no gozaran de las mismas libertades que los hombres, por lo que podríamos considerar a Sidonie como una precursora de la posición feminista. Sus amigas fueron siempre imprescindibles para ella.

Sabemos que cuando no es el sujeto quien realiza la demanda, demanda de ser curado, es la expresión utilizada por Freud, esto no predispone bien para la partida analítica. Él lo sabe muy bien y lo dice desde el comienzo con todas las letras.

Esto mismo condicionará el estilo de cierta tensión que se va a establecer en el vínculo entre Freud y la muchacha de 18 años, desde el principio hasta el fin, a la que presenta como bonita, inteligente y de elevada posición social.

Podríamos decir que hubo una transferencia imaginaria en juego en este vínculo entre la joven y Freud, pero no se constituyó el algoritmo del SsS, es decir que no hubo una suposición de saber respecto del inconsciente, que es el umbral que franquea la entrada en el análisis

¿Cuál era la actitud de sus padres?

El padre, hombre violento y autoritario, que había provocado que sus hijos fueran alejándose de él, ardió en cólera contra su hija cuando descubrió el pastel. Estaba dispuesto a combatir la homosexualidad de su hija con todos los medios.

La madre, por el contrario, joven y atractiva, que había padecido de una neurosis en su juventud, parecía condescender con su hija e incluso se había prestado a ciertas confidencias, pero se puso del lado de su marido cuando la muchacha empezó a mostrar públicamente su cortejo a la Dama, por miedo al ¡qué dirán!

Pero vamos al núcleo del argumento que propone Freud para explicar la génesis, la causa de esta homosexualidad sobrevenida en la adolescencia.

Freud aplica una vez más su herramienta principal: su concepción del Edipo y la sexualidad infantil en torno al complejo de castración, con la diferencia que conocemos para los dos sexos.

Resumo mucho: si el niño sale del Edipo por una amenaza, la niña, por el contrario, entra en el Edipo al comprobar su falta de falo, es decir, se aparta de la madre y se dirige al padre esperando un niño como sustituto del falo que no tiene.

Lacan lo reformula en el S. IV, Seminario en el que es aún muy freudiano, diciendo que la niña entra en la simbólica del don, pues lo que está en juego en este momento crucial es el amor de quien puede dar ese don, es decir, el padre. Ese hijo tiene pues un estatuto imaginario en el momento de la crisis fálica.

 

¿Qué ocurre en la joven homosexual?

Freud no puede reconstruir su sexualidad infantil porque la amnesia que pesa sobre ese período no se lo permite, por eso dirá que no encuentra huella alguna de trauma sexual ni de onanismo infantil.

No obstante afirma que de niña experimentó la comparación entre sus genitales y los de su hermano mayor causándole esto una fuerte impresión, y tampoco puede aportar nada sobre el inicio de la pubertad.

Es como si un velo impidiera ver todo lo que podría dar pistas sobre las marcas de su trayecto libidinal. Esto es así hasta los 13 años.

¿Qué sucede en ese momento? La jovencita comienza a mostrar un intenso interés por un niño de tres años, hijo de unos vecinos de la casa familiar al que cuida amorosamente durante un tiempo. De este suceso se desprende para Freud un vivo deseo de maternidad por parte de Sidonie. Pero este interés por el niño desaparece repentinamente y de pronto la joven cambia de objeto y empieza el cortejo de la Dama.

¿Qué ha sucedido? ¿Porqué este giro tan brusco? Un hecho se impone a la observación de Freud: el nacimiento de un hermanito menor, es decir, que el padre da un niño real a la madre. Sidonie deseaba un hijo imaginario del padre y el padre da un hijo real a la madre.

Y entonces la joven sufre una gran decepción, este es el punto clave de su giro hacia la homosexualidad. A causa de esta decepción rechaza al padre y el amor de un hombre, rechaza su deseo de hijo y se vuelve homosexual.

Freud lee en ello un fuerte deseo de venganza hacia su padre, al mismo tiempo que su decantación por una posición masculina en la elección de objeto, con la peculiaridad de un apartamiento explícito del goce sexual. Y por lo que se conoce de su biografía este rasgo lo mantuvo hasta el final de su vida.

¿Qué acontece entonces después de este vuelco de su posición subjetiva?

Que en un despliegue escénico del orden del acting out, Sidonie hace ver a su padre su cortejo por la dama, hasta casi provocar un encuentro callejero con él.

El padre le dirige en ese momento una mirada colérica, la Dama le pregunta quien es ese hombre, ella le responde que es su padre, y la otra la manda paseo.

Entonces la joven se precipita en un pasaje al acto, arrojándose desde un puente a las vías del tranvía. Se rompe algún hueso, pero sobrevive.

¿Cómo interpreta Freud este pasaje al acto?

Se sirve de la literalidad de la lengua alemana y lo interpreta como la realización del antiguo deseo de tener un hijo del padre, a partir de la palabra niederkommt, que significa a la vez caer y ser parido. Hay en este pasaje al acto, según Freud, una maniobra de autocastigo por los deseos de muerte contra el padre dirigidos contra ella misma.

Para Lacan esto no es suficiente. Por un lado es una respuesta al deseo del Otro que en este caso se manifiesta como rechazo, y por otra lado está su identificación con el objeto en su estatuto de deshecho, dado que ya no puede funcionar como objeto causa del deseo.

Lo cierto es que algo obtiene con estas formas del acting out y el pasaje al acto, pues la Dama vuelve a tenerla en consideración y el padre decide consultar con Freud.

No podemos concluir hoy sin alguna referencia a la transferencia que merecería un capítulo aparte, tan peculiar en este caso.

Freud trata de explicar qué ocurrió desde el punto de vista de la transferencia porqué la situación no halló salida dentro del tratamiento

Lo primero ya lo mencionamos, que no había por parte del sujeto una demanda hacia Freud. Este dato originario del caso acarreará muchas consecuencias. Por eso Freud señala a los padres que estudiará a su hija durante unas semanas para valorar, no si es posible el cambio de objeto, sino si es posible continuar el análisis.

Luego afirma que el tratamiento consta de dos partes, y sirviéndose de la metáfora de un viaje dice que la primera parte es equivalente a todos los preparativos, hasta que llega el momento de la partida del tren, recién entonces comienza la segunda parte, que habrá de durar el tiempo que haga falta para llegar al destino.

Lacan añade que para alguien que tenía fobia a los trenes, cosa que yo ignoraba, no es poca cosa el ejemplo que pone Freud. En el caso de Sidonie la segunda parte nunca llegó a emprenderse. En lenguaje lacaniano diríamos que el sujeto no sobrepasó las entrevistas preliminares, que la entrada en análisis no llegó a producirse.

También señala Freud algo muy curioso, que el análisis transcurrió casi sin indicios de resistencia, pero que en rigor su aparente colaboración era meramente intelectual, pues no despertaba en ella ningún tipo de emoción, y hace una comparación muy divertida, como si una señora de la buena sociedad visitara un museo y a través de sus impertinentes exclamara “¿Qué interesante es todo esto!”. Y añade que su análisis hacía pensar más bien en un tratamiento hipnótico, que procede por sugestión.

También hubo sueños, pero sueños engañosos, pues eran sueños de final feliz, en los que ella aparecía desposándose con un apuesto joven con el que luego tenía hijos. De estos sueños dice Lacan que había que ser Freud para no albergar ninguna esperanza.

Freud le interpreta que ella quería engañarle al igual que a su padre, y colige que los hechos le confirmaron esta interpretación porque dichos sueños no volvieron a presentarse.

Lacan detecta la contratransferencia de Freud, cuando éste afirma que la chica quería ilusionarlo para luego defraudarle. Quizás Freud estaba ilusionado, muy a su pesar, dice Lacan, y si el deseo de engañar pudiera haberse interpretado, no refiriéndolo al padre y tampoco al mismo Freud, eso hubiera permitido una apertura y no un cierre, como de hecho ocurre.

Cuenta Vilma Coccoz que en su biografía se puede leer que la idea de mentir a Freud con los sueños le sobrevino después de haber recibido la interpretación de la envidia fálica, lo que hizo sobreviniera inmediatamente la transferencia negativa.

En esta coyuntura Freud decide interrumpir él mismo la cura, al verificar una y otra vez que su resistencia era inexpugnable. Aunque la joven asistía regularmente a las sesiones y no paraba de hablar, el saber analítico no la tocaba.

Freud sugiere que consulte a una mujer. Y Vilma comenta que según Lacan este desenlace constituye un pasaje al acto de Freud, ante el embarazo que le provoca el acting out en la transferencia, es decir, la ostentación de la mentira por parte del sujeto.

Concluyo con una lectura que propone Vilma respecto del momento de la despedida entre Freud y Sidonie. Dice: Las palabras de despedida de Freud, grabadas a fuego en su memoria, le concedieron a Sidonie un lugar de potencia “Tiene usted unos ojos muy inteligentes. No me gustaría encontrármela como enemigo” [4].

Continuaremos la próxima vez añadiendo elementos de su biografía que clarifican cuestiones clínicas sobre el sujeto.

 

Amanda Goya

 


BIBLIOGRAFÍA

  1. Freud, S. “Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina”. Ed. Biblioteca Nueva. Obras Completas, Tomo 7, p. 2545.
  2. Lacan, J. Seminario IV “La relación de objeto”. Ed. Paidós. “Las vías perversas del deseo”, cap. VI: “La primacía del falo y la joven homosexual”, cap. VII: “Pegan a un niño y la joven homosexual”, cap. VIII: “Dora y la joven homosexual”. p. 97 y siguientes.
  3. Miller, J.A. “De la naturaleza de los semblantes” Ed. Paidós, cap. XIX: “El falo y la perversión”, Cap. XX “La función del falo” p. 259 y siguientes.
  4. Miller, J.A. “La construcción gay”, en “La cause freudienne 55”: “Des gays en analyse”
  5. Coccoz, V. “Freud. Un despertar de la Humanidad”. Ed. Gredos. cap. VIII “La encrucijada adolescente de la joven homosexual”. p.225.

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