PUBLICACIONES DE PSICOANÁLISIS DE ORIENTACIÓN LACANIANA

La transferencia en Freud y Lacan

Concha Miguélez

Autor/a invitado/a de la Sección Clínica de Madrid (Nucep)

Introducción

Freud se vio obligado a construir la teoría de la transferencia para dar cuenta de un hecho que en la práctica se le presentó como imprevisto.

Había percibido la posibilidad de descifrar una formación del inconsciente, y con su desciframiento trata de hacer desaparecer un síntoma. Como respuesta a este saber de Freud, interviene el amor de transferencia a modo de sorpresa. El terapeuta aparece ahí interesando al paciente, y desencadena su amor en medio de una actividad que se presenta como científica y terapéutica.

Esta llegada imprevista de la transferencia como amor al saber del analista, la hace aparecer como un fenómeno parasitario que perturba la continuación del trabajo.

En un primer tiempo el paciente, por el amor, intenta agradar a su analista y habla de sus síntomas, pero esto funciona posteriormente como tapón. Vemos que no quiere saber nada y deja de asociar, solo quiere amar. Quien impulsa el trabajo en este segundo tiempo es el deseo del analista, que no apunta a completar al otro sino a las determinaciones inconscientes de ese sujeto.

1-La transferencia en Freud

  1. En un primer tiempo Freud estudia este término descubre su origen, y presenta la transferencia como la carga de libido que el individuo parcialmente insatisfecho orienta hacia el médico.

En el texto «La dinámica de la transferencia » de1912,Freud explica por qué la transferencia surge necesariamente en toda cura analítica y cómo sin su presencia no hay trabajo analítico.  «Recordemos, dice, que está determinada por la acción de influencias experimentadas durante los primeros años infantiles».

Estas influencias condicionan la modalidad especial de su vida erótica fijando los fines de la misma, las condiciones que el sujeto habrá de exigir de ella, y los instintos que en ella habrá de satisfacer.

Sólo una parte de las tendencias que determinan la vida erótica ha realizado una evolución psíquica completa y se halla a disposición de la personalidad consciente; otra parte de las tendencias libidinosas ha quedado detenida en su desarrollo por la conciencia y sólo se ha desplegado en la fantasía, o ha permanecido en lo inconsciente.

Freud presenta en este texto la transferencia como la carga de libido que el individuo parcialmente insatisfecho orienta hacia el médico. El individuo cuyas necesidades eróticas no son satisfechas por  la realidad, orientará representaciones libidinosas hacia toda nueva persona que surja en su horizonte, siendo muy probable que las dos porciones de su libido participen en el proceso.

Aquellas peculiaridades de la transferencia cuya naturaleza no se justifica, se nos hacen comprensibles al reflexionar que dicha transferencia no ha sido establecida por representaciones conscientes sino también por las retenidas e inconscientes.

  1. Posteriormente Freud acentúa la transferencia como repetición y plantea que la transferencia permite el desplazamiento de representaciones inconscientes sobre el analista, facilitando la repetición. Se plantea la neurosis de transferencia como reactivación y repetición de la neurosis infantil.

En el comienzo del texto «La dinámica de la transferencia»1912 afirma que cada individuo tiene un cliché del que saca infinitas copias, siempre que las circunstancias externas se lo permitan, y que la transferencia es el momento en que el analista es captado en ese cliché, el momento en que la carga libidinal introduce al médico en una de estas series que el paciente ha formado en su existencia. Así será identificado a la imago del padre ó de la madre, etc.

Una neurosis es consecuencia de la disminución de la libido consciente, y un aumento de la libido en el inconsciente; la libido queda así reducida a alimentar las fantasías del sujeto.

  1. La cura analítica quiere descubrir esta libido y ponerla al servicio de la realidad, pero todas las fuerzas que motivaron la regresión de la libido se alzarán contra la cura en calidad de resistencias. Cada ocurrencia y cada acto del sujeto tienen que contar con la resistencia. El análisis se presenta  así como una transacción entre las fuerzas favorables a la curación y las opuestas a ella.

En «Observaciones sobre el amor de transferencia» 1915.Freud trata las dificultades en el manejo de la transferencia, entre ellas la de que el paciente se enamore del médico. «Hemos de sospechar que todo lo que viene a perturbar la cura es una manifestación de la resistencia». Pero la resistencia misma no crea este amor, lo encuentra ya ante si y se sirve de él exagerando sus manifestaciones.

Tomamos este amor como una situación que ha de ser referida a sus origenes inconscientes y que nos ayudará a llevar a la conciencia los elementos más ocultos de la vida erótica, sometiéndolos a su dominio consciente, conduciéndonos a los fundamentos infantiles de ese amor.

Este sentimiento amoroso se deduce de la repetición, reactualización de antiguos amores infantiles.

A partir del caso Dora emerge la significación precisa de la transferencia freudiana como reediciones de impulsos y fantasías que han de ser despertados y hechos conscientes. Estos impulsos se caracterizan por la sustitución de cualquier persona anterior por la persona del médico.

También es posible que toda una serie de sucesos psíquicos anteriores cobren de nuevo vida, no como pasado, sino como relación actual con la persona del médico.

La transferencia aparece pues, como un fenómeno aberrante, una ilusión, » En este terreno ha de ser conseguida la victoria, cuya manifestación será la curación de la neurosis»

El vencimiento de los fenómenos de transferencia ofrece la máxima dificultad, pero también a través de ellos se hacen actuales los impulsos eróticos ocultos y olvidados por los enfermos.

  1. Posteriormente Freud resolvió dejar de darle tanta importancia al conocimiento consciente y a la repetición, le interesa más lo que hace obstáculo a la asociación libre, es decir las resistencias que han determinado la ignorancia.

«Los enfermos conocen los sucesos reprimidos en su pensamiento, pero éste carece de un enlace con el lugar en el cual se halla contenido de algún modo el recuerdo reprimido. Para que pueda iniciarse alguna modificación es necesario que el proceso mental consciente haya penetrado hasta aquel lugar y haya vencido las resistencias de la represión»

Cuando la transferencia parecía ser el motor del análisis se podía identificar con la repetición.

Ahora que se trata de despejar su función de traba se disimula bajo la resistencia como lo que se opone a la continuación del análisis y a la asociación libre.

  1. Freud se plantea en «Observaciones sobre el amor de transferencia» 1915,si el enamoramiento  que se hace manifiesto en la cura analítica puede ser tenido por verdadero.

«La participación de la resistencia en el amor de transferencia es indiscutible y muy amplia. Pero la resistencia misma no crea este amor; lo encuentra ya ante sí y se sirve de él, exagerando sus manifestaciones».

La situación así creada no es diferente al verdadero amor, pues este enamoramiento se compone de nuevas ediciones de rasgos antiguos y repite reacciones infantiles.

Para Freud no existe amor que no tenga su prototipo en la infancia y aclara «no tenemos derecho alguno a negar el carácter de auténtico al enamoramiento que surge en el tratamiento analítico»

  1. Freud en el texto «Recuerdo repetición y elaboración»de1914,da cuenta de una evolución de la técnica cuyo fin es la supresión de las lagunas del recuerdo y el vencimiento de las resistencias de la represión. El analizado no recuerda nada de lo olvidado o reprimido, sino que lo vive de nuevo. No lo reproduce como recuerdo, sino como acto.

Lo repite sin saber que lo repite, según Freud » no tardamos en advertir que la transferencia no es en sí misma más que una repetición, y la repetición no es más que la transferencia del pretérito olvidado».

Extiende así la transferencia hasta hacerla cubrir toda la dimensión de la cura analítica. La manera de refrenar la compulsión repetidora y convertirla en un motivo de recordar, se consigue con el manejo de la transferencia.

Tenemos que estar preparados a que el analizado se abandone a la repetición que sustituye en él el impulso a recordar, no sólo en lo que afecta a su relación con el médico sino a todas las demás actividades y relaciones de la vida. En la cura se produce una nueva neurosis, que Freud llama de transferencia, y que considera como una enfermedad artificial propia del psicoanálisis de la que puede ser curado por la labor terapéutica .Todos los síntomas del paciente adquiren una nueva significación.

Es el triunfo de la repetición sobre la rememoración. La transferencia aparece entonces cuando la repetición triunfa sobre la exigencia de recordar.

En este texto Freud opone rememoración a repetición. La rememoración es prioritaria a la repetición, pero la repetición es también una modalidad de lo reprimido sólo que en lugar de ser dicho se manifiesta por un comportamiento en el registro de la transferencia.

Dicho de otro modo: recuerdo y repetición en acto son efectos de la repetición. Pero si bien el recuerdo se apoya en la transferencia positiva para producir material nuevo, la puesta en acto se apoya en la resistencia de transferencia.

También la puesta en acto produce material nuevo, sólo que en este caso el paciente no sabe que se trata de una repetición.

Rememoración y repetición son producciones de lo reprimido, y Freud precisó su objetivo: acceder a lo inconsciente.

Deben surgir las representaciones reprimidas para que sean accesibles a la interpretación. De igual modo serán interpretables el sueño, el lapsus y el chiste.

Pero Freud aborda la técnica a partir de la constatación de que estas vías de acceso al inconsciente están sembradas de obstáculos, que considera como una resistencia a la que llama resistencia de transferencia. También plantea esta resistencia como un fenómeno cuyo origen hay que encontrar.

  1. En «Más allá de principio del placer» 1920, afirma que para comprender esta obsesión de repetición manifestada en el tratamiento psicoanalítico de los neuróticos, «hay que liberarse ante todo del error que supone creer que en la lucha contra las resistencias se combate contra una resistencia de lo inconsciente. Lo inconsciente, esto es, lo reprimido no presenta resistencia alguna a la labor curativa; no tiende por sí mismo a otra cosa que a abrirse paso hasta la conciencia».

Las resistencias vienen del yo, no de lo reprimido. Vienen del yo porque la liberación de lo reprimido produce displacer. Tenemos pues una oposición entre resistencia, que es referida al yo , y  la repetición que es repetición de lo reprimido.

La edad de Oro del psicoanálisis, en la que predominaba el arte de interpretar y el síntoma se desvanecía fácilmente tras el desciframiento, se perdió pronto y Freud señala que era necesario analizar las resistencias. El inconsciente, en un principio abierto, gracias a la interpretación, parecía retroceder progresivamente volviéndose rebelde a la intervención del analista.

Si Freud se dedicó entre 1911y1915 a estudiar la técnica, fue para responder a la dificultad que representaba el comienzo de un cierre del inconsciente.

A partir de 1928 se interroga más radicalmente sobre los términos transferencia y resistencia.

Si la resistencia al análisis revela que el sujeto puede no satisfacerse con su placer es porque este placer depende de un más allá al que continúa sometido. Este descubrimiento provoca lo que se llamó el viraje de los años veinte, al que cada alumno de Freud intentó contribuir.

Ferenczi, mantiene la rememoración como objetivo del análisis. Su hipótesis es que la puesta en acto es el soporte de un material inconsciente que se trata de reintroducir en la rememoración.

Freud le responde con «Análisis terminable e interminable» 1937, donde confirma la importancia final del «terreno de la transferencia», pero no todo puede caber en él.

En este texto plantea que hay lagunas de material, aunque no se trata únicamente de las lagunas, sino de las razones de esas lagunas, o sea, de la resistencia.

Esta resistencia se manifiesta de una única forma: el sujeto deja de plegarse a la regla fundamental. No abandonamos el terreno de la transferencia, pero el enemigo es ahora el analista a quien se le adjudica aquello de lo cual el sujeto no quiere saber más.

En «Construcciones en análisis» 1937, plantea que la interpretación no es lo único en el acto del analista: «su tarea es hacer surgir lo que ha sido olvidado a partir de las huellas que ha dejado tras sí, o más correctamente, construirlo»

2 -La transferencia en Lacan

Lacan nos ayuda a despejar el término de transferencia haciendo una conexión entre amor y saber.

a- Un saber posible

La idea inicial es que el saber que va a elaborarse en la experiencia analítica en un sentido ya está allí. La hipótesis del inconsciente es necesaria para explicar la transferencia.

El inconsciente podemos definirlo como el lugar donde permanecen en reserva las determinaciones del sujeto, y la transferencia como el proceso por el cual estas determinaciones son reveladas por la palabra.

Así pues el inconsciente es el lugar de un saber. Un saber que designa al conjunto de las determinaciones que rigen la existencia del sujeto, pero un saber que escapa al sujeto.

Es un saber que escapa al sujeto en el sentido que él lo ignora. «es una ignorancia activa, un  rechazo; lo que él prefiere no saber.Hay una elección en la represión, una elección que el psicoanálisis pone en entredicho y que la transferencia reorganiza»

Pero el saber del inconsciente, no solo se manifiesta en la transferencia, existen en la vida corriente: lapsus, actos fallidos, sueños, síntomas. «Estas formaciones del inconsciente suponen una significación, en la que el sujeto vacila en reconocerse»; ¿ Cual es ese saber que escapa de mi, y sin embargo me determina?.

Para que haya demanda de análisis, hacen falta dos cosas: el sufrimiento y el cuestionamiento.

La demanda de análisis, es una demanda de ayuda, pero sobre todo una demanda – una pregunta – dirigida al analista en función de ese saber supuesto al inconsciente.

El analizante se dirige a un lugar, el del Otro, en el que debe admitir que su existencia se decide. Pues el lapsus no es el error, como tampoco lo son el acto fallido o el sueño, por absurdo que parezca. Estas manifestaciones inquietan al sujeto porque son «de él» cuando sin embargo él se  niega a reconocerse en ellas. Son de él y le dicen un mensaje sobre su verdad mas íntima.

El punto de partida de la transferencia reside en el reconocimiento por el sujeto de ese saber extraño. Lo que el sujeto no sabe sobre si mismo hay que deducir que es el Otro el que lo sabe.

¿Dónde busca la verdad? La busca según Lacan, en su palabra, en el analista en tanto que gran Otro.

La estructura de la situación analítica coloca al analista en posición de oyente del discurso que estimula en el paciente, según el movimiento de la asociación libre. Pero esta posición de oyente¿ es pasiva?.

Obviamente el que aparece en actividad en la experiencia analítica es el paciente. Pero el oyente, su aval, su interpretación, decide el sentido de lo que es dicho, decide acerca de la significación, de lo que le es dirigido. «El analista en el lugar del Otro, funciona como sujeto que se supone sabe el sentido».

Un Otro que desde el lugar del inconsciente puede responder a aquel que le pregunta.

Vemos que la transferencia es lo que ofrece al analista el lugar desde donde puede oír a aquel que se confía a él , y desde donde puede responderle, es decir interpretar.

Este lugar se apoya en un saber que únicamente es supuesto, ya que al comienzo nadie puede enunciarlo. El analista no es adivino, no sabe del inconsciente más que su paciente; sólo puede descifrar lo que las asociaciones del paciente contienen de mensaje.

b -¿y el amor?

La postulación de que el saber inconsciente toca al principio de la transferencia se deduce de los primeros textos de Freud.

El amor de transferencia sólo es el término que designa al conjunto de los fenómenos que se producen cuando el analizante se consagra a la asociación libre.

Hay que distinguir esta vertiente de la transferencia (la vertiente pasional, en oposición a la vertiente dirigida hacia el saber inconsciente) del conjunto de afectos que surgen en la cura. Estas últimas emociones son suplementos de la palabra asociativa, no pertenecen a la transferencia sino a la repetición, que es propia de la conducta del neurótico.

El amor de transferencia es otra cosa. Se debe a la presencia del analista y a la función que ocupa en la cura.

Se da el caso que el amor ceda el sitio al odio. Se habla entonces de transferencia negativa, aunque de negativa no tenga nada, solamente es mas difícil de manejar por el analista y, sin duda menos agradable para él. Desde el punto de vista de la transferencia, amor y odio son equivalentes, son pasiones producidas por la transferencia.

El analizante ama a su analista a causa de lo que le ha confiado cuando decidió comenzar su análisis, es decir, lo que no sabe sobre sí mismo. De lo contrario, si lo supiera ¿ qué tendría que aprender en la cura?.

Lo que él no sabe, es lo que supone a su inconsciente y «transfiere» por esta suposición al analista. En efecto, está claro que el analista no sabe más que lo que el analizante le ha confiado al comienzo. Lo que sabe el analista, por el saber inconsciente, no lo sabe sino a medida que el sujeto lo va diciendo. Sólo puede saber lo que el analizante dice sin oírlo, porque prefiere reprimirlo para seguir ignorándolo.

El analista solo está obligado a responder. Está obligado a responder al amor en términos de saber. Responde – interpreta – para hacer de ese saber una verdad que cambia al sujeto.

Hemos visto que la transferencia descansa en el desplazamiento, en el depósito del lado del analista de un saber supuesto.

El paciente llega al analista cuando espera que conocer las razones de este sufrimiento lo suprimirá. Sin embargo, saber estas razones no lo suprime forzosamente. Por el contrario, debe obrar con ellas. Sucede que las razones de un sufrimiento, un saber, pueden ser tan dolorosas como el síntoma que producían cuando permanecían inconscientes.

Cuando un sujeto demanda análisis es porque el confort mantenido por la represión ha sido  destruido. Pero al confiar a su analista la causa de su incomodidad se establece un nuevo equilibrio engañoso.

Al sujeto puede parecerle que este equilibrio exige el mantenimiento de su ignorancia. El que sabe es el Otro: lo que sabe y que yo le he confiado, que lo guarde. Esto hace más soportable la ignorancia.

El analizante sabe bien que el depósito confiado al analista sigue siendo su bien más preciado – el corazón de su ser – y por eso no desea romper la relación. Entonces la mantiene, pero su resorte ya no es la llamada al saber. Su vínculo con el analista se reduce entonces al amor.

Así, la transferencia se presenta bajo dos vertientes conflictivas: por una parte, sostiene la llamada  del sujeto al saber inconsciente y por otra, bajo el disfraz de amor mantiene al sujeto separado de este saber. En su primera vertiente señala una apertura del inconsciente, y en su segunda vertiente, un cierre.

c – manejo de la transferencia

El sujeto comprometido en análisis se ve conducido a producir, por su palabra, el saber inconsciente. El inconsciente quiere decir que el ser hablante no es libre, ni de sus actos ni de sus palabras. Solo  es libre de elegir estar de acuerdo con ellos.

La apertura del inconsciente no exige del analista más que una discreta presencia, que suele bastar para que el analizante oiga sus palabras, la interpretación del saber inconsciente. Cuando cesa esta apertura y se eleva la voz del amor, o cuando se extiende el silencio, la discreción ya no es oportuna.

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