PUBLICACIONES DE PSICOANÁLISIS DE ORIENTACIÓN LACANIANA

Los sinsentidos y su relación con la ‘visión’ y la ‘ceguera’ de aspectos. Wittgenstein y el psicoanálisis

Mandy Toro

Autor/a invitado/a de la Sección Clínica de Madrid (Nucep)

WITTGENSTEIN Y EL PSICOANÁLISIS

  1. Introducción (1)

En este trabajo abordaré el tema de la “visión” y la “ceguera” de aspectos, tal y como las plantea Wittgenstein, articuladas con los sinsentidos en su filosofía y en psicoanálisis.

He notado que desde la época de Tractatus Lógico-Philosophicus (2) este autor se interesó por los sinsentidos, un problema que trabaja a lo largo de toda su producción filosófica. Existe una relación entre el ir “contra los muros del lenguaje”, característicamente humano, y la consecuente producción de sinsentidos, tal y como lo ha notado este filósofo. Los sinsentidos constituyen modos inevitables  de la expresión humana y esto, a su vez, se constata en la práctica analítica. Planteo entonces, de un modo introductorio, las posibles relaciones entre Wittgenstein y el psicoanálisis, en tanto que ambas perspectivas otorgan una gran importancia al lenguaje, sus límites y el sinsentido.

  1. Desarrollo

Según Wittgenstein la “visión de aspectos” es un modo de relacionarnos con el mundo que requiere de la capacidad imaginativa, sin embargo el “ver aspectos” es algo diferente del imaginar (Wittgenstein, BPP, II) (3).

Hay personas que emplean su capacidad imaginativa sin ser capaces de percibir ciertos aspectos; esto se debe –según el autor- a una carencia en el modo en que se experimenta la vivencia (Wittgenstein, PU) (4) puesto que esta implica una actitud abierta por parte del sujeto en su modo de acercarse al mundo. La percepción de aspectos está, por tanto, relacionada con la voluntad (Wittgenstein, BPP, II) (5).

Un aspecto también puede aparecer a pesar de que no exista una actitud especialmente abierta por parte del sujeto (Wittgenstein, BPP, II), pues muchas veces un “ciego para los aspectos” es sorprendido con una visión nueva (Wittgenstein, PU, II): “Contemplo un rostro, y de repente me percato de su semejanza con otro. Veo que no ha cambiado; y sin embargo, lo veo distinto. A esta experiencia la llamo ‘observar un aspecto’” (Wittgenstein, PU, II).

Existen modos de saber cuándo alguien es (in) capaz de percibir ciertos aspectos, por medio de la presencia/ausencia de la expresión verbal, la sorpresa o por ciertas reacciones corporales o gestuales. Como indica Krebs, “mi cuerpo no solo ve, y escucha, toca, y sabe y huele, sino también aprende a hablar, y así extiende todos nuestros sentidos abriendo una nueva dimensión sensible que se proyecta más allá de lo material, a través de la facultad de la lengua” (6). Una persona capaz de percibir “aspectos” posee una vivencia de la complejidad gramatical que se caracteriza por su dinámica y por sus múltiples relaciones internas. La “visión de aspectos” permite los diferentes juegos del lenguaje (Wittgenstein, BPP, II) y habilita la formulación de un panorama más amplio y perspicuo de las potencialidades de acción a partir de una situación gramatical que se halla inmersa en un espacio lógico dado.

Según el psicoanálisis esta tarea es factible siempre y cuando se tenga presente que hay un límite insoslayable, es decir, que aunque el lenguaje y sus juegos sean infinitos por estructura se tropezará finalmente con un límite que hará las veces de borde, pero que motorizará, a su vez, otros posibles juegos.

La “ceguera de aspectos”, por otro lado, es para Wittgenstein una falla en el dominio del lenguaje: “Entender una oración significa entender el lenguaje. Entender un lenguaje significa dominar una técnica” (Wittgenstein, PU). El “fallo” no radica, pues, en el desconocimiento de las palabras o de sus significados, tampoco se relaciona con una imposibilidad en la captación del dato empírico, sino más bien en una limitada percepción de lo gramatical. Este autor propone entonces enseñar la “técnica” al ciego de aspectos (7).

En psicoanálisis se observa con frecuencia que el ser humano emplea su capacidad imaginativa y voluntad para no ver ciertos aspectos, es decir, el ser hablante opta –sin saberlo- por ser un ciego ante ciertas cuestiones que le resultan insoportables. La “falla en el dominio de la técnica” de que nos habla Wittgenstein es comprendida como algo estructural, inaugural. No existe, en este respecto, técnica o enseñanza posible que permita escribir lo real de la muerte o de la relación sexual, sin embargo es factible que en un análisis -por medio de la imaginación, la voluntad, entre otras cosas- se llegue a circunscribir el encuentro con lo imposible, experimentado de forma única por cada ser hablante, lo que daría cuenta de su singularidad.

Según Wittgenstein, el “ciego para los aspectos” posee un modo de acercamiento diferente al mundo, “actúa más ‘como autómata’” (Wittgenstein, BPP, I), así, la “ceguera de aspectos” ha sido relacionada frecuentemente con la locura. “Lo que hace a la alucinación, lo mismo que al mito, es el empequeñecimiento del espacio vivido” (Merleau-Ponty, FP) (8). El empequeñecimiento de que nos habla Merleau-Ponty hace referencia a un modo particular de (no) ver ciertos aspectos, pero esto valdría también para quien interpreta –equivocadamente muchas veces- que eso que nos muestra el loco carece de verdad. En este respecto Jacques-Alain Miller -en la última Conversación Clínica de Barcelona (9)- explicaba por qué el loco y el genio son relacionados con frecuencia: ambos tienen  una forma distinta de ver el mundo, pues captan muchas veces aspectos inadvertidos para la mayoría. El genio y el loco, sin embargo, pueden ser “ciegos” para otros aspectos, pues, aunque ambos se pronuncian ante el poder de la costumbre y los paradigmas establecidos, sucede que en ciertas situaciones -sostenibles para el común de los mortales- se muestran incapaces de ver y actuar. Tal vez la visión del genio o el loco no sea necesariamente la muestra de un “empequeñecimiento del espacio vivido” (puesto que todos los seres humanos experimentaríamos este “empequeñecimiento”, de una u otra manera) sino un modo distinto de comprender la realidad.

Wittgenstein experimentó en carne propia esa periferia, concluyendo que había una imposibilidad para transmitir la experiencia del campo ético, estético y religioso a través de un lenguaje significativo (10); así, en la Conferencia de ética (1930) nos dice:

Ahora me doy cuenta de que estas expresiones sin sentido no carecían de sentido porque todavía no hubiera encontrado las expresiones correctas, sino que su carencia de sentido era su misma esencia. Puesto que todo lo que quería hacer con ellas era precisamente ir más allá del mundo y eso quiere decir más allá del lenguaje significativo. Mi tendencia, y creo que la tendencia de todos los hombres que han intentado alguna vez escribir o hablar de ética o religión, ha sido ir contra los límites del lenguaje. Este ir contra los muros de nuestra jaula es perfecto, absolutamente desesperado. La ética, en la medida en que surge del deseo de decir algo acerca del sentido último de la vida, de lo absolutamente bueno, de lo absolutamente valioso, no puede ser ciencia. Lo que dice no añade  nada, en ningún sentido a nuestro conocimiento. Pero es un testimonio de una tendencia humana que, personalmente, no puedo evitar respetar profundamente y que no ridiculizaría por nada del mundo (11).

En primer lugar, vemos que para Wittgenstein los enunciados éticos y religiosos son “especiales”. Su preocupación era reconducir la labor filosófica por medio de la disolución de falsos enunciados y ciertos problemas sin sentido. Los enunciados éticos, estéticos y religiosos (y los sinsentidos) se mostraban importantes pero una filosofía no podía construirse a partir de ellos, según este autor. Aunque este filósofo no abordó los enunciados “especiales” de la manera en que lo hace el psicoanálisis, se puede notar que para ambas perspectivas la creación de sinsentidos es estructural, pues es resultado del intento de traspasar los límites del lenguaje.

Debemos diferenciar, entonces, los sinsentidos susceptibles de ser erradicados (en tanto que son el producto de una falla rectificable en el dominio de la técnica) de los sinsentidos como expresión que vienen a mostrar una imposibilidad fundamental que no puede ser acogida en un plano descriptivo.

Los sinsentidos como expresión de una imposibilidad fundamental e irreductible son tratados por Wittgenstein como lo “místico” (12), en este respecto nos dice: “de lo que no se puede hablar, hay   que callar”, en el parágrafo 7 del TLP. Debo aclarar que el silencio propuesto por Wittgenstein ante estos sinsentidos -y la imposibilidad que muestran- no es a priori, sino más bien una conclusión lógica. La actitud silente ante lo “místico” es una suerte de punto de capitoné que pondría fin a la deriva infinita del (sin) sentido (13).

El silencio a posteriori daría paso a un acto inédito, un registro distinto al mero decir repetitivo, puesto que incluye en el horizonte de la experiencia ese resto que, luego de ser despejado, se hace causa de nuevos modos de ver, conocer y actuar.

Me parece importante recalcar que en psicoanálisis se llega a ese hueso-sinsentido por medio de la vía del sentido. La búsqueda de sentido posee, no obstante, un límite; una conclusión se construye luego de escudriñar y disolver otros (sin) sentidos. La conclusión-sinsentido nunca será la misma  para diferentes sujetos, pues parte de la experiencia singular que cada uno ha tenido con lo real. El ser humano, valiéndose de su herramienta más preciada, a saber, el lenguaje, interpreta la imposibilidad a través del sinsentido. El sinsentido es, pues, el resultado del encuentro con una hiancia fundamental que se mostrará en cada caso de maneras diferentes.

En consecuencia, sugiero también la consideración de -al menos- dos modalidades de la “ceguera de aspectos”: una que respondería a una incapacidad para ver aspectos, modificable hasta cierto punto, y otra que comenzaría con la imposibilidad estructural, algo que escaparía para siempre del campo  de la “visión” y que (des) aparecería en los límites mismos del lenguaje en tanto que nadie sería capaz de ver o articular “adecuadamente” ciertas experiencias. Esto implicaría una revisión de los sinsentidos en relación con sus (im) posibilidades epistémicas, éticas y expresivas, pues al reconocer -en cada caso- los modos en que el hombre intenta traspasar los límites del lenguaje se logrará  cercar algo de sus modos de conocimiento, acción y expresión.

Para finalizar solamente me queda decir que encuentro ciertas similitudes entre el psicoanálisis, la filosofía, el arte y la poesía.

Es posible establecer una analogía entre el dichten filosófico y el dichten poético a partir de la constatación de que Wittgenstein representa tanto al filósofo como al poeta –o, generalizando, al artista– como interesados en obrar una especie de mutación de aspecto en relación con el objeto al cual dirigen su atención (…) Si tuviéramos que valorar el mérito de un Copérnico o de un Darwin, sería más apropiado decir, según Wittgenstein, que este no consiste en el descubrimiento de nuevas teorías, sino en haber logrado poner en evidencia “un nuevo aspecto fecundo” (Andronico, 1999) (14). Este es también el quid de la experiencia analítica, encontrar, luego de muchas vueltas, un nuevo modo de saber-hacer con lo real del goce, elevando el sinsentido-resto al estatuto de causa en tanto que es lo más íntimo y característico del ser hablante, contando siempre con la sorpresa que conlleva el reconocer y el actuar a partir de la “visión de nuevos aspectos”.

NOTAS

  • Este trabajo es una adaptación de la ponencia que presenté en las IV Jornadas de la Nueva Escuela Lacaniana (NEL) “Los nombres de la angustia en el mal vivir actual”. Guayaquil-Ecuador. 27, 28 y 29 de octubre de 2006.
  • Wittgenstein, Ludwig, Tractatus lógico-philosophicus, Alianza Editorial, Madrid, [1918] 1995.
  • Bemerkungen über die Philosophie der Psychologie, parte I o II, según sea el caso. Wittgenstein, Ludwig, Observaciones sobre la filosofía de psicología, Universidad Autónoma de México, México, [1947-1948] 1997.
  • Philosophische Untersuchungen, parte I o II, según sea el caso. Wittgenstein, Ludwig, Investigaciones filosóficas, Universidad Autónoma de México, México, [1949] 1988.
  • “El aspecto se encuentra sujeto a la voluntad” (BPP, II).
  • Krebs, Víctor, “Ver aspectos, imaginación y sentimiento en el pensamiento de Wittgenstein” en Apuntes Filosóficos, n. º 18, 2001, Universidad Central de Venezuela, Caracas.
  • La técnica es el uso del lenguaje, dependiente de los espacios lógicos.
  • Merleau-Ponty, Maurice, Fenomenología de la percepción, Ediciones Península, Barcelona, [1945] 1975.
  • Instituto del Campo Freudiano (ICF). Conversación Clínica: casos que enseñan, Barcelona, España: 21 y 22 de febrero de 2009.
  • Propio de la lógica, la ciencia y la filosofía.
  • Wittgenstein, Ludwig “Conferencia de ética” en Ocasiones filosóficas. Colección teorema, Madrid, [1930] 1997.
  • Tal y como designaba en esa época lo inefable.
  • Wittgenstein, de hecho, concluye el TLP de esta manera.
  • Andronico, Marilena “Sensibilidad por las formas: filosofía y poesía en Wittgenstein” en Filosofía  y poesía: dos aproximaciones a la verdad, Compilación: Gianni Vattimo, Editorial Gedisa, Barcelona, 1999.
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