Presentación del Seminario XVI


 
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Vamos a comenzar a estudiar hoy, con la orientación de Pierre-Gilles Guéguen, el Seminario XVI De un Otro al otro, que hemos elegido como texto para este año del Seminario del Campo Freudiano no sólo porque era el único Seminario publicado que aun no habíamos trabajado, sino porque hay a lo largo de su desarrollo el comienzo de algunos temas importantes para nosotros. Es este el Seminario en el que Lacan procura – y se lo ve buscar en diversas direcciones – con los instrumentos del estructuralismo, de la lógica y las matemáticas y por fin de la topología -que no es aún la de los nudos – hacer una lectura rigurosa, seria (dice en la página 12) de la práctica psicoanalítica.

Para ello nos será muy útil manejar al menos los rudimentos de la lógica matemática y es por esa razón que les recomiendo la lectura de un texto de Jacques-Alain Miller “La lógica del significante” que es un seminario que dio en Buenos Aires en 1981 y que es el primer texto del volumen Matemas II. Miller decía en ese texto “(…) la lógica del significante parásita la lógica matemática y exige que se tengan algunas nociones de lógica matemática.” Afortunadamente contamos con ese texto que nos ayuda a entender el Seminario XVI.

Es un Seminario valioso y difícil. Vemos ya en estos primeros capítulos que nos corresponde comentar hoy que Lacan busca, busca en todas direcciones, en tantas direcciones que recién encontrarán su acabamiento en Seminarios posteriores, que los oyentes de la época dudan de su coherencia (según nos cuenta JAM en una presentación de este seminario que hizo en su Curso de la Orientación lacaniana). He de confesarles que para mí constituyó un alivio encontrar que mi desconcierto inicial era compartido. Me preguntaba -como otros también- ¿adónde va? ¿Por qué habla ahora de esto? Es esta su dificultad y en parte también su valor porque nos hace compartir lo que una mente privilegiada, la de Lacan, hace en su búsqueda de respuestas.

Comienza el Seminario – como ya les dije – tratando de hacer una lectura lógica de la práctica psicoanalítica y para ello propone una nueva repartición de sus real, simbólico e imaginario, dejando ahora simbólico e imaginario del mismo lado, ambos como semblantes, en oposición a lo real que es definido por la imposibilidad. Es un cambio mayor ya que en la época del llamado retorno a Freud, Lacan había considerado fundamentalmente la oposición simbólico/imaginario y dejado lo real meramente como residual. Era además el tiempo de la primacía de lo simbólico.

Sin entrar en detalles, de los que se ocupará seguramente, Guéguen, les diré que con la frase que coloca en la pizarra al comenzar el seminario La esencia de la teoría psicoanalítica es un discurso sin palabras, preanuncia sus dos siguientes seminarios: El Seminario XVII  El reverso del psicoanálisis, en el que utiliza el instrumento que le ha ofrecido la antropología estructural, en particular Las estructuras elementales del parentesco, de C. Lévi-Strauss, para ofrecer los 4 discursos. Esta aproximación estructural deja de lado por completo la significación, es un discurso sin palabras, es la presentación y permutación de matemas. Y el Seminario XVIII De un discurso que no fuera de semblante en el que comienza otra concepción del lenguaje, empieza a hablar de lalengua, escrito en una sola palabra, considerada como una incidencia de la lengua en lo real del cuerpo.

Analiza asimismo en este comienzo del Seminario por qué la afirmación de que la esencia de la teoría psicoanalítica es un discurso sin palabras lleva a afirmar que no hay universo de discurso, que el discurso no es cerrado. Es decir por qué el Otro del psicoanálisis no es completo ni consistente.

Para ir terminando mi presentación inicial quisiera referirme al momento en que tiene lugar este Seminario. La primera reunión es de noviembre del 68, es decir que aún son muy recientes los llamados “acontecimientos de mayo” del 68. Hay numerosas huellas a lo largo del seminario de la presión que se ejerce sobre Lacan para que intervenga en el movimiento estudiantil. La posición peculiar de Lacan fue expuesta por Guéguen con ocasión de la presentación del Seminario XX hace unos años. Me gustaría recordarla.

Subrayaba Guéguen que en un contexto social renovado vertiginosamente Lacan supo conservar la brújula de su reflexión sin dejarse arrastrar por la demanda social de la época. Era un momento de entusiasmo, de exaltación y Lacan supo llegar a los jóvenes, a las mujeres de los movimientos de liberación, a los participantes en los movimientos gay sin que la orientación que daba al psicoanálisis se desviara por la presión de los ideales sociales. Creo, decía entonces Guéguen que este es un fantástico ejemplo para nosotros.

Y me permito aclararlo diciendo que esta ha de ser la posición del analista, comprometido con su época, interesado pero no dejándose arrastrar por los ideales sociales.

Daré algunos ejemplos: la primera frase del Seminario habla de “qué pasa con este discurso llamado el discurso psicoanalítico, cuya intervención en el momento actual conlleva tantas consecuencias.”(p.11) Y en la p.16 dice que recurrirá a Marx cuyas palabras debió haber introducido antes “en un campo (el del psicoanálisis) donde está perfectamente en su lugar”. Es por eso que en este Seminario Lacan formulará la dimensión del objeto a como plus de goce, considerando o deducido del concepto de plusvalía de Marx y al mismo tiempo corrigiendo, criticando el concepto marxiano. Es necesario añadir – como ya lo había adelantado en otros términos en el Seminario VII La ética del psicoanálisis – junto al valor de cambio y de uso de Marx, el valor de goce lacaniano. Con esta cuestión el plus de goce es toda la relación del sujeto con el goce lo que cambia y habría que comparar la posición de Lacan respecto al goce en el Seminario VII y en este para ver la transformación radical de la relación del sujeto con el goce.

La función del plus de gozar aparece “como efecto del siluros y demuestra en la renuncia al goce un efecto del discurso mismo.” (p.17) Con estos desarrollos preanuncia una concepción de la castración independiente de la función paterna que constituirá ya un concepto clave de la ultimísima enseñanza de Lacan. Remite a una castración primera que por el hecho de ser hablante hay una pérdida y una correlativa recuperación en el fantasma. Y otra castración diferente, la ligada al Nombre-del-Padre, al Edipo, por la que los seres humanos tenemos distintas posiciones subjetivas a partir de cómo se haya constituido la metáfora paterna para cada uno. En las pp. 20 y 21, Lacan reivindica que las referencias y configuraciones económicas, marxistas, “son aquí mucho más propicias que las que se ofrecían a Freud provenientes de la termodinámica.”

Miriam Chorne

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