PUBLICACIONES DE PSICOANÁLISIS DE ORIENTACIÓN LACANIANA

Freud: sobre la sexualidad femenina (1931)

Alexandra Reznak

Autor/a invitado/a de la Sección Clínica de Madrid (Nucep)

Un breve recorrido por la obra de Freud hasta 1931

1905 Tres ensayos para una teoría sexual

A propósito de la sobreestimación sexual del objeto que hallamos en el hombre, Freud mencionaba el “espeso velo” tras el que se oculta la vida erótica de la mujer, que impide evaluar si existe o no en ella un fenómeno semejante.

Paralelamente a su descubrimiento del inconsciente, Freud elabora el mito de Edipo y el complejo de castración. Basándose en su clínica, evidencia que la libido es masculina. Dice: “La sexualidad de las niñas tiene un carácter enteramente masculino. La libido es, de manera regular y conforme a leyes, de naturaleza masculina, ya se manifieste en el hombre o en la mujer”.

Cuando la niña percibe el órgano del niño se frustra, lo envida, lo reivindica. Para la niña todos los seres humanos lo tienen, y si ella no tiene uno tan grande como el varón es por culpa de su madre. Su madre la ha frustrado, la ha castigado.

En los años 20 Freud comienza a dudar acerca de la idea de una feminidad definida por la ausencia de pene, que se traduciría en el hombre por el horror de la castración y por el penisneid en la mujer. Es cuando empieza un debate para esclarecer la teoría partiendo de la clínica y pone a las mujeres analistas a trabajar en el tema. Freud plantea que su condición de analista hombre pueda impedir a sus pacientes decir algo más sobre la fase fálica. Es cuando empieza un debate sobre la fase fálica en la niña.

Fue, por lo tanto, el mismo Freud quien inició el debate relativo al complejo de castración, porque su complejo de Edipo no se verificaba siempre en la clínica.

El complejo de castración una paradoja:

¿Por qué Freud hace de la castración una dificultad universal?
¿Por qué el falo interesa a ambos sexos?
¿Por qué debemos admitir que el complejo de castración opera tanto en los hombres como en las mujeres?
¿Por qué las mujeres en su inconsciente están universalmente deseosas de poseerlo?
¿Cómo opera la angustia de castración en las mujeres, puesto que no se les puede quitar lo que no tienen?

1923 La organización genital infantil

Este texto se refiere a la primacía del falo. Para el niño no hay otra representación de la diferencia de los sexos, el todo o nada, órgano genital masculino o castrado. En este texto Freud se refiere al sujeto infantil masculino. Sin embargo en una nota del mismo texto esta creencia en el pene materno aparece compartida igualmente por la niña.

En esta fase pre-edípica la niña cree que tiene un órgano varonil y quiere hacer un hijo a la madre. La percepción de órgano del varón la acompleja, se percibe como castrada. Con este sentimiento del complejo de castración, entra en la fase fálica “como en un puerto” dice Freud. La niña se vuelve mujer al final de la fase fálica. Freud dirá: “no nace mujer, lo deviene”.

1925 Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica

“El complejo de Edipo del varón se aniquila en el complejo de castración, el de la niña es posibilitado por él”

Esta divergencia equivale a la diferencia entre una castración realizada y una amenaza de castración.

Dos observaciones nos hace Freud:

  1. El deseo de un hijo del padre muestra que dicho apego edípico tiene una larga prehistoria y que es una formación secundaria.
  2. Si hay efectivamente una prehistoria del complejo de Edipo en la niña, también habrá que postularla en el varón.

1926 Inhibición, síntoma y angustia

El “complejo de castración” tiene una función de nudo en la dinámica de los síntomas y en la estructura subjetiva (neurosis, psicosis, perversión).

Se habla de complejo de castración en lugar de angustia de castración porque la niña no puede temer una castración ya efectuada. Lo que teme la niña es la pérdida del amor del objeto.
Este complejo de castración es el pivote a partir del cual cada uno accede a su propio sexo y, gracias a él, cada uno puede ocupar su lugar de pareja en la relación sexual y también acoger al niño que ahí se procrea.

En los textos de 1931 y 1932 Freud replantea la incógnita señalada en 1925.

¿Qué es lo que lleva a una mujer a desear a los hombres y le hace abandonar su primer objeto de amor?

Sobre la sexualidad femenina (1931)

Freud en este artículo hace una reconstrucción de lo que había elaborado años anteriores. Se advierte la comprobación de hechos, la deducción de las causas y la búsqueda de testimonios y pruebas concordantes. Su descubrimiento de la ausencia de neurosis en muchas mujeres que, manifiestamente, no han abandonado la fijación edípica a su padre, le lleva a configurar este texto en tres apartados, en el que transmite sus reflexiones. Él indaga cómo deviene, cómo se desarrolla la mujer a partir del niño de disposición bisexual. Articula este devenir mujer con su elaboración del complejo de Edipo, que le lleva a constatar la disimetría entre los dos sexos con respecto a dicho complejo en su relación con el complejo de castración.

Lacan indica que hay una antinomia en la asunción del sexo, tanto para el hombre como para la mujer. Ambos no pueden acceder al sexo más que bajo la amenaza de castración. Es una paradoja. No pueden gozar de su órgano en tanto que hombre y en tanto mujer más que bajo la amenaza de quitárselo o de privárselo.

La sexuación es sinónima de lo que Lacan llama “asunción”. Jacques Alain Miller señala que “esta asunción pone de relieve una distancia entre el sexo biológico y el consentimiento que el sujeto tendría que dar a esta sexuación biológicamente asegurada”.

Hablar de asunción implica hablar de elección. Se trata de una elección inconsciente. Hay una elección porque, de entrada, hay una doble determinación:

  • El sexo inconsciente del sujeto no es innato.
  • La relación con el otro, con el partenaire, tampoco está determinada y no define al sujeto como hombre o mujer

1er apartado, de la sexualidad femenina 1931

Este primer tiempo se podría titular “El apego a la madre”.

El primer objeto de amor, tanto para el varón como para la niña, es la madre. A ella se dirigen todos los deseos en cada fase de la organización sexual infantil.

En el varón los sentimientos hacia ella se van intensificando, llevándole a convertirse en el rival del padre.

En la niña sucede de otra manera: ella debe de renunciar a la zona genital originalmente dominante, el clítoris, a favor de una nueva zona, la vagina. En la infancia lo esencial de la genitalidad gira alrededor del clítoris.

La vida sexual de la mujer se divide siempre en dos fases:

  1. Una de carácter masculino, llamada fálica, que corresponde al clítoris.
  2. Una específicamente femenina que corresponde al predominio de la vagina.

El desarrollo femenino comprende el proceso de transición de una fase a la otra.

Freud constató que una vinculación intensa con el padre, siempre fue precedida por una apasionada vinculación exclusivamente materna. Este hecho hace que la fase preedípica adquiera una importancia hasta entonces desconocida.

En la fase fálica aparece la acusación de seducción a la madre y el deseo de hacerle un hijo. Por lo tanto el deseo de un hijo del padre tiene un antecedente en la fase preedípica: fue primero una demanda dirigida a la madre.

La fijación al padre y la persistencia de la demanda de un hijo suyo aparecen también en mujeres no neuróticas, lo que obligó a Freud a captar la dimensión de la relación con la madre que, según él, la relación con el padre no hace más que heredar.

Por lo tanto, el esposo corre con los gastos de la relación con la madre.
El fantasma de ser seducida por el padre, siendo la expresión típica del complejo de Edipo en la mujer, marca su entrada en dicho complejo tanto como el odio hacia la madre. Para la hija, la madre es la primera responsable de su castración.

En este texto, Freud señala el lugar estructural del penisneid, es decir, su papel en la estructuración del Edipo de la niña (en el sentido de giro hacia el padre). La niña en la fase fálica quiere, como el niño, hacerle un hijo a la madre. Por lo tanto, en la niña el deseo de un hijo del padre tiene que ser precedido por el penisneid. Si aparece la demanda de un hijo al padre es porque hubo una espera defraudada, el reconocimiento de una imposibilidad por el lado materno, experiencia de una falta en la madre. Para la niña el objeto de amor era la madre fálica, el descubrimiento de la madre castrada posibilita abandonarla como objeto amoroso. Se hace visible el vínculo entre el odio a la madre y el penisneid. “La niña deja que la influencia de la envidia del pene le eche a perder el goce de la sexualidad fálica”.

En este apartado Freud expone unas conclusiones generales:

  1. Esta fase de vinculación materna guarda una relación íntima con la etiología de la neurosis histérica.
  2. En esta dependencia de la madre se halla el germen de una paranoia ulterior: la angustia de ser devorada por la madre.

2º apartado, que podemos llamar el falicismo de la niña

El desarrollo femenino comprende el proceso de transición de la fase activa y “viril”, con el fantasma de posesión de un pene, a la fase propiamente femenina, el predominio de la vagina, cuya existencia no sospechaban ni ella ni el niño. Antes de esperar algo del padre, la niña ha tenido que reconocer su propia falta. Es preciso que el hombre-padre se convierta en el nuevo objeto amoroso, esto significa que la niña debe cambiar el sexo del objeto, cosa que no ocurre con el varón. Este cambio de objeto (de la madre al padre) es el Edipo femenino.

Devenir mujer es el tratamiento subjetivo de una constatación en términos de “no tener” que se llama, con Lacan, falta o privación. Se trata del falo, que vale como punto de referencia para ambos sexoSigmund Freud ya lo menciona en 1923 en La primacía del falo. Por lo tanto, no hay una primacía genital sino una
primacía del falo. El falo es, entonces, el significante único para dar cuenta de la diferencia sexual en el inconsciente, dirá Lacan en La significación del falo.

Freud articula los dos sexos como tener o no tener, con sus consecuencias subjetivas:

Para el niño: la amenaza, el temor a perder.

Para la niña: el deseo, las ganas de adquirir, que es una de las significaciones del penisneid, que en los textos de Freud deviene complejo de castración. “Ha visto eso, sabe que no lo tiene y quiere tenerlo”.

La novedad que aporta Freud, en este texto de 1931 y el de 1932, es la importancia que da al cambio de objeto en la niña y que no se hace de una vez por todas. En su texto La feminidad dice: “se salda con odio hacia la madre, que era el primer objeto de amor, odio que persiste mucho tiempo y se manifiesta en una multiplicidad de reproches y quejas”.

Eric Laurent dice al respecto: “Hay un resto en esta transferencia de la madre al padre, en esta operación metafórica no se trata de un simple cambio de objeto”.

Sólo con el descubrimiento de que la madre está castrada, la niña puede dejarla caer como objeto de amor; demanda al padre lo que no obtuvo de la madre: el deseo del pene queda reemplazado por el deseo de un hijo. Freud pone de manifiesto la disimetría con respecto al complejo de Edipo.

El niño abandona el complejo de Edipo bajo la amenaza del complejo de castración y tenemos entonces la serie: Edipo-castración-superyó.

Para la niña la castración es primero y posibilita el Edipo en vez de destruirlo. Éste será abolido lentamente y nunca por completo. Por lo tanto el complejo de castración es determinante para devenir mujer.

A partir del descubrimiento de la castración la niña puede escoger tres caminos evolutivos:

  1. La lleva a la inhibición sexual o a la neurosis. Asustada por la comparación, se vuelve ella insatisfecha con su clítoris y renuncia a su actividad fálica, rechazando su amor por la madre.
  2. Se aferra a su masculinidad amenazada, fantasea que algún día tendrá un pene. Puede conducir a la homosexualidad.
  3. La actividad fálica es abandonada, toma al padre como objeto, es decir, la niña transfiere hacia el padre su demanda fálica y el hijo se sitúa como equivalente del falo.

Freud subraya que la posición femenina sólo tiene lugar si se produce la equivalencia hijo=falo y lo ilustra con el juego de la niña con sus muñecas. Ella juega a ser la madre y la muñeca era ella misma. Este juego no era una expresión de su feminidad, sino una tentativa de reemplazar la pasividad en relación a la madre, por la actividad. Freud dice: “Sólo con el punto de arribo del deseo del pene, el hijo-muñeca deviene un hijo del padre y, desde ese momento, la más intensa meta femenina”.

3er apartado, se refiere a la actividad sexual de la niña en relación con su madre.

La actividad sexual de la niña se manifiesta a través de los deseos de cada fase: oral, anal y fálica, en las que la madre está involucrada. Estos deseos pueden aparecer transferidos al padre o transformados en angustia, debido a la represión

Los deseos agresivos orales y sádicos. Se manifiestan en su forma reprimida: temor de ser muerta por la madre y deseos de muerte contra ella. Dicho miedo a la madre se basa en una hostilidad inconsciente.

Los deseos sádico-anales tienen su origen en la intensa excitación pasiva de la zona intestinal (irrigaciones, enemas, estimulación del ano por la madre, etc.) despierta agresividad y cuando se suprime dicha excitación su manifestación es la angustia.

En la fase fálica

  • la niña culpa a la madre como seductora (cuidados de la zona genital).
  • al apartarse de la madre, la niña transfiere al padre la responsabilidad de haberla iniciado en la vida sexual.
  • la actividad sexual de esta fase es la masturbación clitoridiana. Se detecta un fin sexual hacia la madre, cuando llega un hermanito. La niña quiere creer que es ella la que le ha dado a la madre ese nuevo hijo.

Cuando la niña se desprende de su vinculación con la madre, se observa una disminución de los impulsos sexuales activos y una acentuación de los pasivos. La transición al objeto paterno se realiza con la ayuda de las tendencias pasivas.

Conclusión

La demanda de amor de la niña hacia la madre es una demanda que tiene una exigencia ilimitada, imposible de ser satisfecha: no puede darle el falo que le falta. La pasión fálica la orienta hacia el padre y luego hacia los hombres. Esta temprana relación de la niña con su Otro primordial se articula alrededor de la lógica del don, que se estructura alrededor de la falta. Este sería el ombligo del estrago en la relación madre-hija.

En Freud la resolución de la problemática de la falta y del no tener se realiza por la vía de la maternidad.

Lacan ha liberado a las mujeres de su pasión fálica, situando la posición femenina más allá del Edipo, más allá del padre y de la lógica del Uno fálico. La función fálica, que articula el sentido sexual a nivel del goce del órgano, comporta una relación lógica con un conjunto cerrado: el del Uno del goce fálico. Este Uno encierra un órgano, una función y un goce, y da consistencia al universal del lado masculino.

Una mujer no tiene que pasar por esta operación de transmutar un órgano en función. Ella tiene que arreglárselas con la función sin el apoyo del órgano. Ella tiene que acceder a la función sin enredarse en el funcionamiento, ella accede más directamente a la concepción del estatuto de mero semblante de la función.

Es la función fálica la que anima el sentido sexual de los síntomas. A su vez ella enmascara lo real, puesto que la función fálica se inscribe como suplencia del saber sobre lo sexual que no existe.

La lógica del no-todo , propia de la sexualidad femenina, descompleta el “todo sentido” fálico y es coherente con el “fuera de sentido”, propio de lo real.
Lo ilimitado del goce femenino se asienta en una relación no-toda fálica. Por esto, ellas son más libres respecto a los semblantes. Lo ilimitado de su goce hunde sus raíces en un imposible de decir y, como no tienen que defender ningún órgano, ellas pueden tener una relación más fluida con el sin sentido o fuera de sentido.

Alexandra Reznak

* Este trabajo se presentó en el Grupo de Investigación de Anorexia y bulimia, durante el curso 2010-2011.

 

Bibliografía

  • Sigmund Freud, Sobre la sexualidad femenina (1931), Obras Completas, Tomo IV, Ed. RBA, Barcelona, 2006.
  • M.C. Hamon, ¿Por qué las mujeres aman a los hombres? y no a su madre, Ed. Paidos, Barcelona, 1995.
  • B. Seynhaeve, Hacerse mujer. Mujer, hija, madre, Revista Colofón nº 30: Feminidades, Valencia, 2010.
  • E. Solano, Las mujeres, el amor y el goce enigmático, en Mujeres una por una, Ed. RBA, Madrid, 2009.
  • A.L. Stevens, No se nace mujer, se deviene, Revista Colofón nº 30: Feminidades, Valencia, 2010.
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