Reseña de la cuarta sesión del Seminario del Campo Freudiano en la sede de Madrid por María Martorell

Reseña de la cuarta sesión del SCF en la sede de Madrid, el 25 de enero de 2020, Seminario XI, a cargo del docente Patrick Monribot

Tras largas conversaciones con la IPA Lacan mantiene su posición singular sobre su concepción de la práctica psicoanalítica, especialmente respecto al manejo de la transferencia en la cura. Finalmente, Lacan es destituido de la comunidad analítica internacional. Para él fue un drama subjetivo del cual salió triunfante, pero desde el punto de vista institucional se queda solo, sin Otro. Esta posición tan incómoda es la que le permite realizar actos, en el sentido lacaniano del término.

Primer acto
Lacan funda su propia Escuela. En junio de 1964 funda la Escuela Freudiana de París, la primera Escuela lacaniana del mundo.

Segundo acto
Provoca una ruptura epistemológica y un corte generacional. Para ello propone el presente seminario dirigido a un público nuevo en su mayoría.
Esta ruptura le permite comenzar una enseñanza propia que no se reduce al retorno a Freud. Lacan se despega de Freud y eso produce la necesidad de definir nuevos conceptos. Por eso este seminario.

El concepto de transferencia. Seminario VIII vs Seminario XI. Dimensiones imaginaria y real
En la época del Seminario VIII Lacan estudia la transferencia desde el punto de vista fenomenológico. Elabora el concepto a partir de la situación empírica del amor. Se basa en la noción griega de agalma, que es el objeto que brilla por su atractivo. Ya articula la transferencia con el objeto pero, a diferencia del Seminario XI, el objeto del Seminario VIII brilla en el registro de los objetos imaginarios.
En el Seminario XI, el objeto ha cambiado de estatuto, ha adquirido el valor de real. Se trata del objeto a bajo la forma del objeto pulsional. Ya no estamos en el registro de la imagen dada a ver, ofrecida al apetito de nuestro deseo.
Estas dos naturalezas del objeto están ilustradas en la página 150 a partir del esquema óptico. El objeto imaginario situado en i’ (a) son las imágenes reflejadas en el espejo. Sin embargo, el objeto a, en su vertiente pulsional, está delante del espejo pero no es especularizable, no está en la imagen especular. Nunca será reductible a una imagen y está excluido del registro significante de las palabras.

Dimensión simbólica de la transferencia
Se basa en la noción de Sujeto supuesto Saber, que será el eje estructural de la transferencia. No está presente en el Seminario VIII y aparece por primera vez en el Seminario IX. En este Seminario aparece en la página 143, pero hay un error de traducción. Donde dice “uno de los dos sabe”, debería de decir “uno de los dos es supuesto saber”, se supone que sabe. Retoma esta noción en el capítulo 18, pero hasta el Seminario XVI no termina de elaborar el concepto de Sujeto supuesto Saber.

Dimensión real de la transferencia
Es la que está más presente en estas lecciones. La transferencia se relaciona con el objeto a pulsional.
Para definir la transferencia Lacan parte de lo que no es. Para ello realiza una crítica severa a las posiciones de algunos analistas post-freudianos. Por ejemplo, la salida de la transferencia como identificación con el analista que defiende Balint, es refutada por Lacan por su esencia imaginaria, especular y narcisista. Lacan denuncia la confusión entre el sujeto y el yo. El sujeto lacaniano se define a partir de los significantes que lo fundan. Tampoco hay que confundir la transferencia con la repetición.

La transferencia como obstáculo
A partir de 1909 Freud advierte que la transferencia también puede presentarse como obstáculo en la cura. Es la transferencia como resistencia. La rememoración y la asociación libre se detienen. Para Freud esto se debe a que en el analizante surge una representación pulsional ligada a la presencia del analista.

Causalidad vs causación
Hay dos vertientes para nombrar la causa del sujeto del inconsciente. La causalidad significante que responde a la definición lacaniana del sujeto representado por un significante para otro significante, y el deseo que corre permanentemente a lo largo de la cadena significante sin detenerse jamás.
La causación del sujeto es diferente. Toma en cuenta la causa del deseo que anima al sujeto, que Lacan había situado en relación con el objeto a. La introducción del objeto en la realidad del inconsciente subvierte la idea de que el inconsciente seria solo una extensa red de significantes, dejando de lado el ser de las pulsiones.

El ocho interior
Esta figura ilustra el encuentro de la pulsión con la demanda del Otro. De ese encuentro resulta el deseo inconsciente. El goce pulsional se engancha a algunos significantes de la demanda y esos significantes son los soportes del deseo. El deseo se desplaza permanentemente de significante en significante de manera metonímica. No hay que confundir esos significantes con el objeto causa del deseo, no son la causa del deseo que fundó inauguralmente al sujeto.

Puesta en acto de la realidad del inconsciente
Lacan define la transferencia como una puesta en acto de la realidad del inconsciente. Esta realidad es sexual y Lacan nos recuerda que la única sexualidad admitida por el inconsciente es la pulsión. El inconsciente y lo sexual son irreductiblemente solidarios.
El inconsciente como cadena significante es un discurso sin profundidad, sin espesor y tan pronto se muestra como desaparece.
La realidad fundadora del inconsciente es sexual y la pulsión es la que le da sustancia. Para Lacan el significante ha entrado en el mundo por causa de la realidad sexual y por eso el hombre ha aprendido a pensar.
La unión de lo sexual pulsional con la cadena significante determina la presencia de un deseo inconsciente. El deseo del sujeto es el resultado de una combinación de significantes que provienen del Otro de la demanda en el momento en que esa combinación ha sido atravesada por la realidad sexual pulsional anclada en el cuerpo del pequeño sujeto. Este encuentro es lo que Lacan llama fusión arcaica.
Hay una dimensión teatral de la transferencia. Pero el teatro de la transferencia no es patético, sino dramático, en el sentido de acción teatral. La transferencia definida en este seminario es más una acción que un sentimiento. La realidad sexual del inconsciente solo se percibe si está encarnada por la presencia del analista. En la página 133 del seminario Lacan recuerda que “la presencia del psicoanalista (…) debe incluirse en el concepto de inconsciente”, es la manifestación de la realidad sexual del inconsciente. Esta es la definición inédita de Lacan en este seminario: La transferencia es la puesta en acto por el analista de la realidad sexual del inconsciente del analizante.

La transferencia generadora de conflictos
El problema de esta definición es que el vínculo del sujeto con la pulsión siempre es conflictivo y este conflicto se actualiza en la escena analítica con el analista que encarna una realidad sexual.
Dos aspectos:

  1. El analizante detesta al analista y se opone a él porque no quiere saber que detestaba a su padre muerto hace tiempo, como el hombre de las ratas, por ejemplo. Este conflicto tiene que ver con la repetición.
  2. El conflicto es contra la reactualización de la amenaza pulsional que hizo surgir la presencia del analista ya que encarna el objeto pulsional como semblante. Aquí no hay repetición significante. Se trata de un conflicto muy actual, contemporáneo con la cura.

Presencia real
El objeto que encarna el analista es un objeto que no se puede materializar de otra manera que bajo la forma corporal real del analista. Por esta razón nunca podremos hacer un análisis por teléfono o por internet, nos recuerda Patrick Monribot, ya que falta la presencia real de los cuerpos. En la página 131 Lacan dice: “La propia presencia del analista es una manifestación del inconsciente”. No habla de una formación del inconsciente, siempre significante, sino de una manifestación del inconsciente que no puede manifestarse sin el analista en acto.
Cuando la pulsión se actualiza en la transferencia el sujeto se calla y en su lugar aparece lo que Lacan llama el silencio de la pulsión. En este momento se produce un cierre del inconsciente significante y, por eso, la desaparición del sujeto ya que es un efecto del significante articulado.

La pulsación temporal
Lacan produce una nueva definición del inconsciente: una pulsación temporal en la que alternan apertura y cierre. Página 132, “…un movimiento del sujeto que solo se abre para volver a cerrarse en una pulsación temporal”. Lo que cierra el campo del inconsciente del sujeto es la transferencia bajo la forma de su realidad sexual, de objeto pulsional.

El deseo del analista
Es la herramienta que permite oponerse a la vertiente de resistencia ligada a la transferencia. La respuesta adecuada a la resistencia consiste en valorizar la raíz pulsional que funda el inconsciente y alimenta la transferencia. Si el analista no actúa correctamente, es responsable de la persistencia de la resistencia.

Enunciado y enunciación
La realidad pulsional adquiere más importancia que la búsqueda de la verdad. La verdad no es sino una suposición del analizante. Lacan pone en duda la propia noción de verdad. Para ello utiliza la paradoja del mentiroso. ¿Qué sucede cuando un mentiroso dice: “yo miento” ?, ¿miente?, ¿dice la verdad? El sentido común fracasa y entramos en un círculo vicioso. El engaño es uno de los avatares del significante. Según Lacan basta con diferenciar el enunciado de la enunciación para superar esta paradoja.
La enunciación, de entrada, no está del lado del analizante. El analizante solo dispone de sus enunciados. La enunciación está del lado del analista, pasa por la interpretación del analista para advenir como tal, para tomar el valor de un decir diferente del dicho. De esta manera surge la verdad en un análisis, mediante la acción del analista.
Esta misma lógica puede aplicarse al cogito cartesiano.

La bella y la nasa
El inconsciente del sujeto tiene dos facetas. La simbólica con una cadena significante que le permite construir el Sujeto supuesto Saber, raíz simbólica de la transferencia.
La real. Se trata de la realidad sexual del inconsciente que el analista pone en acto. El analista debe de hacer lo necesario para hacer surgir esta vertiente de la transferencia.
Entre las dos vertientes del inconsciente hay una dialéctica que se organiza según una lógica temporal pulsátil. El inconsciente significante se cierra cuando surge la realidad sexual debido a la presencia del analista. Se abre de nuevo cuando la realidad sexual, el objeto a, deja de funcionar como tapón. Lacan recurre a dos alegorías para ilustrar esto. Por un lado, la bella encerrada tras los postigos de la casa y por otro, la nasa.
La bella es inaccesible y los postigos representan la realidad sexual del inconsciente como tapón. El inconsciente significante es el discurso del Otro que está situado fuera de la casa. La bella es el sujeto no realizado, pura suposición. La idea es que el inconsciente significante pueda encontrarse con el sujeto para que éste pueda realizarse como sujeto del inconsciente. Gracias al acto interpretativo del analista, que se encuentra igualmente fuera de la casa con el discurso del Otro, el analizante podrá abrir los postigos. Si el analista retrocede frente a su acto contribuye a perennizar la resistencia. Por eso Lacan dice que la resistencia está siempre del lado del analista.
La nasa funciona de igual manera. El inconsciente está fuera de la nasa, en el río, y tiene que entrar en la nasa para realizarse como sujeto del inconsciente. El sujeto aún no realizado está en el interior de la nasa y espera el encuentro con el inconsciente. La nasa está cerrada por el objeto a, como tapón, materializado por la presencia del analista.
Con estas alegorías Lacan comienza a construir lo que llamará, más adelante, en este mismo seminario, las operaciones de alienación y separación.

Vacío
El problema es que este objeto pulsional que designa mi ser es un vacío dibujado por el trayecto en bucle de la pulsión. Esto nos reenvía al objeto perdido, ese objeto mítico que jamás perteneció al sujeto. Así el agujero toma el estatuto de una falta. La falta causa el deseo donde el agujero primitivo causaba angustia.

La transferencia como cierre es la única manera de traer la pulsión a la escena analítica si no se trataría de una psicoterapia.
Tres años más tarde Lacan inventó el dispositivo del pase.

María Martorell

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