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	<title>Ana Ruth Najles - Sección Clínica de Madrid (Nucep). Estudiar psicoanálisis en Madrid España.</title>
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	<description>Formación en Psicoanálisis Lacaniano Madrid España. Instituto del Campo Freudiano. Centro de estudios de psicoanálisis en Madrid. Estudiar psicoanálisis en Madrid. Cursos de psicoanálisis lacaniano.</description>
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	<title>Ana Ruth Najles - Sección Clínica de Madrid (Nucep). Estudiar psicoanálisis en Madrid España.</title>
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		<title>Bordes de lo femenino</title>
		<link>https://nucep.com/publicaciones/bordes-de-lo-femenino/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Ana Ruth Najles]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 03 May 2025 07:40:30 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>A partir de escuchar en mi práctica cada vez más individuos enloquecidos, aunque no forzosamente psicóticos, pude ir experimentado el alcance de&nbsp; los efectos en el uno por uno de los <em>parlêtres</em> de la no existencia del Otro en nuestra civilización. Es decir, del hecho de que ya no nos regulemos por la ley del Otro, cuya consecuencia es que vayamos a la deriva llevados por el goce de cada uno, movimiento al que Miller calificó de ‘feminización del mundo’, regido por el imperio del no-todo. &nbsp;</p>



<p>¿Cómo podríamos referirnos a los bordes de lo femenino si no situamos antes el espacio que lo femenino implica? Voy a tratar de transmitirles un recorrido respecto de esta cuestión &nbsp;</p>



<p>En primer lugar, quiero recordar el hecho resaltado por Jaques-Alain Miller de que la ultimísima enseñanza de Jacques Lacan nos advierte de que si no nos orientamos por lo real del goce nos perdemos en los espejismos que el semblante nos ofrece. &nbsp;</p>



<p>En función de esto, trataré de situar el goce femenino para dar cuenta de las diferentes posiciones sexuadas que el Dr. Lacan va persiguiendo a lo largo de su enseñanza y, sobre todo, a partir del momento en que escribe el texto  “<em>Ideas directrices para un congreso sobre la sexualidad femenina</em>”<sup>1</sup>. Punto que le permite avanzar hacia el Seminario 20, <em>Aun<sup>2</sup></em>. Ya que el goce femenino es lo que le permite situar al goce como tal, es decir, al goce en tanto real. Ese goce real en tanto fuera de sentido, lo conducirá hacia su posterior enseñanza que se centra en torno del <em>sinthome</em> como real sin ley, no sin relación con el estatuto del <em>parlêtre,</em> en el seminario sobre <em>el sinthome<sup>3</sup>.</em> </p>



<p>Es decir, que el goce femenino, (o goce suplementario u Otro goce) que Lacan ubica del lado femenino en las fórmulas de la sexuación se&nbsp; emparenta con el goce del <em>sinthome</em>.&nbsp;</p>



<p>Ya que este <em>sinthome</em>, definido ya no como una formación del inconsciente sino como el modo en que cada uno goza del inconsciente en tanto el inconsciente lo determina<sup>4</sup>, nos remite al inconsciente inscripto como una letra permanente, que se itera. Este inconsciente es lo que Jacques-Alain Miller<sup>5</sup> recorta en Lacan como inconsciente real<sup>6</sup> que se opone al inconsciente transferencial que hace cadena y que produce sentido.</p>



<p>Este <em>sinthome</em>, entonces, es el dato primero en la última enseñanza de Lacan. Es decir, que el dato primero ya no es el Otro, sino que es el síntoma en tanto Uno, en cuanto que goce del cuerpo que uno tiene. Esta última enseñanza se inicia, entonces, en el momento en que la experiencia analítica verifica que “no hay relación sexual”, ya que lo que se impone es ‘<em>Hay el Uno del goce’</em>, Uno que Lacan formalizará finalmente como <em>sinthome</em>.&nbsp;</p>



<p>Es decir, que la última enseñanza de Lacan pone al goce en primer plano. Se trata del goce del cuerpo, del goce del cuerpo del Uno, que da cuenta de que el signo produce un acontecimiento en el cuerpo<sup>7</sup> ya que es <em>lalengua</em> la que introduce goce en el organismo, transformándolo de este modo en cuerpo y, al mismo tiempo, al que posee ese cuerpo, lo efectúa como <em>parlêtre</em>. </p>



<p>Como lo dice Miller, a nivel de lo real, el Otro del Otro del significante es el cuerpo y su goce, o sea, el conjunto del Uno y del cuerpo.</p>



<p>Es decir, que cuando se quita el tapón del objeto <em>a</em> en tanto semblante de ser, se desnuda un más allá, que es la existencia real del <em>parlêtre</em>. La existencia que remite al Uno solo es, entonces, la del <em>sinthome</em>.&nbsp;</p>



<p>La experiencia analítica da testimonio de que hay ‘solamente’ dos tipos de goce que puede experimentar el <em>parlêtre</em>, y, por lo tanto, solo dos goces que pueden calificar a las posiciones sexuadas.&nbsp;</p>



<p>Esto implica que se separe definitivamente la sexuación de cada ser hablante de las características de su género.</p>



<p>Ya en el seminario 20, por un lado, Lacan ubica el goce de la localización por la vía del órgano fálico que remite a la alternancia presencia/ausencia común a hombres y mujeres. Goce fálico que puede ser representado por un órgano simulacro, es decir, por cualquier objeto <em>a</em>: desde un pene hasta un hijo pasando por todos los <em>gadgets</em> imaginables, además de situarse por el goce del bla, bla.</p>



<p>Por el otro lado, hay un goce que aparece como más difuso, no localizable en un órgano, y por esto mismo, no sometido a la decadencia, susceptible de ser múltiple y envolvente. (‘envolvente’ es un término que Lacan utiliza en “Ideas directrices”).</p>



<p>O sea, que más allá del goce fálico hay un goce privado de órgano, un goce Otro que no se acomoda al sentido.</p>



<p>Pero es fundamental en la época en que vivimos tener claro que este ‘Otro goce’ no es patrimonio de ningún género en particular, tal como nos lo mostró Lacan ya en 1972 cuando nos da como ejemplo de dicho goce al místico San Juan de la Cruz. Los místicos le permitieron a Lacan demostrar cómo a todo llamado de amor razonable, es decir, menos apasionado le responde del lado femenino el ‘Otro goce’, que pone en evidencia la no reconciliación con el significante, o lo que es lo mismo, la no existencia de la relación sexual, la no complementariedad<sup>8</sup>. </p>



<p>Esto permite reconocer que el goce fálico, que se acomoda a lo simbólico, es el goce orientado por la per-versión, por la versión del padre o nombre del padre edípico, es decir que se trata del goce perverso, que puede manifestarse en una mujer por la vía de la histeria -también por la maternidad. El goce fálico se presenta entonces como un goce fuera del cuerpo, que se ubica en el nudo borromeo en la juntura entre lo simbólico y lo real.&nbsp;</p>



<p>Mientras que el goce femenino, el goce Otro o el suplementario del Seminario 20, retorna en el Seminario sobre Joyce como el goce del Otro que no hay, goce del A barrado en tanto no hay Otro del Otro simbólico, goce que se ubica en el nudo entre lo real y lo imaginario, es decir, que está en el cuerpo, pero por fuera de lo simbólico. Lo que afirma Lacan, es que tanto hombres como mujeres se hallan separados de este goce. Esto quiere decir que respecto del Otro sexo, de lo femenino como tal, los seres hablantes tienen un acceso diferente que los distribuye en dos especies.</p>



<p>Por eso Lacan afirma que se trata de un goce fuera de la ley, que se aislará en la experiencia analítica por la vía del <em>sinthome</em> como acontecimiento del cuerpo, de ese cuerpo/carne recortado, traumatizado, por el Uno solo.</p>



<p>Esto equivale a postular que la vía de la identificación al <em>sinthome</em> que nos propone Lacan para la experiencia analítica, es la vía que se le ofrece a cualquier <em>parlêtre</em> para poder arreglárselas con ese goce femenino o <em>heteros.</em>&nbsp;</p>



<p>De modo que podemos afirmar que lo estragante para un hijo no es una mala madre sino el hecho de que se pueda manifestar la ‘verdadera mujer’, la del goce femenino, en cualquier mujer, incluida la propia madre.&nbsp;</p>



<p>Mientras que una mujer en posición femenina, sin dejar de estar en relación con el goce femenino {S(A/)}, mantiene la otra pata en la brújula fálica, tal como lo demuestra Lacan en su teorema de la sexuación.</p>



<p>Y la ‘verdadera mujer’ es terrible porque, en tanto es ‘toda mujer’ –loca del todo-, pierde la brújula fálica y está dispuesta a sacrificar todo lo patológico, o sea, todo lo fálico, incluidos sus hijos en tanto objetos <em>a</em>, en nombre de la exigencia de amor. Hay que tener presente que tanto hombres como mujeres pueden caer en esta posición.&nbsp;</p>



<p>Lo femenino como un nombre del goce real nos permite leer, entonces, los múltiples casos de transexualismo, o los casos cada&nbsp; mayores de niños ‘transgénero’ o de jóvenes que afirman no sentirse ni hombre ni mujer, etc.&nbsp;</p>



<p>Ana Ruth Najles</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<p></p>



<ol class="wp-block-list">
<li><em>Escritos II</em>, Siglo XXI Edit, México, 1984. </li>



<li>Seminario 20, <em>Aun</em>, Edit. Paidós, Barcelona, 1981.</li>



<li>Seminario 23, <em>El</em> <em>sinthoma</em>, Ed. Paidós, Buenos Aires, 2011.</li>



<li>Seminario 22, <em>R, S, I</em>, inédito, clase del 18/2/75.</li>



<li><em>El ultimísimo Lacan</em>, Ed. Paidós, Buenos Aires, 2012, cap. I.</li>



<li>“Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11”, en <em>Otros escritos</em>, Ed. Paidós, Buenos Aires, 2011.</li>



<li>“Joyce, el síntoma”, en <em>Otros Escritos</em>, Ed. Paidós, Buenos Aires, 2012.</li>



<li>Laurent, Eric, Los dos sexos y el Otro goce, <em>Enlaces</em> 7, 2002</li>



<li>Op. Cit. Seminario 23, <em>El sinthoma.</em></li>
</ol>
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		<title>“No hay relación sexual”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ana Ruth Najles]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 23 Jul 2021 07:16:24 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Aportaciones de los y las docentes sobre conceptos psicoanalíticos El cambio de perspectiva del Seminario 20 supone que el significante no tiene, de entrada, un efecto de mortificación, sino que su función esencial es la de causar goce. Es decir que el significante, en tanto S1 solo, tiene una incidencia de goce sobre el cuerpo, [&#8230;]</p>
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<h2 class="wp-block-heading">Aportaciones de los y las docentes sobre conceptos psicoanalíticos</h2>



<p></p>



<p>El cambio de perspectiva del <em>Seminario 20</em> supone que el significante no tiene, de entrada, un efecto de mortificación, sino que su función esencial es la de causar goce. Es decir que el significante, en tanto S1 solo, tiene una incidencia de goce sobre el cuerpo, incidencia a la que Lacan denomina <em>sinthome</em>. El concepto de <em>sinthome, </em>que implica al cuerpo vivificado por el significante<em>, </em>va más allá del fantasma que está ligado al cuerpo mortificado y al resto de goce: <em>a. </em>Es decir, que al privilegiar al significante Uno como causa de goce Lacan pasa del síntoma como semblante al <em>sinthome, </em>real<em>. </em>Es por eso que el <em>sinthome</em> lacaniano es la conexión del Uno solo con el cuerpo. No hay goce del cuerpo sino por el Uno<sub> </sub>solo y hay goce del significante porque el ser de la significancia está enraizado en el goce del cuerpo. Esto implica que no hay para el <em>parlêtre</em> goce anterior al impacto de <em>lalengua</em>. </p>



<p>Como lo afirma Miller, la perspectiva de <em>Aun</em> se apoya en que mientras a nivel de la palabra hay una relación significante (S<sub>1 </sub>&#8211; S<sub>2</sub>), a nivel sexual no la hay. Esto significa que a nivel sexual la relación pasa por el goce del cuerpo y por el goce de <em>lalengua.</em></p>



<p>Por esta razón, Lacan plantea que no se puede establecer la relación sexual con el Otro, a menos que se tome la única vía que no es pulsional y que puede relacionarnos con lo que resta del Otro: la vía del amor. Es, entonces, el amor el que funda al Otro. Hay dos accesos a este Otro: uno, a través del goce que va a parar al objeto a, y de ahí al cuerpo propio, y otro, a través del amor que deja de lado el cuerpo y se aferra a la palabra: la palabra de amor. El acceso por la vía del goce pasa, entonces, por el <em>sinthome</em>. De la misma manera, decimos que, entre el hombre y la mujer está el <em>sinthome</em>. La relación de pareja a nivel sexual supone que el Otro se convierta en el <em>sinthome </em>del <em>parlêtre</em>, es decir, en el medio de su goce. Esto significa que si estamos ligados al Otro es en tanto el Otro es un <em>sinthome</em> para el <em>parlêtre</em>, es un medio de goce de su cuerpo. Siguiendo en esta línea puede decirse que el <em>sinthome </em>es un modo de gozar de manera doble: por un lado, es un modo de gozar del inconsciente real, de la <em>lalengua</em>, del S1 solo, y, por el otro, es un modo de gozar del cuerpo del Otro que es al mismo tiempo el propio cuerpo.Por eso, para el último Lacan, el recorrido de un análisis, si supone el franqueamiento de lo imaginario, la caída de las identificaciones simbólicas, el atravesamiento del fantasma, implica también que, al final, al <em>sinthome</em> no se lo puede franquear. El <em>sinthome</em> designa aquello con lo que se debe vivir, el <em>partenaire</em>&#8211;<em>sinthome. </em>Es por eso que Lacan plantea el final del análisis como un saber arreglárselas con esa identificación con el <em>sinthome</em>, identificación que supone que “soy como gozo”. Si Lacan afirma que no hay relación sexual, es porque los <em>parlêtres, </em>como seres sexuados forman pareja a nivel del goce, no a nivel del significante, y este enlace es siempre <em>sinthomatico. </em>Esto quiere decir que el goce siempre se produce en el cuerpo del Uno por medio del cuerpo del Otro. El goce, entonces, es siempre autoerótico, aunque al mismo tiempo es aloerótico porque incluye al Otro en tanto el cuerpo propio del <em>parlêtre </em>es otrificado por el significante, convirtiéndose en el Otro para él.</p>



<p>Ana Ruth Najles</p>



<hr class="wp-block-separator has-text-color has-background has-black-background-color has-black-color"/>



<p>(1) Este texto está extraído de mi libro:<em> Delicias de la intimidad. De la extimidad al sinthome</em>, Ed. Grama, Bs. As., 2014, p. 119</p>



<p>(2) J.-A. Miller<em>, El partenaire-sintoma</em>, Ed. Paidós, Bs. As., 2008, cap. XVIII</p>



<p>(3) Id. Pág. 408</p>
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		<title>Comienzos de análisis</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Ana Ruth Najles]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 May 2021 14:43:12 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>“Uno habla solo a menos que se ponga a dialogar con un psicoanalista” Jacques Lacan, Seminario XXIV, L’insu….Inédito. Para comenzar a situar las cuestiones quisiera indicar que no todo ser hablante que llega a la consulta con un analista, entra en análisis. En general podemos comprobar que el llamado a un analista se produce por [&#8230;]</p>
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<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p><em>“Uno habla solo a menos que se ponga a dialogar con un psicoanalista”</em></p><p>Jacques Lacan, Seminario XXIV, L’insu….<br>Inédito.</p></blockquote>



<p>Para comenzar a situar las cuestiones quisiera indicar que no todo ser hablante que llega a la consulta con un analista, entra en análisis.</p>



<p>En general podemos comprobar que el llamado a un analista se produce por un sufrimiento que se torna insoportable, ocasionado por un goce que se le impone a alguien desde el im-propio cuerpo o desde los pensamientos&nbsp; -goce del&nbsp;<em>sinthoma</em>-, así como también desde los modos de gozar de los cuerpos que lo rodean:&nbsp; hijos, padres, hermanos, partenaires amorosos o sexuales, compañeros, jefes, etc. &nbsp;</p>



<p>Es decir, que se sufre por el goce de un cuerpo que se tiene pero que aparece como ajeno, y también por el goce que aparece en el cuerpo de los otros amados/odiados, que le presentifican al ser que habla la extimidad del goce del cuerpo como tal.&nbsp;</p>



<p>El momento del llamado da cuenta, también, de que alguna contingencia produjo un desenganche&nbsp;<em>sinthomático</em>&nbsp;que desestabiliza el equilibrio en que se mantenía la vida de ese que habla hasta ese momento porque se ha desanudado del goce real del cuerpo. Cuando eso ya no marcha, aparece entonces la insatisfacción, la tristeza, los síntomas, las inhibiciones, los olvidos, los recuerdos, los miedos o la angustia … Y en el mejor de los casos, se recurre a un analista.&nbsp;</p>



<p>¿Y cuál es la demanda que se le dirige? La demanda es la de hacer desparecer el sufrimiento mágicamente -vg. el medicamento- y además, la de llevarlos a un estado de felicidad, dado que este es un ideal ancestral que el discurso imperante en el mercado no se priva de ‘vender’ por todos los medios. Pero la demanda que subyace siempre es la demanda de amor, incluso bajo la forma de la demanda de significación. Y es por eso que Freud hablaba de la ’regla de abstinencia’ para el analista y Lacan afirmaba que no hay que responder a la demanda. Lo que sí debe hacer el analista es combatir al real del goce que se le impone a ese que llega. Veremos cómo lo hace. &nbsp;</p>



<p>En principio, ese sufrimiento que deriva en la demanda, debe ponerse en forma bajo transferencia, transferencia que puede estar presente antes del llamado (por la vía de una relación previa al psicoanálisis o a la persona que hace la derivación), y que debe ponerse en marcha en función de que supone ya una interpretación: la de que ese sufrimiento tiene un sentido.&nbsp;</p>



<p>Se comienza, entonces, por lo que Sigmund Freud llamó “ensayo previo” en su texto “La iniciación del tratamiento” y lo que Jacques Lacan, llamó “entrevistas preliminares” de las que afirmó en el Seminario El saber del psicoanalista (1971): “no hay entradas en análisis sin entrevistas preliminares”. Pero aclaremos, que tanto Freud como Lacan ponen el acento en que las normas del dispositivo, en estas entrevistas, son las mismas que para las de un análisis ya en curso. Es decir, que la posición del analista es siempre la misma.&nbsp;</p>



<p>Por la vía del amor, que es siempre de transferencia, se comienza a tejer un lazo durante esas entrevistas preliminares, ya que es el amor el que posibilita la puesta en su lugar de un discurso que suple la ausencia de relación entre las palabras y las cosas y entre los cuerpos hablantes entre sí.&nbsp;</p>



<p>Lo que Sigmund Freud denominó transferencia e incluso neurosis de transferencia y que Jacques Lacan desarrolló por la vía del SSS, supone el camino que va del amor al saber, y más allá, al goce del cuerpo, trayecto que tiene por efecto un sujeto en tanto falta en ser-por eso demanda ser- y un producto que es el goce segregado que no por eso deja de ser signo de un goce innombrable, proceso que da cuenta de la posición de un tercero, el Otro como lugar del inconsciente.&nbsp;</p>



<p>Esto quiere decir que para que haya una entrada en análisis, tiene que haber un síntoma puesto en forma bajo transferencia. Este lazo transferencial inaugural es lo que con Lacan llamamos discurso del Inconsciente o discurso del amo.&nbsp;</p>



<p>Es decir, que la entrada en análisis, supone una discontinuidad, un umbral a atravesar.&nbsp;</p>



<p>Alguien llega ante un analista hablando el discurso corriente, disco-urso-corriente, hablando como un chorlito (Jacques Lacan Seminario Aun), creyéndose dueño de su ser, sin saber que repite una y la misma cosa todo el tiempo, el S1que está en el principio del&nbsp;<em>sinthoma</em>, puro enigma que remite al modo de gozar del inconsciente (real, lalengua) en tanto éste lo determina.&nbsp;</p>



<p>Eso es lo que se hace presente en el desenganche que causa el sufrimiento, y con el que se dirige al analista, cuyo lugar es el de destinatario de todo lo que allí se diga (S2), para permitir la puesta en función del 3º, es decir del Discurso del Inconsciente como Otro lugar. Esto implica que el inconsciente se posiciona en el entredós, analista/analizante. Y no sólo, porque esto supone también un anudamiento de R, S, I diferente por la aparición del S1 enigmático del&nbsp;<em>sonthome</em>&nbsp;que hace signo (letra), del cual hace semblante de serlo el analista (Jacques Lacan, La tercera). Esto implica que el analista funciona como&nbsp;<em>sinthome</em>&nbsp;del analizante en la experiencia analítica.&nbsp;</p>



<p>Que el analista se ubique en principio en el lugar de S2, no quiere decir que él sea ni se crea portador de ningún saber, sino que por el hecho de que él ocupe ese lugar hay un efecto, el Sujeto dividido, que no es otro que el SSS en tanto que sujeto del inconsciente. Sin olvidar que esta máquina que es el discurso del inconsciente funciona por el goce -no hay discurso más que por el goce, dice Lacan en el Seminario XVII- que se produce por el sólo hecho de hablar. Pero esto necesita tiempo para desplegarse. Además, el analista, cuya función es la de ofrecer el objeto a como causa del deseo del analizante, por el acto analítico empuja al sujeto al trabajo desde el discurso que le es propio: el discurso analítico, que corta la articulación entre S1 y S2. &nbsp;</p>



<p>De este modo, el sujeto supuesto saber se manifiesta en las formaciones del inconsciente: sueños, lapsus, actos fallidos, chistes, olvidos recuerdos, miedos y síntomas. Pero en estas formaciones también, se manifiestan los tropiezos con la piedra de lo real (el hueso del análisis), que funcionan como topes para el sentido, tal como sucede con el ombligo en el sueño, real que remite a la pulsión o al goce sin ley, que en el lenguaje se manifiesta como lo imposible de decir.&nbsp;</p>



<p>En tanto se produzcan y sorprendan al hablante, estas producciones funcionan como interpretaciones del inconsciente para el que habla, en tanto y en cuanto él les otorga un sentido. Y estas interpretaciones del inconsciente no son más que ficciones del fantasma que recubren el agujero real de la causa por siempre perdida.&nbsp;</p>



<p>Aquí debemos hacer notar que para situar este entrada -ligada a la puesta en función del discurso del inconsciente- debemos estar orientados por el fin del análisis, que no es otro que el de confrontarnos con lo real del goce del cuerpo parlante –<em>sinthome</em>– y llegar a poder arreglárnoslas con él para hacer lazo con los otros.</p>



<p>Les daré un ejemplo que podrán leer desplegado en mi libro Problemas de aprendizaje y psicoanálisis.&nbsp;</p>



<p>Se trata del caso de un cuerpo parlante -niño- que, en principio, aparece como síntoma de otro cuerpo: el de una señora identificada con el significante madre. Su queja y preocupación respecto de este niño de 7 años es que tenía problemas escolares -no podía leer ni escribir-, no se relacionaba con otros niños y aparecía taciturno y apagado.&nbsp;</p>



<p>Cito al niño, que comienza a tener entrevistas conmigo en las que aparece con toda relevancia y desde el comienzo, el miedo. Miedo que se va declinando como miedo de que a su padre le pasase algo malo -por ejemplo, que fuera asesinado- y luego como miedo a la violencia, por lo que evitaba jugar con compañeros de su edad. Todo lo que fuera el juego cuerpo a cuerpo de los varones lo aterraba.&nbsp;</p>



<p>Aparece también el hecho de que no soportaba los gritos, asociados a que cuando sus padres vivían juntos, “se mataban a gritos”.&nbsp;</p>



<p>Como pueden ver, nunca fue un síntoma para él las dificultades de las que se quejaba la madre respecto del aprendizaje de la lecto escritura.</p>



<p>Y van pasando las entrevistas. En una de ellas, él relata su versión del cuento de Caperucita Roja, en la que Caperucita y el lobo se acribillaban a tiros de ametralladora mientras la abuela se deshacía en cenizas encerrada en el baño. Versión super-violenta del famoso cuento que pone en acto la violencia tan temida. Al preguntarle acerca de la ocasión en que conoció el cuento respondió sin dudar que lo había visto en Disney channel “cuando era pequeño”, alrededor de los 3 o 4 años. Ante otra pregunta dijo que lo recordaba porque ese día los padres le dijeron que iban a separarse. Le pregunto cómo reaccionó ante la noticia y responde que pensó que todo iba a ser mejor, pero… ”que no dijo nada”.</p>



<p>Ante esta denegación lo incité a seguir hablando y dijo que en aquel momento “le hubiera gustado hacer una gran diarrea”.</p>



<p>Ante su sorpresa, y la mía, corté la entrevista. He aquí la puesta en función de la interpretación como corte, es decir, haciendo aparecer el fuera de sentido de la pulsión.&nbsp;</p>



<p>Había aparecido un significante amo del goce, indicador del&nbsp;<em>sinthome,</em>&nbsp;por la vía del plus de gozar puesto de relieve por el corte introducido por la analista, signo del goce del cuerpo que él tiene pero que no es.&nbsp;</p>



<p>Resaltemos que la sorpresa del niño al decir lo que dijo remite al hecho de que lo que allí se dice es un saber sin sujeto, sujeto que sólo se hará presente en ese momento como supuesto en la sorpresa. Pero quiero agregar que, para Freud y Lacan, la capacidad de sorprenderse es una característica fundamental para el analista.&nbsp;</p>



<p>La localización de ese intervalo permitió que ‘apareciera la pregunta del sujeto y que se abriera camino hacia la pulsión, que está velada por el fantasma, es decir por el semblante cuando el sujeto está en el plano de la identificación significante’, como nos dice Miller en Donc.&nbsp;</p>



<p>Se sitúa así el borde o la puerta de entrada al análisis, por el borde del objeto a, en este caso, el objeto anal, que desde Freud sabemos que está relacionado con la violencia y la agresividad. Este&nbsp;<em>sinthome</em>&nbsp;que se esboza aquí, entonces, es aquel que el ser hablante bordeará durante todo el análisis y que permitirá situar el final del mismo por la vía de la invención de un significante nuevo.&nbsp;</p>



<p>A partir de esta entrada en análisis, lo que empieza a desplegarse está relacionado con el padre y su goce, es decir, con la père-version, a través de la confrontación, en sus dichos, del padre ideal y del padre que él efectivamente tenía. El padre carecía de lo que definía para él el ideal: no tenía trabajo, ni casa, ni mujer. Esto termina por situarse como una pregunta sobre el goce del padre, también bajo la forma de una denegación, en relación con un compañero de la escuela: “no es troli?” (diminutivo de ‘trolo’ que en lenguaje coloquial en Argentina significa homosexual).</p>



<p>A partir de este momento vemos transformarse el miedo en angustia, condición del trabajo analizante, ya que mientras el miedo inhibe, la angustia -en tanto signo de la causa perdida- es motor, siempre y cuando el analista sepa maniobrar con la angustia, ya que no hay análisis sin angustia, pero tampoco con un exceso de la misma.&nbsp;</p>



<p>Este nuevo anudamiento conlleva la desaparición de sus supuestos problemas escolares y la aparición de múltiples y variados intereses además del comienzo de una relación -largamente anhelada- con sus pares.&nbsp;</p>



<p>Pero el trabajo analítico siguió aún su derrotero orientado siempre por el real del goce del cuerpo situado en la entrada.&nbsp;</p>



<p>Ana Ruth Najles</p>



<p>Intervención en el debate “Comienzos de análisis” celebrado online el 25 de septiembre 2020.</p>
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