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	<title>Vilma Coccoz - Sección Clínica de Madrid (Nucep). Estudiar psicoanálisis en Madrid España.</title>
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	<description>Formación en Psicoanálisis Lacaniano Madrid España. Instituto del Campo Freudiano. Centro de estudios de psicoanálisis en Madrid. Estudiar psicoanálisis en Madrid. Cursos de psicoanálisis lacaniano.</description>
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	<title>Vilma Coccoz - Sección Clínica de Madrid (Nucep). Estudiar psicoanálisis en Madrid España.</title>
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		<title>Un salvoconducto para el autista</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Vilma Coccoz]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Sep 2012 20:17:54 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>En el marco simbólico que Jacques-Alain Miller ha proclamado en la lucha a brazo partido que debemos librar en defensa de la subjetividad amenazada por el cognitivismo, las dos acepciones que otorga el Diccionario de la lengua española al término salvoconducto nos convienen al referirnos a lo que intentamos poder ofrecer a los niños y [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="p1">En el marco simbólico que Jacques-Alain Miller ha proclamado en la lucha a brazo partido que debemos librar en defensa de la subjetividad amenazada por el cognitivismo, las dos acepciones que otorga el Diccionario de la lengua española al término salvoconducto nos convienen al referirnos a lo que intentamos poder ofrecer a los niños y a sus padres: 1) Documento expedido por una autoridad para que el que lo lleva pueda transitar sin riesgo por donde aquella es reconocida. 2) Libertad de hacer algo sin temor de castigo. La primera de las acepciones por tratarse de un documento, evoca el valor de la escritura, puede aplicarse al síntoma. El síntoma como la solución subjetiva más particular que puede conceder, que puede validar y legitimar la autoridad analítica para transitar por los lugares en los que se reconoce la importancia de la palabra.</p>
<p class="p1">La segunda acepción podemos referirla a los padres, porque les proponemos formar una red en defensa de su libertad de elegir el psicoanálisis para solventar las dificultades subjetivas a las que se enfrentan en su función simbólica. Muchas veces se encuentran amedrentados, amenazados cuando intentan objetar las prescripciones que los “expertos” dictaminan para el diagnóstico y tratamiento de sus hijos. Habitualmente son sometidos a un largo peregrinaje de pruebas neurológicas que finalizan con la indicación de centros “específicos”.</p>
<p class="p1">Hemos visto formarse una pirámide del terror cuya principal víctima es el pequeño, sometido a “programas” de estimulación y reeducación que se extienden a la vida familiar. Los padres, desconcertados y desorientados ante una difícil realidad en la que se encuentran desamparados se ven, además, exigidos, puestos a prueba. Si eligen un tratamiento psicoanalítico para sus hijos manteniéndolos en la escolarización ordinaria no lo tienen nada fácil, una lluvia de oposición se pone en marcha y depende de su capacidad de resistencia y de la buena voluntad de algunos directores y docentes el que un niño diagnosticado de autista pueda conservar su legítimo lugar junto a los demás alumnos “normales”.</p>
<p class="p1">La presión también se ejerce sobre los maestros de los centros ordinarios que integran a niños con “necesidades educativas especiales” que, frente a situaciones de dificultad se dejan aconsejar por los técnicos, reclamando recursos para la situación extraordinaria que supone un niño con tales características “atípicas”. Pero tal consulta supone que deben ser coherentes, adoptando las medidas sin cuestionar los diagnósticos de los responsables del ministerio de educación, porque la cadena de mando no ve con buenos ojos a los críticos. El temor a las sanciones, a las venganzas de las autoridades es nítido. Parece haberse formado una cadena de sometimiento a un dictat tan ciego como inclemente amparado en las “necesidades pedagógicas” que revela ser una ideología de dominio pura y dura.</p>
<p class="p5">En el año 2001 tuvimos el honor y la suerte de invitar a Antonio Di Ciaccia y a Virginio Baio a presentar, en Madrid, la práctica entre varios. De esa jornada inolvidable resultó una publicación cuyo prólogo escribió Judith Miller en el que presentaba el mapa europeo de RI3, las publicaciones, las instituciones, los encuentros de trabajo, la red de los intercambios en el Campo Freudiano.</p>
<p class="p3">En el comentario del caso que presenté en esa oportunidad se refería a mi lugar de Sancho, de escudero, para un pequeño Quijote durante el tiempo que duró su tratamiento. El pequeño Juan se nombró a sí mismo como un caballero en el momento en que adquirió relevancia la diferencia sexual en la transferencia. Antiguamente, el escudero tenía la obligación de asistir al caballero en los tiempos y ocasiones que así lo requerían. Un buen nombre, pues, para el partenaire del autista. Hasta hoy no he tenido ocasión de comentar el epílogo de ese recorrido en el que acompañé a Juan y a sus padres en el trabajo de construcción de sus salvoconductos en el terreno minado que ha impuesto el cognitivismo. Acordamos el mantenimiento de Juan en un centro ordinario, la lucha no fue fácil, pero lo conseguimos. En sus sesiones Juan se había interesado de entrada por los números. Gracias a los cuales descubrió la importancia del cero a la vez que construía su cuerpo y sus esfínteres. A la par, diseñaba una topología personal de la consulta en torno al baño, como agujero interior y a una ventana, como agujero exterior. Jacques-Alain Miller ha destacado la articulación estructural entre el lugar y el lazo que se fueron conformando, a la vez, la dimensión del Otro.</p>
<p class="p5">Su nacimiento había sido muy traumático, sus primeros meses, extremadamente delicados. Me lo hizo saber a través de sus juegos, convocándome a asistirle en su trabajo de elaboración (durcharbeitung). Construyó una versión de una familia, despertó su curiosidad por las letras y las palabras. Las puertas de lo simbólico se abrieron y él empezó a recorrer distintos senderos, primero fragmentados, trozos de canciones, retazos de relatos, murmullos e invenciones. Cuando sus historias empezaron a regirse por una secuencia empezó a preocuparse por nuestra separación y el tiempo adquirió una importancia desconocida. Durante meses dibujó relojes que recordaban los relojes blandos de Dalí. Los números, que tanto le ocuparon al principio, se transformaron en la medida del tiempo, a la vez que conquistaba el uso de los verbos y del pronombre personal. Y un día se marchó, muy contento. Un año después recibí una llamada de sus padres diciéndome que Juan me recordaba y quería venir a saludarme. En esa visita, con cierta nostalgia, recorrió las estancias en las que se sucedieron sus sesiones. Al final quiso hacer un dibujo, ¡un molino de viento con las aspas sujetas por una cuerda!</p>
<p class="p5">Que el autista consiga resignar su desesperada y extrema defensa en la que sólo puede echar manos de sus escudos imaginarios con los que se cubre los ojos y los oídos depende de la delicada respuesta que consigamos dar a sus tenues signos de aceptación, al peculiar diálogo que entabla con “un buen entendedor al que dirige su saludo”.</p>
<p class="p5">La respuesta particular que cada sujeto reclama y que el psicoanálisis de orientación lacaniana viene elaborando a través de los años sólo puede gestarse en una comunidad de experiencia. Así definió Lacan a su Escuela. Cada analista, al resignar una soledad autística en favor del lazo social contribuye a dar consistencia a una red de intercambio de experiencias, de entrecruzamiento de lenguas. De este modo puede extenderse la atmósfera que el autista y sus familias necesitan para salir adelante sin tener que recurrir a luchas estériles y lacerantes con molinos de viento.</p>
<p class="p5">En la preparación on-line de estas jornadas se ha podido apreciar, día tras día, el sólido amarre de los redondeles de cuerda lacanianos en los que se apoya cada reflexión doctrinal, cada viñeta clínica. A la vez, la diversidad de estilos y perspectivas, nos dan una idea de lo vida, la creatividad, la pluralidad que aporta la formulación de las buenas preguntas que la experiencia del autista suscita en quienes nos ofrecemos a acompañarles durante el trayecto de búsqueda de su alojamiento en el discurso.</p>
<p class="p5">Vilma Coccoz</p>
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		<title>Un lugar en el mundo</title>
		<link>https://nucep.com/publicaciones/un-lugar-en-el-mundo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Vilma Coccoz]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Sep 2012 20:17:10 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>a) Espacio y tiempo. En Nuevas Conferencias de Introducción al Psicoanálisis Freud afirma que el descubrimiento de la instancia psíquica del Ello, deducido a partir de la incidencia de la pulsión de muerte en la subjetividad, tendría, como una de sus consecuencias, el hacer temblar los pilares racionales de las categorías kantianas de espacio y [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>a) Espacio y tiempo.</strong></p>
<p class="p3">En <i>Nuevas Conferencias de Introducción al Psicoanálisis</i> Freud afirma que el descubrimiento de la instancia psíquica del Ello, deducido a partir de la incidencia de la pulsión de muerte en la subjetividad, tendría, como una de sus consecuencias, el hacer temblar los pilares racionales de las categorías kantianas de espacio y tiempo. Intuición fulgurante si tenemos en cuenta la conquista conceptual operada por la enseñanza de Lacan en relación a estas dos dimensiones de la existencia en el ser hablante. La acción del significante y su ordenamiento en un discurso hacen posible la simbolización del espacio, como lo demuestra el hecho de que cada lengua ofrezca la distinción de “aquí”, “allí”, “cerca”, “lejos”, etc. facilitando la discriminación de zonas, de <i>topoi</i>, de lugares que serán esenciales en la estructuración de la subjetividad, haciendo posible el funcionamiento del principio de realidad y la regulación del cuerpo. Esta construcción del aparato psíquico (en términos freudianos) o estructuración de la subjetividad (según Lacan), depende de la institución del lugar del Otro sin cuyo soporte no existiría la dimensión de la alteridad, constitutiva de la existencia. Así se efectúa la instauración de lo íntimo y lo ajeno, lo interior y lo exterior, aunque conlleva la paradoja esencial al ser hablante, la de percibir que habita un mundo singular, aquél donde lo más íntimo puede mostrársele como lo más extraño, dado que de este modo se perciben las manifestaciones del inconsciente. Así lo ilustran los sueños, que suceden en Otra escena, o los lapsus y actos fallidos, que suelen convocar la negación inmediata “no quise decir eso”, evidenciando que el yo no es el amo en su propia casa.</p>
<p class="p5">Y qué decir del tiempo? No tendríamos ninguna noción de la temporalidad si la acción de los verbos no se acompañara de la conjugación temporal con la que se ordenan los hechos en un pasado, presente y futuro, aunque la significación de los acontecimientos depende también de la subjetivación del tiempo. Pero los hechos del inconsciente trastocan también este orden, como lo demuestran los síntomas, que manifiestan un carácter constante, característico en la expresión que acompaña su repetición: “siempre me pasa lo mismo”.</p>
<p class="p5">La realidad del inconsciente supone que las coordenadas espacio-temporales que funcionan en el campo del Otro(1) requieren de un sutil y complejo proceso de subjetivación y exige tener en cuenta unas nociones del tiempo y del espacio más elaboradas que las que nos ofrece la conciencia.</p>
<p class="p6">Desde la perspectiva del psicoanálisis ambas nociones se vinculan a la doctrina del sujeto elaborada por Jacques Lacan a partir del estudio de la incidencia de la acción del significante en los hechos del inconsciente postulado por Freud. Gracias a Lacan podemos distinguir que el lenguaje produce, en los hechos del discurso, efectos de sentido o significación y efectos libidinales o de satisfacción. La experiencia psicoanalítica con las neurosis ha contribuido a desentrañar estas dos realidades (sentido y satisfacción) en la estructura del síntoma: en primer lugar ¿qué quiere decir el síntoma?, luego, ¿a qué fines sirve?</p>
<p class="p5">En el campo del sentido, el sujeto encuentra la lógica temporal que ordena su síntoma relacionada con la trama de su historia, que se ha tejido con el hilo del deseo, dando lugar a la inscripción de una matriz repetitiva de representaciones inconscientes. Las huellas de <i>lo visto y lo oído(2)</i> dejan su marca y, gracias a la acción de la represión, se reordenan en capítulos diferentes, son las páginas de la historia subjetiva, escrita sin el consentimiento de la conciencia, a partir de encuentros y pérdidas fundamentales. Su ordenamiento en una diacronía requiere de la constitución del inconsciente como Otro lugar, Otra escena psíquica cuyo funcionamiento responde a una temporalidad retroactiva (<i>après</i> <i>coup</i>) como lo ilustra la estructura misma de la frase: hemos de esperar una puntuación para acceder<i> </i>al sentido. Ciertos acontecimientos pueden cambiar el curso de una existencia pero siempre en relación al valor, al sentido que adquieren en el inconsciente y a su incidencia respecto a las identificaciones que, vinculadas al deseo, otorgan una consistencia al ser y nos dan la ilusión de permanencia, como cuando se profieren enunciados del tipo “yo soy así”.</p>
<p class="p5">Por otra parte, el campo libidinal del síntoma parece escapar al tiempo, parasitando la vida con una satisfacción paradójica que Freud metaforizaba como la acción de un germen inmortal. Este germen, el significante, se inserta en nuestro tránsito entre la vida y la muerte revelando la incidencia de una instancia más allá del principio del placer que contraviene los principios de adaptación y bienestar, trabajando muchas veces en su contra, pero sin cuya consideración no podemos inteligir aquello que llamamos vida, perfilada en un lugar y un tiempo, ni en la subjetividad neurótica ni en la experiencia del delirante.</p>
<p class="p8">
<p class="p1"><strong>b) En las psicosis.</strong></p>
<p class="p5">En las psicosis, debido a una carencia simbólica en el ordenamiento de la subjetividad, ambas dimensiones, temporal y espacial, se hallan seriamente perturbadas y los fenómenos que lo verifican se muestran estrechamente relacionados con graves trastornos en el orden del sentido y en la dimensión de la satisfacción. Así lo demuestra el presidente Schreber en sus <i>Memorias de un</i> <i>neurópata</i>, cuando describe su desencadenamiento psicótico como<i> la catástrofe acaecida en el Orden del Universo y el momento en que se extinguieron los relojes del mundo porque se habría excavado un gran agujero en la historia de la humanidad, no pudiendo dejar de reconocer que, considerado desde fuera, todo parecía estar como era entonces. </i>De este modo consigue nombrar la<i> </i>explosión de las coordenadas espacio-temporales del sujeto, admitiendo por lo demás, que éstas continuaban rigiendo el mundo que le rodeaba. Este paranoico excepcional también nos instruye sobre la imperiosa necesidad que tuvo de restaurar un orden temporal y espacial en su trabajo delirante. En él distingue la configuración de los <i>vestíbulos del cielo</i>, el lugar de un dios superior y de otro inferior y una interconexión de los <i>rayos divinos</i> con su cerebro, diseñando de este modo un neoespacio donde habitar con un cuerpo cuyo funcionamiento había estallado y una nueva temporalidad a partir de la certeza, dice, de haber leído en el periódico el anuncio de su propia muerte.</p>
<p class="p5">En la clínica con psicosis infantiles es más dificil situar los desencadenamientos, por ese motivo debemos estar atentos a las discontinuidades, a los cortes que nos relatan las personas que se han ocupado de sus cuidados. Habitualmente se encuentran acontecimientos que marcan un antes y un después, aunque también encontramos relatos que describen una extraña continuidad en la vida del niño, “siempre fue así, siempre fue distinto”, nos dicen. Por otra parte, todos los testimonios clínicos desde Melanie Klein, que en el año 1925 llevó a cabo el primer tratamiento de un niño psicótico, hasta la actualidad, reflejan la incidencia en el comportamiento de estos niños de desórdenes en ambas dimensiones y su correlación con la ausencia de la constitución del yo y del cuerpo, que requiere un trazado de límites, una <i>cartografía del cuerpo,</i> según la expresión de Monique Musnierek, para poder funcionar en la realidad.</p>
<p class="p5">Desde la perspectiva del psicoanálisis los fenómenos psicóticos que indican perturbaciones del espacio y el tiempo no se consideran déficits funcionales sino el efecto, en ambos órdenes, de una carencia simbólica en la estructura que afecta al orden del sentido y también al de la satisfacción, lo que habitualmente produce desconcierto en su entorno ante las manifestaciones enigmáticas de su lenguaje o ante sus comportamientos extravagantes que implican extraños o mortíferos placeres.</p>
<p class="p5">Hemos de partir de la consideración de que somos hermanos, ellos también son hijos del logos. Nuestra existencia como hablantes nos impone el deber de regir nuestra vida con acuerdo a una estructura, la del lenguaje, en la que la significación temporal y la distinción de lugares es necesaria para habitar nuestra casa, la casa del ser, que es la del discurso. Reconocemos que estos sujetos están fuera del discurso, pero también que realizan un trabajo persistente por alojarse en la estructura respecto a la que aparecen exiliados y nos ofrecemos a acompañarles en su labor por encontrar un lugar en el mundo.</p>
<p class="p13">
<p class="p1"><strong>d) Presentación de Juan</strong></p>
<p class="p5">Hace tres años que Juan empezó a venir a verme orientado por la psicóloga que se ocupaba de su terapia de estimulación quien destacaba sus trastornos del lenguaje, la ausencia de pronombre personal y una serie de estereotipias. Sus padres me informaron acerca de las difíciles condiciones de su nacimiento: a los seis meses de embarazo les comunicaron que el feto no crecía a causa de un exceso de líquido amniótico y, aunque en el séptimo mes fue descartado el enanismo, la angustia de la madre no disminuyó. Juan nació por cesárea, a las treinta y cinco semanas, a causa de sufrimiento fetal. Pasó sus primeras horas de vida en la UVI y sus dos primeros meses en la incubadora. En la exploración le fue descubierta una hemorragia parenquimatosa parieto-occipital izquierda y aunque el coágulo fue reabsorbido, los médicos previeron como secuela una lesión. A los cinco meses sufrió una intervención quirúrgica motivada por una hernia inguinal. Muy pronto le detectaron un reflejo de babinski bilateral y espasticidad por lo que fue indicada la estimulación. A sus ocho meses le prescribieron gafas por un estrabismo convergente. A causa del retraso psicomotriz, el pie equino y la hipertonía fue sometido a un tratamiento de fisioterapia durante el cual empezó a caminar. Al cumplir el año le fue administrada una toxina en el marco de un programa experimental para corregir su estrabismo.</p>
<p class="p5">En Los <i>tres ensayos para una teoría sexual</i> Freud postula que el surgimiento del pensamiento en el niño se produce bajo el acicate de una amenaza para sus condiciones de existencia. El niño comienza a elaborar sus primeras teorías a partir de la pregunta ¿de dónde vienen los niños? Bajo la urgencia representada por la posible aparición de otro que pueda destituirle de su lugar. Esta pregunta no es sino la traducción de otra pregunta: ¿en qué deseo nací? Gracias a las respuestas que fabrica el niño lleva a cabo una simbolización de su origen en un deseo no anónimo, lo que le permite encontrar un lugar en la cadena de las generaciones, una filiación simbólica. ¿Pero qué sucede cuando un pequeño cuerpo recién nacido, habiendo padecido ya sufrimiento fetal, es asaltado por una sensación orgánica, un dolor o un trauma real que impide el funcionamiento de un límite, de una defensa psíquica, de un esfínter con el que combatir la presencia constante, de lo que no cesa?(3) ¿qué estragos puede llegar a producir que el niño no pueda ocuparse de encontrar una brújula en la <i>atmósfera semántica de su entorno, hecha de deseo y sentido, tan vital como el aire,</i> según la expresión de Antonio Di Ciaccia? Ocurre que no puede establecerse la primera alternancia simbólica que regula la presencia y la ausencia, el fundamento del principio del placer y el germen del aparato psíquico: “ahora está, ahora no” la madre, el seno, el día y la noche. El rudimento simbólico del espacio y el tiempo se verán entonces seriamente comprometidos, dejando al niño en una singular atemporalidad, en una especie de eterno presente sin sujeto que impide la distribución de su experiencia en los registros simbólico, imaginario y real, haciendo imposible el acto de hablar y la subjetivación del cuerpo.</p>
<p class="p10">
<p class="p1"><strong>e)La simbolización de los lugares y la constitución del Otro.</strong></p>
<p class="p5">El primer trabajo de Juan se orientó a producir esa alternancia simbólica, a partir de la elección de unos números de gomaespuma que le esperaban en nuestro primer encuentro, junto a libros, letras y juguetes que no despertaron su interés. El único lazo conmigo fue durante un tiempo un juego por el que Juan sacaba uno a uno los números de una bolsa, enunciando el nombre y esperando mi asentimiento. Por lo demás, semejante a un muñeco de cuerda recorría una y otra vez el pasillo en un deambular frenético mientras golpeaba acompasadamente unas fichas o un coche amarillo hasta provocarse heridas. Los golpes se acompañaban de una rítmica emisión de sonidos que iban <i>in</i> <i>crescendo </i>hasta acabar, a veces, en aullidos o gritos. Yo me mantenía en la disposición que Virginio<i> </i>Baio define como <i>“distraídamente atenta”</i> porque había detectado el carácter persecutorio que podía tener para él una mirada directa o una demanda dirigida y sólo intervenía para evitar que se hiciera daño.</p>
<p class="p5">Los espacios de mi casa se fueron convirtiendo poco a poco en un trazado donde ciertos lugares iban a distinguirse. Juan fue dibujando con esfuerzo una topología: en primer lugar, el hallazgo de una cortina amarilla que simbolizaba el límite final a su trayecto le permitió situar el espacio exterior. Al volver, habiendo dejado en su camino todas las puertas abiertas y las luces encendidas exclamaba ¡he visto la cortina amarilla! En su itinerario febril comenzó a destacarse una estancia prolongada en uno de los baños, llamando mi atención que allí cesara su estribillo machacón. El contraste entre diferentes espacios comenzó a perfilarse: en el espacio del baño y de la consulta se producían silencios. Durante las vacaciones sus padres le iniciaron en el control de esfínteres, lo que motivó que a su regreso se agregaran a las huellas de su paso, el pis y la caca. La estancia silenciosa en el baño era interrumpida por el agua del water, hasta que un día vino a informarme con alegría ¡Hice pis! A partir de ese momento hará pis cada vez, en su lugar elegido, en silencio. Su conquista implicaba no sólo la incorporación de las costumbres civilizadas sino el hallazgo de otro lugar importante: el agujero interior.</p>
<p class="p5">Pero el descubrimiento del pene desencadenó una masturbación compulsiva que remitió notablemente el día en que se hizo caca en la consulta, yo le propuse recogerla y llevarla al lavabo comentando la operación que él observaba atentamente. Es preciso aclarar que la masturbación tiene en estos casos un valor completamente diferente del que manifiesta en las neurosis porque es real, irrumpe en el cuerpo pero no está vinculada a los símbolos que otorgan el sentimiento de culpa, la vergüenza y el pudor. Juan conquistó entonces la función simbólica del lugar vacío (el water) donde alojar el elemento (la caca), que constituye, según lo demuestra Fregue, el paso lógico para constituir la serie de los números. Posteriormente, me dejó encerrada en la consulta mientras él hacía su ruta, que se había vuelto más silenciosa, lo que a veces me inquietaba porque no podía imaginarme lo que estaba haciendo. La creación del vacío es esencial para la producción del pensamiento y de la cultura, como lo demuestra Francois Cheng, siguiendo a Lacan, en su análisis de la estructura del pensamiento taoísta. Para Juan la creación del vacío tuvo importantes consecuencias: el funcionamiento del esfínter hizo posible el uso del pronombre personal, la correcta conjugación verbal y la introducción de la ausencia en el conjunto de los números. Juan empezó a llevárselos y a recibir con regocijo la respuesta de que no estaban cuando preguntaba por ellos. El juego se vio enriquecido con una nueva alternativa, si al principio era “es- no es” se agregó en ese momento “está-no está”. También inició una curiosa traslación de los números hacia la zona del pasillo, donde se le escuchaba cantar trozos de canciones donde aparecían números. En esa época no sólo me dejaba encerrada sino también a oscuras y cada tanto volvía a asegurarse de que no me había movido.</p>
<p class="p5">Así, su pequeño mundo comenzó a ordenarse distinguiendo su casa, la mía, la de sus abuelos, su colegio, por el número del portal, más tarde lo haría con las matrículas de los coches y los números de teléfono, exhibiendo una memoria tan aguda que le permitiría reproducirlos al revés.</p>
<p class="p5">Esta etapa se acompañó de la demostración de sus hazañas, saltaba, subía, bajaba, levantaba una pierna apoyando los brazos en el suelo ¡Mira lo que hago! proclamaba orgulloso. La incorporación parcial de la estructura tuvo como efecto la constitución de un yo rudimentario y el comienzo de la subjetivación del cuerpo: Juan, que se mostraba frágil, temeroso y poco aventurero hasta entonces, experimentaba el placer de las proezas físicas a las que acompañaba con amenazas ¡te doy un pelotazo!, ¡te doy una patada!, a la vez que su mirada se iluminaba con alegría.</p>
<p class="p16">
<p class="p1"><strong>f) la sexualidad del ser hablante no es natural.</strong></p>
<p class="p5">La consistencia de las identificaciones yoicas supone la subjetivación del sexo que requiere un complicado proceso porque, por un lado, existe la determinación anatómica de los sexos; en segundo lugar, las representaciones de lo masculino y lo femenino en el discurso del Otro, de donde llegan al sujeto ciertas intimaciones, incluso bajo la forma de la ropa y; en tercer lugar, la identificación inconsciente que se opera de un modo particular en cada uno de nosotros, la elección subjetiva del sexo. Este proceso psíquico reviste una seria dificultad para el psicótico que no dispone del símbolo que escribe la diferencia sexual, el falo, y por esta razón debe encontrar una solución, un artificio, una suplencia, para cubrir esta carencia simbólica. Juan intentará primero aprehenderla en una identificación imaginaria conmigo, transitivista. Un día fue al lavabo y a su vuelta, con los pantalones bajos y un collar mío sobre la cabeza exclamó: “Vilma, me lo he puesto en la cabeza”, se acercó a mí y tocando el collar que llevaba puesto afirmó: “este collar es mío”. Le subí la ropa, le hablé de la diferencia sexual, admitiendo que él quería mostrarme su condición de niño. Al final le mencioné la conveniencia de ir vestido. Pero la tensión agresiva de la identificación especular se hacía sensible en momentos en que tiraba y pisaba todo lo que encontraba en la consulta, golpeaba las cosas con el collar que poco a poco iba perdiendo las perlas hasta que un día, desapareció. Mientras tanto, su trabajo con los números se pobló de ceros a los que fue agregando letras en las que distinguía el agujero de delante del de atrás (la p y la q, la b y la d).</p>
<p class="p5">Los tarareos estridentes en el pasillo fueron sustituyéndose por parrafadas murmuradas, un día me dirigió claramente un parlamento a lo que respondí que no entendía, lo que le encantó y se instauró como un juego. Sabemos el beneficio que comporta no ser transparente al Otro porque sitúa un lugar muy preciado, el de la intimidad.</p>
<p class="p1">Sus construcciones parloteadas comenzaban por “yo tenía &#8230;..(murmullo) cinco, es maravilloso&#8230;..</p>
<p class="p5">(murmullo) .. fueron felices y comieron perdices” o “colorín, colorado, este cuento se ha acabado”. De este modo quedaba manifiesta la cadena rota(4) a la vez que en la estructura sintáctica de la frase y en la función de la puntuación, se percibía la exigencia de un orden para que el sentido advenga. La dimensión del sentido se mostraba afectada por la carencia de un elemento simbólico que permite abrochar las significaciones, y que, por lo tanto, aparecían en suspenso. El neurótico dispone de un abrochamiento <i>standard</i>, según la expresión de Eric Laurent, el complejo de Edipo, que constituye la trama simbólica de la humanización del deseo. Pero el psicótico, al no disponer del significante del nombre del padre que ordena la cadena instituyendo un lugar en las generaciones, trabaja para hacerse un nombre, para hacerse un yo: la función del yo que estabilice el campo del sentido con significaciones estables y ordenadas y que le permitan situar su lugar en el enjambre simbólico, es decir, lograr una reunificación de los elementos que aparecen dispersos.</p>
<p class="p5">En una ocasión vino a buscarme, me tomó de la mano para hacer el recorrido que antes hacía solo y en una de las habitaciones donde hay signos infantiles se encerró y me dejó fuera. Era el preludio de una etapa muy importante. Paso a paso me indicaba lo que debía hacer con órdenes muy precisas y con un tono imperativo que le regocijaba: “entra”, “sal”, “siéntate”, “pasa por aquí”, etc, al tiempo que iba nombrando cada cosa que llamaba su atención. A veces me dejaba plantada en alguna parte y luego volvía con otro imperativo, sobretodo el de acudir a la habitación del fondo donde ejercitaba una alternancia cerrando la puerta, “ahora tú”, “ahora yo”, “tu primero”, “yo después”.</p>
<p class="p5">El tejido del frágil lazo que iba forjando se interrumpía en momentos en los que se enfrentaba a su impotencia para cubrir la carencia simbólica o a acontecimientos que la ponían de manifiesto. Entonces, aunque de forma reducida, volvía al comportamiento frenético de encender y apagar luces, abrir y cerrar puertas o al palmoteo sonoro. Un día tuvo un accidente en el colegio y tuvieron que darle puntos, lo que provocó una marcada desconexión. En el lavabo pasó largo tiempo con el grifo abierto, mientras se hurgaba la nariz hasta hacerse sangre. La carencia de la simbolización de la castración determina que el psicótico intente a veces producir una mutilación en lo real de su cuerpo, como en un intento de separarse de algo excesivo y mortificante que lo atormenta, como un ensayo de crear una pérdida que es fundamental para el sostén de la subjetividad. El deseo es falta, falta fecunda, es la esencia misma del hombre según Spinoza y por eso la falta adquiere una importancia vital para el equilibrio subjetivo. El sufrimiento de este niño era patente cuando se tumbaba en el diván gimiendo ¡Socorro, auxilio!</p>
<p class="p16">
<p class="p1"><strong>g) La primera página de su historia.</strong></p>
<p class="p5">Entonces decidí hacerle una construcción en la habitación del fondo donde Juan había instaurado un juego: simulaba asustarme al entrar, me pedía que me cubriera con una manta para luego hacerme desaparecer tirando de los bordes. Cuando intentó plegarse a mí colocándose debajo como en una ficción de parto, le hablé de las difíciles condiciones de su nacimiento, de su enfermedad, de la traumática separación de sus padres, de su estancia en la incubadora queriendo gritar “socorro, auxilio!” pero sin poder hacerlo porque era un bebé, de sus ganas de pedir que se apagase la luz. A partir de entonces, en cada sesión me pedía que le hablara de cuando era pequeñito, preguntando detalles mientras, como un bebé, daba vueltas, saltaba en la cama, se ponía boca abajo y arriba, daba patadas al aire, jugando.</p>
<p class="p5">Luego de un tiempo desplazó su interés a otro lugar, a las ventanas de la casa que dan a un patio interior en el que está ubicado el ascensor. Que este interés se vinculaba a la pregunta por el funcionamiento del pene, que también sube y baja, lo demostraba el resurgimiento de la masturbación y el hecho de situarse ante la ventana tocándose. Sobrevino una larga temporada en la que nada lo distraía de “los ascensores”, cuyo plural se explica en razón de la carencia del significante que reúne ambos movimientos. Para Juan eran efectivamente dos ascensores, uno que subía y el otro que bajaba, aunque precisó una vez, en el tercero (el de la consulta) son uno. Esta investigación se acompañó de un lento discurrir de sus preguntas por su posible caída en el hueco del ascensor. La carencia del significante fálico que otorga el <i>sentimiento más íntimo de la vida</i> según la expresión de Lacan, precipitaba a Juan al agujero donde la acción de la pulsión de muerte le atraía como un imán. “Y si me caigo y me mato?” “Y si me caigo y quedo aplastado?” me preguntaba. Gracias a la transferencia, mantuvo un diálogo conmigo acerca de todas las posibilidades que ese hueco ofrecía. Así tuve oportunidad de introducir significaciones de la vida y de manifestar mi negativa tajante a la posibilidad de su muerte. Por ejemplo, si me preguntaba si podía bajar por ahí respondía que con cuidado porque es peligroso, entonces se le ocurrían soluciones, saltar de ventana en ventana, ayudarse con una cuerda. El intercambio se detenía a veces con fuertes golpes en el cristal con exclamaciones como ¡Abrete sésamo!, o con insultos a una presencia real, alucinatoria.</p>
<p class="p5">Pero este ejercicio se enriquecía cada vez con nuevas hipótesis como “¡y si me caigo con cuidado y sin cuidado?” “¿ y si me caigo para arriba y para abajo?” “¿y si me caigo sin peligro?” Una difícil prueba dialéctica a la que a veces yo no acertaba a responder, optando por afirmar su posibilidad de</p>
<p class="p5">ser dicha, como “humm, caerse para arriba”. Fue todo un logro el día en que comenzó a barajar las posibles caídas de todos los objetos que veía hasta llegar a barruntar la mía. Entonces ordenó los pisos numerándolos del primero al cero para suponer que la serie de los negativos continuaba a partir del suelo (donde ubicaba el límite a partir del cual situaba el -1). “Tú tienes ganas de caerte por ahí”, me dijo como una puesta a prueba del deseo. “No”, le respondí, “y yo?” “Tú tampoco” a lo que siguió una expresión amorosa, tirándome besos, signos de amor de los que no es precisamente pródigo. Posteriormente, radiante, me dijo “mira lo que te voy a contar” y me relató una fantasía en la que había subido del 0 al 6º piso, de uno en uno ayudándose con una escalera. Esta fase se saldó con una incorporación de significaciones de la vida, la muerte y el peligro, pero sin una significación sexual, como se evidenciaba en su confesión de que estaba obligado a tocarse “¡tengo que hacerlo! -decía desesperado- porque el pito hace ruido”. Así manifiestan estos niños el acoso que los adultos psicóticos sufren con las alucinaciones auditivas y es por este motivo que muchas veces se tapan los oídos. Luego de pedirme varias veces que le aupara para ver el hueco del ascensor y comprobar el orden de los pisos y del suelo, me indicaba que lo bajara y volvía a sus investigaciones. Con este proceso fue disminuyendo la hipnosis por la ventana hasta que un día me dijo “ jugamos a algo?”</p>
<p class="p18">
<p class="p1"><strong>h)Lugares y relaciones.</strong></p>
<p class="p5">En su bolsa le esperaban los juguetes ante los cuales había sido, hasta entonces, completamente indiferente. El hallazgo de un grupo de dálmatas a los que nombró como el padre, la madre, el mediano y el chiquitín, estableció otro aspecto de su trabajo simbólico: apoyándose en estas figuras desplazó el interés por la caída en un hueco, por el deslizamiento en la parte izquierda de mi sillón, donde situó un tobogán imaginario por el que caían uno a uno, felices, los dálmatas.</p>
<p class="p5">A veces las sesiones eran un trasiego entre la ventana, los dálmatas, los números y las letras salpicados también con ataques de impotencia en los que tiraba todo, me pellizcaba, golpeteaba. En una ocasión se sentó frente a mi por primera vez y me dijo “Vilma, quiero ser aquí”.</p>
<p class="p5">El grupo de dálmatas a los que enseguida les quitó el rabo, se perfiló como una primera cadena simbólica de relaciones, primero, el dálmata chiquitín se ejercitaba en tirar a los otros con gran placer, luego iba a trabajar para escribir su nombre con Vilma, y cuando volvía les tiraba, tenía que desalojar a los demás para obtener un lugar para él, luego, exausto, descansaba. En un tiempo posterior se ocupó del padre y la madre, mientras los pequeños dormían éstos iban de paseo, se peleaban, uno pisaba al otro, caían, etc. A veces los colocaba a todos en fila “mirando un nacimiento”. Vemos el paso de la alucinación visual que intentaba detener con los golpes en la ventana, a veces con sus gafas, a la acción de mirar que se vincula con una cadena de personajes. Coronó esta operación con la formación de la palabra “Lucky” y con el comentario de lo que iba encontrando en los libros que tenía a su disposición reclamando mi atención ¡Mira! Días después exhibía orgulloso sus ropas solicitando mi mirada. El trabajo con los dálmatas continuó hasta que intervino la diferencia sexual, en el siguiente modo: la madre ha ocupado el servicio del padre y al revés “¿qué haces en mi servicio?” me indicaba repetir “¿ y tú en el mío?” y al revés, “¡qué confusión!, no puede ser!”, Sentenciaba. Pero la solución no acudía y acababa tirándolos al suelo. En esa coyuntura formuló el problema que lo ocupaba, primero formó con letras SE, luego ES, luego DESEO.</p>
<p class="p19">
<p class="p1"><strong>i)El deseo de desear.</strong></p>
<p class="p5">Posteriormente, se sentó frente a mi y me pidió que le hablase de cuando nació, de cuando estuvo enfermo. Me escuchó atentamente y añadió que lo que pasaba era que tenía una herida. Elemento fundamental si tenemos en cuenta que su madre me hizo saber que se tocaba el pito hasta hacerse una herida. En otra ocasión, luego de solicitar el relato de su nacimiento, me dijo que las enfermeras a veces apagaban la luz, y como le escuché balbucear la palabra techo le dije que, estando en la incubadora, él miraba el techo esperando que la luz se apagara. La conclusión de este problema llegó el día en que me preguntó para qué sirve la cadena que cuelga de la lámpara, a lo que respondí “para encenderla” y él agregó “y para apagarla”. A partir de entonces despareció la conducta estereotipada de apagar y encender y la de abrir y cerrar.</p>
<p class="p5">También luego de haberle colocado un algodoncito en la nariz y advertirle sobre el daño que podía hacerse, la acción de hurgarse la nariz se detenía con la extracción de un moco que colocaba religiosamente sobre el diván o sobre el suelo.</p>
<p class="p20">De espaldas a mi ordenaba unas letras hasta formar SONIC, luego ASEOS.  Canturreaba: “el camino hacia la libertad con un amigo de verdad”. Que su investigación estaba dirigida a encontrar una solución para su ser sexuado quedó de manifiesto en el siguiente diálogo: “Tú tienes pito?” “No”, “¿por qué”, “porque soy una chica”. “Llevas falda?” “Sí”, “yo pantalones” “claro, porque eres un chico”, “sí, un caballero”. Relató entre susurros el cuento de Aladino y exclamó “ahora ves lo que se siente siendo un chico!, se cumple un deseo”. Luego me aclaró que el dálmata mediano, que claramente me representa, está sentado y es una chica. Pero este ímprobo trabajo se volvía infructuoso&#8230; Lo dejó en suspenso durante un tiempo en el que volvió a ocuparse de los números, como si eso le permitiera encontrar un sosiego y un orden muy necesarios, no olvidemos que su trabajo de construcción del Otro se desplegó de este modo, a partir de los números que establecen un orden en lo real. El día que volvió a pedir los dálmatas se encontró, revisando la bolsa con un quinto muñeco, más pequeño aún. Encantado ¡ha nacido! Me informó a mi y luego a su padre. Con estos cinco elementos ensaya aún hoy todas las combinaciones, todos los lugares posibles, pero tampoco llega a concluir&#8230;</p>
<p class="p5">Tiempo después hizo la siguiente demanda:“¡Vilma, di un millón de deseos!” lo hice, y entonces replicó “No se puede, eso no funciona!” “Quizás un millón de deseos no, pero algunos deseos sí.” Le dije, a lo que él respondió: “Sí, algunos sí y otros no.” Ordenó las letras a,b,c, d y me dijo que la “a” era “Visionlab”, la segunda “quiero”, la tercera “Australia” y la cuarta “Italia”. Así estableció un juego “¿Cuál eliges?” “La d”, o “la c” manifestaba yo. Aunque me respondía “de acuerdo”, se quejaba de que yo repitiera mis elecciones (c y d) aunque él sólo elegía la b, como si de este modo intentara grabar en su alma la función del deseo.</p>
<p class="p5">Formó la palabra SONIC inclinándose como un musulmán delante de este significante, poniéndolo en contacto con su cabeza, luego se levantó y leyó un cuento de principio a fin con una excelente entonación y puntuación.</p>
<p class="p5">Es admirable la seriedad con la que este niño ha realizado todo este trabajo. Que Juan ha incorporado una dimensión topológica lo testimonia el hecho de que ya no necesite ir al baño para reunificarse con el esfínter anal. Que su vida está ordenada por una rutina semanal de sesiones, colegio, visitas y que el tiempo del Otro es reconocido y admitido en la estructura de los cuentos, también. Que ha aceptado la simbolización de la diferencia sexual anatómica en el campo del discurso, manifestando un consentimiento a un semblante de chico y a la distribución urinaria que rige la vida en sociedad, también. Pero aún está en suspenso aquello para lo que la construcción de su nacimiento no ha sido suficiente. De su historia subjetiva sólo ha escrito una página y las siguientes están a la espera de un abrochamiento, de una solución simbólica para su identidad sexual donde se anuden el lugar y el tiempo. Esta dificultad es expresada por Juan con una frase de resonancia heiddegeriana. “Estoy hecho un lío, me dirá, ahí donde la nada es algo.”</p>
<p class="p22">Vilma Coccoz</p>
<p class="p1"><strong>Bibliografía</strong></p>
<p class="p23">Sigmund Freud: <i>Nuevas Conferencias de Introducción al Psicoanálisis Nº XXXIV</i> Tomo III Edit. Biblioteca Nueva. Madrid 1973.<br />
Eric Laurent: <i>Las transformaciones en la clínica de Jacques Lacan</i>. Espacio de Investigación Madrileño. Madrid 1999<br />
Eric Laurent: <i>Hay un final de análisis para los niños</i>. Colección Diva Buenos Aires 1999.<br />
Antonio Di Ciacchia, Virginio Baio y otros: <i>Preliminaire.</i> Publication du Champ Freudian en Belgique.<br />
Jacques-Alain Miller y otros: <i>Los inclasificables de la clínica psicoanalítica</i>. Paidós. Buenos Aires 1999.<br />
Revista <i>Carretel</i> Nº 2 y 3<br />
Revista de la Diagonal Hispanoablante &#8211; Nueva Red Cereda. Madrid 1999- 2000.<br />
Robert y Rosine Lefort: <i>Structures des Psychoses</i>. Ed. Seuil Paris 1988.</p>
<p class="p1"><strong>Notas</strong></p>
<ol>
<li>En la enseñanza de Lacan la función del Otro se declina de formas diferentes.</li>
<li>Según la expresión de Freíd</li>
<li>Este párrafo ha sido elaborado a partir de la enseñanza de Eric Laurent en el Espacio de Investigación Madrileño, en diciembre de 1999.</li>
<li>De este modo conceptualiza Lacan el trastorno de la significación en la psicosis: la cadena no funciona según la retroacción y el sentido aparece en suspenso.</li>
</ol>
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		<title>Modalidades del acto y estrategias de la transferencia</title>
		<link>https://nucep.com/publicaciones/modalidades-del-acto-y-estrategias-de-la-transferencia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Vilma Coccoz]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Sep 2012 20:16:31 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Las entrevistas preliminares tienen una función esencial en el análisis, afirma Lacan en El saber del psicoanalista, también, con prudencia, titula uno de sus Escritos Una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de las psicosis. Si tomamos en consideración aquellos casos en los que las condiciones de entrada en el dispositivo analítico nos plantean serias [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Las entrevistas preliminares tienen una función esencial en el análisis, afirma Lacan en <em>El saber del psicoanalista,</em> también, con prudencia, titula uno de sus Escritos <em>Una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de las psicosis.</em> Si tomamos en consideración aquellos casos en los que las condiciones de entrada en el dispositivo analítico nos plantean serias dificultades, podemos extender el uso del adjetivo <em>preliminar</em> a todas aquellas estrategias en la transferencia destinadas a producir tales condiciones. Una clínica orientada por lo real hace posible situar los obstáculos que se presentan a la institución del sujeto en la dimensión simbólica y, de este modo es posible regular nuestra acción en la transferencia para favorecer la elaboración significante y la producción del sujeto. Los modos en que se presenta la resistencia de lo real son diversos y requieren maniobras <em>no standard,</em> orientadas por el saber de la estructura y por las particularidades del caso.</p>
<p>Un niño de tres años para quien el título de estas jornadas va como anillo al dedo, dado que su extravío respecto a las normas y sus actuaciones alcanzaban el paroxismo, me es remitido por un colega que analiza a su madre. Los padres, desesperados, describen la conducta de su vástago como si de un diablillo se tratara, habían escuchado el rótulo de “hiperactivo” y el diagnóstico les había perturbado, así como las insistentes quejas de la escuela infantil donde es calificado de violento. No se queda quieto un segundo, no acepta ningún no, a veces tienen que vestirle entre dos personas porque su resistencia es tan decidida que la fuerza del cuerpo de un adulto no es suficiente para controlarle, se niega a comer, y todos los métodos utilizados, desde el avioncito hasta el castigo son inoperantes. Su indiferencia a castigos y amenazas es lo que más les sorprende, en la medida en que establecen una comparación con su propia educación, el pequeño se presenta como algo <em>Umheimlich</em>, sobretodo para la madre. Este hijo les confronta a una fractura de su narcisismo, al presentarse como un síntoma en su Ideal del yo: cualquier paseo o visita a familiares o amigos se vuelve insoportable. A este panorama se suma la enfermedad neurológica de su segundo hijo, que requiere una atención constante, con tratamientos diarios de estimulación fuera y dentro de casa, momentos en que Ricardo aprovecha para maximizar su demanda y transgredir todas las prohibiciones. Con esta conducta sintomática el hermano mayor ha conseguido que su madre haya abandonado su trabajo y deba limitar el cuidado y la ternura hacia el más pequeño, viéndose obligada a delegar en una enfermera sus responsabilidades para ocuparse del mayor. Al mes de quedarse embarazada por segunda vez tuvo una amenaza de aborto que le obligó a guardar cama hasta el parto. Ricardo pasó a estar al cuidado de una niñera de quien ella percibía un odio cerril pero a la que soportó porque era cariñosa con el pequeño. Asegura no perdonar a su propia madre, quien jamás le ofreció una mano en esta situación tan dramática. En un posterior encuentro con los padres destaco la importancia de que, juntos, reconstruyan a Ricardo este período de su vida que había quedado velado por el silencio.</p>
<p>No sin inquietud le recibo y, como era de esperar, pone de manifiesto de entrada su relación al Otro, como si el mensaje implícito fuera: “no acepto ninguna regla, veamos qué puedes hacer”. Se niega a estar a solas conmigo e introduce al padre en la sesión, coge juguetes y rotuladores para tirarlos inmediatamente, da vueltas como una peonza, sale y entra de la consulta, reclama la atención de su padre. Cuando le invito a dibujar ordena lápices y rotuladores en dos grupos, los que le gustan y los que no. Rayas y puntos en total dispersión cubren la hoja, pero el objetivo fundamental es acabar con las puntas, ante la ausencia de una reacción correctiva por mi parte, se interrumpe y traza lo que define como “la vía de un tren donde no hay un hospital”. Eco de la <em>carretera principal</em> del Seminario tres, el núcleo de sus dificultades se anuncian con esta <em>vía de tren</em>, metáfora de la ley, de un límite simbólico frente a un real no simbolizado que se figura como el <em>hospital</em>.</p>
<p>En el segundo encuentro soporta la permanencia del padre en la sala de espera, estableciendo un ir y venir a verle, dejando las puertas abiertas. Cual terremoto, deambula con un cochecito en un circuito enloquecido que pasa por todas partes y choca intempestivamente con todo al grito de ¡soy un policía! Creo que este elemento le representa a él y al Otro de la ley, ambos descarriados. Le digo que es verdaderamente un problema que el coche no pueda parar, entonces se detiene y lo aparca. Luego me pide que le ayude a vestir los muñecos que ha dejado desnudos, lo que me permite hablarle de la diferencia sexual, son tres chicos y una chica, dice, y ¡todos tienen culo!, añade.</p>
<p>Inicia la carrera loca de dos coches, uno se cae y se hace pupa, luego los aparca. Me pide que dibuje pero nada de lo que hago le satisface, presiona el rotulador hasta hundirle la punta y me pide que lo arregle, ante mi respuesta de que no puedo hacerlo, me dice triunfante que su padre sí sabe arreglarlos. Esta manifestación de su creencia en el padre confirma el diagnóstico de neurosis. La emergencia de la problemática del cuerpo explica que en la sesión siguiente aparezca el trabajo sobre la pulsión anal, trae una bolsa con juguetes, todos ellos medios de transporte. Sobre un pequeño tren intenta colocar una carga muy pesada, que va cayendo por el camino. Concluye admitiendo la imposibilidad ordenando lo que el tren puede y no puede transportar, lo que tendrá como efecto el control de esfínteres.</p>
<p>Entonces puede encarar la problemática esencial, la del deseo de la madre para lo que parece haber leído el Seminario XVII: ¿qué hacer con la gran boca, de grandes dientes, de un enorme cocodrilo? Debo dibujar según su guía vigilante, frente a la boca, un cazador con la mochila de la escopeta. La escopeta es situada ante el vientre del animal pero sin agente, extenderá su punta hasta rodear todo el cuerpo pero sin llegar a la boca. Dado que el intento es insuficiente requiere además el uso de un palo sobre la parte superior, pero la empresa fracasa. Volverá pertrechado con un arsenal de ametralladoras, un taladro, el tren y las vías que sin embargo no utiliza. Se ocupa de vestir y desvestir un muñeco que me coloca en la mano, lo que me da la oportunidad de simular el rechazo a su intención de vestirlo. Ríe a carcajadas pero inmediatamente se muestra preocupado por si otro niño puede jugar con sus cosas. Le explico que son de su propiedad, entonces me informa que tiene un hermano pequeño y lo nombra. De este modo alude al fantasma de la intrusión del otro que pueda desalojarle del lugar que ocupaba en el deseo del Otro y dejarle caer como le ocurrió a los dos años. Luego de una intervención quirúrgica por vegetaciones que yo me había preocupado por anticiparle, dibuja un hospital y un niño con pupa a quien los médicos curan. Al segundo cocodrilo se le suman tres personajes, un doctor y una doctora, cada uno porta una escopeta y un niño, munido de una pistola. La preocupación se centra sobre la tripa del cocodrilo donde sitúa la bolsa de la escopeta frente a la que manifiesta inquietud, no sabe, no es suya. Entretanto, el coche de policía enloquecido alterna con momentos de tranquilidad en los que aparca y se queda tranquilo. La problemática de la función paterna y de la ley que estabilice el sistema simbólico, aportando una solución al deseo de la madre y del falo le lleva a convocar otro coche, éste de bomberos para que, con su larga manguera pueda apagar el fuego que provoca el choque del coche extraviado del policía. También aparecerán piratas con espadas y escopetas pero la solución comienza a perfilarse con el dibujo que hace sin mi ayuda, de un tercer cocodrilo al que logra rodear con una cuerda, que ha perdido la cola y tiene la boca cerrada. Culmina su obra con un agujero situado encima del cuerpo de la bestia.</p>
<p>Sus provocaciones son constantes, como si se tratara de una permanente puesta en jaque: me quiero ir, al aceptarlo yo, no, ahora quiero quedarme. Formula preguntas, ante la respuesta, no o sí según convenga a su radical oposición al Otro. Después de cada sesión la consulta parecía un paisaje después de la batalla, hasta que un día pinta la alfombra, en actitud de desafío. Encontrará un no por respuesta. Ofendido, requiere la protección del padre, lo que me permite una intervención decisiva: a partir de entonces el padre le esperará abajo. A regañadientes aceptará esta novedad pero los efectos son inmediatos. Los coches circulan de manera ordenada y aparcan. Un grupo de animales y elementos de cocina acaparan desde entonces sus sesiones, hay un papá bueno y otro papá que mata, que es malo. El se muestra tranquilo y pacífico, ahora el debate transferencial ha pasado al registro de la palabra donde el pulso es constante, lo que me permite interpretarle que ése es su problema, que quiere y no quiere. Una llamada telefónica despierta su interés, cuando le respondo que era una persona espeta “caca para Vilma”. El fantasma de intrusión vuelve a convocarse con la llamada. Entonces me anuncia que va a dibujar algo que yo no sé,. Evidentemente, no se trataba de un dibujo sino de castrar el saber que se anuda a la inquietud por el deseo del Otro y el objeto imaginario que pueda interesar a tal deseo. La articulación de la transferencia requiere la falta del Otro donde alojar el objeto anal. Entonces pondré mucha atención en mostrarle mi ignorancia y ante sus pedidos de permiso para pintar de un modo u otro le diré que puede hacerlo como quiera, lo que le permite admitir sus errores y su ignorancia de forma divertida. Una interrupción, esta vez del timbre causa el siguiente diálogo: “¿quién era?” “¿Una persona?” “¿Una persona tuya?” “Las personas no pertenecen a otras”. “Sí, mi mamá es mi persona”. La confesión del fantasma edípico se hizo posible a partir del objeto imaginario convocado por el significante “persona”. En otra sesión, cuando llega a la mitad del trabajo que se proponía, pintar un retrato, me dice que quiere borrarlo para volverlo a hacer. Entonces entono una melodía inventada donde incluyo el querer y no querer, el hacer y el borrar para volver a hacer, que le encanta. Actualmente sus esfuerzos recaen sobre los dos padres, uno de ellos, como Cronos, come y mata, hace que la bondad y maldad se mezclen aunque él pretenda poner un orden moral en ese pequeño universo. Sin embargo, puede hacer la serie de los animales que prefieren unos platos y los que prefieren otros, el cocinero que les prepara la comida cambia de sexo. La entrada en el dispositivo analítico revela aquí un notable efecto civilizador, apreciado por la escuela y por los padres. Hemos pasado del acting-out como modo sintomático de relación con las normas, a las ficciones donde el goce desamarrado en la conducta encuentre las vías para que el coche pueda circular por la autopista principal.</p>
<p>Otro tipo de dificultades proponen las psicosis cuando la dimensión de las actuaciones locas impiden el advenimiento del sujeto en la cadena significante y obligan al analista a tomar medidas de protección y al uso de un abanico de semblantes para lograr conducir lo real a una simbolización, y a una puesta en suspenso del acto.</p>
<p>Para ilustrar esta problemática me referiré a dos mujeres, ambas esquizofrénicas, ambas con impulsiones graves en las que la patología de la acción exigieron el máximo esfuerzo, ambas sin diagnóstico preciso al llegar al análisis.</p>
<p>Marta tiene ahora 40 años y lleva diez en análisis. Un amigo suyo con el que había tenido un encuentro muy profundo se había cortado el cuello y ella tenía miedo de hacer lo mismo. Necesitaba ayuda para concluir una relación que la enfermaba, noche tras noche, las borracheras acababan cada vez peor, la estaban desquiciando los numeritos en público. Su posición sacrificial le llevaba a aceptar humillaciones e injurias pero nada parecía calmar el apetito de su compañera. La transferencia se establece de inmediato pero en un primer momento con un marcado acento pasional, conmovida por la emergencia de un nuevo objeto libidinal llegará a seguirme de cerca casi hasta el acoso.</p>
<p>Las llamadas telefónicas con serias amenazas de pasajes al acto suicidas se suceden hasta que decido una primera intervención psiquiátrica que tendrá como efecto la subjetivación de su enfermedad. Este freno a su megalomanía basada en un delirio poco sistematizado la sumió en una fase depresiva bastante importante, con episodios de anorexia que evocaban el fenómeno elemental de sus cinco años, ante la ausencia de la madre motivada por un parto, se negó a comer hasta casi dejarse morir. Pero dio lugar a la reconstrucción de su historia, a un trabajo admirable de localización de la forclusión generándose una especie de fobia artificial ante los entornos del agujero. En ello se incluía el diseño de la ciudad con lugares pecaminosos por los que jamás pasaría. Su elaboración de saber se acompañaba de entusiastas proyectos que nunca conseguía porque era arreciada por el superyo (eco del decir materno) que, en resumen, le negaban el derecho a cualquier logro y volvía a caer.</p>
<p>La mala fortuna hizo que perdiera su trabajo, hasta entonces elemento fundamental de su precaria estabilización. Su ser extraviado, su presentación de deshecho se alternaban con una búsqueda tan compulsiva como infructuosa de conseguir otro empleo. Conseguí un tímido apoyo económico de sus hermanos y, aunque no pagaba las sesiones podía mantenerse con dificultad. Pero los sucesivos fracasos la desesperaban más y más. Ella misma, asustada por venir a sesión con las venas cortadas con un cristal decidió ingresarse, pero en el hospital fue diagnosticada de histeria, de teatralidad y ni siquiera mi comparecencia y mi diagnóstico lograron perturbar la decisión médica de no aceptar el ingreso. Luego ganaron la escena los robos, nada la detenía, ni siquiera el que la pillaran.</p>
<p>Ante esta catástrofe y con gran oposición por su parte, le sugerí primero para imponerlo después, que se fuera a vivir a otra ciudad, a casa de un hermano al que comprometí para cuidarla. Allí asistió a un hospital de día y visitó regularmente a un analista. Durante este tiempo mantenía un contacto epistolar y proyectaba su vuelta a Madrid. Consiguió una empresa propia en un trabajo a través de ordenador con el que evita lo insoportable, el trabajar junto a otros. Renovará su demanda de análisis donde se abre una segunda etapa condicionada por el pago de la deuda anterior. Esta maniobra despeja la transferencia porque la otra época planeaba como una sombra, se creía obligada a hablar de su malestar y sufrimiento. Esta nueva etapa ha permitido una elaboración de saber sobre sus pasajes al acto y acting-out en la transferencia, lleva una vida digna, ha iniciado una relación amorosa y ha renunciado a su proyecto de volver, el analista puede estar lejos, sin que ella necesite cubrirla con cartas y meils, la libido puede alojarse en otra parte.</p>
<p>Isabel tiene 28 años y una historia psiquiátrica desde la niñez. Cuando viene a verme, por sugerencia de uno de sus acompañantes terapéuticos, está hipermedicada, lleva las manos vendadas porque se lastima. A su psicosis se añade una adicción a fármacos, drogas y alcohol. Tiene un novio con el que las disputas han acabado en ocasiones con intervenciones policiales. La violencia incluso física se acompaña de rupturas y reconciliaciones diarias y con innumerables llamadas telefónicas de uno y otro. En primer lugar le dije que la aceptaría pero con ciertas condiciones, que fuera a ver a un psiquiatra de mi confianza y que se establecerían ciertos acuerdos con los acompañantes para ayudarle a poner en orden su vida. Pero cualquier norma se había vuelto inaceptable desde siempre, por eso su historia es la historia de actuaciones y de no menos locas intervenciones de castigos y represalias por parte de padres, tutores y terapeutas. Lo que había acrecentado la impulsión a actuar, en situaciones en que llegó a beber productos tóxicos para frenar el cumplimiento de normas consideradas caprichosas. Robos, mentiras, escenas públicas degradantes, peleas y amenazas eran moneda corriente y sólo se atemperaban cuando, atormentada por la culpa se aislaba completamente, no abría la puerta, no contestaba el teléfono hasta preocupar seriamente a su entorno. A los llamados diarios de los acompañantes se sumaban los de su madre.</p>
<p>Entonces diseñé una estrategia que llamaré de red transferencial con el objetivo de despejar la transferencia de implicación en acuerdos y desacuerdos. De este modo, pensaba que podía atemperarse el empuje al acto con esta red de contención pensada como una norma relativamente permeable a la transgresión y a las excepciones. Pedí a una colega que se hiciera cargo de la coordinación lo que inauguró la dimensión de la verdad, hasta entonces forcluida por una trama de tapujos y mentiras. Este trabajo basado en la importancia del pacto simbólico y de una norma inconsistente, que tolera las faltas aún desde su incomprensión y las sesiones, en las que iba tejiéndose la malla simbólica de su vida, permitieron que comenzara a querellar por sus derechos que eran puntualmente negociados, cambiando de táctica según conviniera. Por otra parte le se hizo patente el desastre al que había llegado y por el que había pasado. Se cortó la relación con su novio, dejó de beber y comenzó a preguntarse por qué se drogaba hasta llegar a precisar que así podía ignorar, adormecida, su realidad. También confesaba no tener voluntad ni fuerzas, de intentar y abandonar cualquier empresa con la horrible sensación de que nunca lo conseguiría, de sentirse espantada ante la degradación en la que se había sumido durante años. En esta coyuntura se encierra, no atiende los acompañantes y se precipita un ingreso decidido con una consigna clara, la subjetivación de la enfermedad.</p>
<p>El análisis queda interrumpido y decido esperar. Luego de unos días me llama para pedirme volver y se inicia una etapa de sintomatización de las adicciones, por primera vez el conflicto psíquico se había instalado en el consumo. Así por ejemplo llega a despejarse el primer desencadenamiento a los 15 años, gracias a un porro en el internado pasa de ser un patito feo estudioso y sin éxito social a su triunfo en este terreno, con la consecuente debilitación de los estudios. La droga y el alcohol hicieron posible el acceso a los chicos, gracias a la ingesta ella pasaba de una timidez y huida a ser una cazadora. Pienso que aquí se ve la operación que intenta el esquizofrénico, ante la sexualidad y el deseo, intenta alojarse en un semblante histérico que existe en el discurso del Otro y que toma la forma en la conducta de acting-out como propone Lacan. Pero, debido a la forclusión del significante fálico acaba transformándose en un pasaje al acto, acaba expulsado, en su estatuto de objeto, de deshecho, sin Otro. Esta construcción fue posible luego de un episodio en el que, ante el rechazo de un hombre a su ofrecimiento acabó nuevamente en la degradación. La lucha cotidiana con la tentación de las pastillas tomó el primer plano, llegando a demandar una intervención del analista, pero la abstinencia en la respuesta hizo posible sus primeras conquistas. La resistencia a la impulsión le permitió comenzar a entrever su futuro a la salida del hospital. Pero cuando nos encontrábamos diseñando el nuevo orden de su vida, se precipitó el desenlace. Su madre, impulsada por su terapeuta y su abogada pretendían la firma de un poder absoluto respecto al uso de su patrimonio, a favor primero de la madre y una tía, en última instancia, de la albacea. Esta trama perversa gestada en torno a la condena de incurabilidad de la paciente la inducía a la renuncia completa de su ser de derecho. Una decisión fatídica emerge como contragolpe a la emergencia del sujeto e intenta arrojarla nuevamente al estatuto de objeto caído entre las fauces abiertas de esta figura del goce que representan, en un pacto siniestro, el capricho materno sostenido por un oscuro acuerdo de la terapeuta y la representante de la ley. La abrupta interrupción de su análisis y del tejido transferencial construido como soporte y contención de las actuaciones a pesar del reconocimiento de un cambio evidente, dejaron a Isabel desprotegida. Ahora sólo puede confiar en que las defensas obtenidas en este período le confieran las fuerzas necesarias para crear las condiciones que le permitan volver a su análisis como es su plan. Pero la lucha contra la adicción y ante la ferocidad del Otro cifrada en la compacidad de este grupo de féminas es demasiado potente frente a la fragilidad del sujeto que sólo dispone ahora de una posición ética.</p>
<p>Vilma Coccoz</p>
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		<title>Lo que el autista enseña</title>
		<link>https://nucep.com/publicaciones/lo-que-el-autista-ensena/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Vilma Coccoz]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Sep 2012 20:15:53 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Hanna Arendt, una de las referencias más poderosas en el pensamiento del siglo XX anticipaba con espanto las consecuencias que podría acarrear el avance del “behaviorismo”. En su libro La condición humana, escrito en 1958, elabora un lúcido diagnóstico del estado de la civilización, en el que alerta ante el creciente conformismo, ante la ciega [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="p1">Hanna Arendt, una de las referencias más poderosas en el pensamiento del siglo XX anticipaba con espanto las consecuencias que podría acarrear el avance del “behaviorismo”. En su libro La condición humana, escrito en 1958, elabora un lúcido diagnóstico del estado de la civilización, en el que alerta ante el creciente conformismo, ante la ciega y tiránica burocracia, rebelándose ante el nuevo dios estadístico, “el supuesto de que los hombres se comportan y no actúan con respecto a los demás”. El acto, por nacer en la trama del discurso, en el seno de lo propiamente humano, es singular, único, excepcional y a ello se debe su carácter extraordinario e histórico. En cambio, en el comportamiento prima lo parecido, lo homogéneo, la norma, lo mensurable. Arendt considera que la uniformidad estadística no es en modo alguno un ideal científico inofensivo, sino un ideal político. Si éste logra imponerse “las hazañas tendrán cada vez menos oportunidad de remontar la marea del comportamiento, y los acontecimientos perderán cada vez más su significado…”</p>
<p class="p1">Esta reflexión no ha hecho sino anticipar el estado de las cosas que tenemos hoy en día, y en lo que respecta al tratamiento del autismo, deviene un atentado sistemático a los seres más frágiles, que sólo disponen del silencio como última defensa ante el atropello “pedagógico” que les arrebata su capacidad de acción, es decir, su humanidad. Con toda razón, en su libro Sortir de l’autisme, Jacqueline Berger afirma que “ rien n’est plus dangereux qu’une idéologie qui ne dit pas son nom, qui s’affirme como verité scientifique”.</p>
<p class="p1">Ampliamente documentado, ejercicio de una crítica aguda e inteligente, este libro refleja el sufrimiento de los padres, su desconcierto ante el nihilismo terapéutico de los “expertos” que proclaman que la causa del autismo es genética y su cura, imposible.</p>
<p class="p1">Berger extrae las consecuencias de tales postulados para los afectados y sus familias, aportando los datos económicos que justifican ciertas medidas de restricción y abandono de los tratamientos adecuados por parte de las administraciones públicas. Pero sobretodo, este libro constituye un alegato en favor de la subjetividad, al detectar el alcance antropológico y ético comprometido en el diagnóstico y las terapias de domesticación de los comportamientos: “Je pense que nous devrions envisager les troubles autistiques comme des blesures existencielles, un trouble de l’être. Et envisager les autistas comme des sujets mal asurés de leur existence, toujours menacés d’une desposssesion du sentiment d’existence”.</p>
<p class="p1">El sentimiento de existencia, nos ha enseñado Lacan, está en estrecha dependencia del lugar: “Au début, ce n’est pas l’origine, c’est la place” (Mon enseignement). Ese lugar puede ocuparse si un acto nos lo confiere, de ahí que, como reza el argumento de las VIII jornadas de RI3, el tratamiento psicoanalítico del autismo no se reduce a la emergencia de la relación al otro, va más allá. Concede un lugar al sujeto de la palabra y el lenguaje, cuya silueta simbólica se esboza en “los ecos, las resonancias, la proliferación de palabras aisladas, en la satisfacción que produce el sonido.” Ese lugar es correlativo de la invención del Otro que propicia la orientación lacaniana.</p>
<p class="p1">Para que ese lugar se perfile y aporte una consistencia gracias a una topología humanizada es necesario que un exceso de goce pueda ser extraído del cuerpo, como lo demuestra Martin Egge en un libro de obligada referencia: La cura del bambino autistico. “Gli unici tentativi dei pacificazione si possono indirizzare, quando è possibile, al trattamento del corpo.”</p>
<p class="p1">En el diálogo con el autista, esperamos respaldar al sujeto en la conquista del lugar en el que consiga alojar el goce, fuera de sí, y de este modo, poder hacerlo, a su cuerpo, propio.</p>
<p class="p1">Vilma Coccoz</p>
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		<title>El cuerpo-mártir en el barroco y en el body art</title>
		<link>https://nucep.com/publicaciones/el-cuerpo-martir-en-el-barroco-y-en-el-body-art/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Vilma Coccoz]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Sep 2012 20:09:04 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>No en balde dicen que mi propio discurso l participa del barroco (Jacques Lacan) La imagen del cuerpo en la enseñanza de Lacan: el espejo, el velo, el cuadro Que Jacques Lacan percibiera la necesidad de esclarecer la especificidad de la dimensión del cuerpo en el ser hablante lo demuestra su primera contribución al psicoanálisis, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p>No en balde dicen que mi propio discurso l participa del barroco (Jacques Lacan)</p>



<p>La imagen del cuerpo en la enseñanza de Lacan: el espejo, el velo, el cuadro</p>



<p>Que Jacques Lacan percibiera la necesidad de esclarecer la especificidad de la dimensión del cuerpo en el ser hablante lo demuestra su primera contribución al psicoanálisis, el célebre Estadio del&nbsp; espejo. En este ensayo Lacan propone una novedosa lectura del narcisismo freudiano a partir del valor formador de las imágenes, elaborada en una tensión genial entre los aportes de la etología y la teoría del reconocimiento de Hegel. La dimensión propiamente humana del deseo de reconocimiento fue concebida por el filósofo de Jena como un estadio superior al registro de las necesidades.&nbsp; Gracias a la dialéctica entre las figuras del amo y el esclavo, Hegel expone el modo en que se ejerce la humana contienda por el prestigio en la que el deseo se humaniza en la relación al otro. Por otra parte, el valor formador de la imagen del semejante en ciertas especies animales así como la función del señuelo en las conductas de lucha o pavoneo sexual, le proporcionó a Lacan una base sólida en la que insertar su demostración acerca del carácter particular de la captura especular en las identificaciones formadoras de la función del yo, en su doble vertiente, especular y social. Es decir, como gestalt del propio cuerpo y como asiento del lazo a los otros.</p>



<p>Con esta esencial aportación fue posible despejar la dialéctica pero también la inercia propia del registro imaginario. Gran parte de los sufrimientos de las neurosis y las psicosis perdieron su carácter enigmático una vez admitido el componente libidinal de la imagen narcisista, que engrendra la pasión y ejerce la opresión. Tanto los fenómenos de atracción erótica como los de tensión agresiva anidan&nbsp; en la captación que opera la imago en el sujeto.</p>



<p>La segunda gran contribución lacaniana al estudio del atractivo que las imágenes ejercen en el ser hablante ha sido bautizada por Jacques-Alain Miller con el nombre de Estadio del velo . En él se lleva a cabo una revisión del estadio especular en la medida en que se descubre una articulación de la imagen narcisista con el deseo del Otro. Desde la apreciación de los juegos infantiles de exhibición y prestancia, incluso el simple juego del cu-cu, pasando por el estudio del fetichismo, hasta el análisis de la mascarada femenina vendrían a demostrar que la imagen adquiere un valor libidinal en función del deseo cuya lógica depende del orden simbólico. El objeto aparece bajo el signo de la ausencia. Puesto que en lo real nada falta, la ausencia sólo puede ser simbólica. La función del velo se revela como el soporte de las imágenes que capturan el deseo y cuyo valor de seducción radica en su capacidad para cubrir la falta. Al revelarse la complicidad entre el objeto y la nada, se descubre la articulación de lo simbólico y lo imaginario. En este estadio el espejo se convierte en un velo y, merced a esta operación, lo visible se anuda a lo invisible.</p>



<p>En un tercer momento, y a partir del estudio de la función del cuadro, Lacan despeja la lógica con la que se organiza la realidad desde la perspectiva de la pulsión escópica: más allá de la visión, el&nbsp; sujeto mira y, a la vez, es mirado. La articulación de estas dos dimensiones, sin ser reversible ni armónica, permite establecer una equivalencia entre la estructura de la ventana, concebida como borde o marco simbólico del fantasma, y el marco del cuadro. En su precioso libro Fenêtre, Gérard Wajcman trabaja sobre una hipótesis derivada de dicha equivalencia según la cual la subjetividad moderna está estructurada como una ventana. La ventana rectangular irrumpe en la arquitectura tiempo después de la creación del cuadro en la pintura del Renacimiento, en el momento en el que “el ojo pasa a tener mayor importancia que la oreja como medio privilegiado para conocer el mundo”. Tuvo lugar un profundo cambio en las condiciones del gusto que Daniel Arasse califica de “erotización de la mirada”. En una sutil lectura del tratado De pictura de Alberti, Wacjman demuestra que la representación del mundo que se organiza a partir de este cambio de las condiciones del goce acaecido en el Cuatroccento italiano, no es otra cosa que una ficción, una versión, una historia. El sujeto consigue apropiarse de la mirada, que pasa entonces del Cielo a la Tierra. Pero este acto sólo puede tener lugar a partir del establecimiento de un límite, un borde por el cual se elide la mirada del Otro a la vez que abre la ventana de la propia. Siendo el cuadro indisociable de la perspectiva geometral, &nbsp;el &nbsp;formato &nbsp;se &nbsp;humaniza. &nbsp;Y &nbsp;el &nbsp;mundo &nbsp;de &nbsp;la &nbsp;representación &nbsp;queda, &nbsp;por &nbsp;lo &nbsp;tanto, indisolublemente ligado a la potencia irresistible de la forma del cuerpo .</p>



<p>Los dichos sobre el cuerpo en el Seminario XX</p>



<p>Otra sustancial aportación a los estudios sobre el cuerpo en el psicoanálisis está contenida en el Seminario Aún, que constituye un giro en la enseñanza de Lacan en torno al parlêtre, al ser hablante. Presenta la dimensión del cuerpo como una amalgama de palabra y goce: “el inconsciente no es que el ser piense (&#8230;) es que el ser, hablando, goce y no quiera saber nada más.” La realidad del parlêtre se conjuga con la imposibilidad de escritura de una relación entre los sexos por lo que el orden de la satisfacción resulta problemático. Podemos preguntarnos entonces ¿Qué alcance tienen los dichos sobre el cuerpo sobre el goce del cuerpo? Lacan ordena un repertorio variopinto de los dichos o pensamientos sobre el cuerpo que se han elaborado en el curso de los tiempos. Con un fin, el de conseguir señalar cuáles de tales dichos se ajustan a la verdad de la estructura, los que aportan una dit-mension, una residencia simbólica habitable en la que el sujeto pueda alojarse, conquistar un modo de ser y satisfacerse en él. A partir de un juego con la homofonía del término&nbsp; francés dimension, los agrupa según alcancen o no a constituir una dit-mension (residencia del dicho) . En primer lugar, reúne en una misma tradición el conductismo con la ciencia tradicional derivada de la concepción aristotélica y la califica de dit-manche, dicho del mango. Resume así todas las versiones sobre el Uno, las ideas de que el pensamiento puede ser el amo, puede tener la sartén por el mango en la relación con el cuerpo.</p>



<p>En segundo lugar, la ciencia moderna, la física (no cuántica) que se ocupa de medir la energía. A partir del principio de homeostasis, deducido de la inercia del lenguaje, se intentan reducir los afectos que la palabra provoca a cifras constantes –aunque ciertamente arbitrarias- de transmisión de la energía. Esta esperanza ha derivado peligrosamente en una creciente biologización de la conducta. Con sus prometedoras píldoras de la felicidad, los “científicos” amenazan la existencia misma de la subjetividad. En tercer lugar, Lacan no olvida lo que aportan las sabidurías orientales como doctrinas de salvación. Sugiere que, en la medida en que no afrontan el problema de la verdad [del goce], tanto el taoísmo como el budismo requieren de una renuncia, de una castración, para reunir el&nbsp; pensamiento y el goce, para conseguir estar bien. El tao, en lo netamente sexual; el budismo, abdicando del pensamiento.</p>



<p>A partir de esta plataforma traza una sutil distinción entre dos dit-mensiones, dos casas del ser, la que ofrece la religión y la que aporta, discretamente, el discurso analítico. Y en este contexto despliega su concepción del barroco, cuyas representaciones han dado lugar a lo que califica de dit-mension de la obscenidad, un hábitat de “formas torturadas”.</p>



<p>Lacan define el barroco como el escaparate del gran proyecto político de la Contrarreforma, acordado en el Concilio de Trento en 1563. En esa fecha la Iglesia acomete la reconquista destinada a la recuperación de las almas perdidas, a la interiorización del sentimiento religioso con el diseño de un programa iconográfico. Gracias a éste se accedería a la plasmación real de la implicación entre el arte y la vida por la cual, cada acto, cada obra, podía contribuir ad maiorem Dei Gloriam. La arquitectura de los templos, el plan urbanístico de las ciudades, la pintura y la escultura, estarían animados por el principio de delectare e movere“ La contrarreforma era regresar a las fuentes [del cristianismo] y el barroco es su oropel ”. Esta exhortación a expresar por medio de imágenes los dogmas y verdades de la fe con la intención de persuadir a los fieles motivó que la jerarquía eclesiástica manifestara un fuerte aprecio por las pinturas de Caravaggio, cuya estela se extendería en toda Europa, especialmente en la pintura española. Por su parte, se conocía a Bernini como el artista que lograba esculpir las emociones.</p>



<p>La arquitectura debía favorecer la puesta en escena de la liturgia, favoreciendo la conmoción de los sentidos en los distintos momentos de la misa. Hasta el diseño de las calles debían regirse por la necesidad de favorecer las procesiones para conseguir acentuar el carácter de espectáculo de la liturgia.</p>



<p>La época barroca</p>



<p>El interés y la reflexión acerca de las transformaciones de la civilización occidental que tuvieron lugar en dicha época ha sido constante en la enseñanza de Lacan, preocupado por cernir las condiciones que hicieron posible la emergencia del psicoanálisis y aquéllas de las que depende su práctica efectiva. Leemos en el Seminario de La ética del psicoanálisis: “No reconocer la filiación o la paternidad cultural que hay entre Freud y cierto vuelco del pensamiento, manifiesto en ese punto&nbsp;&nbsp; de fractura que se sitúa hacia el comienzo del siglo XVI, pero que prolonga poderosamente sus ondas hacia el final del siglo XVII, equivale a desconocer totalmente a qué tipo de problemas se dirige la interrogación freudiana.”</p>



<p>En distintos momentos del Seminario VII se refiere a estos dos siglos que fueron testigos de la multiplicidad de consecuencias que produjo la llamada muerte de Dios, una operación simbólica con una incidencia directa en el saber y la verdad, que pasa, de ser verdad revelada, a los requerimientos de la demostración. Pero Lacan se refiere también a otro vuelco, acaecido en el campo del goce a “un punto de vuelco del erotismo europeo y, a la vez, civilizado [&#8230;que dio lugar a] la promoción del objeto idealizado”. También afirma que el vuelco freudiano tiene sus raíces culturales en las transformaciones en el orden del saber y del goce que dieron lugar al surgimiento de la modernidad. Freud habría podido concluir la conmoción iniciada entonces en el pensamiento teológico respecto a la imagen del mundo, “enviándola allí donde debe estar, a su lugar, a nuestro cuerpo. ” Simbólico se completa con diabólico, afirma en esa misma lección de La Etica.</p>



<p>Ahora bien, muchos son los estudiosos de que han reflexionado sobre el barroco en el campo de la creación artística. ¿cuál es la singularidad del aporte lacaniano? Antes de responder a esta pregunta recordemos algunas de las consideraciones de otros autores. George Steiner dice, a propósito de la encarnación y la eucaristía, que ningún otro acontecimiento de nuestra historia mental ha condicionado no sólo el desarrollo del arte occidental sino también, “y en un nivel más profundo, nuestra comprensión y recepción de la verdad del arte; una verdad contraria a la condena platónica&nbsp; de la ficción .” Ni los artistas que más decididamente intentaron liberarse de esta influencia, han podido sustraerse al poder de los signos cristianos . Tampoco las contrasemánticas del siglo XX, que pretendieron despojar los signos de un significado estable, han podido implementar estrategias diferentes a las que elaboró, en su momento, la teología negativa. Según Steiner ningún parámetro temporal queda indemne en esta concepción que propone un Dios formando parte de la historia humana y, a la vez, una eternidad verdadera para el alma. Sostiene que una “revolución de la sensibilidad” tiene lugar en torno a los conceptos de Dios-hombre encarnado y de su transustanciación en el misterio de la eucaristía. “Tras Cristo, la percepción occidental de la carne y&nbsp; de la espiritualidad metamórfica de la materia cambia.” Por lo que el cuerpo y el rostro humanos&nbsp; dejan de percibirse “como creados a imagen y semejanza de Dios” y pasan a serlo “como imagen del radiante y torturado Hijo. ”</p>



<p>Esta idea de una cohabitación entre el esplendor y la abyección en los valores visuales de la representación occidental está presente también en el ensayo El cuerpo, la Iglesia y lo sagrado de Jacques Gélis. Según este autor “el discurso cristiano sobre el cuerpo y las imágenes que suscita tienen un carácter pendular, hay un doble movimiento de ennoblecimiento y de desprecio del cuerpo.” El Cristo de la Pasión como centro del mensaje cristiano de salvación, aparece en la iconografía postridentina como “Ecce Homo”, “Cristo ultrajado”, “Cristo en la columna”, “Cristo de piedad”, “Hombre de los dolores.”</p>



<p>La aparición de la imprenta favoreció la difusión de la veneración por “la herida del costado”, “el culto de las cinco llagas, inseparable de la crucifixión” y la devoción por las arma Christi, por “los instrumentos de la Pasión.” Según Gélis estas representaciones no pretenden reflejar la verdad histórica sino despertar las sensibilidades religiosas [&#8230;] no hacen falta palabras, el mensaje se transmite a través de la mirada.” Incluso el tema del Niño Jesús tal como se presenta en el siglo XVII no pone de relieve los encantos de la infancia sino que está destinado a anunciar la humillación que sufrirá más tarde. El Niño Jesús dormido con el brazo apoyado en una calavera se relaciona con las vanidades por acompañarse habitualmente con el texto “Hoy soy yo y mañana serás tú”. El sueño es, pues, un preludio de su muerte, desempeña el papel de un memento mori, lema típicamente barroco. Dado que ya en esas fechas las ocasiones para atravesar el llamado “martirio rojo” habían disminuido, la identificación con Cristo da lugar al “martirio blanco”, autoinfligido, sin vacilaciones ante tormentos y sufrimientos. La causa de la mortificación no es el otro (infiel, hereje) como en el tiempo corto del suplicio público, sino que toma la forma moderna de un calvario vital provocada por los propios sujetos. La traducción corporal del sufrimiento de Cristo, su in-corporación dio lugar a través de todo tipo de martirios, a las nuevas formas de santidad. Las órdenes religiosas fueron fundamentales en la transmisión del carácter ejemplar del despedazamiento del cuerpo de los santos.</p>



<p>4) La historia del cuerpo de un hombre</p>



<p>Retomando la pregunta anteriormente planteada acerca del aporte singular que añade Lacan a los estudios sobre el barroco, diremos que dicha contribución parte de la verdad de la estructura, en términos del último paradigma de su enseñanza cuyo axioma es la inexistencia de la relación sexual. El barroco es “la historieta o el anecdotario de Cristo.” El relato, la historia del cuerpo de un hombre que sufre no para su salvación personal, versión que conserva incluso Gélis, sino para salvar a Dios, para salvar al Otro, al precio de su asesinato. La doctrina se refiere a “la encarnación de Dios en un cuerpo y supone en verdad que la pasión sufrida en esta persona haya sido el goce de otra ”. Debemos subrayar el término de “suposición” en este pasaje, porque allí tiene sus raíces una versión del deseo del Otro, anzuelo eficaz, como se ha demostrado.</p>



<p>En el lugar de la ausencia del pensamiento, del “alma de la copulación” (siendo el alma los pensamientos sobre el cuerpo), de la relación sexual que no puede escribirse, la doctrina cristiana ha promovido otros goces. Cristo, vale por su cuerpo, no hay ninguna mención de su alma. Su cuerpo vale como “intermediario para otro goce”.</p>



<p>En el momento de la Eucaristía, su presencia es incorporación, goce oral con el cual su esposa, la Iglesia, se contenta muy bien sin tener que esperar nada de una copulación . El acento irónico de&nbsp; esta formulación lacaniana resuena con la obra de Baltasar Gracián, El Comulgatorio en donde&nbsp; puede leerse este pasaje: “Hoy me como el sabroso corazón del corderito de Dios, otro día sus&nbsp; manos y pies llagados, que aunque lo comes todo, hoy con especial apetito, aquella cabeza&nbsp; espinada, y mañana aquel corazón abierto&#8230;”</p>



<p>Las representaciones del cuerpo en el arte barroco constituyen una “exhibición de los cuerpos que evocan el goce.” Sin embargo, se constata que en dichas representaciones la copulación está excluida. De allí que su alcance deba medirse no sólo por los símbolos (Gélis) presentes sino por el que falta, y desde el cual los otros toman su fuerza: “Tan ausente está de la representación como de la realidad a la que sin embargo sustenta con los fantasmas de los que está constituida ”. No es casual, por lo tanto, que no aparezca la mencionada representación de la cópula en medio de tanta “orgía” y en esto se demuestra por qué es la “verdadera religión”. Si, como decíamos antes, la realidad es el fantasma , la estructura religiosa de la realidad es fantasmática por suplir la relación sexual que no existe y de allí su efecto de verdad. La revelación cristiana provocó un profundo&nbsp; cambio en la relación al goce que habría alcanzado el summun durante el imperio romano. Por medio de la revelación cristiana el goce fue arrojado a la abyección. Por lo tanto, “volver a las fuentes” significa entonces que, en la Contrarreforma, el cristianismo, gracias a las imágenes&nbsp; barrocas, renueva el poder de los dichos con los cuales “inundó eso que llaman mundo restituyéndolo a su verdad de inmundicia ”.</p>



<p>“La escopia corporal”</p>



<p>Sólo el cristianismo y el psicoanálisis son nombrados por Lacan como dichomansiones. El primero elabora una dit-mension de la verdad y la exalta. El barroco, ese “río de representaciones de mártires que se desmorona, deleita, delira ” toma entonces la forma de “obscenidad exaltada”. El psicoanálisis opera con la verdad para reducirla, para ponerla en su lugar, para ceñir el goce a una dit-mension del cuerpo topológica. Esta permite captar que, más allá del espejo, más allá de la pantalla, del velo de la representación, comanda lo real, el goce pulsional que suple a inexistencia de la relación sexual. La definición lacaniana del barroco como “regulación del alma por la escopia corporal” implica tal topología, sugiere la importancia decisiva que tuvo la irrupción en lo real de las imágenes de cuerpos martirizados en el modo de gozar de la verdad religiosa. La operación del barroco consiguió invertir los términos del pensamiento del mango: las imágenes dolientes adquieren la función de escopia corporal, regulando el pensamiento en una determinada orientación del ser y por tanto, de su modo de satisfacción. El alma, el conjunto de los pensamientos sobre el cuerpo, ya no es el amo, depende de un objeto (la escopia corporal). El alma del creyente queda lastrada por el goce escópico, por el deleite, el goce de las representaciones de mártires. Por eso Lacan añade que “las representaciones mismas son mártires”, son “testigos de un sufrimiento más o menos puro ” Y por este razón no es tan sencillo vaciarlas de su sentido de goce como percibe Steiner. Según el cristianismo la vida de la especie humana debe mantenerse por los siglos de los siglos en la desgracia (malheur) que afecta al goce y que adquiere, por lo tanto, el valor de una verdad universal. Lacan revela allí la operación de reducción (al fantasma: la reunión el objeto a y el sujeto tachado). Jugando con el equívoco de la palabra humana (humaine) y humor malsano (humeur malsaine), extrae la función de un resto. Con esta nota divertida alude a la función de ese resto como causa de la vida, causa del deseo, fundada en la hiancia de la sexualidad en el ser hablante.</p>



<p>Esta operación de reducción lógica no quiere decir que la economía del goce pueda atraparse con facilidad. Lacan no descansó hasta proponer una vía que, en el psicoanálisis, pudiera ofrecer una alternativa “no religiosa” a la dimensión humana del goce del cuerpo y de la ausencia de relación sexual.</p>



<p>El psicoanálisis ofrece al sujeto una nueva alianza con el cuerpo a partir de operar con la verdad de estructura, a la coloca en su lugar, sin desquiciarla . Como ciencia de lo particular, apuesta por adecuar la lógica de la vida al saber sobre la ausencia de la relación sexual, de tal modo que, contingentemente, se consigue que dicho saber obtenga alguna incidencia en lo real de la relación entre los sexos (“que cada uno logre hacerle el amor a su cada una”).</p>



<p>El accionismo vienés</p>



<p>Así se conoce uno de los movimientos más sorprendentes del arte del siglo XX que surge en la Viena de los años sesenta, considerado por muchos como la piedra angular del body-art.</p>



<p>El artista que inició esta tendencia radical, conocida como estética negativa, Günter Brus, pretendía la ruptura con la representación, como un intento extremo de alcanzar una verdad del arte, supuestamente amordazada por la identidad engañosa construida en el espejo. Su objetivo era el fin del arte como contemplación, como reflexión, como conocimiento. Semejante fin acarreaba consigo el abandono del cuadro cuya estructura depende del marco y del caballete como sostén de la perspectiva del artista. Brus creía poder dejar atrás la función del cuadro como ventana, por eso&nbsp; ubicó el caballete en el suelo y se opuso a las reglas de la composición para ampliar el espacio más allá de la restricción impuesta por el lienzo o la hoja de papel. La limitación del uso de colores a blanco y negro también perseguía el fin de la anulación de “lo ilusorio”. Se aplicaba a esta tarea con tanta vehemencia que su trazo perforaba el papel. El siguiente paso fue una pintura “a la redonda o por todos lados” en habitaciones con papel. La acción pictórica consistió en manchar la habitación y su propio cuerpo dando lugar al “arte corporal”.</p>



<p>Ni representación ni narración, abogaba sólo por la presentación, por el arte en el espacio y el tiempo reales. Brus introdujo el cuerpo real como elemento de la acción artística, dando lugar al tableau vivant. En una acción titulada Ana en la que interviene su mujer, intenta redefinir también el papel del modelo a partir de la fusión de la pintura y el acercamiento en un juego espontáneo hasta quedar cubiertos ambos cuerpos (el artista y el modelo) de pintura. A partir de entonces las acciones serán cuidadosamente preparadas por Brus, guiado por un concepto dramático que ha quedado plasmado en fotografías y películas: los rasgos expresivos, desfigurados, subrayan el dolor real. En estos principios se inspiraría lo que denominó autopintura, un camino hacia el autodestripamiento, hacia la autodeformación: “Mi cuerpo es la intención, el acontecimiento, el resultado”.</p>



<p>Se escenifica como víctima, como artista-mártir, rodeado y cubierto por cuchillos, alfileres, chinchetas, hojas de afeitar, que evocan las armas Crhisti o las flechas de San Sebastián. Aunque también se ha establecido el vínculo con los los dibujos médicos de cuerpos abiertos y los dibujos anatómicos del siglo XVI. Utilizando el blanco como instrumento de tortura (por la evocación de los hospitales, las instituciones, las cámaras de gas) se somete a cortes y suturas. El siguiente paso de la evolución de la particular búsqueda de Brus fueron las acciones delante del público. El verbo empleado para describir el efecto buscado por los accionistas sobre los espectadores era schokieren: escandalizar, ofender, ultrajar. Según las propuestas de Günter Brus, Otto Mühl, Herman Nitsch, Rudolf Schwarzkloger, el arte debe poseer un carácter preformativo, debe conseguir transformar un estado de cosas.</p>



<p>Tiene un particular interés una acción denominada Paseo Vienés en la que Brus, cual pintura viviente, recubierto enteramente con una mezcla de pintura blanca, harina y agua con un trazo negro que le atraviesa de pies a cabeza se desplaza por destacados lugares de la ciudad de Viena, en una especie de escenificación del sujeto tachado, prueba visible de su culpabilidad. En una de las fotos se puede ver al artista junto al policía que acabará deteniéndole por alterar el orden público. Con este acto el artista consigue su objetivo: su denuncia de la hipocresía de todos los semblantes del discurso del amo, en especial, al estado austríaco, que se había levantado con renovados bríos luego de haber participado en el exterminio de los judíos. Sobre esta vergüenza sepultada, se festejaban los valores tradicionales y patrióticos cuya mentira Brus intentaba desmontar. Sus acciones fueron in crescendo, llegando a mostrar los efectos mortificantes del significante sobre el cuerpo, explícitamente martirizado. Se rodea de instrumentos cortantes, llegando a producirse heridas, plasmando así el dolor puro del cuerpo cuando es separado de la sustancia gozante que hace posible la vida. Los poderes, con su violencia y sus mentiras eliminan la subjetividad, reduciendo el ser a sus funciones primarias, excretorias, eliminando las diferencias, incluso las sexuales, empujando el sujeto a la soledad, al grito, al temor.</p>



<p>Su reflexión va más allá de la provocación, del escándalo, dando a ver la presencia real de la obscenidad, la inmundicia de un cuerpo sin su envoltura simbólica, sin la decencia que otorga velar ese real al conseguir alojarlo en un semblante. A falta de una dit-mension, una dichomansión del cuerpo con la que regular su condición de hablante, sólo se experimentan los cortes, las fragmentaciones, la mortificación. Brus se escenifica como víctima, dando a ver que el cuerpo, liberado de las constricciones, de los semblantes, de las ficciones a las que considera falsas y mentirosas, se reduce a la carne sin subjetividad. En ese trayecto se encuentra ante una paradoja: su radical anti-arte muestra entonces un cuerpo y sus secreciones, abierto a las humillaciones, pura mueca de desesperación y abandono. Despojado de su singularidad, de todo pensamiento, de toda representación, se elimina toda dimensión del ser. Justamente es en ese terreno en el que afronta las paradojas de su posición hasta el absurdo, que tendrá como consecuencia el abandono de esta vía con su última acción Prueba de resistencia (1970) Algunos críticos consideran que, de continuar por este camino, habría sido conducido lógicamente a la muerte por medios plásticos, camino que Brus&nbsp; no eligió a diferencia de Rudolf Schwarkloger que llegó a la automutilación frente a la cámara fotográfica y acabó por suicidarse a los pocos días.</p>



<p>Brus, en la encrucijada de la imposibilidad de acceder a lo real propiamente humano, vinculado a la no existencia de relación sexual, sin pasar por la condición del semblante, pretendiendo alcanzar otra verdad atacando los símbolos, finalmente habría comprendido que sólo se atrapa por la modalidad en que se logra cernir lo verdadero, como mediodecir. Siendo el arte un modo de alcanzar lo real por lo simbólico, su eficacia no radica en la vía del ataque a los símbolos sino haciendo uso de su potencialidad creadora. Sólo aceptando esta condición la obra artística muerde lo real. No debe ser casual el retorno de Brus al arte-ficción a través de sus cuadros-poema y que este movimiento se produzca después de haber tenido una hija. La experiencia de asumir el semblante por excelencia, el paterno, no debe ser ajena a esta reconsideración de su relación con lo simbólico después de haber suspendido sus peculiares “acciones”.</p>



<p>Body art y carnal art</p>



<p>El dolor es un tema recurrente para todos aquellos artistas que usan su propio cuerpo como soporte o elemento artístico. Todos ellos intentan mostrar algo que el ojo no puede ver, algo que va más allá de la contemplación, de la representación. El dolor en sí mismo, sin metáfora, como una somatización de la acción que ejerce la política, la religión, las identidades sobre el cuerpo en el estado actual de la sociedad. Con sus acciones, estos artistas exponen su cuerpo abandonado a las maniobras científico-técnicas, padeciendo un discurso sin agente, reducido meramente a sus funciones y necesidades, o escenario de la violencia que imprimen los cánones de belleza, los nuevos imperativos. El norteamericano Chris Burden se ha hecho colgar, disparar, encerrar, incluso crucificar sobre la parte superior de un coche Vokswagen examinando con estas acciones la noción de riesgo. Vito Acconci se ha mordido, golpeado, quemado en la búsqueda de una reflexión sobre los límites corporales. Ulay y Marina Abramovic se han abofeteado, quemado, cortado, quitado trozos de piel para trasladarlos a otros lugares con el fin de tomar conciencia del cuerpo y de la violencia que sobre este se ejerce. Gina Pane, que se autodenomina artista-mártir se ha clavado espinas, se ha practicado cortes e incisiones, ha caminado sobre cristales rotos, todo ello en una clara referencia al suplicio de los santos. Su pretensión ha sido poner de manifiesto la dimensión “herida” del cuerpo de la mujer, preocupación que comparte con Ana Mendieta, Mary Kelly y otras. Todas ellas intentan poner en evidencia la objetualización y vilipendio de la mujer en el sistema capitalista falocentrista: El cuerpo se proyecta como conciencia de ser, como subversión del cuerpo cotidiano.</p>



<p>El movimiento denominado carnal art se distingue del body art por excluir el elemento del dolor como medio para intensificar la conciencia del cuerpo a través del arte. Su representante más conocida es, sin duda, Orlan, una artista multimediática que realiza performances en las que su cuerpo-mártir evoca el sufrimiento de los santos, aunque desde un punto de vista herético, privilegiando su carácter erótico. Con su peculiar exploración de la identidad femenina ha llegado a diseñar su autorretrato hasta transformar su rostro con la implantación de rasgos de mujeres míticas (Monna Lisa, Europa, Venus). Se somete a operaciones quirúrgicas ante fotógrafos y cámaras de televisión de acuerdo con una minuciosa planificación: la elección de la música, de la ropa que viste el personal sanitario (creada por famosos diseñadores), las máscaras que ella porta, los textos o poesías que lee. Orlan parte del principio de que el carácter ontológico del cuerpo es el resultado de su estado natural y de una construcción sociocultural. Con sus operaciones intenta negar estas determinaciones inmutables, a través de la fragmentación, la desconexión de sus partes, creyendo demostrar así su carácter sustituible y manipulable. Gracias a la intervención de las nuevas tecnologías pretende que se puede cambiar el estatuto del cuerpo femenino, sometido a seculares presiones sociales y políticas.</p>



<p>Aunque cada uno de estos artistas tiene motivaciones diferentes, ninguno ha podido prescindir del espacio fingido de la escena, por muy explícito y escandaloso que se proponga, el arte depende de la estructura del lenguaje, de la implementación y diseño de los temas, es decir, de un simulacro. Además, la conservación de las obras (fotos o películas) elimina precisamente un elemento considerado específico de estas acciones, el estar hechas en espacio y tiempo reales.</p>



<p>El net.art o acciones on line</p>



<p>Los artistas que inscriben su trabajo con este nombre propugnan que en el siglo XXI el cuerpo es obsoleto, investigan la potencialidad creadora de los soportes tecnológicos en cuanto a movimientos&nbsp; y percepciones por fuera de las limitaciones corporales.</p>



<p>Las obras no son sólo objetos (páginas web) sino también procesos (acciones en la red). Como en&nbsp; las performances tradicionales, el tiempo es el tiempo de la acción. Luego quedan registros en el gran archivo de Internet. Una serie de estas Ephemeral matches online se organizó en México en 2002, un combate entre artistas mediáticos usando como arena el espacio en red, sin reglas y en tiempo real. Algunos exploran las relaciones entre el cuerpo y las nuevas tecnologías a través de diferentes interfaces cuerpo-máquina. El australiano Sterlac invierte el proceso habitual de transmisión, el actor está conectado a sensores y sujeto a los avatares del mecanismo sujeto a su cuerpo. Recientemente ha presentado una escultura llamada Stomach que sólo puede verse a través de endoscopia.</p>



<p>El bioart</p>



<p>Seguramente se trata de la expresión más extrema de los movimientos artísticos actuarles con referencia al cuerpo. Algunos lo denominan arte genético porque en ciertas producciones se utilizan células y cultivos de tejidos. También gracias a los recursos de la biorrobótica y de la bioinformática, llegan a síntesis de secuencias de ADN producidas artificialmente. A través de la autoexperimentación biotecnológica y médica consiguen subvertir las tecnologías de visualización para alcanzar maneras no previstas en los manuales de uso. Con estas operaciones consiguen manifestaciones bioficticias, esculturas-quimeras, fotos digitales trucadas que presentan mutantes, híbridos estéticos.</p>



<p>Tener un cuerpo por el síntoma.</p>



<p>¿Qué lugar otorgar a estos movimientos artísticos? ¿Cómo valorar estos intentos por atravesar la lógica de la representación, por mostrar lo que vela el fantasma? ¿Podemos conferir a esta búsqueda desesperada el valor de la denuncia, del clamor de los cuerpos abandonados al desvarío, característico de la post-modernidad, según la tesis de que lo corporal es político?. ¿O estamos asistiendo, también, a un movimiento de histerización de los significantes de la ciencia para ponerlos al servicio del arte, de lo que, por tener como fin el goce, muestra que no sirve para nada?</p>



<p>Frente a los nuevos imperativos de eficiencia, a las nuevas normas de salud y a la oferta infinita de objetos plus de goce, el sujeto postmoderno, a la deriva de los acontecimientos que sacuden cada día su precaria subistencia, no puede orientarse en su relación a la verdad. Horadada la verdad religiosa, sólo pervive la verdad científica, por definición asubjetiva. Se siente culpable entonces de su cuerpo, que se manifiesta insurrecto a la deseable armonía, inhibido ante las satisfacciones múltiples que el mercado publicita. Razón por la cual el cuerpo puede volverse también persecutorio, por no inclinarse ante la promesa de felicidad que ofrecen las pantallas publicitarias.</p>



<p>El sujeto hipermoderno, condenado a la soledad, sin conseguir alojarse en un discurso que le suministre un orden verdadero con el que nombrar lo real, carga sobre sus espaldas con el sentimiento de culpabilidad por su impotencia, sus incapacidades, su fracaso en dominarlo con el mango, con el pensamiento. El cuerpo no se pliega fácilmente al equilibrio de las cantidades, a las cifras de las tecnociencias. Los afectos que lo conmueven y deleitan no se dejan atrapar en grillas psicológicas ni con las fórmulas de los psicofármacos.</p>



<p>En este difícil panorama que ofrece el estado actual de los discursos, el arte y el psicoanálisis se perfilan como dos vías posibles para tratar lo real. También como dos maneras de responder al discurso del amo actual y a sus efectos mortificantes. Algunos de los artistas antes citados admiten explícitamente que sus escenificaciones están destinadas a causar la palabra, a “dar que hablar.”</p>



<p>En el capítulo El saber y la verdad del Seminario Aún Lacan elogia a Descartes por haber interrogado el saber como nunca antes. El paso siguiente, el vuelco freudiano, constituye un hecho de caridad por haber permitido “a la miseria de los seres hablantes decirse que, por el hecho del inconsciente, hay algo que les trasciende, el lenguaje” . Una vía en la que, por medio de la palabra, el sujeto consigue descifrar las marcas de goce de su cuerpo para hacer con ellas su ser de deseo, a sabiendas de que las significaciones de la vida dependen de la relación del ser hablante con la lengua que habla, que siempre es particular. Gracias a la operación del síntoma, el ser hablante puede habitar una dimensión del cuerpo en la que vivir y de la que gozar así como también, darse un partenaire de su condición mortal y sexuada.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Bibliografía</h2>



<p>JacquesLacan,SeminarioVII La ética del psicoanálisis.PiadósBuenosAires1992 Jacques Lacan, Seminario XX Aún. Paidos. Buenos Aires. 1981.</p>



<p>Jacques Lacan: El estadio del espejo. Escritos I, Siglo XXI,</p>



<p>Jacques Lacan: La agresividad en psicoanálisis. Escritos I. Siglo XXI. Gulio Carlo Argan: Renacimiento y Barroco Tomo II Akal. Madrid 1999 Bárbara Borngässer y otros: El barroco, Köneman, París 1997.</p>



<p>Jean Luis Gault EIM Reunión 27 de junio de 2002. Gérard Wacjman: Fenêtre. Verdier. París 2004.</p>



<p>Louis Soler: Lacan y el barroco. En Uno por uno Nº 39 Febrero 1992. Jean-Claude Milner: La politique des choses. Navarin. París 2005 Jacques-Alain Miller: Biología Lacaniana y acontecimiento del cuerpo En Freudiana nº 28 Paidós. Barcelona 2000.</p>



<p>Jacques-Alain Miller: Silet Curso 1994-1995. Inédito.</p>



<p>Jacques-Alain Miller: Curso 2002-2003: Un effort de poésie. Inédito.</p>



<p>Miguel Angel Hernández-Navarro. En torno al dolor en el body art. Teleskop. Laura Baigorri. Pieles de serpiente. Revista Transversal.com</p>



<p>Catálogo del Macba: Günter Brus, Quietud nerviosa en el horizonte. Barcelona George Steiner: Gramáticas de la creación, Siruela. Madrid 2001.</p>



<p>Jacques Gélis El cuerpo, la Iglesia y lo sagrado en Historia del cuerpo Taurus. Daniel Arasse: El cuerpo, la gracia, lo sublime. Idem anterior. 2005</p>
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		<title>Asuntos de familia</title>
		<link>https://nucep.com/publicaciones/asuntos-de-familia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Vilma Coccoz]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Sep 2012 20:07:07 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Habitualmente entendemos por asuntos de familia los asuntos de un orden íntimo, referidos al territorio de la vida privada de las persona. Entendemos que a estos asuntos el psicoanálisis conceda un lugar privilegiado tanto en la experiencia clínica como en la reflexión teórica, porque, globalmente, los asuntos de familia son los asuntos de la subjetividad. [&#8230;]</p>
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<p>Habitualmente entendemos por asuntos de familia los asuntos de un orden íntimo, referidos al territorio de la vida privada de las persona. Entendemos que a estos asuntos el psicoanálisis conceda un lugar privilegiado tanto en la experiencia clínica como en la reflexión teórica, porque, globalmente, los asuntos de familia son los asuntos de la subjetividad. Más aún, debemos estudiar los asuntos familiares y subjetivos tal y como se presentan actualmente, teniendo en consideración el socavamiento pertinaz del orden de lo íntimo como uno de los efectos de la mutación de la civilización a la que estamos asistiendo.</p>
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<p>Disponemos actualmente de una perspectiva más ajustada de las transmutaciones que ha sufrido la subjetividad en Occidente, lo que nos permite aseverar que los asuntos de la familia y la subjetividad, se presentan en una estrecha dependencia.<br />
En su texto Los complejos familiares, publicado en 1938, Lacan apunta la hipótesis de que la propia existencia del psicoanálisis está relacionada con la crisis psicológica de la familia, correlativa de la declinación de la imago paterna: “Es posible que el sublime azar del genio no explique por sí solo que haya sido en Viena –centro entonces de un estado que era el melting-pot de las formas familiares más diversas, desde las más arcaicas hasta las más evolucionadas, desde los últimos agrupamientos agnáticos de los campesinos eslavos hasta las formas más reducidas del hogar pequeño burgués y hasta las formas más decadentes de la familia inestable, pasando por los paternalismos feudales y mercantiles –el lugar en el que un hijo del patriarcado judío imaginó el complejo de Edipo.” Y, seguidamente a este pasaje, se refiere a la estrecha dependencia del carácter de las neurosis contemporáneas con las condiciones de la familia, fundamentalmente, con la personalidad del padre, “carente siempre de algún modo, ausente, humillada, dividida o postiza.”</p>
<p>Sin embargo Lacan afirma, tranquilamente, que “no somos de aquéllos que lamentan un supuesto debilitamiento del vínculo familiar.” Lo que sí le parece esencial es el mantenimiento de una relación en el marco de lo que en ese texto denomina, siguiendo a Durkheim, “familia conyugal” a lo que en definitiva se ha reducido la familia en las sociedades avanzadas. Si la familia es un hecho cultural y por lo tanto sujeto a variaciones históricas, existe sin embargo un irreductible, la función de la pareja parental, como el nudo que asegura al sujeto haber nacido en un deseo que no sea anónimo. La búsqueda desesperada de los verdaderos orígenes que testimonian las personas que viven gracias al auxilio de la ciencia no hacen sino confirmar la importancia psíquica de ese lazo estructurante entre un deseo y una nominación, que demuestra una incidencia real en la subjetividad, algo que va más allá de lo cultural.</p>
<p>En su precioso libro Fenêtre, Gerard Wacjman lleva a cabo un estudio sorprendente acerca del origen de la ventana como elemento arquitectural en el marco del Renacimiento italiano. No es que la ventana no existiera anteriormente, pero su valor y su ubicación en los muros era muy distinta, antes estaba destinada a permitir la entrada de la luz. A partir de los estudios sobre el cuadro de Alberti, Wacjman demuestra cómo se produce un desplazamiento desde la ventana que aparece primero en la pintura al agujero en el muro arquitectónico, en un segundo momento. Se inventa la ventana para mirar que acarrea importantísimas consecuencias: el nacimiento del yo moderno, de la subjetividad y de las ventanas sobre la calle. Más aún, radicalmente, se trata de prestar la estructura de la ventana a la subjetividad psicológica. Antes la ventana representaba la entrada de la luz y de la mirada de Dios. El giro que conlleva el surgimiento de la modernidad responde a la misma lógica que el advenimiento del sujeto a partir del nacimiento: antes de poder construir nuestro marco desde el cual inventar nuestro cuadro, hemos formado parte del cuadro del Otro, de nuestros padres, de nuestros próximos. Antes de conseguir diseñar nuestro espacio hemos sido incluidos o expulsados del espacio del Otro. O, lo que es lo mismo, antes de hablar hemos sido hablados por los otros, hemos formado parte de sus asuntos. Así como el niño inventa sus estrategias para separarse de la mirada, del cuadro y del espacio del Otro, el sujeto moderno pudo separarse del Dios omnivoyeur con la invención de la ventana.</p>
<p>La ventana renacentista adquiere así dos importantes funciones, por un lado, cerrarse a la mirada gracias a las persianas, a los postigos. Por otro, abrirse al mundo desde un punto de vista particular obtenido gracias a la posibilidad de poder ocultarse, gracias a la conquista del secreto. Precisamente en las sombras se sitúa la condición de posibilidad de la subjetividad, porque gracias a ellas se</p>
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<p>consigue no ser transparente al Otro. Aunque también tendrá como consecuencia la propia ignorancia, porque el sujeto no puede ver el lugar desde el que mira.<br />
Freud estudió la importancia de las mentiras infantiles como los primeros ensayos de escondite simbólico. Gracias al engaño de la palabra el niño lleva a cabo un paso importante en el acceso a su autonomía, en favor de un deseo propio, que el adulto puede ignorar. Lacan, por su parte, explicó la trascendencia que tiene la función de la imagen como velo, como aquello que permite ocultarse y engañar el deseo del Otro.</p>
<p>Gracias a la función de la ventana se accede, en el Renacimiento, a la dimensión de lo íntimo. Lo íntimo tiene un alcance mayor que lo privado, que hasta entonces sólo se refería a la propiedad. Porque en lo íntimo anida la subjetividad, al cultivo de los propios fantasmas, de las propias ideas, del propio goce. En esa época surge también la estancia separada del dormitorio con la que la sexualidad queda detrás de la puerta. Gracias a la ventana es posible “estar en casa”, sin el Otro, pero, a la vez, pudiendo abrirla para ver. A partir de entonces el voyeur es el sujeto. La invención de la ventana es considerada por Wacjman un acto, tiene como consecuencia la emergencia de un nuevo sujeto, el espectador. También con la ventana despunta la subjetividad del artista como aquél que produce cosas para el goce de ver. De hecho es en la pintura donde se realiza ese pasaje, particularmente con los desnudos femeninos.</p>
<p>El psicoanálisis se ubica en esa tradición, como la experiencia íntima que se lleva a cabo entre cuatro paredes, fuera del alcance de testigos y curiosos, merced a la cual el analizante puede acceder a otro punto de vista, distinto que el del marco de su perspectiva yoica, fantasmática. Así puede acercarse y centrar su mirada sobre lo éxtimo, lo más opaco de su subjetividad, pudiendo enlazar lo más íntimo del goce con lo social de su uso en una nueva alianza que no requiera desmesurados sacrificios y síntomas. La operación analítica responde a la ética propia del psicoanálisis, y por ello se trata de que incluso lo más abyecto de los fantasmas humanos encuentren la posibilidad de decirse para hacer posible que el sujeto deje de estar capturado por ellos, en muchas ocasiones inhibido, angustiado ante el poder de sus imágenes. Así se va tejiendo un velo sobre el goce porque el goce no es otra cosa que obscenidad, y el problema de la obscenidad es que no tiene salida, es repetitiva, pobre y aburrida. Es la antítesis de la poesía y el malentendido.</p>
<p>Quizás es lo que ha aprendido Pedro Almodóvar en su anteúltima película, La mala educación y por ello no es casual el título de la última, Volver, en la que encontramos un alegato en contra de los reality shows, un elogio a la reserva que requieren los asuntos de familia, incluso un personaje cuya clave radica en mantenerse escondido.</p>
<p>Podríamos preguntarnos ¿por qué se ventilan con tanta ligereza los asuntos de familia? El contraste con la época de Freud es evidente. El estado de la civilización en aquella época provocaba una pugna entre la demanda de satisfacción de las pulsiones y su renuncia. En cambio, en nuestros tiempos las éticas de renuncia han perimido a favor de una permisividad creciente con su correspondiente empuje a la legalización que encuentra ya pocos límites, entre adultos sólo es un problema de contrato. El axioma lacaniano lo que está permitido se convierte en obligatorio demuestra ser una gran verdad sobretodo en lo relativo a la sexualidad. Aunque, como lo apuntaba también Lacan, la hipersexualidad de ahora es sólo un asunto publicitario, un buen negocio cuyas cuotas de violencia y sexo alcanzan el paroxismo sin que haya mejorado el malestar en las personas. Más bien todo lo contrario, se ve agudizado por ofertas de goce imposibles de adquirir, imposibles de obtener.</p>
<p>Nos encontramos ante la carencia de significantes ideales que permitan leer y regular las conductas y siendo así, ¿dónde situar la verdad?. Cómo responder a los niños que preguntan para qué sirve trabajar, estudiar, la frontera entre lo humano y lo inhumano tiende a borrarse precisamente debido a esta ausencia de significantes amos. Los escritores Jelinek y Coetzee exploran esta espesa niebla en sus descarriados personajes, no son rostros de la desesperación, ni de nihilismo, ni del desencanto. Paradójicamente ciertos saberes implementados en la educación se vuelven más y más feroces e intolerantes, la pedagogía y la psicología cognitivo conductual. Liberados de toda exigencia ética, regidos por un ideal cientificista de eficiencia y “normalidad” los adalides de esta psicología embrutecida cuentan con fondos exorbitantes para llevar a cabo sus “investigaciones” y sus prácticas perniciosas. También han acampado en los medios como lo demuestra el programa Supernanny, cuyo nivel de audiencia sólo se explica porque cae en un campo abonado, el de la extrema sugestionabilidad de unos padres desconcertados y temerosos. Se trata de conseguir una domesticación lisa y llanamente, con “entrenamientos” que eliminan cualquier subjetividad como la de</p>
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<p>una madre angustiada que lloraba por no poder poner límites a su pequeña hija. Técnicas de amaestramiento, de adiestramiento que ofrecen los significantes amos con un efecto tanto más feroz y superyoico cuanto más débil es el sujeto y más desamparado se encuentra ante sus crecientes poderes de discriminación y segregación. La renuncia explícita de esta psicología a la función de la causalidad psíquica revela a qué inconfesables intereses pueden servir unas prácticas que valoran “destreza”, “habilidad”, con valores de optimización y gestión, que se plasman cuando se trata de técnicas terapéuticas, en procesos de desensibilización.</p>
<p>Ante el avance de estas prácticas abominables debemos fortalecer nuestro movimiento de resistencia. No queremos doblegarnos a sus oscuros y arteros intereses, a la ferocidad con la que dirimen diagnósticos y determinan los asuntos y a veces los destinos de ciertas familias, cuando desgraciadamente caen en las temibles redes de la evaluación. Hemos visto casos desgraciados de maltrato en los que hubiera sido esencial un alejamiento familiar, algunos de estos técnicos empeñarse en un familiarismo delirante en perjuicio absoluto del menor. O producir una ruptura familiar en un grupo inmigrante con acusación de malos tratos, en el seno de un grupo con relativa tolerancia cultural al castigo físico.</p>
<p>Queremos que los asuntos de familia puedan alojarse en un discurso responsable, más allá de cuales sean sus caracteres, ya sean tradicionales, multidivorciadas, monoparentales, homosexuales, inmigrantes.<br />
Queremos que haya nuevamente personas mayores, responsables de su goce que acepten la disimetría saludable del adulto y el niño.</p>
<p>Queremos que estos adultos no dejen a los menores a la deriva de un goce mortificante. Porque sólo de esta manera nuestras acciones alcanzan su dignidad.</p>
<p>Vilma Coccoz</p>
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		<title>Acerca de la diferencia de estatuto del objeto anal en el caso del “Hombre de las ratas” y en el del “Hombre de los lobos”</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Vilma Coccoz]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Sep 2012 20:06:09 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Sobre el objeto a Nos encontramos en un tiempo de investigaciones, de estudio y nuevas elaboraciones como en cada período previo a un congreso de la AMP. En abril de 2008 nos reuniremos en Buenos Aires con el título de “Los objetos a en la experiencia psicoanalítica” a fin de presentar nuestras conclusiones, discutir nuestros [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<ol class="wp-block-list" type="1"><li>Sobre el objeto a</li></ol>



<p>Nos encontramos en un tiempo de investigaciones, de estudio y nuevas elaboraciones como en cada período previo a un congreso de la AMP. En abril de 2008 nos reuniremos en Buenos Aires con el título de “Los objetos a en la experiencia psicoanalítica” a fin de presentar nuestras conclusiones, discutir nuestros puntos de vista y cernir los interrogantes que se desprenden de cada paso dado en la conquista de un saber.</p>



<p>Una de las referencias esenciales del trabajo que realizamos es, seguramente, el Seminario de La angustia. En el recorrido lacaniano de la elaboración del objeto a el seminario X es fundamental y Lacan no cesa de repetir que nunca hasta entonces se había considerado la dimensión del objeto en “sus verdaderas coordenadas”. La nominación novedosa de los diferentes objetos pulsionales con&nbsp; una letra permitirá alojarlos en la denominada “álgebra lacaniana”, a fin de distinguir sus diversas funciones y usos, su lugar en la estructura: “La definición que persigo este año tiende a oponerse a la concepción abrahámica (…) ” de los mismos que tanto éxito obtuvo como desviaciones produjo en las elaboraciones psicoanalíticas sobre la pulsión, en las consideraciones teóricas y en sus implicaciones en el manejo de la cura, en concreto, en la interpretación.</p>



<p>En el esquema de la división del sujeto el a que Lacan presenta en distintos momentos a su auditorio aparece como resto de la operación a partir de un mítico A real, primera escritura operativa del registro homónimo. Persigue la demostración de una constitución del objeto “circular” . En todos los niveles de su constitución, el objeto persiste como objeto a. En las diversas formas […] se trata de una misma función y de saber cómo se vincula a la constitución del sujeto en el lugar del Otro y lo representa”. El concepto freudiano de “intrincación pulsional” conquista en este seminario, aunque no es explícitamente mencionado, su justo lugar en los anudamientos que establece Lacan entre el objeto anal y el escópico, entre el oral y la voz.</p>



<p>La magnitud de estos desarrollos –que completa la lista de los objetos freudianos- puede apreciarse si se tiene en cuenta que, gracias a ellos, se inicia una reforma del pensamiento analítico, una “nueva crítica de la razón” consecuencia de reintroducir la dimensión de la causa, abandonada por el pensamiento determinista, tan caro a los postfreudianos. Debemos esforzarnos en cernir la lógica por la cual “… la razón está ya tejida en el dinamismo más opaco en el sujeto, allí donde se modifica aquello que él experimenta como necesidad bajo las formas del deseo, siempre más o menos paradójicas en cuanto a su supuesta naturalidad.”</p>



<ol class="wp-block-list" start="2"><li>Sobre el objeto anal</li></ol>



<p>En un pasaje de “Función y campo…” encontramos un anticipo incisivo e irónico de esta nueva crítica de la razón, cuando Lacan se refiere al valor de goce pulsional que pueden alojar las significaciones fantasmáticas de acciones y pensamientos, tanto en el niño como en los “teóricos del amor de objeto” cuando le asimilan a la oblatividad: “… la subjetividad del niño que registra en victorias y derrotas la gesta de la educación de esfínteres, gozando en ello de la sexualización imaginaria de sus orificios cloacales, haciendo agresión de sus expulsiones excrementicias, seducción de sus retenciones, y símbolos de sus relajamientos, esa subjetividad no es fundamentalmente diferente de la subjetividad del psicoanalista que se ejercita en restituir para comprenderlas las formas de amor que él llama pregenital.”</p>



<p>Como lo ha demostrado Jacques-Alain Miller, la consideración del objeto en el orden de la causalidad permite una distinción muy precisa de la función del objeto en el orden de la intencionalidad. En éste se dibuja el campo de la objetividad, es el campo del Otro, de lo especularizable, de los objetos “deseables”, agalmáticos. En cambio, el primero concierne a la objetalidad, a los objetos-causas, por definición irrepresentables, irreductibles a la simbolización y que, por pertenecer a un registro heterogéneo a lo simbólico, pueden funcionar como la condición del deseo. Miller destaca la dificultad de la construcción lacaniana del objeto concebido de esta manera, en la medida en que, aún siendo exterior al Otro, su lugar está, sin embargo, en él incluido como lo demuestra la clínica de las neurosis. A pesar de las dificultades de esta elaboración, se entiende que Lacan está advertido del peligro que conllevaría el considerarlo una pura facticidad, un absoluto. Por esta razón lo vincula a una reducción del Otro, ubicando “… por un lado el objeto a como real, pero al mismo tiempo relativo a la elaboración significante”</p>



<p>Lacan hará depender la producción del objeto en su función de causa del deseo de la función “positiva” de la angustia, suscitada por un exceso de goce en el cuerpo. En este seminario el origen de la subjetividad no es postulado en el lugar del Otro como dato previo, sino que parte de la proposición de un goce mítico, una mónada de goce, de cuya “separtición ” depende que un órgano libidinal se separe del cuerpo y conquiste su lugar en la estructura subjetiva. El objeto se recorta, se extrae del cuerpo sin la intervención de un agente que sería el Otro, que se constituye, por lo tanto, en un momento lógico posterior. De ahí que, según lo comenta J.AMiller, Lacan se vea conducido a detallar las separaciones anatómicas del objeto y que el objeto anal se presente como el paradigma de tal operación. “En un segundo tiempo se plantea la cuestión de la subjetivación del objeto y de su inscripción en el campo del Otro. Lo que está ahí, el objeto a, (…) lo más de mí mismo en el exterior porque él ha sido de mí cortado. ”</p>



<p>A partir de estas consideraciones es posible concebir la clínica lacaniana como una clínica de la separación del objeto. La operación analítica ofrece al sujeto la vía de la transferencia y la palabra,&nbsp; vía por la cual el ser hablante puede “ahorrarse ” el exceso de trabajo que invierte en modos de separación fallidos, extraviados, sacrificiales intentando asegurarse, con tales pérdidas, un deseo evanescente y una causa que se escabulle.</p>



<p>La clínica freudiana sigue siendo para nosotros un material privilegiado en el que leer las estructuras que conseguimos elucidar en la enseñanza de Lacan. Presentamos a continuación un comentario en el que intentaremos situar algunas diferencias estructurales en el valor y uso del objeto anal en dos casos, el del Hombre de las ratas y el Hombre de los lobos, desde las consideraciones anteriormente expuestas.</p>



<ol class="wp-block-list" start="3"><li>Sobre el “Hombre de las ratas”</li></ol>



<p>Si leemos el caso princeps de neurosis obsesiva con la brújula de la intrincación pulsional del objeto anal y el escópico, posible gracias al funcionamiento del significante fálico en el inconsciente, el&nbsp; sueño transferencial en el que Lanzer ve a la hija de Freud con “dos pellas de estiércol” en lugar de ojos, revela ser un signo de la posición neurótica del sujeto en la transferencia, sostén de la demanda y de la verdad encubierta por un objeto agalmático (desear a la hija no por los ojos bonitos sino por&nbsp; su dinero, símbolo de la potencia y metonimia del objeto anal)</p>



<p>Sin embargo fue posterior a la entrada en análisis y del establecimiento de la transferencia que esta formación del inconsciente se produjo. En la problemática que conduce al sujeto al análisis la dimensión del objeto anal y del cuerpo no están presentes de manera explícita. El joven Lanzer sufre de inhibiciones, temores y pensamientos obsesivos pero es el trance de una deuda imposible de pagar el que le abrirá las puertas al inconsciente y al complejo paterno.</p>



<p>Es la dialéctica de la falta en el inconsciente, con su carácter de “subjetivación forzada” la que hará posible la traducción de los significantes fundamentales. Precisamente, a través de la introducción en la cura de la pregunta por la causa, el discurso del sujeto se precipita hacia la figura del “capitán cruel” y al relato del tormento de las ratas cuyo efecto en el sujeto reveló a la perspicacia de Freud “el horror de un goce ignorado”. La convulsión afectiva, el “embarazo” que despierta en el paciente se vincula a la horrible representación de que dicha tortura le fuera aplicada a los seres que más amaba (la Dama y su padre). En ese “acontecimiento del cuerpo” el goce autista o autoerótico es “ignorado” habiéndose desplazado al campo del Otro en la forma de representación de un temor, lo que demuestra que estamos en el campo de la neurosis. El cuerpo se presenta en el movimiento, en la locomoción que sostiene la frase imperativa (“debes pagar”) durante el trayecto en tren a Viena. El cuerpo está vinculado al trance obsesivo de la deuda imposible de pagar, pero la incidencia de la pulsión anal en la subjetividad de Lanzer no aparece en el síntoma sino que emerge como un efecto de la labor de desciframiento del análisis, una vez despejado el complejo de la deuda y el fantasma&nbsp; de la rata.</p>



<p>“La idea del tormento de las ratas había excitado toda una serie de instintos y despertado una&nbsp; multitud de recuerdos, adquiriendo así las ratas, (…) toda una serie de significaciones simbólicas, a las que fueron agregándose otras muchas en lo sucesivo. […] El tormento de las ratas despertó ante todo el erotismo anal que había desempeñado un importante papel en la infancia del sujeto…” Freud apunta en tal sentido el “prurito causado por las lombrices”, esto es, un goce vinculado al cuerpo.</p>



<p>Pero, en un segundo momento lógico y gracias al pasaje de ese goce extraído del cuerpo a la contabilidad inconsciente, al campo del Otro mediante el significante “rata”, se opera la “trasmutación” del objeto en las asociaciones significantes. Entre ellas, la significación de dinero, efecto de la asociación Raten (plazos) a Ratten (ratas). “El sujeto llegó a hacer de las ratas una verdadera voluta para su uso personal”, al punto que cuando Freud le mencionó la cifra de sus honorarios el sujeto realizó la traducción mental “tantos florines, tantas ratas” .</p>



<p>Luego del análisis de las cadenas inconscientes en las que el significante “rata” representaba al sujeto, Freud concluye que el sujeto “hallaba su pareja en la rata.” Fórmula del fantasma fundamental implicado, como se recordará, en el carácter “cruelmente libidinoso” de la representación temida por el sujeto, signo de su posición en la vida y de la elección del partenaire, la Dama ideal. Las distintas formas de autocastigo que se impone el sujeto, que llegan incluso tomar la forma de “impulso al suicidio” estarían vinculadas a los intentos de separación de este kakon opaco, el real del objeto, indicio de la nueva razón que aporta el psicoanálisis a los resortes del pensamiento y que revela “la estrategia secreta” con el objeto en la neurosis obsesiva.</p>



<p>El final del Seminario X nos enseña que la comunidad topológica del objeto escópico y el anal debe desentrañarse en el análisis para conseguir desmontar el “narcisismo irreventable del obsesivo” en el que se cifran sus diversas servidumbres, a partir del valor concedido al Ideal de la potencia, que obtura la función del objeto causa del deseo.</p>



<ol class="wp-block-list" start="4"><li>Sobre el “Hombre de los lobos”</li></ol>



<p>Cuando el joven ruso llega a la consulta de Freud sufre de una absoluta incapacidad, resultado de los efectos psíquicos que le acarreó una infección blenorrágica. Viaja acompañado de un ayudante y de un médico; necesita que le sean practicadas lavativas para poder defecar. En este caso, siguiendo la definición del síntoma como acontecimiento del cuerpo , éste vendría a revelar que el sujeto, perturbado por el objeto a “en su bolsillo ”, necesita hacérselo extraer, hacérselo extirpar. El carácter invalidante de este síntoma resume la posición del sujeto, calificada como de “una pasividad intrínseca”. Seguimos a Miller en su lectura del caso cuando dice: “ Freud nos indica (…) que esta pasividad debe ser interpretada en el régimen del estadio anal .” Y, más adelante, “es en la relación con el objeto anal donde él localiza la posición del sujeto.”</p>



<p>Aunque este caso se mantuvo para Freud como un enigma (Miller), no parece dejar lugar a dudas&nbsp; que le trató como obsesivo. Tiene interés recordar los datos clínicos en los que se apoya para proponer la hipótesis de la neurosis obsesiva, y el lugar que le asigna en los tiempos de la historia clínica :</p>



<p>En el relato del caso se destaca un acontecimiento que constituiría un giro decisivo a la edad de dos años y medio. Se trata de la reacción del sujeto a la ausencia de los padres y a la influencia de la odiosa institutriz inglesa. El niño, hasta entonces “apacible y dócil”</p>



<p>se mostraba, al regreso de sus padres, “descontento, excitable y rabioso”. El primero de tales accesos de cólera sobrevino, según su recuerdo, por no haber recibido dobles regalos el día de Nochebuena, que coincidía con su cumpleaños. Aunque la empleada inglesa fue despedida su&nbsp; estado no se modificó. En el período que transcurre hasta los cinco años, padeció temores diversos, que su hermana aprovechaba para martirizarlo con una estampa con la imagen de un lobo en posición erecta. Estos miedos parecen haber sido contemporáneos de un gusto por la crueldad con los animales. Aunque Freud aclara que su paciente no aporta datos muy precisos, deduce que en esos años sufrió de una “evidente neurosis obsesiva”, patente en su “piadoso ceremonial” que le imponía “rezar largo rato, santiguarse numerosas veces (…) y besar devotamente las estampas religiosas que colgaban de las paredes”. Este comportamiento contrastaba con la complacencia que obtenía de sus pensamientos blasfemos en la misma época. “…cuando pensaba en Dios asociaba automáticamente a tal concepto las palabras cochino o basura” También se refirió al tormento que le supuso, en el curso de un viaje, la obsesión de pensar en la Santísima Trinidad cada vez que encontraba tres montones de estiércol de caballo o de otra basura. Y, por último, la “obsesión de espirar” por la que se le imponía contener el aliento ante la visión de mendigos, inválidos o ancianos con una intención de conjura.</p>



<p>Fue su madre quien decidió enseñarle la Historia Sagrada con la esperanza de distraerle y reanimarle. El efecto en el sujeto supuso la sustitución de los síntomas de angustia por síntomas obsesivos. Su madre también promovía que la “amada chacha” le leyera pasajes del libro y le enseñara ilustraciones y Freud encuentra en esta influencia la razón de la “victoria de la fe” que</p>



<p>acabó con las luchas internas que conmovieron al “pequeño crítico”. Al principio Freud se muestra incrédulo respecto a la sagaz inteligencia que demostraban tales cuestionamientos en un niño tan pequeño, pero acabó por ceder a la evidencia de su veracidad. “Comenzó por extrañar el carácter pasivo de Cristo en su martirio y luego todo el conjunto de su historia, y orientó sus más severas críticas contra Dios Padre. Siendo omnipotente, era culpa suya que los hombres fuesen malos y atormentasen a sus semejantes, yendo luego por ello al infierno. […] El mandamiento de tender la otra mejilla (…) le resultaba incomprensible, e igualmente (…) que no hubiera hecho ningún milagro para demostrar que era realmente el hijo de Dios. Su penetración, así despertada, supo buscar, con implacable rigor, los puntos débiles del poema sagrado”</p>



<p>El comentario de Freud indica que el sujeto ha podido localizar la inconsistencia del discurso religioso (versión del A tachado), pudiendo a-prenderse a lo simbólico, conquistando una posición activa en relación al saber. “Pero no tardaron en agregarse a esta crítica racionalista cavilaciones y dudas que nos revelan la colaboración de impulsos secretos” La irrupción del goce anal que puja por encontrar una nominación, que podríamos entender como una tentativa de subjetivación del cuerpo, le incita a formular la pregunta a la Chacha de si Cristo también tenía un trasero. Insatisfecho con la respuesta recibida se dijo que, finalmente, el trasero no era sino la continuación de las piernas. La interrogación de si Cristo se hallaba sujeto a la necesidad de defecar no fue siquiera enunciada a la niñera, al encontrar por sí mismo una salida, si Cristo había conseguido hacer vino de la nada, podía convertir en nada lo que comía sin verse obligado a la excreción. Podemos deducir que en estas ideas se conforma una versión delirante del cuerpo que, al negar su carácter tórico y agujereado, dificulta su funcionamiento de esfínter. La no extracción del objeto anal en la lógica de la estructura, hará imposible que pueda alojarse en el lugar de causa del deseo.</p>



<p>Aún así Freud apunta los beneficios que el conocimiento de la historia Sagrada procuró al sujeto al suministrarle una versión sublimada de su posición masoquista respecto al padre, mediante la identificación con Cristo. También destaca que le aportó una versión de la función del tercero, hasta entonces desconocida porque, según la chacha le había echo creer, él era sólo de su padre y su hermana sólo de su madre, lo que le condenaba a una dualidad mortificante. Arreciaron, entonces,&nbsp; las dudas respecto a la paternidad. Pero “su oposición dejó pronto de ser una duda de la verdad de la doctrina y se orientó, directamente, contra la persona de Dios”</p>



<p>El análisis que realiza Freud es finísimo y ha recibido excelentes esclarecimientos y comentarios . El sujeto “extrajo su energía para atacar a Dios del amor al padre, así como la penetración para desarrollar su crítica a la religión. Mas, por otro lado, tal hostilidad contra el nuevo Dios no era un acto primero, pues tenía su prototipo en un impulso hostil al padre, surgido bajo la influencia del sueño de angustia.”</p>



<p>Freud encuentra en el complejo paterno conformado de esta manera, la raíz de los impulsos sentimentales antitéticos que coincidieron en el tema de la religión, por eso considera las ideas blasfemas como una “transacción” sintomática. Sin embargo, y siguiendo las elaboraciones del Seminario III, es coherente la dimisión simbólica del padre con exageradas formas imaginarias. Podríamos pensar entonces que podría tratarse, no de una pugna entre dos impulsos respecto al padre, uno amoroso y otro hostil sino de una imposibilidad estructural de hacer coincidir el padre simbólico y el imaginario. Si tomamos en consideración el surgimiento de la “obsesión de espirar”, como otro singular acontecimiento en el cuerpo, como un signo de la defensa ante “demonios” o “malos espíritus” se revela una estructura del síntoma no neurótica: tenía el sujeto seis años cuando fue a visitar a un sanatorio a su padre enfermo, inspirándole gran compasión. Desde la hipótesis diagnóstica de psicosis ordinaria este episodio podría haber motivado el encuentro del sujeto con el desfallecimiento del padre y las blasfemias podrían entonces comprenderse como fenómenos vinculados al Unglauben, a la increencia en el significante paterno. Desde este punto de vista, los síntomas fóbicos y obsesivos serían diversos ensayos de defensa pero que no responderían a la lógica de la represión.</p>



<p>El resultado del proceso se saldó con la “victoria de la fe religiosa sobre la rebelión crítica e investigadora y había tenido como premisa la represión de la actitud homosexual. De ambos factores resultaron daños duraderos. La actividad intelectual quedó gravemente dañada después de esta importante derrota. El sujeto no mostró ya deseo alguno de aprender, ni tampoco la penetración (…) con la que había analizado las doctrinas religiosas. La represión de la homosexualidad (…) le sustrajo a las sublimaciones que de ordinario se presta. Faltaban, pues, al paciente, todos los intereses sociales que dan contenido a una vida.”</p>



<p>El alcance de este último comentario de Freud es fundamental porque revela el estado “fuera de discurso” en el que se encontraba el joven ruso en el momento de comenzar el análisis y que demostró ser uno de los paréntesis de desconexión o desenganche que sufrió a lo largo de su vida. Tales episodios alternaban con etapas de “normalidad” que se diluían cuando su cuerpo se veía alcanzado por alguna negatividad.</p>



<ol class="wp-block-list" start="5"><li>Sobre el dinero y los “síntomas intestinales”</li></ol>



<p>Freud deja constancia del acuerdo existente entre los analistas respecto a la importancia del “erotismo anal” en la conformación de la vida sexual y en la actividad anímica en general. También menciona que dicho acuerdo incluye la valoración personal del dinero que atrae sobre sí el interés psíquico orientado primitivamente hacia el excremento. “Nos habituamos –concluye- a exigir del hombre normal que renuncie a las influencias libidinosas y se atenga a las normas deducidas de la realidad.”</p>



<p>Luego de tales precisiones plantea el trastorno de tal relación en el paciente ruso como uno de los factores incapacitantes de la enfermedad adulta. Habiendo recibido sucesivas herencias, “concedía gran valor a que se le supiera rico y le ofendía que se dudase de su fortuna” Sin embargo, dice, era difícil considerarlo avaro o pródigo porque se comportaba ora de un modo, ora en el opuesto. Se mostraba vanidoso, viendo en la riqueza el mayor merecimiento de su personalidad, anteponiendo el dinero al sentimiento , aunque en ocasiones se comportaba de forma modesta y compasiva.</p>



<p>Según estas apreciaciones el dinero, cuyo valor de falo imaginario otorgaría una consistencia a la identidad del sujeto, estaría, sin embargo, por fuera de la transmisión fálica que constituye un patrimonio con la consiguiente deuda que permite al sujeto unirse a la cadena de las generaciones. De ahí la nota de “mayor merecimiento” del rasgo “ser rico” de su ego, como una certeza que&nbsp; excluiría el sentimiento de deuda y gratitud. Se trataría de una prótesis de potencia, uno de los asientos de su “virilidad de fachada, de pura apariencia. ”</p>



<p>Por otra parte, Freud señala que los “trastornos intestinales muy tenaces” se habían sucedido desde la infancia: “cuando acudió a mi consulta se había acostumbrado a las irrigaciones, que le eran practicadas por uno de sus criados, y pasaba meses sin defecar espontáneamente, salvo cuando experimentaba una determinada excitación (…) Se quejaba principalmente de que el mundo se le mostraba envuelto en un velo…” que sólo se rasgaba en el momento de la irrigación, tras la cual volvía a sentirse bueno y sano.</p>



<p>Esta necesidad de intervención en lo real del cuerpo para producir la separación, para extraer el objeto, que no funciona por lo tanto como perdido en la estructura, demuestra la imposibilidad de su condición de esfínter pulsional en el inconsciente e ilustra la diferencia de su estatuto con la función del objeto anal en la neurosis obsesiva.</p>



<p>Freud comenta que durante los años de tratamiento analítico el sujeto no logró hacer una sola deposición espontánea. La resolución del síntoma al final de esta cura que, como sabemos, tuvo una fecha determinada por Freud y motivada en las invencibles resistencias que impedían cualquier avance del tratamiento. En el marco de esta peculiar conclusión Freud “le promete” su total restablecimiento, lo que, en efecto, parece producirse como resultado de la sugestión con la que el analista enfrenta la incredulidad de su paciente.</p>



<p>El análisis de los trastornos intestinales reveló que a los cuatro años y medio, luego de un episodio de incontinencia, el sujeto habría manifestado dolorosamente que “así le era imposible vivir” Esta expresión, pronunciada por la madre a raíz de sus constantes dolores y hemorragias abdominales, indujo en primer lugar su temor infantil a morir de disentería y sería reiterada innumerables veces por el sujeto a lo largo de su vida . Freud deduce de la impronta que esta frase la raíz de la identificación con la madre, cuyo alcance erótico en la escena primaria, vía la “teoría de la cloaca” se manifestaría en el sueño de los lobos y ante el cual el sujeto se habría revelado en el transcurso del sueño de angustia. Sin embargo, Freud reconoce que, a pesar de su influencia intensísima, “se agotó en ello su eficacia y no ejerció influencia alguna en la decisión del problema sexual ”. Es decir, según Freud,&nbsp; que el sujeto no se orientó a la homosexualidad, quedando así su identidad sexual por fuera de la lógica fálica. De ahí que el sujeto deba construirse una virilidad de suplencia.</p>



<ol class="wp-block-list" start="6"><li>Sobre la cesión del objeto</li></ol>



<p>Lacan desarrolla en el Seminario de La angustia el funcionamiento particular de la demanda, al</p>



<p>servicio de la disciplina, que obliga a tener con el objeto anal un interés hasta ser considerado un objeto agalmático. La indicación “guárdalo” se verá contradicha en otro momento con la demanda de expulsarlo, sugiriendo que no es conveniente mantener unas relaciones demasiado íntimas con él. En torno a la demanda anal el deseo se afianza por vez primera vinculándose directamente al cuerpo al inscribirse en el registro de la pertenencia y, consecuentemente, a la dinámica del don. Las transmutaciones que Freud descubrió en las significaciones fálicas del objeto conservan plena vigencia en el saber analítico.</p>



<p>Pero, además, el objeto anal demuestra ser paradigmático de la función del objeto a “extraído del cuerpo”, por fuera de la lógica de la demanda. Y Lacan se refiere al caso del Hombre de los lobos para ilustrar esta operación a la que denomina “cesión del objeto”, paradigma de la “separtición” ocurrida en la mónada inicial de goce supuesta en el primer tiempo de la constitución de sujeto.</p>



<p>Como resultado de la construcción del análisis del sueño de angustia, enlazado al valor traumático de la escena primordial, Freud llega a la conclusión de que “el niño interrumpió por fin el coito de sus padres con una deposición, que podía justificar su llanto” Su paciente acepta tal construcción y la confirma con “síntomas pasajeros”. El pasaje en el que Freud analiza este “acto” no tiene desperdicio. “No se trata en él –en ese acto- de una impresión externa, cuyo retorno ha de esperarse en multitud de signos exteriores sino de una reacción personal del niño Su ausencia o su inclusión ulterior en el proceso de la escena no traerían consigo modificación alguna del conjunto (de la escena). Y su interpretación no ofrece lugar alguno a dudas: significa una excitación de la zona anal (en el más amplio sentido)”</p>



<p>Entendemos que el carácter de ese objeto no es simbólico, por ser, como dice, irrepresentable en el “retorno de los signos”, de las impresiones “externas”, fuera por tanto del campo escópico, no pertenece al contenido restante de la escena sino al cuerpo, siendo, pues, un órgano de goce, que induce un exceso de excitación.</p>



<p>Que Freud caracterice esta deposición como “reacción personal” viene a demostrar que la respuesta del sujeto al exceso de goce, en el momento de encontrarse petrificado, mirando la escena del coito de los padres, cobra el valor de una pérdida, de una separación que acontece en el cuerpo, sin el auxilio del Otro como ley o prohibición sino a través de la “mediana de la angustia”.</p>



<p>Sin embargo, el siguiente paso lógico que permite el alojamiento de ese objeto en la red de las trasmutaciones que opera el significante fálico no se habría conseguido y por ello, cada vez que su cuerpo o su imagen es alcanzado por alguna negatividad, se produce el desenganche del Otro.</p>



<p>El ruso sintetizaba en un lamento el carácter de sus padecimientos diciendo que el mundo se le aparecía envuelto en un “velo” que sólo se desgarraba en el momento de las irrigaciones. Poco antes de la conclusión de la cura recordó que según constaba en el mito familiar él había nacido “cubierto” con “la cofia de la buena suerte” con que la sabiduría popular traduce que el bebé nazca con la cabeza cubierta por la placenta.</p>



<p>“Pero, se pregunta Freud ¿qué pueden significar los hechos de que este velo simbólico, que había sido real en una ocasión, se desgarrase en el momento de la deposición, conseguida con ayuda de una irrigación, y que su enfermedad cesara bajo tal condición? El análisis nos permite responder lo siguiente: cuando el velo de su nacimiento se desgarra, vuelve el sujeto a ver el mundo y nace así de nuevo. ”</p>



<p>Y más adelante, descubre su lógica: “El desgarramiento del velo es análogo al hecho de abrir los ojos y al abrirse la ventana. La escena primordial ha quedado transformada en la condición&nbsp; de&nbsp; su curación” La ruptura del velo tiene el valor de la extracción de un exceso de goce del cuerpo, un ensayo de vaciamiento que se operaría en dos ejes, en el objeto escópico y en el objeto anal.</p>



<p>En su excelente libro Fenêtre, Gerard Wacjman desarrolla paso a paso la lógica de la construcción&nbsp; del fantasma como equivalente a la invención de la ventana. El acto mismo de “abrir los ojos”, acto de nacimiento del sujeto en lo simbólico desde la perspectiva geometral, gracias a la elisión de la&nbsp; mirada. Si entendemos el “velo” como el signo de la ausencia de la elisión simbólica de la mirada que le impide al sujeto la visión del mundo, que aparece “en tinieblas y ajeno”, se demostraría la imposibilidad de la intrincación pulsional con el objeto anal por la ausencia del (-phi). La escena primordial como condición de la curación, como el telón de fondo de las irrigaciones, estaría en el origen de los intentos fallidos de inscripción de la primera cesión del objeto en la lógica del fantasma.</p>



<ol class="wp-block-list" start="7"><li>Un ciclo singular: El análisis de Sergeï P. con Ruth Mack Brunswick</li></ol>



<p>Siguiendo la teoría de los ciclos que ha propuesto Jacques-Alain Miller, el “Hombre de los lobos” realizó varios, y con distintos analistas.</p>



<p>El primer ciclo, realizado con Freud, comienza en Febrero de 1910 y termina en Julio de 1914. El segundo, va desde noviembre de 1919 a Febrero de 1920 en el que, según Brunswick, resolvió con éxito una “constipación histérica”. Entretanto, había abandonado Rusia y perdido todas sus posesiones pero había encontrado un modesto trabajo. Su situación empeoró con la enfermedad de su mujer y Freud llevó a cabo una colecta para quien tanto enseñó al psicoanálisis y la entregó a su ex –paciente cada primavera, durante seis años.</p>



<p>Sergeï iniciaría en 1926 su análisis con la destacada discípula de Freud, motivado por una importante recaída como consecuencia del daño irreparable que le habría supuesto una electrolisis practicada en su nariz para tratarle unas glándulas sebáceas obstruidas. Nuevamente la antigua queja tomaba la misma forma “Así es imposible vivir” en el que enraizaba su identificación a la madre, quien poco tiempo antes había llegado a Viena portando una negra verruga en la nariz que capturó la atención hijo al recibirla en la estación.</p>



<p>“El velo de su primera enfermedad lo cubría totalmente. Desatendía su vida y su trabajo porque se enfrascaba en el estudio de su nariz con exclusión de cualquier otra cosa.[…] Su vida se centraba en el espejito que llevaba en su bolsillo y su destino dependía de lo que le revelaba o estaba por revelarle .”</p>



<p>El surgimiento de extraños pensamientos vinculados a su nariz parece estar vinculado a dos acontecimientos, el encuentro con Freud muy enfermo y la llegada de su madre desde Rusia (en noviembre de 1923). En ambos casos impresiona grandemente al sujeto una negatividad que altera&nbsp; el cuerpo del otro y que parece revertir especularmente convocando temores sobre su imagen, en concreto, sobre su nariz, que ya le valió despectivos motes por parte de compañeros en su infancia.&nbsp; Y entonces reapareció la constipación! Luego de un largo periplo por especialistas que alternaron con períodos de relativa calma, cayó en la desesperación cuando un médico le dijo que ya nada se podía hacer “Era el fin, mutilado, ya no podía seguir viviendo” . De la consulta de este especialista se fue corriendo a buscar remedio con un profesor X que le propuso extirparle inmediatamente la glándula. “El análisis reveló que el paciente había experimentado un agudo éxtasis ante la vista de su propia sangre fluyendo bajo la mano del médico. Dos horas antes había estado al borde del suicidio y ahora un milagro lo salvaba del desastre” Notamos el efecto saludable de la “extirpación” de la “extracción” en lo real de un exceso en el cuerpo. Sin embargo, en un momento posterior la inquietud le invadió nuevamente al plantearse si la inflamación desaparecería, “¿se curaría ese agujero?” Llegó a sentir que todo el mundo miraba el agujero de su nariz, considerándose “perseguido por el destino y abandonado por la medicina”, aunque pasaba etapas de sosiego, sobretodo, gracias a la pintura. Cuando llegó a ver a Ruth, en 1926, padecía un recrudecimiento del padecimiento por el daño irreparable causado a su nariz, de lo que responsabilizaba al profesor X y al que odiaba como su mortal enemigo.</p>



<p>R M. Brunswick admite que le fue difícil creer, al comienzo, de que se trataba del Hombre de los lobos, un individuo al que conocía como honesto y confiable. El hombre que se presentó en su consulta era culpable de innumerables pequeñas faltas de honestidad entre las que ocultaba a su benefactor la posesión de dinero. “Sorprendía aún más la absoluta falta de conciencia de su propia deshonestidad. El hecho de aceptar dinero con un pretexto falso carecía para él de importancia. ” Ella califica de hipócrita su actitud respecto al análisis, no quería hablar de su periplo por los&nbsp; dermatólogos ni de Freud, a la vez que no dejaba de elogiarla por su pericia y por su bondad (no le cobraba). Pero hay un dato importante respecto a su posición en la transferencia y es lo que ella destaca como impermeabilidad, mostrándose “inaccesible a cualquier sugestión”, rasgos que evocan las dificultades resistenciales que indujeron a Freud, en su momento, a precipitar el fin del&nbsp; tratamiento.</p>



<p>El primer sueño de este ciclo, una versión del famoso sueño de lobos, ratificó al sujeto la conveniencia de analizarse con una mujer, teniendo en cuenta que todas sus dificultades se derivaban de la relación con su padre. Ruth se muestra de acuerdo, entendiendo que lo&nbsp; que denomina “transferencia homosexual” podía significar un peligro en lugar de un instrumento para la cura. De hecho considera que el ciclo que el sujeto lleva a cabo con ella es un suplemento que sirvió para analizar la transferencia residual con Freud.</p>



<p>En un sueño posterior y después de repetidos comentarios de la bondad de su analista por no cobrarle, el sujeto delata su posesión de las joyas que, en ese momento suponía, tenían un valor superior al valor real que luego demostraron tener. R.M.Brunswick cree que la intención de este&nbsp; sueño es la de una confesión, pero el paciente “se negó a considerar toda posible deshonestidad al respecto”. Adjudica a su mujer la idea de ocultar la existencia de tales joyas, siendo, según sus palabras, una peculiaridad del carácter femenino la desconfianza y el temor de perder algo. R.M. Brunswick admite que le llevó tiempo comprender que la inescrupulosidad del sujeto y su imposibilidad de reconocerla se debían a “un profundo cambio de carácter ”, por encontrarse el sujeto “bajo el control absoluto de su mujer”, a causa de la adopción de una posición pasiva, anteriormente dirigida al padre. De todas maneras, el criterio de su mujer coincidía con sentimientos suyos, el sujeto especulaba económicamente con los fondos a su alcance, y ocultaba sus faltas. Además “se tornó negligente en el trabajo, se marchaba cuando se le ocurría, y si era descubierto inventaba un&nbsp; excusa:”</p>



<p>La analista considera que el “ataque de diarrea padecido en el comienzo del análisis” anunciaba la importancia de tema del dinero. Sorprende la aseveración de que el sujeto, “aparentemente satisfecho con el síntoma mismo, no acusaba el menor deseo de querer pagar su deuda”, el dinero que recibía de Freud era recibido como “algo que se le debía”. Notamos la coincidencia con la valoración de Freud, del valor del dinero para el sujeto, que lo consideraba “un merecimiento de su personalidad”. Además, no es poca cosa que responsabilizara al mismo Freud y no a la Revolución rusa de la pérdida de su fortuna.</p>



<p>La estrategia que R.M.Brunswick diseñó a partir de estos datos clínicos y de la insistencia del sujeto en que la relación que mantuvo con Freud “era mucho más amistosa que profesional”, se orientó a “minar la idea que el paciente tenía de sí mismo como hijo favorito”, es decir, su megalomanía. Reviste un enorme interés clínico el pasaje derivado de “la destrucción de las ideas de grandeza, que deja aparecer su manía persecutoria”. R.M.Brunswick relata un período en el que su paciente se presentaba completamente desaliñado, fuera de la realidad. “Comprendí entonces, admite, cuán necesaria y protectora había sido su megalomanía: parecía hundido en una situación que ni él mismo ni su análisis podrían dominar ”. Este pasaje constituye una enseñanza acerca de la fecundidad que puede tener la destitución calculada del narcisismo delirante del sujeto, puesto que, para la sorpresa del analista, se abre un camino hacia el material inconsciente que estaba detrás de la persecución, con el sueño siguiente. “El paciente y su madre se encuentran en una habitación, uno de los rincones está cubierto por íconos. Su madre descuelga los íconos y los arroja al suelo. Los íconos se quiebran en pedazos. El paciente se sorprende de la conducta de su piadosa madre. ”</p>



<p>La analista no duda en otorgar a este sueño una lectura transferencial al interpretarlo como una respuesta contraria a la que en su momento diera la madre, quien, al introducir al sujeto a la Historia Sagrada, le ofreció una vía simbólica de pacificación de la angustia aportando al niño el beneficio de una identificación al Hijo de Dios. Según su interpretación del sueño es ella, la analista, quien destruye ahora la identificación con Cristo. Un sueño posterior en el que aparece un hermoso paisaje que el sujeto mira desde una ventana, parecería indicar la resolución del fantasma que propició el sueño de los lobos, ya que el sujeto se sorprende de no haber pintado aún ese idílico paisaje.&nbsp; Aunque la pintura tenía un efecto muy benéfico para él al permitirle conseguir la localización del objeto escópico, no alcanzó el estatuto de sínthoma. La analista comprueba que, en un sueño siguiente se produce un retorno a la pasividad, y con ella la incapacidad de sublimación derivada.</p>



<p>Un sueño posterior en el que aparece el padre castrado, mendigo, alumbra la dimisión del padre a su función simbólica. Recordemos que la “obsesión de espirar” ante la visión de los desfavorecidos surgió al visitar al padre enfermo. Después de ese sueño el paciente “abandona el delirio”, vuelve a pintar y retoma el interés general por la vida. También ese sueño inaugura la conclusión del ciclo puesto que “su carácter volvió a cambiar, volvía a ser la personalidad aguda, escrupulosa y atractiva con cantidad de intereses y logros y dotado de un profundo y esmerado entendimiento analítico. ” Aunque, admite R.M. Brunswick, permaneció incomprendida su relación con el dinero, el paciente no terminaba de entender su conducta respecto a las joyas, a la aceptación del dinero, a las pequeñas deshonestidades: eran un gran misterio para él. Lacan nombra como ratage, el modo particular de fallar, el modo en que cada uno consigue formular la ausencia de escritura de la relación sexual, el misterio del parlêtre, del ser hablante. En este caso su analista piensa que el secreto radica en la explicación que el sujeto dio sobre su mujer al justificar la ocultación de las joyas: “las mujeres son desconfiadas, descreídas y temerosas de perder algo” Esta conducta respecto al dinero puede considerarse como un signo de su posición subjetiva. Revela el valor de la identificación imaginaria, transitiva, con la posición femenina sobre la que regulaba su ego, y por lo tanto, uno de los&nbsp;&nbsp; asientos de su “fachada viril”.</p>



<p>El valor del dinero como compensación imaginaria de la imposible subjetivación de la castración se distingue claramente de la deriva obsesiva del valor imaginario del falo como pertenencia, tacañería o avaricia. En un caso forma parte del ser, de la identidad y en el otro participa del registro del intercambio, de la pertenencia, lo que da lugar a las transmutaciones propias de la metonimia inconsciente. En cambio, si hay forclusión del falo, el significante de la potencia puede formar parte de un ego de suplencia, de ahí la versión megalómana de su merecimiento que excluye al Hombre de los lobos de la culpa por la deuda y de la gratitud. Este ejemplo nos ayuda a comprender la eficacia&nbsp; de la gratuidad en ciertos casos que tratamos en el marco de los CPCTs. Porque el reconocimiento que el sujeto otorga a RM Brunswick y la transferencia que con ella establece se vinculan al valor que adquiere, para el sujeto, que ella le atienda gratis. Un acto que permite a este hombre extraordinario recuperar la confianza en análisis, al que recurriría para aliviar su malestar, en distintos momentos, hasta el final de su vida.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Bibliografía</h2>



<p>Sigmund Freud: Análisis de un caso de neurosis obsesiva (“Caso el hombre de las ratas”). Obras Completas. Tomo II Biblioteca Nueva. Madrid 1973.</p>



<p>Sigmund Freud: Historia de una neurosis infantil (Caso del “Hombre de los lobos”). Obras Completas. Tomo II. Biblioteca Nueva. Madrid 1973</p>



<p>Sigmund Freud: Sobre las transmutaciones de los instintos y especialmente del erotismo anal. Obras completas. Tomo II. Biblioteca Nueva. Madrid 1973</p>



<p>J.Lacan: Función y Campo de la palabra en el lenguaje. Escritos I. Siglo XXI. 1988</p>



<p>Jacques Lacan: Seminario X La angustia. Paidós. Buenos Aires. 2006</p>



<p>J.A.Miller: Clínica diferencial de las psicosis. Cuaderno de Resúmenes. Enero 1987/ Marzo 1988. Instituto del Campo Freudiano. Asociación de Psicoanálisis Simposio del Campo Freudiano. Buenos Aires. 1991</p>



<p>J. A.Miller: Introduction à la lectura du Séminaire l’angoisse. La Cause Freudienne nº 59. Navarin Editeur. París 2005 Amanda Goya: La neurosis obsesiva I Biblioteca Básica de Psicoanálisis. Madrid. 2001</p>



<p>Vilma Coccoz: La neurosis obsesiva II. Biblioteca Básica de Psicoanálisis. Madrid. 2001</p>



<p>Los Casos Sigmund Freud I: El hombre de los lobos por el Hombre de los lobos. Nueva Visión. Buenos Aires. 1976 Agnés Aflalo: Réévaluation du cas de l’homme aux Loups. En La Cause Freudienne Nº 43. Difusión Navarin Seuil. París.1999</p>



<p>Wacjman, G.:Fenêtre. Verdier. París. 2004</p>
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		<title>Nuevas máscaras de la pulsión de muerte</title>
		<link>https://nucep.com/publicaciones/nuevas-mascaras-de-la-pulsion-de-muerte/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Vilma Coccoz]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Sep 2012 20:04:05 +0000</pubDate>
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		<title>Las tribus urbanas</title>
		<link>https://nucep.com/publicaciones/las-tribus-urbanas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Vilma Coccoz]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Sep 2012 20:00:52 +0000</pubDate>
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		<title>Comentario del análisis del cuadro Psique sorprende a Eros realizado por Lacan en el Seminario VIII La Transferencia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Vilma Coccoz]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 Sep 2012 20:00:10 +0000</pubDate>
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