El amor en la neurosis. 3 preguntas a Andrés Borderías

Conversación Clínica del ICF 2010

Texto original aquí

1) Doy por hecho que el psicoanálisis ha moldeado la noción tradicional de amor, por eso quería conocer tu opinión acerca de las innovaciones que en materia del amor introdujo Lacan respecto a Freud.

Lacan, en los años 50 y 60 elucida y extrae la estructura de aquello que Freud ha formulado en sus contribuciones a la vida amorosa y en los textos sobre la sexualidad femenina, en el Malestar en la Cultura. Lacan durante este primer tiempo pone de relieve el fundamento significante del narcisismo en el amor. Subraya la función de la castración en el paso del auto al aloerotismo. Demuestra que las coordenadas edípicas del amor están articuladas por la estructura del lenguaje y la significación fálica –al punto que J.- A. Miller ha señalado que podemos considerar La significación del falo como la cuarta de las contribuciones a la vida amorosa de Sigmund Freud; Formula la heterogeneidad entre el goce Uno y el goce femenino, la dimensión fetichista del amor en el hombre y erotomaníaca en el amor femenino. En definitiva, en la progresiva radicalización de su orientación hacia lo real, Lacan avanza hacia la cuestión del amor en el fin del análisis, ¿qué sería un amor más allá de los límites del fantasma, tanto para el hombre como para la mujer?

Sin embargo, en sentido estricto creo que hasta el seminario Aún Lacan no podemos hablar de una versión radicalmente distinta en lo relativo al amor con respecto a Freud y con respecto a sí mismo, es decir, una versión en la que la función del amor no sea ya la de velar lo real, real de la imposibilidad de la relación sexual, real de la heterogeneidad de los goces, sino la de un reconocimiento, ciertamente enigmático, entre dos formas de confrontarse a dicho real. En este seminario J. Lacan afirma: “No hay relación sexual porque el goce del Otro considerado como cuerpo es siempre inadecuado-perverso por un lado, en tanto que el Otro se reduce al objeto a- y por el otro diría, loco, enigmático. ¿No es acaso con el enfrentamiento a este impase, a esta imposibilidad con la que se define algo real, como se pone a prueba el amor? De la pareja, el amor sólo puede realizar lo que llamé, usando de cierta poesía… valentía ante fatal destino. ¿Pero se tratará de valentía o de los caminos de un reconocimiento?, que no es otra cosa que la manera cómo la relación llamada sexual –en este caso relación de sujeto a sujeto, sujeto en cuanto no es más que efecto del saber inconsciente- cesa de no escribirse”. Ya no es la dimensión engañosa y engañadora del amor, sino del “encuentro, en la pareja, de los síntomas, de los afectos, de todo cuanto en cada quien marca la huella de su exilio, no como sujeto sino como hablante, de su exilio de la relación sexual”. (1)

Tanto en este seminario como en el del año siguiente, Los No Incautos yerran, y en algunas otras intervenciones del momento, Lacan articula los elementos que permiten pensar qué deviene el amor una vez este ha atravesado su determinación fantasmática, es decir, cuando el parlêtre se encuentra en los límites de lo real en su abordaje de la relación con la pareja. P. Monribot ha desarrollado extensamente esta cuestión en su seminario del año 2000 (2).

De este modo podemos oponer el amor edípico al “amor borromeo” (3), cuya formulación encontramos en estos dos seminarios. Oponemos el amor-engaño, amor- repetición, amor-sintomático, incluso el amor-formación del inconsciente, al amor advertido de lo real, “un amor más civilizado”.

Incluso cuando Lacan habla en La Transferencia de un nuevo amor, no hace sino retomar lo que ya Freud había descubierto, que la transferencia y la relación al sujeto supuesto saber introdujeron una novedad en el campo del amor. También esta fórmula “Un nuevo amor”, encontrará una nueva perspectiva a partir de Aún, pues se trata del destino del amor al saber, de la suposición de saber, y del amor en tanto orientado por dicha suposición una vez que el parlêtre se ha confrontado al Otro en tanto que radicalmente tachado.

2) Cuando se ha llevado la experiencia analítica hasta el final, ¿el amor se ha visto afectado por algo nuevo o genuino?

El amor deviene apasionante, siguiendo la expresión de Lacan en Los no Incautos yerran: “Estoy interrogando el amor… el amor es apasionante, pero esto implica que en él se siga la regla del juego. Desde luego, para eso hay que conocerla. Es quizás lo que falta: siempre ha estado allí en una profunda ignorancia, o sea que se juega un juego cuyas reglas no se conocen… si ese saber hay que inventarlo… quizás para eso pueda servir el discurso psicoanalítico” (4).

No se trata de la pasión amorosa, sino de la invención de un saber y de las reglas de un juego que cuentan con lo imposible de la relación. Para el hombre, implica un trabajo amoroso, según la expresión de Rolan Barthes que recuerda P. Monribot, trabajo de invención de una mujer: “tras la conclusión de la cura, una vez el sujeto supuesto saber ha sido destituido y el objeto extraído, el amor, más allá del fantasma debe ser correlacionado al parlêtre y no al sujeto” (5). El partenaire del parlêtre ya no es el objeto a del fantasma, sino el síntoma, pues se trata de una mujer en tanto que síntoma, como desarrolla J.- A. Miller. Tal partenaire ya no participa de la repetición, sino del encuentro… por azar. Pero, más allá del encuentro contingente, está el lado “invención”, necesario, que implica el trabajo amoroso –distinto del sentimiento amoroso, de la pasión narcisista-. Tal trabajo de invención es al que alude J. Lacan en Los no Incautos, se trata de elaborar, sin cesar, un saber sobre lo ilimitado del goce femenino.

Este trabajo de “trenzado”, incesante, ante lo real, da la pauta así mismo del destino del vínculo transferencial con la Escuela, en tanto que ella es partenaire-síntoma del parlêtre al final del análisis. Hay necesidad de inventar la Escuela, sin cesar, como lo hay de inventar una mujer, afirma P. Monribot.

3) Al final de la lección del 24 de noviembre de 2004, del curso Piezas sueltas (Freudiana, 2007, 49, p. 27), Miller señala que “el amor es también un modo, en la perspectiva del sinthome, de dar sentido a un goce que es siempre parasitario”. En relación con el amor neurótico, qué aporta esta perspectiva con respecto al aforismo clásico de Lacan “Sólo el amor permite al goce condescender al deseo” (Seminario 10. La angustia, p. 194)?

La verdad es que la pregunta me excede… pero se me ocurren dos reflexiones al respecto.

La primera, siguiendo el desarrollo que hace J.- A. Miller en Piezas sueltas, es que la perspectiva del sinthome señala un límite a la dialéctica implícita en el aforismo, es decir, que hay un límite a lo que el amor puede hacer condescender del goce. El goce parasitario del cuerpo, no es absorbible ni por lo imaginario, ni por lo simbólico. Entonces puede advenir un sentido amoroso, como una suplencia, para ese goce de más. Un sentido amoroso que no devenga necesariamente un síntoma, quizás es el caso de la relación de Joyce con Nora, pues ella no era un síntoma para él, aunque “le viniese como un guante”.

Segunda reflexión. Este sentido tiene un estatuto distinto del trabajo amoroso.

En la clase del seminario Los no incautos yerran, que cité anteriormente, J. Lacan tras afirmar “ese saber hay que inventarlo… quizás para eso pueda servir el discurso psicoanalítico” añade: “Sólo que si es verdad que lo que se gana de un lado se pierde del otro, seguramente hay alguien que va a pagar el pato… el que va a pagar el pato es el goce… a partir del momento en que el amor sea un poco civilizado, aunque no es seguro que ocurra” (6).

¿Podemos entender esta propuesta en contrapunto con la de la cita de J.- A. Miller? Mi impresión es que en el fin de análisis para un sujeto se da una tensión entre el sentido amoroso del goce parasitario y el trabajo amoroso.

Lacan señala la posibilidad de que un parlêtre pueda abocarse a una elaboración que tenga consecuencias sobre el goce… “no es seguro que ocurra, pero podría…de ello hay pequeñas huellas…” (7).

Lo real tiende a obturarse y una de sus vías es la del sentido, amoroso también, incluso si el sujeto acabó su análisis, incluso si el partenaire devino síntoma. Quizás -es lo que señala Lacan- hay la oportunidad del amor civilizado para contrariar esta tendencia, como la hay para cada uno de construir la Escuela.

Que este esfuerzo amoroso no cese, está por demostrarse, es nuestra apuesta.

Notas:
1. J. Lacan. Seminario Aún, pg. 174. Ed. Paidós.

2. P. Monribot. Seminaire sur la passe: Du démenti au symptôme. Bordeaux, Décembre 2000. (No publicado).

3. P. Monribot. Construire une femme. Seminaire sur la passe: Du démenti au syptôme. Bordeaux, 18 Décembre 2000. (No publicado).

4. J. Lacan, Seminario del 12-03-1974, Les Noms du père, inédito.

5. Id.

6. Id.

7. Id.

Otras publicaciones del mismo autor: