Notas sobre la transferencia negativa en Wilhelm Reich 3


 
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Wilheim Reich es, sin duda el autor que más atención dedicó a la transferencia negativa en los primeros tiempos del psicoanálisis, como podemos comprobar leyendo sus textos sobre técnica escritos entre 1925 y 1929. Son elaboraciones producidas en el calor de las discusiones y reflexiones que llevó a cabo junto con sus alumnos, y otros destacados analistas, como Sterba, Jacobson, Fenichel, Anna Freud, durante el período de tiempo en que ocupó la plaza de director del Seminario sobre Técnica en el Instituo Psicoanalítico de Viena, trabajando casos difíciles, asintomáticos. En estos textos desarrolla la aplicación de la técnica activa al análisis de las resistencias y las defensas, paso preliminar a la construcción de su teoría del Análisis del Carácter, pero también punto de referencia para la elaboración por parte de Anna Freud de su teoría sobre el análisis del yo y los mecanismos de defensa.

Entre estos escritos, destacan por la relevancia dada a la cuestión de la transferencia negativa los siguientes: “Algunos problemas de técnica psicoanalítica”, “Sobre la técnica de la interpretación y el análisis de las resistencias”, y “El manejo de la transferencia”.

Jacques Lacan caracterizó en “Variantes de la Cura Tipo” la posición de W.Reich como clásica, lo que no deja de sorprender tratándose de un psicoanalista del que ahora podemos afirmar con rotundidad que fue un paranoico. Más allá de los excesos a los que se vio llevado en el desarrollo de su delirio, no resulta tan extraño el adjetivo “clásico” si tomamos en serio la posición del paranoico con respecto al saber inconsciente como de Unglauben, incredulidad. En este punto, la posición de W.Reich es clásica porque se situa en una posición equivalente a la de todos aquellos psicoanalistas que dieron la espalda a la estructura simbólica del inconsciente, en el giro de los años 20. Es un modo irónico y radical de caracterizar la posición que tomaron muchos analistas en el momento de viraje de la obra de Freud, cuando la interpretación pareció desfallecer frente al síntoma, y en el que se iniciaron sus desarrollos sobre el más allá del principio del placer. Período en que se cifran las diversas desviaciones del psicoanálisis, bien hacia la técnica activa y la neocatarsis Ferencziana, bien hacia el análisis de las defensas y resistencias en la egopsychology, bien hacia una reparación en el kleinismo. Esta equivalencia “clásica”, entre las formulaciones de W. Reich en su primera época y el resto de sus colegas, surge por el abandono de la dimensión simbólica del inconsciente y la incredulidad en el síntoma.

Sin embargo, los extremos a los que llegó W.Reich en sus formulaciones sobre los fundamentos mismos del psicoanálisis le colocaron más allá de los límites del marco freudiano. La publicación del ensayo “La función del orgasmo” en 1926 revela ya una certeza sobre la existencia de una libido por fuera de la regulación de la significación fálica y los límites del principio del placer. Energía que W. Reich terminará por ver finalmente como una luz azul, una mañana en Dinamarca. De aquí que su concepción sobre la etiología de la neurosis se fundamente en la estasis o empantanamiento de la libido en su supuestamente natural devenir hacia un orgasmo que involucra al organismo, y no al cuerpo. Reich no cree en la castración, ni en los límites de la significación fálica, y tiene una certeza en la existencia de una energía libidinal de origen biológico. La primera teoría de la angustia freudiana le confiere un soporte teórico: la angustia es el efecto de dicha estasis libidinal. Y a partir de aquí, se suceden sus rechazos sobre diversas articulaciones de la obra freudiana: la pulsión parcial tal y como es desarrollada en los 3 ensayos; la segunda teoría de la angustia; la pulsión de muerte y el masoquismo primordial; finalmente, la desconfianza en la interpretación del síntoma y en la palabra del paciente, dan paso a una interpretación de las resistencias en las que lo gestual tiene el protagonismo; después a un desmontaje de la coraza caracteriológica del paciente; posteriormente al tratamiento de su soporte muscular-la vegetoterapia-, y por último a un tratamiento directo de la energía del cuerpo-orgonterapia-, secuencia que se situa en la pendiente abierta por los efectos de la elusión de la dimensión simbólica. Finalmente, el rechazo de la castración retorna tanto en la vida, como en la obra de W.Reich como confrontación con un límite real que obstaculiza el fluir energético.

Este límite será encarnado, en primer lugar por la sociedad capitalista, objetivo a partir de entonces de su lucha y su esfuerzo. En este punto, W.Reich se torna insoportable, primero para el Partido Comunista del que es expulsado en 1930, posteriormente para la comunidad analítica que le expulsa en el congreso de Lucerna el año 1934. No obstante, W.Reich mantiene siempre una actitud de respeto por la figura de S.Freud, a pesar de haberle desupuesto el saber hasta cuestionar los fundamentos mismos del psicoanálisis. Expulsado sucesivamente de Suecia, Dinamarca, Noruega, se establece finalmente en EEUU. Su intento de tratamiento del cáncer con su caja de orgonterapia y su desacato al tribunal al que se ve conducido denunciado por estafa, se suceden en el culmen de su elaboración delirante. Conocen el final: W.Reich termina en la cárcel, lugar en el que muere en 1957, creyendo ser objeto de una conspiración.

Detengámonos ahora en su teorización sobre la transferencia negativa. Hay una cuestión relevante en su abordaje de la misma: el papel fundamental que juega el odio en la dirección de la cura, auténtica pasión en él, y cuestión central en su reflexión sobre la transferencia.

En un primer momento encontramos, sin embargo una versión más clásica sobre la transferencia negativa, tal y como formula en: “Algunos problemas de técnica psicoanalítica”. Dice allí: “…una fuerza también inconsciente, la defensa del yo, dificulta o imposibilita al paciente seguir con la regla fundamental. Esta fuerza se hace sentir como una resistencia contra la disolución de la represión…por lo cual, la regla de volver consciente lo inconsciente no debe tener lugar en forma directa sino mediante la disolución de las resistencias…los deseos y temores reprimidos buscan constantemente descargarse, es decir ligarse a personas y situaciones reales…ligando sus temores y demandas inconscientes al analista…esto da como resultado la transferencia, vale decir el establecimiento con el analista de relaciones de amor, odio y angustia…actitudes que no son sino repetición de actitudes anteriores, principalmente infantiles”. Primera versión, entonces de la transferencia como resistencia por la actualización y proyección de antiguos conflictos en el analista, ocasionalmente de odio.

Pronto introduce su lectura particular en esta primera versión de la transferencia negativa. Dirá así en El manejo de la transferencia : “Fue precisamente el deseo de establecer una transferencia positiva intensa la que me incitó a prestar tanta atención a la transferencia negativa”. Reich desconfia de la transferencia positiva, no porque haya captado el caracter engañoso del amor, sino porque la transferencia positiva no es para él un efecto del significante. La transferencia es el efecto de la actualización de una falta de gratificación libidinal en el paciente, que liga sus demandas y temores al analista. Por tanto, no se producirá una auténtica transferencia positiva hasta que la energia libidinal, liberada de su estasis, tome al analista como objeto. Hasta entonces, transferencia negativa. Podríamos decir que la significación del amor de transferencia, toma la fórmula paranoica : “él no me ama, sino que me odia”.

En este contexto, el odio toma para Reich el carácter de una señal primordial, señal del desarreglo del discurrir libidinal, producido por el encuentro con un padre que, en lugar de garantizar la ligazón de la ley y el deseo, prohibe el natural fluir de la libido. Este odio se actualizará en cuanto se inicie el análisis. Dice así en el mismo texto:

“Un estudio exacto de esta primeras manifestaciones de la llamada transferencia positiva demostró que se trataba de una de estas tres cosas:

1. Transferencia positiva reactiva. En este caso el paciente compensa un odio transferido, mediante manifestaciones de aparente amor.

2. Sometimiento al analista, resultante de un sentimiento de culpa o de masoquismo moral, tras lo cual no se oculta sino un odio reprimido y compensado.

3. La transferencia de deseos narcisistas, esperanza de que el analista amará o admirará al paciente, que se transformará en amarga decepción y en odiosa herida narcisista.”

W. Reich advierte al analista de la importancia de estar alerta a la aparición de estas transferencias negativas latentes, a través de la observación de la gestualidad y comportamiento del paciente.

Aquí es cuando aparece la intervención del analista, que da paso a la tercera aproximación a la cuestión. Ya no se trata de la reedición del odio, sino de los efectos que va a provocar la intervención del analista tal y como formula en “Análisis del Carácter”. A partir del análisis de las resistencias caracteriológicas del paciente, de la interpretación sistemática e insistente de los aspectos imaginarios de la coraza caracteriológica, en las que se hallaría retenida la libido, W.Reich conduce a sus pacientes a lo que él denomina la fase mas delicada “de derrumbe del narcisismo secundario, desintegración de las formas reactivas y de las ilusiones creadas por el yo para su preservación, que movilizan en el paciente los más intensos sentimientos negativos hacia el análisis”.

A modo de recapitulación: encontramos al menos tres abordajes de la transferencia negativa.

En primer lugar como resistencia, resultado de la repetición y proyección del vínculo hostil hacia el analista.

En una segunda versión, Reich describe una transferencia negativa latente a la transferencia positiva, indicio de la actualización en la demanda dirigida al analista de un desarreglo contingente del goce libidinal.

Por último, una tercera versión de la transferencia negativa, como reacción del paciente ante la interpretación sistemática de sus resistencias, y en ocasiones como odio dirigido al analista por efecto del derrumbamiento de su narcisismo.

Andrés Borderías

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