PUBLICACIONES DE PSICOANÁLISIS DE ORIENTACIÓN LACANIANA

Etiología del autismo

Pablo Nieto Centeno

Autor/a invitado/a de la Sección Clínica de Madrid (Nucep)

APROXIMACIÓN AL AUTISMO

¿Qué es el autismo?. Criterios diagnósticos.

Autismo que deriva del griego Autos y que significa uno mismo, es el término usado en psicología para designar la conducta absorta en sí mismo y retraída. Los autistas padecen graves dificultades de comunicación y de relación social así como serias alteraciones en su comportamiento.

Su aparición es muy temprana aunque su detección, a menudo, no se lleva a cabo hasta los dos  años o más. Los criterios que caracterizan al autismo y permiten su detección (algunos tomados del DSM-IV) se detallan a continuación, si bien es cierto que no tienen porque darse todos :

1.- Criterios relativos a la interacción social :

Comunicación no verbal anómala : escaso contacto visual, expresión facial, posturas anómalas.

Profunda incapacidad para relacionarse con otras personas :

Retraimiento.

Falta o deficiencia de empatía y mimesis.

Falta de espontaneidad.

2.- Criterios relativos a la comunicación :

Retraso o no adquisición del lenguaje oral.

En sujetos con habla, dificultad grave para establecer y mantener una conversación, lenguaje repetitivo.

Ausencia de actividades lúdicas, de ficción y fantasiosas.

3.- Criterios relativos a la estereotipia y repetición :

Excesiva preocupación por patrones estereotipados.

Actitud compulsiva hacia rituales específicos.

Manías repetitivas sin función aparente.

Fijación por determinados objetos o partes de estos.

4.- Otras manifestaciones :

Resistencia a la modificación del entorno.

Respuestas anómalas a la percepción de estímulos auditivos, visuales y táctiles.

Hiperactividad.

Espasticidad.

Ataques epilépticos.

Temores especiales. A ciertas personas, lugares o cosas.

Habilidades especiales. Memorización, dibujo, música etc.

Apego enfermizo a objetos inanimados.

Uso de las personas como objetos. Desinterés por los que le rodean.

Autolesiones.

Insensibilidad al dolor.

Destructividad.

Excitabilidad e irascibilidad incontrolable.

Sordera aparente (llegando a la ausencia del reflejo parpebral) sin ser sordos siendo sensibles a ciertos otros.

Insomnio y trastornos del sueño.

Abcesos de llanto y gritos incontrolables que cesan de repente. Falta de control de esfínteres.

Apatía, desinterés y falta de atención. Mirada perdida.

Incapacidad para memorizar.

Afasia.

Dislexia.

Manipulación descoordinada. Conductas sin objetivo.

El problema de la detección. A menudo, la detección del autismo se produce mucho después de haber surgido; entorno a los dos años o más. La imposibilidad de usar el lenguaje con su hijo, hace que los padres duden de si está enfermo o no y confíen en que pronto hablará y será un niño normal. Cuando descubren que no se comporta como los otros niños, es cuando lo envían al especialista.

La demora en la detección, hace que se desarrollen otros problemas que podrían haberse evitado si se hubiera diagnosticado oportunamente. Es importante que los padres acudan a un especialista al menor síntoma o duda sobre la salud de su hijo. A continuación se describen algunos indicadores que pueden ayudar a la detección temprana:

Algunos bebés tienen problemas nutricios. Les cuesta amamantarse. El bebé es plácido y nada exigente. No llora cuando tiene hambre.

No levanta los brazos ni muestra su deseo de ser cogido. No mira a las personas que le rodean.

Cuando está en brazos se muestra flácido y no se ajusta al abrazo. Muestra desinterés por el mundo exterior. Parece alejado ensimis- mado y absorto.

Puede pasarse largo tiempo con un mismo objeto o reiterando un gesto o movimiento con las manos u otras partes del cuerpo.

En otras ocasiones llora y grita sin poder ser consolado durante largos periodos de tiempo y sin razón aparente.

Lucha contra todo: ser cambiado, ser duchado, ser alimentado. Tiene problemas de falta de sueño y nutricios.

PSICOANÁLISIS Y AUTISMO.

1.- Estadio del espejo.

Constituye la primera identificación del niño, donde se ve como unidad, distinto del Otro. Esa focalización sobre la imagen permite una conceptualización imaginaria del propio cuerpo que aparece como separado de la madre y como entidad diferenciada del resto de las cosas.

Cuando el sujeto asume su imagen se produce una transformación jubilosa porque anticipa la posibilidad real de dominio de un cuerpo aun inmaduro neurológicamente para aprehenderse como unidad.

(B. Nominé).

No basta que el niño observe su propia imagen sino que es necesario que el sujeto que le acompaña asienta y que obtenga el signo de que esa imagen es refrendada por el otro y por el Otro. Esta aprehensión de la imagen del cuerpo no se realiza inmediatamente. Es a través de un periodo o estadio, que el infante descubre y asume ese lugar. Su acompañante le invita a descubrirse como un ser diferenciado pero este logro solo se alcanzará con la posterior adquisición del lenguaje. Así, este será un momento de promesas, un momento que anticipa al infante lo que podrá llegar a ser :

Para Lacan, durante mucho tiempo, el niño no esta en disposición de apropiarse de la relación de pertenencia imaginaria (1957). Y ese funcionar del sujeto en el objeto se procesa como intertexto que puede quedar a veces como un icono o emblema (objeto transaccional) antes de ganar un estatuto simbólico. (M. Casas).

El reconocimiento como un ser querido y diferenciado por parte de la madre hacia el niño, supone la focalización e integración del yo del niño sobre su propio cuerpo. Desgraciadamente, el autista no se ve en el espejo, está colocado en un más allá incapaz de recibir cualquier mensaje en forma  invertida. El inconsciente no fue desubjetivado sino que fue trasladado a lo real. En el lugar del objeto en el espejo del Otro, el autista no encuentra reflejo:

El espejo funciona como un vidrio traspasado por la mirada. (R. Lefort).

Al autista le falta lo simbólico que le permitiría la extracción del objeto para la constitución del circuito pulsional. Donde la inscripción de la falta simbólica no funcionó surge un retorno de goce sobre el propio cuerpo. Se puede entonces hablar de autismo como Freud considera la esquizofrenia : hay  una fijación autoerótica, anterior al narcisismo y colocada fuera del espejo plano. Es aquí donde el autista se ubica. Podemos suponer entonces que lo que falta es el Ideal del Yo fracasando todos los intentos de establecer una estabilidad corporal.

2.- Cuerpo fragmentado.

Ya antes de nacer, dentro de su madre, el niño se siente uno con ella. En su vientre cálido se siente protegido, alimentado e incluso hablado.

Durante los primeros meses de vida, la madre es como una prolongación de su propio cuerpo. El pezón que le amamanta, los brazos que le sostienen, el contacto con la madre etc, hacen que ésta aparezca como formando parte de sí mismo. El infante no es capaz de diferenciar su cuerpo del de la madre.

Es mediante el dominio del par presencia-ausencia que el niño es capaz de soportar las ausencias de su madre. El ingreso en el mundo de lo simbólico permite al infante dominar el mundo, manipularlo y sentirse diferenciado de él.

El autista no tiene consciencia de su propio cuerpo pues no es capaz de enfocar su propio yo. No tiene organizado su esquema corporal. Ve su cuerpo como una entidad fragmentada que intersecciona con el resto de objetos del mundo. No tiene consciencia de los límites de sí mismo. De ahí esa enorme susceptibilidad ante la alteración del entorno pues lo vive como una constante agresión.

El hecho de no poder acceder a la simbolización, hace que el autista sienta su cuerpo como algo indiferenciado del resto de las cosas. Siente su cuerpo fragmentado como si no formase parte de él, e incluso considera lo contrario, es decir, que una agresión a un objeto aparentemente ajeno a él la toma como propia. Por otro lado, no disponer de referentes para designar a las cosas hace que tiendan a detenerse en las partes o fragmentos que las forman antes que en el propio objeto en sí.

Para el autista, lo simbólico, en lugar de poner límite a lo real se incorpora como un real añadido.  Este real redoblado por lo simbólico ejerce una mortificación sobre el cuerpo del autista que queda deshecho en pedazos, pedazos que la significación fálica no delimitó. El yo del autista está en suspenso pues su cuerpo parece estar aprisionado y adherido al Otro como una máquina libidinal exteriorizada (R. Lefort).

Este cuerpo está fijado al objeto que no se desprende del Otro. Es en este lugar de objeto a donde el autista se aloja, en cuanto cuerpo encarnado de la metonimia del Otro, ya que la metáfora no tubo lugar. El Otro se hace en su carne.

Donde lo simbólico no inscribió su trazo, el imaginario desatado, no conforma el cuerpo, que permanece fijado en lo real de las pulsiones. Estas paralizadas en el goce, desmembran al autista en múltiples pedazos. (E. Schermann).

3.- Lenguaje-simbolización.

El lenguaje, permite asociar aquello que acontece en nuestro entorno a un símbolo, el significante. Además esta asociación, supone que el sujeto pueda nombrar acontecimientos, objetos, etc. sin necesidad de que estén presentes. Es decir el lenguaje permite capturar el mundo y someterlo a nuestra crítica en lugar de encontrarnos inmersos e indiferenciados en él. Esta separación que el acceso a la simbolización, proporciona es lo que permite al sujeto ingresar en la sociedad y en la cultura aceptando sus normas y leyes.

Hemos de pensar que el lenguaje, la cultura y la sociedad ya estaban antes de que naciésemos. Esto supone una lucha de cada uno por la integración en el entorno. Es decir, el mundo no se ha adaptado a nosotros, ha sido al revés, nos hemos tenido que adaptar a él. En esa lucha por la adaptación no siempre se triunfa.

La adquisición del lenguaje, es fundamental para que se produzca esta adaptación, más que por el lenguaje en sí, por el acceso a la capacidad de simbolización, pues esto permite que el niño adquiera el par dentro-fuera que es la base que le va a permitir diferenciarse del resto del mundo y marcar los límites de su propio cuerpo con el entorno.

La palabra no recubre la totalidad. Siempre queda una parte de lo que se denomina que no queda representado, que el significante no alcanza a decir. Eso que no se termina de decir queda como real-idad no simbolizada que al retornar sobre el sujeto crea incertidumbre. El autista, que no dispone de la palabra para frenar a lo real, es atraído por ese mundo sin nombre como un agujero negro atrae la materia de su entorno, sin concesiones, sin posibilidad de despliegue de un yo que pudiese permitir poder poner freno a esa fuerza irruptora.

El autista está inmerso en el objeto, está confundido con él. El ser hablante se sustrae del objeto porque lo simboliza. Recordando el Fort-Da freudiano : El sujeto renuncia al objeto reemplazándolo por significantes.

O como dice Robert Georgin :

La palabra es una presencia hecha de ausencia en la que la ausencia viene a nombrarse.

Es la incapacidad de simbolización lo que obliga al autista a mantener su entorno inmutable. Tanto el autista como los objetos que le rodean están inmersos en un todo indiferenciado.

Es la simbolización lo que permite abstraer el objeto del entorno y considerarlo como un ente individual que ha quedado alienado y separado del medio en el que se encuentra. Pero esta separación viene del lado del significante, del nombre que denomina al objeto y que permite evocarlo incluso cuando no está presente. Es decir la captura del objeto bajo un denominador, marca los límites del objeto y lo separa de su ubicación permitiendo al niño su manipulación  imaginaria mediante el simple hecho de nombrarlo (Fort-Da). Es desde el lenguaje, desde donde el universo de objetos y sucesos que rodean al niño, se ordena, se denomina y se inventaría, adquiriendo cada objeto un lugar separado del resto y constituyéndose como tal gracias a que existe una palabra que lo denomina y marca sus fronteras.

El autista no ha quedado atrapado en las redes del lenguaje. Redes que le hubieran permitido acceder a la cultura y al mundo de sus padres. Padres que le reservaban un lugar entretejido con las mismas redes, que le tenían anticipado en un querer ser construido desde ese mismo lenguaje.

La no simbolización hace que lo real invada al autista como un acontecer no dominable. Lo que no sabemos conceptualizar suele adquirir el perfil de lo siniestro (M. Casas). La simbolización permite separarse del acontecimiento, tomar distancia y establecer un límite. Lo que se simboliza es denominable y por lo tanto puede ser separado, puede ser empujado hacia un lugar más allá del espacio topológico propio. El autista carece de ese espacio topológico propio que le permita sentirse  a salvo de las continuas demandas externas, que permita establecer una separación, que establece un recorte entre el yo y el mundo.

En una primera fase, es la madre quien hace esta función separadora por eso su ausencia prolongada o la imposibilidad de poder realizar dicha función provoca en el niño un exceso de estímulos, cuyo yo, aún débil, no es capaz de diferenciar, siendo las consecuencias devastadoras al quedar estancado en una posición cuyo único objetivo consiste en defenderse, sin conseguirlo, de un mundo exigente, demandante que irrumpe continuamente con palabras que no entiende.

Hay por parte del autista un rechazo a dejarse atravesar por el Otro, por los significantes del Otro que le determinan. Esta imposibilidad reduce al Otro al Uno, que es el S1 que tiene como función fijar el goce pero que no remite a otro significante S2 que vaciaría dicho goce del cuerpo.

4.- Alienacion-separación.

La alienación define la relación del sujeto con el sentido, sentido que proviene del campo del Otro. La alienación permite que el viviente se apropie del significante S1 que está en el discurso del Otro y que en un primer momento le aliena. La irrupción del sentido permite establecer una separación del Otro y una apropiación del S2. Gracias a los significantes elementales S1 y S2 que definen la estructura del lenguaje por oposición diferencial, el sujeto surge, siendo su división el precio a pagar por su aparición como sujeto y el ingreso en el lenguaje. Se produce un vaciamiento o pérdida de goce de lo natural sustituido por el significante del Otro.

CAUSACIÓN DEL SUJETO

Sujeto Otro Ser Sentido

Oposición diferencial

Emergencia den Sentido en el campo del Otro :

llamado heho en el Otro al segundo significante (Lacan).

ALIENACIÓN SEPARACIÓN

Reunión Intersección

S Sujeto dividido ( Otro dividido

Recubrimiento de dos faltas : Lo que ( a S Y lo que ( a (. (falta) (falta)

S1

a

En el autista, el proceso de separación no se ha llegado a producir, no ha habido una emergencia de sentido por lo que queda fijado a un significante S1 que le aliena y que vuelve a reunir el goce del cuerpo. El goce que no pasa al inconsciente queda marcado en el cuerpo. (OJO, la separación no es del Otro sino de la cadena significante S1/S2).

Mientras que en la neurosis las operaciones de alienación y separación se instauran y dejan como resto el enigma del deseo del Otro, en el autismo, la imposibilidad de que el objeto a quede fuera del significante provoca un efecto de encarnación a nivel de lo real, tanto en el campo del sujeto como en el campo del Otro.

EL autista busca un modo de oponerse al goce intrusivo que lo sitúa en el Otro, No encuentra recursos para defenderse del lo real a través de lo simbólico, pues fracasa en la travesía imaginaria que permite el pasaje de

a i (a) (E. Schermann).

Así podría explicarse la automutilación que llevan a cabo algunos autistas al explicarse como un intento de separación para lograr algún tipo de representación significante:

El cuerpo aparece como una superficie llena de palabras que, sin embargo no sirven para sustraer el goce del cuerpo, y no hacen otra cosa que mortificar al sujeto. (Claudia Castillo).

El significante ignora y con razón, todo lo que serán las características reales del viviente que va a nacer. Para Lacan, el sujeto no es el viviente, sino lo que el significante representa. Ese sujeto, necesita el significante para aflorar y el mismo tiempo, le mortifica.

La operación de alienación implica el hecho de que el sujeto llegue a hacerse representar por un significante pero siempre para otro significante. Significantes que han sido elegidos por el Otro para designar al sujeto aún antes de aparecer (se le elige un nombre, se habla de él, se le construye todo un destino). Esto supone que la batería significante sea descompletada. El sujeto debe encontrarse en esa batería de atributos, pero para sustraerse. Cuando el significante ha aparecido, el sujeto ha desaparecido, ha sido eclipsado, mortificado. Pero esta desaparición dice Lacan, se sostiene de su advenimiento, ahora producido por la llamada hecha en el Otro al segundo significante. Segundo significante que viene a dar sentido al primero y que permite la operación de separación.

5.- El autismo en la estructura.

Para poder ubicar el lugar del autismo en la estructura, es necesario estudiar la relación del sujeto autista con el Otro y con el objeto y esto implica encontrar su lugar dentro de las estructuras de neurosis, psicosis y perversión o por el contrario manejar la posibilidad de encontrarnos frente a otra estructura clínica.

La relación del autista con la transferencia es problemática. Ni la mirada, ni sus movimientos dan testimonio de una relación al objeto. Es como si no tuviese ningún Otro. Como se vió en el apartado sobre alienación-separación, el autista no puede ser representado por un significante para otro significante.

Para Pierre Bruno, existe una oposición entre autismo y paranoia: Si el autista habla el Otro desaparece, en cambio, si el paranoico no habla el Otro desaparece (Schreber).

El problema es que el mutismo del autista tiene por objeto impedir la desaparición del Otro y esto bloquea la relación transferencial y toda demanda por su parte.

Existen diferentes proposiciones en cuanto al lugar del autismo en la estructura. Se habla de una esquizofrenia precozmente desencadenada, se habla de una cuarta estructura, otros lo clasifican como un síndrome, hay otra concepción sobre una fase psicótica inicial en todo desarrollo humano (núcleo psicótico Kleiniano) donde quedaría atrapado el autista. Por otra parte, Tustin habla de estados autistas transestructurales que se encontrarían tanto en la neurosis como en la psicosis.

Lacan trata en los mismos términos conceptuales autismo y esquizofrenia. Tanto el autismo como la esquizofrenia estarían entonces determinados por una fijación en el autoerotismo, antes del estadio del espejo y del narcisismo.

En la conferencia de Ginebra de 1975, Lacan dice … los autistas se oyen a ellos mismos. No oyen voces, pero articulan muchas cosas. Y sobre lo que articulan, se trata exactamente de ver de donde  lo escucharon … se trata de saber por qué hay algo en los autistas y en aquellos que llamamos esquizofrénicos que, podemos decir, se congela.

El planteamiento de Lacan sobre que los autistas se oyen a ellos mismos induce a pensar en una pulsión que retorna al mismo lugar sin haber sufrido ningún cambio. El neurótico, sería el caso contrario del autista porque por definición, el neurótico no se oye a sí mismo.

Lacan resalta el hecho de detectar de dónde oye el autista antes de plantearse por que no habla. Para Pierre Bruno, esto punto resulta crucial: Cuando el autista puede determinar de dónde oye, si eso es posible, entonces hablar ya no tendrá la significación de la muerte del Otro.

6.- Presencia-ausencia.

En un primer momento, el infante se encuentra en un estado de fusión con la madre, de indistinción, donde la presencia de la madre es constante. Las ausencias de la madre son vividas con temor y angustia. Para que esta etapa pueda ser superada y así poder soportar dichas ausencias, el infante debe inscribir en su mente, dos significantes, mediante los cuales se inaugura la dialéctica de la PRESENCIA-AUSENCIA.

El ejemplo que ilustra Freud con el par FORT-DA, el juego CUCUS-TRAS, u otros medios por los que el infante descubre dicho binomio permitirán, cuando llegue el momento de la ausencia de la madre, poder referenciar dichos significantes y mediante un proceso lógico, asumir que la madre YA-NO-ESTA, es decir, poder olvidar a la madre o lo que es lo mismo poder reprimirla.

Esta primera represión, Freud la llama REPRESIÓN ORIGINARIA, y va a constituir el nacimiento del INCONSCIENTE y de los primeros significantes.

Los significantes primarios que se inscriben en el niño de PRESENCIA-AUSENCIA, marcan una diferenciación entre vida y muerte, entre narcisismo y castración. Es desde la vida (presencia) que el niño se constituye (deseo de la madre por que su hijo sea), y es desde la muerte (ausencia) que también se constituye pues hay una separación paulatina de la madre que produce la muerte de la cosa pero que implica el nacimiento a la cultura (la entrada del significante vacía de goce al cuerpo, recluyéndose en zonas erógenas). Los significantes PRESENCIA-AUSENCIA conllevan una oposición dual, un SÍ ESTÁ y UN NO ESTÁ, que instalan el interruptor binario básico (SI-NO) que permitirá en el futuro comprender los límites que la madre marca: «NO llores…», «NO hagas eso…»… y que ofrecerá la posibilidad de apropiarse, por oposición, del resto de significantes.

En el autista este interruptor no se ha llegado a inscribir. Su mundo carece de simbolización (no acceso al lenguaje) lo que no le permite distinguir entre DENTRO y FUERA, conceptos necesarios para poder poner límites a su cuerpo y no sentirse fragmentado y confundido con el resto de objetos del mundo.

El deseo de conocer y la curiosidad están truncadas en el autista, pues no ha habido inscripción significante, no se ha creado el puente necesario que luego iba a permitir la apropiación de los significantes del Otro, o los que el Otro guardaba para él. Es primero la madre la que ocupa el lugar del niño para que luego este la imite por identificación especular, incorporando los significantes (CUCUS-TRAS) que la madre le ofrece para significar ESTAR-NO ESTAR.

7.- Deseo de la madre.

Si suponemos que el deseo de la madre se manifiesta como primer estímulo que hace que el niño encuentre un asidero, una referencia, un indicador que le permita colocarse en la recta de salida del camino de la vida con todas las posibilidades en su mano, cabría preguntarse ¿cuáles serían los efectos que se producirían en el infante de no existir tal estímulo?.

Es el deseo de la madre (el hecho de haberlo querido traer al mundo, el haber fantaseado sobre él incluso antes de existir) el primer eslabón que va a permitir que ese encuentro entre madre e hijo se produzca.

El binomio PRESENCIA-AUSENCIA de la madre instaura los dos primeros significantes (símbolos) elementales en el inconsciente. Así, este primer acceso a la simbolización, permitirá que el infante acceda al mundo del lenguaje en la medida en que está dirigido en un habla, en una demanda.

Freud demuestra con esta alternancia (Fort-Da), lo que Lacan posteriormente reafirma: la colocación de un significante en un lugar de pleno ejercicio. Esta alternancia regula el deseo de la madre a partir de la marca significante Nombre-del-Padre. El juego significante Fort-Da, se da con la extracción del objeto, que en el autista está todavía preso de un hilo.

8.- La mirada y la voz en el autista

Los objetos que invaden en lo real (lo que no se ha simbolizado) al autista y ejercen una continua demanda son la voz, y la mirada.

Cuando el sujeto no está constituido, cuando aun es viviente, es hablado y mirado desde todas partes. Para que se pueda constituir una imagen narcisista en la que se pueda reconocer el sujeto, debe haber represión primaria de esa mirada y esa voz que se ejercitan desde todos lados.

La mirada queda velada en la tercera fase del estadio del espejo cuando el niño descubre que el otro que le mira es él mismo. En la psicosis, cuando la mirada no está reprimida en la imagen, el sujeto ve su mirada viendo a otro. El espejo no ha ocultado la mirada que inhibe el soporte de su propia imagen.

Lo que tranquiliza al infante es descubrir que el otro es él mismo y que esto es refrendado por su acompañante, que le mira y le habla. Es en la voz y en la mirada donde vamos a reconocer la influencia crítica ejercida por nuestros padres.

Si el autista queda atrapado, dominado, invadido por la mirada del otro es porque hay algo en  relación con el otro que no está resuelto, hay algo del orden de lo real (lo no simbolizado) que no se deja nombrar y se repite en el encuentro escópico.

La persistencia con la que el autista defiende la inmutabilidad de su entorno se explica por la perturbación ejercida por la invasión escópica y la voz. No hay un lugar topológico a partir del cual la mirada y la voz del otro ya no ejercen influencia, un lugar que separe, que escinda, que recorte, que haga límite y frontera :

El autista no encuentra recursos para defenderse de lo real a través de lo simbólico…Para el autista, hablar tiene la significación de la muerte del Otro, ya que en su carácter de fijación, el autista está suspendido en él, como cuerpo sin discurso… Si el autista no es dueño de su propia voz, esta vendrá de fuera, del Otro que no la dejó caer. (E. Schermann).

9.- La ametropia de la mirada.

Para que el autista pueda mirar, previamente, se ha tenido que constituir un Otro propio capturado  por identificación con ese Otro. El yo no percibe indistintamente cualquier imagen sino que selecciona solo aquellas en las que se reconoce.

Al no tener focalizado su yo, la relación con el semejante no está constituida siguiendo las leyes de disposición espacial: «yo estoy aquí y me relaciono con el otro que está allí». El límite que separa a uno del otro, solo aparece cuando hay un yo simbolizado que conoce las fronteras de su cuerpo y  que sabe que el ojo que mira le pertenece, por lo que se crea un corte y una separación entre lo que es mío y lo que es del otro.

Ese «yo estoy aquí» no existe para el autista, él, simplemente, aún no sabe cual es su lugar y se coloca frente al otro desenfocado. La mirada perdida y ausente, típicas en el autista, se explicarían por esta ametropía de la mirada, por esta fuga de la imagen hacia el infinito (en lugar de ser enfocada sobre el yo).

Podríamos usar el esquema clásico de construcción de la imagen de un objeto para intentar comprender, metafóricamente, el lugar del Otro cuando es visto y mirado:

Plano de la visión OBJETO

B1 OJO IMAGEN

DEL OBJETO A2

—————|———————|————– Eje ocular. A1 F1 F2

Semejante B2

Simbolización Inconsciente Plano de la mirada

A1B1 sería el objeto real en el plano de la visión y representaría al Otro del inconsciente en el plano de la mirada.

A2B2 sería la imagen del objeto en el plano de la visión y representaría al inconsciente en el plano de la mirada.

El OJO sería la lente que devolvería la imagen al sujeto en el plano de la visión y la ley del nombre  del padre en el plano de la mirada.

En el plano de la visión, las leyes de la óptica nos dicen que al estar A1 sobre el eje ocular, forzosamente ha de estarlo también A2 pero en el plano de la mirada no hay garantías de que el objeto real tenga un representante o símbolo en el inconsciente sobre todo porque puede darse el caso de que no haya inconsciente.

Siguiendo con esta comparación, podríamos decir que el autista se coloca frente al Otro en un plano afocal donde los dos focos, F1 y F2, vendrían a representar cualquier objeto distinto del Otro :

Otro Otro

B1 Otro OJO IMAGEN

F2 A2

—————-|———————|——————- A1 F1

B2

A1B1 sería el objeto REAL y nunca coincidiría con el Otro. A2B2 sería la imagen del objeto y solo su imagen.

Esta continuo escaparse del Otro es provocado porque el Otro altera al autista y este, por el principio de homeostasis, lo que enfoca es otro objeto tranquilizador. Pero lo que le altera no es la visión del Otro (que va de dentro hacia fuera), es la mirada del Otro (de afuera hacia dentro), pues ser mirado obliga a ofrecer una imagen que previamente debió ser refrendada por la mirada de ese Otro que ahora mira, obliga a ser, a mostrarse como sujeto. Hay una demanda implícita en la mirada del Otro que el autista no puede satisfacer porque no existe una imagen narcisista que ofrecerle. Imagen que debió de constituirse durante el estadio del espejo :

El espejo me devuelve la imagen que yo soy para el Otro. Es a partir de ese punto de referencia, separado del punto de la mirada, donde puedo orientarme en el mundo. De no separarlos yo sería una mirada ciega en el mundo. (…) El autista se queda en una topología reducida a un único plano. Aquel plano es una reunión del plano de la S (desde donde se mira) con el de la S1 (imagen narcisista). (…) El autista se queda fijado al significante S1, sin la $ detrás de él.(…) Reduce su ser entero al significante S1, sin la distancia entre S1 y S(el sujeto) que funda la existencia del sujeto del inconsciente.

(B. Nomine).

OTROS PLANTEAMIENTOS SOBRE LA GÉNESIS DEL AUTISMO

1.- Déficit mental. Posición esquizoparanoide (melanie klein).

Melanie Klein indaga en relación a las defensas precoces. Defensas que deben ser consideradas como elementos constitutivos del psiquismo y anteriores a la represión primaria (ver Represión Originaria).

Definió la relación entre el funcionamiento psicótico infantil y el desarrollo del YO, introduciendo la noción de déficit mental de origen psicótico.

Según Klein, el investimiento continuo de un objeto diferenciado y el consiguiente conflicto pulsional llevan a desplazamientos simbólicos que permitirán el desarrollo del lenguaje y la inteligencia. La no diferenciación del objeto y de las pulsiones, bloquea el proceso de formación de símbolos resultando un déficit de la inteligencia y el lenguaje.

Melanie Klein describe los primeros meses de vida como propios de la percepción autista:

En la etapa oral encontramos la posición esquizoparanoide que ocupa los 3 ó 4 primeros meses de vida caracterizada por el hecho de que el bebé no reconoce ‘personas’ sino que se relaciona con objetos parciales y por el predominio de ansiedad paranoide y de procesos de disociación.

En el autismo lo que se produce es una inhibición del desarrollo y no una regresión. Esta inhibición se debe a una incapacidad del niño para realizar procesos simbólicos. Klein dice:

El sadismo despierta angustia y moviliza los mecanismos de defensa más primitivos del yo. Las fantasías sádicas dirigidas contra el interior del cuerpo materno constituyen la relación primera y básica con el mundo exterior y con la realidad. Una excesiva y prematura defensa del yo contra el sadismo impide el establecimiento de la relación con la realidad y el desarrollo de la vida de fantasía. La posesión y la exploración sádica del cuerpo materno quedan detenidas y esto produce la suspensión más o menos completa de la relación simbólica con las cosas.

La simbolización requiere el pasaje de catexias de una actividad a otra, de un objeto a otro; es decir es un proceso de desplazamiento de libido y/o agresión (Raggio E. G.(1990)).

Esto explicaría por qué los autistas son capaces de centrarse en un solo aspecto secundario de la realidad ignorando completamente el resto.

La primera fase de la relación humana está dominada por los impulsos sádico-orales. Para el niño (aún en el periodo esquizoide) el mundo es como un vientre poblado de objetos peligrosos. (M. Klein).

Posición esquizoparanoide:

Se da durante los 3 primeros meses de vida. Desde el nacimiento el yo está expuesto a la ansiedad provocada por la polaridad de los instintos de vida y muerte y al impacto de la realidad externa. La ansiedad que le produce el instinto de muerte, el yo la deflexiona a través de la proyección y en parte la transforma en agresión.

El yo se escinde y proyecta la parte que contiene el instinto de muerte, poniéndolo en el objeto externo: el pecho. De este modo llega a vivirse como malo y amenazador para el yo, dando origen a un sentimiento de persecución. Paralelamente se establece una relación con el objeto bueno. Se proyecta la libido a fin de crear un objeto que satisfaga el impulso instintivo del yo a conservar la vida. EL yo tiene relación con dos objetos: el objeto primario, el pecho. Está en esta etapa disociado en  dos partes, el pecho bueno y el persecutorio. La fantasía de objeto bueno se fusiona con experiencias gratificantes; en cambio, la de persecución, con experiencias reales de privación y dolor. La ansiedad predominante es paranoide, y el estado del yo y de sus objetos se caracteriza por la disociación, que es esquizoide. Contra la ansiedad emerge el mecanismo de defensa introyección y proyección. El yo introyecta lo bueno y proyecta lo malo.

Cuando los mecanismos de introyección y proyección no alcanzan a dominar la angustia y esta invade al yo, puede surgir la desintegración del yo como medida defensiva. La identificación proyectiva origina diversas ansiedades. Las dos más importantes son: el miedo que el objeto atacado proyecte sobre uno en retaliación y la ansiedad de tener parte de uno mismo aprisionadas y controladas por el objeto en el que se las ha proyectado. La desintegración es el más desesperados de todos los intentos del yo para protegerse de la ansiedad.

La envidia y la gratitud son sentimientos opuestos en interacción recíproca, presentes desde el nacimiento y que el primer objeto de envidia y también de gratitud, es el pecho nutricio.

Si la envidia temprana es muy intensa, interfiere en el funcionamiento normal de los mecanismos esquizoides. Como se ataca y daña el objeto ideal (que es el que origina la envidia), no se puede mantener el proceso de escisión entre un objeto ideal y un objeto persecutorio. Esto conduce a una confusión entre lo bueno y lo malo que interfiere en la escisión.

2.- El autismo como mecanismo de defensa (mahler).

Margaret Mahler considera que el infante atraviesa una primera fase de autismo primario, otra de autismo simbiótico y otra de separación e individuación. Así, si por algún agente el infante no es capaz de percibir a la madre como un ser protector (no hay encuentro), no se entra en la fase de autismo simbiótico, y el niño queda recluido en la primera fase, pues no dispone de la ayuda que la madre le debería ofrecer para poder afrontar un mundo hostil y desconocido. El autismo vendría a ser una forma de encapsulación, un mecanismo de defensa ante la lluvia de estímulos externos que exigen respuestas que el infante desconoce.

El terapeuta vendría a ofrecerse como agente simbiótico que permitiría entrar en la segunda fase simbiótica y llegar a la individuación.

Para Mahler, el autismo no solo puede estar causado por una deficiente interacción madre-hijo, sino que admite la posibilidad de otros factores etiológicos.

3.- Autismo normal-autismo patológico.

Frances Tustin, psicoanalista inglesa, fundamenta sus ideas principalmente en las de Melanie Klein, Mahler, Winnicott o otros. Basa su método en la observación, de lo que resulta una clínica de los fenómenos.

Antes que hablar de narcisismo, habla de un estado de autismo normal en el que predominan las sensaciones en el cuerpo y a esto lo llama autosensualidad. El niño tiene la ilusión de que todo es prolongación de su cuerpo. Este estado es superado por una conciencia normal de separación respecto de la madre mediante experiencias transicionales que llevarían a las relaciones objetales. De no ser así puede suceder que una separación traumática extrema, fije al niño en el autismo patológico. Este consiste en la separación precoz de la madre, traducido como la pérdida de una parte del cuerpo, es vivido como un agujero que conduce a la depresión. Entonces el autismo patológico es la defensa contra la depresión a través de la intensificación de la autosensualidad (concentración de sensaciones en el cuerpo).

Tustin explica que cuando el niño se da cuenta de que la madre dadora de sensaciones ya no es parte de su propio cuerpo, esto resulta catastrófico. Especialmente porque sucede en una época en que no puede hacer frente a esta separación debido a la carencia de estructuras sensoriales organizadas.

4.- El compromiso afectivo. La teoria de la mente.

Existen diferentes autores que consideran que el aspecto afectivo es determinante en la etiología del autismo. Peter Hobson (1998), B. Bettleheim (1972), Rank (1949), Reiser (1963), Szurek y Berlin (1973), Tinbergn (1987), Tustin (1981) consideran que la causa del autismo es de origen afectivo donde :

El autismo sería consecuencia de una retirada de un mundo que es percibido como amenazante y peligroso. (J. Garanto).

El heredero de esta corriente en la actualidad es Peter Hobson, psicoanalista kleiniano de la clínica Tavistock de Londres.

Según Hobson, la amistad se experimenta desde dentro, es una experiencia que cada uno debe vivir por sí mismo y requiere el contacto con el otro, cosa que en el autista se da de forma defectuosa:

El autismo está causado por la falta de conexión psicológica entre el niño y los demás. Las dificultades para implicarse intersubjetivamente con las emociones de los demás provoca una  limitada flexibilidad para cambiar desde la propia perspectiva a la de los otros.

No es fácil medir la intersubjetividad. Para ello se necesita como instrumento de medición otra persona. Lo que falta en el autismo es esa otra persona.

Los autistas reconocen las acciones de forma similar a los no autistas pero no son capaces de ver el aspecto emocional de igual forma. Ven acciones pero las ven de forma distinta. No entran en los sentimientos de la otra persona, copian las acciones pero no detectan la carga afectiva que la acción conlleva.

El bebé experimenta el mundo a través de la otra persona y se mueve

hacia la otra persona para comprender el mundo. Si el bebé teme algo mira a mamá y si mamá no teme, el niño se mueve hacia la posición de mamá (el aspecto afectivo o empático) :

Es a través del contacto interpersonal recíproco, modelado afectivamente, como el niño pequeño llega a captar, y en último término a conceptualizar, la naturaleza de las personas como seres dotados de mente.

Este descubrimiento le permitiría al niño diferenciar entre objetos y personas y asumirse a sí mismo como un ser dotado de mente. La ausencia del contacto interpersonal provocaría la imposibilidad de adquirir la comprensión de los objetivos finales de las actividades externas. A. Rivière, considera necesaria una Teoría de la mente que de sentido a la acción ajena y propia:

Un sistema complejo de conceptos e inferencias que detecta la dirección de la acción y los deseos y representaciones en que se basa.

Es la capacidad de compartir afectos lo que permite al niño colocarse en el lugar del otro y así experimentar, entender y aprehender por identificación con el semejante.

Hobson considera que el paso viviente-sujeto de la simbolización solo es posible si entra en juego la vida emocional, para él, el problema de fondo es un problema afectivo, pero lo que no hace es  indagar en las causas de ese problema, no va más atrás en sus planteamientos, no se cuestiona sobre cuales son los motivos, causas y circunstancias que hacen que un sujeto se constituya, más allá de lo afectivo.

5.- El espacio mental compartido.

El acceso a un espacio mental compartido le permite al niño proyectarse y adquirir las funciones básicas: lenguaje, juego, competitividad …

Los autistas tiene dificultades para acceder a este espacio mental compartido. Así se dice que el autista es incapaz de elaborar mentalmente sobre lo que piensan, imaginan y sobre los demás.

Se considera que el niño atraviesa dos fases:

1.- La fase diádica (hasta los 6 meses), donde la relación es de dos, bebé-sujeto de apego. La imitación es el elemento mediante el cual la madre intenta acercarse al niño (reproduciendo sus sonidos) y mediante el cual el niño responde (con sonrisas e imitando a la madre). Es rara la detección de niños autistas en esta fase.

2.- La fase triádica : hay una interacción triple, el bebé con el sujeto de apego y un tercero que puede ser desde el padre hasta un objeto cualquiera.

Es en esta fase donde el niño autista fracasa en sus intentos de interacción conjunta. Los autistas preverbales tiene dificultades en realizar actos de atención conjunta. Esas dificultades (según autores) son derivadas de la incapacidad de compartir afectos, de compartir lo que siente cuando  está viendo un suceso.

Parece ser que los autistas tiene dificultades en la discriminación afectiva o emocional. Hay una falta de sintonía con los demás, falta la capacidad empática.

Este planteamiento describe cierta sintomatología autista y plantea una división evolutiva en etapas o fases, siendo la segunda donde se manifiesta la enfermedad. Falta un abordaje profundo sobre la génesis del autismo.

6.- El lenguaje preverbal inducido.

Este planteamiento considera que los déficits autistas son causados por trastornos biológicos y evolutivos. Cuando el niño nace ya trae un programa genético que le dice como debe ir desarrollando sus destrezas y capacidades comunicativas que se perfeccionan y desarrollan con la práctica y la interacción social.

Para poder recuperar al niño autista de su aislamiento, es necesario remontarse a los modos de comunicación anteriores al lenguaje de lo niños normales e intentar inculcarlos en los autistas.

Elisabeth Newson psicóloga inglesa dedicada al trabajo con niños autistas es en la actualidad uno de los principales defensores de este planteamiento. Hace incapié en la importancia del lenguaje preverbal, donde los gestos (señalar con el dedo), la expresión facial, el contacto ocular, la postura y en general el lenguaje corporal deben ser los puntos de partida para darle al autista la posibilidad de encontrar modos de comunicación que le permitan un cierto grado de interacción e integración.

Otro aspecto que resalta, es la incapacidad del autista para entender la temporalidad en los intercambios sociales (guardar turno, saber cuando se debe escuchar y cuando se puede o no intervenir). Esta dificultad le impide poder tener intereses compartidos con los demás.

Para Elisabeth Newson, el gesto crucial es el de señalar: Es un gesto intencional, intersubjetivo y simbólico.

Al niño normal preverbal, le va a permitir explorar los objetos del mundo, gracias a la selección que el dedo establece y a lo que el gesto transmite al sujeto acompañante. Solo el gesto de señalar

implica:

. Diferenciación de un objeto del resto de objetos.

. Asunción del dedo como parte integrante del propio cuerpo.

. Intención de establecer comunicación con el otro. Empatía social. Intersubjetividad.

. Contacto ocular con el objeto y el sujeto al que se demanda.

. Establecimiento de un «yo» que demanda.

El gesto de despedirse con la mano, es considerado por Newson de menor importancia aunque considero que es anterior al de señalar pues implica la simbolización de los conceptos de PRESENCIA-AUSENCIA, ESTAR-NO ESTAR. Conceptos que permitirán fantasear, es decir realizar representaciones simbólicas, sobre la persona que ya no está o que se va a ver.

Los resultados que las terapias basadas en estos planteamientos arrojan son, según Newson positivos, afirma que :

Somos capaces de producir lenguaje funcional en el 65% de nuestros niños entre seis y once años.

Si bien es cierto que el planteamiento de que se nace con las capacidades preprogramadas es muy discutible, cabría preguntarse por qué la terapia basada en enseñar al autista a señalar, consigue resultados en cuanto a la adquisición de lenguaje funcional, y si es cierto que objetos que pueden ser en un principio solo señalados, posteriormente pueden ser denominados con un significante. Desde  el psicoanálisis, se podría sugerir que el dedo actúa como la bobina del Fort-Da, como el objeto que permite que el niño forme su propio inconsciente. La bobina o el dedo sustituyen a la madre y al mismo tiempo hacen de corte entre esta y el niño.

Da la impresión de que Newson no diferencia entre lenguaje y verbalización. Lenguaje y habla no son la misma cosa.

7.- La permanencia de los objetos. (piaget).

Según Piaget, mediante la percepción se establece un contacto muy estrecho entre el niño y el objeto (interacción), que le permitirá adaptarse a lo real, construir y estructurar lo que él llama el objeto permanente.

Es en la cuarta etapa del desarrollo sensorio-motor, donde el infante debe consolidar este mecanismo de aprehensión sobre la permanencia de un objeto en el espacio.

El niño sustituye su mundo sin consistencia espacio-temporal ni causalidad exterior o física, por un universo de objetos permanentes, estructurado según sus grupos de desplazamientos espacio- temporales y según una causalidad objetiva y espacializada, naturalmente su afectividad se apegará igualmente a esos objetos permanentes localizables y fuentes de causalidad exterior que pasan a ser las personas.

Así, el niño autista se caracterizaría por su incapacidad para asumir que el objeto pueda existir fuera de su emplazamiento habitual.*

De ahí su insistencia en mantener inmutable su medio para poder defenderse de un mundo cuyos objetos cambian constantemente. La consecuencia más catastrófica de esto sería la imposibilidad de establecer relaciones afectivas con el objeto «MADRE», quedando estancado en un punto de su desarrollo del cual no es capaz por sí mismo de salir.

* Desde el psicoanálisis sabemos que esta dificultad se debe a que no hay significantización del objeto.

Es el choque entre un cierto organismo y el medio lo que da como resultante una coordinación progresiva. El problema de este planteamiento es que toca la parte menos esencial de lo que a un sujeto le compete. Es decir, toca aquello que como proceso automático se va desplegando; simplemente por el efecto de las resistencias objetivas que un organismo y un medio se oponen. Pero en esto no hay sujeto, ya que el sujeto viene de otro lugar. De ese lugar otro, del lado del significante, del lado de lo simbólico que tampoco se puede llamar (como dice Piaget) afectividad o lo emocional. El sujeto para Piaget no es un residuo de la cultura, si no que es un residuo biológico, en términos de coordinación de acciones:

No hay frontera definida entre el sujeto y el objeto. El sujeto se prolonga en sus útiles, instrumentos o aparejos insertos en el objeto, de la misma manera que su lógica y sus matemáticas traducen las estructuras progresivas de la coordinación de las acciones, cuyas fuentes remontan hasta las coordinaciones nerviosas y orgánicas.

Las coordinaciones derivadas de las acciones son incapaces, por sí mismas, de trazar ninguna dirección para el sujeto. Para Piaget, la asimilación y la acomodación constituyen derivados del funcionamiento biológico; y su resultante el conocimiento lógico-matemático, sería el producto deductivo de la internalización de las acciones reguladas por aquellas invariantes biológicas.

Desde el psicoanálisis, podemos afirmar que la cultura es siempre la que engendra el sentido a expensas de lo biológico. EL significante una vez constituido, arroja las acciones lógico-matemáticas al campo de los restos irreductibles que le hacen límite. Piaget no explica quién es el sujeto que tropieza con ese límite porque para él el sujeto es esa lógica.

Para Piaget, el Otro, entorpece la articulación espontanea entre organismo y medio. Para el psicoanálisis, es en el entorpecimiento de esta espontaneidad biológica donde el sujeto se anuda y donde hace de sus acciones, objeto de conocimiento.

El niño piagetiano padece de una patología extraña: queda en él privilegiado todo lo que no viene del campo del deseo, se rechaza lo que lo singulariza, el significante no hace marca sino que queda anclado al servicio de lo que la biología contiene anticipadamente, esto es, la lógica de las acciones. Queda así establecido un sujeto general para un objeto general y en consecuencia una clínica de lo general.

Su método no se preocupa de lo singular sino en alcanzar una conclusión acerca del sujeto que permita generalizarlo. Su preocupación no es psíquica sino epistemológica.

8.- Planteamientos conductistas.

Se considera que el autismo es un trastorno cognitivo y que las relaciones que establece el niño con su madre y el entorno no influyen ni son su causa.

Las terapias conductistas se basan en el premio y el castigo. El reforzamiento sería la manera de afianzar y sostener las conductas deseadas. De lo que se trata es de dirigir la conducta mediante la aplicación de los estímulos adecuados para conseguir la respuesta requerida.

El método más conocido es la terapia de Lovaas o Modificación de conducta. Se trata de un método de recompensas y castigos, donde se premia una buena conducta con un refuerzo (comida, caricias, o algo que al autista le guste) y se marca lo negativo con el aislamiento, privándole de algo que le guste. Es una terapia cara que implica muchos profesionales y de 30 a 40 horas semanales.

Lorna Wing en su libro «La educación del niño autista» hace la siguiente observación con respecto a los métodos de aprendizaje del lenguaje en niños autistas:

Los conductistas han desarrollado métodos para formar el habla del autista partiendo de los sonidos más simples que puedan pronunciar, recompensando cada minúsculo paso adelante. … Estos niños repiten largas frases que a veces, por coincidencia, tiene sentido. … Si se escucha la forma en que construyen las frases y las ideas que expresan, es evidente que a pesar del gran número de palabras que conocen, su comprensión es limitada. Hasta hoy no se ha presentado ninguna prueba sólida que demuestre el mejoramiento paralelo de su capacidad para usar el lenguaje en forma madura y flexible.

Los métodos clásicos de estimulación condicionada han fracasado con el niño autista. Cuando se creía haber alcanzado un logro en la adquisición del lenguaje al poco tiempo se extingue, en cuanto se inicia la estimulación de un nuevo significante. Con el desarrollo del lenguaje, los niños normales comienzan a ser capaces de recordar y de tener expectativas es por esto que el autista olvida fácilmente lo aprendido y para él, un mismo acontecimiento que repite de forma iterativa le parece cada vez novedoso.

Ivar Lovaas en su libro «El niño autista», nos da un ejemplo de esta situación frustrante en la que el terapeuta se encuentra a menudo:

Después de varios meses de moldear las vocalizaciones mediante aproximaciones conseguimos aumentar la frecuencia del sonido reforzado. Sin embargo al mismo tiempo parecía que estábamos restringiendo la producción de otros sonidos, y la primera palabra-meta se extinguió tan pronto como comenzamos a reforzar aproximaciones a la segunda palabra-meta.

El autista sí es capaz de aprender, pero el medio para aprender está devaluado, limitado, atrofiado. Es la comunicación lo que no funciona en el niño autista.

Es posible enseñar a un niño autista palabras e incluso conseguir que aprenda a hablar, pero si se escucha la forma en que construye las frases y las ideas que expresa se evidencia que su comprensión es limitada.

9.- Suspension de acciones.

A. Riviere considera que hay una falta de propósito y finalidad en la mayor parte de los comportamientos del niño autista así como una falta de proyección de la acción propia hacia metas encajadas en jerarquías de motivos. En la comunicación, se produce sentido en las actividades de relación gracias a la capacidad de dejar en suspenso (A. Leslie) relaciones ordinarias de existencia y verdad en las que se basan las proposiciones lógicas:

En su juego de ficción los niños suspenden relaciones ordinarias con el mundo(…) Las primeras actividades comunicativas de los niños de 9 a 12 meses ya implican un nivel elemental y primario de suspensión, que consiste en «dejar en el aire» (como en suspenso) una acción propia para hacerla signo para otro, con relación a un objeto. Este es el mecanismo básico en el hombre, para «dar sentido para otros», es decir, para comunicarse mediante actos semióticos.» (A. Rivière).

Es lógico deducir que la suspensión implica una simbolización de aquello que falta, que es sustituido por un significante que designa la ausencia. Por lo que es evidente que el autista no es capaz de suspender por su imposibilidad para la significantización.

Rivière cree que son ciertos trastornos cognitivos los que causan dificultades para manejar secuencias de forma coherente, para anticipar el futuro o imaginarlo creativamente y para dejar en suspenso la acción eficiente propia, creando significados para otros.

Para Riviere, la gran mayoría de los casos de autismo surgen a partir de los 18 meses, siendo el estado del niño hasta ese momento como el de un niño normal o con características muy parecidas.  A partir de los 18 meses se produce una pérdida de capacidades funcionales que el niño antes tenía. Hay funciones iniciales que operan correctamente y que luego son sustituidas por otras que no están disponibles o están defectuosas. No hay una continuidad de funciones sino una sustitución. Los autistas, en general, han perdido capacidades y competencias previamente adquiridas y considera que en un principio, el autista ha llegado a manifestar interés claro por las personas, a adquirir primeras palabras así como contacto afectivo y ocular.

10.- Teoria de la organización neurológica. Karl Delacato.

Algunos autores, consideran que el autismo tiene su origen en una lesión cerebral. A menudo tenue pero suficiente para afectar de forma hipo, hiper o interfiriendo uno o varios órganos sensoriales.

Así, un exceso de información sensorial impide su correcto procesamiento y obliga a una desconexión a la búsqueda de un lugar inmutable que le de seguridad en medio del caos de información percibida. El niño autista ante la angustia y el miedo que este estado le provoca, decide retraerse e ignorar ese mundo externo tan confuso. El mismo efecto produce la carencia de información perceptual. La deficiencia (hipo) de uno o varios órganos sensoriales hace que disminuya la falta de estímulos externos y en consecuencia la motivación primordial de exploración y aprendizaje. Por último, y como tercer motivo de causa de autismo, Delacato habla de una interferencia sensorial interna a la que denomina ruido blanco que distorsiona e impide una correcta fluidez entre los estímulos externos y el cerebro.

Estas anomalías en la capacidad perceptual explicarían las estereotipias, a las que Delacato llama sensorismos aduciendo que mediante estos mecanismos repetitivos, el niño autista intenta normalizar el correspondiente canal sensorial:

Si podemos averiguar cual de los canales está afectado, podemos romper su código de comportamiento. Si lo normalizamos, el comportamiento debe desaparecer. A medida que adquirían más experiencia usando un canal sensorial particular con éxito, este se iba gradualmente normalizando, y al hacerlo, la necesidad del comportamiento repetitivo desaparecía, y el niño podía, ahora, prestar más atención y unirse a nuestro mundo.

Delacato basa su teoría en el hecho de que se ha producido una lesión cerebral que afecta a uno o varios canales sensoriales y que presentan la sintomatología autista. A partir de ahí, elabora un método cuyos resultados son contradictorios. El propio Delacato afirma haber conseguido resultados espectaculares aunque muchos padres se quejan de lo lento del tratamiento y de los resultados.

Hasta hace poco se pensaba que el desarrollo del cerebro terminaba con el nacimiento y era dictado y completado por la genética. El método de la reorganización neurológica propone que cada niño debe reandar el curso desde los niveles primitivos de la función refleja muscular a las funciones únicamente humanas del habla y el conocimiento. Si uno o más niveles son saltados o descuidados, fallará el desarrollo y organización final y no será completo.

El crecimiento del cerebro es visto como un proceso dinámico y en continuo cambio. Si una etapa del desarrollo ha sido omitida o poco usada, se provee al niño la oportunidad de volver a pasar por esa experiencia, con un aumento en la frecuencia, intensidad y duración.

Se ha demostrado que el cerebro se desarrolla y organiza a través del uso. Para que este desarrollo se produzca es necesario que el individuo se involucre en las experiencias de la vida y experimente a través de todo el aparato sensorial en lugar de ser un mero espectador de las cosas que ocurren. Así las experiencias quedan almacenadas en su cerebro como propias e involucran su supervivencia. Sin esta experiencias, el cerebro del hombre nunca hubiese evolucionado y nos hubiésemos convertido en prisioneros de nuestro propio cuerpo.

Ya que el autista tiene un sistema sensorial sobre el que no tiene control, elige controlar las energías que entran en él, es decir aquellas que puede controlar; las otras son rechazadas como caóticas. Como resultado, permanece atascado en un nivel de función sensorial.

Sus sistemas sensoriales distorsionados, crean para ellos un mundo distorsionado y eligen convertirse en prisioneros dentro de sí mismos, antes que tratar con un mundo asustante, en continuo cambio y que parece hostil.

11.- Percepción selectiva anómala (uta friz).

Nosotros somos capaces de centrar nuestra atención en algo que nos interesa gracias a la PERCEPCIÓN SELECTIVA. A los autistas les falta la visión de conjunto para percibir selectivamente, para comparar, valorar y decidirse. Para no verse desbordados por la gran diversidad de estímulos del entorno, su mecanismo de percepción reacciona de manera HIPERSELECTIVA, sus sentidos registran solo minúsculos detalles que graban con gran precisión. Por eso parecen en ocasiones estar sordos.

Para Uta Fritz hay un trastorno de la coherencia central. Descubrió que en el test de figuras enmascaradas los niños autistas puntuaban por encima de su edad mental. Considera que hay una tendencia natural a integrar la información. Hemos de tener en cuenta que sin esta fuerza integradora (cohesión) los fragmentos de información se quedarían en eso, fragmentos, y como tales tendrían  una utilidad limitada en el objetivo de adaptarse de forma inteligente al entorno.

Si en el autismo esta fuerza de cohesión fuese débil, acarrearía desconexión del pensamiento y desconexión social que implicaría un mundo incoherente , de experiencia fragmentada. Los procesos de entrada de la información discurrirán desordenadamente sin guiarse por el objetivo de crear coherencia lo que implicaría un comportamiento muy rígidamente estructurado.

En el proceso de la comunicación, hay un factor de empatía que lleva a establecer un hilo entre hablante y oyente que permite sobreentender y suponer significados no mencionados explícitamente así como a diferenciar lo superfluo de lo que no lo es. Esta capacidad de empatía que permite comprender lo que no se dice está ausente en el autista. El autista no puede focalizar el significado esencial del discurso y se diluye intentado procesar todo el material que le llega.

12.- La impronta. Perdida del lazo materno.

Hoy día se sabe que ciertos procesos en el desarrollo tienen una base genética o cromosómica,  estos son fenómenos que no necesitan de un indicador externo para actuar. Hacen su trabajo de forma independiente.

Hay ciertos momentos críticos durante el desarrollo en los que el organismo pide una respuesta o espera que ciertos acontecimientos externos se produzcan o no para decidir que gen activar o inhibir. De esto es posible deducir que el autismo podría ser producto de una elección endógena.

En el caso del lactante, al nacer, durante un momento crítico en su desarrollo, su  organismo esperaría una respuesta para decidir si las condiciones externas (medioambientales) son favorables (desarrollo normal) o no lo son (autismo).

Piaget sugiere algo parecido cuando se plantea la cuestión en la cual basa toda su doctrina:

¿ Cómo logra todo ser vivo adaptarse a su medio? cuestión a la que el mismo responde:

Mediante la asimilación de un dato exterior y del acomodo. Si trasladamos la pregunta al neonato, la pregunta sería:

» ¿ Cómo logra el lactante adaptarse a su nuevo mundo?»

El infante ya no tiene el cordón umbilical que le resuelve sus necesidades básicas. Ahora necesita no solo ser alimentado y limpiado, necesita establecer un vínculo con el exterior. Este vínculo obedecería a un acto instintivo. A algo que los biólogos llaman IMPRONTA.

Eric Kandel (1998), en Neurociencia y Conducta», dice :

Justo después del nacimiento las aves tienden a seguir objetos móviles sobresalientes de su entorno, normalmente la madre. La impronta es importante para la protección a la salida del cascarón; se adquiere rápidamente y, una vez adquirida, la ligazón generalmente persiste. No obstante, la  impronta solo puede adquirirse durante un periodo crítico (que en algunas especies dura tan solo unas horas) temprano del desarrollo postnatal.

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