PUBLICACIONES DE PSICOANÁLISIS DE ORIENTACIÓN LACANIANA

Las cartas de W.Amadeus Mozart a su padre

Viviana Adatto

Autor/a invitado/a de la Sección Clínica de Madrid (Nucep)

Tardes de Biblioteca (*)

Como dice Andrew Steptoe : “ La influencia más importante sobre la vida y desarrollo de Mozart fue la de su padre Leopold”.

Durante su breve existencia, apenas 35 años, Mozart no pasó de ser el niño prodigio ante el que se rendían las cortes europeas y el pianista de moda que con sus geniales improvisaciones admiraba la sociedad vienesa. Algunas de sus óperas, particularmente las obras maduras, alcanzaron cierto éxito pero no tuvieron en general la aceptación y difusión que las obras de otros autores contemporáneos suyos, hoy sumidos en el olvido.

La correspondencia de Mozart sorprende por su extensión: 400 cartas, cifra comparable con la de su extensísima producción musical, más de 600 obras.

Jesús Dini, responsable de la selección de “Cartas de Wolfgang Amadeus Mozart”, dice: “Es evidente que la correspondencia de Mozart no tiene la misma trascendencia que su obra musical, pero entre ambos testimonios del pensamiento del genio existe una relación(…)en sus cartas, del mismo modo que en su música, es preciso reconocer el acento intimista y amable del rococó, la búsqueda del detalle y muchas veces la tendencia al sentimentalismo, y la gracia y delicadeza de lo pequeño e intrascendente”.

Mozart no escribe cartas para la posteridad o por el mero placer epistolar, tampoco hay en ellas ninguna referencia ni ningún interés turístico, sino que escribe por las circunstancias en las que se desarrolla su vida: sus viajes, sus conciertos, sus vivencias, su música.

El destinatario de la mayor parte de las cartas es su padre; en ellas le da una detallada y fascinante exposición de los pormenores de sus composiciones, alude a los vínculos que teje en torno a ello y a la aceptación o no de sus obras.

En la escritura de Mozart, es digno de resaltar, el uso particular de las mayúsculasy minúsculas, así como la ortografía y la puntuación.

Los padres de Mozart fueron Anna María Pertl y Leopold Mozart. Como dato significativo: el padre, al morir su propio padre, no se hace cargo del negocio familiar, una encuadernadora de libros y así ayudar a su madre y a sus hermanos sino que se marcha a Salzburgo y entra como ayuda de cámara y como músico de un conde,pasando luego a ser Kapellmeister (maestro de capilla), del arzobispo, a cuyo servicio quedaría toda su vida.

Todo ello le vale el repudio de su madre y de sus hermanos. La intensidad de estos sentimientos  debió ser tal, que años más tarde su madre lo deshereda. Esta mujer nunca quiso conocer a sus nietos.

Leopold es un padre que no cumplió con su función de hijo, de aquello que social y culturalmente estaba decidido, y es que: el primogénito se debía hacer cargo del negocio familiar. No cumplió con lo que se esperaba. Se dejó llevar por su deseo, un deseo que se fundó en el rechazo a una tradición y a un destino, traicionando así la misión asignada y abandonando a su familia.

El matrimonio tuvo siete hijos, sobrevivieron sólo dos, Marianne, llamada familiarmente Nannerl y Johannes Chrysostomus Wolfgangus Theophilus, “Amadeus” como gustaba llamarse, que nace el 27 de Enero de 1756.

Ese mismo año, Leopold, padre de Mozart, que poseía un talento musical indudable, publica “Ensayo de una escuela fundamental de violín”, que será, para dicho instrumento, uno de los tratados de enseñanza más completos de todos los tiempos.

Leopold Mozart era un excelente músico, tenía evidentes dotes de pedagogo y mientras le enseñaba el clavicémbalo a su hija descubrió el excepcional talento de su hijo pequeño. Leopold le dio entonces algunas lecciones y apreció que el niño aprendía con gran facilidad. Hay anotaciones del padre muy curiosas, como: “El pequeño Wolfgang de 4 años, aprendió este minueto y este trío en media hora,  de las 9 a las 9.30”.

A esa edad, Mozart compuso un minueto totalmente correcto y Leopold comenzó a comprender que algo extraordinario pasaba en su hogar. Entre los cuatro y los seis años compuso 22 piezas que su padre publicó en una monografía.

Movido por la ansiedad de mostrar al mundo aquel prodigio, el padre de Mozart, en 1761 emprendió una serie de viajes, que duraron varios años.

Los niños se convirtieron en la sensación de Europa y fueron recibidos por todas las cortes reales europeas.

Las actuaciones de Mozart y su hermana, aunque ésta pasó muy pronto a segundo plano, tenían un acusado carácter de exhibición circense; le hacían tocar con los ojos vendados, con un paño extendido sobre el teclado.

Durante estos tres años, Wolfgang entró en contacto con lo más selecto de la música europea, y su formación recibió un impulso decisivo. Es cierto que Leopold robó a sus hijos la niñez; pero también es difícil poder valorar los efectos que estas experiencias han tenido en Mozart.

Entre 1771 y 1777, Mozart permaneció en Salzburgo, como empleado de la corte del arzobispo Hyeronimus Colloredo, un hombre distante y despectivo, sin oído ni especial interés por lamúsica. Siempre consideró a Wolfgang como un criado levantisco e indolente. Comenzó así un pulso largo e histórico que culminaría con la ruptura. Mozart llegó a odiar al arzobispo y a todo lo que le rodeaba, incluida la ciudad de Salzburgo.

Por fin, en 1777, dimitió y emprendió el último viaje familiar que le llevaría de Munich a París. Lo hizo acompañado por su madre, a instancias del padre que por trabajo no puede hacerlo y con el objeto  de impedir que su hijo “se extraviara moralmente”.

En Augsburgo conoció a su prima Thekla, a quien llamaba Bäsle, que se convirtió en compinche de bromas y juegos. Mozart tenía casi 22 años, y entre ellos nace una relación intensamente afectiva, jocosa, y llena de erotismo, sobre todo de carácter anal.

Escribe a su prima: “Venga a Munich, esa digna ciudad(…)para que pueda contemplarla por detrás y por delante. Tendré mucho gusto en acompañarla y, si es necesario, en lavativarla(…), de manera que el tiempo no pierda, si no, todo será una mierda, entonces tendré el honor de cumplimentarla, y quizá el culo lacrarla, le besaré la mano, dispararé salvas por el ano(…) lo que le deba se lo pagaré entero, y soltaré un pedo valiente por el trasero, y quizá algo más por el mismo agujero.Y ahora adieu, ángel mío corazón, la espero con desazón” (Carta del 23 de Diciembre de 1778).

El tema escatológico es un rasgo familiar.

Dice Arnoldo Liberman: “Pocas veces, como en el caso de Mozart, la presencia paterna ha forjado y estructurado un perfil psicológico filial con tanta comparecencia”.

El padre, con una preocupación obsesiva por las cuestiones económicas, controla minuciosa y permanentemente tanto los gastos, como los ingresos.

En cierta medida, esta deuda histórica de Leopold, de no hacerse cargo como primogénito, la traspasó a su hijo Wolfgang, al que siempre presionó con el tema económico, su demanda permanente fue: “debes asistir a tus padres y ayudar a tu hermana”.

Mozart, con una actitud, a lo largo de su vida, de laxitud y despreocupación con el dinero.

Cuando el padre lo interroga acerca de si va diariamente a misa y si se confiesa, Mozart unas veces le pide: “¡No se preocupe por la Salud de mi alma!” (Carta del 13 de Junio de 1781).

Otras, se molesta: “Una cosa me ha molestado un poco, la pregunta de si no habré olvidado confesarme, sin embargo no tengo nada que decir. Pero permítame un solo ruego: ¡y es que no piense tan mal de mí! Me gusta divertirme, pero esté seguro de que a pesar de todo puedo tener Seriedad… le ruego una vez más y muy humildemente, que tenga mejor Opinión de mí” (Mozart tiene ya 21 años) (Carta del 20 de Diciembre de 1777).

Y otras veces ironiza, le escribe a su padre: “Yo johannes Chrisostomus Amadeus(…)Mozart me confieso culpable de que(…)a menudo, no he llegado a casa hasta las 12, y(…)con frecuencia y (…)con gran ligereza he hecho versos; y de hecho puras Cochinadas, a saber de Caca, cagar y lamer culos,(…) y tengo que confesar que sentí verdadera alegría al hacerlo. Confieso todos estos pecados y faltas mías, (…)con la esperanza de poder confesarlos más a menudo, me propongo seguir perfeccionando la vida pecadora que he comenzado, por ello ruego una santa dispensa, si puede ser fácilmente, si no me da lo mismo porque el juego terminará sin embargo”. Al despedirse en lugar de  la fórmula habitual “Su hijo obedientísimo”, dice: “soy el Joven hermano y padre”(Carta del 14 de Noviembre de 1777).

Porque el padre le escribió en su última carta “soy tu viejo marido e hijo”.

Aún si la fórmula de despedida de Leopold hubiera sido una broma o una equivocación, el padre se ubica como hijo.

¿Acaso es Leopold un padre que creció apoyándose en su hijo?

El padre, por su lado, le implora, lo manipula, le ordena, apela al sentimentalismo para hacerse oír.

El hijo le consulta, le cuenta, le reclama, le miente, lo enfrenta, lo disculpa, no sólo es el hijo que obedece.

En una de sus cartas Leopold le escribe: “Esos felices momentos se desvanecen cuando, como niño  y muchacho, nunca te ibas a la cama sin antes subirte a una silla para cantarme Oragna fiagata fa, y luego besarme repetidamente la punta de la nariz diciéndome que cuando me hiciese mayor me meterías en una vitrina y me protegerías de cada soplo de aire, para tenerme siempre junto a ti y honrarme. Por lo tanto, ¡escúchame con paciencia!” (Carta del 11 de Febrero de 1778).

A lo que Mozart responde: “Aquellos días en que, de pie sobre un silla…” ya han pasado, pero te honro, quiero y obedezco menos por ello? No voy a decir más” (Carta del 19 de Febrero de 1778).

Luego continúa: “Lo que dices mordazmente sobre mi alegre relación con la hija de tu hermano me  ha dolido mucho; pero como las cosas no son como crees, no es necesario que te conteste”.

Mozart aclara: “Podría responder muchas cosas…y oponer muchas Objeciones, pero mi Máxima es que aquello que no me afecta tampoco vale la Pena de hablar de ello. No puedo evitarlo, soy así. Realmente me avergüenzo de defenderme cuando me veo falsamente acusado”.Y concluye: “Olvidemos todo esto; lo escribiste furioso…cuando la gente empieza a perder confianza en mi, soy propenso a perder la confianza en mí mismo”.

En esa misma carta Leopold agrega: “El propósito de tu viaje era doble, conseguir un puesto fijo o ir a una gran ciudad a ganar dinero para asistir a tus padres y ayudar a tu hermana, pero por encima de todo para hacerte con un nombre y una reputación en el mundo. ¡Vete a París ya!…Encuentra tu lugar entre gente grande”.

La estancia en París fue un fracaso rotundo. París era la cuna de la Revolución que ya fermentaba. Mozart se sintió aislado, incomprendido y menospreciado, y su reacción fue negativa: comenzó a detestar a los franceses.

Escribe a su padre: ”Con los elogios de París no cuento…si este fuera un lugar donde la gente tuviera oídos, corazón para sentir y entendiera sólo un poco de Musique y tuviera gusto,…pero estoy nada más que entre animales y bestias en lo que a la Musique se refiere…Pero estoy aquí, tengo que aguantar, y eso por amor a usted. Daré las gracias a dios todopoderoso si salgo con el gusto incólume(…)todo sea para su mayor Honor y gloria y que me permita hacer fortuna y ganar buenos dineros, para que esté en condiciones de ayudarle a Usted en sus sombrías circunstancias actuales (…)por lo demás su voluntad se hará tanto en el cielo como en la Tierra” (Carta del 1 de Mayo de 1778).

Si bien Mozart le escribe al padre: “Después de dios, inmediatamente Papá; ése era de niño mi lema o axioma, y sigo ateniéndome hoy a él”; también le enuncia: “Tengo que decirle que me sentí eptado, y se me llenaron de lágrimas los ojos, cuando leí en su última carta que tiene usted que andar tan mal vestido. ¡Queridísimo Papá! sin duda no es culpa mía eso lo sabe usted” (Carta del 7 de Marzo de 1778).

Días después, el día del estreno de la sinfonía “París”, el único gran éxito del compositor en su estancia en París, el estado de salud de su madre, que ya estaba enferma, se agrava y el 3 de Julio de 1778 muere.

Ese mismo día Mozart escribe dos cartas una que dirige al abate Joseph Bullinger y la otra a su padre.

Al abate le escribe: “Este ha sido el Día Más Triste de mi vida…tengo que decirle que mi madre, Mi querida Madre ¡no existe ya!…entretanto no le pido más que la prueba de amistad de preparar a mi pobre padre…para esa triste noticia,…le ruego que cuide por mí de mi padre y le dé valor para que no lo tome demasiado a pecho y duramente cuando oiga lo peor(…)Le encomiendo también a mi hermana(…)haga que yo pueda estar tranquilo y no tenga que esperar quizás otra desgracia más” (Carta del 3 de Julio de 1778).

A su padre: “Sr. mi muy querido padre tengo que darle una noticia muy desagradable y Triste(…)Mi querida Madre está muy enferma(…)desde hace ya mucho tiempo estoy Día y noche entre el miedo y la esperanza, sin embargo me he entregado totalmente a la voluntad de dios(…)me siento consolado, ocurra lo que ocurra(…)porque creo que ningún Médico, ningún ser humano(…)puede dar a un hombre la vida o quitársela, sino únicamente dios(…)no digo que mi Madre vaya a morir(…)puede ponerse sana y buena, pero sólo si dios lo quiere” (Carta del 3 de Julio de 1778).

Este padre al que Mozart se dirige, no es el padre fuerte, enérgico y dominante, sino un padre débil; Mozart teme por su padre, teme que no logre hacer frente a esta dramática noticia, hasta el punto de que pueda provocar “otra desgracia”.

En esta extensa carta “preparatoria” que dirige al padre, llegado a un punto le dice: “…y ahora otra cosa”. Y escribe acerca de su producción musical, es digno de mención que el intercambio epistolar entre ambos, en cuanto a la música se refiere, siempre es la de un músico a otro músico.

Para Mozart la música tiene otro estatuto, dice: “Nací -por decirlo así- enteramente sumergido en la música, me obsesiona el día entero”.

En la siguiente carta, después de anunciarle la muerte de su madre, dice:

“Confío en que estará preparado para oír con firmeza una de las noticias más Tristes y dolorosas(…)confío en que usted. y mi querida hermana me perdonarán ese engaño pequeño y muy necesario porque cuando deducía por mi dolor y Pesar cuáles serían los suyos, me resultaba imposible tener ánimo para sorprenderlos inmediatamente con esa horrible noticia(…)he experimentado suficiente dolor, he llorado lo suficiente” (Carta del 9 de Julio de 1778).

Recibe de su padre la siguiente carta acusatoria: “Tú tenías tus compromisos, tú estabas fuera todo  el día y como ella nunca hacía aspavientos, tú trataste su enfermedad débilmente, hasta que se convirtió en grave, de hecho mortal, no se llamó a un médico, cuando, por supuesto, era demasiado tarde(…)La irrompible cadena de la Divina Providencia preservó la vida de tu madre cuando tú naciste, cuando realmente ella estuvo en un grandísimo peligro y aunque pensamos que realmente  se moría. Pero estaba destinada a sacrificarse ella misma por su hijo, en otro momento y manera” (Carta del 3 de Agosto de 1778).

Finalmente, en una carta posterior concluye: “Si tu madre hubiera vuelto a casa de Mannheim, no hubiera muerto…Ella tendría que haber vuelto a casa y a causa de tus nuevas amistades tuvo que abandonar la idea” (Carta del 27 de Agosto de 1778).

La única fuente de consuelo de aquellos tristes días se abría paso a través de su amor por Aloysia Weber, amor que luego no sería correspondido y de las cartas espirituales y a veces procaces que escribía a su prima de Augsburgo, y que tanto han contribuido a fomentar su fama de eterno adolescente.

Leopold, desde Salzburgo, lo insta entonces a regresar: había conseguido que Colloredo lo readmitiese en su capilla musical, y ejerció toda su presión paterna para lograr su vuelta al redil. Mintió respecto a las condiciones que le ofrecían, exigió, rogó y amenazó.

Mozart le escribe a su padre “Sólo Usted Mi queridísimo padre, puede endulzarme la amargura de Salzburgo y Usted lo hará, estoy seguro(…)Iría a Salzburgo con el corazón más ligero si no supiera que debo quedarme ahí como empleado ¡Este pensamiento me resulta insoportable! Reflexione en ello. Póngase en mi lugar. En Salzburgo no sé quién soy, soy todo, y al mismo tiempo nada de nada, yo no pido tanto, pido solamente un poco ser simplemente algo, no me importa en qué lugar” (Carta del 15 de Octubre de 1778). Podemos pensar que estas últimas palabras referidas a su deseo de “ser algo” no tiene que ver con la música, la música está ahí funcionando, más bien están referidas a su relación con el Otro, con la autoridad, con cómo se relaciona con los seres humanos, con el lazo social.

Por fin, el hijo cede y emprende el regreso, pero al llegar a Mannheim, desobedeciendo al padre,  hace nuevos intentos para establecerse en la ciudad, Leopold estalla de cólera. Escribe: “Yo voy a perder mi alma o morir consumido(…)¿Es necesario que pase angustias de muerte? (…)¿Esperas obtener una posición en Mannheim? ¿Qué posición? ¡Qué es eso! Ahora tú no encontrarás ninguna posición ni en Mannheim ni en ningún lugar del mundo(…)¡No quiero escuchar ni una palabra sobre  la posición! Lo único que importa es que vengas ahora a Salzburgo…Todo tu plan es arruinarme con el único fin de poder seguir tus quimeras…No quiero para nada endeudarme por tu culpa y vivir en la vergüenza y menos aún dejar a tu pobre hermana en la miseria. Espero pues, que tan pronto recibas esta carta te pongas en camino y que te portes bien para que yo pueda acogerte con alegría y no tenga que hacerte reproches. Sí, espero que ya que tu madre tuvo que morir malamente en París, no querrás tener también la muerte de tu padre en tu conciencia” (Carta de Octubre ó Noviembre de 1779).

Vuelve por fin a Salzburgo, doliente y fracasado. Pero es una derrota que él transfigura en victoria en su música, en obras de impresionante belleza. En 1781, Mozart viaja a Viena como parte de la servidumbre, del arzobispo; debe sentarse a la mesa con los criados. En aquella situación, Viena se  le aparece como la tierra prometida, un lugar donde se le aprecia y admira, y donde podría vivir de su arte. Su rebeldía y la idea de desertar de su insoportable servicio desencadenan por fin la violenta ruptura, en contra del mandato paterno, que siempre fue el mismo: tener un puesto fijo.

Mozart ha sido el primero en dar un paso hacia la libertad, iniciando, nueve años antes de la toma de la Bastilla, el largo proceso de liberación de los artistas. En adelante, Mozart vivirá como músico independiente en Viena.

El 4 de agosto de 1782 se casa con Constanze Weber, hermana menor de Aloysia, contra la voluntad de su padre, lo que terminó de enfriar las relaciones, antes tan estrechas, entre ambos.

Mozart le escribe al padre anunciándole su deseo de casarse; a un padre que le vaticinó tiempo antes: “Que acabes atrapado por alguna mujer, mueras acostado en un jergón de paja, en un ático lleno de niños hambrientos”.

Mozart teme el reproche, lo supone asustado ante esta idea, pide ser escuchado. Le explica: “La naturaleza habla en mí con tanta fuerza(…) quizás con más fuerza que en mozos grandes y fuertes”. Sin embargo, dice no atreverse a seducir a muchachas inocentes por religión y por honradez, y al mismo tiempo el “Horror y el Asco(…)el temor a las enfermedades y el amor a su salud” le han impedido “andar con putas”. Y agrega: “No puedo imaginar nada más necesario que una mujer(…)Un Hombre soltero vive sólo a medias”.

Continúa con una pregunta: “¿quién es el Objeto de mi amor?” Que intentará responder: “Es Constanze Weber(…)podría llenar pliegos enteros describiendo nuestros encuentros(…)no es fea, pero tampoco hermosa, toda su hermosura consiste en dos ojitos negros, y en una hermosa figura” y utiliza lo que Liberman llamó “caricias estratégicas”, le dice a su padre: “No tiene ingenio, pero sí un sano sentido común, suficiente para cumplir sus deberes de mujer y madre, la mayor parte de las cosas que necesita una mujer se las puede hacer por sí misma, y se peina también sola todos los días. Entiende de la administración de una casa, tiene el mejor corazón del Mundo, la quiero y me quiere de todo corazón, dígame si podría desear una mujer mejor…¡Tenga piedad de su hijo!”.

Los primeros años estuvieron llenos de éxito y de dinero; le encargaban composiciones, daba clases a las que acudía mucha gente, sus obras se imprimían y se vendían y la pareja vivía con holgura, incluso con lujos.

Wolfgang y Constanze fueron un matrimonio bien avenido y armónico, lo que no excluyó algunas notorias infidelidades del marido y, con toda probabilidad, también de Constanze. Los biógrafos de Mozart han dejado en general muy mal a esta mujer, acusada de frívola, ignorante y ávida de  placeres y diversiones (lo que habría llevado a Mozart a la ruina para complacerla) e incapaz de ayudarle en momentos de dificultades. Se le echa en cara incluso su mala salud, que la llevó con frecuencia a tomar aguas en Baden, mientras Wolfgang trabajaba sin descanso para poder pagarlo;  el hecho de que Constanze haya sobrevivido asu esposo en más de 50 años refuerza estas acusaciones. Pese a todo ello, Mozart demostró siempre a su esposa un cariño profundo.

Se levantaba muy temprano para trabajar, componía durante muchas horas sin descanso y pasaba largos periodos meditando ante el pentagrama en blanco. Según él mismo dijo, primero estructuraba toda la obra en su cabeza y sólo después la llevaba al papel y componía con extraordinaria facilidad y rapidez.

Tuvo dos hijos: Karl Thomas (1784-1858) y Franz-Xaver(1791-1844). Este último fue mediocre compositor y creó grandes problemas para la posteridad, ya que firmaba sus obras como Wolfgang Amadeus Mozart.

Hasta 1785, la carrera de Mozart se desarrolló brillantemente y llegó a ser el compositor más prestigioso de Viena. A partir de este año su situación comenzó a empeorar. Sus crecientes problemas financieros no son sólo atribuibles a la mala administración de sus cuantiosas ganancias, ni a las alegrías de Constanze, ni a las veleidades de la moda; también decayó la situación general  de la ciudad, afectada por conflictos bélicos y sumida en una grave crisis económica.

El 14 de diciembre de 1784 se produjo un hecho muy significativo en la vida de Mozart: su ingreso en la masonería; luego su padre y Joseph Haydn entraron a formar parte de la misma logia. Algunos biógrafos sostienen que la ascendencia de la francmasonería en Mozart fue menor de lo que hoy pueda suponerse. Realizó un gran número de composiciones con temas masónicos y es probable que le influyera a la hora de formular sus preguntas en términos metafísicos, pero la pertenencia a esta ”sociedad benéfica”, como él mismo la calificaba, no le hizo nunca renunciar a su creencias religiosas.

Lo cierto es que a partir de 1786 la suerte de Mozart cambió de signo:

Su ópera Las Bodas de Fígaro, se estrenó con grandes dificultades a causa de las intrigas de Salieri  y otros músicos de la corte, escandalizados por la afilada crítica social de la obra; un grupo de amigos del compositor organizó la representación de la ópera en Praga, y Mozart vivió allí uno de los grandes éxitos. Obtuvo, además, el encargo de componer otra ópera y así nació esa pieza clave del arte universal que es la gran ópera Don Giovanni.

En Junio de 1787 tiene lugar la muerte de su padre.

Cuando Leopold se encontraba muy enfermo en su lecho, Mozart le escribe: ”¡Ahora, sin embargo, sé que está usted realmente enfermo! Sin duda no necesito decirle con cuánta ansiedad espero Noticias Tranquilizadoras(…) aunque me he acostumbrado a imaginarme lo peor, ya que la muerte, mirándola bien, es el verdadero Objetivo Final de nuestra vida, y por eso desde hace unos años me he familiarizado tanto con esa amiga buena y verdadera del hombre(….)Y doy gracias a Dios que me ha concedido la felicidad de tener ocasión-usted ya me comprende-(esta es una alusión masónica) de conocerla como la llave de nuestra verdadera felicidad. Nunca me acuesto sin pensar que quizá, por joven que yo sea, no veré el día siguiente, y nadie de todos los que me conocen podrá decir que fui un malhumorado o triste en mi trato” (Carta del 4 de Abril de 1787).

Los años 1789 y 1790 fueron los peores años del compositor en Viena; Dini subraya la humillación y el tono implorante de sus reiteradas peticiones de ayuda económica a su compañero de logia masónica y benefactor Michael Puchberg.

Estas son algunas de sus desgarradoras palabras, que se intercalan, en esta época, con cartas a su mujer:

A Puchberg: “Si tuviera usted Conmigo el afecto y la amistad de ayudarme (…)con 1 ó 2 mil florines con sus debidos intereses, ¡me facilitaría usted lo más esencial!…al menos me preste hasta mañana unos cientos de florines”(Carta del 17 de Junio de 1789).

“Mi situación es tal que me veo absolutamente obligado a pedir Dinero” (Carta del 27 de Junio de 1789).

A su mujer le escribe: ¿Piensas tanto en mí como yo en ti?”…si te contara todo lo que hago con tu querido Retrato” (Carta del 8 de Abril de 1789).

“Te pido que no estés triste, que cuides de tu salud y (…)que no salgas sola a pie y mejor todavía que no salgas nunca a pie, que estés totalmente segura de mi Amor…te pido que en tu Comportamiento no tengas en cuenta sólo Tu Honor y el Mío, sino también las Apariencias, no te enfades por esta petición” (Carta del 16 de Abril de 1789).

A Puchberg le escribe: “Por desgracia mi Destino, aunque sólo en Viena, me es tan adverso que no puedo ganar nada, haga lo que haga…Entretanto escribo 6 ligeras sonatas para Piano para la Princesa Frederika y 6 Cuartetos para el Rey” (Carta del 12 de Julio de 1789).

“No necesitaría unas Sumas tan considerables si no me aguardaran Gastos eptosos como consecuencia de la cura de mi mujer(…)Estoy seguro que mis circunstancias mejorarán en plazo breve(…)Tengo que encarecerle que, tuviera conmigo la Amistad(…)de socorrerme en estos Momentos con aquello de lo que pueda prescindir(…)¡Me siento muy desgraciado!” (Carta del 17 de Julio de 1789).

“Le ruego amadísimo Amigo, que me envíe sólo por unos Días algunos Ducados, si puede. ¡Sé muy bien todo lo que le debo!” (Carta de Diciembre de 1789).

“Ahora tengo 2 Alumnos y quisiera aumentarlos a 8 Alumnos, trate Usted de difundir que doy lecciones” (Carta del 17 de Mayo de 1790).

“Hoy me encuentro muy mal; en toda la Noche no he podido dormir de Dolores…actualmente estoy  en la penuria” (Carta del 14 de Agosto de 1790).

A Constanze: “En toda la Mañana no salgo, sino que me quedo en el Agujero que tengo por Cuarto y compongo…Ahora es de esperar que mi Concierto no disguste” (Carta del 3 de Octubre de 1790).

A los 35 años, Mozart parecía un hombre terminado; pero de pronto Mozart se sentó a componer y vivió su año más fecundo, su mayor y postrero momento de poderío creativo, con obras como La Clemencia de Tito, La flauta mágica, el Réquiem, paradójicamente con sus momentos anímicos más difíciles y con un creciente deterioro de su salud que él atribuía a un envenenamiento.

Mozart falleció el 6 de Diciembre de 1791. Fue sepultado en un suburbio de Viena y sin una lápida, en la fosa común del cementerio de San Marx.

Ningún compositor, en toda la historia de la música, ha sido capaz de crear tal cantidad de obras geniales. Mozart ha dicho: “Componer es mi única alegría, mi única pasión. Sólo de oír hablar de ópera, o estar en un teatro, me pongo fuera de mí”.

Considero que, podemos pensar el estatuto de la música en Mozart, como Sinthome, más que pensarla como Formación del Inconsciente.

BIBLIOGRAFÍA

Jesús Dini: WOLFGANG AMADEUS MOZART – Cartas, Muchnik Editores (1986)

Arnoldo Liberman: LA NOSTALGIA DEL PADRE – Un ensayo sobre el derrumbe de la certeza paterna, Ediciones Temas de Hoy, S. A. (1994)

Francisco Delgado: “WOLFGANG AMADEUS MOZART” – La trágica independencia de un genio, Grupo Real Musical (2003)

Michael Rose y Peter Washington: “MOZART” -Volumen 2 – Las Cartas, Acento Editorial (1997)

H. C. Robbins Landon (director): “MOZART Y SU REALIDAD” – Guía para la comprensión de su vida y su música, Editorial Labor, S. A. (1991)

(*) Texto leído en el espacio Tardes de Biblioteca, dentro del ciclo “El Padre en la Literatura”, organizado por la Sede  de Madrid de la ELP.

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