Durante este curso y a propósito del estudio del Seminario El deseo y su interpretación, vamos a trabajar la importancia de lo que Lacan designa como significación del falo, cuál es el estatuto y las articulaciones que conviene dar a este término. Término que, bajo distintas declinaciones, atraviesa desde su primera definición en este escrito, toda su enseñanza y del cual, no sólo no se desdice, sino que aplica según su incidencia sobre lo imaginario, lo simbólico y lo real.
A propósito de su importancia y las distintas declinaciones bajo las que se pone en juego, es crucial recorrer este breve pero luminoso desarrollo que vamos a perseguir en su escrito.
La Significación del Falo, es el texto de una conferencia pronunciada en alemán, el 9 de mayo de 1958 en Munich, donde por primera vez se introduce la función del falo y su articulación con la castración, como un nudo del cual toda la experiencia analítica está aquí – nos dirá Lacan- para atestiguar lo que el desarrollo del falo justificará.
Como lo irá formulando a lo largo del texto, subrayará que esa articulación falo y castración en el ser hablante resulta esencial en la determinación de su ser sexuado y tiene una función “en la instalación en el sujeto de una posición inconsciente sin la cual no podría (…) ni siquiera responder sin graves vicisitudes a las necesidades de su partenaire en la relación sexual(…)”.
De la función que cumple el falo, interesa ver cómo varias de las cuestiones que aquí están anticipadas, serán retomadas y articuladas más tarde a partir de los años 70.
Toma una relevancia extraordinaria el deseo y su estatuto, y es ejemplar para demostrar cómo toda la estructura del deseo está atravesada por la lógica del falo y castración. Y cómo determina la posición que un sujeto toma como efecto de la marca que impone y califica su puesta en acto: insatisfecho, imposible o prevenido.
Para hablar del deseo, nos enseña, hay que hablar de castración. Esa castración necesaria cuya operación interviene sobre el goce y en una dirección invertida, abre el horizonte donde el deseo se sitúa y opera.
Mónica Unterberger