TRABAJO DE FIN DE TETRADA
Por Jazmín Rincón
Bajo la orientación de Rosa López
En su seminario Un esfuerzo de poesía, J. A. Miller habla de cómo fueron los poetas los primeros en captar lo que M. Weber llamó el desencantamiento del mundo. Entonces se empezaba a imponer un nuevo orden donde el inconsciente iba a ser cada vez más rechazado para asfixiar así el umbral donde el deseo es posible, y con él, la creación, el juego y todo lo que es del orden de la poesía. Si el dios destino hizo que Freud naciera en aquella época no es por casualidad, ya que, ciertamente, un análisis puede llegar ⎯siguiendo con la expresión de Weber⎯ a reencantar el mundo o, al menos, el mundo del que esté dispuesto a pasar por el buen agujero de lo que a él se le ofrece como singular, con su precio incluido. Por lo mismo, decir que el psicoanálisis tomó el relevo de la poesía es, además de excesivo, absurdo. No solo porque, al igual que el inconsciente, la poesía como inutensilio (Leminski) no tiene reemplazo posible, sino también por lo que Lacan, con Freud, nos advirtió en su homenaje a M. Duras: que el artista siempre precede al psicoanalista. Tanto es así que, ante menos encuentros y más deseo de búsqueda, es Joyce el que le proporciona finalmente a Lacan un camino de reinvención hacia una clínica inédita, la del Otro hacia el Uno, capaz de apuntar a lo real del sinthome. Y Freud mismo dejó dicho que, antes que él, eran los poetas los que habían descubierto el inconsciente…