“Ella, la soledad, en ruptura del saber,
no sólo puede escribirse,
sino que además es lo que se escribe por excelencia,
pues es ruptura del ser que deja huella”
J. Lacan
La Institución Educativa, desde siempre, ha constituido un lugar primordial para que el malestar inherente a la condición humana encuentre la manera singular de inventar su vínculo con los demás, con el conocimiento y con la época en la que vive. Dado que el sujeto está atravesado por el lenguaje, dividido por el deseo y expuesto a la finitud, cualquier intento de control total institucional provocará el conflicto y la imposibilidad de la armonía como límite.
Este año en el GIPE investigaremos sobre la soledad frente al control y los protocolos, que la propia institución educativa implementa. Pero también la soledad frente al acto educativo, aceptando la incertidumbre, aceptando que no hay garantía en el acto pedagógico. La soledad frente al control provoca la declinación de la función docente y del acto educativo. La tendencia imperante de las terapias cognitivo conductuales y de la gestión educativa, con su discurso capitalista, pretende una homogeneización para el que las instituciones no reparan en gastos, mientras arrastran a los profesionales hacia el trabajo de gestión, dejando de lado el educativo.
Las conductas que se desvían de la norma serán consideradas cada vez más un trastorno, un desorden, un peligro, imponiéndose la decisión administrativa de control frente a la educativa. La educación actual tiende a restablecer el orden social de un “todos iguales” allí donde el psicoanálisis trabaja con el “todos distintos”, con el “uno por uno”. Esto está relacionado con el hecho de que nosotros tratamos con sujetos singulares y en ningún caso reducidos a lo universal. Por tanto, nos tenemos que preguntar: ¿de qué se trata la verdadera inclusión?
La soledad es una condición estructural del ser humano, intrínseca a la constitución del sujeto desde su entrada en el lenguaje, lo que conlleva la imposibilidad de ser ”Uno” con el Otro, es decir, lo que Lacan formula como “la imposibilidad de la relación sexual”. La soledad y la “imposibilidad de la relación” pueden ser el mejor camino para pensar lo común, para trabajar en grupo.
Frente a la transmisión metódica y estandarizada de los contenidos, nos preguntamos: ¿Cuál sería la invención que permitiría al alumno transitar por la institución educativa y por la vida, de manera que no se haga de la excepción más singular un acto de exclusión? ¿De qué manera generar el buen encuentro con un alumno que tiene arreglos que son tan diferentes a los arreglos del ideal de cada profesional de la educación?
El instrumento que utilizamos para investigar en el GIPE es la conversación. Proponemos el GIPE como un lugar de investigación con practicantes del psicoanálisis y profesionales de la educación. Un lugar de encuentro entre la práctica psicoanalítica y la práctica educativa.