Cuando el sintoma anuda la neurosis infantil


 
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La propuesta de este trabajo es interrogar la relación existente entre los síntomas y la neurosis en el niño. Partimos de la siguiente hipótesis: no todos los síntomas anudan la estructura bajo la modalidad de la neurosis infantil. Los síntomas en la infancia, aquellos que responden al término acuñado por E. Laurent de “polisintomatología”, se ordenan en dos tiempos: los que corresponden a los avatares de la relación entre el sujeto y el Otro materno, y los que corresponden al momento que hemos denominado de “anudamiento” de la neurosis. Al recurrir al término anudamiento por el síntoma, situamos esta articulación en la perspectiva borromea, es decir en el trasfondo de la forclusión generalizada; y la función del síntoma, en su estatuto de letra que opera la suplencia necesaria.

Hay otras perspectivas previas, en la obra de Freud y de Lacan, en las que encontramos una temporalidad equivalente la castración reordenando la pulsión, la metáfora paterna, la separación y la constitución fantasmática, etc.

Pasó tiempo antes de que Freud se interesara en el psicoanálisis con niños. Sin embargo, descubre pronto que para entender a los neuróticos es esencial ocuparse de la vida sexual de los niños. Lo que Freud revela es que los niños tienen sexualidad y que con ella construyen un saber, con sus propias teorías y sus mitos.

En el análisis de la histeria, deduce que los neuróticos habían padecido en la niñez la seducción de un adulto, y encuentra allí un factor causal, en sus efectos traumáticos. Pronto se verá obligado a abandonar su teoría de la seducción, lo que lo conducirá a la teoría del fantasma, que junto con el descubrimiento del complejo de Edipo, le permite una primera concepción de la represión como lo que crea angustia. Es cierto que, después de veinte años, Freud invierte esta proposición: es la angustia la que crea represión. Para Freud la neurosis infantil se construye como un concepto, en la retroacción del análisis del adulto neurótico. En Freud la elaboración de dicho concepto va a seguir dos vectores que recorrerán toda su obra: la sexualidad y la angustia.

Hacemos un pequeño recorrido para puntuar como aparecen estos conceptos en su obra:

  • En 1905 tenemos el “Caso Dora” (1). Dora comienza los trastornos a los 8 años. Freud, en su historial, no intenta aislar una neurosis infantil.
  • En el mismo año desarrolla una teoría articulada y organizada sobre la sexualidad humana. También el concepto de pulsión como pulsión parcial. Dedica uno de los “Tres ensayos” (2) a la sexualidad infantil, definiéndola en sus rasgos como autoerótica y como perversa polimorfa. La pulsión sexual no está centrada y se satisface en el propio cuerpo Es la búsqueda de un placer ya experimentado, perdido, que se recuerda y se quiere reencontrar. La sexualidad es perversa desde la infancia, parte de las zonas erógenas y se manifiesta por las pulsiones que se reprimen. Es a expensas de estas pulsiones que se forman los síntomas. Define la neurosis como el negativo de la perversión El desarrollo sexual en el ser humano tiene dos consecuencias para Freud: la aptitud del hombre para la cultura superior y la proclividad a la neurosis. Los trastornos de los niños antes de la pubertad son conceptualizados como marcas de su sexualidad, que tendrán un efecto como formación del carácter en el adulto sano o como los puntos de fijación donde remiten los síntomas de los adultos neurótlcos; pero nada dice del síntoma actual del niño, si no, quizá, bajo la rúbrica de las inhibiciones al desarrollo. La pulsión es la única fuente energética constante de la neurosis.
  • “Análisis de una zoofobia en un niño de cinco años”.(1909) (3). Aquí tampoco habla de una neurosis infantil. Hans no es el único niño aquejado de fobias en algún momento de su infancia Es extraordinariamente frecuente, aún en niños cuya educación no deja nada que desear en materia de rigor Tales niños se vuelven después neuróticos. O permanecen sanos. Las fobias ceden, se curan. Fue benéfico para Hans haber producido su fobia y no lo predispone a contraer después una neurosis. La consecuencia de hacer consciente sus pulsiones lo llevan a Hans a sanar, abandonando su temor a los caballos.
  • “Tótem y tabú” (1914) (4). Las fobias de los niños aún no han sido tema de una indagación analítica atenta, aunque lo merecieran. El motivo de esta omisión son sin duda las dificultades que ofrece el análisis con niños a tan tierna edad.
  • Con “lntroducción al narcisismo” (1914) (5), plantea el narcisismo originario en el niño como una constante en la organización pulsional. Freud pone las perturbaciones a que se expone el narcisismo del niño, y las reacciones con que se defiende de ello, en relación al complejo de castración. Si bien el complejo de castración está formulado como tal desde 1908 (“Sobre las teorías sexuales infantiles”) (6), en este momento todavía no tiene un valor estructural en la formación de las neurosis. En esta obra declarará: “Juzgo totalmente imposible colocar la génesis de la neurosis sobre la base estrecha del complejo de castración”.
  • En las “Conferencias de Introducción al Psicoanálisis” (1917) (8), el síntoma repite de algún modo una modalidad de satisfacción de la temprana infancia, desfigurada por el conflicto. Da cuenta de la existencia de neurosis infantiles que se contraen como consecuencia directa de las vivencias traumáticas. Por tanto, no existe en estas últimas un diferimiento temporal, como en las neurosis del adulto, entre el momento traumático y la eclosión de los síntomas.

Así mismo, confirma que las neurosis infantiles son muy frecuentes, y que viéndolas retrospectivamente, desde algún momento posterior siempre es fácil individualizarlas. Si en períodos más tardíos de la vida estalla una neurosis, el análisis revela, por lo general, que es la continuación directa de aquella enfermedad infantil, quizá sólo velada, constituida únicamente por indicios.

Hay casos en los que la neurosis infantil prosigue sin interrupción y dura toda la vida. Sin embargo, Freud, en esta época, comenta que no ha podido analizar sino unos pocos casos de neurosis infantil en su estado de neurosis actuales en el niño, y que con mayor frecuencia, es a través de la enfermedad contraida en la edad adulta que se puede inteligir, con posterioridad, la neurosis infantil de esa persona.

  • “El hombre de los lobos. Extracto de la historia de una neurosis infantil” (1918) (8). Aquí la fobia es insuficiente para reconocerla como una neurosis en si misma. A la fobia en este caso, le sigue un ceremonial, unas acciones y pensamientos obsesivos. Sin embargo, aparece ya articulado el encuentro del “Hombre de los lobos” con la dificultad ante la castración (K1, K2 y K3), y la regresión a modalidades de satisfacción pulsional previas, con el surgimiento de síntomas: irritación, maldad, fobia, etc. Secuencia que culmina con el Dios-padre de la religión, abrochando con la neurosis obsesiva la neurosis infantil anterior. De este modo la castración, en este texto en el que Freud presenta la neurosis infantil, aparece como el operador que reordena la sintomatología.
  • En “La organización genital infantil” (1923) (9) y en “El final del complejo de Edipo” (1924) (10), quedan expresados los elementos estructurales que organizan la neurosis. Por un lado, la correcta significación del complejo de castración si se toma en cuenta su génesis en la fase del primado del falo (“La organización genital infantil”). Por otro lado, establece los nexos que en la observación analítica permiten discernir entre organización fálica, complejo de Edipo, amenaza de castración, formación del superyó y período de latencia. Unos vínculos causales y temporales de naturaleza típica, cuyas variaciones en la secuencia temporal y en el encadenamiento de estos procesos, no pueden menos que revestir considerable importancia para el desarrollo del individuo (“El final del complejo de Edipo”).
  • En “El yo y el ello” (1923) (11), nos da una definición de la angustia: es la “expresión de una retirada frente al peligro”. Especificando que el mecanismo de las fobias, típicas en la infancia, es la ejecución de investiduras protectoras por parte del “Yo”, a causa de la angustia que le provoca su posible “avasallamiento” o “aniquilación”. Y nos aclara, con la sinceridad a que nos tiene acostumbrados, que no puede indicarnos qué le da miedo al “Yo”, qué es lo que le hace temer su aniquilación. Lacan nos da una respuesta. Lo sabemos. Es la presencia del objeto la causa de la angustia. El síntoma fóbico entonces, tan presente en la vida de los niños, intenta poner distancia con el objeto, busca instaurar la prohibición del incesto, marcar el deseo de la madre, dar el paso de lo posible a lo imposible.
  • En “lnhibición, Síntoma y Angustia” (1925) (12), hace una nueva lectura del caso Juanito. Las neurosis infantiles son episodios reguladores del desarrollo, aunque hasta ahora no se les haya concedido la atención que merecen. En los neuróticos adultos hallamos siempre los signos de una neurosis infantil sin excepción. En cambio, no todos los niños que muestran tales signos llegan después a ser neuróticos.

Freud vuelve sobre la fobia y el fetichismo como dos formas de resolver la angustia de castración. Y al diferenciar represión y defensa, se deduce que la angustia es estructural.

Lacan vuelve a este texto cuando comienza con la clínica del nudo, al no tomar la vertiente del sentido como esencial, al buscar su articulación con el goce.

En “Les non dupes errent” (13), Lacan recuerda que escribió algo sobre la fobia de Juanito. Dice haberlo repetido, machacado. No ha visto a ningún otro buscando que era esa sagrada historia del caballo. También se preguntó: ¿por qué el caballo?, ¿por qué le daban miedo los caballos? Su explicación es que el caballo es el representante. De tres circuitos. No señaló que eran tres, pero si que el caballo representaba cierto número de circuitos, incluso ha buscado en los mapas de Viena para marcarlos bien. Están en el texto de Freud. ¿Cómo los hubiera encontrado de otra manera? Es en la medida en que la fobia de Juanito está muy… precisamente en ese triple nudo cuyos tres redondeles se sostienen, es en esto que es neurótico. Hay otros acoplamientos cuyas neurosis son más simples que la de la fobia. La clínica de la neurosis muestra que el síntoma es el efecto de lo imposible del nudo.

Freud no tiene lo “Imaginario”, lo “Simbólico” y lo “Real”, pero sospecha de su existencia, y por ello, para Lacan, se acerca al nudo. En Freud los tres no calzan, sino que están superpuestos. Entonces… ¿Qué hace? Añade un redondel, anudando un cuarto -las tres consistencias iban a la deriva. Esta cuarta consistencia es la que Freud denomina ” la realidad psíquica”, el complejo de Edipo. Anudarse de otro modo es lo esencial del complejo de Edipo, y es ahí donde opera el análisis.

Si la madre es síntoma para el padre, el niño es síntoma de la verdad de la pareja parental. Si la madre no es un síntoma para el padre y el niño es síntoma de la madre, se presenta como objeto del goce materno.

El inconsciente interpreta la no-relación sexual, y en la interpretación lo cifra. El síntoma del niño puede leerse como lo que cifra la no-relación sexual de sus padres. Es correlativo de su versión del goce sexual, que dará su sentido. Si el niño responde a la estructura familiar es a nivel del síntoma, encarnando un real de la familia y ocupando un lugar en el discurso. La neurosis infantil es la solución a la intrusión del goce, a la insuficiencia de la metáfora paterna y a la insuficiencia del significante. La fobia, placa giratoria en la estructura, puede ser el pasaje necesario en el niño para encontrar su lugar de sujeto en la estructura, reconocimiento de la castración materna. El síntoma es siempre la solución que el sujeto encuentra para inscribirse en el registro de la castración. Por ello Lacan interpreta la fobia como llamado al limite.

Marta Davidovich (relatora), Andrés Borderías, Carmen Delgado, Beatriz Garavelli Marian Martín

* Trabajo presentado en el X Encuentro Internacional del Campo Freudiano – Barcelona, julio 98. Este trabajo surge de la investigación que realiza el cartel de funcionamiento del Espacio de Psicoanálisis con niños, de la Sección de Madrid de la EEP-España.

Bibliografía

(1) FREUD, S. “Fragmento de análisis de un caso de histeria” (1905 (1901)), O. C., Tomo VII, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1996.
(2) FREUD, S. “Tres ensayos de teoría sexual” (1905), O. C. Tomo VII, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1996.
(3) FREUD, S. “Análisis de la fobia de un niño de cinco años” (1909), O. C. Tomo X, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1990.
(4) FREUD, S. “Tótem y tabú. Algunas concordancias en la vida anímica de los salvajes y de los neuróticos” (1913 (1912-13)), O. C., Tomo XIII, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1994.
(5) FREUD, S. “Introducción del narcisismo” (1914), O. C. Tomo XIV, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1993.
(6) FREUD, S. “Sobre las teorías sexuales infantiles” (1908), O. C. Tomo IX, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1993. (7) FREUD, S. “Conferencias de introducción al psicoanálisis” (continuación), O. C., Tomo XVI, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1996.
(8) FREUD, S. “De la historia de una neurosis infantil” (1918 (1914)), O. C. Tomo XVII, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1990.
(9) FREUD, S. “La organización genital infantil (Una interpolación en la teoría de la sexualidad)” (1923), O. C. Tomo XIX, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1996.
(10) FREUD, S. “El sepultamiento del complejo de Edipo” (1924), O. C. Tomo XIX, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1996.
(11) FREUD, S. “El yo y el ello” (1923), O. C. Tomo XIX, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1996.
(12) FREUD, S. “Inhibición, síntoma y angustia” (1926 (1925)), O. C. Tomo XX, Amorrortu editores, Buenos Aires, 1993.
(13) LACAN, J. “Les non dupes errent”, inédito.

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