Encuentro PIPOL2


 
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¿Cuando podemos decir que un efecto terapéutico rápido es efecto del discurso analítico y no de la sugestión?

La práctica nos enseña que el psicoanálisis no puede ni debe apartarse de los cambios del mundo actual. Cambios acelerados a los que niños y los jóvenes también son sensibles, que afectan en lo más cotidiano y de manera distinta a cada uno.

Nuestra época es una época de fracasos y de triunfos. Exigencias de una sociedad que desde muy temprano demanda rendimiento. A lo que se llama fracaso, el psicoanálisis opone un triunfo: el del síntoma. Si el porvenir del psicoanálisis depende del porvenir del síntoma, el porvenir de nuestra función como analistas depende de la respuesta que sepamos a dar a nuevas formas de la demanda. Hoy el síntoma del fracaso escolar se articula con la demanda social, es la cristalización de un malestar.

Jacques Lacan nos enseña que el psicoanálisis no es una terapia como las demás. El psicoanálisis, toma en cuenta para la cura del síntoma de un sujeto, sus determinaciones inconscientes, la repetición, la transferencia, y la pulsión que se satisface en ese síntoma.

Toda terapia actúa generando un efecto sugestivo. No es de eso que el psicoanálisis se servirá para obtener sus efectos terapéuticos. Esa es la apuesta, obtenerlos sin obturar con el sentido, dejando abierto el camino a lo real. Lacan decía: “el porvenir del psicoanálisis depende del síntoma”.

¿Cuando podemos decir que un efecto terapéutico rápido es efecto del discurso analítico y no de la sugestión?

Un caso donde en un período de tres meses y doce sesiones se produce una rectificación subjetiva nos servirá para elucidar esta proposición. Hemos denominado el caso :

No me da la gana

Luís ha suspendido en el primer trimestre cuatro asignaturas de las nueve asignaturas que cursa, en el segundo trimestre siete. Sus padres preocupados me consultan y les propongo una entrevista con él. Su tutor y el psicólogo del Colegio hablan de fracaso escolar y advierten a los padres. La madre queda angustiada por el significante fracaso, que la toca y le hace pensar en el fracaso en la vida de su hijo. El padre se preocupa menos de lo escolar, piensa que el su hijo esta cambiando mucho y que no pasa nada si repite su curso.

Luís un joven de 14 años, llega a la primera entrevista acompañado por su madre. Luís llega protestando. “No sé para que me traen aquí”. “Yo no tengo ningún problema”. “El problema es mi madre, no me deja tranquilo, esta siempre fastidiando”. “Yo no estudio porque no me da la gana”. “Si yo quiero y me pongo, puedo aprobar todas”.

Insiste durante la primera entrevista en que el problema es su madre. Le invito a un segundo encuentro para que me hable de ella. Se sorprende de mi demanda, me pregunta: ¿para hablar de mi madre? Acepta volver y se lo comunico a su madre que le espera.

Luís vuelve, esta vez sin su madre y relata que se fue contento de nuestro primer encuentro. Pensaba que el analista le daría un sermón como los que dan los psicólogos del colegio. Luís va a un colegio de curas. “Siempre dicen lo que esta bien y lo que está mal. No suelo estar de acuerdo con las chorradas que dicen. Los psicólogos siempre defienden a los padres, los hijos somos siempre culpables”.

Le pregunto: ¿de que son culpables los hijos? Dice: “Mi madre es una frustrada y como no sabe que hacer se pasa el día molestando. Mi padre no dice nada, pero tampoco la aguanta mucho. En cuanto llega mi padre, mi madre empieza a hablar de mí: que no hago nada, que no estudio, que no hago deberes, que no bajo al perro, que no ayudo. Mi madre como no tiene nada que hacer se pasa el día quejándose”. “A veces me castiga y no me deja salir con mis amigos porque es lo que mas me gusta”.

Le pregunto si la irritación con su madre le estará influyendo en su no querer y en su no me da la gana. Interrumpo la sesión.

En esta segunda entrevista podemos ya constatar un cambio en la posición de Luís.
Podemos apreciar que se ha instalado una transferencia positiva que le permite irse contento de la primera sesión. En segundo lugar la eficacia simbólica comienza a operar por el simple hecho de hablar. Pedirle que ponga en palabras lo que le sucede, pone en juego el amor de transferencia, dando lugar a la aparición del saber inconsciente y su posición de goce. Comprobamos como la utilización que el psicoanalista hace del significante Amo sin someterlo a los imperativos del Otro social, permite a Luís comenzar a desplegar su problemática con el deseo.
La neutralidad del analista juega su partida también en el ámbito de lo terapéutico, pero -lejos de estar orientado por el Otro social, significante del fracaso escolar- se orienta por lo real.
El discurso del Amo dice que hay que suprimir, anular el síntoma sin dejar espacio a la pregunta sobre su causa. El sujeto queda abolido y no se hace responsable sobre su propio goce. Sabemos sobre la insistencia de los síntomas y por eso planteamos al síntoma como el eje de la práctica psicoanalítica, que se dirige a lo real del síntoma, del síntoma concebido como lo más propio del sujeto.

Volverá a la sesión siguiente hablando de sus dos hermanas mayores, una de 20 años y otra de 18. Siempre han sido muy buenas en el colegio y ahora las dos están cursando carreras Universitarias. Las dos van muy bien en los estudios, dirá Luís “Son dos empollonas”.
“Mi madre también es empollona, ya que esta siempre arriba de sus hijos como si fueran pollitos”.

Le interpreto que empollar y estudiar parecen cosas de mujeres, pero que no es lo mismo.

En la cuarta sesión hablará de su padre y los estudios. El padre abandono los estudios a los 15 años y se puso a trabajar en la empresa familiar, él podría hacer lo mismo que su padre. Sabe que su padre se preocupa menos por sus estudios, la que insiste que debe estudiar es su madre, también sus hermanas.

Luís vive una situación de urgencia, debe renunciar a una condición que se ha vuelto caduca e integrar otra que él no distingue claramente: tiene urgencia de hallar para sí una nueva manera de ser. Pero sin separarse de lo que fue hasta ahora. No estudiar y suspender deja a Luís del lado de los hombres, pero en una parálisis mortecina. Su malestar lo deja anestesiado, deja de interesarse en su trabajo, baja su rendimiento como dicen los padres y los profesores, se produce una desinvestidura intelectual, con un predominio de lo pulsional, que relaciona con los cambios en su cuerpo, la masturbación y por sus preocupaciones e intereses por fuera de la vida familiar, sus amigos, las fiestas, las diversiones. El problema para Luís es como emerger de ese lugar de objeto para devenir sujeto y tener acceso a su propio deseo.

En la siguiente, la quinta entrevista, Luís relatará un sueño.
Un joven esta perdido en un bosque, y se encuentra con dos caminos, debe elegir uno, pero no sabe cual es el que le conviene. Se sienta en el cruce del camino para decidir y se queda dormido. Se despierta angustiado, todo esta muy oscuro y no sabe que hacer, tiene miedo, no sabe que puede encontrar en el bosque.
El inconsciente muestra su disyuntiva, su disyuntiva sexual y su división subjetiva.

Siete sesiones más, en las que pudo hablar de su posición sexual y su angustia para acercarse a las amigas, y la culpa que le genera el despertar de su sexualidad, le permitieron retomar sus estudios y aprobar sus asignaturas. La irrupción de lo sexual suscita en Luís una intensa angustia que vincula con la culpa y la religión de la que dice haberse distanciado en el último tiempo. Expresa su desacuerdo con algunos preceptos religiosos.

Separar su identificación al padre, no estudiando y diferenciar que estudiar no es cosa de mujeres permiten a Luís la emergencia del deseo, que lo trae dormido como en el sueño. Lo rápido se produce por un apaciguamiento pulsional. El encuentro con el psicoanálisis abrió a Luís la posibilidad de un cambio frente al sufrimiento encontrando su solución particular que va más allá de los ideales sociales de éxito y bienestar. Ahora puede relacionarse con el saber sin quedar paralizado. En su última sesión me agradece el haberle acompañado en esta trayectoria, dice sentirse bien y se plantea volver a verme si se encuentra con alguna dificultad, que ahora relaciona con las mujeres y no con los estudios. Un nuevo saber acompaña a Luís. Un ciclo se ha cumplido. Algo se ha ordenado para él.

Junio 2005

Intervención presentada por: Marta Davidovich (relatora), Susana Carro, Carmen Cuñat, Rosa Liguori, Constanza Meyer, Eva Rivas y Josefa Rodríguez, participantes del Espacio Madrileño de Psicoanálisis con Niños (Escuela Lacaniana de Psicoanálisis).

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