Los manuales de autoayuda


 
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Voy a comenzar leyendoles un párrafo de un libro: “procura imprimir en la memoria estos pocos preceptos: no propagues tus pensamientos ni ejecutes nada inconveniente. Sé sencillo, pero en modo alguno vulgar. Los amigos que escojas y cuya adopción hayas puestas a prueba, sujétalos a tu alma con garfios de acero, pero no encallezcas tus manos con agasajos a todo camarada implume y recién salido del cascarón. Guárdate de pendencias; pero, una vez en ellas, obra de modo que sea el contrario quien se guarde de ti. Presta a todos tu oído, pero a pocos tu voz. Oye las censuras de los demás, pero reserva tu juicio. Que tu vestido sea tan costoso como tu bolsa lo permita, pero sin afectación a la hechura, rico, más no extravagante, porque el traje revela al sujeto. No pidas ni des prestado a nadie, pues el prestar hace perder a un tiempo el dinero y al amigo, y el tomar prestado embota el filo de la economía. Y sobre todo, esto: se sincero contigo mismo, y de ello se seguirá, como de la noche al día, que no puedas ser falso con nadie.”

Como algunos ya habrán reconocido, estas frases pertenecen a un libro fundamental de la literatura , el Hamlet de Shakespeare. Se trata de los sabios consejos que Polonio le da a su hijo Laertes en el momento de la despedida ante el viaje que llevará a este a Francia. En unas pocas frases Polonio condensa toda una experiencia de vida que podríamos aplicarnos con gusto casi todos. Son las palabras del buen policía, nos dirá Lacan en su comentario de esta obra. Es decir, inteligentes sin duda, pero finalmente emitidas desde el discurso del amo, porque provienen de la educación destinada a domesticar el exceso y el vicio para conducirlos hacia la virtud y latemplanza. Tenemos una moral resultado de la educación que querría obtener al hombre feliz a través de la maestría y del dominio. Una moral de amo, precientifica y premoderna, puesno tiene en cuenta el corte epistemologico que se produce en la historia del pensamiento primero con Kant y después con Freud.

El corte Kantiano ha consistido en tratar de fundar una moral donde no sea necesaria ninguna educación. El sujeto no necesita leer tratados de comportamiento para tener relación con la moral , tampoco necesita recurrir a su experiencia para aprender cómo actuar, no es imprescindiblehaber matado para saber que no hay que matar, así como no hay que leer ningún libro que enseñe la prohibición del incesto para que esta funcione. Los juicios de la razón no se estudian en los libros, tampoco el juicio moral se extrae de los mismos, pues es una joya que brilla por si misma de forma autónoma, porque pertenece a la razón misma, a la voluntad misma.

Entonces, podemos establecer una primera afirmación:

La génesis de la moral que rige el comportamiento humano no se adquiere en los libros.

Freud, por su parte, reconoce su deuda con los grandes libros de la literatura, no por casualidad les he leído un párrafo de uno de sus textos favoritos. Freud se considera, de hecho, tributario de los grandes poetas y escritores porque de sus libros pudo extraer las metáforas más logradas para explicar su descubrimiento del inconsciente. Sin embargo, el interés freudiano por la lectura se dirige a aquellos pasajes literarios en los que se revela la división del sujeto, sus conflictos morales, sus incoherencias, los actos contrarios a sus intereses, la búsqueda de su propio mal, la incapacidad para rectificar su conducta, la inexorable repetición de lo peor. En lugar del párrafo que elegí para empezar, el interés de Freud estaría más próximo a Otelo cuando dice “No se por qué hoy amo y mañana odio” o al Hamlet que se interroga por el sentido de la existencia humanatan proclive a la injusticia, las vejaciones, las insolencias, los ultrajes y los desdenes. Frente a la figura de Polonio, un inteligente antecedente de los koatchin (entrenadores de conducta) actuales, tenemos estas otras figuras que representan una voluntad herida en lo más profundo, que ningún predicamento o consejo podría domesticar. Desde que se constituye el mundo moderno y se inventa la novela, los paradigmas de la orientación moral se extraen precisamente de los personajes literarios.

Por tanto, lleguemos a una segunda afirmación:

En los libros podemos encontrar un saber fundamental sobre la condición humana. Son una alimento del espíritu y sin duda pueden ofrecernos una importante ayuda

Virginia Woof decía que “el deseo de leer es uno más de los deseos que distraen nuestras almas infelices” y la máxima que regia la existencia de Gustave Flaubert era “leer para vivir”. Seguramente en la experiencia personal de cada uno de nosotros podamos reconocer cómo algunos libros han ido marcandonos, otros nos han hecho sentirnos menos solos y desamparados o bien parecían dirigirse a nosotros mismos de un modo especial, como si la historia narrada fuera la nuestra y nos reconociéramos en los sentimientos allí descritos. Hay frases de libros que encierran un saber tan preciso y tan certero, que consigue resumir aquello que de ninguna otra manera podíamos llegar a formularnos. Recuerdo especialmente los libros que acompañaron mis veranos y que hacian de las vacaciones un periodo en el que podía entregarme, sin remordimientos, al goce de la lectura.

Por otra parte están los libros que han ido constituyendo la historia del pensamiento y en ellos encontramos los intentos de respuesta a las preguntas fundamentales sobre la condición humana y a los problemas que la acompañan. Kant decía que la filosofía debería ocuparse de lo que interesa realmente a todo el mundo, pero estaba advertido que para llegar a lo inmediato hay que hacer una excursión bastante larga. A la vez todo gran pensamiento segrega siempre una imperativo. Desde el “conocete a ti mismo” de Sócrates, “LLega a ser lo que tu eres” de Pindaro, “Se más que un hombre, actúa como un super hombre” de Nietzsche, “vive según el espíritu absoluto” de Hegel, “Donde el ello era, el sujeto debe advenir” de Freud, “no retrocedas frente a tu deseo” de Lacan.De modo que no hay construcción formal de la razón que no tengacomo una de sus notas culminante la constitución de un imperativo.

Ahora bien estos imperativos no tienen ningún contenido, están construidos formalmente, no prescriben ni esto ni aquello, son una maquinaria que permite pasar por la criba lo que estamos haciendo.

Pasando ya al tema que nos ocupa, este tipo de libros especiales que se agrupan bajo el epígrafe de manuales de autoayuda, encontramos en ellos el despliegue de todo tipo de prescripciones para guiar nuestro comportamiento hacia fines determinados, contenidos que nos dicen qué hacer y cómo, ordenes que nos empujan a cambiar y a abandonar nuestros complejos y nuestros miedos más profundos. Libros que pretenden introducir nuevas convicciones para favorecer la adopción de nuevos comportamientos. Donde los significantes: nuevo, adaptación, resultados, éxito, rapidez, control y disfrute se repiten una y otra vez.

Entonces, la pregunta que cabe hacerse es la siguiente: ¿Cuál es el imperativo que se desprende de este nuevo pensamiento?.

Voy al leeles algunas frases de unos de estos manuales que tienen, efectivamente, la modalidad del imperativo:

El cambio ocurre. Anticipate al cambio. Controla el cambio. Adáptate al cambio con rapidez. Cambia. Disfruta del cambio. Prepárate para cambiar con rapidez y para disfrutarlo una y otra vez .

“Lo crean o no -nos dice uno de este mismo libro- lo cierto es que esta narración tiene fama de haber salvado carreras profesionales, matrimonios y !hasta vidas!”

Notemos, que en la actualidad los manuales de autoayuda han venido a ocupar el terreno de las grandes planteamientos filosóficos, ofreciendo remedios simples y al alcance de la mano a los problemas más complejos. Además, junto con la literatura infantil, encabezan las listas de los libros más vendidos, de manera que su influencia puede llegar a producir toda una serie de efectos sobre la realidad vital de las personas. Por ejemplo, algunos de estos manuales son aplicados en el mundo empresarial, sobre todo en Estados Unidos, creando todo un estilo de funcionamiento: “Aunque en el pasado queríamos contar con empleados leales, hoy necesitamos gente flexible, que no se pregunte “cómo se hacen las cosas por aquí””. Pero además el libro recomienda que, aquellos empleados que no se adapten rápidamente a los cambios y actúen sin interrogarse, sean despedidos.

Es decir, que estamos frente a una nueva modalidad de pensamiento que, por otra parte tiene un lugar de procedenciamuy especifico: Los Estados Unidos. Podríamos decir que en estos libros se despliega la filosofía americana que acompaña a todo un estilo de vida (american way of life).

Quiero hacerles notar que antes de los libros de autoayuda se publicaron en Estados Unidos los manuales Do it yourself (hagalo Ud.. mismo con sus propias manos) que te enseñan desde cómo hacer una estanteríahasta la manera de fabricarte un avión. Son manuales técnicos que tienen una aplicación a cosas prácticas de la vida, pero después surgen los manuales que van más allá y pretenden enseñarnos técnicas sobre la vida misma: cómo resolver los problemas entre los hombres y las mujeres, cómo tener éxito en la profesión, cómo ganar dinero, cómo quererse más a uno mismo, como responder a la demanda, etc.

Les doy algunos títulos: El Millonario instantáneo (un relato claro y estimulante para triunfar).

La paradoja (un relato sobre la verdadera esencia del liderazgo). ¿Quién se ha llevado mi queso? (cómo adaptarse a un mundo en constante cambio). El ejecutivo al minuto, etc

Empiecen a sacar sus propias conclusiones sobre el imperativo que puede segregarse de esta nueva filosofía. Yo me limitaré a darles mi opinión que, por otra parte, no puede sino estar determinada por el pensamiento del psicoanálisis.

La primera idea que se transmite en estos libros es que no hay nada que saber, nada por lo que preguntarse, ninguna interrogación sobre la causa, lo único que importa son los resultados. Es el puro pragmatismo lo que se promueve, a la vez que una exclusión del saber y de la causa. Si eres pobre de lo que se trata es de hacer dinero, si eres tímido deberás perder la vergüenza y lanzarte a la acción más temida, si no consigues encontrar lo que quieres “deja de analizar tanto las cosas y ponte a buscar algo de queso nuevo”. De este modo se empuja a los lectores a una acción vacía, bajo la promesa de obtener el goce pleno que se merecen. Es una forma de potenciar el fantasma del sujeto, como si pudiera ahorrarse todo paso por la división subjetiva y por la castración. Si no fuera porque este tipo de mensajes consuenan con los fantasmas más comunes, no se entendería como es que hay alguien que pueda darles crédito.

La segunda cuestión es la que queda señalada con la partícula “auto” bajo la que se definen y donde se defiende la idea de un yo completamente autónomo que no necesita del Otro para resolver sus necesidades. Sabemos que en Estados Unidos esta idea de autonomía contamina todos los procesos vitales, desde la autoeducación (los supermercados americanos tienen mas góndolas dedicadas a la oferta de todo tipo de vitaminas y medicamentos, que a los alimentos), hasta cualquiera de las formas de autoerotismo que van invadiendo progresivamente los modos de goce. Estos libros suponen un verdadero canto a la autonomía, nos invitan a ser sin el Otro, pero no reconocen que los limites entre autonomía y heterónima no son precisos. Por el contrario, desde que freud postuló sumás allá del principio del placer, se produjo una desestabilización de las oposiciones prototipicas de la modernidad: naturaleza/cultura, libertad/restricciones, o autonomía/heteronomía. Con Freud esas oposiciones no funcionan como tales, porque cada vez que hay dos términos que se contraponen descubre una suerte de implicación entrelos mismos. En lugar de la pura oposición hablaríamos de la unión y la disyunción de los opuestos o bien de la unión en la diferencia.

Esta paradoja freudiana es fácil de ilustrar precisamente con los libros de autoayuda, porque si bien pretendenfavorecer la autonomía absoluta respecto del Otro, en verdad ellos mismos encarnan el gran Otro, el sujeto supuesto contener todas las respuestas, a las que el lector habrá de alienarse sin siquiera atravesar las preguntas. Allí donde proclaman la independencia no hacen sino fomentar la más grosera sugestión.

Una tercera cuestión común a estos manuales es el empuje al cambio a toda costa. Ahora bien, cuando uno es freudiano también sabe que la compulsión a la repetición es algo intrínseco al ser humano, quien puede definirse como el animal que no aprende de sus errores, que no es susceptible de adaptación, porque aquello que empuja sus actos provienen del inconsciente. La vida de muchos sujetos puede contarse como una sucesión de repeticiones desafortunadas y discordantes con sus intereses. ¿Cómo salir del circulo vicioso de la repetición?

La experiencia nos demuestra que por la vía del adoctrinamiento no conseguimos que un sujeto cambie su modo de gozar, por ejemplo, que este deje de drogarse, aquel renuncie a vomitar todo lo que come, esta otra deje abandone a esepartenaire que la maltrata y tantos otros casos. Diganle a un deprimido que se anime, que salga más, que se tome la vida con una energía positiva y solo obtendrán un deprimido desesperado por su incapacidad para responder al imperativo social del momento: Hay que disfrutar de la vida!!!!.

Para detener la inercia de la repetición hay que implicarse muy intensamente en una operación de análisis que revele las causas y que solo así pueda modificar las consecuencias, pero en lugar tomarse el trabajo de saber, los libros de autoayuda nos dicen:

!Cambie o se quedará obsoleto!. !Reclame su derecho a ser amado!. !No pierda jamás su juventud!. !Abandone lo viejo, solo lo nuevo vale!. !Sea rico y compre todo lo que se le ofrece!. !no deje pasar una vacaciones sin viajar!. Pero sobre todo !Disfrute y no piense!.

El psicoanálisis, por el contrario, se dedica a plantear los problemas que no se quieren ver. Los psicoanalistas somos, de una y otra manera, aguafiestas del lugar común. Por eso el psicoanálisis tiene muy poco que ver con la filosofía light de los manuales de autoayuda, que en la mayoría de los caso dan soluciones muy obscenas e inmediatas. Si el psicoanálisis puede hacer algo en relación a la política y a la ética, es señalar, a veces siendo molesto, que hay problemas donde no se quieren reconocer y que las soluciones implican un intenso trabajo del sujeto donde el Otro no está excluido.

Rosa López

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