PUBLICACIONES DE PSICOANÁLISIS DE ORIENTACIÓN LACANIANA

Una psicosis freudiana

«Terrible es caer en las manos del Dios vivo, pero más terrible aún es no caer en ellas». (F.R.N.»Un asesinato incruento»)

La frase que encabeza este trabajo pertenece a una obra de teatro escrita por el paciente al cual me voy a referir. Mi propósito al presentar este caso de psicosis es poder realizar algunas reflexiones sobre el modo particular de relación que se establece entre el paciente psicótico y el analista, pues si en rigor no podemos hablar de transferencia propiamente dicha, tampoco podemos negar la existencia de una relación a partir de la cual se hace posible el intento de un tratamiento. Si a esta relación la denominamos transferencia psicótica o erotomaníaca o incluso delirante, podremos manejarnos, como nos enseñó Lacan en la «Apertura de la Sección Clínica de 1977», utilizando para la psicosis los mismos matemas que para las otras estructuras clínicas, aún cuando necesitemos siempre establecer las distinciones oportunas.

En cuanto al síntoma, sabemos cómo Lacan fué modificando la concepción del mismo a medida que desplazaba el acento de su «envoltura formal» a su nucleo real. Si el síntoma como metáfora del inconsciente queda restringido a la neurosis, el síntoma como escritura de goce se generaliza a toda estructura clínica, incluyendo la psicosis. Este cambio de perspectiva sobre el síntoma es acorde con una nueva teoría de la forclusión basada en la escritura S(A) que rompe con la idea de la existencia de un Otro del Otro. De este modo el NP pierde su carácter de significante primordial de la ley que organiza el conjunto de los significantes, pasando a convertirse en uno de los modos de anudamiento de los tres registros. La pluralización de los nombres del padre abre nuevas perspectivas para la comprensión de la psicosis, pensada ahora en función de las distintas suplencias que consiguen producir diferentes anudamientos. Si la forclusión supone que aquello que no fué simbolizado retorna desde lo real, la suplencia es el medio a traves del cual ese real puede ser tratado por lo simbólico. En la psicosis la suplencia no se produce mediante el fantasma, ni se consigue una significación  fálica del goce como la que proporciona el NP, lo que no impide que el sujeto encuentre modos de hacer que el goce desencadenado en lo real pueda ligarse al significante. En este caso quisiera mostrar tres modalidades de suplencia que en distintas encrucijadas de la vida del sujeto vinieron a restituir su vínculo con el mundo:

1) Un injerto del Complejo de Edipo

2)La escritura

3)La transferencia analítica

El tratamiento comenzó en 1982 cuando el sujeto contaba 60 años de edad y terminó once años después, coincidiendo con su muerte súbita por infarto. Su demanda se produce a la salida de una conferencia que dicté en un centro de prevención de malos tratos a la infancia. Mi exposición versó sobre la violencia en las familias y, al finalizar, este hombre de 60 años me plantea que tiene problemas con un hijo varón que abusa de él (veremos después cómo el significante «abuso» tiene en este caso una connotación especial que lo liga directamente al goce).

En la primera entrevista confiesa que viene a verme porque yo sé algo que coincide con su propio saber: sé acerca de la procreación. Me comenta cómo durante la conferencia se había fijado en un cartel publicitario que adornaba las paredes del local con el siguiente mensaje: «Cómo crear una generación del año 2000 sana y feliz». Se había producido una comunión entre el saber que yo representaba, y su delirio típicamente schreberiano de engendrar una nueva humanidad de hombres sin traumas, sanos y perfectos. Él lo había intentado con sus cinco hijos, pero fracasó rotundamente. Ahora,  estaba  seguro  de  que  sabría  hacerlo  y  que  conmigo  había  encontrado  el complemento adecuado para realizar dicha empresa, pues era una persona joven, sana y lo que es más importante, conocedora de Freud, pensador por quien profesaba una admiración absoluta. Se trataba, entonces, de «relanzar una nueva edicción de hijos freudianos».

Esta demanda se produce en un momento de desestabilización, en el que la suma de varias circunstancias amenaza con dar al traste con el equilibrio que este sujeto había conseguido establecer en su vida. Un año antes muere su padre, dejando sin resolver ciertos problemas de herencia. Poco después él obtiene la jubilación anticipada por depresión derivada de trastornos orgánicos. En estas condiciones irrumpe un goce amenazante que proviene de su hijo de 28 años, quien introduce mujeres en la casa mostrando una vida sexual muy activa, lo que le resulta enormemente inquietante pués despierta en él un erotismo que lo desborda y rompe con el orden ritualizado de su vida.

Una vez descrita la situación que motiva la demanda pasaré a hacer una breve sintesis de la historia de su enfermedad, tal como pudo ser reconstruida a partir del tratamiento, poniendo el acento en los distintos momentos de desencadenamiento y los modos de estabilización que fué encontrando para cada uno de ellos, siendo el psicoanálisis el último.

Como es habitual, el desencadenamiento es provocado por el encuentro con Un Padre que, emergiendo en lo real , pone de manifiesto la falta de la función paterna en lo simbólico. El paciente me relata con toda precisión el momento en el que comenzó su enfermedad a los 17 años. Cuenta cómo el padre trás volver de una larga ausencia hizo dos cosas:primero comunicó su decisión de interrumpirle los estudios, pués como primogénito que era le correspondía acompañarle  en  su trabajo, y segundo hizo matar al corderito a quien él «manoseaba» y le obligó a comérselo. Después de esto, viajan solos a un pueblo donde el padre acababa de comprar una fábrica de harina abandonada. Es la primera vez que conviven solos y que duermen en la misma habitación; «El polvo que lo invade todo» le hace toser, produciéndole unadolencia pulmonar, ademas de un grave insomnio. Primera irrupción de goce que perturba el funcionamiento del cuerpo y origina los fenomenos elementales bajo la forma de voces que no le dejan dormir, aunque no podía entender lo que esas voces decían( fenomenos de franja propios de la prepsicosis). El problema del pulmón remite «milagrosamente» tras un tratamiento con un especialista, quien por su parte aconseja una consulta psiquiátrica. A la pregunta del padre sobre quién es el mejor psiquiatra de España, se le da  la respuesta de Lopez Ibor. Es en este punto de su historia donde se suma el factor que loprecipita,  ya francamente, en la psicosis. Se trata de un episodio que nos evoca al presidente Schreber en su relación con Flechsig. Para este sujeto es su encuentro con Lopez Ibor el que le abre las puertas de un infierno en el que, en sus propias palabras: «estuvo a punto de perder la vida» y del que salió con perturbaciones orgánicas irreparables. De esta manera relata dicho encuentro: «LLegó ese hombre, que debía de ser el principal, con mi ficha en la mano, se limitó a mirarme con una profunda mirada. Yo entonces no supe interpretar su mirada….en mi esperanza y en mi optimismo pensé que aquel hombre lo abarcaba todo en aquella mirada y nada necesitaba que yo le contase. Ahora sé que no era precisamente la mirada del Sto de Assis sobre el lobo de Cubbia». Para completar esta situación desbordante, el padre regresa al trabajo habiendo firmado previamente una orden de ingreso en la que daba carta blanca a Lopez Ibor para que hiciera con su hijo lo que considerara oportuno.

Si la estancia con el padre en la fábrica de harina inicia el proceso de desencadenamiento, carcterizado por la perplejidad ante los fenómenos que le invaden, la presencia de Lopez Ibor es la responsable del desencadenamiento con todas sus consecuencias y posteriormente de la creación de un delirio basado en un postulado erotomaníaco. El paciente sostiene que rápidamente se dió cuenta de la homosexualidad de Lopez Ibor por su contextura física (caderas anchas y hombros estrechos). Después de repetidas sesiones de electroshock salió del hospital para hospedarse en un hotel de la Gran Vía en el que reinaba una atmósfera homosexual generalizada. Hace una vida desordenada, hasta que él mismo decide llamar a L.I. para encontrar un límite, pero lo que encontró fué peor que aquello de lo que huía pues el médico mandó a sus «secuaces», todos ellos «criptohomosexuales» (neologismo del paciente) para que le drogaran y gozaran de él. Todavía no comprende como no murió después de tantas manipulaciones. Ocurrió algo providencial que le salvó de una muerte segura, la noche de su muerte se produjo una tormenta de viento que abrió la ventana y permitió que una ráfaga de aire frío lo sacara del coma profundo en el que estaba sumido. Al despertar vio la figura de Cristo sobre su cama y se dio cuenta de que Dios mismo venía a salvarle.

Para el paciente haber sido objeto de goce por parte de L.I. «para fines contrarios al orden natural y biológico» tenía un objetivo que nuevamente nos evoca a Schreber: feminizarlo. Para él sigue siendo un misterio cómo después de semejantes manipulaciones consiguió procrear. No obstante afirma que este tratamiento produjo en su cuerpo consecuencias irreparables, concretamente en el lado derecho, que muestra las huellas de la feminizacion en el ojo (donde tiene un queratocono) y en el testículo permanentemente inflamado.

Me referiré ahora a la primera estabilización, a partir de la cual consigue ordenar su vida, estudiar una carrera, casarse, trabajar y tener hijos. Si el encuentro con L.I. fue realmente desafortunado y destrozó su vida, será otro encuentro el que lo compense: el encuentro con la obra de Freud. Es en un balneario donde alguien le revela la existencia de Freud y de la teoría del trauma, que explica cómo el origen de las enfermedades psíquicas remite siempre a un abuso sexual producido en la infancia. La lectura de la obra de Freud le permite armar una concepción del mundo que actua dándole cierto marco a la realidad. A partir de la misma construye un edipo freudiano suplente, con el que hace entrar el goce insensato que lo mortifica en el campo de la significación. Basándose en la primera teoría freudiana de la seducción, desarrolla una genealogía familiar de extremada complejidad, cuyos innumerables miembros se vinculan entre sí por medio del goce sexual, ya sea como sujetos activos (vertiente obsesiva) o como objetos pasivos (vertiente histérica). Precisamente es esta suplencia, que el sujeto obtiene a partir de la teoría psicoanalítica, la que hace este caso tan acorde con la misma, al punto de parecer una caricatura. A su vez, es esta adecuación textualla que revela el carácter artificioso y forzado quetieneesta construcción edípica.

El encuentro con la obra de Freud es del orden del hallazgo de significantes nuevos que no estaban en el origen de su delirio, por eso no se trata tanto de una metáfora delirante cuanto de un injerto de simbolización edipíca que recuerda más bien la manera en que Melanie Klein introduce lo simbólico en Dick a través del mito edípico. De esta forma se realiza una operación de marquetería que en el nudo se traduce en una costura simbólica sobre lo real, produciendose como efecto un vaciamiento  de goce. El hecho de que esta suplencia se origine a traves de la lectura tiene un particular interes, pues no es una posibilidad generalizable en la psicosis. La singularidad de este sujeto, y lo afortunado del hallazgo hace que el par : transferencia(Freud)+lectura, venga a suplir al discurso, permitiendo la producción de un punto de capitoné y la construcción de una teoría que hace las veces del fantasma.

El segundo episodio desestabilizador se produce a la edad de cincuenta años, cuando su esposa, supuestamente menopáusica, le anuncia su quinto embarazo. La dificultad para explicarse este  nuevo hecho de la procreación le lleva a delirar sobre la intervención divina a través de un ángel. En este caso será la escritura la que aporte la vía de salida a este nuevo impasse. Durante el embarazo, él mismo «gestó» su única obra de teatro, tras un proceso asombroso en el que las palabras salían solas, sin pensar. La obra, cuyo título es «Un asesinato incruento», constituye una especie de alegato autobiográfico que denuncia los abusos psiquiátricos. Dos modificaciones introducen una variación significativa respecto a su propia historia:un cambio de sexo del protagonista, pues se hace representar por una mujer, y un cambio en el desenlace, que esta vez acaba con la vida de la paciente. Es en esta obra donde aparece como lema la frase citada al principio: «Terrible es caer en las manos del Dios vivo, pero más terrible aún es no caer en ellas», excelente manera de expresar «el fort-da divino» en el que el sujeto oscila entre el horror de ser gozado por el Otro y el horror mayor de ser «dejado caer», lo que supone ya una exclusión absoluta del orden significante.

Finalizaré refiriéndome a la tercera y última estabilización, esta vez provocada por el tratamiento psicoanalítico, a diferencia de las anteriores en las que el sujeto encontró por sí mismo los medios de suplir la forclusión. Cabe preguntarse si la estabilización lograda en el análisis debe tener un estatuto más resolutorio que aquella otra que se da espontáneamente.

Si partimos de la premisa de que «la erotomanía es una estrategia por la cual el sujeto se ofrece al goce del Otro por el rodeo del amor», lo que quisiera plantear en este caso es cómo la transferencia erotomaníaca puede actuar en una doble vertiente:

1.- Cuando el sujeto queda situado en posición femenina frente al Otro se produce el desencadenamiento, la relación al Otro gozador, y en definitiva lo que conocemos comoerotomanía mortificante. Este sería el caso de su transferencia con López Ibor.

2.- Cuando el sujeto está en posición masculina, haciendo un despliege de las insignias de su virilidad, se produce la estabilización que evita la inminencia de la relación mortífera a un Otro gozador y favorece, por el contrario, una reconciliación del sujeto con su goce.

La presentación inicial de la transferencia mostraba un carácter marcadamente delirante. Mezclando la teoría de Freud con la religión católica, organiza un programa en el que quedo inmediatamente incluida y donde vemos prefigurarse la idea del orden del mundo: lo sano, lo biológico, lo natural es la procreación, lo que hay que descartar es la homosexualidad masculina. No fué facil desplazar este movimiento inicial hacia otro tipo de programa-proyecto que sí podiamos compartir y realizar juntos, a saber: dar a conocer la verdad freudiana en una sociedad, la española, refractaria a la misma. De  este modo, se establece una alianza en la que no está presente el Otro gozador sino un Otro que invita a tomar la palabra y a trabajar con ella. Mi condición de mujer le permite vivir a través de mí el empuje a la mujer, bajo la forma de una identificación imaginaria que no atenta contra su virilidad.

Según dice, yo puedo llevar a cabo aquello que él no pudo realizar: ser psicoanalista, hablar y escribir sobre la verdad freudiana. Por su parte, afirma ayudarme recopilando y archivando todos aquellos artículos que aparecen en la prensa con «las cinco letras divinas» (Freud). Este trabajo va unido a la reconstrucción pormenorizada de su historia, sobre todo aquella que se remite a los acontecimientos con López Ibor, que necesita narrarme una y otra vez. Desempolva también su obra de teatro y comienza a presentarla a distintos concursos literarios y aunque no obtiene ningún premio, sí consigue que le manden cartas de felicitación por sus méritos, que le llenan de satisfacción.

La alianza analítica remite, por una parte, a una identificación imaginaria con la figura del analista, y por otra, a una insignia simbólica (Freud). Dar a conocer la verdad descubierta por Freud permite establecer un lazo social diferente al que existía cuando lo que estaba en juego era la idea de crear una generación perfecta.

El efecto de pacificación hizo que con los años pudiéramos distanciar progresivamente la frecuencia de las sesiones hasta llegar a una quincenal. No era necesario más porque la promesa del encuentro, que él no rompió jamás, era suficiente para organizar una vida de conferencias y teatro que luego me contaría. Años después sobrevino su muerte, coincidiendo con ciertas preguntas que la experiencia de este caso me llevaban a plantearme.

Las preguntas de entonces eran las siguientes: ¿Qué estatuto darle a la transferencia analítica? ¿Se trata de una suplencia que anudaría los tres registros de una manera más eficaz que aquellas otras que el paciente logró por sí mismo?. Si así fuera, ¿No debería, en tanto que suplencia, permitirle al paciente prescindir del analísta?, o por el contrario ¿ tendría que ser un análisis de por vida?.

Retroactivamente me atrevo a responder que la verdadera suplencia fué la obtenida con la lectura de Freud, que provocó un modo de anudamiento de los tres registros y una construcción de la realidad equivalente al fantasma. Después se produjeron esos dos momentos de desestabilización que antes describí, y que fueron seguidos de sus correspondientes respuestas estabilizadoras: la escritura y el análisis. Ahora bien, estas respuestas fueron posibles sobre la base o la matriz establecida por la suplencia edípica.

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