PUBLICACIONES DE PSICOANÁLISIS DE ORIENTACIÓN LACANIANA

Comentario sobre Análisis terminable e interminable

Análisis terminable e interminable. Como seguramente habrán reparado el titulo del texto de Freud es paradójico; se presenta a decir verdad, como un oxímoron barroco es decir como la unión de dos términos que son contradictorios entre sí. Porque Freud no dice Análisis terminable o interminable sino Análisis terminable e interminable. No dice oder sino und. Die endliche und unendliche Anal-vse. En la lectura que los lacanianos hacemos de los textos de Freud hemos tendido a veces a simplificarlos en exceso. En concreto, en relación a este texto, se escucha, o se escuchaba, con frecuencia, decir: el análisis en Freud es interminable porque conduce a un impasse, el famoso impasse de la roca de la castración sólo con Lacan podemos abrirnos a la concepción de un fín,de análisis. El propósito de mi charla es explorar el oxímoron que encierra este escrito de Freud, circular por sus meandros tratando de desenredar un poco la madeja de este-texto, para ver en qué sentido es para Freud el análisis interminable, pero también en qué sentido a partir de él cabe concebir una conclusión del -análisis. No olvidemos que Freud en su texto incluyó el término conclusión. En el capítulo VII nos advierte: “…hemos de. prevenir contra un malentendido. No tengo la intención de afirmar que el análisis es fundamentalmente un trabajo sin conclusión, ohne Abschluss” (1).

Como en otros escritos de Freud no es fácil captar la lógica de este texto. Es un escrito sinuoso, con incisos, paréntesis, con introducción de objeciones examinadas,rechazadas y sin embargo mantenidas. Para tratar de extraer su armazón situaré brevemente lo que se pone en juego en cada uno de sus capítulos.

En el capitulo 1º Freud aborda la cuestión de si sería posible acortar los análisis. Es una reivindicación que Freud plantea en referencia a la ideología,de la eficacia americana, es decir a la ideología de casi el mundo entero. El interlocutor de este capitulo es el hombre con prisa, el hombre moderno que busca una buena relación calidad-precio ¿sería posible en menos tiempo obtener lo mismo?.

Este problema supone que se de una definición de lo que debería ser un final de análisis, lo que hace Freud en el capítulo 2º.
Consistiría primeramente en haber curado, la neurosiSigmund Freud no retrocede ante este término. Pero, además en segundo lugar en haberla curado para siempre. Este para siempre, Freud lo descarta por demasiado ambicioso. En efecto no sólo se presupone que se puede curar totalmente la neurosis, es decir el conflicto presente entre el yo y la pulsíón, sino que además se pretende que deberíamos quedarnos inmunizados contra cualquier conflicto futuro. Freud nos presenta la ambición de una cura que no solo sería un tratamiento sino además una vacuna. El capítulo desemboca sobre los obstáculos que se oponen a esta curación.

Los capítulos 3º, 4º 5º y 6º estudian los obstáculos a la cura de la neurosis.

El capítulo 3º está básicamente consagrado a la pulsión, al obstáculo que las pulsiones pueden constituir Y al problema de la «doma» de la pulsión. Es la expresión que Freud utiliza.

El capítulo 4º hace pareja con el 2º. Si éste versaba sobre la previsión, sobre como saber si la cura va a ser definitiva , el 4º versa sobre la prevención , en concreto sobre si, con ciertas técnicas de activación, se puede ; proteger a un paciente de conflictos’ futuros. La respuesta de Freud que ya estaba anticipada en el capitulo 2º es negativa. «Sí un conflicto pulsional no es actualmente activo, no se manifiesta, no podemos inf luir sobre él ni aun con el psicoanálisis». Freud objeta aquí con verdadera agudeza el proverbio «se debe dejar tranquilos a los perros que duermen». Dice: «El aviso de que deberíamos dejar tranquilos a los perros que duermen, que tantas veces hemos oído en relación con nuestros esfuerzos por explorar el mundo psíquico profundo, es particularmente inadecuado sí se aplica a la vida psíquica. Porque si las Pulsiones están produciendo trastornos esta es la prueba de que los perros no duermen; y sí realmente parecen estar durmiendo, no se halla en nuestras manos el poder despertarlos». Fíjense que Freud dice si parecen estar durmiendo es decir que para Freud siempre hay conflictos porque los perros, esto es las pulsiones, en el fondo no duermen.

El capítulo 5º está consagrado a las dificultades que pueden venir del Ich, de las defensas del yo frente a la pulsión. Es lógico a partir de la idea de que la neurosis tiene dos componentes, la pulsión y la defensa del Ich, que Freud estudie lbs obstáculos que pueden venir de los dos lados.

El capítulo 6º tiene por tema central la pulsión de muerte. El masoquismo, la reacción terapéutica negativa y la necesidad dé castigo del superyo son la prueba de que el ser humano no se halla gobernado exclusivamente por el deseo de placer, sino que existe en él un impulso de destrucción que, como sabemos, Freud llama pulsión de muerte. En el capitulo 6º se,asiste al combate de las pulsíónes. Antes teníamos el conflicto entre el yo y las pulsiones. Ahora el yo ha desaparecido, están las pulsiones que se oponen entre ellas y en el fondo se podría decir que el sujeto es el terreno en el que se oponen las pulsiones. La cima del capitulo 6º es evidentemente el elogio de Empédocles.

En el capítulo 7º se vuelve sobre el presente, y se mira a los analistas, se mira los productos del análisiSigmund Freud lo hace con una mirada un tanto satírica, es un capitulo muy jugoso.

Finalmente en el capitulo 8º encontramos lo que para Freud parece constituir el escollo irrebasable con el que todo análisis tropieza la roca de la castración.

Comienzo por este último capitulo.

En él Freud introduce la idea de que la mayor difícultad, la más irreductible en el análisis, está ligada a la diferencia de los sexos. Algo que los dos sexos tienen, en común la angustia ante la castración toma una forma diferente en cada uno de ellos. En el caso de la mujer Freud dice «envidia del pene». En el caso del hombre no dice temor a la castración, como se esperaría, sino «rechazo de la femineidad». Freud nos da las dos formas fenomenológicas que adopta este tope de la castración en el análisis. En el caso de la mujer episodios de depresión grave, a veces irreductibie, debidos a una convicción interna de que el análisis de nada servirá que nada puede hacerse para ayudarla; y en cuanto al «rechazo de la femineidad» por parte del hombre la sobrecompensación arrogante en relación al analista, dice Freud que produce una de las más intensas resistencias a la transferencia (2). En el caso de la mujer si se deprime tan gravemente es que en el fondo desespera, desespera de recibirlo. Se podría casi decir que ya no cree más que lo obtendrá. Así pues salida analítica de la envidia del pene: la desesperanza obtendrá. Así pues salida analítica de la envidia del pene: la desesperanza. En cuanto al hombre se plantea también en términos de recibir, pero de otra forma. El rechaza recibir, aceptar del analista la curación, rechaza pues estar en deuda con él. Freud precisa que el “rechazo de la femineidad» en el hombre no es el rechazo de la posición pasiva como tal. Esto queda contradicho porque tales hombres presentan, con frecuencia una actitud masoquista o de franca servidumbre hacia las mujeres. «Lo que rechazan no es la pasividad en general , sino la pasividad frente a un varón. En otras palabras la protesta masculina no es en realidad- nos dice Freud- mas que angustia ante la castración».

Esto se manifiesta en la transferencia como una resistencia a la curación, en la medida en que el analista es el analista es el sustituto del padre castrador.
La cosa decisiva es que tanto en un caso como en otro, tanto por la desesperanza del lado de la mujer, como por la «protesta” del lado del hombre, en ambos tropezamos con una resistencia que evita que aparezca cualquier cambio. «Con frecuencia – escribe Freud- tenemos la impresión de que con el deseo de un pene y la protesta masculina hemos penetrado a través de todos los estratos psicológicos y hemos llegado a la roca viva, y que, por tanto nuestras actividades han llegado a su fin”.

Vemos pues que desde esta perspectiva el análisis tropieza con un escollo que lo hace no sin fin, pues Freud dice «nuestras actividades han llegado a su fin”, pero sí sin conclusión, es decir que el análisis llega a un punto de impasse.

Es sabido que Lacan dio pasos decisivos para superar el impasse freudiano. No es mi cometido hacer aquí el desarrollo de la trayectoria seguida por él en este sentido. Me limito a recordar que un paso decisivo se da en La dirección de la cura con el desplazamiento que produce Lacan de la problemática del tener a la problemática del ser. Ello le permite concebir una salida al impasse. La problemática del tener que adopta formas diferentes según cada sexo es secundaria respecto de la problemática del ser, en la que Lacan, por cierto, en contraste con Freud, no hace diferencia según los sexos. El final del análisis supone en ambos sexos dejar de creer que se es el falo que completa al Otro. De ello se deriva, ahora sí, una diferente posición en relación al tener cajón cada sexo. Cito: «hace falta que el hombre macho o hembra -así pues el hombre en sentido genérico acepte tenerlo y no tenerlo a partir del descubrimiento de que no lo es. Descubrimiento que resuelve según Lacan aquello en lo que consiste el impasse de la neurosis o como él lo designa con una bonita expresión, el paso vacilante del neurótico. El neurótico vacila entre creer y no creer que es el falo para el Otro. 0 lo que es lo mismo la vacilación de la neurosis consiste en que el sujeto neurótico no quiere creer que en el Otro hay falta, vacila en creer lo que experimenta. Vacila en el fondo entre A barrado Y A sin barrar. La salida a la vacilación es una adquisición de saber en la medida en que se cree en lo que se experimenta, es decir, en la tachadura del Otro».

Volviendo al texto de Freud Análisis terminable e interminable, que bien puede considerarse como su testamento, es evidente, como señala Lacan, que «si de algo tenía él conciencia, era, justamente, de no haber penetrado en la tierra prometida». No obstante se puede mostrar que hay en Freud una idea muy precisa del fin de análisis y que, lejos de limitarse a la idea de impasse sobre el tema de la castración, no está tan alejada, de algunas formulaciones de Lacan sobre fin de análisis. Por supuesto esa idea de fin de análisis que se puede rastrear en Freud nada tiene que ver con la tierra prometida.
Justamente otra parte de este texto donde se nos hace bien patente que el análisis no conduce a ninguna tierra prometida es el final del capitulo II y el capítulo III donde Freud analiza la inercia del factor cuantitativo, esto es el obstáculo que la pulsiones pueden constituir.

Por qué dice Freud que el factor cuantitativo puede constituir un obstáculo? Esto solo puede entenderse si se tiene en cuenta la practica de Freud en sus primeros casos clínicos. Isabel R, Emma, Dora, le aportan recuerdos, relatos significantes, Freud los descifra y les explica que la enfermedad está ahí en la relación de una palabra con otra palabra. Pero «el factor cuantitativo” significa que hay que tener en cuenta que hay algo que no se reduce a la ‘relación de un significante con otro significante, y que por consiguiente es refractario a la interpretación. El factor cuantitativo de la pulsión, es lo que no es descifrable.

La cuestión de la duración del análisis se juega en el eje entre el yo y el factor cuantitativo de la pulsión. Dice Freud, en el capitulo II: “Una intensidad constitucional de la pulsión y una alteración desfavorable del yo adquirida en la lucha defensiva en el sentido de que resulte dislocado y restringido, son los factores perjudiciales para la eficacia de un análisis y pueden hacer su duración interminable» (6). Existe una fuerza especial de la pulsión , un factor cuantitativo, que no llegamos a dominar, que el yo no llega a dominar, y que obliga al yo a deformarse de todas las maneras posibles. Es decir que en la lucha defensiva contra la pulsión, el yo se altera , se deforma y esta alteración adquirida por el yo en la lucha defensiva contra la pulsión Freud la caracteriza con los términos de «dislocación» y de “restricción». Son términos en especial el de «dislocación» bien próximos de la idea de división del sujeto. Cuando Freud dice: el yo se defiende contra la pulsión, Lacan traduce: el objeto a divide al sujeto. (7)

Freud habla todo el tiempo en términos de dominio (Herrschaft), el yo debe dominar a la pulsión, domesticarla (Bándigung). Es aquí donde la Ego psychology construye su concepción del yo. Es cierto que este texto permite decir que el yo es para Freud una función de dominio. Pero es a condición de no olvidar que toda la demostración de Freud va en el sentido contrario. Como señala Miller (8), lo que verdaderamente dice Freud en este texto es que este dominio no se cumple nunca. Hayb siempre un resto. El texto no está hecho para decir: se llega a hacer síntesis de esta dominación sino que a partir de esta idea de dominación muestra que hay siempre manifestaciones residuales. En el capitulo III Freud escribe: «Un agudo escritor de la vieja Austria Johan Nestroy , dijo una vez: ‘Cada paso adelante es sólo la mitad de largo de lo que parece al principio’. Es tentador atribuir una validez general a esta frase maliciosa. Casi siempre quedan fenómenos residuales, una secuela parcial(…). Nuestra primera idea de la evolución de la líbido era que una fase primitiva oral daba paso a otra fase sádico-anal y que esta a su vez era seguida por una fase fálico-genital. La investigación posterior no ha contradicho estos “puntos de vista” pero los ha corregido al añadir que estas sustituciones no tienen lugar repentinamente , sino de un modo gradual, de modo’ que siempre persisten fragmentos de la antigua organización al lado de la más reciente, y aún en la evolución normal la transformación nunca es completa, y en la configuración final pueden persistir todavía residuos de fijaciones libidinosas anteriores. Lo mismo se ve en campos completamente diferentes.

De todas las creencias erróneas y supersticiosas de la Humanidad, que se supone han sido superadas, no existe ninguna cuyos residuos no se hallen hoy entre nosotros, en los estratos más bajos de los pueblos civilizados o en las capas superiores de la sociedad culta. Lo que una vez ha llegado a estar vivo se aferra tenazmente a conservar la existencia (9). Freud nos ilumina aquí, como en un relámpago, la causa de la pervivencia de las creencias que no es otra que su enraizamiento en las pasiones, es decir que si las creencias y supersticiones perviven en épocas en las que supuestamente debieran ya haber sido superadas, cosa que es siempre motivo de extrañeza y de escándalo para los historiadores del pensamiento, es porque estas creencias, estos significantes, comportan un goce. De los residuos de las más antiguas formas de goce pulsional a los residuos de las más antiguas creencias, la función del residuo,del resto, está omnipresente en el texto freudiano. Como ha señalado Miller este texto de Freud es verdaderamente una “especie de sinfonía del resto” (10).

Ligado a esta cuestión de ese resto de goce pulsional, que persiste siempre, está también lo que Freud llama en el capitulo VI la «adhesividad o la viscosidad de la libido». Se observa que los procesos que el tratamiento pone en marcha son mas lentos en unas personas que en otras. Esto depende de la adhesividad de la libido es decir del hecho de no poder acostumbrase a separar las catexias, o lo que es lo mismo a separar la concentración de libido sobre un objeto o idea para transferirla a otro 11. A Juzgar por lo que sabemos no seria quizás demasiado arriesgado decir que Freud era un hombre que tenla una libido bastante viscosa. Al parecer no fue hombre de muchas mujeres, permaneció por lo que se sabe básicamente adherido a una.

En cuanto a la adhesividad a las ideas, la extensa obra de Freud es una perpetua reflexión sobre lo mismo y si bien se observan modificaciones a lo largo de ella, sabemos que Freud mantiene desde el principio hasta el final, contra viento y marea, lo que fueron las concepciones nucleares de su descubrimiento inicial. Con esto quiero decir que la viscosidad de la libido es un factor que sin duda alarga la duración de un análisis, pero no se si es condenable. Algunos como Freud, con esta viscosidad supieron hacer cosas realmente interesantes. La cuestión no es pues como eliminar ese residuo de goce que Freud mismo nos dice que es ineliminable sino qué hacer con él o cómo hacernos con él. Y cualquier posibilidad de pensar un final de análisis que no sea una mera interrupción, sino que suponga que se ha alcanzado una conclusión, pasa por admitir- y esto Freud no nos lo puede decir más claro- que hay un resto de gocé con el que tenemos que vivir.

Como ya dije antes el texto de Freud sobre Análisis terminable e interminable no se limita a la idea del impasse sobre el tope de la castración sino que contiene una Idea de fin de análisis muy precisa y no tan alejada de la de Lacan pese a las apariencias. En realidad como ha señalado Colette Soler, lo que Freud llama una neurosis curada está bastante próximo de lo que Lacan llama identificación al síntoma (12).

Freud nos dice que el final de un análisis supone la curación de la neurosis. Hoy en día este termino nos hace casi reír pues tenemos la idea de que la neurosis es en sí misma incurable, que se pueden conseguir algunos arreglos pero que, en el fondo, “aunque el neurótico se vista de seda neurótico se queda».

En el capitulo Il Freud dice con gran simplicidad en que consistiría este final de análisis: «Un análisis ha terminado cuando el psicoanalista y el paciente dejan de reunirse para las sesiones de análisis». Esta lacónica frase podría hacernos creer que Freud confunde el final con una simple interrupción. Pero no es así por que a continuación precisa que se requieren dos condiciones para el final: del lado del paciente «que el paciente no sufra ya de sus síntomas y haya superado su angustia y sus inhibiciones (13)”; y del lado del analista hará falta que juzgue que lo reprimido se ha hecho consciente, que lo incomprensible ha sido elucidado y que suficiente resistencia interior ha sido vencida.

En lo que Freud llama elucidación de lo incomprensible no es difícil reconocer que se trata del desciframiento del síntoma, el descubrimiento del mensaje del síntoma. En cuanto a la expresión «volver consciente lo reprimido» hay que tener presente que para Freud lo reprimido son los representantes de la pulsión. Así pues «volver consciente lo reprimido» en Freud significa una cierta apercepción, no sólo de lo que llamamos inconsciente sino del registro pulsional mismo. En cuanto a lo que Freud llama vencimiento de una resistencia interior se trata de una resistencia intra-psíquica que es el efecto de la defensa del yo fuente a la pulsión.

Tenemos tendencia a pensar también que cuando Freud dice curación se limita al campo de lo terapéutico. Pero como vemos, lo que el llama curación implica un efecto epistémico, una ganancia de saber -lo desapercibido se ha desvelado, lo incomprensible se ha elucidado-. Asimismo lo que él llama vencimiento de la resistencia interna implica una modificación del Ich, esto es un cambio de posición subjetiva que consiste en consentir, consentir en saber y en soportar aquello de lo que no se quería saber, o aquello que no se puede evitar. Así pues está conceptualización de Freud implica una modificación del sujeto. Lo que abre, dicho sea de paso, la pregunta de en qué medida puede disociarse el cambio del sujeto del cambio del síntoma.

Freud apunta que hay dos maneras de entender «el ambiguo término final de un análisis” (14).
Una manera de entenderlo sería que estas condiciones recién señaladas se cumplieran tan integra y perfectamente que ya no hubiera que temer una repetición de los procesos patológicos en cuestión. Freud, cómo dije antes, descarta la idea de que se pueda inmunizar al enfermo contra patologías futuras. El análisis no es preventivo. Por tanto si se tiene la idea – que Freud descarta – de la prevención contra patologías futuras, hay que reconocer. dice Freud, que el análisis es siempre incompleto o inacabado (15), y que no hay propiamente hablando final de análisis.

Pero hay otro sentido de «final de análisis” que sorprendentemente Freud califica de mucho más ambicioso. Dice así: «El otro significado de «terminación» de un análisis es mucho más ambicioso . En este otro sentido lo que preguntamos es si el analista ha tenido uña influencia tal sobre el paciente que no podrían esperarse mayores cambios en él aunque se continuara, el análisis (16)”. Se trata, en el fondo, de la idea de empujar el proceso analítico hasta un estado del sujeto tal que se podría pensar que se ha alcanzado un límite de imposible. No se puede no evocar aquí, con Colette Soler, el término de Lacan producir lo incurable (17). La diferencia es que Freud no lo formula en absoluto en términos de incurable sino que habla de normalidad psíquica e incluso de hombre sano.

Porque Freud piensa que existe el hombre sano. Nosotros lo dudamos, no se si nos equivocamos o no. Pero en todo caso Freud nos da una definición de hombre sano que no es el neurótico. El hombre sano no es el hombre sin pulsión. Freud nos dice que no se trata en la curación de hacer desaparecer la demanda pulsional (y hay que prestar atención a la presencia en Freud antes que en Lacan del término demanda (Anspruch) para referirse a la pulsión) que no «se trata pues de hacer desaparecer la demanda de modo que nada se vuelva a oír de ella nunca». Pues -nos dice Freud- «Esto es, en general, imposible, y tampoco es en absoluto deseable (18).»

Esto sí que es verdaderamente sorprendente. No sólo Freud considera que el total sojuzgamiento de las pulsiones por el Ich es imposible pues siempre queda un resto, sino que además es indeseable. Dicho de otra manera, hay una parte del goce que no sólo no se puede sino que no se debe prohibir al sujeto. Entonces el hombre sano no es un hombre sin pulsiones ni sin conflictos, es un hombre sin síntomas, es un hombre que consigue tratar algunas de sus exigencias pulsionales sin pasar por la represión. Logra de este modo dos cosas, nos dice Freud, tratar las demandas pulsionales de una manera más armónica, más aceptable para el Ich y correlacionar las pulsiones entre sí.

Como vemos la cuestión que está abordando aquí Freud es la que nosotros nos solemos plantear cuando nos preguntamos ¿Qué es lo que ocurre con las pulsiones al final del análisis? 0 dicho de otro modo, ¿cuales son los destinos pensables de las pulsiones? Cabe recordar tres.
-Hay, en primer lugar un consentimiento a la satisfacción pulsional. Ese, es un cambio posible.
-Hay otro que es la sublimación de las pulsiones.
-Después hay un tercero, que Freud evoca aquí, que es la represión lograda.
En este texto, de estos tres destinos, Freud omite la sublimación. No evoca más que el caso I, consentir a la pulsión y el caso III reprimir eficazmente la pulsión.
Freud plantea de manera muy precisa qué sucede con las represiones al final de un análisis. Nos dice así: «…el psicoanálisis permite al yo que ha alcanzado mayor madurez y fuerza emprender una revisión de esas antiguas represiones; unas pocas son destruidas, mientras otras son reconocidas, pero reconstruidas con un material más sólido (19).»
Es decir, que a partir del reconocimiento de la represión hay dos posibilidades: destrucción de la represión y reconstrucción. Reconocer la represión es un efecto del análisis que se sitúa en el plano de la adquisición de saber. Destruir y reconstruir están en otro plano, no están en el plano del saber, están en el plano de lo que llamamos la posición del sujeto, su consentimiento o su rechazo. Es del orden de un quiero lo que deseo o un no quiero lo que deseo. Esto significa que el elemento de goce pulsional cae bajo el peso de una cierta cosa como una decisión. Porque no se trata evidentemente de una decisión que el sujeto tomaría después una meditada y juiciosa deliberación, sino que es una decisión que es del orden de la oscura decisión del ser. Pero en fin, a pesar de todo decisión, porque en un caso represión destruida quiere decir elemento pulsional admitido, quiere decir que el sujeto que.había rechazado primero esta exigencia pulsional llega a consentir. La acepta. Es decir, acepta un modo de gozar que había rechazado hasta ahora. Pero Freud nos dice que también puede, por el contrario, reconstruir con un material mas sólido las represiones, es decir, también puede renovar el rechazo al goce, renovarlo y reforzarlo.

Como vemos el fin de análisis comporta para Freud una doble faz. Hay por un lado un no al goce, pero hay también un sí al goce. No todo es prohibición de goce, aunque tampoco todo es goce sin límites. Hay que constatar también que Freud no considera que el análisis cambie la exigencia pulsional, considera que cambia su tratamiento por la represión, cuestión ésta que depende de la decisión del sujeto.

¿Qué dice Lacan respecto a la cuestión del goce al final del análisis?
En el Acto analítico cuando evoca el saldo cínico del final del análisis señala que el goce tenido por perverso está simple y llanamente permitido, lo que quiere decir que no es imposible, que hay alguien qué lo autoriza. Y, añade que se haga o no uso de él. Es exactamente la misma posición de Freud. Que se haga uso o no uso quiere decir que el sujeto puede entregarse al goce pero puede también rechazarlo. Porque Lacan lo ha dicho, no se puede querer no desear porque eso ya es un deseo pero sí se puede querer no gozar. El fin del análisis no proclama que el goce que había sido rechazado deba pasar a la práctica. Contrariamente a ciertos ecos que se escuchan a veces. Me parece que cuando Lacan habla del saldo cínico del fin del análisis está sosteniendo como Freud que en el fin de análisis están implicados un sí y un no. Hay ciertamente un no a ciertas formas de goce que mortifican al sujeto, pero hay también una parte, un saldo de goce que le está permitido al sujeto.

Evidentemente esto lleva a la cuestión de la identificación al síntoma. Puede sorprender aproximar a Freud a esta formulación lacaniana dado que Freud dice que el hombre que no es neurótico es un hombre que tiene pulsiones, pero no tiene síntomas. No se puede decir eso en términos de Lacan porque todo el desarrollo progresivo de sus formulaciones lo lleva a considerar que todo sujeto tiene síntoma. Sólo que ya no se trata de la misma definición de síntoma. Entonces aunque Freud y Lacan empleen términos diferentes puede sostenerse que existe entre ambos una posición ética común. De la identificación al síntoma habría que hablar como es obvio, mucho mas largamente . Por el momento puede decirse que la identificación al síntoma supone que el síntoma es algo que no se atraviesa. La identificación al síntoma quiere decir que con el síntoma tenemos que vivir, que debemos hacer con. «Llegar a identificarse al síntoma significa que yo soy gozo (20).» La identificación al síntoma que puede marcar el fin de análisis según Lacan, para definirlo de la forma más elemental consiste en asumir un goce . Y esto no está muy lejos de las formulaciones planteadas por Freud en Análisis terminable e interminable.

Como vemos en este texto Freud no plantea que necesariamente el análisis sea interminable. A decir verdad hay sólo un análisis que Freud considera interminable , aunque no sin conclusión, y esto aunque pueda sorprendernos es precisamente el análisis de los analistas, de los que Freud dice cosas muy sabrosas en las que hoy no tengo tiempo de detenerme .

NOTAS

1. FREUD: Análisis terminable e interminable. Biblioteca Nueva, Madrid 1913, Vol IIII p.3.362
2. FREUD: op. dit cf. p. 3.364
3. FREUD: op. cit nota no 1506 p. 3.364
4. FREUD: op. cit P. 3.364
5. LACAN: Escritos técnicos Paidós, Barcelona, Buenos Aires, 1981 p. 31
6. FREUD: op. cit Cap II p. 3.342
7. MILLER: Marginalia de Milán. Sobre Análisis terminable e interminable en Revista Uno Por Uno no 37 (Oct-Dic) 1993 p.23
8. MILLER OP. cit p. 24
9. FREUD: op. cit p. 3.348
10. MILLER: Marginalia. Sobre análísis terminable e interminable. Revista Uno por Uno no 37 P. 22
11. FREUD: op. cit cf cap. VI p. 3.356
12. C. SOLER: Les variables de la fin de la cure. Cours 1992-93. Université Paris VIII
13. FREUD. OP, cit, cap II p. 3.341
14. FREUD: ibid
15. FREUD: ibid
16. FREUD: ibid.
17. C.SOLER: op. cit p. 27
18. FREUD: op. cit p. 3.345
19. FREUD: op. Cit p. 3.347
20. MILLER: “El hueso de un análisis” Editorial Tres Haches, Buenos Aires 1998 p. 73

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