El Fenómeno Psicosomático entre la medicina y el psicoanálisis


 
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El campo de la psicosomática muestra el fracaso de la medicina para dar cuenta de ciertas lesiones corporales para las que no encuentra causa orgánica alguna. Ante este impase el discurso de la medicina, caracterizado durante el siglo XIX por una marcada tendencia biologicista, acepta la hipótesis de una causa psíquica para las enfermedades llamadas psicosomáticas. Sin duda, la aparición del psicoanálisis a principios del siglo XX tuvo algo que ver en ello. Sin embargo, los primeros psicoanalistas interesados en este nuevo campo de la psicosomática terminaron por alejarse del psicoanálisis. La extensión del término “psicosomática “no ha hecho más que favorecer la confusión alrededor de la supuesta “causa psíquica” convertida en un cajón de sastre donde se pueden poner las causas más diversas, desde los factores de personalidad a las emociones, pasando por el stress o el déficit de personalidad.

El psicoanálisis a partir de la enseñanza de Jacques Lacan, hace una clara distinción entre el síntoma y el fenómeno psicosomático (FPS). El síntoma está conectado al inconsciente, es portador de una verdad inconsciente del sujeto y es la forma en que cada uno goza de su inconsciente. En el síntoma, el inconsciente, el goce y el cuerpo se anudan.

El FPS, por el contrario, es el testimonio del fracaso del inconsciente para cifrar un goce que se escribe directamente en el cuerpo lesionándolo. La escritura del FPS no está hecha para ser leída , es una escritura real del orden del número que excluye lo simbólico. En el FPS, el cuerpo, el inconsciente y el goce no están anudados. Sólo hay dos dimensiones en juego: un goce real y el cuerpo, en su dimensión imaginaria. El goce real hace intrusión en el cuerpo como cuerpo imaginario lesionándolo sin pasar por la dimensión simbólica. Se trata de un real sin ley, de un real absolutamente excluido de lo simbólico, por fuera del saber y del sentido. Es el real lacaniano.

El FPS es mudo

La medicina concibe lo real de otra manera. Para la medicina hay saber en lo real y cuando logra descubrir el saber que explica una enfermedad psicosomática, deja de diagnosticarla como “enfermedad psicosomática”. La medicina excluye el sujeto, orientándose por pruebas científicas, no tiene necesidad de escuchar al paciente.

El psicoanálisis, al contrario, tiene en cuenta al sujeto, no hay psicoaná- lisis sin sujeto. Este sujeto no es el sujeto psicológico ni el yo del paciente sino el sujeto del inconsciente. Sólo la escucha analítica puede permitir el diagnostico de un FPS y diferenciarlo de un síntoma.

No se habla de la misma manera de un FPS y de un síntoma. Cuando un sujeto habla de su síntoma se siente concernido por él, incluso si no sabe lo que ese síntoma quiere decir y va a ver a un psicoanalista para descifrarlo. El síntoma tiene un valor de verdad, el sujeto sabe que eso le concierne y en el recorrido de un análisis puede descubrir el sentido inconsciente de su síntoma así como el goce que en él se satisface. Por el contrario, el sujeto no se siente representado por su FPS, éste es para él un cuerpo extraño, algo que se le impone y que no puede subjetivar como propio ni como del Otro, tampoco.

La medicina y el psicoanálisis no tratan el mismo cuerpo, para la medicina el cuerpo es equivalente al organismo, para el psicoanálisis el cuerpo no se confunde con el organismo, el cuerpo es el resultado del encuentro entre Lalengua y el viviente. En este encuentro pueden ocurrir diversos accidentes, el FPS es uno de ellos. El cuerpo, en el psicoanálisis, está articulado al sujeto, sin confundirse con él, decimos “tengo un cuerpo” y no “soy un cuerpo” porque el ser no nos lo da el cuerpo sino el hecho de hablar, de ahí la invención por parte de Lacan del término “parlêtre” (ser hablante).

Si bien Lacan no habla mucho del FPS, sin embargo sus indicaciones son muy valiosas. En el Seminario XI, en 1964, lo aborda desde el punto de vista del significante, tomando la holofrase como modelo. La holofrase es un término lingüístico que le sirve para dar cuenta de una serie de casos en los cuales el significante se presenta pegado, no separado por el intervalo que hay entre los significantes, correlativamente el significante en la holofrase deja de tener valor simbólico y se convierte en imaginario perdiendo su propiedad fundamental: la de separar el cuerpo del goce. Se puede decir que Lacan en ese momento piensa el goce fijado en el FPS según el modelo del objeto “a” pero en su estatuto de no descontado, lo que implica una desintrincación pulsional.

Once años después, en la Conferencia de Ginebra sobre el síntoma, abordará el FPS a partir del goce específico que el FPS fija. El goce específico del FPS se distingue del goce del síntoma, por eso lo llama específico y Lacan afirma ahí que se puede esperar que el inconsciente, la invención del inconsciente en el análisis, pueda permitir cifrar algo de ese goce específico, real, lo que supondría un cambio de escritura.

El FPS tratado por el psicoanálisis

El ejemplo que voy a tomar está sacado de mi propia experiencia analítica.

Una enfermedad autoinmune

La razón por la que fue a analizarse fue un duelo que no había podido hacer. Su madre había muerto cuando ella sólo tenía ocho meses de edad y lo que le fue transmitido de ese acontecimiento fueron las palabras escuchadas en su infancia a las vecinas del pueblo en el que había vivido, cada vez que las encontraba estas mujeres exclamaban: ¡AY! ¡Si su madre la viera! Una jaculación que invocaba la mirada de la madre muerta.

Esta jaculación se escribió en su cuerpo como una holofrase, aysisumadrelaviera, escucharla le producía un gran malestar. Era un trozo del discurso pre-constituido del Otro, una forma de hablar de la gente de ese pueblo, de la que el sujeto no logró apropiarse. Lacan el el Seminario I dice que toda holofrase remite a situaciones límite en las que el sujeto queda suspendido en una relación especular con el otro. La holofrase es un defecto de incorporación de lo simbólico que hace que lo imaginario se encuentre directamente conectado con lo real. Si la holofrase invocaba la mirada de la madre muerta, el síntoma que la acompañó durante su infancia fue un persistente dolor de oídos.

Sin haber pensado en ello, la holofrase Sisumadrelaviera, surgió de su boca en la primera entrevista con su analista. Ella no había pensado en esa frase durante años. También recordó en la primera entrevista, una frase que había escuchado decir a uno de sus primos. ¡Qué suerte ha tenido la niña con doña María!, la segunda mujer de su padre. Las dos frases escuchadas en su infancia tenían relación con la muerte de su madre. El duelo imposible por el cual estaba en análisis había empezado a hacerse.

1.- El desencadenamiento de la enfermedad:

Pasaron treinta años, la niña era ya una mujer, su padre enfermó gravemente y a ella le angustió un presentimiento. “la muerte anunciada de su padre sería un peligro para ella”. No se trataba de una superstición, ella no era supersticiosa, en absoluto, pero no podía alejar de sí este inexplicable presentimiento.

Ese padre, tan querido, murió, ella estaba a su lado, pero cuando el murió ella no sintió nada, ni tristeza, ni dolor, estaba sumida en un extraño estado de congelación. Los afectos que normalmente acompañan la pérdida de un ser querido no se presentaron: ni tristeza, ni lágrimas, nada.

Los afectos son efecto de Lalengua sobre el cuerpo, afirma Lacan en el Seminario XX, hay que tomar la falta de afecto como un signo, el signo de un accidente en la constitución del cuerpo, cuando los afectos faltan es porque el cuerpo no ha sido afectado como debiera por Lalengua. En consecuencia, ella no estaba afectada por la pérdida de un padre al que tanto había querido.

Poco tiempo después, una enfermedad del sistema inmunológico se desencadenó: el lupus afectaba fundamentalmente su piel y sus articulaciones, tuvo que ser hospitalizada y tratada con grandes dosis de corticoides, su vida parecía amenazada.

En esas circunstancias conoció al hombre con el que comparte su vida y comenzó un análisis en París. A posteriori, pudo darse cuenta de que el peligro que su presentimiento le anunciaba era un saber inconsciente inscrito de la estructura: un duelo no hecho impide hacer otro. En el lugar de lo que habría podido ser un síntoma, surgió la enfermedad, las manchas rojas sobre su piel fueron los primeros signos de la misma, lo real se había escrito directamente sobre el cuerpo.

La mancha roja escrita sobre su piel atrae las miradas, según Lacan, la mancha es equivalente a la mirada y diferente de la visión, la macha es una forma de la mirada. Esa mirada invocada de su madre muerta lesionaba su piel. La separación del cuerpo de la madre no se había realizado del todo, la holofrase sisumadrelaviera había funcionado como una memoria de goce que se activó en el momento en que se vio confrontada de nuevo con la necesidad de hacer otro duelo.

Durante el análisis, ella no hablaba del lupus, no hablaba de eso porque no había nada que decir, incluso cuando sufría dolores en las articulaciones, no se quejaba, porque no había nadie a quién dirigir esta queja, no había Otro porque el FPS cortocircuita el Otro. El lupus era para ella un real sin ley del que se ocupaba la medicina. Sin embargo si hablaba de su dificultad para hacer el duelo y de sus problemas con la separación, a veces se separaba de amigos queridos sin sentir su pérdida, otras veces no podía separase de amores estragantes.

Sin duda, la separación de su analista no podía hacerla de cualquier modo y sobre todo quería estar segura de haber llegado al final. El análisis duró 19 años, ella quiso obtener cierta posición frente a lo real presente en su cuerpo, una posición que no fuera triste.

Durante el análisis la dimensión escópica se reveló de diferentes maneras: en los sueños, en los síntomas histéricos de la visión y a través de dos alucinaciones imaginarias, en una de ellas después de haber hablado en sesión del fin de su análisis, cuando llegó al hall de su hotel, vio a una mujer que no tenía nada de particular más que el hecho de no existir, enseguida se dio cuenta de que allí no había nadie, ¿de dónde había salido esa visión alucinada? La otra alucinación imaginaria la tuvo estando en Madrid en su consulta, ese día se sintió angustiada y se asomó al balcón de la consulta, en ese momento “vio” una pantalla TV en la que una locutora hablaba con una voz cada vez más baja. Situada en el marco de la ventana vio otro marco, el de la pantalla TV, en el cual sus dos objetos privilegiados, la mirada y la voz estaban en escena. El efecto de esta “visión” fue la desaparición de su angustia, la angustia está enmarcada nos recuerda Lacan. Esta serie de fenómenos, en el que incluyo el FPS, dan cuenta de un real que no pudo ser historizado.

Por otra parte, una demanda a su analista para que mirara las manchas de su piel, diciéndole que si no las veía no la iba a creer, muestra que el FPS no tiene relación con la creencia como sucede con el síntoma. El sujeto no cree en su FPS como cree en su síntoma, por eso convoca otra dimensión.

Durante el análisis se produjo la caída de una identificación fálica a una insignia paterna: el valor. Una insignia cuyo régimen de goce era también escópico. Pero, a pesar del privilegio de la dimensión escópica, lo invocante estaba detrás: “Que se diga queda olvidado tras lo que se dice en lo que se oye” nos recuerda lacan en L´Étourdit, la mirada de la madre muerta tenía el estatuto de una jaculación, era una mirada invocada, fue necesario que fuera dicha.

2. Accidentalmente un acting out trata la holofrase:
“Roban a un niño”

Ocurrió mientras trabajaba en la consulta de una colega enferma de cáncer. Esta mujer solía decir que si aún no había muerto era porque quería ver crecer a sus hijos. Un día llamó una señora para que la colega enferma tratara a su hijo. Sin pensarlo dos veces decidió ser ella quien tratara a ese niño. “Robó un niño”.

Le robó un niño a la mirada de una analista que estaba condenada a morir, lo hizo sin culpabilidad y cuando lo contó en su sesión de análisis, su analista interpretó el acting out diciendo. “Ella no lo va a ver crecer, él no la va a ver morir”. La interpretación le produjo un estremecimiento, la tocó.

El acting out se dirige al Otro, conecta con el deseo del Otro y al hacerlo introduce el intervalo entre los significantes pegados de la holofrase deshaciendo lo que sisumadrelaviera había soldado. La interpretación acentuaba también el límite a lo que se puede ver, ella no lo va a ver…el no la va a ver…, de esta manera la mirada se separó de la muerte y se vació de la visión. Dos operaciones imprescindibles para poder hacer el duelo, para poder separarse del cuerpo de la madre. Pues mientras mirada y muerte estuvieran soldadas y mirada y visión confundidas, la pérdida no podía inscribirse simbólicamente y el duelo no podía hacerse.

El psicoanálisis no trata directamente el FPS, hacerlo es imposible. El psicoanálisis trata el síntoma e, indirectamente puede surgir la oportunidad de que a través de un medio indirecto, en este caso fue un acting out, se pueda deshacer la holofrase que había fijado ese goce especifico. El efecto se hizo sentir en la pacificación de la enfermedad y de sus manifestaciones.

Este acting out marcó un antes y un después en el análisis, un análisis que fue equivalente al trabajo de un duelo.

Entonces ella decidió no permitir a los médicos que siguieran fotografiando sus lesiones y encontró un médico dispuesto a escucharla. El trabajo del deseo del analista contrariando la pulsión de muerte logró que pudiera hacer el duelo separando la madre de Lalengua, hasta entonces confundidas.

En las últimas sesiones del análisis otra interpretación vino a agujerear la lengua del sujeto: había pasado el tiempo y sus ganas de concluir el análisis se convirtieron en urgencia. Un día, en una sesión, por un motivo del que no se acuerda, volvió a mencionar la frase “si su madre la viera”, su analista entonces dijo: eso viene de lejos. Al oírla pensó que era un comentario anodino, bien sabía ella que eso venía de lejos, sin embargo de repente el vértigo y la angustia se apoderaron de su cuerpo. La interpretación “eso viene de lejos” se comportaba como el significante nuevo que sin añadir ningún sentido agujerea Lalengua del sujeto permitiendo que el sujeto se sumerja en el agujero. Los afectos de angustia y vértigo, dos acontecimientos del cuerpo, eran prueba de ello.

Para concluir un análisis hay que pasar, del significante amo al cual el sujeto está identificado, al agujero de Lalengua, es un pasaje necesario que no se hace sin dejar restos.

Araceli Fuentes

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