El furor de la ciencia


 
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Uno de los más últimos embates que ponen en guardia a los psicoanalistas por parte del discurso de las tecnociencias, es la Campaña contra la Depresión, promovida por radio, televisión, afiches por el Instituto Nacional de prevención y de educación para la Salud de Francia, quien ha editado un Boletín en el que mantienen que “todo puede ser medicalizado y curado”: el dolor de existir, el sufrimiento moral, hasta el duelo. Han celebrado el 9 de octubre el Día de la Depresión, que ya fuera establecido hace algunos años en EE.UU. Ante ello, J.A. Miller ha iniciado una campaña para oponerse a ésta y a las nuevas utopías sociales autoritarias, a la utilización del antidepresivo como médicamento genérico de síntomas diversos. Manaña 24 de noviembre se realizará el Forum Extraordinario de Le Nouvel Ane, en París, bajo la fórmula:”No al todo-cuantificable! No al fanatismo de la cifra!”.

En franca resonancia con ello, es que aprovecho esta reunión no prevista, para tomar la cuestión del síntoma, en esta época, atravesada por el superyó social, para dar una pequeña vuelta sobre la cuestión del sujeto que comporta el psicoanálisis, a diferencia de aquel con el opera la ciencia.

Hay distintas maneras de acercarse a la concepción psicoanalítica del síntoma. Pero siempre se hace necesario, en primer lugar, esclarecer de qué sujeto hablamos y cómo queda éste definido.

El sujeto del que trata el psicoanálisis es el sujeto del significante, transportado por el significante en su relación con otro significante , sujeto articulado formalmente por Lacan a partir del descubrimiento del inconsciente hecho por Freud. Debe distinguirse “severamente tanto del individuo biológico como de toda evolución psicológica subsumible como sujeto de la comprensión”, vuelve a insistir Lacan en el año l965, en el seminario “El Objeto del psicoanálisis”, en su primera clase, para recordarnos la singularidad de este sujeto.

En las páginas anteriores se había ocupado de definir cada uno de los diferentes campos en donde está en juego una particular relación del sujeto con el saber y la verdad, como causa.

Por ello, puede afirmar que -en su aspiración a hacer del psicoanálisis, a acercar el discurso que lo incluye al orden del mathema- “en cuanto a sujetos de la ciencia psicoanalítica, es a la solicitación de cada uno de estos modos de la relación con la verdad, como causa, a la que Uds. tienen que resistir”.

No me voy a detener en la caracterización de la causa, en la religión, en la magia, pueden ir a un texto que está en los Escritos, “Ciencia y Verdad”, donde desarrolla exhaustivamente esta problemática de la relación del sujeto, dividido entre un saber, inconsciente y una verdad, que esta como causa y a la que desconoce.

La ciencia, no se ocupa del sujeto que sufre. Justamente para operar, debe “saturar al sujeto que implica” (El objeto del Psicoanálisis, l965. 1ª clase), en otros términos Lacan habla de que el sujeto de la ciencia es un sujeto forcluido, al modo en que adscribe ese mecanismo como especifico de la psicosis. Ese sujeto que deja fuera la ciencia, es aquél del que se ocupa el psicoanálisis. La ciencia, no quiere saber nada de la verdad que causa el síntoma que presenta el sujeto, no quiere saber nada de su sufrimiento subjetivo. Lo reduce, como se da a ver en esa promoción de la medicalización para acallar lo que el síntoma grita, a un organismo, a lo más a un individuo que psicologiza, desconociendo eso que allí se hace oir.

El discurso dominante en nuestra época de la ciencia y del discurso capitalista, no es sin consecuencias. Eso le hace decir a J.A.Miller, hace algunos años, que “así como el capitalismo crea los síntomas que entonces, lo acompañan, también este furor de la ciencia, trae los suyos impensables en otro horizonte subjetivo, en otro momento histórico.

Vaya como otro ejemplo vivo, lo que se puede leer en la portada del periódico, como nuevo descubrimiento de la ciencia: “Un nuevo hito permitirá crear tejidos sin usar embriones”. Se podrán crear células madres a partir de piel de adultos y niños. Los investigadores han logrado darle la vuelta al reloj del desarrollo biológico y, a partir de la manipulación de varios genes, convertir una célula de piel en otra, que se comporta y actúa como si fuera embrionaria, capaz, por tanto de transformarse en cardíaca, o sea, neuronal o de cualquier otro tipo. ¡Se crea vida en el laboratorio!

A la vez, este hallazgo desmonta el debate sobre la clonación terapeútica. El ciéntifico creador de la ovejita “Dolly” ya ha anunciado que va a abandonar sus experimentos de clonación por transferencia nuclear que desarrolla en su laboratorio de la Universidad de Edimburgo, en Reino Unido. Y a la vez, deja obsoleto el debate sobre si es ético o no usar embriones humanos. Seguro que esta nueva forma de vida, no va sin el inicio de nuevos interrogantes acerca de su uso.

Ello no será sin un nuevo impacto sobre la subjetividad, y una nueva manera de anudarse el sujeto como respuesta a este Otro que bajo la promesa de una eternización, lo subordina a una mayor alienación a un discurso amo, que le sustrae lo más propio, íntimo: su deseo.

Son – y serán- lo que debemos llamar las nuevas formas del síntoma. Son las que ponen a trabajar el saber del psicoanálisis para permitirnos leer y saber hacer con esas nuevas formas en que se hace presente el sufrimiento subjetivo. La orientación que efectua JAM de la enseñanza de Lacan, sobretodo de la muy última enseñanza de Lacan, tiene efectos sobre la definición misma del síntoma, que sufre modificaciones en relación a como lo presentaba en su primer momento. Es el trabajo sobre la propia reflexión de Lacan en el encuentro con la clínica la que conmueve y comporta una nueva articulación y concepción del inconsciente, del síntoma, del goce, solidaria con los pasos que da.

A esto se refiere Lacan en la cita que traía cuando decía “es a la solicitación de cada uno de estos modos de la relación con la verdad como causa, a la que Uds. tienen que resistir”.

¿Cómo se resiste a los síntomas que la cultura misma presenta? Creando un nuevo síntoma. En su “La tercera” del año 1975, en Roma, Lacan advertía sobre el avance de lo real al que había que hacer frente. El modo en que el psicoanálisis puede resistir, no es sino como síntoma en la cultura.

Y ahora vamos a la clase de introducción al síntoma, en tanto los primeros puntos de partida para abordarlo.

Mónica Unterberger

* Clase dictada en el curso de Introducción a la Orientación Lacaniana (23 de noviembre 2007)

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