PUBLICACIONES DE PSICOANÁLISIS DE ORIENTACIÓN LACANIANA

Lectura del Seminario VII. La transferencia

Concha Miguélez

Autor/a invitado/a de la Sección Clínica de Madrid (Nucep)

1960-1961 JAQUES LACAN

El Seminario de la Transferencia de Jaques Lacan consta de dos partes.

En la primera parte hace un estudio del amor y toma como base «El Banquete» de Platón. Veremos la escena crucial de la obra, la entrada de Alcibíades al banquete y la confesión pública del rechazo de Sócrates, como es traducida por Lacan desde la perspectiva analítica.

La relación de Sócrates Alcibíades y Agatón, Lacan la plantea como la situación analítica.

Sócrates con su falta hace la función del analista, apunta a donde está el deseo de Alcibíades que en el momento de la obra es Agatón, y responde a la demanda de Alcibíades interpretando su deseo.

La posición de analizante ó de amante la tiene Alcibíades porque ama el objeto que piensa que tiene Sócrates.

En la segunda parte continua con el estudio de la transferencia. La transferencia para Lacan no es sólo repetición también es amor; el problema del amor nos interesa en tanto vamos a entender lo que ocurre en la transferencia.

A lo largo del Seminario estudia el amor y nos dice que no tiende a la armonía ni busca lo bello. En este momento de su enseñanza trata de un amor simbólico que lo preside la falta, previamente había estudiado el amor imaginario, narcisista y posteriormente en el Seminario «Encore» estudia el amor desde su aspecto real y apunta que lo que buscamos en el otro son las marcas de su exilio de la relación sexual.

Lacan continua con el estudio del deseo planteándose si tiene o no objeto. En este momento plantea que no tiene objeto, lo diferencia por esto de la pulsión que si lo tiene.

Continua el Seminario con el estudio de la pulsión y los estadios libidinales, estudia la demanda y concluye que lo que está por fuera de la demanda es el deseo que es lo innombrado y es sexual.

Estudia la demanda oral que lleva aparejado el excedente sexual que queda fuera. Estudia la demanda anal y también le interesa el excedente que es el deseo.

Continua con el estadio fálico que resignifica los anteriores estadios con el falo como objeto ¿pero este es un objeto como los otros?

Con el mito de Apuleyo Lacan llega al estudio de la castración, esto es que nadie lo es. De la posición ante el falo adviene la asunción subjetiva de un sujeto como hombre ó mujer, nadie lo es pero uno se coloca teniendo y el otro no teniendo. El sujeto deja de ser el falo, pero recupera satisfacción por el fantasma.

A traves de la relación analítica podemos descubrir en que está comprometido el deseo de ese  sujeto, en el fantasma se satisface el deseo pero aparece insatisfecho en ese síntoma ligado a ese fantasma.

Haremos este recorrido con más detalle a lo largo del texto.

En «El Banquete» se suceden los discursos de alabanza a Eros, es un texto para aprender y analizar qué es ser sabio en el amor. Podemos pensar que el interés de este texto es la dificultad de decir  algo que tenga sentido sobre el amor, pero el momento crucial de la obra, es la entrada al banquete de Alcibíades borracho, mostrando su amor por Sócrates, y pidiéndole un signo de su amor.

Platón hace narrar su texto por Apolodoro, que se supone cuenta algo que sucedió 15 años antes.  Por lo tanto, después de 16 años, un personaje extrae de su memoria el texto de lo que se le había dicho. Esto tiene ciertas semejanzas con la sesión de un paciente, que habla sobre algo que ha sucedido en su historia.

Comienza Fedro que plantea ¿para qué sirve ser sabio en amor? Veremos que Sócrates pretende no ser sabio en ninguna otra cosa.

Fedro habla del amor como un dios en la tradición cristiana, hablar de amor es hablar de teología; habla del amor como ultimo sacrificio y añade que es mayor el del amante porque antes era amado. Para él lo que los dioses encuentran sublime es cuando el amado se comporta como se espera se comportara el amante.

Pausanias expresa la opinión de Platón sobre el amor griego ó el amor de los hermosos muchachos, mal visto en una parte de Grecia, pero según Pausanias muy bien visto en otra parte de Grecia. Para Lacan es evidente que en los medios de los maestros de Grecia, entre gente de cierta clase, se elabora la cultura, y ahí el amor es puesto en práctica; la homosexualidad en el tiempo de los griegos desempeñó su función cultural (sublimación)

Erixímaco el médico plantea que la medicina es la ciencia del cuerpo y está gobernada por Eros.

Aristófanes el cómico y enemigo de Sócrates, según Lacan su presencia en el Banquete evidencia algo de la naturaleza de comedia del amor. Introduce el mito de la naturaleza de antaño de la especie humana, con la presencia de tres sexos, hombre mujer y el andrógino.

Posteriormente el discurso de Agatón, poeta trágico y el amado de Sócrates con un lugar central. Plantea que cuando se está poseído por el amor nos liberamos de la creencia de que somos extraños unos a otros y nos hace participes de una gran familia.

Sócrates recibe el discurso de Agatón, utiliza su método interrogativo y hace surgir en aquel a quien se dirige los conocimientos que él ya tiene. Le interroga a Agatón ¿éste amor del que hablas, es ó no amor de alguna cosa, es tenerlo ó no tenerlo? ¿Puede uno desear lo que ya tiene?

Lo que vemos que introduce Sócrates es que «el objeto del deseo para aquel que experimenta el deseo, es algo que no está de ninguna manera a su disposición, y que no está presente, es algo que él no posee algo de lo cual él está desprovisto»

En conclusión se desea lo que no se tiene, lo que falta. Y Lacan continua «El secreto de Sócrates estará detrás de todo lo que diremos sobre la transferencia, Sócrates pretende no saber nada salvo saber reconocer qué es el amor, y nos dice saber reconocer infaliblemente dónde él los encuentra, dónde está el amante y donde está el amado.»

Sócrates en su discurso hace hablar a una mujer, la maga Diotima, que aporta un giro decisivo produciendo la falta en el corazón de la cuestión del amor. El amor no puede ser articulado sino alrededor de esa falta.

La sacerdotisa introduce el mito del nacimiento del amor.

1-El mito del amor en Lacan y el mito del nacimiento de Eros

Penia la pobreza mísera y sin recursos engendra el amor con Poros astuto y con recursos.

Penia, fue al nacimiento de Afrodita, en el festín se quedó en los escalones de la entrada, y cuando salió Poros borracho se hizo embarazar por él. Para Lacan el amor es » dar lo que no se tiene»; como vemos con este mito Penia no tiene nada que ofrecer más que su falta.

Lacan estudia la relación analítica y se pregunta por la finalidad de aislarse con otro ¿para qué? Para enseñarle lo que le falta. Lo que le falta al paciente lo va a enseñar amando «No estoy aquí para su bien, sino para que ame»En el análisis con un paciente habrá un desarrollo parecido al comienzo del amor.

Igual que pasa en la relación de una pareja de amantes, en la relación análitica hay un amante y un amado. Lo que caracteriza al amante es lo que le falta y no lo sabe, por otro lado, el amado no sabe  lo que tiene escondido y en el amor será llamado a rebelarse.

Así, tenemos el amante como sujeto de deseo con todo su peso, que ama en el amado un objeto del que el no dispone, y el amado como aquel en la pareja que tiene algo, y si pierde el objeto se transforma en amante o deseante, sujeto en falta. Esto es lo Fedro en su discurso considera que los dioses encuentran sublime.

En un primer tiempo de la relación analítica el analista es el amante y el analizante es el amado. Más adelante habrá sustitución de amado en amante; el analizante se convertirá en amante y amará ese objeto que cree tiene el analista. El analista cobijará el objeto de amor del analizante. Como nos enseña Lacan en el amor se trata de un objeto no de un sujeto.

El amor es una metáfora, una sustitución, el amante como significante de la falta se sustituye al amado. En esta metáfora se engendra el significado del amor; en la medida que el amante se sustituye al amado, se produce la situación amorosa.

La metáfora ó el milagro del amor que llama Lacan se produce cuando el paciente se transforma de amado en amante es decir deseante, sujeto en falta, ahí será sujeto activo pues buscará lo que le falta, y se pondrá en evidencia su particularidad en relación con el deseo.

Este amor de transferencia que surge en la cura será un amor eficaz en tanto es útil productivo y que genera cambios. Para Freud al final de un análisis encontramos una falta, castración ó envidia de pene; y esto es signo de que se ha producido la metáfora del amor.

Lacan habla en este momento del deseo no como bien en ningún sentido, sino aquello que a cualquier titulo que sea uno tendría, esta es la eclosión del amor de transferencia.

Del amor podemos hablar como un mito, Lacan lo representa del siguiente modo: «Y esta mano que tiende hacia el leño, que repentinamente arde, que su gesto de alcanzar, de atraer, de atizar, es estrechamente solidario a la maduración de la fruta, a la belleza de la flor, al resplandor del leño. Pero cuando en ese movimiento de alcanzar, atraer, atizar, la mano ha ido suficientemente lejos hacia el objeto. Si del fruto, de la flor, del leño una mano sale que se extiende al encuentro de la mano que es la vuestra, y que en ese momento es vuestra mano la que se inmoviliza en la plenitud cerrada del fruto, abierta de la flor, en la explosión de una mano que arde, entonces lo que se produce es el amor».

«El Banquete» continua con el momento crucial de la obra que es la entrada de Alcibíades borracho, y rompiendo todas las reglas. Según Lacan por efecto del vino Alcibíades traspasó los obstáculos del pudor para mostrar el amor como Alcibíades lo hace cuando exhibe el rechazo de Sócrates. Lacan se pregunta ¿por qué esta confesión publica?. Con la interpretación de Sócrates se muestra que esta confesión publica tiene un objetivo, separarlo de Agatón que era su amado.

Alcibíades sabe que Sócrates tiene deseo para con él y le pide un signo de su deseo, considera que en Sócrates está el agalma, ese tesoro, objeto indefinible y precioso. El enigma de la palabra agalma lo tiene Sócrates y quiere desenmascararlo. El agalma, el objeto escondido en Sócrates que ve

Alcibíades es lo que quiere, para su bien o para su mal, no es comparable a nada, esta es la función central en la relación de amor.

Por lo tanto detrás de la demanda de amor hay un objeto. Sócrates es la envoltura de lo que es el objeto del deseo de Alcibíades. Lacan plantea que el amor no va a lo bello sino a la caída del otro como objeto a su merced, que la dimensión del amor se muestra no tendiendo a la armonía.

Como vemos, Sócrates es requerido para mostrar su amor por Alcibíades y no responde al amor, le responde a la demanda con una interpretación, como lo haría un analista con un paciente.

Sócrates le responde: tu discurso está bien pero ¿por qué lo dices? Lo dices por Agatón. Sócrates se niega como objeto de amor de Alcibíades y dirige a éste a su verdadero objeto, que en el momento del dialogo es Agatón.

Sócrates se sustituyó a Agatón porque sabe que no lo tiene. «Todo lo que acabas de develar  hablando de mí, es a Agatón que lo has dicho».

En la medida que Alcibíades está poseído por un amor, como el analizante, Sócrates, en la función del analista, le remite a su verdadero deseo; se hace cómplice del deseo de Alcibíades elogiando a Agatón, muestra el deseo como deseo del otro.

«Pero Alcibíades siempre desea lo mismo y lo que busca en Agatón es ese punto supremo en el cual el sujeto se anula en el fantasma, estos agalmatas».

«En el centro de la acción de amor, se introduce el objeto, si se puede decir así, de envidia única, que se constituye como tal. Precisamente un objeto, del cual quiere alejar toda competencia.»

Este objeto está en el centro de la transferencia, detrás de lo que se demanda hay un deseo, con un objeto implicado, y localizado en el fantasma.

La metáfora o el milagro del amor, no se realiza en Sócrates, se muestra ante Alcibíades como alguien que no puede mostrar los signos de su deseo.

«Lo que rehúsa mostrar a Alcibíades, lo que hace que no se produzca la metáfora del amor es que Sócrates sabe que en su esencia es un vacío, no hay ningún objeto en su interior».

En El Banquete estudiamos el amor y vemos que hay un punto de conexión entre amor y deseo.

La posición fundamental del analizante en relación con el analista es la pregunta por el deseo del  Otro ó ¿qué quiere él? Lo particular de cada sujeto consiste en esta relación privilegiada en la que culminamos como sujeto de deseo. En el fantasma fundamental de un sujeto el deseo toma consistencia.

El deseo se presenta en relación con la cadena significante inconsciente como metonimia, determinado por la cadena significante, esto es la posibilidad de deslizamiento indefinido de los significantes bajo la continuidad de la cadena.»Algo toma valor de objeto privilegiado y detiene ese deslizamiento infinito es en esta medida que un objeto «a» toma en relación con el sujeto este valor esencial que constituye el fantasma fundamental dónde el sujeto se reconoce el mismo como detenido».

Lacan apunta que «la transferencia es descubierta por Freud como un proceso espontaneo» y añade que es imposible eliminar de la transferencia aquello que se manifiesta en la relación con alguien a quien se habla. Sabemos que en la transferencia hay amor y hay repetición, pero según Lacan «Las repeticiones deben ser diferenciadas de la transferencia.»

En este momento de la enseñanza de Lacan la transferencia no se debe unir a la repetición, sino a la pulsión; hay un objeto perdido y el sujeto busca reencontrarlo; la satisfacción se recupera por medio del fantasma, que el paciente mostrará como dice Lacan en la transferencia amando.

La transferencia es el medio que tiene el psicoanalista de buscar la manera de satisfacción de ese sujeto.

2-  El deseo y el deseo del analista

A lo largo del Seminario Lacan hace un estudio exhaustivo del deseo, parece que es el motivo de estudio del texto. Apunta que el deseo es una falta.

Lacan considera que el análisis consiste en la búsqueda del deseo del paciente, está escondido y su deseo se realiza a través del fantasma.

En el analista se produjo una mutación en el deseo, está poseído por un deseo más fuerte, el deseo del analista que le permite cobijar una falta donde puede alojar el objeto del analizante para constituir su fantasma transferencial.

En la relación analítica, el analizante debe pasar de amado a amante, sujeto en falta, que busca el objeto que piensa tiene el analista.

La situación análitica no se entiende sin tener en cuenta que el objeto parcial, agalma en relación con el deseo está en el interior de la exigencia de amor.

Que haya transferencia con un paciente implica que tenemos el agalma, el objeto fundamental del cual se trata en el fantasma fundamental de ese sujeto; instaurando el lugar dónde el sujeto puede fijarse como deseo; el analista aunque no sabe el deseo de ese sujeto, está en posición de tener el objeto de ese deseo.

«De lo que se trata en el análisis de un sujeto es de sacar a la luz la manifestación del deseo de ese sujeto».

3-La pulsión, los estadios libidinales y el falo

Continua el Seminario con el estudio de la pulsión y los estadios libidinales, para lo cual toma el texto de Freud «Las pulsiones y sus destinos»

Estudia la demanda oral, anal y luego la fase fálica con el objeto fálico. Según Lacan el excedente de la demanda es el deseo.

Debemos estudiar por tanto la relación de la demanda con el deseo, sabiendo que la demanda no es explícita y que debe ser interpretada, cercar estrechamente la relación de la demanda del sujeto con su deseo, como vimos que hizo Sócrates con Alcibíades.

Todo lo que es tendencia natural en un sujeto que habla debemos situarlo en un más allá y en un más acá de la demanda.

En un más allá que es la demanda de amor y en un más acá que es lo que llamamos deseo, con lo que lo caracteriza como condición absoluta en la especificidad del objeto que concierne «a» minúscula objeto parcial en la teoría análitica y agalma en «El Banquete».

La pulsión tiene un punto de conexión con el deseo, pero con una diferencia que la pulsión tiene objeto, se dirige a algo, no es como el deseo que es de nada; por esto Lacan estudia en este momento el deseo en tanto es útil para diferenciar instinto y pulsión.

Comencemos estudiando la demanda.

.»La demanda oral de ser alimentado responde, en el lugar del Otro a la demanda de déjate nutrir; de la confrontación de ambas demandas nace una discordia esto es que a esta demanda le desborda un deseo y que no puede ser satisfecha la demanda sin que se extinga el deseo. Es para que no se extinga ese deseo que desborda a esa demanda que el niño a veces no se deja nutrir».

Se niega a desaparecer como deseo por el hecho de ser satisfecho como demanda.

La ambivalencia de toda demanda es que el sujeto no quiere que sea satisfecha apunta a salvaguardar el deseo, testimonia de la presencia de un deseo ciego e innombrado.

Sabemos que la demanda oral tiene otro sentido que la satisfacción del hambre, es la demanda sexual, la demanda del cuerpo del que lo nutre.

En la demanda oral se come con el más acá del deseo, «se ha cavado el lugar del deseo». Si no existiera la demanda con el más allá del amor que ella proyecta no existiría este lugar más acá del deseo que se constituye alrededor de un objeto privilegiado.

La demanda en el estadio anal; hay demanda de retener fundando algo que es un deseo de expulsar, pero esta expulsión también es exigida en algún momento para satisfacer las expectativas de la madre.

No se trata aquí de la relación simple de una necesidad con la ligazón a la forma demandada sino del excedente sexual, esta necesidad la legitima como un don a la madre.

Un sentido articulado a la demanda anal es el vuelco continuo en beneficio del otro, la demanda anal es externa y en el nivel del otro nace el objeto de don.

Lo que el sujeto puede dar en esta metáfora está unido a lo que puede retener, su propio desecho, su excremento.

Por tanto lo más importante a comprender en la demanda del analizado es lo que está más acá de la demanda que es el margen del deseo.

El objeto está allí debe ser dado a luz esto es lo que hace Sócrates cuando elogia a Agatón, hace nacer este objeto en el alma de Alcibíades que es el objeto de su deseo.

Sigue Lacan por el laberinto de la posición del deseo. El deseo conserva y constituye su lugar en el margen de la demanda.

«El sujeto nace al significante por efecto de la demanda del otro, esta es la  dependencia  del neurótico, el otro decide por él. En el lugar del deseo permanece en la dependencia de la demanda del otro, en su demanda de amor».

El punto sensible a través del cual el deseo del neurótico demanda al otro, en su demanda de amor neurótico, que le dejen hacer algo, que en este lugar del deseo el que manifiestamente permanece, hasta cierto punto en la dependencia de la demanda del otro, para Lacan el deseo apunta a lo que no se demanda.

Llegamos al estudio de la fase fálica y la presencia del falo, pero ¿es un objeto como los otros? Este resignifica los estadios anteriores.

Continua el Seminario con el estudio de la castración y el caso Juanito.

Cuando comienza el despertar genital de Juanito la madre le dice que eso es asqueroso, no sabemos que es ese deseo, pero es correlativo de un interés por el objeto, el falo; este objeto es valorizado como objeto y desvalorizado como deseo. Alrededor de este objeto se instaura el registro del tener.

El amor es dar lo que no se tiene. La dimensión que inaugura el drama fálico es lo que no se tiene, «a» minúscula a nivel del deseo genital y de la fase de la castración, simboliza lo que le falta al Otro para estar completo.

De este otro el deseo es un enigma, y está anudado con el fundamento estructural de su castración. Para Lacan «el problema del amor es que el sujeto no puede satisfacer la demanda del otro más que rebajándolo, haciéndolo él a ese otro el objeto de su deseo».

4-  La castración y el mito de Apuleyo

El sujeto por no ser el falo está castrado, de la posición ante el falo adviene la posición subjetiva, hombre, mujer.

Para estudiar la castración Lacan en el Seminario de la Transferencia hace mención al cuadro de Zucchi (Milán).En la versión del mito de Apuleyo, Pshykhé sorprende a Eros, quién desde hace  tiempo es su amante nocturno y nunca percibido.

Favorecida por el amor de Eros gozaría de felicidad completa si no hubiera tenido la curiosidad de ver de quien se trataba.

El sentido de este mito es que Pshykhé no comienza a vivir como Pshykhé más que cuando el deseo que la colmaba huye (castración).

Para Freud este es el punto que hay que someter a prueba todo lo descubierto.

El falo es el significante del deseo, el órgano sólo es admitido transformado en significante. El falo como significante suple en el nivel preciso donde en el otro desaparece el significante. El falo es el símbolo indispensable para mostrar la incidencia del complejo de castración en el resorte de la transferencia, es el lugar de un significante que falta.

Subjetivar es tomar lugar en otro sujeto, de la asunción subjetiva entre ser o tener el falo se juega la realidad de la castración.

El no es sin tenerlo, ella es sin tenerlo.

Cuando se ha introducido el falo como significante, lo común de la neurosis, se posee la significación fálica, significación sexual se habla el mismo lenguaje y hay castración. Una vez dado un significante mínimo, basta a todas las significaciones esto es pasar al nivel que toda la comunicación es posible.

Nuestro inconsciente se relaciona con un objeto perdido y nunca encontrado, nunca más que deseado, alrededor del cual gravitan nuestros fantasmas.

5-El Fantasma

Lacan estudia el fantasma en la histeria y en la obsesión, pues ahí se satisface el deseo.

La dificultad del manejo del falo en lo que tiene de insoportable no es por ser significante sino por la presencia real de deseo.

El falo como objeto de deseo se manifiesta como objeto de atracción del deseo, es allí donde está su función significante y lo que designa está más allá de toda significación posible, es la presencia real.

El falo imaginario se refiere al tener no tener, la inflación fálica del fantasma obsesivo, que pretende tapar la falta del Otro con los objetos, es la función degradada del falo simbólico. El sujeto se hace objeto para tapar la castración, juega con el tener. El obsesivo piensa que teniendo puede completar al Otro, la función del falo no está reprimida en el obsesivo.

En el fantasma histérico vemos que la histérica piensa que no teniendo, es decir renunciando al placer puede hacer al Otro completo, ella se sostiene en el no tener, la función del falo está reprimida.

El falo simbólico se refiere a la presencia real de deseo se produce en el lugar donde el significante falta.

«En el fondo de los fantasmas síntomas, etc. encontramos el insulto a la presencia real del deseo». Tanto en la histeria como en la neurosis obsesiva se trata del misterio fálico del significante falo, se trata de volverlo manejable.

Cuando alguien pide ayuda a un analista, somos interrogados como sabiendo un secreto; en el  mismo lugar que somos S.s.S. somos llamados a ser «presencia real» en tanto inconsciente.

El deseo se satisface en los síntomas incluidos en un fantasma y la experiencia nos enseña que el hombre está marcado por esos deseos que se satisfacen en el síntoma, sin placer. Por esto buscamos el deseo humano, somos compañeros con el sujeto de esa búsqueda.

Debemos poner en su nivel el drama de aquel con quien tenemos que vérnoslas, en lo concerniente  al deseo.

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