Entrevista a Doménico Cosenza

Entrevista realizada por Andrés Borderías a Doménico Cosenza para la Jornada Clínica de la Red Psicoanalítica Madrileña, con la participación del CPA Madrid, y el CP-Ado.

Usted ha trabajado durante muchos años en instituciones vinculadas al tratamiento de los desórdenes alimentarios. ¿Qué aporta la orientación psicoanalítica lacaniana respecto de las psicoterapias y la psiquiatría actual en este terreno?

Respuesta: El aporte psicoanalítico lacaniano en el marco de la clínica de los trastornos de la alimentación es muy original y fecundo. Ha orientado y orienta muchas experiencias institucionales en este campo en varios lugares del mundo, habiendo encontrado en particular en Italia un lugar de privilegio en los últimos 25 años. Sobre este aporte he escrito varios textos, desde El muro de la anorexia (Gredos 2013) hasta la nueva versión revisada y ampliada de La comida y el inconsciente (NED 2019).

El corte que Lacan introduce en este campo es radical. No se reduce a poner en evidencia la pobreza de los tratamientos que se quedan atrapados en la dimensión de la conducta, de la cognición y de sus trastornos, y que intentan normalizarlos – como ocurre en los tratamientos cognitivos-conductuales que dominan el campo de las psicoterapias aconsejadas para los trastornos de la alimentación, según las protocolos internacionalmente reconocidos por las instituciones psiquiátricas internacionales. Ni se limitan en reconducir estos trastornos al estatuto de síntomas de un desequilibrio comunicacional interno al sistema familiar, como en el abordaje sistémico-relacional, que tiene una larga tradición desde los comienzos de los años 70 en este campo, sobre todo en el tratamiento de niños y adolescentes. Los cognitivo-conductuales se quedan atrapados en la dimensión del fenómeno manifiesto, y no quieren saber nada alrededor de la causalidad estructural que sostiene el desarrollo de los trastornos de la alimentación. Los sistémico-relacionales sacrifican a la lógica del sistema la dimensión particular que empuja al paciente a elegir el síntoma como solución. Pero el corte de Lacan es también un corte respecto a las tentativas de los post-freudianos en este campo. En particular respecto a los que reconducen estas perturbaciones en el marco de un trastorno narcisista producido por la difícil relación primitiva con la madre, como Caregiver – todos los herederos de la tradición de la Ego-Psychology, desde Hilde Bruch hasta Jeammet, en particular respecto a la anorexia. Toda la puesta en escena de la cuestión se ve reducida en lo esencial a la relación de estrago entre la madre y la hija (o el hijo), dejando al padre al margen del problema. Lo que me parece más esencial en la perspectiva lacaniana no es tanto la puesta en relieve de la función del padre como tercero respecto a la díada madre hija/o, ni tampoco que el analista se coloque como suplente de un padre débil – como a veces ha sido leída equivocadamente la perspectiva lacaniana de la cuestión. Lacan nos remite al valor estructural, en particular en la clínica de la anorexia mental, del objeto nada. Esta es la invención clínica que Lacan hace entrar en este campo como un meteorito, esclareciéndolo.

Mas precisamente, la pareja que Lacan convoca en el centro de esta clínica, pensando en la anorexia mental, es la del rechazo y la nada. El rechazo como operación fundamental, rechazo del Otro en su doble vertiente (el Otro que rechaza al sujeto, y el sujeto que rechaza al Otro); y la nada como objeto que causa el rechazo. Este es un objeto pulsional muy singular en el listado de los objetos lacanianos, que la clínica de la anorexia nos ayuda a ubicar en su lugar. Objeto que en la neurosis se negativiza como perdido y toma el relevo, por ejemplo, en la anorexia histérica, del significante del objeto imposible del deseo. Pero en las formas que no pertenecen a la neurosis toma el valor de objeto no perdido, pleno, incrustado en el cuerpo, causa de no deseo y de inercia (como dice Jacques-Alain Miller en 2009). Hay que esclarecer entonces, en esta clínica el estatuto dominante del objeto nada en el paciente, para orientar la cura de la buena manera. Lacan nos invita a entrar en esta clínica abriendo esta puerta, para esclarecer los fenómenos que constituyen la especificidad de este campo. Es una puerta paradójica, que parece más un muro, donde hay un goce masivo que se interpone y obstaculiza, impidiendo (o a veces provocando) el encuentro entre el sujeto y el Otro.

Lacan nos permite entrar en la clínica de los trastornos de la alimentación a partir de esta dimensión operatoria que ubica un goce singular en su campo. Es lo que hemos intentado desarrollar en nuestra investigación y en nuestra practica clínica, ya sea en instituciones, ya sea en la consulta. En lo que hemos escrito hemos aportado muchos detalles de esta operación. En particular en La comida y el inconsciente, intentamos desarrollar esta perspectiva mas allá de la clínica de la anorexia y la bulimia, con un extenso tratamiento sobre la obesidad y el llamado trastorno de la alimentación descontrolada. Esbozamos así una critica del paradigma de las nuevas formas del síntoma, intentando abrir otra perspectiva.

Por otro lado, usted está al frente de la Euro Federación de Psicoanálisis desde hace ya un tiempo, ¿qué puede decirnos sobre la presencia del psicoanálisis en las instituciones en Europa?

Respuesta: Mis primeros dos años de ejercicio de la función de presidente de la Euro Federación de Psicoanálisis me han permitido efectivamente darme cuenta de manera más precisa de la variedad y riqueza de las experiencias institucionales desarrolladas en Europa por analistas de nuestras cuatro Escuelas. Los desplazamientos que esta función comporta hacia varios lugares de nuestro continente, me han permitido apreciar de manera mas cercana, hablando con los colegas de los varios lugares, los aportes y las invenciones institucionales que las Escuelas (en el caso de los CPCTs en Francia y Bélgica, hoy día reunidos en la FIPA), los Institutos del Campo Freudiano (en el caso de los Centros Clínicos de Roma y Milán en Italia, pero también en el marco de la Red-CPA del NUCEP de Madrid), o las múltiples iniciativas de colegas que han fundado instituciones terapéuticas a partir de nuestra orientación. El reciente reconocimiento de utilidad publica recibido por la ELP por parte del Estado Español, unido con la existencia de la Fundación (FCPOL), es también un factor que hay que valorar, y que podrá quizás jugar un importante papel en el futuro en España también en este campo.

Esta riqueza y variedad no están exentas de la complejidad propia de la Europa contemporánea, donde el empuje hacia la uniformización, y sobre todo hacia la lógica administrativa de la evaluación fundada en los parámetros de la evidence based medecine, nos pone en situaciones de dificultad, y nos empuja cada vez hacia la búsqueda de nuevas soluciones que nos permitan no ceder en el deseo que nos orienta como analistas respecto al encuentro con la singularidad del paciente que encontramos en las instituciones donde trabajamos. En el último Congreso de la EFP PIPOL 9 hemos podido comprobar la variedad de respuestas y invenciones posibles de las cuales podemos servirnos para llegar, según el medio especifico donde operamos, a este objetivo.

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