Reseña sobre las Jornadas Clínicas de la Red Psicoanalítica Madrileña

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El  pasado sábado 21 de Septiembre vivimos unas jornadas clínicas emocionantes e ilusionantes, donde la Red Psicoanalítica Madrileña nos convocaba bajo el epígrafe “Síntomas de nuestra época”.

Las plazas agotadas días antes de su celebración, nos mostraban que el Psicoanálisis sigue suscitando interés en nuestra sociedad, enseñándonos la importancia de la celebración de estos encuentros que dan cuenta de la práctica psicoanalítica.

A lo largo de esta fructífera jornada tuvimos la ocasión de escuchar doce casos clínicos de terapeutas tanto de la propia RPM, como del Centro de Psicoanálisis Aplicado (CPA) y del Centro Psicoanalítico de Atención a adolescentes (CPAA), ambas instituciones invitadas por La RPM a participar, todos ellos dispositivos de atención social vinculados al Psicoanálisis Lacaniano en Madrid.

Amanda Goya, co-responsable de la Red Psicoanalítica Madrileña nos daba la bienvenida a las jornadas, recordándonos que este dispositivo ofrece una escucha respondiendo a una política del compromiso del Psicoanálisis en lo social, lo que Jacques-Alain Miller ha llamado Acción Lacaniana y que el mismo Freud inició.

En su presentación Amanda nos daba el primer hilo conductor y situaba el rasgo dominante que habitaba en todos los casos presentados: la precariedad material y simbólica en la que se hallaban estos sujetos, donde se veían reflejadas las consecuencias del capitalismo salvaje que impera en nuestra sociedad y también dando cuenta de que el Psicoanálisis no es ajeno a las causas sociales del malestar.

Los casos fueron comentados por Doménico Consenza y Luis Solano, que pusieron a nuestra disposición su agudeza clínica para repensarlos y permitirnos reflexionar juntos sobre las aristas y los matices de cada presentación.

Luis Solano nos sugirió otro hilo con el que unir todas las viñetas clínicas, el significante “Avería del deseo” con el que se podría nombrar el malestar de todos estos sujetos más allá de su estructura clínica.

A lo largo de este intenso camino que fuimos recorriendo, hemos podido comprobar que la escucha psicoanalítica ha tenido una incidencia en la historia de las personas que han pasado por los distintos dispositivos, cada una en su singularidad.

Es imposible comentar caso por caso en esta pequeña reseña, pero quizá sí es interesante dar unas pinceladas  generales, detallando algunas peculiaridades y algunas reflexiones a las que nos ha conducido la jornada.

Hemos podido escuchar a lo largo de la conversación cómo el trabajo de los terapeutas en general ha apuntado a humanizar y pacificar, a convocar algo de  lo vital.
Hemos advertido diferentes maniobras por parte de los terapeutas, cómo se ha intentado tratar lo real del goce con el significante, apuntar a la implicación del sujeto reconduciendo a la responsabilidad no partiendo de la posición del saber, devolver al sujeto lo que le estaba pasando como un enigma que le pertenecía.

También intentando reducir los efectos devastadores, apuntalar la escucha como contención, hemos visto el uso del humor para rebajar el super-yo y su efecto mortificante.
Hemos comprobado algunas dificultades transferenciales con la irrupción de la transferencia negativa y hemos reflexionado sobre la importancia de no aceptar que el sujeto meta al analista en el lugar especular y poder pasar a otra cosa, cómo el deseo del analista permite no caer en la especularidad imaginaria.
Hemos tomado conciencia de los límites de la práctica dentro de la institución, quizá viendo diferentes matices de los distintos dispositivos.

Constatar también, el valor del trabajo con las familias cuando en algunos casos el tratamiento del Otro familiar ha conducido a una pacificación y en otros la imposibilidad, cuando ese Otro familiar no se engancha, cuando no consiente y las dificultades que eso conlleva en el trabajo.

Se ha contemplado que en algunos sujetos la producción sintomática a veces ha conducido a la división subjetiva movilizando a algunos pacientes de su posición pulsional y en otros casos la imposibilidad de la producción de un sujeto, pacientes que no entran siquiera en la escucha analítica.
Ha sido sin duda un estimulante paseo por las particularidades de una clínica que siempre se contempla caso por caso.

Vilma Coccoz, co-responsable de la RPM, cerró esta jornada destacando el coraje que es necesario para exponer una práctica como es la de intentar ayudar a resolver la crisis que una persona tiene en un momento dado en su vida. Nos recordó las palabras de Jacques-Alain Miller cuando nos dice que la participación en una conversación clínica es una puesta en común más allá de los intereses comunes y profesionales.

También nombró el diagnóstico como un delicado arte, donde no se trata de universalizar una regla, sino de la decisión desde el juicio más íntimo en el uno por uno, de si una regla se aplica o no.
Nos apuntó qué es lo que está en juego en esta clínica orientada por el Psicoanálisis: la rectificación de la relación de cada sujeto con lo real, poniendo ahí la justificación de la intervención, porque el encuentro con un psicoanalista puede venir en auxilio de un sujeto para que encuentre otras vías de satisfacción más accesibles.

Nos recuerda que a lo largo de estos doce casos se ha destacado que lo que en Psicoanálisis nombramos como el modo de gozar, es el modo de vida, es la forma en que podemos captar cómo se distribuye la libido de una persona en su relación con los demás y con el mundo, mostrándonos que después del encuentro con una escucha analítica se puede observar en esa distribución de la libido la pacificación, la creación y el cambio de posición que implica valorar si se está dispuesto o no a perder algo para conquistar un saber sobre la propia vida.

Vilma dedicó sus últimas palabras, en esa forma tan singular que siempre tiene de poner en juego nuestro deseo, a recordarnos que la formación analítica acoge la novedad e invitando a todos los participantes a ser guardianes de esa novedad en la atención desde las consultas inspiradas en la orientación freudiana y lacaniana, desde una práctica, que nos recuerda, que no se diluye en todo los demás, aquella que se dice psicoanalítica.

Un gran broche para una jornada enriquecedora y que nos deja a la espera de un próximo y esperado encuentro.

Silvia García Esteban

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